A Amazon se le atraganta el reparto autónomo: paraliza su ambicioso robot Scout en plena caída de ventas

A Amazon se le atraganta el reparto autónomo: paraliza su ambicioso robot Scout en plena caída de ventas

No hay sueños pequeños, ni sencillos. Amazon lo está comprobando con una de sus grandes aspiraciones, el envío automatizado de paquetes a través de robots autónomos, capaces de eliminar a los repartidores de la ecuación, agilizar procesos y ganar eficiencia. Aunque apunta ya a finales de este año para el impulso del servicio en EEUU, su división con drones Prime Air acumula retraso y una inversión milmillonaria que ha puesto a prueba incluso la paciencia de sus directivos.

La cosa no va mucho mejor con su principal iniciativa para el reparto autónomo por tierra. Los de Seattle acaban de anunciar que aparcan el proyecto del robot de entrega Scout.

Scout, a la cochera. Eso es básicamente lo que acaba de anunciar Amazon. Como avanza Bloomberg, la multinacional ha decidido cancelar las pruebas con su robot de entrega a domicilio Scout y reubicar al equipo técnico que lo impulsaba. En el proyecto trabajaban más de 400 personas a nivel mundial. Que dé un paso atrás con Scout no significa, eso sí, que arroje la toalla. Bloomberg asegura que mantendrá un equipo mínimo centrado en las posibilidades de un robot autónomo.

¿Qué es exactamente eso de Scout? El sueño de Amazon de repartir paquetes a domicilio con pequeños robots autónomos similares a neveras portátiles dotadas de ruedas. Tras una primera fase, la multinacional empezó a experimentar con el dispositivo en aceras de áreas suburbanas de Seatlle en 2019 y más tarde planteó expandirlas al sur de California, Georgia y Tennessee.

La idea era que la máquina se moviese por pequeños vecindarios, llegase a un domicilio con su carga y se abriese para que el cliente pudiera retirarla, todo mediante un mecanismo con baterías que, señalaba la firma, reduciría las emisiones contaminantes. En 2019 la compañía llegó a anunciar que habría media docena de Scout cubriendo entregas en el condado de Snohomish, Washington.

¿Y por qué da un paso atrás ahora? Los de Seattle alegan una simple cuestión de aprendizaje. Sencillamente, Scout no parecía estar apuntando en la dirección adecuada. “Durante nuestra prueba limitada para Scout trabajamos para desarrollar una experiencia de entrega única, pero aprendimos a través de los comentarios que había aspectos del programa que no satisfacían las necesidades de los clientes”, señala un portavoz de Amazon a The Register: “Como resultado, estamos finalizando nuestras pruebas de campo y reorientando el programa”. La compañía no va más allá, pero hay quien apunta a una cuestión de logística o la competencia del servicio postal en EEUU.

El contexto, clave. El anuncio de que Scout echa el freno llega sin embargo en un escenario muy concreto para el sector del comercio electrónico —y, por supuesto, la propia Amazon—, marcado por la desaceleración en el crecimiento de las ventas. Tras el boom del ecommerce que marcó el inicio de la crisis sanitaria, el escenario post-pandemia se está dejando sentir en el sector.

Hace días The Objective publicaba que durante el primer semestre del año Amazon redujo alrededor de un 35% sus ventas de comercio electrónico en España, descenso que habría sido especialmente acusado a lo largo del primer trimestre. No es la única información que apunta en esa dirección. El escenario que dejan el fin de los confinamientos y restricciones a la movilidad, que dieron alas en su día al sector del ecommerce, también estaría llevando a la multinacional a buscar estrategias para adaptar su potente músculo logístico, una decisión que afecta también a España.

El reflejo en Scout. Aunque también recoge las declaraciones de Amazon sobre las pruebas de campo, Bloomberg vincula la cancelación del proyecto con el complejo contexto económico. La decisión, abunda, sería un movimiento para adaptarse a la desaceleración en el crecimiento de las ventas. En septiembre la consultora MWPVL International apuntaba que la empresa ha cancelado o retrasado sus planes para abrir decenas de almacenes repartidos por Estados Unidos.

El reto de los repartos autónomos. Lo cierto es que Scout no es el primer intento de Amazon de poner en marcha el reparto de paquetes con robots autónomos. Tampoco el único que le ha dado dolores de cabeza. El gigante del ecommerce anunció en 2013 sus planes de realizar entregas con drones, algo que entonces veía factible en un horizonte de solo cinco años. Casi una década después el balance del bautizado como Prime Air queda lejos de aquel optimismo inicial.

Pese a los años de pruebas y la más que considerable inversión que le ha dedicado a lo largo de todo este tiempo Amazon —más de 2.000 millones de dólares—, la compañía todavía no ha logrado implantar de forma generalizada el servicio. El sistema presentaría ventajas relevantes, pero también obliga a hacer frente a un reto de calado: la seguridad de sus operaciones en áreas habitadas.

Ir más allá de las pruebas piloto. Este verano Amazon aseguraba que a finales de 2022 quiere implantar el servicio en Lockeford, California, y expandirlo por College Station, Texas. A mediados de agosto la compañía incidía en sus planes para ambas localidades, que responden en cualquier caso a un perfil de pequeña o mediana población, con menos de 150.000 habitantes.

Su objetivo es en cualquier caso claro: ir de una vez por todas más allá de las pruebas piloto y experimentales a las que ha limitado hasta ahora. Amazon no es la única que trabaja en cualquier caso en esa dirección. El delivery con robots ha atraído también a firmas como Walmart, Alphabet o UPS. También a Alibaba, que ya está probando su flota de robots con un concepto similar a Scout.

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El megatúnel submarino entre Corea y Japón: un proyecto titánico que quiere redibujar parte de Asia

El megatúnel submarino entre Corea y Japón: un proyecto titánico que quiere redibujar parte de Asia

Entre Busan, al sur de la península de Corea, y Kyushu, en Japón, distan alrededor de doscientos kilómetros, un pequeña franja de mar salpicada por las islas niponas de Tsushima e Iki. Visto en el mapa parece un pequeño paso angosto entre los mares de Japón y China Oriental, un punto remoto del Océano Pacífico sin más importancia que otros tantos estrechos repartidos por Asia.

Eso a primera vista, claro.

Desde hace más de un siglo colea con altibajos un ambicioso proyecto de infraestructura que permitiría salvar el estrecho y, lo que resulta más importante, crear un nuevo y potente canal de comunicaciones interno en Asia, ampliando las relaciones de Corea del Sur y abriendo a Japón un valioso enlace directo que le permitiría reforzar su influencia en el continente.

Los orígenes del proyecto se remontan a 1917, cuando el militar nipón Kuniaki Koiso planteó la conexión de Japón con el resto de Asia mediante un gran túnel submarino. La otra posibilidad de enlace, un enorme puente que enlazase ambas naciones —explica el popular youtuber Kento Bento—, nunca llegó a valorarse de forma firme dado el intenso flujo de embarcaciones del estrecho.

Una idea con solera

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Desde los tiempos de Koiso la idea ha experimentado vaivenes, incorporándose a los planes de expansión ferroviaria de Asia, sobreviviendo a los convulsos años de la Segunda Guerra Mundial y ganando cierta fuerza a partir de los 80. Con mayor o menor énfasis y de forma intermitente, sus defensores destacan sus ventajas estratégicas. Como apuntaban ya en 2008 académicos y empresarios, “el túnel puede contribuir al proceso de integración del noroeste de Asia”.

Al menos entonces se calculaba que una infraestructura entre Japón y el sur de Corea podría prestar servicio a las más de 20.000 personas que viajaban a diario entre ambos países, canalizaría millones de toneladas de carga y generaría miles de millones de dólares gracias a sus ventajas logísticas.

Para los habitantes de ambos países marcaría además una revolución. Bento señala que si se acompañase de un tren de alta velocidad los dos países estarían conectados en algo menos de una hora y se facilitaría un valioso enlace entre las ciudades de Tokio y Seúl. Japón vería reforzada su influencia en el continente y Corea ganaría un corredor con el tercer país más rico del mundo.

¿Qué características tendría la infraestructura?

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Desde la primera mitad del siglo XX se han puesto sobre la mesa diferentes alternativas que, básicamente, parten del sur de Corea y enlazan en Japón con las áreas de Fukuoka y Karatsu.

En 2018 The International Highway Foundation (IHF) apuntaba que el trazado conectaría Busan y Geojedo, en Corea del Sur, con la ciudad japonesa de Karatsu, en Kyushu, a través de Tsushima. Su longitud total —explica el organismo en su web— rondaría entre 209 y 231 kilómetros, con un tramo submarino que sumaría aproximadamente entre 128 y 145 kilómetros. A lo largo de su recorrido, como muestran los mapas publicados por IHF, enlazaría con las islas de Iki y Tsushima.

En 2009 el Instituto de Desarrollo de Busan publicó un informe sobre la infraestructura con una propuesta de ruta que dejaba la infraestructura en alrededor de 223 kilómetros.

La cifra precisa oscila de unas fuentes a otras, igual que el coste estimado de las obras. Hace poco The Asashi Shimbun hablaba de la conexión de 235 kilómetros entre el norte de Kyushu y el sur de Corea del Sur y apuntaba unos costes generales de 71.000 millones de dólares. Otras fuentes, Bento o UPI, señalan cifras mayores; y hay quien, como Asia News, apunta una inversión menor.

More recently, a Japan-Korea undersea tunnel more than 200km long (longest in the world) has been proposed. It would facilitate travel and trade between the two countries, but nationalists on both sides are opposed and the plan remains on the drawing board. pic.twitter.com/hcbl29KrfU

— Spencer Wells (@spwells) July 28, 2020

¿Se limita el proyecto al papel y los cálculos? No.

Al sur de Japón, llegaron a iniciarse las obras para abrir el túnel submarino con el sur de Corea. La infraestructura la impulsó la Iglesia de la Unificación, fundada en la década de los 50 por Sun Myung Moon. “El proyecto se basó en la creencia de Moon de que Japón debería dejar de ser una nación insular al conectarse con Cora del Sur”, explica un exfuncionario de la IHF a The Asashi Shimbun.

El conducto se excavó en Karatsu y en 2007, precisa el diario nipón, sus responsables habían abierto ya un pozo inclinado de seis metros de diámetro y alrededor de 540 metros de largo. Los trabajos se suspendieron al alcanzar los límites de los terrenos de la propia organización.

La polémica surgida sobre los métodos de recolección de donaciones de la iglesia tras el reciente asesinato de Shinzo Abe —su asesino acusaba a la organización religiosa de haber arrastrado a su madre a la bancarrota y supuestamente disparó a Abe al creer que había ayudado a expandir su influencia— han enfriado aún más el proyecto. Tanto, que algunas autoridades han marcado distancias. “Creo que la visión es bastante absurda”, llegó a apuntar el ministro Tetsuo Saito.

Según señala Asashi, en 2014 la iglesia estimaba que, junto a las donaciones de sus seguidores, destinó más de 10.000 millones de yenes —70 millones de dólares— al proyecto de la IHF.

A lo largo de los últimos años lo cierto es que el proyecto ha contado con el respaldo de políticos, técnicos y dirigentes. El tema se habría puesto sobre la mesa incluso en reuniones al más alto nivel entre representantes de Japón y Corea del Sur. La infraestructura afronta sin embargo retos que van más allá de su complejidad técnica, allanada ya en parte por otras infraestructuras submarinas de calado, como el Eurotúnel del Canal de la Mancha o el de Seikan, abierto en el propio Japón.

Su impulso requiere resolver el reto de la financiación y, al margen de las cuestiones técnicas o de carácter económico, el recelo que en ciertos ámbitos despierta un nuevo enlace entre Japón y Corea, territorios que han mantenido una convulsa relación en el pasado, incluida buena parte del siglo XX.

Imágenes | The International Highway Foundation y Peter Enyeart (Flickr)

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Qué fue de MSN Messenger, el programa de Microsoft que un día pareció ser el futuro de la mensajería en Internet

Qué fue de MSN Messenger, el programa de Microsoft que un día pareció ser el futuro de la mensajería en Internet

Si has soplado ya las veintimuchas velas es bastante probable que un “zumbido” sea para ti algo más que ese molesto enjambre de velutinas que parece taladrarte el cerebro cuando has pasado demasiado tiempo cerca de un bafle o escuchando música con auriculares a todo trapo.

Al menos así lo era cuando eras un chavalín, llegabas por las tardes a casa, te encerrabas en tu habitación y encendías aquel enorme y ronroneante PC para chatear con tus compañeros de clase. Un “zumbido” era por entonces —¡Exacto!— el molesto “toque” con el que un amigo te insistía para que leyeras el mensaje que acaba de enviarte o, simplemente, quería tocarte las narices.

Irritaba igual que tomarse un refresco al lado de un bafle, pero no te dolían los oídos. Al contrario: si había unos que pitaban eran probablemente los de quien te había enviado el “zumbido”.

Lo de las ventanas que vibraban formaba parte de la nutrida maleta con la que MSN Messenger se coló en nuestras vidas para convertirse durante un tiempo en el rey de la mensajería instantánea.

Los años de los "zumbidos" y "guiños"

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En el mismo equipaje estaban las fuentes de texto personalizables, profusión de iconos formato Barroco tardío —había pantallas que acaban convertidas en auténticas ensaladeras tipográficas—; los famosos “guiños”, emoticonos gigantes y casi tan molestos como los zumbidos; o, por supuesto, el inconfundible sonido que acompañaba a los nuevos mensajes: ese fugaz “tinuní” que entonces te ponía de los nervios y hoy escuchas con una aún más incómoda sensación de melancolía.

Y es normal.

MSN Messenger se despidió de nosotros hace ya casi una década. En octubre de 2014 cerraba sus salas después de haberse convertido en un indispensable de las comunicaciones del arranque del siglo XXI. En 2022 bien vale la pena recordar su historia… Y las razones de su ocaso.

Los orígenes de MSN Messenger se remontan a 1999, cuando Microsoft lanzó su propio cliente de mensajería rudimentario, compatible con la red de AIM y apenas dos ingredientes básicos: texto y lista de contactos. La apuesta del gigante de Redmond funcionó y el conocido como “Messenger” acabó convirtiéndose en parte del día a día de los jóvenes con acceso a Internet en casa.

Permitía chatear en tiempo real con una privacidad a años luz del teléfono fijo del salón.

Gran parte de su éxito —y de la tirria que acabó despertando en algunos— se explica por su afán por incorporar nuevas funcionalidades y recursos. Con el paso del tiempo “El Messenger” fue ofreciendo barra de estado, un botón de estatus para informar a tus contactos de si estabas conectado, ocupado u offline, la opción de permanecer “invisible”, emoticonos, “guiños” y “zumbidos”.

Si lo usabas en tus años de instituto o universidad es probable también que te sirviera para compartir archivos en trabajos en grupo o que mataras el tiempo con uno de sus juegos.

A medida que pasaron los años fueron lanzándose nuevas versiones y el servicio acabó renombrándose, hacia mediados de los 2000, como Windows Live Messenger. En junio de 2009 el popular Messenger alcanzaba su cota máxima con 330 millones de usuarios mensuales en todo el mundo. Buenos datos, mal horizonte. Al menos para unos servicios de mensajería instantánea que habían nacido en un escenario bastante distinto al de las redes sociales y smartphones.

Como os explicábamos en 2018, los servicios de mensajería se toparon con un gran problema de base: su modelo de negocio, sobre todo en un Internet en pleno cambio que ofrecía cada vez más contenidos a los usuarios al margen de los dominios de sus proveedores de conexión.

Quienes que hasta entonces habían dedicado las tardes a mandarse zumbidos descubrieron redes sociales como Facebook —lanzado en 2004— y se familiarizaron con el manejo de smartphones, un cambio de paradigma al que, pese a sus intentos, Messenger no logró adaptarse.

De éxito rutilante, el viejo programa que enraizaba en los años 90 se vio degradado a una moda pasajera con cada vez menos parroquianos. No fue la primera ni la última en Internet. Triunfó en la era en la que dominaban los PC y dio paso a la de las redes sociales y los smartphones.

La caída del servicio llevó a Microsoft a iniciar su cierre en 2013, cuando decidió integrarlo en Skype, fundada diez años antes en Dinamarca y que los de Redmond habían adquirido en mayo de 2011. En 2014 echaba el cierre en China y ponía el punto a uno de los grandes de la Red de los 2000, aunque sigue habiendo nostálgicos empeñados en revivir aquellas experiencias de hace años.

Messenger dejó a su paso un buen puñado de recuerdos.

Y, de paso, una nueva acepción para “zumbido”.

Imágenes | Joe Anderson (Flickr)

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Tuvalu corre el riesgo de desaparecer por el cambio climático. Su solución: crearse un “gemelo digital”

Tuvalu corre el riesgo de desaparecer por el cambio climático. Su solución: crearse un

Las cosas no pintan bien para Tuvalu. Si se cumplen las peores previsiones este diminuto país del Pacífico formado por nueve islas que no suman ni 11.000 habitantes y forman una de las naciones más pequeñas del mundo acabará sumergido en cuestión de décadas. Para 2100 la subida del nivel de los océanos podría convertirlo en un bonito recuerdo hundido entre Australia y Hawái.

Los datos desde luego no le sonríen. Su punto más alto se alza apenas 4,5 metros sobre el nivel del mar, con lo que las proyecciones de aumento de los océanos no lo dejan bien parado. Sus habitantes lo saben y ya han movido ficha para garantizar que, incluso en el caso de que el agua acabe desdibujando su litoral y devorando sus campos y calles, Tuvalu no desaparezca.

¿Cómo? Pues básicamente preservando su identidad y recuerdo. Y una forma de lograrlo es dotarse de un gemelo digital. Ya se sabe: a medidas desesperadas, soluciones inverosímiles.

"Algo a lo que aferrarse"

La idea, recogida por The Guardian, se lanzó hace días durante una cumbre del Pacífico en la que el ex fiscal general de la micronación y actual comisionado para Fiji, Eselealofa Apinelu, recalcó que los tuvaluanos deberían tener “algo a lo que aferrarse” si finalmente el Pacífico se traga sus islas.

“Cuando eso ocurra finalmente, que Tuvalu haya desaparecido y todo lo que tenga sea este mundo virtual… deberíamos poder recordar siempre a Tuvalu tal y como es, antes de que desaparezca”, recalcó durante una conferencia. La idea es tan peculiar como aparentemente sencilla: que “como última opción” la cultura y valores de la nación se preserven en un “gemelo digital”.

“Cuando ocurra lo indeseado y Tuvalu parezca desaparecer de verdad, creo que la idea es preservarla, conservarla en un estado tal que las generaciones de tuvaluenses puedan mirar… Esa es la idea de la digitalización”. El reto, reconoció, sería involucrar a los miles de habitantes de la nación para que la iniciativa, si finalmente sale adelante, pueda captar el espíritu del país.

En un video de #COP26, el ministro de Asuntos Exteriores de Tuvalu, Simon Kofe, se mete al mar para demostrar la "realidad del cambio climático" y la subida del nivel del mar.
"Nos estamos hundiendo, pero también lo hace todo el mundo".
📸Ministro de Asuntos Exteriores de Tuvalu. pic.twitter.com/2XyPBr31GO

— Human Rights Watch (@hrw_espanol) November 10, 2021

El uso de gemelos digitales es más o menos habitual en el mundo de las empresas, factorías o incluso en la administración de ciudades. Su nombre indica con claridad en qué consiste: un digital twin no es otra cosa que una representación digital, una versión virtual de un motor, un parque eólico o una ciudad, por poner solo tres ejemplos, que permite trabajar cómodamente con simulaciones.

¿Qué queremos saber cómo responderá un dispositivo bajo determinadas condiciones? Pues se recrean con el gemelo digital sin necesidad de arriesgarse con la pieza real. En el caso de Tuvau lo que busca es preservarse… Si no en el Pacífico, su lugar natural, quizás sí en el metaverso.

Lo del digital twin quizás sea el movimiento más llamativo de los tuvaluenses para garantizar al menos una parte de su futuro, pero no es el primero ni el único. En noviembre de 2021 su ministro de Asuntos Exteriores, Simon Kofe, logró viralizar otra de sus propuestas: buscar vías legales para que, incluso en el caso de que la nación acabe sumergida, siga manteniendo dos elementos clave: su reconocimiento como Estado e incluso la propiedad de sus zonas marítimas.

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Lo llamativo no fue tanto la idea, como la puesta en escena de Kofe. Al pronunciar su discurso el ministro insular utilizó un atril, banderas y una pizarra y se vistió de traje y corbata, los ingredientes convencionales en un acto oficial y de cierta categoría institucional, salvo por una peculiaridad: el acto lo hizo a cielo abierto, con el pantalón remangado y el agua a la altura de las rodillas.

"En realidad estamos imaginando el peor de los escenarios, en el que nos veamos obligados a reubicarnos o nuestras tierras queden sumergidas", recalcó Kofe a la prensa.

Anticipándose a ese futuro el propio Apinelu incidía después de plantear su propuesta en la importancia de que otras naciones vecinas, como Australia, faciliten a los tuvaluanos la búsqueda de nuevos hogares antes de que las mareas directamente les obliguen a hacer las maletas.

Imágenes | Department of Foreign Affairs and Trade (Flickr) y Tomoaki INABA (Flickr)

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Se acabó elegir qué quieres comer en un restaurante (al menos si la inteligencia artificial se sale con la suya)

Se acabó elegir qué quieres comer en un restaurante (al menos si la inteligencia artificial se sale con la suya)

La inteligencia artificial (IA) quiere lograr algo que hasta ahora parecía reservado solo a los padres: saber qué quieres comer antes incluso de que tú mismo lo hayas decidido. Quizás suene a ciencia ficción, quizás resulte incluso distópico, pero en San Francisco hay una compañía que está a punto de lanzar una herramienta con ese propósito: que cuando entres en un local y te acerques a la pantalla para consultar su menú sea el propio dispositivo el que te sugiera un plato.

Uno, por supuesto, ajustado a tus propias características y ánimo.

¿Que tras escanear tu aspecto concluye que lo que te apetece es una buena ensalada con atún? Pues cuando te plantes delante de la pantalla el sistema te mostrará un despliegue con alternativas que giran en torno a esa opción. ¿Que tienes pinta de preferir alitas de pollo, unas costillas bien asadas o una pizza? No hay problema. Eso será lo que veas de entrada en la pantalla.

Todo dentro del menú, claro, y dando al usuario capacidad de decisión.

Ya se sabe: el cliente siempre tiene la última palabra.

Cara de ensalada o cara de hamburguesa

La firma en cuestión se llama Raydiant y empezó especializándose en la señalización digital. Tras crecer en el sector y llevar su tecnología a un buen número de negocios, ahora quiere ir un paso más allá de la mano de la IA. Experiencia no le falta: lleva casi una década, desde 2023, trabajando en el campo. “Los clientes, las empresas, querían usar la analítica para crear mejores experiencias dentro de sus locales”, comenta el responsable de la empresa, Bobby Marhamat, a Quartz.

Ahora ha iniciado la cuenta atrás para lanzar a finales de este mismo año puestos con una IA capaz de ofrecer a cada cliente una experiencia personalizada… Y de paso, claro, aumentar las ventas de los propios negocios. ¿Cómo? Básicamente con cámaras y un sistema capaz de reconocer algunas de las características clave de cada cliente y decidir qué es lo que le apetece comer.

¿En qué se fija la herramienta? Son las propias empresas las que establecen sus estrategias, pero de entrada la raza y el tamaño del cuerpo se quedarían fuera del abanico de categorías que maneja la IA. Su atención se centra en otros aspectos, algunos evidentes y otro más sutiles. En la ecuación entrarían, por ejemplo, la franja de edad, la hora del día, el estado de ánimo o, ya en un puesto bastante más irrelevante, asegura Raydiant, el género del futuro comensal.

We’re excited to announce that Raydiant has acquired @perchexperience , the digital marketing platform for in-store product engagement & sales. Perch combined with Raydiant’s AI and customer experience offerings is a game changer for the retail industry. https://t.co/xZOBYwkhpR pic.twitter.com/6vL6LanTmp

— Raydiant - Experience Platform (@TryRaydiant) September 28, 2022

Para concluir si un cliente es un veinteañero o un jubilado llega con fijarse en ciertos rasgos, como las arrugas; pero otras cuestiones, como si está deprimido o alegre pueden resultar bastante menos evidentes. ¿Cómo lo analiza la IA? Jugando con una paleta de factores entre los que se incluye, por ejemplo, la meteorología: “Lo que se identificó es que si está lloviendo y a alguien no le gusta la lluvia, camina con descontento, el estado de ánimo de su rostro se recoge como descontento”.

La idea es meter esa combinar ese cóctel de factores y llegar a una conclusión clave para el negocio: cuando ese cliente en cuestión se asome a la pantalla, ¿Qué le apetecería ver?

A principios de año Raydiant se hizo con Sightcorp, creadora de un software de análisis. “Para sobrevivir y prosperar en el futuro de las tiendas físicas, las marcas deben ofrecer una experiencia de cliente sin fisuras, cómoda, digital y personalizada; sin embargo, muchas se ven frenadas por las complejidades y alto precio de esos objetivos”, explicaba por entonces Marhamat.

“La experiencia del cliente en las tiendas físicas es increíblemente poderosa. Tienes mil oportunidades de causar mil impresiones en minutos. Cuando es perfecta, es mágica. El estado de ánimo adecuado, junto con la información correcta, en el momento oportuno, es una forma a prueba de balas de impulsar el compromiso, los ingresos y la fidelidad”, señala la compañía en su web.

La solución de Raydiant ofrece una nueva herramienta, pero no es la primera que aspira a ir más allá. En 2019 McDonald´s ya se hizo con Dynamic Yield, una firma especializada en tecnología con la que pretendía personalizar la experiencia del autoservicio. No mucho después, finales de 2021, la CNBC publicaba que la cadena de comida rápida planteaba vendar la startup a Mastecard.

La herramienta de Raydiant plantea también algunas preguntas interesantes sobre la privacidad de los datos, su posible venta a otras empresas o la propia capacidad de la IA para orientar el consumo hacia opciones menos saludables. La firma asegura que la tecnología está diseñada para respetar la privacidad y la información que se procesa es anónima; en lo que a ella respecta, apunta Quartz, garantiza que no guarda datos individualizados ni los vende después a terceras empresas.

La tecnología apuntaría hacia los locales con un servicio rápido.

Imagen de portada | Tetiana Shevereva (Unsplash)

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Tesla ya tiene un prototipo de su robot humanoide Optimus. Y quiere que cueste menos que un coche

Tesla ya tiene un prototipo de su robot humanoide Optimus. Y quiere que cueste menos que un coche

Más que de presumir con los resultados de un proyecto ya concluido se trataba de mostrar pasos adelante y marcar una dirección y eso, precisamente, fue en lo que se centró el AI Day de 2022 de Tesla, celebrado ayer en Palo Alto. Entre proclamas grandilocuentes sobre “un futuro de abundancia” o “transformación de la civilización”, Elon Musk y su equipo presentaron los avances de la firma en uno de sus proyectos más ambiciosos, y desde luego mediáticos: su prototipo de robot.

Si en 2021 la compañía compartió poco más que un concepto que solo podía visualizarse con infografías y una persona disfrazada de robot humanoide, ayer fue varios pasos más allá al mostrar un prototipo de su ingenio Optimus que aporta una impresión inicial de su mecánica y aspecto.

Fue el propio Musk quien se encargó de dar paso a un primer prototipo, una versión inicial de Optimus al que la multinacional se refiere como “Bumble C” y que permite ya apreciar parte de su mecanismo. El robot mostró cómo funcionan algunas de sus articulaciones, avanzó con paso rígido por el escenario, saludó y protagonizó un breve baile que puso a prueba su estabilidad.

"Pude hacer mucho más"

No hubo grandes alardes técnicos sobre el escenario, ni giros que pudiesen comprometer al mecanismo humanoide y dejar un episodio como el que protagonizó Tesla hace varios años con el Cybertruck, cuando un cristal supuestamente "indestructible" reventó durante una demostración con público. Con Optimus se apostó por lo seguro. Incluso Musk reconoció que era la primera vez que el robot bípedo funcionaba por libre, sin el apoyo de “ningún tipo de soporte, grúas o cables”.

Puede hacer mucho más de lo que os acabamos de enseñar. No queríamos que se cayera de bruces, así que ahora os mostraremos algunos vídeos del robot haciendo un montón de otras cosas”, bromeó Musk antes de que su equipo emitiese algunas imágenes de Optimus realizando tareas básicas, como recogiendo cajas o regando. Siempre conectado, eso sí, a una sujeción.

La compañía mostró una segunda versión de su robot, con un aspecto exterior más acabado y “muy cercano a la producción” de Optimus; pero que requirió ayuda de un soporte y los técnicos.

pic.twitter.com/EzxImHtqBP

— Tesla (@Tesla) October 1, 2022

La demostración sirvió a la firma, en cualquier caso, para desgranar algunas de las características técnicas de un proyecto que se alimenta en gran medida de la experiencia acumulada por Tesla en el desarrollo de coches y conducción autónoma. Optimus comparte, de hecho, software y sensores de IA con funciones incluidas en el asistente a la conducción de sus coches.

El prototipo Bumble C está equipado con un paquete de baterías de 2,3kWh, “perfecto” —explicó un técnico de Tesla— para desarrollar “aproximadamente un día completo de trabajo”. El ingenio incorpora además un SoC Tesla y ofrece conectividad WiFi y Long Term Evolution (LTE).

En su desarrollo Tesla está aprovechando su experiencia con el software Autopilot. “Es pasar de un robot sobre ruedas a un robot sobre piernas”, explicó un empleado. La meta: superar los obstáculos para lograr un prototipo funcionar, algo que esperan lograr “en los próximos meses… o años”.

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El objetivo de Tesla es acabar desarrollando un “robot humanoide útil lo antes posible” que pueda fabricarse en grandes cantidades, dotado de una alta fiabilidad y con un bajo coste.

“Se han visto demostraciones de robots impresionantes. Y eso es genial, pero les falta un cerebro, no tiene la inteligencia para navegar por el mundo por sí mismos. También son muy caros y se fabrican a un volumen bajo”, reconoció Musk durante la presentación. Su firma apunta en otra dirección: crear dispositivos “capaces” de los que puedan fabricarse millones de unidades y comercializarlos a un coste muy inferior al de un vehículo. De hecho, aportó una cifra: menos de 20.000 dólares.

Los planes de la multinacional estadounidense pasan por probar los dispositivos en sus propias factorías y tantear su capacidad como trabajadores. Durante su presentación, el CEO de Tesla no dudó en dibujar de hecho un futuro utópico en el que el robot podrá “ayudar a millones de personas”: “Un futuro de abundancia, un futuro donde no haya pobreza, donde la gente pueda tener lo que quiera en términos de productos y servicios. Es una transformación fundamental”.

Imágenes | Tesla

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Los árboles de hoy son mucho más grandes que los de hace décadas. La clave se encuentra en el aire

Los árboles de hoy son mucho más grandes que los de hace décadas. La clave se encuentra en el aire

Emitimos mucho CO2. Muchísimo, para ser más fieles a la realidad. Ya en 2010 un estudio de la Universidad de Almería calculaba que solo en nuestra alimentación, desde que producimos la comida hasta que la expulsamos, cada español emitimos alrededor de dos toneladas de dióxido de carbono anuales. No está nada mal. Sobre todo si tenemos en cuenta que, como ha alertado ya en varias ocasiones la ONU, las emisiones globales han ido creciendo hasta alcanzar niveles récord.

Desde hace años buscamos formas de echar el freno e incluso revertir ese ingente flujo de emisiones. Estrategias hay para todos los gustos: repensar la movilidad, la energía, las propias ciudades o incluso “cazar” el CO2 ya liberado. En ese empeño uno de nuestros grandes y primeros aliados es la vegetación y la fotosíntesis, el proceso por el que las hojas utilizan la energía de la luz solar para combinar el CO2 de la atmósfera con agua y nutrientes y crear así su alimentación.

Un equipo de investigadores de Ohio, en EEUU, acaba de comprobar hasta qué punto los árboles actúan como nuestros aliados para atrapar CO2. Y, sobre todo y lo que resulta realmente asombroso, cómo han cambiado los bosques al hacerlo la propia concentración de carbono en la atmósfera.

Su conclusión es llamativa: el cambio climático está convirtiendo a los árboles en “glotones”.

Durante su estudio el equipo de la Universidad Estatal de Ohio ha comprobado cómo los niveles elevados de CO2 en la atmósfera han aumentado el volumen de madera de los bosques.

"Ayudando a proteger el ecosistema"

“Aunque otros factores, como el clima y las plagas, pueden afectar de algún modo al volumen de un árbol, el estudio descubrió que los elevados niveles de carbono provocaron un aumento sistemático del volumen de la madera en diez grupos diferentes de bosques templados de todo el país”, explica la universidad estadounidense en un comunicado. “Esto sugiere que los árboles están ayudando a proteger el ecosistema de la Tierra de los impactos del calentamiento global”.

La clave, abundan los investigadores de Ohio, está en la propia “fertilización con carbono”: “La entrada de dióxido de carbono aumenta la tasa de fotosíntesis de una planta”.

Según sus cálculos, a lo largo de las últimas dos décadas los bosques de EEUU han secuestrado alrededor de 700 o 800 millones de toneladas de CO2 cada año, lo que representaría del 10 al 11% de las emisiones totales registradas en el país. “Si bien la exposición a altos niveles de CO2 puede tener efectos nocivos en los sistemas naturales e infraestructura, los árboles no tienen problemas para atiborrarse del suministro adicional de gases de efecto invernadero de la Tierra”, aclaran.

¿En qué se traduce esa “glotonería” en la práctica?

La Universidad de Ohio aporta un ejemplo gráfico.

“Si imaginas un árbol como un enorme cilindro, el volumen adicional que el estudio encuentra equivale a un anillo de árbol adicional —explica Brent Sohngen, profesor de Economía Ambiental—. Aunque el crecimiento puede no ser apreciable para el ciudadano medio, en comparación con los árboles de hace 30 años, la vegetación moderna es entre un 20 y 30% más grande”.

Quizás no parezca un porcentaje muy elevado, pero cuando hablamos de enormes secuoyas como las que se dispersan a lo largo de la costa del país, un 20 o 30% más de volumen se traduce en una considerable capacidad adicional a la hora de almacenar dióxido de carbono.

Volumen de madera por hectárea en 1997 y 2017 separados por grupo forestal.
Volumen de madera por hectárea en 1997 y 2017. Datos separados por grupo forestal.

Para trabajar con perspectiva y tener una idea precisa de la evolución, el equipo de Ohio analizó datos históricos del Programa de Inventario y Análisis del Servicio Forestal de EEUU (USFS-FIA), lo que le permitió comprobar cómo ha evolucionado la biomasa de ciertos grupos forestales con el paso de los años. “El estudio estima que entre 1970 y 2015, hubo un aumento significativo en el volumen de madera de los árboles, lo que se correlaciona con un claro aumento en las emisiones de CO2”.

El informe, publicado en Nature Communications, muestra que entre los años 1970 y 2015 las concentraciones de CO2 aumentaron en alrededor de 75 ppm (parts per million).

“Encontramos que este aumento de CO2 estimuló un incremento del volumen de madera en los bosques de 75 años regenerados de forma natural en EEYY en un 12,3%”, zanjan los investigadores antes de aclarar, eso sí, que su análisis se centra en regiones forestales templadas repartidas a lo largo del este de EEUU. Algunos estudios sugieren que en entornos más fríos y menos húmedos los efectos de la exposición al carbono podrían ser menos contundentes en el volumen del arbolado.

Imágenes | Arnaud Mesureur (Unsplash) y Nature Communications

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La noticia Los árboles de hoy son mucho más grandes que los de hace décadas. La clave se encuentra en el aire fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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