Nunca antes habíamos visto un vídeo como este: el plasma en un reactor de fusión nuclear, a color y a 16.000 fps

Nunca antes habíamos visto un vídeo como este: el plasma en un reactor de fusión nuclear, a color y a 16.000 fps

Ver el interior de un reactor de fusión nuclear es, por razones obvias, complicado. Hablamos de temperaturas de millones de grados Celsius, más calientes que el núcleo del Sol. Sin embargo, la empresa británica Tokamak Energy acaba de regalarnos imágenes sin precedentes de lo que ocurre dentro de su reactor esférico ST40: un vídeo a todo color y a la increíble velocidad de 16.000 fotogramas por segundo.

Un ballet de colores inédito. Lo que estamos viendo en el vídeo es, en esencia, la coreografía de los elementos dentro del tokamak. El ST40, como la mayoría de estos reactores, utiliza isótopos de hidrógeno (deuterio en este caso) como combustible. Cuando este gas se convierte en plasma, emite una característica luz rosa, que es la que domina la escena. Pero lo interesante empieza cuando los investigadores introducen litio, que brilla en color rojo.

Y no, esto no es solo un espectáculo visual. Cada color, cada filamento brillante que vemos en estas imágenes, son una mina de oro de información que está ayudando a los científicos a resolver uno de los mayores desafíos en el largo camino hacia la energía de fusión comercial: cómo domar el plasma para que no degrade los materiales del reactor.

Qué estamos viendo exactamente. En las imágenes, vemos cómo se inyectan pequeños gránulos de litio en la cámara del reactor. Al entrar en las zonas exteriores y más frías del plasma, el litio neutro se excita y emite una intensa luz roja carmesí. A medida que penetran en las regiones más calientes y densas, los átomos de litio pierden un electrón, se ionizan (convirtiéndose en iones de litio) y empiezan a brillar en tonos verdosos.

Una vez ionizado, el litio ya no se mueve libremente. Se ve obligado a seguir las invisibles, pero potentísimas líneas del campo magnético que confinan el plasma. Esos filamentos verdes que vemos danzando en el vídeo son, literalmente, el litio dibujando la jaula magnética del reactor.

Para qué sirve todo esto. El litio actúa como escudo protector del reactor. Grabar lo que ocurre a color no es sencillo, pero ayuda a identificar si las impurezas que Totakak Energy está introduciendo en el reactor irradian en el lugar esperado. Y si los polvos de litio penetran hasta el núcleo del plasma.

Este experimento forma parte de una investigación sobre un modo de operación llamado "radiador de punto X" (XPR) que usa elementos como el litio para que el borde del plasma irradie y pierda una gran cantidad de calor antes de tocar las paredes del reactor. Es una "atmósfera" protectora que enfría el plasma justo en el último momento, reduciendo el desgaste de los componentes sin sacrificar el rendimiento del núcleo.

El avance de Tokamak Energy. Este enfoque es la pieza central del programa de actualización dell ST40, que ha recibido financiación de los departamentos de energía de Estados Unidos y Reino Unido. El objetivo es recubrir todos los componentes que miran al plasma con litio, una técnica que ya ha demostrado en otros laboratorios, como el de Princeton, para mejorar el rendimiento del plasma.

Este tipo de diagnósticos visuales complementan a los sistemas increíblemente complejos que se están instalando en reactores como el JT-60SA en Japón, el tokamak más avanzado del mundo actualmente, que utiliza láseres para medir la temperatura y densidad del plasma de forma indirecta.

Una carrera global. Mientras proyectos colosales e institucionales como el ITER marcan un camino a largo plazo, que prevé sus primeros experimentos de deuterio-tritio para 2039, empresas más ágiles como Tokamak Energy exploran diseños y tecnologías nuevas, como los tokamaks esféricos y los imanes superconductores de alta temperatura, para acelerar la llegada de la fusión comercial.

El cierre del histórico reactor JET en el Reino Unido, que se despidió batiendo un récord de energía, marcó el fin de una era, pero su legado es la base sobre la que se construyen todos estos nuevos avances. Esta nueva ventana al corazón del plasma no solo es visualmente impresionante. Es un pequeño paso que nos acerca un poco más a la meta de replicar la energía de las estrellas en la Tierra. La fusión nuclear acaba de volverse mucho más colorida, y eso son excelentes noticias.

Imagen | Tokamak Energy

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Reino Unido necesita calefacción más barata, así que está sustituyendo calderas de gas por servidores de Raspberry Pi

Reino Unido necesita calefacción más barata, así que está sustituyendo calderas de gas por servidores de Raspberry Pi

La idea es excéntrica, pero tiene sentido. La factura de la luz está por las nubes. Las calderas de gas están condenadas a extinguirse. Y la demanda de capacidad de computación no para de crecer. La solución: sustituir las calderas por un clúster de 500 Raspberry Pi para generar calor.

Miniordenadores en aceite. UK Power Networks, el operador de redes de distribución más grande de Reino Unido, está probando a reemplazar las calderas de gas tradicionales con pequeños centros de datos del tamaño de una bomba de calor.

Consisten en un rack de 500 miniordenadores Raspberry Pi CM4 o CM5 sumergidos en aceite. El aceite se calienta a medida que los ordenadores trabajan, y el calor luego se distribuye por radiadores y el agua de la casa.

Una nube distribuida. Estos dispositivos llamados "HeatHub" son en realidad parte del servicio de computación distribuida de Thermify. La empresa ha completado una prueba piloto en Gales, y ahora espera escalar el servicio a 100.000 instalaciones anuales de aquí a 2030.

Thermify cree que familias de bajos ingresos se interesarán por HeatHub para aliviar su carga económica, reduciendo la factura de la luz y evitando la instalación de aerotermia. Gracias a los ingresos de la nube, la empresa puede ofrecer una alternativa barata y baja en emisiones de carbono.

Cómo funciona. Dentro de cada contenedor HeatHub, 500 módulos de Raspberry Pi trabajan sin cesar procesando cargas para los clientes del servicio de nube distribuida de Thermify. Todo este hardware está refrigerado por inmersión, lo que en este caso tiene una doble función, porque permite capturar de manera eficiente el calor generado para usarlo como calefacción.

El calor residual se transfiere al sistema de calefacción central y de agua caliente de la casa, a modo de sustituto "plug and play" de la caldera de gas convencional. En cuanto a cómo afecta a la conexión a Internet: para no reducir el ancho de banda de los clientes, cada unidad cuenta con una conexión de red dedicada.

Facturas más baratas. ¿Por qué iba alguien a instalar un centro de datos ajeno en su casa? Por la misma razón que se instalan antenas de telefonía en las azoteas de los edificios: dinero. En este caso, los clientes pagan una cuota mensual fija de 5,60 libras al mes (unos 6,60 euros), lo que reduce sus facturas en un 40% sin perder capacidad de calefacción.

Más allá del ahorro individual, la propuesta de Thermify y UKPN tiene sentido desde el punto de vista medioambiental: usa la energía dos veces, aprovechando un calor que los centros de datos tradicionales suelen desperdiciar. Tal vez el mayor obstáculo al que se enfrenta Thermify sea la competencia. Otras empresas como la francesa Qarnot y las británicas Heata o Deep Green ya están trabajando en proyectos similares, calentando desde depósitos de agua hasta piscinas públicas.

Imágenes | UKPN, Thermify

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Vivir cerca de los centros de datos ya es una ruina para muchos: la factura de la luz se ha disparado hasta un 267% en EEUU

Vivir cerca de los centros de datos ya es una ruina para muchos: la factura de la luz se ha disparado hasta un 267% en EEUU

"De ninguna manera podría seguir pagando una factura así", dice una mujer de Baltimore. En las zonas de Estados Unidos cercanas a grandes concentraciones de centros de datos, el precio mayorista de la electricidad ha subido hasta un 267% en los últimos cinco años. Para sorpresa de nadie, los consumidores están asumiendo estos costes en la factura de la luz.

En corto. Un exhaustivo análisis de Bloomberg ha cruzado los precios de 25.000 puntos de la red eléctrica estadounidense con la ubicación de los centros de datos del país. El resultado es demoledor: más del 70% de los nodos que registraron grandes aumentos de precios se encuentran a menos de 80 kilómetros de un clúster de centros de datos.

La IA y el precio de la luz. Según la Agencia Internacional de la Energía, la electricidad que consumen los centros de datos se duplicará hasta los 945 TWh de aquí a 2030, superando la demanda de países enteros como Francia o Japón. La IA será el principal motor de este incremento.

Mientras las grandes tecnológicas defienden que sus centros de datos traen inversión, empleos de alta calidad e ingresos fiscales que benefician a las comunidades colindantes, los vecinos de estos grandes monstruos energéticos han estado sufriendo consecuencias menos debatidas.

Una cuestión de oferta y demanda. La demanda de energía de los centros de datos de IA es tan alta que está llevando las subastas de capacidad eléctrica a precios récord. El fenómeno es especialmente visible en las cuentas del mayor operador de red de Estados Unidos, PJM Interconnection, que cubre 13 estados. En su última subasta anual, la carga de los centros de datos disparó la venta de capacidad de PJM en 7.300 millones de dólares, un 82% más.

El motivo es simple: la demanda de energía crece mucho más rápido que la capacidad de generar nueva electricidad. Pero las consecuencias van más allá de simplemente incentivar la instalación de nuevas fuentes de energía. El precio mayorista que las eléctricas pagan para garantizar el suministro futuro repercute tanto en las facturas de las empresas como en la de los hogares.

David contra Goliat. Para entender el conflicto a nivel de calle, basta con viajar a Virginia, hogar de la mayor concentración de centros de datos del mundo. Se estima que entre el 3o y el 40% del tráfico mundial de Internet pasa por sus servidores. Aquí, la compañía eléctrica Dominion Energy prevé que la demanda crezca un 85% para 2039.

Si no estuvieran los centros de datos, el crecimiento sería de solo un 10%. Pero aquí están, así que harán falta nuevas infraestructuras, como torres de alta tensión y subestaciones eléctricas, que habrá que pagar. ¿Y quién paga? Hoy por hoy, estos gastos se reparten entre todos los clientes de la compañía eléctrica, desde un pequeño apartamento hasta el gigantesco centro de datos.

No ocurre solo en EEUU. Aunque el epicentro de la crisis se sitúa en Estados Unidos, por su posición de liderazgo con la IA, el problema es global. Las empresas tecnológicas buscan expandir su infraestructura por todo el mundo, y la tensión en las redes eléctricas se replica.

En Reino Unido, la mayor demanda de los centros de datos podría encarecer los precios de la electricidad un 9% para 2040. En Malasia, el gobierno ha tenido que aumentar las tarifas eléctricas de los centros de datos a medida que las nuevas instalaciones ponen a prueba la capacidad de suministro del país.

El coste social del progreso tecnológico. Los centros de datos no nacen por generación espontánea. Alguien tiene que construirlos y mantenerlos, lo que genera empleo. En Virginia, aportan 9.100 millones de dólares al PIB estatal. La carrera de gigantes como Microsoft, Amazon o Google está reavivando la inversión en energías renovables y chips más eficientes.

Pero mientras la red eléctrica no dé abasto y las facturas de la luz continúen subiendo, el debate sobre el coste de la IA para los ciudadanos seguirá avivándose.

Imagen | Rawpixel

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Encélado lo tiene todo para albergar vida extraterrestre. Y Europa se está moviendo para descubrirla antes que nadie

Encélado lo tiene todo para albergar vida extraterrestre. Y Europa se está moviendo para descubrirla antes que nadie

Cuando la sonda Cassini de la NASA envió las primeras imágenes de los chorros de vapor de agua saliendo del polo sur de una pequeña luna de Saturno, los científicos se dieron cuenta de que aquel mundo no estaba muerto. Era Encélado, y estaba expulsando al espacio el contenido de un océano subterráneo. Desde entonces, cada nuevo dato del satélite ha reforzado una idea que entusiasma a los astrobiólogos: si hay un lugar más allá de la Tierra donde buscar vida, es allí.

En corto. Un nuevo análisis de datos de Cassini, recogidos hace casi veinte años, ha reforzado la posibilidad de que Encélado reúna todas las condiciones para albergar vida. La Agencia Espacial Europea lo tiene claro: Encélado es ya un objetivo central de su plan de exploración a largo plazo, y es hora de poner en marcha una misión para responder de una vez a la gran pregunta.

Los ingredientes para la vida. Para que exista vida tal y como la conocemos hacen falta tres cosas: agua líquida, energía y varios elementos químicos básicos: carbono, hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, fósforo y azufre. Encélado parece tenerlos todos.

Sabemos que bajo su corteza helada se esconde un océano global de agua salada. La energía la aporta la fricción de las mareas que provoca Saturno y, probablemente, fuentes hidrotermales en el fondo marino, parecidas a las fumarolas que aquí en la Tierra están llenas de bacterias y organismos más complejos, como gusanos y caracoles.

Novedades prometedoras. Gracias a los géiseres de Encélado, que lanzan muestras al espacio, Cassini pudo analizar la composición de su océano. Si bien ya se habían detectado la mayoría de los elementos esenciales, incluido el fósforo, un nuevo hallazgo entre los datos de la sonda ha vuelto a elevar el entusiasmo.

Un estudio publicado en Nature Astronomy analiza un vuelo de Cassini de 2008. La nave atravesó las plumas de Encélado a 18 km/s. Esa velocidad, que parecía un problema, resultó ser útil: el impacto rompió las moléculas de un modo que permitió identificarlas mejor. El resultado ha sido el hallazgo de nuevas moléculas orgánicas complejas, como compuestos alifáticos, ésteres, éteres y otras moléculas con nitrógeno y oxígeno. En la Tierra, estas moléculas están ligadas a reacciones que dan lugar a los aminoácidos, las piezas básicas de las proteínas.

Los planes de la ESA. Con un escenario tan prometedor, Europa no quiere quedarse atrás. En su hoja de ruta científica Voyage 2050, Encélado es ya el destino estrella para una futura misión. La idea incluye un orbitador y un módulo de aterrizaje.

El orbitador sobrevolaría varias veces las plumas de Encélado con instrumentos más precisos que los de Cassini. El aterrizador se posaría cerca de las “rayas de tigre” del polo sur, donde emergen los géiseres, para recoger directamente la nieve recién caída. Sería la primera vez que una sonda analiza in situ un mundo con un océano activo, aunque no llegaría a la superficie hasta 2058.

Europa no está sola en la carrera. Estados Unidos también tiene su propuesta: la misión Enceladus Orbilander, marcada como prioridad máxima en el Decadal Survey de 2023. Su plan es muy parecido: orbitar primero y luego aterrizar. China, por su parte, ya trabaja en tecnología nuclear para sondas de espacio profundo y Encélado figura entre sus objetivos futuros.

Imagen | NASA

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Estados Unidos tiene un plan B para ganarle la carrera lunar a China: cambiar la nave de Elon Musk por la de Jeff Bezos

Estados Unidos tiene un plan B para ganarle la carrera lunar a China: cambiar la nave de Elon Musk por la de Jeff Bezos

La narrativa en Washington es que la carrera por volver a la Luna se está perdiendo. Mientras China avanza con paso firme para poner a dos astronautas en la superficie lunar antes de 2030, el programa Artemis de la NASA pende de un hilo. Ese hilo se llama Starship, y cada vez menos implicados confían en que esté lista a tiempo para llevar estadounidenses a la superficie de la Luna.

Hay un plan B. Una investigación del veterano reportero espacial Eric Berger revela que los funcionarios de la NASA podrían tener un plan B para cumplir con la consigna de la Casa Blanca: volver a la Luna antes de que China llegue por primera vez.

Ante la desconfianza en los tiempos de Elon Musk, que dijo públicamente que la Luna le parecía una distracción y que su prioridad era Marte, a pesar del multimillonario contrato de la NASA que financia el desarrollo de Starship HLS, la solución parece ser la nave de su gran rival: Jeff Bezos.

Todo a una carta. Para entender de dónde sale esta apremiante necesidad estadounidense de ganar la carrera lunar, hay que retroceder en el tiempo. Después del desastre del transbordador espacial Columbia en 2003, la NASA se centró en el programa Constellation, que acabó derivando en el cohete SLS y la nave espacial Orion, cuyo desarrollo lideran Boeing y Lockheed Martin.

Además de enormes sobrecostes y retrasos, estos dos vehículos han acabado costando a la NASA los dolores de cabeza de una arquitectura ineficiente para volver a la Luna. La misión Artemis III, programada con optimismo para 2027, prevé lanzar a cuatro astronautas en un cohete SLS, llevarlos hasta la órbita lunar en la nave Orion y luego, a dos de ellos, hasta la superficie lunar en una Starship HLS de SpaceX.

Que la NASA eligiera la Starship de SpaceX como única opción para Artemis III (y luego Artemis IV) ha acabado siendo su segundo gran error. Aunque fuera el candidato más barato y SpaceX ya estuviera probando prototipos en vuelo, no es la nave más sencilla para llegar a la Luna: puesto que utiliza combustible criogénico, que tiene a evaporarse, necesita repostar en órbita varias veces antes de emprender su viaje lunar.

La venganza de Jeff Bezos. Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, denunció a la NASA en aquel momento por haber puesto todos los huevos en la cesta de Starship. La NASA acabó contratando también su nave Blue Moon, pero para las futuras misiones Artemis V y VI.

Ahora, después de años viendo cómo Musk dominaba el sector, Bezos tiene la oportunidad de vengarse. Blue Origin podría adelantar a SpaceX con una arquitectura lunar más sencilla: una versión modificada de su módulo de alunizaje Blue Moon Mark 1, originalmente diseñado para vuelos de carga. La compañía estaría adaptándolo para llevar tripulación, aprovechando todo lo aprendido en el desarrollo de su nave tripulada de próxima generación, la Blue Mooon Mark 2.

Es 1969 otra vez. La clave de MK1 es su simplicidad: no requeriría reabastecimiento en órbita, solo mandar varios MK1 para bajar a los astronautas a la superficie y luego ascender de nuevo a reunirse con la nave Orion. Es un enfoque que, según los ingenieros de Blue Origin, es factible y podría ejecutarse antes de que acabe la década. Es decir, antes de que China llegue a la Luna.

Qué gana Estados Unidos. En realidad es Estados Unidos la que ha puesto en el imaginario colectivo esta idea de carrera lunar contra China. China lleva jugando al largo plazo desde que empezó a lanzar robots a la Luna. Pero ahora que se acerca su fecha de mandar astronautas, la urgencia estadounidense no es casual.

La Casa Blanca está obsesionada con ganarle a China, hasta el punto de haber vetado a los ciudadanos chinos hasta en las reuniones por Zoom de la NASA. También ha adelantado la misión Artemis II para demostrar que sigue en la partida. Es administrador en funciones de la NASA, Sean Duffy, cercano al gobierno, quien promueve la narrativa: "Vamos a ganar a los chinos en la Luna".

Al mismo tiempo, no es solo una cuestión de orgullo. Establecerse permanentemente en la Luna no es solo por la gloria, es por el control de sus recursos. El primer país en establecer una base funcional tendrá la sartén por el mango. Con el plan A de SpaceX acumulando dudas, la propuesta de Blue Origin se presenta como la alternativa que la NASA necesita.

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Rusia mandó 75 ratones al espacio en una cápsula de diseño soviético. Han vuelto todos menos 10

Rusia mandó 75 ratones al espacio en una cápsula de diseño soviético. Han vuelto todos menos 10

Hace unos días aterrizó en la estepa rusa una cápsula caída del cielo que recuerda a los albores de la carrera espacial. Era el módulo de descenso de la misión Bion-M Nº 2, lanzada un mes antes al espacio desde el cosmódromo de Baikonur. Sus tripulantes: cultivos celulares, semillas, 1.500 moscas de la fruta y 75 ratones macho, de los cuales han sobrevivido 65.

30 días de órbita polar. La nave orbitó la Tierra de polo a polo para exponer a sus pasajeros a los niveles de radiación cósmica que recibirán los tripulantes de la futura estación espacial rusa ROS. Es decir, un 33% superiores que los que experimenta la Estación Espacial Internacional.

Los ratones fueron divididos en grupos: algunos modificados genéticamente, otros tratados con un medicamento especial y un grupo de control. El objetivo era cuantificar el daño de la radiación en su organismo y probar contramedidas como fármacos o blindajes que podrían tener aplicaciones directas tanto en la órbita terrestre como en futuros viajes a la Luna y Marte.

Los nuevos cosmonautas rusos. No pasarán a la historia como la perra Laika, pero los ratones han hecho su papel. La misión ha sido un éxito y los 10 especímenes que murieron lo hicieron por causas que el director del Instituto de Problemas Biomédicos ruso, Oleg Orlov, atribuye a que eran ratones macho, agresivos y con "complejos conflictos intragrupales".

¿Es un éxito que murieran 10 ratones? Si lo comparamos con la misión anterior, lo es. En la primera Bion-M, que tuvo lugar en 2013, un fallo en los sistemas de soporte vital provocó la muerte de 29 de los 45 ratones a bordo. Que ahora el 87% de los animales haya sobrevivido, y que las muertes ocurrieran por causas naturales o de comportamiento, es una gran mejora.

Una cápsula como la de Yuri Gagarin. Eso sí, el regreso de los ratones no ha sido precisamente tranquilo. Como explica detalladamente el divulgador Daniel Marín en su blog, la nave espacial Bion-M es una cápsula esférica derivada de las Vostok, las mismas que llevaron a Yuri Gagarin al espacio. Este diseño no permite maniobras para suavizar la reentrada, así que el aterrizaje es un tanto agresivo.

Para muestra, la cápsula provocó un pequeño incendio en la estepa de Oremburgo tras impactar en el suelo. Pero la causa no fue el impacto, sino los retrocohetes de combustible sólido situados en las líneas del paracaídas. El fuego quedó controlado rápidamente.

¿Y las moscas? Como decíamos, el biosatélite también transportaba un completo laboratorio biológico con hongos, líquenes, semillas y cerca de 1.500 moscas de la fruta, parte de un experimento multigeneracional. Según la Academia de Ciencias de Rusia, las moscas que viajaron en la Bion-M Nº 2 son la séptima generación de una estirpe que se originó en la Estación Espacial Internacioinal.

Durante la misión de 30 días, nacieron la novena y décima generación. El plan es que, tras unas cuantas generaciones más en la Tierra, sus descendientes vuelvan a ser enviados a la Estación Espacial Internacional, continuando un linaje de insectos que nunca ha conocido la gravedad terrestre normal.

Ahora, los científicos tienen por delante meses de trabajo analizando los datos y las muestras biológicas recuperadas. Los 65 ratones supervivientes y sus compañeros de viaje interplanetario son una valiosa fuente de información que ayudará a hacer que los próximos viajes espaciales sean más seguros.

Imagen | Roscosmos

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Hace dos años, un asteroide explotó sobre Francia con una violencia insólita. Lo que salvó a los franceses fue su tamaño

Hace dos años, un asteroide explotó sobre Francia con una violencia insólita. Lo que salvó a los franceses fue su tamaño

13 de febrero de 2023. Eran las 4:59 de la madrugada cuando una violenta explosión iluminó los cielos de Normandía, al norte de Francia. No fue un rayo, ni tampoco un misil. Fue el final de un viaje de millones de kilómetros para un pequeño asteroide llamado 2023 CX1.

Siete horas de preaviso. La roca de 650 kilogramos tenía apenas un metro de diámetro, por lo que había sido detectada solo siete horas antes de su impacto. Pero lo más inquietante no fue su llegada sorpresa, sino su comportamiento al entrar en la atmósfera terrestre.

Un análisis exhaustivo publicado dos años y medio después en Nature Astronomy ha revelado que, si el asteroide hubiera sido más grande, las consecuencias de su extraordinaria explosión podrían haber sido devastadoras.

Un meteoro de alto riesgo. La mayoría de los meteoritos se van fragmentando a medida que descienden por la atmósfera, pero 2023 CX1 aguantó intacto hasta alcanzar una distancia al suelo de solo 28 kilómetros. En ese punto, la presión hizo que estallara como una bomba.

Tras viajar por el espacio unos 30 millones de años, el asteroide liberó el 98% de toda su energía cinética en una fracción de segundo. Y en una región muy concentrada de la atmósfera, cuando alcanzó una presión dinámica de 4 megapascales.

No se compara con Cheliábinsk. El comportamiento de 2023 CX1 fue radicalmente distinto al del bólido cuya explosión de 500 kilotones rompió ventanas y causó cientos de heridos en Rusia en 2013. El de Francia generó una onda de choque esférica en lugar de cilíndrica, concentrando mucha más energía y aumentando enormemente el área de suelo afectada por la sobrepresión.

Según los investigadores, este tipo de fragmentación abrupta podría causar mucho más daño que las fragmentaciones progresivas de cuerpos de tamaño similar. Los franceses tuvieron suerte de que fuera tan pequeño.

Más leña para la defensa planetaria. El análisis se basó en una cantidad de observaciones sin precedentes tras movilizar a la comunidad científica y ciudadana en esas siete horas de margen. La predicción de la caída por parte de la ESA y la NASA tuvo un margen de error de menos de 20 metros entre la trayectoria prevista y la observada, lo que a su vez facilitó la recuperación de más de cien fragmentos del meteorito en la comuna de Saint-Pierre-Le Viger.

Según resume el CSIC, que participó en la investigación, este evento confirma la existencia de una nueva población de asteroides, las condritas de tipo L, capaces de estas violentas explosiones. "Estos asteroides deben tenerse en cuenta en las estrategias de defensa planetaria, ya que representan un mayor riesgo para las zonas pobladas", sentencia Auriane Egal, primera autora del estudio.

Con lo que sabemos hoy, tal vez las autoridades activen planes de evacuación la próxima vez que nos amenace un asteroide de este tipo. Siempre que los sistemas de detección no fallen, y detecten la amenaza a tiempo.

Imagen | ESA

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Hay una guerra silenciosa sobre nuestras cabezas que amenaza a las comunicaciones. Y Europa se está quedando muy atrás

Hay una guerra silenciosa sobre nuestras cabezas que amenaza a las comunicaciones. Y Europa se está quedando muy atrás

Cada vez que miramos el GPS del coche, consultamos el tiempo o pagamos con tarjeta, los satélites de navegación, observación o sincronización horaria hacen que todo funcione sin que nos demos cuenta. Pero a cientos de kilómetros sobre nuestras cabezas, una guerra silenciosa se abre camino. Una que, de acabar estallando, podría borrar eso que damos por sentado.

La guerra de Ucrania lo cambió todo. Demostró, sin lugar a dudas, que los satélites no son solo herramientas científicas o comerciales, sino activos militares de primer orden. Desde el seguimiento de las tropas a las comunicaciones seguras y resilientes, el conflicto "consagró el espacio como un dominio operativo de pleno derecho", en palabras de Vincent Chusseau, jefe del Mando Espacial francés.

Al mismo tiempo, la invasión rusa de Ucrania puso sobre la mesa los avances en contramedidas para neutralizar o interferir en las señales satelitales enemigas, así como la fragilidad de una nación que no posee acceso soberano al espacio.

El espacio se ha militarizado. Es una realidad documentada. Informes como el Space Threat Assessment 2025 del CSIS o el Global Counterspace Capabilities de la Secure World Foundation dibujan un panorama inquietante: Estados Unidos, China, Rusia, Irán, Israel y otras potencias han desarrollado activamente todo un arsenal de capacidades anti-satélite.

Estas tecnologías van desde misiles lanzados desde tierra hasta satélites capaces de atacar a otros, pasando por láseres de alta potencia para freír los componentes electrónicos en órbita. Se suman a los avances en guerra electrónica que también hemos visto en Ucrania en forma de ciberataques o interferencias habituales de las señales satelitales.

Europa se está quedando atrás. Hay más de 200 armas anti-satélite en el espacio. Para Europa es un problema. Mientras Estados Unidos y China tratan el espacio como un pilar de su seguridad nacional, destinando un 50% del gasto público en espacio a defensa, Europa apenas destina un 15%, advierte Josef Aschbacher, director de la Agencia Espacial Europea. El 85% restante se dedica a fines civiles, lo que plantea una revisión de las prioridades estratégicas.

Si bien uno de los papeles de Aschbacher es conseguir más financiación de los Estados miembros, la divergencia llama la atención en los tiempos que corren. La cuota de Europa en la financiación pública espacial mundial es cada vez menor: de solo el 10% en 2024, frente al 60% de Estados Unidos. No solo porque se han unido otras potencias al juego, como China e India, sino porque la UE invierte apenas un 0,07% de su PIB en actividades espaciales. La participación de Europa es cada vez menor en un sector que espera triplicar su valor de aquí a 2035.

A riesgo de perder autonomía. Europa ha ido moviendo fichas para no depender de potencias extranjeras para su propia seguridad y el funcionamiento de servicios esenciales que dependan del espacio, como la inversión en el incipiente sector de los microlanzadores europeos o la creación de IRIS2 como alternativa soberana a Starlink. Pero la inestabilidad geopolítica y las crecientes amenazas podrían obligarla a tomar decisiones más contundentes.

Las empresas de defensa europeas que ya se están expandiendo hacia el sector espacial lo hacen sin una visión común. La solución que propone Aschbacher es un aumento significativo del presupuesto de la ESA, que podría salir del plan de rearme europeo. Y otra vía más pragmática: apostar por los sistemas espaciales de doble uso: desarrollar tecnologías y satélites que puedan satisfacer tanto necesidades civiles (ciencia, observación de la Tierra, Internet...) como de defensa (vigilancia, comunicaciones seguras...). Convertir la necesidad en oportunidad.

Imagen | ESA, Freepik

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El espectáculo de drones del Vaticano fue un encargo a un empresario insospechado: el hermano de Elon Musk

El espectáculo de drones del Vaticano fue un encargo a un empresario insospechado: el hermano de Elon Musk

Un milagro... de la tecnología. La noche del sábado, más de 3.000 drones iluminaron el cielo del Vaticano para recrear las obras más conocidas de Miguel Ángel o la cara afable del papa Francisco. Pero la verdadera sorpresa estaba bajo el enjambre de drones. El responsable del espectáculo era Kimbal Musk, el hermano de Elon, quien tuvo la idea durante un festival en el desierto de Nevada.

Un poco de contexto. Como colofón al Encuentro Mundial sobre la Fraternidad Humana, el Vaticano organizó el evento Grace for the World, que contó con un cartel de estrellas como Pharrell Williams, John Legend y Andrea Bocelli, quien cantó a dúo con Karol G.

Lo más comentado de la noche, además de ese inesperado dueto, fue el vuelo sincronizado de los 3.000 drones sobre la basílica de San Pedro ante 80.000 espectadores. Mientras sonaba la música, los drones recrearon con puntos de luz "La Creación de Adán", que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina, o la "Piedad del Vaticano", que Miguel Ángel Buonarroti talló en mármol hace 500 años.

Nova Sky Stories. La empresa responsable del espectáculo tiene como CEO y fundador a un hombre de apellido inconfundible: Kimbal Musk. ¿Cómo ha acabado el hermano del magnate que nos quiere llevar a Marte, quien dice haber sentido la voz de Dios tras probar la ayahuasca, organizando un espectáculo de luces para la Santa Sede? Esa es la mejor parte de la historia.

Kimbal Musk con un dron de Nova Sky Stories

Kimbal Musk con un dron de Nova Sky Stories

Kimbal fundó Nova Sky Stories en 2022 al comprar Intel Drone Light Shows, la división de Intel para este tipo de espectáculos. Pero tuvo la idea un año antes durante el festival "Free Burn", que sustituyó a Burning Man durante la pandemia. Fue allí donde un artista llamado Ralph Nauta usó drones para recrear en el cielo la efigie del hombre que tradicionalmente se quema en Burning Man. Lo que Kimbal presenció, según sus propias palabras, "le cambió la vida".

Un año y medio de negociaciones. Convencido del potencial de los drones no como simple sustituto de los fuegos artificiales, sino como un nuevo medio para crear arte a gran escala, Kimbal Musk se acercó al Vaticano a principios de 2024, cuando el papa Francisco aún vivía. Tras su fallecimiento, el nuevo papa León XIV dio su bendición para seguir adelante con el evento.

Una flota de 9.000 drones. Al igual que las empresas de Elon Musk, Nova Sky Stories presume de un ecosistema completamente vertical: diseñan y fabrican sus propios drones, y desarrollan todo software y firmware internamente. Esto les permite una agilidad y una capacidad de resolución de problemas que, según ellos mismos, es única en el sector.

Aunque en el Vaticano solo volaron 3.000 drones simultáneamente, la compañía posee un arsenal de más de 9.000. Cada uno pesa 340 gramos y puede iluminarse con una profundidad de color de 24 bits. Para orientarse, los drones utilizan tecnología de posicionamiento por satélite "Real-Time Kinematics" que corrige los datos de GPS en tiempo real con una precisión de centímetros.

En un show de larga duración como el del Vaticano, los drones están programados para regresar a sus bases de carga, recargarse y ser reemplazados por otros en el aire, todo ello sin que el público lo perciba. Si un dron se desvía de su ruta, primero intenta volver a su posición, luego regresar a la base y, como último recurso, apagar su motor para caer al suelo.

¿Sustitutos de los fuegos artificiales? El evento del Vaticano confirma una tendencia al alza: los drones están reemplazando o complementando a los fuegos artificiales en eventos masivos en todo el mundo. Desde los megaespectáculos en China hasta las versiones más modestas de la feria de Málaga o las fiestas de la Mercè en Barcelona. Son seguros, silenciosos y reutilizables.

Pero para Kimbal Musk el objetivo va más allá de la simple sustitución: "No idolatro la tecnología. Idolatro el resultado". Su misión es consolidar los drones como un medio artístico legítimo, capaz de contar historias y, sobre todo, de generar una respuesta emocional: "Si podemos hacer llorar a la abuela...".

Imágenes | Elisabetta Piqué, X

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La única forma de confirmar los indicios de vida pasada en Marte es traer la roca a la Tierra: hay tres grandes voluntarios

La única forma de confirmar los indicios de vida pasada en Marte es traer la roca a la Tierra: hay tres grandes voluntarios

El rover Perseverance de la NASA nos ha dado una de las noticias más emocionantes de los últimos años. En un antiguo lecho de río en el cráter Jezero, ha encontrado una roca que podría contener, en palabras del director de la NASA, uno de los "indicios más claros de vida que hemos visto en Marte". Bautizada como Cheyava Falls, la roca tiene unos depósitos oscuros cuyas características químicas, minerales y texturales, en la Tierra, se asocian a la vida microbiana. Pero los científicos no pueden estar seguros desde aquí. A menos que...

Mars Sample Return. Perseverance hizo su trabajo: en julio del año pasado identificó un lugar de altísimo interés científico, analizó la roca con sus instrumentos y, lo más importante, perforó un núcleo de la roca y lo guardó en un tubo de muestras sellado. Este pequeño tesoro, junto con otros 29 tubos de muestras, espera pacientemente en la superficie marciana.

El problema es que, por muy avanzados que sean los instrumentos del rover, tienen sus límites. Para confirmar si esas posibles "biofirmas" son producto de antiguos microorganismos o de procesos geoquímicos sin intervención biológica, solo hay una solución: traer las muestras a la Tierra para analizarlas en nuestros laboratorios. Y aquí es donde los planes chocan con una dura realidad. El plan para recoger esas muestras, la ambiciosa misión Mars Sample Return, ha sido cancelada de facto a la espera de una solución más barata y rápida.

Truncada por falta de presupuesto. El plan original de la NASA para recoger los 30 tubos de muestras del rover Perseverance era enviar una nave a la superficie de Marte, que un pequeño cohete despegara con las muestras (entregadas por el propio rover o por un dron) y que un orbitador (en este caso, aportado por la Agencia Espacial Europea) las trajera de vuelta a casa.

El proyecto acabó convertido en un pozo sin fondo. Según una auditoría externa, el presupuesto se disparó hasta los 11.000 millones de dólares con una fecha estimada para 2040. La situación llegó a tal punto que la administración estadounidense propuso cancelar Mars Sample Return por su desmesurado presupuesto, priorizando otros programas como Artemis para volver a la Luna. La NASA se vio obligada a poner el proyecto en pausa y buscar alternativas más rápidas y baratas.

Una carrera a contrarreloj. El tiempo corre en contra para la NASA. No solo por el potencial valor histórico de estas muestras, sino porque China planea lanzar su propia misión de retorno de muestras en 2028. Tianwen-3 es una misión más sencilla, que no traería rocas seleccionadas sino del suelo donde aterrizara la sonda, pero que regresaría a la Tierra en 2031. Sería un sorpasso simbólico en toda regla, adelantando a Estados Unidos en un hito que tenía al alcance de la mano.

Ante el descalabro de su plan oficial y la probable derrota simbólica, la NASA hizo lo que mejor se le ha dado en los últimos años: mirar al sector privado. La agencia explora dos caminos simultáneamente: uno basado en tecnología pública ya probada, como el sistema de aterrizaje "sky crane" de Curiosity y Perseverance, y otro abierto a "nuevas capacidades comerciales".

Las empresas voluntarias. No han tardado en aparecer. Lockheed Martin ha puesto sobre la mesa una propuesta rompedora: ejecutar la misión por menos de 3.000 millones de dólares y bajo un contrato de precio fijo, lo que significa que asumiría cualquier sobrecoste. Su plan se basa en reutilizar y adaptar tecnología ya probada en misiones como InSight y OSIRIS-REx, con una arquitectura más sencilla y ligera que la Mars Sample Return original.

Otra de las grandes candidatas es Rocket Lab, una empresa que, a pesar de su juventud, también tiene experiencia en el planeta rojo: sus componentes viajan a bordo de Perseverance y otras misiones. Su propuesta es enviar una sonda para recoger las muestras y enviarlas a la órbita marciana y una segunda sonda para traerlas a la Tierra, con una tercera sonda llamada Orbitador de Telecomunicaciones para Marte (MTO) que no solo apoyaría la misión, sino que serviría de base para futuras misiones tripuladas, estableciendo una red de comunicaciones robusta entre Marte y la Tierra que Rocket Lab podría explotar comercialmente durante décadas.

¿Y SpaceX? La NASA no descarta usar Starship como vehículo para llevar a la superficie marciana todo el equipo necesario. Si Elon Musk cumple sus ambiciosos plazos, Starship podría ofrecer una capacidad de carga sin precedentes a un coste imbatible.

La decisión final sobre qué camino tomar se espera para la segunda mitad de 2026. Lo que está claro es que la NASA se encuentra en una encrucijada. Las muestras recogidas por Perseverance tienen el potencial de confirmar que en Marte hubo vida extraterrestre. Pero para encontrar la respuesta, primero hay que traerlas a casa. Y puede que la solución no esté en un programa público, sino en las empresas que se han ofrecido a hacer el trabajo por menos de la mitad.

Imagen | Rocket Lab

En Xataka | Perseverance ha encontrado lo que, según el director de la NASA, es "el indicio más claro de vida que hemos visto en Marte"


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