La nueva carrera espacial se está calentando: ahora la NASA ha vetado a los ciudadanos chinos hasta en Zoom

La nueva carrera espacial se está calentando: ahora la NASA ha vetado a los ciudadanos chinos hasta en Zoom

La tensión entre las dos mayores superpotencias espaciales ha alcanzado un nuevo pico. La medida sin precedentes de bloquear el acceso de ciudadanos chinos a todos los programas, las instalaciones y las redes de la NASA recuerda al siglo pasado, con algunos giros propios de los tiempos que corren: el veto es tan estricto que se extiende incluso a las reuniones por Zoom.

Más allá de la Enmienda Wolf. Las leyes estadounidenses ya prohibían la colaboración directa entre la NASA y las entidades chinas. La ley más famosa es la Enmienda Wolf, que impide el acceso de China a la Estación Espacial Internacional desde 2011, motivo por el que la agencia espacial china ha puesto en órbita su propia estación espacial permanentemente habitada.

El nuevo veto, que entró en vigor el pasado 5 de septiembre, afecta a todos los ciudadanos de nacionalidad china, aunque residan en Estados Unidos con visados en regla. La NASA no solo les impide trabajar en proyectos de la agencia como contratistas, sino también como estudiantes de posgrado o científicos universitarios. Todos los chinos tienen restringido el acceso físico a instalaciones, materiales y redes informáticas de la NASA por una cuestión de "ciberseguridad".

En plena carrera lunar. El veto se produce justo cuando el administrador en funciones de la NASA, Sean Duffy, ha adoptado una retórica agresiva contra China. "Estamos en una segunda carrera espacial", dijo en una reunión reciente con empleados de la NASA. "Vamos a ganar a los chinos en la Luna. Vamos a hacerlo de forma segura. Vamos a hacerlo rápido. Vamos a hacerlo bien".

No todos comparten su optimismo. El ex jefe de la NASA Jim Bridenstine, el impulsor original del programa Artemis, declaró lo contrario ante el Senado de Estados Unidos: "A menos que algo cambie, es muy poco probable que Estados Unidos supere el calendario previsto por China para llegar a la superficie de la Luna". ¿La respuesta de Duffy? "Que me condenen si esa es la historia que escribimos".

Una guerra fría por el control de la Luna. El trasfondo de esta nueva carrera lunar es tanto geopolítico como económico. Quien llegue primero al polo sur lunar y establezca una base permanente tendrá una ventaja decisiva para explotar recursos como el agua helada y las comunicaciones: el país que instale la primera antena en un lugar elevado será quien establezca los protocolos y estándares técnicos del espacio cislunar.

Pero el mayor temor en Washington es que China pueda declarar una "zona de exclusión" instalando un pequeño reactor nuclear en la Luna para sus sistemas eléctricos. Una preocupación que llevó al gobierno a ordenar a la NASA que acelere sus planes de instalar su propio reactor nuclear antes de que lo haga ILRS, la alianza sino-rusa para establecer un laboratorio en la Luna.

Una trama de espionaje. El clima de desconfianza también viene alimentado por un largo historial de acusaciones de espionaje industrial y tecnológico entre países. Este temor se ha reavivado con el auge de la inteligencia artificial, llevando a gigantes como Google y OpenAI a endurecer sus procesos de selección para evitar la filtración de secretos comerciales.

El sector de los semiconductores, pilar de la tecnología moderna, ha sido uno de los más afectados por los bloqueos entre ambos países. No sin motivo: compañías clave como la neerlandesa ASML y la taiwanesa TSMC han sufrido el robo de secretos comerciales por parte de empleados vinculados a empresas chinas. Estados Unidos extiende incluso su preocupación al sector de las energías renovables, donde asegura haber encontrado componentes de comunicación no documentados en dispositivos de fabricación china.

El veto a los ciudadanos chinos es el último movimiento. Una señal inequívoca de que, ante los problemas internos de su programa lunar, Estados Unidos está dispuesto a tomar medidas drásticas para proteger lo que considera su liderazgo tecnológico y su seguridad nacional. La nueva carrera espacial ha dejado de ser una competición de ingeniería para convertirse en un conflicto abierto, donde el talento y la colaboración científica ahora tienen pasaporte.

Imagen | NASA

En Xataka | Mientras la NASA se enfrenta a la cancelación de 41 misiones, China está haciendo auténticas virguerías en el espacio

-
La noticia La nueva carrera espacial se está calentando: ahora la NASA ha vetado a los ciudadanos chinos hasta en Zoom fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

Cómo localizar las constelaciones más famosas: el mapa que une a todas las civilizaciones que han pisado la Tierra

Cómo localizar las constelaciones más famosas: el mapa que une a todas las civilizaciones que han pisado la Tierra

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha mirado al cielo nocturno en busca de patrones y respuestas. Las constelaciones, agrupaciones de estrellas a las que hemos puesto nombre, han sido guía de navegantes, calendario de agricultores y lienzo para nuestras mitologías. Hoy los científicos siguen aprovechando esta tradición milenaria, que se ha convertido en una herramienta fundamental para cartografiar el universo.

Índice de Contenidos (31)

¿Cuántas constelaciones se pueden ver desde la Tierra?

Oficialmente, el cielo está dividido en 88 constelaciones. Su cartografía fue establecida por la Unión Astronómica Internacional a partir de 1928 para que cada punto de la esfera celeste perteneciera a una única región, sin solapamientos ni ambigüedades. Aunque no es posible verlas todas desde un único punto del planeta debido a la latitud y a la rotación terrestre, a lo largo de un año y desde diferentes lugares del mundo, todas las constelaciones se revelan ante nosotros.

El primer paso para observarlas es distinguir entre una "constelación" y un "asterismo". Mientras que un asterismo es un patrón de estrellas popular y reconocible por su forma (como el Carro o el Triángulo de Verano), una constelación es una de las 88 regiones oficialmente delimitadas que dividen la totalidad de la esfera celeste, un concepto mucho más útil para la astronomía moderna.

Esta estandarización marcó un punto de inflexión en la historia de la astronomía. Antes de 1928, las distintas culturas y tradiciones astronómicas mantenían sus propios mapas celestes, lo que dificultaba la comunicación científica a nivel global. Con el auge de la astrofísica, se hizo necesario contar con un sistema de referencia universal para localizar con precisión objetos como estrellas variables, nebulosas o galaxias lejanas.

Definiendo unas fronteras claras, la IAU transformó las constelaciones de figuras mitológicas en un sistema de coordenadas celestes equivalente a los países del mapamundi. Esta unificación fue un pilar para la colaboración astronómica internacional del siglo XX y XXI, facilitando el mapeo del cosmos y el desarrollo de proyectos globales como la búsqueda sistemática de exoplanetas.

Las constelaciones más conocidas y dónde podemos verlas

Aprender a reconocer las constelaciones más famosas es el primer paso para convertirse en un astrónomo aficionado. Estas son las constelaciones más icónicas y cómo encontrarlas:

La Osa Mayor

Foto de las estrellas que forman la constelación de la Osa Mayor

La constelación de la Osa Mayor. Imagen | Łukasz Mularczyk, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

Con una extensión de 1.280 grados cuadrados, la Osa Mayor es la tercera constelación más grande del cielo nocturno. En la mitología griega, representa a la ninfa Calisto, a quien la celosa diosa Hera transformó en una osa.

La forma más sencilla de identificar la Osa Mayor es buscando su famoso asterismo. Conocido como "el Carro" o "el Cazo", es un grupo de siete estrellas brillantes que dibujan la forma de una cazuela con un mango curvo. Este asterismo es en realidad solo una parte de la constelación completa, que también incluye estrellas que forman la cabeza y las patas del oso.

Más allá de su forma, la Osa Mayor es la principal herramienta de navegación celeste en el hemisferio norte por su función como "puntero" cósmico. Las dos estrellas del borde exterior del cazo, Merak y Dubhe, forman una línea recta que, si se prolonga cinco veces, apunta directamente a la estrella Polar, la forma más fiable de encontrar el norte geográfico.

Además, si se sigue el arco que dibuja el mango del carro, se llega primero a la brillante Arturo, en la constelación de Bootes, y después a Spica, en Virgo. Por ello, aprender a identificar la Osa Mayor permite localizar al menos otras cuatro constelaciones clave. Para los observadores del hemisferio norte, es una constelación circumpolar, lo que significa que es visible durante todo el año. Su estrella más brillante no es ninguna de las mencionadas, sino Alioth, situada en el mango.

La Osa Menor

Foto con explicaciones de la Osa Menor

La constelación de la Osa Menor. Imagen | Buie, Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

La Osa Menor se localiza a partir de la Osa Mayor. Siguiendo la línea imaginaria trazada por las estrellas "puntero" (Merak y Dubhe), se llega a Polaris, la estrella más brillante de la Osa Menor, que marca el final de su cola. Su forma es similar a la de un carro, como la Osa Mayor, pero es más pequeña, y sus estrellas son considerablemente más tenues, a excepción de Polaris, que es un sistema estelar triple compuesto por una estrella supergigante y dos compañeras más pequeñas.

La Osa Menor es una constelación circumpolar visible durante todo el año en el hemisferio norte. Contiene el polo norte celeste, el punto alrededor del cual parece girar todo el cielo boreal. La mitología la asocia con Arcas, el hijo de Calisto, o con Cinosura, una de las ninfas que cuidó de Zeus en su infancia.

Incluso su estrella más brillante, Polaris, puede ser difícil de ver desde las ciudades. Su relevancia radica en su posición: está casi perfectamente alineada con el eje de rotación de la Tierra. Esto hace que parezca inmóvil en el cielo, mientras que las demás estrellas trazan círculos a su alrededor a lo largo de la noche, convirtiéndola en un faro ideal para orientarse.

Sin embargo, este privilegio es temporal. Un lento bamboleo del eje terrestre, conocido como precesión de los equinoccios, está haciendo que el polo norte celeste se desplace. Hace unos 4.700 años, durante la construcción de las pirámides de Egipto, la estrella polar era Thuban, en la constelación de Draco. Dentro de miles de años, Polaris cederá su puesto a otra estrella.

Orión

Foto con patrones añadidos de la constelación de Orión

La constelación de Orión. Imagen | Joseph Morgan, Flickr (CC BY-SA 2.0)

Orión es una de las constelaciones más espectaculares y fáciles de reconocer. Al estar situada sobre el ecuador, es visible desde casi cualquier parte del mundo. Su rasgo más distintivo es el "Cinturón de Orión", un asterismo que forma una línea casi perfecta de tres estrellas muy brillantes: Alnitak, Alnilam y Mintaka. Este trío es conocido popularmente como "Las Tres Marías".

Orión representa al gigante cazador de la mitología griega. Es una de las constelaciones más fotogénicas y relevantes porque alberga una de las regiones de formación estelar más activas y cercanas a nosotros: la Gran Nebulosa de Orión (M42). Esta inmensa "guardería estelar" es visible a simple vista como una mancha difusa en la espada que cuelga del cinturón de Orión.

Su estrella más brillante no es Betelgeuse, una llamativa supergigante roja, sino Rigel, una deslumbrante supergigante azul situada en el pie del cazador.

Casiopeia

Foto de la constelación Casiopea con patrones añadidos

La constelación de Casiopea. Imagen | scketer, DeviantArt (CC BY-SA 3.0)

Esta constelación del hemisferio norte es inconfundible gracias a su distintiva forma de "W" o "M", que consta de cinco estrellas brillantes. Al ser circumpolar, es visible durante todo el año desde latitudes medio-altas del norte. Se encuentra en el lado opuesto de la Estrella Polar con respecto a la Osa Mayor, por lo que cuando una está baja en el horizonte, la otra está alta.

Casiopea representa a la vanidosa reina de la mitología etíope, esposa de Cefeo y madre de Andrómeda. Como castigo por presumir de ser más bella que las ninfas del mar, fue condenada a girar eternamente alrededor del polo celeste, pasando la mitad del tiempo boca abajo en su trono.

Su estrella más brillante es Schedar, una gigante naranja. La constelación se encuentra en una región muy densa de la Vía Láctea, por lo que es rica en cúmulos estelares abiertos, como M52.

Canis Major

Estrellas de la constelación Canis Major y un añadido con el patrón que forman

La constelación de Can Mayor. Imagen | Pithecanthropus4152, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

Representa a uno de los perros de caza que acompañan a Orión en su cacería celestial. Se asocia con Lélape, un perro mágico destinado a atrapar siempre a su presa. Su estrella principal, Sirio, no solo es la más brillante de la constelación, sino la estrella más brillante de todo el cielo nocturno.

Su brillo se debe tanto a su luminosidad intrínseca como a su proximidad, ya que se encuentra a solo 8.6 años luz de la Tierra. Sirio es un sistema binario: la estrella principal, Sirio A, es una estrella blanca dos veces más masiva que el Sol acompañada por una pequeña pero densa enana blanca llamada Sirio B, o "el Cachorro".

La forma más sencilla de encontrar al Can Mayor es utilizar el Cinturón de Orión como guía. Al prolongar la línea de las tres estrellas hacia el sureste (en el hemisferio norte), se llega directamente a una estrella que brilla con una intensidad inigualable: Sirio. Esta constelación es una de las joyas del cielo invernal del hemisferio norte.

Pegaso

Foto de la constelación de Pegaso y el patrón que forma en el cielo

La constelación de Pegaso. Imagen | A. D. Prakasa, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

La característica más prominente de Pegaso es un gran asterismo conocido como el "Cuadrado de Pegaso", un enorme cuadrilátero formado por cuatro estrellas que representan el cuerpo del caballo alado. Es una de las constelaciones dominantes en el cielo de otoño del hemisferio norte.

Representa al caballo alado de la mitología griega, que nació de la sangre de la gorgona Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza. Curiosamente, la estrella que forma el vértice noreste del cuadrado, Alpheratz, no pertenece a Pegaso, sino que es la estrella alfa de la vecina constelación de Andrómeda.

La estrella más brillante de Pegaso es Enif, una supergigante naranja que marca el hocico del caballo en el patrón de la constelación.

Cruz del Sur

Foto de larga exposición de la constelación Cruz del Sur y sus patrones

Constelación de la Cruz del Sur. Imagen | J. C. Casado, Flickr (CC BY-NC 2.0)

Fuera del alcance visual de Europa, pero icónica en el hemisferio sur, la Cruz del Sur es una pequeña constelación que forma una cruz latina en el cielo austral. Su estrella más brillante es Acrux, que está entre las estrellas de mayor brillo de todo el cielo nocturno.

A pesar de su modesto tamaño, es de gran importancia para la navegación en el hemisferio sur porque sus cuatro estrellas principales apuntan aproximadamente hacia el polo sur celeste. De hecho, aparece en las banderas de varios países del hemisferio sur debido a su valor cultural.

Justo al lado se encuentran las estrellas Alpha Centauri y Beta Centauri (en la constelación del Centauro), que actúan como punteros para la Cruz del Sur. En su interior se puede ver la Nebulosa del Saco de Carbón, una nube oscura que resalta sobre el fondo estrellado de la Vía Láctea.

Las 13 constelaciones zodiacales

Constelaciones del zodiaco

Constelaciones del zodiaco. Imagen | Till Credner, Wikimedia (CC BY-SA 4.0)

Desde una perspectiva astronómica, las constelaciones zodiacales son aquellas que se encuentran en el plano de la órbita de la Tierra alrededor del Sol. Este plano, proyectado en la esfera celeste, se conoce como la eclíptica. Es, digamos, el camino aparente que el Sol, la Luna y los planetas trazan en nuestro cielo nocturna a lo largo del año.

Esta banda celeste no solo es el escenario del movimiento aparente del Sol, sino también el origen de fenómenos sutiles como la luz zodiacal, un fenómeno que conocemos desde hace siglos y del que aún seguimos descubriendo su origen.

A diferencia de la astrología, que divide la eclíptica en 12 signos iguales de 30 grados cada uno, las constelaciones astronómicas tienen tamaños y formas irregulares. Además, el Sol no atraviesa 12, sino 13 constelaciones. La "olvidada" es Ofiuco, el portador de la serpiente. Los antiguos astrónomos babilonios la omitieron deliberadamente para que el zodiaco encajara en su calendario de 12 meses lunares, una tradición que la astrología occidental ha mantenido.

La principal razón por la que las fechas astrológicas ya no coinciden con la posición real del Sol en las constelaciones es la susodicha precesión de los equinoccios, el lento bamboleo del eje de la Tierra, similar al de una peonza, que completa un ciclo cada aproximadamente 26.000 años.

Este movimiento ha provocado que, a lo largo de los más de 2.000 años transcurridos desde que se fijaron los signos del zodiaco, las constelaciones se hayan desplazado casi un mes completo respecto a las fechas astrológicas. Así que, cuando un astrólogo dice que el Sol está "en Aries", astronómicamente se encuentra todavía en la constelación de Piscis.

Aries

Representa al carnero alado cuyo Vellocino de Oro fue buscado por Jasón y los Argonautas. Es una constelación pequeña y no muy brillante, situada entre Piscis y Tauro. Su estrella principal es Hamal. El Sol transita por Aries entre el 18 de abril y el 13 de mayo.

Tauro

Fácilmente reconocible por su forma de 'V', que representa la cabeza del toro, está marcada por una brillante estrella anaranjada llamada Aldebarán. Contiene dos famosos cúmulos estelares: las Pléyades y las Híades. Mitológicamente, se asocia con la forma que adoptó Zeus para seducir a la princesa Europa. El Sol transita por Tauro entre el 13 de mayo y el 21 de junio.

Géminis

Representa a los gemelos Cástor y Pólux de la mitología griega. Sus dos estrellas más brillantes llevan sus nombres. Pólux, una gigante anaranjada, es la más luminosa de la constelación. Se encuentra al noreste de Orión. El Sol transita por Géminis entre el 21 de junio y el 20 de julio.

Cáncer

Es una de las constelaciones zodiacales más tenues. Representa al cangrejo que la diosa Hera envió para atacar a Hércules durante su lucha con la Hidra. Alberga el cúmulo estelar abierto del Pesebre (M44), visible a simple vista como una mancha nebulosa. El Sol transita por Cáncer entre el 20 de julio y el 10 de agosto.

Leo

Otra de las constelaciones más reconocibles, que se asemeja a un león agazapado. Su asterismo principal es una "hoz" o un signo de interrogación invertido que forma la cabeza y la melena del león. Su estrella más brillante es Régulo, que significa "pequeño rey". Representa al León de piel impenetrable Nemea, que fue derrotado por Hércules. El Sol transita por Leo entre el 10 de agosto y el 16 de septiembre.

Virgo

Es la constelación más grande del zodiaco y la segunda más grande del cielo. Representa a una doncella, identificada con Deméter, la diosa de la agricultura, o con Astrea, la diosa de la justicia. Su estrella más brillante es Spica, una brillante estrella blanco-azulada que simboliza una espiga de trigo. El Sol transita por Virgo entre el 16 de septiembre y el 30 de octubre.

Libra

Es la única constelación del zodiaco que no representa a un ser vivo, sino a un objeto: la balanza de la justicia. Originalmente, sus estrellas formaban las pinzas de la vecina constelación de Escorpio. Es una constelación tenue, cuya estrella más brillante es Zubeneschamali. El Sol transita por Libra entre el 30 de octubre y el 23 de noviembre.

Escorpio

Una de las pocas constelaciones que se asemeja a lo que representa. Su forma curvada de estrellas brillantes dibuja perfectamente un escorpión con su aguijón. Su corazón está marcado por la brillante supergigante roja Antares, cuyo nombre significa "el rival de Ares" (Marte) por su color rojizo. En la mitología, es el escorpión que mató a Orión el cazador. El Sol transita por Escorpio entre el 23 de noviembre y el 29 de noviembre.

Ofiuco

No forma parte del zodiaco tradicional, aunque el Sol pase por ella, como siempre han sabido los astrónomos. Representa a Asclepio, el dios de la medicina, sosteniendo una serpiente (la constelación de Serpens). Es una constelación grande pero no especialmente prominente. El Sol transita por Ofiuco entre el 29 de noviembre y el 17 de diciembre.

Sagitario

Situada en la parte más densa de la Vía Láctea, esta constelación marca la dirección del centro de nuestra galaxia. Su asterismo más conocido es "la Tetera". Representa a un centauro arquero identificado con el sabio Quirón. Su estrella más brillante es Kaus Australis. Contiene una gran cantidad de nebulosas y cúmulos estelares, como la Nebulosa de la Laguna (M8) y la Nebulosa Trífida (M20). El Sol transita por Sagitario entre el 17 de diciembre y el 20 de enero.

Capricornio

Representa a una cabra marina, una criatura mitológica mitad cabra, mitad pez. Es una de las constelaciones más tenues del zodiaco.63 Su estrella más brillante esDeneb Algedi*, que significa "la cola de la cabra". El mito la asocia con el dios Pan, quien se transformó para escapar del monstruo Tifón. El Sol transita por Capricornio entre el 20 de enero y el 16 de febrero.

Acuario

Representa al aguador, a menudo identificado con Ganimedes, el copero de los dioses del Olimpo. Es una constelación grande pero con estrellas poco brillantes. Su estrella más luminosa es Sadalsuud, cuyo nombre significa "la más afortunada de las afortunadas". El Sol transita por Acuario entre el 16 de febrero y el 11 de marzo.

Piscis

Representa a dos peces atados por sus colas con una cuerda. Es una constelación grande pero muy tenue y difícil de ver. En la mitología, los peces son Afrodita y su hijo Eros, quienes se transformaron para escapar del monstruo Tifón. Su estrella más brillante es Alpherg. El Sol transita por Piscis entre el 11 de marzo y el 18 de abril.

Las constelaciones más visibles según la estación del año

Sidney Hall S 1831 Astronomical Chart Illustration Of The Ursa Major Illustratio Xl

Mapa astronómico de 1831 con una ilustración de la Osa Mayor. Imagen | Rawpixel

El cielo nocturno es un escenario cambiante. A medida que la Tierra orbita alrededor del Sol, nuestra ventana apunta a diferentes regiones del cosmos, revelando un nuevo elenco de constelaciones con cada estación.

El cielo de invierno

Considerado el más espectacular del año, el cielo de invierno en el hemisferio norte está dominado por la majestuosa constelación Orión, el Cazador. Le siguen sus fieles perros de caza, Canis Mayor, con la deslumbrante estrella Sirio, y Canis Menor, con Proción. Junto con Rigel y Betelgeuse en Orión, Aldebarán en Tauro y Cástor o Pólux en Géminis, estas estrellas forman un gran asterismo conocido como el Hexágono Invernal, que llena el cielo nocturno de astros brillantes.

El cielo de primavera

Tras el dominio de Orión en invierno, el cielo de primavera se vuelve más sutil. Las constelaciones clave son Leo, con su reconocible hoz, Virgo, con la brillante Spica, y Bootes, el pastor, con la luminosa estrella Arturo de color anaranjado. Una forma fácil de encontrarlas es seguir el arco del mango del Carro de la Osa Mayor hasta llegar a Arturo y luego continuar la misma línea hasta Spica.

Cielo de verano

El verano del hemisferio norte está dominado por un gran asterismo llamado Triángulo de Verano. Sus vértices son tres de las estrellas más brillantes del cielo, cada una perteneciente a una constelación diferente: Vega (en Lira), Deneb (en Cisne) y Altair (en Águila). Esta es también la mejor época para observar el resplandor de la Vía Láctea, que cruza el Triángulo de Verano. Mirando hacia el sur, hacia las constelaciones de Sagitario y Escorpio, podemos ver la parte más densa y brillante de nuestra galaxia, puesto que es la dirección de su centro galáctico.

Cielo de otoño

El cielo de otoño en el hemisferio norte está presidido por el imponente Cuadrado de Pegaso. Junto a él se encuentran las constelaciones ligadas al mito de Perseo: Casiopeia, con su forma de W alta en el cielo, Andrómeda, y el propio Perseo. El otoño ofrece la única oportunidad de observar a simple vista, en un cielo oscuro, el objeto más lejano visible sin ayuda óptica: la Galaxia de Andrómeda (M31), que aparece como una pequeña mancha algodonosa.

Unos consejos para ver mejor las constelaciones

Foto de la Vía Láctea y varias constelaciones sobre un árbol

La Cruz del Sur vista desde Australia. Imagen | Trevor Dobson (CC BY-NC-ND 2.0)

Dónde ubicarse y qué equipo usar para observarlas

La clave para una buena noche de observación astronómica es escapar de la contaminación lumínica. Las luces de las ciudades crean un velo anaranjado que oculta las estrellas más débiles y la Vía Láctea. Lo más fundamental buscar un lugar lo más oscuro posible, preferiblemente en zonas rurales, montañas o parques con cielo oscuro.

Una vez en el lugar, es vital permitir que los ojos se adapten a la oscuridad. Este proceso fisiológico puede tardar entre 20 y 30 minutos, durante los cuales la pupila se dilata al máximo y se activan los fotorreceptores más sensibles a la luz tenue. Mirar la pantalla brillante de un móvil o encender una linterna blanca arruina este proceso instantáneamente. Por ello, los astrónomos utilizan linternas de luz roja, que afectan mucho menos la visión nocturna.

En cuanto al equipo, la progresión es sencilla. A simple vista se pueden reconocer las principales constelaciones y asterismos. Unos prismáticos de 7x50 o 10x50 son excelentes para explorar la Vía Láctea, descubrir cúmulos estelares como las Pléyades y observar la Nebulosa de Orión con más detalle. Por último, un telescopio, aunque sea de principiantes, permite observar detalles en los planetas, como los anillos de Saturno o las lunas de Júpiter.

Aplicaciones para ver las estrellas

Los móviles han puesto un completo planetario en nuestro bolsillo. Existen apps y herramientas excelentes para ver estrellas y constelaciones. Guías interactivas como Stellarium, Sky Guide o Sky Tonight usan el GPS y la brújula del teléfono para mostrar un mapa del cielo en tiempo real.

Apuntando el móvil hacia el cielo, cualquiera de estas aplicaciones identifica estrellas, planetas, constelaciones e incluso objetos de cielo profundo. Y ofrecen información detallada sobre cada objeto, simulan el cielo desde cualquier lugar y fecha, y envían notificaciones sobre eventos astronómicos importantes como lluvias de meteoros o eclipses.

Además de estrellas y planetas, estas apps permiten rastrear en tiempo real la Estación Espacial Internacional (ISS), los trenes de Starlink y otros tipos de satélites, dándonos una nueva perspectiva sobre la gigantesca red de la que somos cada vez más dependientes.

Una vez localizados, lo mejor es apartar el teléfono, acostumbrar la vista y caer en la cuenta de que cada estrella es un sol distante, y cada constelación, una ventana a la inmensidad del cosmos. Observar el cielo es, en esencia, mirar hacia nuestro propio pasado y nuestros orígenes, un recordatorio de que el viaje no ha hecho más que empezar.

Imagen | DarkWorkX, Pixabay

En Xataka | Hace 41.000 años, nuestros antepasados sobrevivieron a una inversión de los polos. Ya sabemos cómo sobrellevaron este cambio

-
La noticia Cómo localizar las constelaciones más famosas: el mapa que une a todas las civilizaciones que han pisado la Tierra fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

Dos estudiantes han hecho realidad el invento que la NASA archivó en un cajón: un robot esférico incapaz de volcar

Dos estudiantes han hecho realidad el invento que la NASA archivó en un cajón: un robot esférico incapaz de volcar

En un laboratorio de Texas, un equipo de ingenieros ha materializado un concepto que la NASA investigó para explorar los cráteres de la Luna: un robot con forma de bola incapaz de volcar.

RoboBall. En su etapa en la NASA, el ingeniero mecánico Robert Ambrose hizo realidad varios de sus inventos: el robot humanoide Robonaut 2 o el guante robótico Robo-Glove. Pero no logró sacar adelante un concepto que había desarrollado para la agencia espacial en 2003.

La premisa era simple: crear un robot que no pudiera volcar. Su idea era una esfera perfecta capaz de acceder a lugares donde las ruedas y las patas fueran un riesgo. RoboBall no vio la luz hasta que, dos décadas más tarde, Ambrose tuteló a los estudiantes Rishi Jangale y Derek Pravecek para su doctorado en la Universidad de Texas A&M.

Un péndulo en un airbag. El secreto de RoboBall no es su carcasa esférica y blanda, hecha de los mismos materiales que un airbag, sino el sistema de propulsión que tiene en su interior. Compuesto por un péndulo y unos motores, RoboBall rueda en la dirección deseada haciendo oscilar el péndulo para transferir impulso a la esfera.

Una de las características más innovadoras de la esfera robot es su capacidad de inflarse y desinflarse, lo que le permite alterar su tracción para adaptarse a diferentes superficies. En las pruebas de los investigadores, RoboBall ha demostrado ser capaz de moverse por hierba, grava, arena e incluso agua, alcanzando velocidades de hasta 32 km/h. Volcar nunca es un problema porque no tiene un "lado correcto".

Existen dos prototipos. RoboBall II tiene un diámetro de 61 centímetros y es la versión de laboratorio, utilizada para ajustar los algoritmos de control y monitorizar la potencia de los subsistemas. RoboBall III tiene un imponente diámetro de 183 cm y es la versión comercial, diseñada para llevar cargas útiles como sensores, cámaras y herramientas de muestreo.

El salto de uno a otro no ha sido fácil. Al no existir literatura sobre robots esféricos de este tamaño, el equipo afronta nuevos desafíos cada día. En palabras de Pravecek: "Si un motor falla o un sensor se desconecta, no puedes simplemente abrir un panel. Tienes que desmontar todo el robot y reconstruirlo. Es como una cirugía a corazón abierto en una bola rodante".

De la Luna a la Tierra.  A pesar de los obstáculos, el rendimiento de RoboBall es sorprendente, y sus objetivos a largo plazo son ambiciosos. El equipo espera que pueda ser desplegado en un módulo de aterrizaje lunar para explorar las empinadas paredes de los cráteres, un lugar donde "nada rodaría mejor que una pelota", señala Ambrose.

Pero su potencial no se limita al espacio. El equipo también está explorando aplicaciones terrestres, especialmente en misiones de búsqueda y rescate. "Imagina un enjambre de estas bolas desplegadas después de un huracán", dice Jangale. "Podrían mapear áreas inundadas, encontrar supervivientes y traer datos esenciales, todo sin arriesgar vidas humanas".

Imagen | Universidad de Texas A&M

En Xataka | Estados Unidos ha vuelto a la Luna después de 50 años con una flota de naves "low cost". Está siendo caótico

-
La noticia Dos estudiantes han hecho realidad el invento que la NASA archivó en un cajón: un robot esférico incapaz de volcar fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

La señal “Wow!” fue aún más potente de lo que calcularon los astrónomos: medio siglo después, el misterio se complica

La señal "Wow!" fue aún más potente de lo que calcularon los astrónomos: medio siglo después, el misterio se complica

Casi medio siglo después de que el radiotelescopio Big Ear captara una enigmática señal de 72 segundos procedente del espacio, el misterio, lejos de resolverse, se ha vuelto más complejo. Un exhaustivo análisis de los datos originales de 1977, que se creían perdidos, ha revelado que la legendaria señal "Wow!" era considerablemente más fuerte de lo que se pensaba, y se movía hacia nosotros a una velocidad mucho mayor de lo que se había calculado.

Un poco de contexto. El 15 de agosto de 1977, el astrónomo estadounidense Jerry Ehman estaba revisando los datos impresos de las observaciones del cielo cuando se topó con la secuencia de caracteres "6EQUJ5", una señal de radio de banda estrecha extraordinariamente intensa.

Su sorpresa fue tal que rodeó el código con un círculo y escribió "Wow!" en el margen. Nacía así uno de los mayores enigmas de la astronomía moderna y la candidata más famosa a ser una transmisión extraterrestre. Ahora, un estudio preliminar publicado en arXiv.org reescribe casi todo lo que sabíamos sobre ella.

Rescatando un tesoro de 75.000 páginas. La nueva investigación ha sido un trabajo casi arqueológico. Durante décadas se pensó que los datos detallados que rodeaban a la señal 'Wow!' se habían perdido para siempre, sobre todo después de que el observatorio Big Ear de Ohio fuera desmantelado en 1998 para construir un campo de golf. Afortunadamente, un grupo de voluntarios rescató la mayor parte de los registros del telescopio.

Ahora, investigadores del proyecto "Arecibo Wow!", liderados por Abel Méndez del Laboratorio de Habitabilidad Planetaria de la Universidad de Puerto Rico, han digitalizado y analizado más de 75.000 páginas de los impresos originales con tecnología de reconocimiento óptico de caracteres (OCR) y supervisión humana. Este monumental esfuerzo ha permitido, por primera vez, aplicar métodos computacionales avanzados a la señal original, revelando detalles que se habían pasado por alto durante casi 50 años.

La señal Wow! en contexto

La señal "Wow!" junto al garabato del astrónomo Jerry Ehman

Más fuerte, más precisa, más rápida. El nuevo análisis corrige y refina drásticamente los parámetros de la señal, arrojando nueva luz sobre su posible naturaleza. Las estimaciones previas situaban la intensidad de la señal (su densidad de flujo) entre 54 y 212 Janskys. Los cálculos corregidos elevan esa cifra a un mínimo de 250 Janskys, confirmando que fue incluso más potente de lo que se pensaba. Pocas fuentes de radio astrofísicas conocidas emiten con esa intensidad, lo que la convierte en un evento verdaderamente excepcional.

También la frecuencia se ha corregido a 1.420,726 MHz, lo que sugiere que el objeto se estaba moviendo hacia nosotros a 74 km/s, una velocidad que no encaja con la rotación normal de los objetos de nuestra galaxia.

Por otro lado, el estudio reduce el área de búsqueda en dos tercios, afinando las coordenadas a dos posibles localizaciones ligeramente desplazadas de las estimaciones anteriores, lo que podría explicar por qué décadas de búsquedas de seguimiento no sirvieron para detectarla de nuevo.

Ni humanos, ni cometas. Con estos nuevos datos, los investigadores han podido descartar con mayor contundencia muchas de las explicaciones propuestas a lo largo de los años. El estudio descarta casi por completo el origen humano. No había satélites conocidos en esa posición y la Luna estaba en el lado opuesto de la Tierra, por lo que no fue un reflejo de las transmisiones terrestres.

Las emisoras de televisión de la época tampoco pudieron generar un armónico en esa frecuencia. La propia forma de la señal, que encaja perfectamente con el patrón esperado de una fuente puntual pasando por el haz del telescopio, es otro argumento en contra de una interferencia local.

La teoría de que la misteriosa señal "Wow!" fue causada por el paso de un cometa, que en su momento pareció resolver el enigma, también ha quedado debilitada con el nuevo análisis. La extrema potencia y las características de la señal revisada no encajan bien con la nube de hidrógeno que rodea a un cometa.

Entonces, ¿qué fue? Probablemente tampoco fueran aliens. Los investigadores apuntan a un evento astrofísico natural, pero extremadamente raro. Como ya apuntaba un estudio anterior que cubrimos en Xataka, la señal podría provenir de una nube de hidrógeno neutro. Estas nubes son comunes, pero normalmente no emiten señales tan intensas y de banda estrecha.

La nueva propuesta es que la señal 'Wow!' fue el resultado de un fenómeno conocido como llamarada máser astronómica o un estallido de superradiancia procedente de una de estas nubes. Algo parecido a un láser de microondas natural, un evento transitorio y potentísimo que explicaría tanto la intensidad de la señal como el hecho de que nunca se haya vuelto a repetir.

Imágenes| Observatorio Big Ear

En Xataka | Todas las veces que hemos intentado contactar con vida extraterrestre

-
La noticia La señal "Wow!" fue aún más potente de lo que calcularon los astrónomos: medio siglo después, el misterio se complica fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

Starship acabó de color naranja tras el vuelo 10. SpaceX no ha explicado el motivo, pero Internet tiene sus teorías

Starship acabó de color naranja tras el vuelo 10. SpaceX no ha explicado el motivo, pero Internet tiene sus teorías

El décimo vuelo de prueba de Starship ha sido un éxito rotundo. El cohete más alto de la historia despegó con mucha expectación después de tres lanzamientos fallidos, pero esta vez cumplió uno por uno los objetivos de la misión. Lo que sorprendió a muchos fue el color anaranjado que tenía la nave cuando amerizó en el océano Índico, un tono que no habíamos visto hasta ahora.

Sufrimiento extremo. Después de desplegar por primera vez ocho simuladores de satélites Starlink, la Starship 37 encendió un motor en el espacio para desorbitar. Fue entonces cuando SpaceX puso a prueba la estructura de la nave. Un ángulo de reentrada especialmente duro, una serie de maniobras agresivas con los alerones y un escudo térmico deliberadamente incompleto hicieron que la nave sufriera, pero nunca se desintegró ni dejó de maniobrar.

A diferencia de los vuelos 7, 8 y 9, que no tuvieron una reentrada controlada, el vuelo 10 ha permitido a SpaceX recabar una cantidad incalculable de datos para mejorar la parte más crítica y verde de Starship: su escudo térmico reutilizable. Y es precisamente el escudo térmico en la panza del cohete lo que parece haber adquirido un color naranja tras pasar de 26.000 km/h a 12 km/h. Pero ¿cómo se produjo ese tono oxidado si las losetas térmicas son de cerámica?

Una boya y un misterio. Aunque SpaceX no se haya pronunciado aún sobre el tema, las imágenes de la Ship 37 emitidas en directo desde una boya en el océano Índico llamaron la atención de aficionados y expertos aeroespaciales por igual. Si bien la panza de la nave parece haberse churruscado, las principales teorías no apuntan a que las losetas se cayeran o se quemaran, sino a que algo se depositó sobre ellas.

Captura de pantalla de una publicación de X

La ubicación de las losetas metálicas experimentales en el vértice del cono anaranjado

Una fuga de refrigerante. La hipótesis que más fuerza ha cobrado es la que señala a uno de los experimentos clave de este vuelo: una loseta metálica con refrigeración activa en la parte alta del escudo térmico. A diferencia de las losetas cerámicas habituales, que son aislantes pasivos, esta pieza experimental deja circular refrigerante del cohete para disipar el calor.

La teoría, apoyada por analistas como Scott Manley, sugiere que la loseta con refrigeración activa pudo haber sufrido una fuga. El fluido refrigerante (tal vez metano del propio cohete), al escapar y entrar en contacto con el plasma incandescente de la reentrada, se habría quemado y depositado a lo largo del fuselaje, creando esa característica estela de color naranja con forma de cono que se aprecia en las imágenes. De hecho, la ubicación de la loseta experimental coincide perfectamente con el vértice del área anaranjada.

Otras posibilidades. Una teoría no excluyente es que las losetas metálicas experimentales (había otras a bordo sin refrigeración activa) simplemente se oxidaran debido a las temperaturas extremas de la reentrada, dejando ese rastro de color óxido.

Lo que parece claro es que no estamos viendo el resultado de una ablación. Las losetas de sílice de la Starship son aislantes reutilizables, no escudos ablativos que se desintegran por diseño. Si las losetas se hubieran desgastado hasta el punto de dejar al descubierto el material ablativo que tienen debajo, estaríamos hablando de un fallo catastrófico del sistema.

Un laboratorio de tortura. Este resultado visual, lejos de ser un fracaso, es la consecuencia directa de los experimentos de SpaceX para este vuelo. La Starship 37 ha pasado por un auténtico banco de pruebas para el escudo térmico, que el propio Elon Musk ha señalado como el principal escollo tecnológico del programa.

En este vuelo, SpaceX retiró decenas de losetas en zonas clave para ver cómo aguantaba la estructura inferior. Al mismo tiempo, añadió losetas metálicas y con refrigeración activa para buscar alternativas más resistentes en las zonas de máximo estrés térmico. Y suavizó los bordes de algunas losetas para mitigar los puntos calientes observados en vuelos anteriores. En resumen, el color naranja de la Starship no parece ser señal de un fallo catastrófico, sino la huella visible de un experimento llevado al límite.

Imágenes | SpaceX

En Xataka | Un astrofísico pone en duda a Elon Musk: "Incluso en un apocalipsis nuclear, la Tierra sería un paraíso en comparación con Marte"

-
La noticia Starship acabó de color naranja tras el vuelo 10. SpaceX no ha explicado el motivo, pero Internet tiene sus teorías fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

Starlink tiene un nuevo as bajo la manga y acaba de enseñarlo: un mini-láser de 25 Gbps para conectar absolutamente todo

Starlink tiene un nuevo as bajo la manga y acaba de enseñarlo: un mini-láser de 25 Gbps para conectar absolutamente todo

Dos de cada tres satélites que orbitan la Tierra son Starlinks, pero SpaceX no se conforma con ser el mayor operador de satélites del mundo. Ahora quiere convertirse en la red troncal de todo lo que está en el espacio.

El nuevo mini láser de Starlink. Minutos antes de abortar por segundo día consecutivo el décimo lanzamiento de Starship (esta vez por mal tiempo), SpaceX publicó un vídeo inédito de su fábrica de Starlink en Redmond.

La compañía aprovecha el vídeo para presumir de su increíble capacidad de producción, pero también para revelar una tecnología que cambiará las reglas del juego mientras la competencia sigue intentando desplegar su propia constelación: un "mini láser" integrado en Starlink para que cualquier satélite o estación espacial pueda conectarse a su red desde el espacio.

Ya lo están probando en órbita. Hasta ahora, los enlaces láser de Starlink eran capaces de transmitir datos a casi 200 Gbps: una tecnología que SpaceX usa internamente para que sus propios satélites se comuniquen entre sí, creando una malla interconectada en el espacio.

El mini láser va mucho más allá. Michael Nicolls, vicepresidente de ingeniería de Starlink, confirmaba en su cuenta de X la función de este nuevo componente: "El mini láser está diseñado para alcanzar velocidades de enlace de 25 Gbps a distancias de hasta 4000 km". Y ya se está probadno con éxito a bordo de un satélite de la misión Starlink G10-20.

25 Gbps para conectarlos a todos. Un enlace de 25 gigabits por segundo, disponible para cualquiera que quiera integrarlo, permitiría a empresas de observación terrestre, misiones científicas, estaciones espaciales comerciales o incluso otras constelaciones de satélite dejar de preocuparse de cómo enviar sus datos a la Tierra. Simplemente, se conectarían a la "red Wi-Fi" de Starlink y aprovecharían su infraestructura global.

Con esta novedad, Starlink pasaría de ser un proveedor de Internet para la Tierra a un proveedor de Internet para la Tierra y el espacio. Un movimiento estratégico que posiciona a SpaceX en el centro de la futura economía orbital, así como de los viajes a la Luna y a Marte.

¿Está el X37B probando esta tecnología? El timing de este anuncio es, como mínimo, interesante. Hace apenas unos días, el 22 de agosto, SpaceX lanzaba la octava misión del misterioso avión espacial militar X-37B. Como detalla Daniel Marín en Eureka, uno de los pocos objetivos no clasificados de esta misión es realizar "demostraciones de tecnologías de comunicación entre satélites mediante láseres infrarrojos con un elevado ancho de banda".

Esto es una clara referencia a Starlink, pero también podría tener relación con la constelación militar Starshield, que es, en esencia, una versión militarizada de Starlink. La posibilidad de que el X-37B esté probando una versión de este "mini láser" o una tecnología derivada es muy alta. Para la Fuerza Espacial de Estados Unidos, poder conectar cualquiera de sus activos en órbita a una red de baja latencia como Starshield o Starlink sería una ventaja táctica enorme.

Una fábrica que no descansa. Estos avances tecnológicos no serían posibles sin la capacidad industrial que lo respalda. La fábrica de Redmond está produciendo 70 satélites a la semana, lo que se traduce en más de 3.600 al año. Esta cadencia de producción, que ha pasado de 120 satélites al mes en 2020 a casi triplicar esa cifra, es lo que ha permitido a Starlink desplegar una constelación de más de 8.000 satélites operativos, dos tercios de todos los satélites activos.

Con este nuevo "mini láser", SpaceX no solo está expandiendo su propia red. Está tendiendo los puentes para que el resto de la industria espacial se conecte a ella, consolidando un futuro donde, si quieres estar conectado en órbita, tendrás que llamar a la puerta de Elon Musk.

Imagen | SpaceX

En Xataka | El ejército de Ucrania tiene un problema casi tan importante como Rusia: Starlink pertenece a Elon Musk

-
La noticia Starlink tiene un nuevo as bajo la manga y acaba de enseñarlo: un mini-láser de 25 Gbps para conectar absolutamente todo fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

El supercomputador de Harvard ha llegado a una conclusión: no hace falta instalar paneles solares en todas partes

El supercomputador de Harvard ha llegado a una conclusión: no hace falta instalar paneles solares en todas partes

Nuestra estrategia en el despliegue de energía solar podría ser mucho más inteligente. No lo dice este humilde redactor, sino un avanzado modelo computacional desarrollado por las universidades de Harvard, Rutgers y Stony Brook en Estados Unidos tras procesar cinco años de datos de la red eléctrica.

Rentabilidad climática. Esa es la clave de la reciente investigación publicada por la revista Science Advances. Los autores han identificado las regiones del país donde cada nuevo panel solar ofrece el mayor rendimiento en términos de reducción de dióxido de carbono.

La conclusión es contundente: para maximizar la reducción de emisiones, en lugar de instalar paneles solares en todas partes, es mejor instalarlos en los lugares correctos.

El "dónde" antes que el "cuántos". No todos los megavatios de energía solar son iguales. El impacto de añadir fotovoltaica a la red eléctrica depende fuertemente de la matriz energética que ya exista en la región. El estudio lo deja claro después de procesar con IA los datos horarios de generación, demanda y emisiones de 13 regiones de Estados Unidos entre 2018 y 2023.

Las regiones donde la energía solar tiene un impacto descomunal son aquellas que todavía dependen en gran medida de combustibles fósiles muy contaminantes, como el carbón. En lugares como California, Florida, el Medio Oeste, Texas y el Suroeste, cada kilovatio-hora de energía solar que se inyecta en la red sustituye directamente a energía generada por centrales de carbón o gas. El resultado es una reducción de CO₂ masiva e inmediata.

Qué pasa en las otras regiones. En lugares como Nueva Inglaterra, la zona central de Estados Unidos y Tennessee, el efecto es mínimo. ¿El motivo? Ya cuentan con una matriz energética más limpia, con una fuerte presencia de energía nuclear, hidroeléctrica o gas natural (que, aunque sea un combustible fósil, emite aproximadamente la mitad de CO₂ que el carbón).

En estas regiones, añadir más energía solar apenas mueve la aguja de las emisiones, porque la energía que desplazan los paneles solares ya era relativamente limpia. En un mundo con recursos limitados, este tipo de optimizaciones puede ayudar a que las inversiones en energía limpia sean lo más eficaces posibles. Pero aun así hay patrones que solo la IA puede detectar.

El efecto contagio. Una de las aportaciones más fascinantes del estudio es que el modelo fue capaz de cuantificar efectos que hasta ahora eran difíciles de medir, revelando dinámicas contraintuitivas en la red eléctrica. Por ejemplo, el estudio demuestra que instalar paneles solares en una región puede limpiar el aire de otra.

El caso de California es paradigmático: un aumento del 15% en su capacidad solar no solo benefició al estado, sino que redujo las emisiones diarias en la región Noroeste en 913 toneladas y en la Suroeste en unas impresionantes 1.942 toneladas Conclusión: Invertir en energía solar en el desierto de Arizona podría ser una de las formas más eficientes de reducir las emisiones en Oregón.

Imagen | Rawpixel

En Xataka | China rompió el mercado de los paneles solares. Ahora sus empresas han tenido que despedir a un tercio de sus empleados

-
La noticia El supercomputador de Harvard ha llegado a una conclusión: no hace falta instalar paneles solares en todas partes fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

Parecía un error de medición, pero el neutrino que atravesó el Mediterráneo en 2023 era real. Y nadie sabe de dónde vino

Parecía un error de medición, pero el neutrino que atravesó el Mediterráneo en 2023 era real. Y nadie sabe de dónde vino

En el fondo del mar Mediterráneo, a 3.500 metros bajo la superficie, un sensor de alta tecnología fue atravesado por una partícula subatómica con una energía demencial. Durante meses, los científicos pensaron que se trataba de un error de medición. El detector, aún pruebas, debía de estar mal calibrado. Pero ahora saben que ocurrió de verdad.

13 de febrero de 2023. La red europea KM3NeT, que apenas había instalado el 10% de sus telescopios submarinos ARCA, detectó un fogonazo. En mitad de la noche (para más señas, a la 1:16:47 UTC), más de un tercio de los 21 sensores situados a 80 km de la costa de Sicilia se iluminaron. No fue un destello sutil, registraron más de 28.000 fotones.

El evento, bautizado como KM3-230213A, correspondía a un muón que había atravesado el detector casi en horizontal con una energía de 220 petaelectronvoltios. Eso es 100 millones de veces la energía de los fotones de la luz visible. Un fogonazo 30 veces más energético que el neutrino de mayor energía detectado hasta la fecha, superando con creces las energías que se alcanzan en el Gran Colisionador de Hadrones del CERN. Era imposible. ¿O no?

Un poco de contexto. Para entender la magnitud de este descubrimiento, primero hay que hablar de los neutrinos. Apodados "partículas fantasma" por una buena razón, no tienen carga eléctrica, su masa es casi nula, y apenas interactúan con la materia. Ahora mismo, miles de millones de neutrinos provenientes del Sol y de otros rincones del universo están atravesando nuestro propio cuerpo sin que lo notemos.

Esta naturaleza esquiva los convierte en los mensajeros cósmicos perfectos. A diferencia de los rayos cósmicos (que son partículas cargadas), los neutrinos no son desviados por los campos magnéticos. Viajan en línea recta desde su punto de origen, trayendo consigo información pura sobre los eventos más violentos y energéticos del universo: agujeros negros supermasivos, explosiones de supernovas o estallidos de rayos gamma.

Los verdaderos cazafantasmas. El desafío con los neutrinos es atraparlos, y aquí entra en juego el KM3NeT (Kilometre Cube Neutrino Telescope), un observatorio de proporciones titánicas aún en construcción bajo el Mediterráneo. No es un telescopio tradicional, sino una gigantesca infraestructura submarina que usa el propio mar como detector. Consiste en una red de líneas verticales ancladas al lecho marino, equipadas con miles de ojos hipersensibles: los módulos ópticos digitales.

Muy de vez en cuando, un neutrino choca con una molécula de agua, produciendo otras partículas, como el muón, que viaja más rápido que la luz en el agua. Este fenómeno genera un destello de luz azulada conocido como radiación Cherenkov. Los sensores del KM3NeT capturan este brillo y, analizando el tiempo y la intensidad de la luz, los científicos pueden reconstruir la dirección y la energía del neutrino original.

Un neutrino récord. Tras un año de análisis meticuloso, KM3NeT confirmó lo que parecía imposible: la detección del neutrino más energético jamás observado. Un muón con una energía demencial de 220 PeV atravesó el detector como una bala de cañón aquel 13 de febrero de 2023. Su trayectoria casi horizontal fue clave para descartar que se tratara de "ruido de fondo", como los muones atmosféricos, que se producen por la interacción de los rayos cósmicos con la atmósfera terrestre.

Una partícula así no podría haber atravesado cientos de kilómetros de roca y agua para llegar al detector desde arriba. La única explicación plausible es que un neutrino de energía aún mayor llegó desde el cosmos, interactuó cerca del detector y generó el muón que los sensores vieron pasar. El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista Nature, nos acerca a uno de los eventos más extremos documentados. El problema: nadie sabe de dónde demonios vino.

En busca de la fuente. Visto en perspectiva, detectar la partícula fue la parte fácil. Ahora viene lo complicado: averiguar su origen. Los científicos apuntaron sus antenas en la dirección de la que provenía el neutrino y escanearon los cielos en busca de algún evento cataclísmico que pudiera haberlo generado. Revisaron catálogos de rayos gamma, rayos X y ondas de radio en busca de blázares (galaxias con agujeros negros supermasivos que lanzan chorros de materia hacia nosotros) o cualquier otro fenómeno transitorio.

El resultado: no encontraron una fuente clara. Aunque la dirección apunta a una región del cielo con varios candidatos, ninguno de los blázares conocidos en la zona encaja a la perfección. Según los investigadores del proyecto, probablemente sea una fuente extragaláctica, pero su posición cercana al plano de la Vía Láctea no descarta por completo nuestra propia galaxia.

Hagan sus apuestas. Con participación española a través de la Universidad de Granada y el IFIC de Valencia, el análisis de datos pone sobre la mesa dos hipótesis principales. Por un lado, un acelerador cósmico desconocido, como un núcleo galáctico activo o un estallido de rayos gamma que los astrónomos aún no han identificado.

Por otro, la posibilidad más exótica y emocionante: un neutrino cosmogénico. El destello pudo ser el resultado de la interacción de un rayo cósmico de ultra-alta energía (partículas que viajan por el universo con energías aún más extremas) con un fotón del fondo cósmico de microondas, el eco del Big Bang. Sería la primera detección de un neutrino de este tipo.

En Xataka | Canarias desempeñará un papel central en la red de telescopios Cherenkov. Y acaba de dar un paso fundamental

-
La noticia Parecía un error de medición, pero el neutrino que atravesó el Mediterráneo en 2023 era real. Y nadie sabe de dónde vino fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

Qué es un año luz y por qué es imposible recorrerlo en menos de un año, según la relatividad de Einstein

Qué es un año luz y por qué es imposible recorrerlo en menos de un año, según la relatividad de Einstein

De entre todas las reglas que rigen el universo, una de las más icónicas y a la vez difíciles de comprender es el límite de velocidad universal. La velocidad de la luz no solo es una constante inquebrantable: es el nexo entre la materia y la energía, como describió elegantemente Albert Einstein con la fórmula más famosa de la ciencia: E=mc². Podemos asomarnos a los cimientos de nuestra propia existencia, pero no viajar a más de "c". Solo la luz puede recorrer un año luz en un año.

Índice de Contenidos (6)

Definamos constantes: la velocidad de la luz

La velocidad de la luz es la pieza clave en la ecuación de Einstein. Esa "c" no es solo un número, sino el factor de conversión que une los conceptos de masa (m) y energía (E). Es una constante que representa la velocidad de la luz en el vacío, pero también el límite de velocidad para la propagación de cualquier tipo de información, señal o partícula material en el universo. Si lo piensas muy fuerte, es el límite de la causalidad misma: un efecto no puede ocurrir antes de que su causa, propagándose a la velocidad máxima de "c", pueda alcanzarlo.

Esta velocidad es la misma para cualquier observador en el universo, sin importar su propio estado de movimiento. Si viajas en una hipotética nave espacial al 99% de la velocidad de la luz y enciendes una linterna, la luz de esa linterna se alejará de ti exactamente a la velocidad de la luz, no a una fracción de esta. Es una de las constantes universales de la física. Y las observaciones del fondo cósmico de microondas, la luz remanente del Big Bang, confirman que no ha cambiado de manera medible en más de 13.800 millones de años.

¿A qué velocidad va la luz, entonces? Aunque suene extraño, la velocidad de la luz en el vacío tiene un valor exacto y definido: 299.792.458 metros por segundo. Por ponerlo en cifras más terrenales, equivale a casi mil millones de kilómetros por hora. Un fotón de luz daría la vuelta al ecuador de la Tierra unas 7,5 veces en un solo segundo. Es, según la teoría de la relatividad especial de Albert Einstein, el límite de velocidad definitivo e inquebrantable del universo.

Una epopeya sobre medir lo inmedible

Calcular la velocidad de la luz ha sido una de las grandes sagas de la ciencia. Tras los debates filosóficos de la antigua Grecia y un ingenioso pero fallido intento de Galileo usando lámparas entre colinas distantes, la primera estimación llegó en 1676. Observando los eclipses de Ío, una de las lunas de Júpiter, el astrónomo danés Ole Rømer notó que tenían una duración distinta según la época del año. Dedujo que se debía al tiempo adicional que tardaba la luz en cruzar la órbita de la Tierra cuando nuestro planeta se alejaba de Júpiter. Rømer estimó la velocidad de la luz en 220.000 km/s, una cifra asombrosamente cercana para la época.

Medio siglo después, en 1728, el físico inglés James Bradley refinó esta medida usando un método diferente: la aberración de la luz estelar. Observó que la posición aparente de las estrellas cambiaba ligeramente debido a la velocidad de la Tierra en su órbita. Algo parecido a cómo la lluvia parece caer en ángulo cuando corremos. A partir de este efecto, calculó una velocidad de 301.000 km/s, un valor con un error de apenas un 1%.

El experimento de Michelson

El experimento de Michelson. Imagen | Popular Science (1930)

No fue hasta 1887 que los científicos descubrieron el aspecto más sorprendente de la velocidad de la luz. Albert Michelson y Edward Morley intentaban detectar el "éter luminífero", un supuesto medio invisible que, según la creencia de la época, llenaba el espacio para permitir la propagación de la luz. Con su experimento esperaban medir una diferencia en la velocidad de la luz dependiendo de si se movía a favor o en contra del "viento de éter" creado por el movimiento de la Tierra. Sin embargo, no encontraron ninguna variación en absoluto.

A veces, el progreso científico no proviene de encontrar lo que se busca, sino de aceptar la evidencia que echa por tierra viejas certezas. Así fue como este fracaso se convirtió en uno de los resultados más importantes de la historia de la física. Demostró que la velocidad de la luz era constante independientemente del movimiento del observador, derribando la teoría del éter y sentando las bases empíricas para la revolución que Einstein desataría más tarde.

Qué es un año luz y para qué se usa

Desde 1983, la velocidad de la luz ya no es algo que los científicos intenten medir con una precisión cada vez mayor. Su valor se fijó con tal exactitud que ahora es el propio metro el que se define en función de la luz. Un metro es "la longitud del camino recorrido por la luz en el vacío durante un intervalo de tiempo de 1/299792458 segundos".

Este cambio esconde una verdad profunda: la constancia de la velocidad de la luz es una propiedad más fundamental de nuestro universo que nuestras propias unidades de medida. Ya no usamos metros para medir la velocidad de la luz, usamos la velocidad de la luz para definir el metro. Y así es como nace una de las unidades de medida más grandes que utilizamos, y que ha sido crucial para comprender las inmensas escalas del universo.

A pesar de que su nombre incluya la palabra "año", un año luz no es una medida de tiempo, sino de distancia. En pocas palabras, un año luz es la distancia que un rayo de luz recorre en el vacío durante el transcurso de un año terrestre. Es decir, en 365 días. Dada la increíble velocidad a la que viaja la luz, se trata de una distancia astronómica, de aproximadamente 9,5 billones de kilómetros.

Utilizamos los años luz porque las distancias en el espacio son tan enormes que medirlas en kilómetros resultaría totalmente impráctico. Por ejemplo, el exoplaneta más cercano a la Tierra, Próxima Centauri b, se encuentra a unos 4,2 años luz de distancia. En kilómetros, esa cifra sería de casi 40 billones, un número mucho más difícil de manejar y contextualizar.

Cómo se calcula un año luz en kilómetros

Un láser sale del telescopio VLT de ESO

Un láser señala el centro de la galaxia desde el telescopio VLT. Imagen | ESO

Vamos por partes. Si la velocidad de la luz es una constante universal, ¿por qué hay que aclarar que "c" es la velocidad de la luz en el vacío? Porque, en realidad, una cosa no quita la otra. La luz va más despacio al atravesar materiales como el agua (225.000 km/s) o el vidrio (200.000 km/s). Esto no es una contradicción, sino el resultado de la interacción de la luz con la materia.

La luz está compuesta por partículas sin masa llamadas fotones. Individualmente, los fotones siempre viajan a 299.792 km/s. Sin embargo, cuando un haz de luz atraviesa un medio material, sus fotones son continuamente absorbidos y reemitidos por los átomos de dicho material. Cada una de estas interacciones introduce un minúsculo retraso. La suma de miles de millones de retrasos hace que la velocidad efectiva de la onda de luz en su conjunto sea menor que c.

La luz es también una onda electromagnética. Al entrar en un medio, su campo eléctrico hace que los electrones de los átomos oscilen. Estos electrones oscilantes generan, a su vez, sus propias ondas electromagnéticas. La onda original y las ondas generadas por los electrones interfieren entre sí, formando una onda combinada que se propaga más lentamente. Pero la luz viaja a una velocidad constante: su ralentización es un efecto de atravesar un campo de átomos.

Dicho esto, el vacío del espacio no es un vacío perfecto. Hay electrones y protones libres en forma de plasma; hay átomos y moléculas dispersas, principalmente de hidrógeno y helio; hay polvo interestelar, y también están la radiación de fondo y los campos magnéticos. Pero su densidad es bajísima, lo que significa que la luz viaja por el espacio a una velocidad muy, muy cercana a c. De modo que el año luz se calcula tomando como referencia el vacío ideal.

Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año. Si algo nos quedó claro en la secundaria es que distancia = velocidad × tiempo. Por lo tanto, la distancia equivalente a un año luz se calcula multiplicando la velocidad de la luz por el tiempo que dura un año terrestre:

  • En números redondos, la luz se mueve a 300.000 km/s y un año tiene 365 días. 365 días × 24 horas × 3600 segundos son 31,6 millones de segundos. 300.000 km/s por 31.600.000 segundos da como resultado una distancia de unos 9,5 billones de kilómetros.
  • Tomando la velocidad exacta de la luz (299.792,458 km/s) y teniendo en cuenta los años bisiestos (365,25 días), el resultado sería de 9.460.730.472.581 km.

Cuánto es un año luz en términos terrenales

El año luz mide distancias tan grandes que escapan de nuestro imaginario. La luz tarda unos ocho minutos en cubrir la distancia del Sol a la Tierra. Si en ocho minutos recorre los 150 millones de kilómetros que nos separan del Sol, en una hora recorrería 11 veces la misma distancia; en un día recorrería 24 veces la distancia diaria; y en 365 días, acumulando todos esos trayectos, llegaría a los mencionados 9,5 billones de kilómetros.

Este gigantesco recorrido es lo que llamamos un año luz. No indica tiempo, sino lo lejos que están las cosas en el cosmos. Para medir tiempos en astronomía seguimos usando años, días, segundos, etc., mientras que para distancias muy grandes usamos, por mera conveniencia, años luz o pársecs, otra unidad astronómica.

Solo hay que mirar al cielo nocturno para comprender la inmensidad del cosmos. Las estrellas más brillantes están a decenas de años luz. Con poca contaminación lumínica también podemos ver a simple vista la galaxia de Andrómeda, la más cercana a nuestra Vía Láctea, que está a 2,5 millones de años luz.

La luz que captan nuestros ojos partió de Andrómeda cuando los Australopithecus poblaban la Tierra, sufriendo por entonces múltiples edades de hielo. En cierto sentido, mirar al cielo nocturno es mirar al pasado. Cuanto más lejos miramos, más atrás en el tiempo viajamos. De esta manera hemos podido ver, con nuestros telescopios más potentes, qué ocurrió tras el Big Bang.

Es imposible viajar a la velocidad de la luz

¿Se puede viajar a la velocidad de la luz? La respuesta a esta pregunta es una de las teorías más famosas de la física: la relatividad especial de Einstein. Y para explicarlo hay que volver a la icónica fórmula E=mc², que conecta la velocidad de la luz con dos conceptos muy diferentes.

Mover un objeto con masa requiere energía. A medida que la masa de un objeto aumenta, también lo hace la energía necesaria para seguir empujándolo. El famoso principio de equivalencia entre masa y energía de Einstein nos dice que la energía y la masa están intrínsecamente ligadas.

Según la relatividad, a medida que un objeto con masa se acelera y se acerca a la velocidad de la luz, su masa relativista aumenta. Para acelerar un objeto con masa infinita, se necesitaría una cantidad infinita de energía, lo cual es, sencillamente, imposible. La velocidad de la luz funciona como el límite de velocidad cósmico definitivo.

¿Por qué? Porque solo las partículas sin masa en reposo, como los fotones, pueden viajar a esta velocidad. Al no tener masa, no se enfrentan a esta barrera de energía y masa infinitas. Para el resto de nosotros, y para cualquier nave espacial que podamos construir, la velocidad de la luz seguirá siendo un horizonte inalcanzable. Nada con masa puede alcanzarla, en realidad. Es el límite de velocidad del universo.

Imagen | Design Bits (Pexels)

En Xataka | Qué tipos de satélites existen: guía para no perderse en una gigantesca red de la que somos cada vez más dependientes

-
La noticia Qué es un año luz y por qué es imposible recorrerlo en menos de un año, según la relatividad de Einstein fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más

Qué es un año luz y por qué es imposible recorrerlo en menos de un año, según la relatividad de Einstein

Qué es un año luz y por qué es imposible recorrerlo en menos de un año, según la relatividad de Einstein

De entre todas las reglas que rigen el universo, una de las más icónicas y a la vez difíciles de comprender es el límite de velocidad universal. La velocidad de la luz no solo es una constante inquebrantable: es el nexo entre la materia y la energía, como describió elegantemente Albert Einstein con la fórmula más famosa de la ciencia: E=mc². Podemos asomarnos a los cimientos de nuestra propia existencia, pero no viajar a más de "c". Solo la luz puede recorrer un año luz en un año.

Índice de Contenidos (6)

Definamos constantes: la velocidad de la luz

La velocidad de la luz es la pieza clave en la ecuación de Einstein. Esa "c" no es solo un número, sino el factor de conversión que une los conceptos de masa (m) y energía (E). Es una constante que representa la velocidad de la luz en el vacío, pero también el límite de velocidad para la propagación de cualquier tipo de información, señal o partícula material en el universo. Si lo piensas muy fuerte, es el límite de la causalidad misma: un efecto no puede ocurrir antes de que su causa, propagándose a la velocidad máxima de "c", pueda alcanzarlo.

Esta velocidad es la misma para cualquier observador en el universo, sin importar su propio estado de movimiento. Si viajas en una hipotética nave espacial al 99% de la velocidad de la luz y enciendes una linterna, la luz de esa linterna se alejará de ti exactamente a la velocidad de la luz, no a una fracción de esta. Es una de las constantes universales de la física. Y las observaciones del fondo cósmico de microondas, la luz remanente del Big Bang, confirman que no ha cambiado de manera medible en más de 13.800 millones de años.

¿A qué velocidad va la luz, entonces? Aunque suene extraño, la velocidad de la luz en el vacío tiene un valor exacto y definido: 299.792.458 metros por segundo. Por ponerlo en cifras más terrenales, equivale a casi mil millones de kilómetros por hora. Un fotón de luz daría la vuelta al ecuador de la Tierra unas 7,5 veces en un solo segundo. Es, según la teoría de la relatividad especial de Albert Einstein, el límite de velocidad definitivo e inquebrantable del universo.

Una epopeya sobre medir lo inmedible

Calcular la velocidad de la luz ha sido una de las grandes sagas de la ciencia. Tras los debates filosóficos de la antigua Grecia y un ingenioso pero fallido intento de Galileo usando lámparas entre colinas distantes, la primera estimación llegó en 1676. Observando los eclipses de Ío, una de las lunas de Júpiter, el astrónomo danés Ole Rømer notó que tenían una duración distinta según la época del año. Dedujo que se debía al tiempo adicional que tardaba la luz en cruzar la órbita de la Tierra cuando nuestro planeta se alejaba de Júpiter. Rømer estimó la velocidad de la luz en 220.000 km/s, una cifra asombrosamente cercana para la época.

Medio siglo después, en 1728, el físico inglés James Bradley refinó esta medida usando un método diferente: la aberración de la luz estelar. Observó que la posición aparente de las estrellas cambiaba ligeramente debido a la velocidad de la Tierra en su órbita. Algo parecido a cómo la lluvia parece caer en ángulo cuando corremos. A partir de este efecto, calculó una velocidad de 301.000 km/s, un valor con un error de apenas un 1%.

El experimento de Michelson

El experimento de Michelson. Imagen | Popular Science (1930)

No fue hasta 1887 que los científicos descubrieron el aspecto más sorprendente de la velocidad de la luz. Albert Michelson y Edward Morley intentaban detectar el "éter luminífero", un supuesto medio invisible que, según la creencia de la época, llenaba el espacio para permitir la propagación de la luz. Con su experimento esperaban medir una diferencia en la velocidad de la luz dependiendo de si se movía a favor o en contra del "viento de éter" creado por el movimiento de la Tierra. Sin embargo, no encontraron ninguna variación en absoluto.

A veces, el progreso científico no proviene de encontrar lo que se busca, sino de aceptar la evidencia que echa por tierra viejas certezas. Así fue como este fracaso se convirtió en uno de los resultados más importantes de la historia de la física. Demostró que la velocidad de la luz era constante independientemente del movimiento del observador, derribando la teoría del éter y sentando las bases empíricas para la revolución que Einstein desataría más tarde.

Qué es un año luz y para qué se usa

Desde 1983, la velocidad de la luz ya no es algo que los científicos intenten medir con una precisión cada vez mayor. Su valor se fijó con tal exactitud que ahora es el propio metro el que se define en función de la luz. Un metro es "la longitud del camino recorrido por la luz en el vacío durante un intervalo de tiempo de 1/299792458 segundos".

Este cambio esconde una verdad profunda: la constancia de la velocidad de la luz es una propiedad más fundamental de nuestro universo que nuestras propias unidades de medida. Ya no usamos metros para medir la velocidad de la luz, usamos la velocidad de la luz para definir el metro. Y así es como nace una de las unidades de medida más grandes que utilizamos, y que ha sido crucial para comprender las inmensas escalas del universo.

A pesar de que su nombre incluya la palabra "año", un año luz no es una medida de tiempo, sino de distancia. En pocas palabras, un año luz es la distancia que un rayo de luz recorre en el vacío durante el transcurso de un año terrestre. Es decir, en 365 días. Dada la increíble velocidad a la que viaja la luz, se trata de una distancia astronómica, de aproximadamente 9,5 billones de kilómetros.

Utilizamos los años luz porque las distancias en el espacio son tan enormes que medirlas en kilómetros resultaría totalmente impráctico. Por ejemplo, el exoplaneta más cercano a la Tierra, Próxima Centauri b, se encuentra a unos 4,2 años luz de distancia. En kilómetros, esa cifra sería de casi 40 billones, un número mucho más difícil de manejar y contextualizar.

Cómo se calcula un año luz en kilómetros

Un láser sale del telescopio VLT de ESO

Un láser señala el centro de la galaxia desde el telescopio VLT. Imagen | ESO

Vamos por partes. Si la velocidad de la luz es una constante universal, ¿por qué hay que aclarar que "c" es la velocidad de la luz en el vacío? Porque, en realidad, una cosa no quita la otra. La luz va más despacio al atravesar materiales como el agua (225.000 km/s) o el vidrio (200.000 km/s). Esto no es una contradicción, sino el resultado de la interacción de la luz con la materia.

La luz está compuesta por partículas sin masa llamadas fotones. Individualmente, los fotones siempre viajan a 299.792 km/s. Sin embargo, cuando un haz de luz atraviesa un medio material, sus fotones son continuamente absorbidos y reemitidos por los átomos de dicho material. Cada una de estas interacciones introduce un minúsculo retraso. La suma de miles de millones de retrasos hace que la velocidad efectiva de la onda de luz en su conjunto sea menor que c.

La luz es también una onda electromagnética. Al entrar en un medio, su campo eléctrico hace que los electrones de los átomos oscilen. Estos electrones oscilantes generan, a su vez, sus propias ondas electromagnéticas. La onda original y las ondas generadas por los electrones interfieren entre sí, formando una onda combinada que se propaga más lentamente. Pero la luz viaja a una velocidad constante: su ralentización es un efecto de atravesar un campo de átomos.

Dicho esto, el vacío del espacio no es un vacío perfecto. Hay electrones y protones libres en forma de plasma; hay átomos y moléculas dispersas, principalmente de hidrógeno y helio; hay polvo interestelar, y también están la radiación de fondo y los campos magnéticos. Pero su densidad es bajísima, lo que significa que la luz viaja por el espacio a una velocidad muy, muy cercana a c. De modo que el año luz se calcula tomando como referencia el vacío ideal.

Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año. Si algo nos quedó claro en la secundaria es que distancia = velocidad × tiempo. Por lo tanto, la distancia equivalente a un año luz se calcula multiplicando la velocidad de la luz por el tiempo que dura un año terrestre:

  • En números redondos, la luz se mueve a 300.000 km/s y un año tiene 365 días. 365 días × 24 horas × 3600 segundos son 31,6 millones de segundos. 300.000 km/s por 31.600.000 segundos da como resultado una distancia de unos 9,5 billones de kilómetros.
  • Tomando la velocidad exacta de la luz (299.792,458 km/s) y teniendo en cuenta los años bisiestos (365,25 días), el resultado sería de 9.460.730.472.581 km.

Cuánto es un año luz en términos terrenales

El año luz mide distancias tan grandes que escapan de nuestro imaginario. La luz tarda unos ocho minutos en cubrir la distancia del Sol a la Tierra. Si en ocho minutos recorre los 150 millones de kilómetros que nos separan del Sol, en una hora recorrería 11 veces la misma distancia; en un día recorrería 24 veces la distancia diaria; y en 365 días, acumulando todos esos trayectos, llegaría a los mencionados 9,5 billones de kilómetros.

Este gigantesco recorrido es lo que llamamos un año luz. No indica tiempo, sino lo lejos que están las cosas en el cosmos. Para medir tiempos en astronomía seguimos usando años, días, segundos, etc., mientras que para distancias muy grandes usamos, por mera conveniencia, años luz o pársecs, otra unidad astronómica.

Solo hay que mirar al cielo nocturno para comprender la inmensidad del cosmos. Las estrellas más brillantes están a decenas de años luz. Con poca contaminación lumínica también podemos ver a simple vista la galaxia de Andrómeda, la más cercana a nuestra Vía Láctea, que está a 2,5 millones de años luz.

La luz que captan nuestros ojos partió de Andrómeda cuando los Australopithecus poblaban la Tierra, sufriendo por entonces múltiples edades de hielo. En cierto sentido, mirar al cielo nocturno es mirar al pasado. Cuanto más lejos miramos, más atrás en el tiempo viajamos. De esta manera hemos podido ver, con nuestros telescopios más potentes, qué ocurrió tras el Big Bang.

Es imposible viajar a la velocidad de la luz

¿Se puede viajar a la velocidad de la luz? La respuesta a esta pregunta es una de las teorías más famosas de la física: la relatividad especial de Einstein. Y para explicarlo hay que volver a la icónica fórmula E=mc², que conecta la velocidad de la luz con dos conceptos muy diferentes.

Mover un objeto con masa requiere energía. A medida que la masa de un objeto aumenta, también lo hace la energía necesaria para seguir empujándolo. El famoso principio de equivalencia entre masa y energía de Einstein nos dice que la energía y la masa están intrínsecamente ligadas.

Según la relatividad, a medida que un objeto con masa se acelera y se acerca a la velocidad de la luz, su masa relativista aumenta. Para acelerar un objeto con masa infinita, se necesitaría una cantidad infinita de energía, lo cual es, sencillamente, imposible. La velocidad de la luz funciona como el límite de velocidad cósmico definitivo.

¿Por qué? Porque solo las partículas sin masa en reposo, como los fotones, pueden viajar a esta velocidad. Al no tener masa, no se enfrentan a esta barrera de energía y masa infinitas. Para el resto de nosotros, y para cualquier nave espacial que podamos construir, la velocidad de la luz seguirá siendo un horizonte inalcanzable. Nada con masa puede alcanzarla, en realidad. Es el límite de velocidad del universo.

Imagen | Design Bits (Pexels)

En Xataka | Qué tipos de satélites existen: guía para no perderse en una gigantesca red de la que somos cada vez más dependientes

-
La noticia Qué es un año luz y por qué es imposible recorrerlo en menos de un año, según la relatividad de Einstein fue publicada originalmente en Xataka por Matías S. Zavia .

Leer más