Las vacunas contra el cáncer están volviendo a sus orígenes: su nueva promesa se basa en reforzar nuestro sistema inmune

Las vacunas contra el cáncer están volviendo a sus orígenes: su nueva promesa se basa en reforzar nuestro sistema inmune

Las vacunas de ARN mensajero (ARNm) se dieron a conocer por su papel en la lucha contra el Covid. Años después de la pandemia, esta tecnología aún sigue siendo objeto del interés de la comunidad científica, no solo por su capacidad para luchar contra virus sino también como una nueva esperanza contra enfermedades muy distintas.

Enfermedades como el cáncer.

Un paso en el laboratorio. Ahora, un experimento realizado en ratones ha mostrado el potencial de una nueva fórmula contra los tumores. Se trata una vacuna basada en el ARNm capaz de impulsar los efectos de la inunoterapia en estos roedores. El éxito supone un impulso a una fórmula que podría ayudarnos a combatir diversos tipos de cáncer.

Un nombre, varias enfermedades. Solemos ver el cáncer como una enfermedad que puede manifestarse en distintas partes de nuestro cuerpo, pero la realidad más compleja. Hasta el punto de que resulta más conveniente entender este trastorno como una variedad de enfermedades, cada una con sus características, pero también con tratamientos específicos. Es por ello que encontrar un tratamiento universal contra el cáncer es, aún hoy, una quimera.

Esta visión, explica el equipo responsable de esta nueva potencial vacuna, se aplica a la forma en la que la ciencia buscan nuevos tratamientos de este tipo. Esto puede llevarse a cabo bien haciendo que estas vacunas se centren en una proteína “objetivo” expresada en los cánceres de múltiples personas, bien ajustando cada fórmula a proteínas específicas, presentes en los tumores de cada paciente.

Tercera vía. El nuevo tratamiento ofrece una suerte de “tercera vía”. En lugar de centrarse en proteínas propias del tumor, lo que busca es reforzar nuestro sistema inmune, “como si fuera a luchar contra un virus”, señala el equipo.

La fórmula parte de un trabajo anterior, en el que un equipo del mismo laboratorio creó una vacuna ARNm capaz de “reprogramar” el sistema inmune para atacar al glioblastoma (un tipo de tumor cerebral particularmente agresivo). Esta vacuna se basaba en un compuesto ajustado a las características del tumor del paciente a tratar. La nueva fórmula trata de “universalizar” esta respuesta.

Resultados “prometedores”. Los resultados al poner a prueba la nueva vacuna en ratones con melanoma fueron “prometedores” aún en casos de tumores generalmente resistentes al tratamiento. Según explicaba el equipo, la nueva fórmula combina la formulación ARNm con un nuevo fármaco basado en la inmunoterapia denominado inhibidor PD-1. Este tratamiento es un anticuerpo monoclonal que busca, en palabras del equipo “educar” al sistema inmune para hacerlo pensar que el tumo es un cuerpo externo a eliminar.

Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Nature Biomedical Engineering.

La nueva esperanza del ARNm. Las vacunas basadas en el ARNm no se quedaron en la pandemia y ahora se han convertido en un importante foco de atención en la investigación oncológica. Por ahora son solo una promesa: los resultados positivos en ensayos preclínicos y clínicos son esperanzadores pero no garantizan la llegada de nuevos tratamientos en el corto plazo. Tampoco garantizan el éxito de estos nuevos fármacos.

En Xataka | El paciente que ha sobrevivido a 12 tumores distintos y esconde el "santo grial" de la lucha contra el cáncer

Imagen | Polina Tankilevitch

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Tres de los días más calurosos de la historia de España tienen algo en común, según AEMET: agosto de 2025

Tres de los días más calurosos de la historia de España tienen algo en común, según AEMET: agosto de 2025

La ola de calor ha terminado y ahora toca hacer balance. El calor ha roto numerosos registros, como el de temperatura máxima captado en la estación meteorológica de Bercalona, Fabra (38,9º), o la máxima registrada en un mes de agosto en el aeropuerto de Jerez de la Frontera (45,8º). La ola de calor también dejó otros cambios en los registros históricos.

3/10. Tres de los diez días más calurosos en España se han dado durante la recién terminada ola de calor, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Entre ellos destaca el día 17, con una temperatura media de 28,99º, habría sido el día más caluroso de la ola de calor y el cuarto día más caluroso en el periodo entre 1950 y 2025 en la España peninsular.

En este particular “top 10” de AEMET también figuran ya los días 11 y 12 de agosto, que con temperaturas promedio de 28,75º y 28,85º se situarían, respectivamente como el séptimo y sexto días más cálidos de la serie histórica.

El “top 3”. ¿Y qué hay de los días más calurosos de los que se tiene registro? No hay que ir muy atrás en el tiempo para encontrar los tres días más cálidos de esta particular serie. Según datos de la agencia, los tres días más cálidos en la España peninsular se registraron el en siglo XXI.

Por orden, estos serían el 23 de agosto de 2023, con una temperatura promedio de 29,1º; el 10 de agosto de 2012, con 29,31º; y el 14 de agosto de 2021, cuando se alcanzó una temperatura media de 29,58º Celsius.

Distintos datos, misma foto. La lista de AEMET no es la única que destaca la intensidad de la última ola de calor respecto a los registros que teníamos. La lista publicada por la página Datadicto, indica que cinco de los nueve días más cálidos de los últimos 70 años se produjeron durante esta ola de calor, destacando de nuevo el día 17, cuando la temperatura promedio estimada fue de 29,86º.

Como en la lista de AEMET, también destacan los días 11 y 12, aunque en esta lista también se incluyen los días 15 y 16 entre los días más calurosos desde que tenemos observaciones.

La discrepancia entre los valores estimados en cada una de las listas puede explicarse por la distinta metodología empleada a la hora de calcular la “temperatura media”. Según explica AEMET, el cálculo se realizó a partir del promedio de los valores de temperaturas máximas y mínimas, promedios a los cuales se aplicaron técnicas geoestadísticas para estimar un valor promedio para el territorio peninsular.

Temperaturas desatadas. Empleemos el método que empleemos, los datos mantienen coherencia en algo: la última ola de calor ha sido muy intensa. De forma más general, el de 2025 está siendo un verano más cálido de lo que suele ser habitual. El mes de junio estuvo marcado por una anomalía cálida persistente.

Si bien el mes de julio fue menos intenso (incluso pudimos ver anomalías negativas en la temperatura), agosto ha tenido un inicio extremadamente cálido. Esto parece indicar que, pese al descenso térmico que tenemos todavía por delante, el calor va a consolidarse como protagonista indiscutible de esta última estación.

En Xataka | Los mapas que explican por qué Castilla y León se han convertido en la "zona cero" de los incendios forestales

Imagen | ECMWF

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El mar está a 30 grados en Baleares y eso preocupa a los meteorólogos: el Mediterráneo es una olla a presión

El mar está a 30 grados en Baleares y eso preocupa a los meteorólogos: el Mediterráneo es una olla a presión

La temperatura del agua no es solo cosa de bañistas. El mar Mediterráneo está de nuevo mucho más caliente de lo que correspondería, incluso a estas alturas del año; y eso es un problema. De las aguas de este mar no solo depende el equilibrio ecológico de las especies que lo habitan: sus aguas también desempeñan

De nuevo, al rojo vivo. Tras unas semanas de alivio térmico, las aguas superficiales del Mediterráneo vuelven a alcanzar anomalías térmicas similares a las que vimos a mediados del mes de junio. Como en aquella ocasión, nuestras costas están en el ojo del huracán: dos boyas españolas medían estos días temperaturas por encima de los 30º Ceslius.

Las mediciones extremas de estas boyas parecen no ser algo puntual. Según los datos basados en observaciones satelitales publicados por el Sistema de Observación y Predicción Costero de las Illes Balears (SOCIB), la temperatura promedio es este mar en superficie es de 27,05º. Esto implica que el mar se encuentra 1,36º por encima de lo que correspondería en estas fechas.

Como ya ocurriera en junio, el Mediterráneo occidental es el “motor” de este cambio. En esta región del mar, la temperatura media es de 26,66º, lo que representa una anomalía térmica de 1,76º. La anomalía es de nuevo tan alta que nos encontramos, como también ocurriera en julio, por encima del percentil 90 en el histórico de mediciones.

Puntos calientes. En nuestro entorno, hay dos “puntos calientes”, áreas donde la anomalía térmica es aún mayor. El Mediterráneo noroccidental es uno de estos puntos: con una temperatura media de 26,77º, este entorno se encuentra 2,79º por encima del promedio y también por encima del percentil 90 de observaciones.

El segundo punto caliente es el mar de Alborán. La temperatura en esta cuenca es de 25,67º. Esta temperatura está 2,17º por encima del promedio y, de nuevo, también por encima del percentil 90 del histórico de observaciones.

En tierra y mar.La evolución de las temperaturas superficiales del mar Mediterráneo corresponde, en cierto grado, a lo que estamos viendo en la atmósfera: un junio extremadamente cálido disparó las temperaturas también en el agua, antes de que el alivio térmico de julio relajara la situación sin llegar a revertirla.

Ahora, una nueva ola de calor está caldeando algo más que el aire, y la temperatura marítima parece estar respondiendo de manera acorde.

Un riesgo para todos. Pero la relación entre las condiciones atmosféricas y la temperatura marítima es más compleja. Y se da en ambas direcciones, es decir, que la temperatura del mar también afecta a lo que ocurre en las nubes.

En este sentido, un Mediterráneo cálido implica un riesgo severo. Este calor implica la concentración de energía térmica en el mar, una energía térmica capaz de generar corrientes convectivas en determinadas circunstancias. Estas aguas también transfieren humedad a la atmósfera, una humedad que, con la llegada de tormentas puede descargarse en forma de precipitaciones intensas como ha ocurrido en los últimos meses.

Equilibrio ecológico. Por supuesto, el cambio en las temperaturas también puede afectar a la vida marítima. Los mares de nuestro entorno se “tropicalizan”, lo que quiere decir que no solo son más cálidos, sino también más acogedores respecto a la fauna y flora que tradicionalmente habita los trópicos. Y menos acogedora para la fauna y flora local, que debe lidiar no solo con un calor excesivo, sino también con la llegada de nuevos depredadores a las aguas que habitan.

En Xataka | Los mapas que explican por qué Castilla y León se han convertido en la "zona cero" de los incendios forestales

Imagen | Henning Schröder / ECMWF

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El mar está a 30 grados en Baleares y eso preocupa a los meteorólogos: el Mediterráneo es una olla a presión

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De nuevo, al rojo vivo. Tras unas semanas de alivio térmico, las aguas superficiales del Mediterráneo vuelven a alcanzar anomalías térmicas similares a las que vimos a mediados del mes de junio. Como en aquella ocasión, nuestras costas están en el ojo del huracán: dos boyas españolas medían estos días temperaturas por encima de los 30º Ceslius.

Las mediciones extremas de estas boyas parecen no ser algo puntual. Según los datos basados en observaciones satelitales publicados por el Sistema de Observación y Predicción Costero de las Illes Balears (SOCIB), la temperatura promedio es este mar en superficie es de 27,05º. Esto implica que el mar se encuentra 1,36º por encima de lo que correspondería en estas fechas.

Como ya ocurriera en junio, el Mediterráneo occidental es el “motor” de este cambio. En esta región del mar, la temperatura media es de 26,66º, lo que representa una anomalía térmica de 1,76º. La anomalía es de nuevo tan alta que nos encontramos, como también ocurriera en julio, por encima del percentil 90 en el histórico de mediciones.

Puntos calientes. En nuestro entorno, hay dos “puntos calientes”, áreas donde la anomalía térmica es aún mayor. El Mediterráneo noroccidental es uno de estos puntos: con una temperatura media de 26,77º, este entorno se encuentra 2,79º por encima del promedio y también por encima del percentil 90 de observaciones.

El segundo punto caliente es el mar de Alborán. La temperatura en esta cuenca es de 25,67º. Esta temperatura está 2,17º por encima del promedio y, de nuevo, también por encima del percentil 90 del histórico de observaciones.

En tierra y mar.La evolución de las temperaturas superficiales del mar Mediterráneo corresponde, en cierto grado, a lo que estamos viendo en la atmósfera: un junio extremadamente cálido disparó las temperaturas también en el agua, antes de que el alivio térmico de julio relajara la situación sin llegar a revertirla.

Ahora, una nueva ola de calor está caldeando algo más que el aire, y la temperatura marítima parece estar respondiendo de manera acorde.

Un riesgo para todos. Pero la relación entre las condiciones atmosféricas y la temperatura marítima es más compleja. Y se da en ambas direcciones, es decir, que la temperatura del mar también afecta a lo que ocurre en las nubes.

En este sentido, un Mediterráneo cálido implica un riesgo severo. Este calor implica la concentración de energía térmica en el mar, una energía térmica capaz de generar corrientes convectivas en determinadas circunstancias. Estas aguas también transfieren humedad a la atmósfera, una humedad que, con la llegada de tormentas puede descargarse en forma de precipitaciones intensas como ha ocurrido en los últimos meses.

Equilibrio ecológico. Por supuesto, el cambio en las temperaturas también puede afectar a la vida marítima. Los mares de nuestro entorno se “tropicalizan”, lo que quiere decir que no solo son más cálidos, sino también más acogedores respecto a la fauna y flora que tradicionalmente habita los trópicos. Y menos acogedora para la fauna y flora local, que debe lidiar no solo con un calor excesivo, sino también con la llegada de nuevos depredadores a las aguas que habitan.

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La apnea del sueño convierte dormir en un infierno. Unos científicos creen tener una solución: soplar conchas

La apnea del sueño convierte dormir en un infierno. Unos científicos creen tener una solución: soplar conchas

Dormir pero no descansar, es lo que ocurre a las millones de personas en todo el mundo que padecen apnea del sueño. Este trastorno se da cuando, durante el sueño, nuestra respiración se interrumpe, algo que puede afectar notablemente a la calidad de nuestro sueño y, con ello, a nuestro descanso.

Soplar conchas. Ahora un nuevo estudio ha indagado en un singular “tratamiento”: soplar conchas. En un pequeño ensayo aleatorizado y controlado, un equipo de expertos observó que la técnica de soplar caracolas, basada en una práctica tradicional india, ofrecía buenos resultados a la hora de reducir los síntomas de la apnea obstructiva del sueño.

Shankha. La técnica conocida como soplido de shankh tiene su origen en una práctica religiosa del hinduismo. El término shankha hace referencia a un tipo de caracola marina, propia de moluscos de la famila Turbinidae, como las de la especie Turbinella pyrum.

Un uso moderno. El grupo responsable del estudio propone ahora un nuevo uso para esta técnica, el de aliviar los síntomas de la apnea obstructiva del sueño, al menos entre personas con niveles moderados del trastorno. Según defiende el equipo, la técnica es una intervención simple y de bajo coste que puede aliviar la necesidad de recurrir a tratamientos farmacológicos o mecánicos.

Un uso moderno. El grupo responsable del estudio propone ahora un nuevo uso para esta técnica, el de aliviar los síntomas de la apnea obstructiva del sueño, al menos entre personas con niveles moderados del trastorno. Según defiende el equipo, la técnica es una intervención simple y de bajo coste que puede aliviar la necesidad de recurrir a tratamientos farmacológicos o mecánicos.

Hoy por hoy, el principal tratamiento contra esta dolencia es la máquina de presión positiva continua en la vía aérea, CPAP por sus siglas en inglés. Como su nombre sugieren estos aparatos mantienen abiertas las vías respiratorias “soplando” aire hacia una máscara que los pacientes se colocan a la hora de acostarse. Aunque se trate de una técnica efectiva, el tratamiento es engorroso e incómodo para quienes deben seguirlo.

De la experiencia a la ciencia. El estudio, explica en una nota de prensa Krishna K. Sharma, quien lideró el equipo, surgió de la percepción de los efectos positivos que la técnica podría tener sobre este aspecto de la salud respiratoria. Así que decidió poner a prueba la técnica.

En el estudio participaron 30 personas de entre 19 y 65 años con apneas moderadas. 16 de los participantes aprendieron la práctica del soplido de caracolas, mientras que a los restantes se les asignó a modo de control una práctica de respiración profunda. Todos debían practicar durante al menos 15 minutos al día antes de ser evaluados pasados seis meses.

Los resultados de la evaluación mostraron que el grupo experimental, explica el equipo, mostraban unos niveles de somnolencia diurna un 34% inferiores al grupo de control. También reportaban menor cantidad de apneas y se les detectó mayores niveles de oxígeno en sangre al dormir. Los detalles del estudio fueron publicados en la revista ERJ Open Research de la European Respiratory Society.

En Xataka | El detector de apneas Apple es un nuevo paso en convertir los relojes en herramientas diagnósticas. No está claro si lo conseguirán

Imagen | Krishna K Sharma / ERJ Open Research

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Soplar conchas. Ahora un nuevo estudio ha indagado en un singular “tratamiento”: soplar conchas. En un pequeño ensayo aleatorizado y controlado, un equipo de expertos observó que la técnica de soplar caracolas, basada en una práctica tradicional india, ofrecía buenos resultados a la hora de reducir los síntomas de la apnea obstructiva del sueño.

Shankha. La técnica conocida como soplido de shankh tiene su origen en una práctica religiosa del hinduismo. El término shankha hace referencia a un tipo de caracola marina, propia de moluscos de la famila Turbinidae, como las de la especie Turbinella pyrum.

Un uso moderno. El grupo responsable del estudio propone ahora un nuevo uso para esta técnica, el de aliviar los síntomas de la apnea obstructiva del sueño, al menos entre personas con niveles moderados del trastorno. Según defiende el equipo, la técnica es una intervención simple y de bajo coste que puede aliviar la necesidad de recurrir a tratamientos farmacológicos o mecánicos.

Un uso moderno. El grupo responsable del estudio propone ahora un nuevo uso para esta técnica, el de aliviar los síntomas de la apnea obstructiva del sueño, al menos entre personas con niveles moderados del trastorno. Según defiende el equipo, la técnica es una intervención simple y de bajo coste que puede aliviar la necesidad de recurrir a tratamientos farmacológicos o mecánicos.

Hoy por hoy, el principal tratamiento contra esta dolencia es la máquina de presión positiva continua en la vía aérea, CPAP por sus siglas en inglés. Como su nombre sugieren estos aparatos mantienen abiertas las vías respiratorias “soplando” aire hacia una máscara que los pacientes se colocan a la hora de acostarse. Aunque se trate de una técnica efectiva, el tratamiento es engorroso e incómodo para quienes deben seguirlo.

De la experiencia a la ciencia. El estudio, explica en una nota de prensa Krishna K. Sharma, quien lideró el equipo, surgió de la percepción de los efectos positivos que la técnica podría tener sobre este aspecto de la salud respiratoria. Así que decidió poner a prueba la técnica.

En el estudio participaron 30 personas de entre 19 y 65 años con apneas moderadas. 16 de los participantes aprendieron la práctica del soplido de caracolas, mientras que a los restantes se les asignó a modo de control una práctica de respiración profunda. Todos debían practicar durante al menos 15 minutos al día antes de ser evaluados pasados seis meses.

Los resultados de la evaluación mostraron que el grupo experimental, explica el equipo, mostraban unos niveles de somnolencia diurna un 34% inferiores al grupo de control. También reportaban menor cantidad de apneas y se les detectó mayores niveles de oxígeno en sangre al dormir. Los detalles del estudio fueron publicados en la revista ERJ Open Research de la European Respiratory Society.

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A la gran pregunta de si se puede perder peso andando, la ciencia tiene una respuesta. Y tiene todo que ver con la genética

A la gran pregunta de si se puede perder peso andando, la ciencia tiene una respuesta. Y tiene todo que ver con la genética

Existen múltiples motivos para ponernos a caminar, a tratar de acercarnos a esa cifra (más bien simbólica) de los 10.000 pasos diarios. Para muchos, mantener el peso bajo control es uno de los principales motivos.

En este sentido, la genética juega un papel importante, ya que algunas personas tienen una mayor predisposición a acumular masa corporal. Llevamos tan solo un par de décadas aprendiendo cuáles son las (diversas) variantes genéticas que se asocian a nuestra facilidad para aumentar nuestro peso.

Conocerlas, sin embargo, nos ha abierto la puerta a poder diseñar estrategias que nos acerquen a nuestros objetivos a la hora de mantener o reducir nuestro peso, minimizando así el esfuerzo requerido para alcanzarlos.

Porque cada individuo es un mundo y no todos los cuerpos reaccionan de la misma manera ante determinadas dietas o regímenes de ejercicio. Esto es un caldo de cultivo para el fracaso, ya que lo que para una persona es una estrategia “milagrosa” a otra puede llevarla a un callejón sin salida.

Un estudio publicado este año realizó una compilación de las distintas variantes genéticas identificadas hasta la fecha vinculadas con esta facilidad para perder peso a través de dietas y ejercicios. El equipo encontró 30 marcadores genéticos vinculados a la respuesta de nuestro cuerpo a las dietas y 24 asociados al ejercicio.

Porque lagenética no es un factor aislado: no son nuestros genes en sí mismos los que nos hacen engordar. Estos no son más que una parte de un sistema complejo en el que interactúan con nuestra dieta y otros hábitos de vida.

Más pasos

Para comprender estas interacciones, un estudio realizado por la American Heart Association analizó el grado en el que andar podía reducir el impacto de la genética y la vida sedentaria sobre nuestro índice de masa corporal. El análisis, publicado en 2012, observó que el acto de caminar podía, efectivamente, contrarrestar nuestra predisposición genética a ganar peso, frente a hábitos sedentarios como ver la televisión cuyo efecto era el contrario.

Para realizar el estudio, el equipo compiló información sobre más de 12.000 participantes, incluyendo información sobre variantes genéticas (32 en total) asociadas a altos índices de masa corporal. Estimaron que caminar al menos una hora al día podía reducir la masa corporal de las personas en unos 0,06 kg/m².

Un estudio más reciente profundizaba en la cuestión. El análisis, publicado este año en la revista JAMA Network, se planteaba si las personas con determinadas predisposiciones genéticas vinculadas al sobrepeso requerían niveles específicos de ejercicio si querían evitar alcanzar los límites establecidos en índice de masa corporal para la obesidad.

El estudio se realizó con 3.124 participantes adultos y se observó que, efectivamente, las personas con esta predisposición genética requerían caminar más en términos de pasos dados al día que las personas con menor riesgo asociado a sus genes. Según los datos obtenidos, las personas en el percentil alto de riesgo debían caminar unos 2.280 pasos más que las personas en los percentiles medios, un total de 11.020 pasos al día, si querían equiparar su riesgo de obesidad.

Aunque, como norma general, controlar nuestra dieta es una mejor herramienta para perder peso, el ejercicio puede ayudarnos en nuestras intentonas. El ejercicio es, por ejemplo, una herramienta idónea para evitar recuperar el peso que hemos ganado.

Pero ejercitarnos es, sobre todo, una forma de mantenernos saludables. La vida activa tiene muy diversos impactos positivos en nuestra salud, sobre todo en el ámbito de nuestra salud cardiovascular.

En Xataka | Hacer cardio o entrenar la fuerza: para la ciencia no hay debate sobre cuál es el ejercicio idóneo a partir de los 50

Imagen | Tamar Willoughby

*Una versión anterior de este artículo se publicó en agosto de 2024

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En este sentido, la genética juega un papel importante, ya que algunas personas tienen una mayor predisposición a acumular masa corporal. Llevamos tan solo un par de décadas aprendiendo cuáles son las (diversas) variantes genéticas que se asocian a nuestra facilidad para aumentar nuestro peso.

Conocerlas, sin embargo, nos ha abierto la puerta a poder diseñar estrategias que nos acerquen a nuestros objetivos a la hora de mantener o reducir nuestro peso, minimizando así el esfuerzo requerido para alcanzarlos.

Porque cada individuo es un mundo y no todos los cuerpos reaccionan de la misma manera ante determinadas dietas o regímenes de ejercicio. Esto es un caldo de cultivo para el fracaso, ya que lo que para una persona es una estrategia “milagrosa” a otra puede llevarla a un callejón sin salida.

Un estudio publicado este año realizó una compilación de las distintas variantes genéticas identificadas hasta la fecha vinculadas con esta facilidad para perder peso a través de dietas y ejercicios. El equipo encontró 30 marcadores genéticos vinculados a la respuesta de nuestro cuerpo a las dietas y 24 asociados al ejercicio.

Porque lagenética no es un factor aislado: no son nuestros genes en sí mismos los que nos hacen engordar. Estos no son más que una parte de un sistema complejo en el que interactúan con nuestra dieta y otros hábitos de vida.

Más pasos

Para comprender estas interacciones, un estudio realizado por la American Heart Association analizó el grado en el que andar podía reducir el impacto de la genética y la vida sedentaria sobre nuestro índice de masa corporal. El análisis, publicado en 2012, observó que el acto de caminar podía, efectivamente, contrarrestar nuestra predisposición genética a ganar peso, frente a hábitos sedentarios como ver la televisión cuyo efecto era el contrario.

Para realizar el estudio, el equipo compiló información sobre más de 12.000 participantes, incluyendo información sobre variantes genéticas (32 en total) asociadas a altos índices de masa corporal. Estimaron que caminar al menos una hora al día podía reducir la masa corporal de las personas en unos 0,06 kg/m².

Un estudio más reciente profundizaba en la cuestión. El análisis, publicado este año en la revista JAMA Network, se planteaba si las personas con determinadas predisposiciones genéticas vinculadas al sobrepeso requerían niveles específicos de ejercicio si querían evitar alcanzar los límites establecidos en índice de masa corporal para la obesidad.

El estudio se realizó con 3.124 participantes adultos y se observó que, efectivamente, las personas con esta predisposición genética requerían caminar más en términos de pasos dados al día que las personas con menor riesgo asociado a sus genes. Según los datos obtenidos, las personas en el percentil alto de riesgo debían caminar unos 2.280 pasos más que las personas en los percentiles medios, un total de 11.020 pasos al día, si querían equiparar su riesgo de obesidad.

Aunque, como norma general, controlar nuestra dieta es una mejor herramienta para perder peso, el ejercicio puede ayudarnos en nuestras intentonas. El ejercicio es, por ejemplo, una herramienta idónea para evitar recuperar el peso que hemos ganado.

Pero ejercitarnos es, sobre todo, una forma de mantenernos saludables. La vida activa tiene muy diversos impactos positivos en nuestra salud, sobre todo en el ámbito de nuestra salud cardiovascular.

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Conocerlas, sin embargo, nos ha abierto la puerta a poder diseñar estrategias que nos acerquen a nuestros objetivos a la hora de mantener o reducir nuestro peso, minimizando así el esfuerzo requerido para alcanzarlos.

Porque cada individuo es un mundo y no todos los cuerpos reaccionan de la misma manera ante determinadas dietas o regímenes de ejercicio. Esto es un caldo de cultivo para el fracaso, ya que lo que para una persona es una estrategia “milagrosa” a otra puede llevarla a un callejón sin salida.

Un estudio publicado este año realizó una compilación de las distintas variantes genéticas identificadas hasta la fecha vinculadas con esta facilidad para perder peso a través de dietas y ejercicios. El equipo encontró 30 marcadores genéticos vinculados a la respuesta de nuestro cuerpo a las dietas y 24 asociados al ejercicio.

Porque lagenética no es un factor aislado: no son nuestros genes en sí mismos los que nos hacen engordar. Estos no son más que una parte de un sistema complejo en el que interactúan con nuestra dieta y otros hábitos de vida.

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Para comprender estas interacciones, un estudio realizado por la American Heart Association analizó el grado en el que andar podía reducir el impacto de la genética y la vida sedentaria sobre nuestro índice de masa corporal. El análisis, publicado en 2012, observó que el acto de caminar podía, efectivamente, contrarrestar nuestra predisposición genética a ganar peso, frente a hábitos sedentarios como ver la televisión cuyo efecto era el contrario.

Para realizar el estudio, el equipo compiló información sobre más de 12.000 participantes, incluyendo información sobre variantes genéticas (32 en total) asociadas a altos índices de masa corporal. Estimaron que caminar al menos una hora al día podía reducir la masa corporal de las personas en unos 0,06 kg/m².

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El estudio se realizó con 3.124 participantes adultos y se observó que, efectivamente, las personas con esta predisposición genética requerían caminar más en términos de pasos dados al día que las personas con menor riesgo asociado a sus genes. Según los datos obtenidos, las personas en el percentil alto de riesgo debían caminar unos 2.280 pasos más que las personas en los percentiles medios, un total de 11.020 pasos al día, si querían equiparar su riesgo de obesidad.

Aunque, como norma general, controlar nuestra dieta es una mejor herramienta para perder peso, el ejercicio puede ayudarnos en nuestras intentonas. El ejercicio es, por ejemplo, una herramienta idónea para evitar recuperar el peso que hemos ganado.

Pero ejercitarnos es, sobre todo, una forma de mantenernos saludables. La vida activa tiene muy diversos impactos positivos en nuestra salud, sobre todo en el ámbito de nuestra salud cardiovascular.

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Las lluvias de la primavera han generado un problema inesperado a los agricultores españoles: cereal demasiado barato

Las lluvias de la primavera han generado un problema inesperado a los agricultores españoles: cereal demasiado barato

El cultivo de cereales continúa viviendo épocas convulsas. Como otros muchos cultivos, los cereales sufrieron las consecuencias de la pasada sequía, una sequía que llegó a poner contra las cuerdas al sector en 2023, transformando el sueño de convertirse en el granero de Europa en un amargo despertar.

Caen los precios. Ahora el lamento del sector viene de otro lugar: los precios, desplomados tras la recuperación de la oferta, consecuencia de la recuperación de la producción. Una recuperación que difícilmente podría haberse dado sin un año hidrológico tan favorable como el de 2024-25.

Sin embargo nunca llueve a gusto de todos.

Desde León. Quizás el mejor ejemplo lo encontramos en la lonja de León. Ahí la semana pasada el precio de cereales como el trigo, el centeno o la avena vieron ligeras caídas en los precios. El problema es más acuciante si consideramos el precio hace dos años: 247 €/t. Esto implica que, en los últimos dos años el precio del cereal ha bajado en más de un 20%.

La avena, en caída libre. Otra caída llamativa ha sido la de la avena: si hace dos años el precio de este cereal se encontraba en los 285 €/t, el precio ha bajado desde entonces hasta los 136 €/t, un 52,3% menos. Hace un año el precio era de 183 €/t, lo que implica que solo este año la caída en el precio ha sido de alrededor del 26%.

El maíz, la excepción. El maíz es el único cereal que parece escapar de esta tendencia. Sus precios se mantuvieron estables en lonjas como la de León, mientras llegaban a subir en otras, como la de Salamanca.

Oportunidad perdida. Una caída a la que el sector ha respondido con pesimismo ya que en la provincia la cosecha se da ya por prácticamente terminada. Los agricultores señalan que estos precios apenas sirven para cubrir costes y hablan de “oportunidad perdida” a la hora de referirse a la presente campaña.

Oferta y demanda. El sector señala el origen del problema en una simple ecuación, la de la oferta y la demanda. Los precios han caído notablemente desde 2023, cuando la sequía puso a medio sector agrario contra las cuerdas: la ausencia de lluvias y las restricciones limitaron la producción agraria. Ahora, la producción se ha recuperado, pero los problemas continúan.

El aumento de la oferta no ha sido equiparado con una mayor demanda, lo que ha facilitado un desplome en los precios. A la precaria situación deben añadirse otros factores externos, como cambios en los patrones del comercio internacional, entre los que se incluyen la nueva guerra arancelaria entre los Estados Unidos y Europa, un conflicto aún por resolver que añade leña al fuego en forma de incertidumbre.

En Xataka | Ante sequías cada vez más duras, estamos buscando respuestas en algo descartado hace 10.000 años: cereales perennes

Imagen | Heyzeus Escribo

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La noticia Las lluvias de la primavera han generado un problema inesperado a los agricultores españoles: cereal demasiado barato fue publicada originalmente en Xataka por Pablo Martínez-Juarez .

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