Construir centros de datos en el espacio era el nuevo negocio de moda. Elon Musk acaba de romperlo con un tuit

Construir centros de datos en el espacio era el nuevo negocio de moda. Elon Musk acaba de romperlo con un tuit

El debate sobre la viabilidad de construir gigantescos centros de datos en órbita llevaba meses calentándose. Es la nueva gran idea de Silicon Valley para solucionar el insaciable apetito energético de la inteligencia artificial. Hasta que, como de costumbre, Elon Musk ha entrado en la conversación con la sutileza de un martillo.

Elon Musk se ha unido al chat. Tras semanas de debate sobre la viabilidad de construir servidores en el espacio, Eric Berger, editor de Ars Technica, argumentaba que acabará siendo una opción más plausible cuando exista la tecnología para ensamblar satélites en órbita de forma autónoma. Fue el momento elegido por Elon Musk para entrar en la conversación.

"Bastará con escalar los satélites Starlink V3, que tienen enlaces láser de alta velocidad", escribió el CEO de SpaceX. "SpaceX lo va a hacer", sentenció. Una frase que probablemente haya caído como un mazazo en las startups que están aprovechando el momentum de la IA para salir en busca de financiación.

¿Por qué narices queremos servidores en el espacio? La idea de mover la computación a la órbita terrestre responde a una crisis muy real: la IA es un monstruo energético, y la demanda de los centros de datos no para de crecer. Ante este panorama, el espacio ofrece dos ventajas que en la Tierra son imposibles:

  1. Energía casi ilimitada: En una órbita heliosíncrona, los paneles solares reciben luz solar de forma casi continua (más del 95% del tiempo).
  2. Refrigeración gratuita: Los centros de datos terrestres consumen millones de litros de agua dulce para enfriarse. Con un radiador lo suficientemente grande, el espacio puede ser "un disipador térmico infinito a -270°C". El calor se irradiaría al vacío sin gastar una sola gota de agua.

Los nuevos titanes de la IA espacial. Musk no es el primero en ver el negocio. De hecho, llega a una fiesta donde ya se están repartiendo los primeros contratos. Jeff Bezos predijo durante la Italian Tech Week que veremos "clústeres gigantes de entrenamiento" de IA en órbita en los próximos 10 o 20 años.

Eric Schmidt, el ex-CEO de Google, compró la empresa de cohetes Relativity Space precisamente con este fin. Y Nvidia, el rey indiscutible del hardware de IA, ha respaldado activamente a la startup Starcloud, que planea lanzar la primera GPU NVIDIA H100 al espacio este mismo noviembre, con el objetivo de acabar construyendo un monstruoso centro de datos orbital de 5 gigavatios.

Por qué Musk ganaría. La visión de Bezos, Schmidt y Starcloud se enfrenta a dos obstáculos colosales: el coste del lanzamiento y la propia construcción de los servidores. Los cálculos para un centro de datos de 1 GW requerirían más de 150 lanzamientos con la tecnología actual. Y el plan de Starcloud de un array de 4 kilómetros de ancho es una pesadilla logística.

Elon Musk tiene Starship, el cohete gigante del que dependen todos los modelos de negocio de sus competidores para ser rentables. Y no necesita construir un nuevo centro de datos orbital. Solo adaptar y escalar el que ya tiene.

10.000 satélites y subiendo. La constelación Starlink de SpaceX ya no compite contra el internet satelital, va a por la fibra terrestre. La compañía de Musk ya ha lanzado 10.000 satélites y prepara el despliegue de los nuevos satélites V3, diseñados para Starship con enlaces láser de alta velocidad.

Según la propia SpaceX, cada lanzamiento de Starship añadirá 60 terabits por segundo de capacidad a una red que ya es, en la práctica, una malla de computación y datos global. Mientras Starcloud necesita contratar un cohete y ensamblar paneles solares y de refrigeración de 4 km de ancho, Musk simplemente necesita que Starship termine de desarrollarse para seguir lanzando satélites.

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Hay tantos viajes planeados a la Luna que la ONU ha creado un “comité de circulación lunar” para regular el tráfico

Hay tantos viajes planeados a la Luna que la ONU ha creado un "comité de circulación lunar" para regular el tráfico

La Luna se está poniendo de moda después de 50 años de calma. Pero esta vez no es una carrera de dos: es una carrera comercial en la que participan viejas y nuevas potencias espaciales, así como multitud de empresas privadas.

El "atasco" lunar. El interés es tan repentino que en los últimos dos años ha habido 12 intentos de misiones lunares. Este "bombardeo" de alunizajes, impulsado por programas público-privados como CLPS de la NASA, ha demostrado ser un camino rápido, barato, pero también un poco caótico de llegar a la Luna.

Aun así, preocuparse por "atascos" en la Luna suena absurdo. El espacio cislunar (la región entre la órbita geoestacionaria de la Tierra y la Luna) es gigantesco: 2.000 veces mayor que el de la órbita terrestre.

Si hay tanto sitio, ¿dónde está el problema?El problema es que todo el mundo quiere el mismo sitio. De la misma forma que en la Tierra todos los coches usan las carreteras, en la Luna las misiones tienden a agruparse en un conjunto muy selecto de órbitas estables.

La inmensidad del espacio cislunar es, por tanto, engañosa, explican los profesores de Asuntos Internacionales e Ingeniería Aeroespacial del Georgia Institute of Technology, en un artículo para The Conversation.

Para más inri. La mayoría de los sensores gubernamentales que rastrean satélites en órbita terrestre no están diseñados para detectar y monitorear objetos tan lejanos. El propio resplandor de la Luna dificulta la tarea.

Esta incertidumbre tiene una consecuencia directa: obliga a los operadores a ser excesivamente cautos. Ante la duda de una posible colisión, las agencias prefieren gastar combustible y realizar una maniobra de evasión, que interrumpe misiones científicas y acorta la vida útil de las naves.

50 satélites bastan para el caos. Según una investigación publicada en el Journal of Spacecraft and Rockets, solo 50 satélites en órbita lunar son suficientes para que cada uno de ellos tenga que maniobrar una media de cuatro veces al año con el objetivo de evitar una posible colisión.

50 satélites pueden parecer muchos, pero al ritmo actual de lanzamientos, podríamos alcanzar esa cifra en menos de una década. Y no es teoría. Ya está pasando. El orbitador indio Chandrayaan-2 tuvo que maniobrar tres veces entre 2019 y 2023 para evitar acercamientos peligrosos (uno de ellos con la sonda LRO de la NASA). Y esto ocurrió cuando solo había seis naves operativas orbitando la Luna.

La ONU quiere poner orden. Aquí es donde entra la diplomacia internacional. El Comité de Naciones Unidas sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos (COPUOS), el principal foro mundial para el derecho espacial, ha tomado cartas en el asunto.

A principios de 2025, COPUOS estableció formalmente un nuevo grupo de trabajo: el Equipo de Acción sobre la Consulta de Actividades Lunares (ATLAC). El objetivo de este equipo es precisamente crear un borrador de "normas de tráfico" espaciales. Tienen hasta 2027 para estudiar recomendaciones y un posible mecanismo internacional de consultas.

Imagen | NASA

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Si la pregunta es cómo de espaciosa será la nave Starship, la respuesta es sí

Si la pregunta es cómo de espaciosa será la nave Starship, la respuesta es sí

La semana pasada, el administrador en funciones de la NASA propuso estudiar alternativas a Starship de SpaceX para enviar astronautas a la Luna antes de que lo haga China. SpaceX acaba de publicar una respuesta contundente.

Un cambio de paradigma. La autoimpuesta carrera lunar contra China ha hecho que Estados Unidos olvide la verdadera razón por la que la NASA eligió la gigantesca nave Starship de SpaceX para su regreso a la Luna.

Como la propia SpaceX se ha encargado de recordar en una extensa publicación cargada de imágenes, detalles técnicos y avances que desconocíamos, su Starship HLS (Human Landing System) no es un módulo de alunizaje como el de las misiones Apolo: es un cambio de paradigma diseñado para construir una base lunar permanente.

Comparativa de tamaño entre Starship HLS y el módulo lunar Apolo

Comparativa de tamaño entre Starship HLS y el módulo lunar Apolo

Así es Starship HLS. La comparación es casi cómica. Mientras que el módulo lunar Apolo, que llevó a los primeros humanos a la Luna, medía siete metros de altura, Starship HLS se alzará en vertical hasta los 52 metros.

Por ponerlo en términos de espacio para estirar las piernas: El módulo lunar Apolo tenía el volumen habitable de un armario ropero (4,5 metros cúbicos). La nave Lanyue que usarán los astronautas chinos tiene el doble de volumen. Starship, según la propia SpaceX, tendrá dos tercios del volumen presurizado de toda la Estación Espacial Internacional (613 metros cúbicos).

Es más, la nave de SpaceX tendrá dos esclusas de aire para las salidas a la superficie. Cada una de ellas contará con un volumen habitable de 13 metros cúbicos, lo que significa que una sola esclusa de Starship es más espaciosa que el módulo de alunizaje chino que tanto preocupa a la NASA.

Render del interior de Starship HLS

Render del cono de Starship HLS por dentro

Un apartamento de lujo. Si la comparativa de tamaño no fuera suficiente, los nuevos renders del interior de Starship muestran un nivel de comodidad que ninguna nave espacial ha tenido nunca fuera del cine de ciencia ficción.

Olvídate de la imagen de astronautas apretados en una lata de aluminio. Lo que vemos es un interior amplio, de varios pisos, con una estética limpia y futurista. Hay una escalera de caracol, una zona de control con múltiples asientos y un ventanal que ofrece vistas panorámicas de la superficie lunar.

Render de unos astronautas en el interior de Starship HLS

Astronautas en el interior de Starship HLS

Una bestia de carga. Starship no está diseñada para llevar nuevas banderas estadounidenses a la Luna. Como SpaceX se ha encargado de recordar, está diseñada para cumplir con la promesa inicial del programa Artemis de la NASA: crear una "presencia permanente y sostenible en la Luna", construyendo una base lunar.

Las variantes de carga de Starship podrán aterrizar hasta 100 toneladas directamente en la superficie lunar. Esto incluye rovers presurizados y no presurizados, reactores nucleares para la generación de energía como el que quiere instalar la NASA antes que China, y hábitats lunares prefabricados.

2026 será el momento de la verdad. SpaceX dice haber completado 49 hitos clave en el desarrollo de Starship, entre ellos demostraciones de los sistemas de soporte vital, pruebas de las patas de aterrizaje, calificación del adaptador de acoplamiento y demostraciones del ascensor y la esclusa de aire.

Sin embargo, el gran obstáculo sigue siendo el repostaje de las naves en órbita para compensar la evaporación de combustible criogénico, algo que SpaceX espera lograr en 2026 con la nueva Starship V3. Sin transferencia de combustible en órbita, Starship no puede llegar a la Luna con su tripulación y sus 100 toneladas de carga.

Imágenes | SpaceX

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La Paradoja de Fermi tiene una nueva solución: si no vemos a los aliens es por nuestras “limitaciones epistemológicas”

La Paradoja de Fermi tiene una nueva solución: si no vemos a los aliens es por nuestras "limitaciones epistemológicas"

¿Y si los extraterrestres están por todas partes, pero somos cognitivamente incapaces de percibirlos? Un filósofo serbio ha propuesto una inquietante solución a la Paradoja de Fermi: la respuesta no está en el universo, sino en los límites de nuestro propio cerebro.

¿Dónde está todo el mundo? La Paradoja de Fermi es uno de los interrogantes más famosos de la ciencia moderna. El universo es inmenso y antiquísimo. Las luces que vemos en el cielo son miles de millones de galaxias y billones de planetas. Por mera estadística, la vida inteligente debería ser común.

Si esto es así, ¿por qué no hemos encontrado la más mínima evidencia de ella?, ¿por qué no vemos sus megaestructuras, no captamos sus señales ni hemos recibido visitas? "¿Dónde está todo el mundo?", se preguntó en 1950 el físico Enrico Fermi.

El Gran Filtro. No son pocas las mentes brillantes que se han atrevido con la Paradoja de Fermi. Muchas de las respuestas se clasifican bajo lo que ha acabado conociéndose como "El Gran Filtro": algo que impide el desarrollo de una civilización de nivel superior en la escala de Kardashev.

Tal vez las civilizaciones avanzadas tienden a aniquilarse con guerras nucleares, o a perecer ante un letal cambio climático antes de poder colonizar la galaxia. Tal vez las condiciones que permitieron la vida aquí son una casualidad cósmica irrepetible. Estamos solos porque somos una rara avis.

Nos puede el ego. Todas estas soluciones tienen un problema de raíz: son profundamente antropocéntricas. Asumen que otras formas de vida inteligente se parecen a nosotros, que usan una tecnología que podemos detectar.

¿Y si el gran silencio del cosmos no fuera más que el resultado de buscar señales de radio cuando la vida inteligente que buscamos se comunica a través de dimensiones que ni siquiera podemos imaginar?

Somos tontos como los gusanos. Aquí es donde entra en juego la propuesta del filósofo serbio Vojin Rakić, publicada en el International Journal of Astrobiology. Rakić la denomina la "solución de las limitaciones epistemológicas humanas duraderas".

La clave está en el término "epistemológico", que en la teoría del conocimiento es cómo sabemos lo que sabemos y cuáles son los límites de nuestra percepción. La vida extraterrestre podría ser tan radicalmente diferente a nosotros que, sencillamente, nuestro cerebro no está equipado para reconocerla. Somos a los extraterrestres lo que los gusanos para nosotros.

¿Entonces? Pues si Rakić tiene razón, no hay mucho que hacer. Buscamos hombrecillos verdes en platillos volantes, pero la vida inteligente podría existir como una forma de conciencia no física, una red de energía interdimensional o una inteligencia basada en materia oscura.

Rakić usa analogías terrestres muy potentes. Sabemos que los pulpos son increíblemente inteligentes, pero su sistema nervioso es completamente ajeno al nuestro. Las redes de hongos demuestran una complejidad que nos pasa desapercibida. Y pocos habrían imaginado que un puñado de chips de silicio daría lugar a una IA. ¿Cómo explicarle a alguien de hace un par de siglos que hemos enseñado a hablar a las piedras?

El SETI ya está en ello. Esta idea, que podría parecer pura filosofía, está calando en la comunidad científica. El propio Instituto de la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI) ha hecho un llamamiento para "abandonar la perspectiva antropocéntrica" en su labor exploratoria.

No se trata de dejar de buscar, sino de ampliar nuestra definición de vida y de inteligencia, pensando en que "otras mentes" podrían no tener nada que ver con la biología terrestre. Por ahora, nuestra mejor arma para dejar de ser tontos como gusanos es avanzar en nuestra propia ciencia y mejorar nuestra propia cognición.

Imagen | NSF/NSF NRAO/AUI/B.Foott

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Tatooine existe: acabamos de descubrir tres planetas similares a la Tierra orbitando dos soles muy cercanos

Tatooine existe: acabamos de descubrir tres planetas similares a la Tierra orbitando dos soles muy cercanos

La icónica escena de Luke Skywalker contemplando la doble puesta de sol en el planeta donde fue criado, Tatooine, es una de las imágenes más indelebles de la ciencia ficción. Ahora, gracias al Telescopio Espacial TESS de la NASA, creemos que hay tres planetas similares a Tatooine a 72 años luz de la Tierra.

Un sistema único. Se llama TOI-2267 y desafía lo que creíamos saber sobre cómo se forman los planetas. Según una investigación publicada en Astronomy & Astrophysics, este sistema estelar binario alberga tres planetas de un tamaño similar a la Tierra. Pero lo que lo hace extraordinario no es que pueda tener atardeceres de dos soles, sino su arquitectura compacta.

Dos soles muy cercanos. TOI-2267 está formado por dos estrellas enanas M (M5V y M6V) que orbitan muy cerca la una de la otra, a una distancia de solo 8 unidades astronómicas. Por ponerlo en contexto, en nuestro sistema solar, Saturno orbita a 9,5 unidades astronómicas del Sol.

Hasta ahora, los modelos teóricos sugerían que un entorno binario tan cercano era demasiado caótico y gravitacionalmente inestable para permitir que los planetas se formen y mantengan órbitas estables. TOI-2267 demuestra que estábamos equivocados.

Cómo funciona. El análisis del sistema, en el que tuvo una importante participación el Instituto de Astrofísica de Andalucía, revela que los tres planetas no pueden estar orbitando la misma estrella, ya que el sistema sería inestable.

La configuración más plausible, y la que entusiasma a los científicos, es que dos de los planetas orbitan la estrella principal (TOI-2267A), mientras que el tercer candidato orbita a la estrella compañera (TOI-2267B). Esto convierte a TOI-2267 en el primer sistema binario conocido que alberga planetas en tránsito alrededor de ambas de sus estrellas.

El siguiente paso. Después de descubrir el sistema con el telescopio espacial TESS y realizar observaciones de seguimiento con el observatorio SPECULOOS, desde Chile y Tenerife, y el telescopio TRAPPIST, siguiente paso será utilizar instrumentos más potentes, como el Telescopio Espacial James Webb para intentar medir las masas, densidades e incluso analizar las posibles atmósferas de estos mundos.

Este sistema no solo demuestra que Tatooine existe, sino que el universo es capaz de formar planetas en los lugares más extremos e inesperados que podamos imaginar.

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China llevaba años probando un misterioso satélite en órbita. Una empresa de contraespionaje ha revelado por fin qué era

China llevaba años probando un misterioso satélite en órbita. Una empresa de contraespionaje ha revelado por fin qué era

El pasado 16 de octubre, los cielos estrellados de las Islas Canarias se iluminaron con una espectacular bola de fuego que cruzó el firmamento de sur a norte. No era un meteorito, era un satélite chino que hasta hace unos días había sido un completo misterio.

Un misterio llamado XJY-7. Desde su lanzamiento en diciembre de 2020, como parte del vuelo inaugural del cohete Larga Marcha 8, el Xinjishu Yanzheng-7 había sido una incógnita. China lo describió oficialmente como un "satélite de verificación de nuevas tecnologías".

Aparte de un render borroso, el mundo no conocía casi nada sobre su configuración, propósito o capacidades. Y aunque su reentrada fue una noticia en sí misma, la verdadera noticia es que, justo antes de desintegrarse, una compañía australiana consiguió fotografiarlo en órbita, resolviendo por fin el misterio de qué era y qué estaba haciendo allí arriba.

Contraespionaje en órbita. Utilizando su red de satélites para fotografiar otros objetos en órbita, la empresa australiana HEO logró lo que los radares terrestres no podían: tomar fotos del XJY-7 de cerca.

Las imágenes y el modelo 3D que HEO construyó a partir de ellas revelaron características que China había olvidado mencionar. Según ha declarado la compañía a SpaceNews, el satélite no era una simple plataforma de prueba; estaba equipado con "una gran antena de radar" y, lo más revelador, una antena Radar de Apertura Sintética (SAR).

Era un satélite espía. El SAR es una tecnología de teledetección avanzada que permite obtener imágenes de alta resolución de la superficie de la Tierra en cualquier condición meteorológica, de día o de noche. El "misterioso" satélite de pruebas era, en realidad, un avanzado satélite de vigilancia y teledetección.

Las observaciones de HEO también revelaron un detalle fascinante sobre su diseño: el satélite tenía paneles solares fijos. Esto lo obligaba a "rotar todo su cuerpo" para mantener la generación de energía, un comportamiento que la empresa australiana pudo verificar mediante múltiples observaciones simultáneas desde diferentes ángulos.

Satélites que vigilan satélites. Los métodos de seguimiento tradicionales (radares y telescopios en tierra) ya no son suficientes para vigilar la actividad de otras naciones en órbita. HEO utiliza una red de más de 40 sensores en vuelo para tomar imágenes de satélite a satélite para sus clientes.

Cuando uno de sus satélites asociados pasa cerca de un objetivo, le toma una foto. Es un "método de sobrevuelo no invasivo" que ofrece fotografías reales donde se pueden ver antenas, paneles, propulsores y cargas útiles. Con esta técnica, HEO ha logrado identificar más de 80 objetos espaciales antes de que aparecieran en ningún catálogo público.

En un entorno donde las constelaciones de satélites se despliegan por docenas, saber si un objeto es un satélite operativo, un trozo de basura espacial, o qué tipo de antena lleva, es crucial para la inteligencia y la defensa.

Misterioso hasta su reentrada. Irónicamente, el misterio que rodeó al XJY-7 en su vida útil también lo acompañó en su muerte, pues el Mando Espacial de Estados Unidos nunca emitió una alerta de reentrada.

Esto es "extraño" para un objeto de este tamaño, señala el experto Marco Langbroek. Se estima que XJY-7 tenía una masa de entre 3.000 y 5.000 kg. Que un objeto de más de tres toneladas se saltara los sistemas de alerta de reentrada pone de manifiesto las lagunas en el seguimiento espacial convencional. Aun peor tratándose de un satélite con capacidades secretas.

Imagen | HEO

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Hace tiempo que Starlink dejó de competir con empresas de Internet satelital: ahora va a por algo mucho mayor

Hace tiempo que Starlink dejó de competir con empresas de Internet satelital: ahora va a por algo mucho mayor

La guerra por el Internet satelital ha terminado, y Starlink ha ganado por KO técnico. Los operadores tradicionales que dependen de satélites geoestacionario no solo no pueden competir, sino que están viendo cómo su base de clientes se desmorona. Y lo que la compañía planea desbloquear con Starship no deja lugar a dudas: la compañía de Elon Musk ya no mira a sus antiguos rivales. Su nuevo objetivo es la banda ancha terrestre, incluida la fibra óptica.

La vieja guardia, borrada del mapa. Los datos de Ookla son demoledores. Con su megaconstelación de satélites a 550 km sobre la Tierra, la conexión de Starlink no solo es dos veces más rápida que la de HughesNet o Viasat, sino que ofrece una latencia media de 45 ms, mientras que sus competidores de la órbita geoestacionaria se mueven en el rango de los 680 ms.

El mercado ha respondido en consecuencia. A medida que Starlink superaba los seis millones de clientes en todo el mundo, HughesNet perdía un 29% de sus suscriptores y Viasat se desplomaba casi un 68%. No pueden competir con la verticalidad de SpaceX, que para colmo es la única empresa del mundo que aterriza y relanza rutinariamente sus cohetes.

Satélites como churros. Gracias a su apuesta por el aterrizaje propulsivo y el desarrollo interno de los satélites Starlink, el cohete Falcon 9 ha alcanzado una cadencia de lanzamientos sin precedentes en la historia de la industria espacial. La compañía empezó a desplegar Starlink en 2019 y acaba de superar la barrera de los 10.000 satélites lanzados.

Aunque los primeros modelos ya han reentrado en la atmósfera, la constelación activa roza los 8.700 satélites en órbita. Por ponerlo en perspectiva: los satélites Starlink representan ya el 65% de todos los satélites activos que orbitan la Tierra. Hay más satélites Starlink que todo lo demás junto.

No se van a quedar ahí. SpaceX no solo tiene la tecnología para ofrecer una conectividad estable y global de Internet satelital de baja latencia: tiene el músculo financiero para llevarla a otro nivel.

Un análisis de TMF Associates compara los ingresos de Starlink con los del resto de la industria combinada. Para seguir creciendo a este ritmo, Starlink necesita expandir el mercado más allá de los usuarios tradicionales de satélite.

Su objetivo ya no es solo conectar zonas rurales: es convencer al usuario urbano o suburbano de que su servicio es una alternativa viable a la fibra o el cable. La compañía ha desplegado un servicio paralelo de conexión Direct to Cell para conectarse directamente a móviles LTE, y ha realizado un movimiento histórico para adquirir espectro radioeléctrico, arrinconando a competidores como AST SpaceMobile.

Starship es la clave. Los actuales satélites v2 mini son "mini" porque están limitados por el tamaño del cohete Falcon 9. La verdadera revolución vendrá con los satélites V3, diseñados para ser desplegados por el gigantesco cohete Starship. Según la propia SpaceX, estos satélites V3 más grandes serán los que lleven "conectividad de gigabits" a los usuarios.

Cada lanzamiento de Starship añadirá 60 terabits por segundo de capacidad de descarga a la red, lo que supone "más de 20 veces la capacidad añadida con cada lanzamiento de V2 Mini en un Falcon 9", dice SpaceX. Si Starship se hace realidad, no habrá nada que se entrometa entre Starlink y su objetivo de conectarlo todo.

Imagen | SpaceX

En Xataka | No es normal tener más de 2.000 antenas Starlink en el tejado. La sospecha: de aquí salen las estafas románticas de Internet

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La vieja guardia, borrada del mapa. Los datos de Ookla son demoledores. Con su megaconstelación de satélites a 550 km sobre la Tierra, la conexión de Starlink no solo es dos veces más rápida que la de HughesNet o Viasat, sino que ofrece una latencia media de 45 ms, mientras que sus competidores de la órbita geoestacionaria se mueven en el rango de los 680 ms.

El mercado ha respondido en consecuencia. A medida que Starlink superaba los seis millones de clientes en todo el mundo, HughesNet perdía un 29% de sus suscriptores y Viasat se desplomaba casi un 68%. No pueden competir con la verticalidad de SpaceX, que para colmo es la única empresa del mundo que aterriza y relanza rutinariamente sus cohetes.

Satélites como churros. Gracias a su apuesta por el aterrizaje propulsivo y el desarrollo interno de los satélites Starlink, el cohete Falcon 9 ha alcanzado una cadencia de lanzamientos sin precedentes en la historia de la industria espacial. La compañía empezó a desplegar Starlink en 2019 y acaba de superar la barrera de los 10.000 satélites lanzados.

Aunque los primeros modelos ya han reentrado en la atmósfera, la constelación activa roza los 8.700 satélites en órbita. Por ponerlo en perspectiva: los satélites Starlink representan ya el 65% de todos los satélites activos que orbitan la Tierra. Hay más satélites Starlink que todo lo demás junto.

No se van a quedar ahí. SpaceX no solo tiene la tecnología para ofrecer una conectividad estable y global de Internet satelital de baja latencia: tiene el músculo financiero para llevarla a otro nivel.

Un análisis de TMF Associates compara los ingresos de Starlink con los del resto de la industria combinada. Para seguir creciendo a este ritmo, Starlink necesita expandir el mercado más allá de los usuarios tradicionales de satélite.

Su objetivo ya no es solo conectar zonas rurales: es convencer al usuario urbano o suburbano de que su servicio es una alternativa viable a la fibra o el cable. La compañía ha desplegado un servicio paralelo de conexión Direct to Cell para conectarse directamente a móviles LTE, y ha realizado un movimiento histórico para adquirir espectro radioeléctrico, arrinconando a competidores como AST SpaceMobile.

Starship es la clave. Los actuales satélites v2 mini son "mini" porque están limitados por el tamaño del cohete Falcon 9. La verdadera revolución vendrá con los satélites V3, diseñados para ser desplegados por el gigantesco cohete Starship. Según la propia SpaceX, estos satélites V3 más grandes serán los que lleven "conectividad de gigabits" a los usuarios.

Cada lanzamiento de Starship añadirá 60 terabits por segundo de capacidad de descarga a la red, lo que supone "más de 20 veces la capacidad añadida con cada lanzamiento de V2 Mini en un Falcon 9", dice SpaceX. Si Starship se hace realidad, no habrá nada que se entrometa entre Starlink y su objetivo de conectarlo todo.

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Han encontrado la forma de convertir edificios altos en baterías. Y eso convierte a Benidorm en nuestra mejor baza

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El sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla, ¿qué hacemos si no hay energía renovable cuando necesitamos encender las luces? Normalmente, tirar de baterías de litio o centrales hidroeléctricas de bombeo. Pero las ciudades que construyen en vertical como Benidorm tienen otra opción sin explotar.

En corto. Un exhaustivo estudio de la Universidad de Waterloo ha demostrado que se puede aprovechar la altura de los edificios para crear un sistema de almacenamiento de energía por gravedad. Una idea que transforma las ciudades construidas en altura en un enorme dispositivo para guardar y liberar energía a voluntad.

Baterías mecánicas. El concepto es, en esencia, muy sencillo. Se compone de una masa pesada (bloques de hormigón o acero), un sistema de poleas y cables similar al de un ascensor, y un motor que también funciona como generador.

El funcionamiento es el siguiente. Cuando hay un excedente de energía, por ejemplo, a mediodía, cuando los paneles solares del edificio están a pleno rendimiento, el motor utiliza esa electricidad para levantar la masa pesada a lo largo de un hueco vertical, como el de un ascensor. La energía eléctrica se convierte en energía potencial.

Cuando se necesita electricidad y las renovables no están produciendo, por la noche o en un día sin viento, se deja caer la masa de forma controlada. La fuerza de la gravedad hace el resto: el peso al descender mueve el generador, que convierte la energía potencial de nuevo en electricidad lista para usar.

Probado con éxito. Los investigadores proponen este sistema como el corazón de un ecosistema energético híbrido integrado en el propio edificio, que incluye paneles fotovoltaicos en las fachadas, pequeños aerogeneradores en la azotea y baterías de iones de litio de apoyo.

Como señala PV Magazine, empresas como la escocesa Gravitricity ya han demostrado la viabilidad de esta tecnología con prototipos funcionales y tienen en marcha proyectos comerciales a escala completa de 4 y 8 MW. La energía se genera con el sol y el viento. La gravedad actúa como la batería principal para el almacenamiento diario, gestionando los grandes ciclos de carga y descarga.

¿Es viable? Para comprobar si su idea era algo más que una teoría interesante, el equipo de la Universidad de Waterloo realizó una simulación masiva. Analizaron 625 diseños de edificios diferentes, variando parámetros como la altura, la forma de la planta (más cuadrada o más alargada) y la eficiencia energética del edificio.

Los resultados son muy prometedores. El sistema (paneles solares en fachada + minieólica + almacenamiento por gravedad + un apoyo con baterías) logró un coste nivelado de la electricidad de entre 0,051 y 0,111 dólares por kWh.

Esta cifra es muy competitiva, e incluso mejora los costes de otros sistemas de energía renovable integrados en edificios situados en zonas con recursos solares o eólicos moderados. Y los edificios más altos y con plantas más grandes son los que más se benefician, por lo que Benidorm es nuestra mejor baza.

Imagen | Diego Delso (CC BY-SA 3.0)

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Nunca antes habíamos visto un vídeo como este: el plasma en un reactor de fusión nuclear, a color y a 16.000 fps

Nunca antes habíamos visto un vídeo como este: el plasma en un reactor de fusión nuclear, a color y a 16.000 fps

Ver el interior de un reactor de fusión nuclear es, por razones obvias, complicado. Hablamos de temperaturas de millones de grados Celsius, más calientes que el núcleo del Sol. Sin embargo, la empresa británica Tokamak Energy acaba de regalarnos imágenes sin precedentes de lo que ocurre dentro de su reactor esférico ST40: un vídeo a todo color y a la increíble velocidad de 16.000 fotogramas por segundo.

Un ballet de colores inédito. Lo que estamos viendo en el vídeo es, en esencia, la coreografía de los elementos dentro del tokamak. El ST40, como la mayoría de estos reactores, utiliza isótopos de hidrógeno (deuterio en este caso) como combustible. Cuando este gas se convierte en plasma, emite una característica luz rosa, que es la que domina la escena. Pero lo interesante empieza cuando los investigadores introducen litio, que brilla en color rojo.

Y no, esto no es solo un espectáculo visual. Cada color, cada filamento brillante que vemos en estas imágenes, son una mina de oro de información que está ayudando a los científicos a resolver uno de los mayores desafíos en el largo camino hacia la energía de fusión comercial: cómo domar el plasma para que no degrade los materiales del reactor.

Qué estamos viendo exactamente. En las imágenes, vemos cómo se inyectan pequeños gránulos de litio en la cámara del reactor. Al entrar en las zonas exteriores y más frías del plasma, el litio neutro se excita y emite una intensa luz roja carmesí. A medida que penetran en las regiones más calientes y densas, los átomos de litio pierden un electrón, se ionizan (convirtiéndose en iones de litio) y empiezan a brillar en tonos verdosos.

Una vez ionizado, el litio ya no se mueve libremente. Se ve obligado a seguir las invisibles, pero potentísimas líneas del campo magnético que confinan el plasma. Esos filamentos verdes que vemos danzando en el vídeo son, literalmente, el litio dibujando la jaula magnética del reactor.

Para qué sirve todo esto. El litio actúa como escudo protector del reactor. Grabar lo que ocurre a color no es sencillo, pero ayuda a identificar si las impurezas que Totakak Energy está introduciendo en el reactor irradian en el lugar esperado. Y si los polvos de litio penetran hasta el núcleo del plasma.

Este experimento forma parte de una investigación sobre un modo de operación llamado "radiador de punto X" (XPR) que usa elementos como el litio para que el borde del plasma irradie y pierda una gran cantidad de calor antes de tocar las paredes del reactor. Es una "atmósfera" protectora que enfría el plasma justo en el último momento, reduciendo el desgaste de los componentes sin sacrificar el rendimiento del núcleo.

El avance de Tokamak Energy. Este enfoque es la pieza central del programa de actualización dell ST40, que ha recibido financiación de los departamentos de energía de Estados Unidos y Reino Unido. El objetivo es recubrir todos los componentes que miran al plasma con litio, una técnica que ya ha demostrado en otros laboratorios, como el de Princeton, para mejorar el rendimiento del plasma.

Este tipo de diagnósticos visuales complementan a los sistemas increíblemente complejos que se están instalando en reactores como el JT-60SA en Japón, el tokamak más avanzado del mundo actualmente, que utiliza láseres para medir la temperatura y densidad del plasma de forma indirecta.

Una carrera global. Mientras proyectos colosales e institucionales como el ITER marcan un camino a largo plazo, que prevé sus primeros experimentos de deuterio-tritio para 2039, empresas más ágiles como Tokamak Energy exploran diseños y tecnologías nuevas, como los tokamaks esféricos y los imanes superconductores de alta temperatura, para acelerar la llegada de la fusión comercial.

El cierre del histórico reactor JET en el Reino Unido, que se despidió batiendo un récord de energía, marcó el fin de una era, pero su legado es la base sobre la que se construyen todos estos nuevos avances. Esta nueva ventana al corazón del plasma no solo es visualmente impresionante. Es un pequeño paso que nos acerca un poco más a la meta de replicar la energía de las estrellas en la Tierra. La fusión nuclear acaba de volverse mucho más colorida, y eso son excelentes noticias.

Imagen | Tokamak Energy

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La noticia Nunca antes habíamos visto un vídeo como este: el plasma en un reactor de fusión nuclear, a color y a 16.000 fps fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

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