Estos aerogeneradores carecen de aspas y no se mueven. Su objetivo: conquistar los tejados

Estos aerogeneradores carecen de aspas y no se mueven. Su objetivo: conquistar los tejados

A simple vista pueden parecer chimeneas, la salida de un extractor de humo o incluso, echándole imaginación, una antena, pero desde luego no lo que son realmente: molinos de viento. Eso, sí, unos muy peculiares, desprovistos de aspas, inmóviles y en parte inspirados en los bólidos de carreras.

La firma Aeromine Techonologies acaba de presentar un peculiar modelo de aerogenerador con el que —asegura— puede generarse “hasta un 50% más de energía que otras opciones sostenibles al mismo o menor coste”. Su sistema está pensado para instalarse en el borde de los tejados, donde se despliegan una red de entre 20 y 40 unidades de captación de viento, aerogeneradores muy diferentes a las grandes turbinas con palas que solemos ver en los parques eólicos.

Su objetivo es aprovecharse de las rachas, razón por la que los aerogeneradores se instalan precisamente al borde de los edificios y frente a la dirección en la que suele predominar el viento.

Otra forma de aprovechar el viento

“El diseño aerodinámico de Aeromine captura y amplifica el flujo de aire del edificio con velocidades de viento tan bajas como 5 mph [unos 8 km/h], similar a las superficies aerodinámicas de un coche de carreras”, explica la compañía, que asegura que el sistema está pensado para edificios con grandes techos planos, como almacenes, centros de logística, factorías o bloques de oficinas.

Sus creadores insisten en que los aerogeneradores de Aeromine carecen de aspas, lo que les permite esquivar algunos de los puntos débiles de las turbinas clásicas, como su impacto visual, el ruido que generan o el riesgo de que dañen aves: “Está inmóvil. Aprovecha la aerodinámica”.

La compañía apunta además que son capaces de generar energía las 24 horas del día, se adaptan a cualquier clima y su tamaño permite aprovechar el espacio disponible en los tejados. Es más, Aeromine calcula que requiere solo el 10% del espacio que ocupan los paneles solares.

“Diseñada para funcionar a la perfección con el sistema eléctrico existente de un edificio, la combinación de la solución eólica de Aeromine con la energía solar en la azotea puede generar hasta el cien por cien de las necesidades energéticas in situ de un edificio, al tiempo que minimiza la necesidad de almacenamiento de energía”, aseguran los responsables de la empresa.

En su web asegura que una sola de sus unidad puede proporcionar la misma energía que 16 paneles solares, si bien no concretan ningún dato sobre los test, incluidas las potencias.

La tecnología que emplea Aeromine se “validó” en una investigación conjunta con Sandia National Laboratories y Texas Tech University y ya se está poniendo a prueba en empresas, incluyendo la química alemana BASF Corporation, que lo ha aplicado en su planta de Wyandotte.

Imagen de portada: Aeromine Technologies

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John Deere ha imaginado el campo en 2030 y es autónomo: así planea sus tractores del futuro

John Deere ha imaginado el campo en 2030 y es autónomo: así planea sus tractores del futuro

No muchas compañías pueden presumir del periplo de John Deere, el gigante de la maquinaria agraria que se ha hecho famoso gracias a sus tractores pintados con chillones tonalidades amarillas y verdes. Cuando se sembró el germen de lo que hoy es una multinacional conocida en medio globo —y al otro probablemente le suene—, hace más de 180 años, faltaban aún varias décadas para que Karl F. Benz probara su vehículo de combustión interna. Por entonces se dedicaba a fabricar arados. Hoy aspira a convertirse en una de las grandes firmas de inteligencia artificial y robótica.

Y, de paso, repensar el propio sector agrícola, uno en el que hay más maquinaria puntera y los granjeros pueden manejarla desde fuera de los campos con ayuda de la tecnología.

Objetivo: 2030. Ese es el ambicioso horizonte con el que trabaja la compañía estadounidense. Como señalan la CNBC o NPR, Deere aspira a disponer de un sistema de agricultura totalmente autónomo aplicable a los cultivos en hilera para el próximo cambio de década, extendiendo el modelo entre su oferta de equipos. Camino tiene avanzado. En enero, durante el Consumer Electronics Show (CES) de Las Vegas, presentó un kit que da un paso más hacia el funcionamiento autónomo de los tractores al permitir a los operarios manejarlo desde cualquier lugar con su smartphone.

Gracias a cámaras, una app y un sistema de inteligencia artificial y aprendizaje automático, el tractor puede funcionar sin ayuda por los itinerarios que se le han marcado. Si detecta incidencias, como un obstáculo fijo, es cuando envía un aviso al granjero. Durante el CES 2022, Deere presentó un tractor 8R capaz de trabajar con IA sin necesidad de llevar a un granjero detrás del volante.

Más allá de los tractores. Aunque los tractores autónomos son probablemente la pieza más conocida de su catálogo, no representan la única que compone el futuro de la agricultura trazado por Deere. La multinacional ha desarrollado sistemas de guiado automático y “agricultura de precisión”, que permiten ganar eficiencia, reducir costes y administrar datos en cualquier momento y lugar con un sistema basado en la nube. Sus técnicos han creado incluso pulverizadores capaces de distinguir entre las malas hierbas y cultivos. La filosofía está muy clara: “Hacer más con menos”.

Un futuro con hardware… y software. En el futuro de la agricultura que traza la compañía no solo cambian los campos y su explotación; lo hace también el propio negocio que rodea a la maquinaria. Deere ha puesto ya los ojos en un nicho de negocio interesante: la comercialización de software. Para finales de esta misma década —señalaba hace poco The Wall Street Journal— la compañía espera que las tarifas por su aprovechamiento generen cerca del 10% de sus ingresos.

La idea pasaría por vender suscripciones para operar una maquinaria cada vez más sofisticada, inteligente y que abre una atractiva vía de facturación. Aunque la venta y sobre todo la reparación de maquinaria suponen un negocio jugoso, el margen de ganancias que deja el software es tentador: un 85% frente al 25% de la venta de equipamiento, según Bernstein. Para 2026 la multinacional espera tener conectadas cerca de 1,5 millones de máquinas y 500 millones de acres —equivalente a algo más de 202 millones de hectáreas— de cultivo a su Centro de Operaciones basado en la nube.

Una estrategia que viene de lejos. La apuesta no es nueva, ni improvisada. Deere lleva casi dos décadas invirtiendo en el desarrollo de tecnología, automatización, análisis de datos, IoT o guiado por GPS y no ha dudado en captar talento externo. En 2017 compró por 305 millones de dólares la firma Blue River Technology y en 2021 adquirió Bear Flag Robotics a cambio de 250 millones.

Los de Illinois —recuerda la CNBC— han creado también una empresa con GUSS Automation y se ha hecho con patentes de la startup Light. Gracias a esa política de inversiones ha podido mejorar, entre otras cosas, sus pulverizadores o avanzar hacia la maquinaria autónoma y semiautónoma.

Un camino por el que no avanza solo. John Deere destaca por su peso en el mercado de la maquinaria agrícola de EEUU, pero no es el único empeñado en modernizar el campo. En el camino hacia la automatización y la mejora del rendimiento han avanzado también AGCO o Case IH. No falta también quien anima a tomarse los avances y anuncios con cautela, como Spethen Vollkmann, de la firma Jefferies, quien recuerda que la flota actual de tractores autónomos es aún limitada y el horizonte de 2030 supone “una eternidad” si se plantea en términos de Wall Street.

Los planes de Deere, quien defiende que contribuye a la eficiencia de las explotaciones, deja tiempo libre al agricultor para otras tareas y permite paliar la escasez de mano de obra en el rural, también despiertan recelos. A lo largo de los últimos años se han registrado quejas por la limitada capacidad que deja a los agricultores para reparar la maquinaria, lo que ha llevado incluso a hackeos.

Imagen de portada: John Deere

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Unos investigadores han dado con el “hackeo” de contraseñas más simple y efectivo: las huellas de los dedos

Unos investigadores han dado con el

“Dicen que para atrapar a un ladrón hay que pensar como un ladrón”. Parece una frase sacada del guion de algún Western de los 70 o un thriller de sábado tarde, pero en lo que ahora nos atañe su autor poco tiene que ver con el cine. La pronuncia el doctor Mohamed Khamis, investigador de la Universidad de Glasgow. Y lo hace para presentar su último estudio: cómo con poco más que una cámara y nociones de machine learning cualquier puede descifrar nuestras contraseñas.

Mano a mano con su equipo, Khamis se propuso concretar cómo de fácil resultaría para un ladrón “cazar” cualquier código de seguridad que hayamos tecleado en un smartphone, ordenador, tablet o incluso en el cajero del banco. Para salir de dudas desarrollaron ThermoSecure, un sistema que se apoya básicamente en dos patas: una cámara termográfica y un modelo de inteligencia artificial (IA) desarrollado específicamente para leer las imágenes y descifrar códigos.

¿Cómo? Con algo en apariencia tan sencillo como nuestra “firma de calor”, el rastro que vamos dejando con las yemas de los dedos a medidas que saltan de una tecla a otra. Nosotros quizás no podamos verlas, pero las cámaras termográficas sí, y con la misma claridad que un retro negro sobre blanco si se dan las condiciones adecuadas. Sus capturas se analizan luego con una IA capaz de elaborar conjeturas con un modelo probabilístico. Suficiente para “descubrir” nuestro código.

Leyendo las teclas

Huellas

“Cuanto más brillante aparece un área en la imagen térmica, más recientemente se pulsó. Al medir la intensidad relativa de las áreas más cálidas es posible determinar las letras, números o símbolos que componen la contraseña y estimar el orden en que se usaron”, señala la universidad.

Con esos datos, al atacante solo le queda probar con combinaciones para dar con la tecla adecuada (guiño, guiño). En su día el Dr. Khamis ya había demostrado que a un aficionado le llega con ver las imágenes térmicas tomadas entre 30 o 60 segundos después de haber tecleado la clave para adivinarla con éxito. Ahora a esa capacidad intuitiva se suma la valiosa ayuda de la IA.

¿Realmente resulta tan sencillo? Los datos calculados por Khamis, Norah Alotaibi y John Williamson y que acaban de publicarse en ACM Transactions on Privacy and Security son elocuentes. Durante su investigación tomaron 1.500 fotos térmicas de teclados QWERTY desde diferentes ángulos y echaron mano del machine learning para que el proceso resultara lo más “preciso” posible.

New research from @GlasgowCS, led by @MKhamisHCI, shows how thermal camera images of keyboards and screens can be analysed by AI to correctly guess computer passwords in seconds. ⌨️

Read more ➡️ https://t.co/5NywPqSZt7 pic.twitter.com/Olourew3zf

— University of Glasgow (@UofGlasgow) October 10, 2022

No les fue mal en el empeño. Descubrieron que ThermoSecure daba en el clavo en el 86% de las ocasiones si se usaba con imágenes térmicas tomadas 20 segundos después de haber utilizado el teclado, porcentaje que descendía al 76% si habían pasado 30 segundos y al 62% si el lapso era de un minuto. Incluso en ese caso la tasa de descifrado superaba con cierta holgura el 50%.

Con un margen de 20 segundos la herramienta era capaz de atacar con éxito incluso contraseñas largas, de 16 caracteres, con una tasa de intentos correctos del 67%, más que respetable. A medida que los códigos se acortaban el porcentaje mejoraba de forma ostensible: con claves de 12 símbolos ThermoSecure adivinaba en el 82% de las ocasiones, con de ocho acertaba el 93% de las veces y si las contraseñas eran de seis elementos la tasa de éxito se disparaba ya hasta el 100%.

El experimento pretende traspasar la teoría y enviar un mensaje claro, explica Khamis: con los recursos adecuados descifrar la clave que acabamos de teclear en un cajero automático de la calle, un ordenador o la pantalla de nuestro móvil resulta relativamente sencillo. Cada vez más.

“El acceso a las cámaras termográficas es más asequible que nunca, se pueden encontrar por menos de 200 libras, y el machine learning también se está volviendo cada vez más accesible. Eso hace que sea muy probable que personas de todo el mundo estén desarrollando sistemas similares a ThermoSecure para robar contraseñas”, recalca el experto de la Universidad de Glasgow.

“Es importante que la investigación en seguridad informática siga el ritmo de estos desarrollos para encontrar nuevas formas de mitigar el riesgo —incide—. También estamos interesados en destacar a los legisladores los riesgos que este tipo de ataques térmicos representan para la seguridad”.

A modo de conclusión el experto plantea algunas posibles soluciones, como replantear la venta de cámaras térmicas, prohibiendo las que no incorporen mejores mecanismos de seguridad en su software, o directamente ponérselo más difícil a quienes quieran hacerse con nuestras claves. ¿Cómo? Khamis plantea algunas que una buena forma es centrarse en los materiales.

Su herramienta resultaba mucho más efectiva con techas fabricadas con plástico ABS que con las de PBT: acertaba en más o menos el 50% de las veces en el primer caso; en el 14% en el segundo.

Otra estrategia interesante es teclear con más rapidez, dejando los dedos menos tiempo sobre las teclas, lo que reduce la duración de la “pista de calor”, utilizar contraseñas largas u optar por métodos alternativas para identificarnos en nuestros dispositivos, como la huella digital o el reconocimiento facial. “Mitigan muchos de los riesgos de un ataque térmico”, recalca el especialista.

Imágenes: University of Glasgow

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La próxima persona más rica del mundo vendrá del espacio: el millonario futuro de la minería espacial

La próxima persona más rica del mundo vendrá del espacio: el millonario futuro de la minería espacial

Neil deGrasse Tyson lo tiene claro. O lo tenía al menos en su día, en 2015. El primer billonario de este nuestro planeta lo será gracias a una fortuna amasada en buena medida con recursos naturales de los asteroides. La realidad es que en 2022 aún no hemos logrado explotar ninguno y para muchos lo de “minería espacial” sigue sonando a ciencia ficción, lejos de aquel lucrativo y milmillonario negocio que imaginaba el famoso astrofísico neoyorquino hace casi una década.

Lejos no es sin embargo sinónimo de imposible y, tras los primeros experimentos empresariales que intentaron abrir camino hace años, empieza a hornearse una segunda tanda de compañías en el sector. Su objetivo: adelantarse en un negocio que se promete de lo más lucrativo.

¿Qué es eso de la minería espacial? El nombre no deja mucho a la imaginación. La minería espacial aspira ni más mi menos que a lo que avanza el término: sacar provecho de la enorme reserva de recursos situados más allá de nuestros yacimientos, más allá de la propia Tierra.

Desde hace años la atención se centra en los “tesoros” minerales de los asteroides. Hace ya más de una década se habla de la posibilidad de su explotación comercial con naves que nos permitan llegar a los recursos energéticos y minerales de estos objetos espaciales. En 2012 había sobre la mesa incluso un proyecto respaldado por James Cameron y James Cameron, ejecutivo de Google.

¿Por qué complicarse yendo tan lejos? Al margen del desafío técnico y de lo mucho que podríamos aprender en el proceso, en juego hay recursos, muchos recursos. Y lo que es lo mismo, dinero, mucho dinero. Harvard International Review explica que la base de datos de Asterank calcula que solo los diez asteroides más rentables por su proximidad y valor potencial dejarían una caja de unos 1,5 billones de dólares. Especialmente interesante es el caso de 16-Psyche, al que se calcula un valor desorbitado, de miles de millones, por su riqueza en hierro, níquel y sobre todo oro.

¿Y hay ventajas más allá? Sí. Más allá de su teórico interés económico, la minería espacial tiene lecturas muy interesantes. Ofrece una valiosa alternativa ante el agotamiento de recursos naturales en la Tierra y paliaría algunas de las consecuencias indeseadas que la actividad tiene aquí, en la Tierra, como su impacto medioambiental o el trabajo infantil en las minas.

Eso sin contar con que brindaría un aliciente y ayuda en la exploración e impulsaría la economía espacial. Hay en cualquier caso quien ve la otra cara de la moneda y advierte de que la llegada de grandes cantidades de recursos de fuera de la Tierra podría devaluar las materias primas globales.

¿Son todo puntos fuertes? Si nuestros ingenieros ya han sido capaces de estampar una nave contra un asteroide lejano para alterar su órbita… ¿Qué nos impide estirar "un poco" la mano para obtener esa valiosa fuente de recursos? Retos técnicos al margen, la respuesta es sencilla: resulta rematadamente caro. Tanto que desluce el atractivo que pueda tener cualquier posible “botín”.

“En la economía actual y en la del futuro cercano, los próximos años, no tiene sentido perseguir metales preciosos en asteroides. Y la razón es que el costo de ir y venir es tan alto que supera con creces el valor de cualquier cosa que se aproveche de los asteroides”, explica Joel Sercel, presidente de TransAstra Corporation a la CNBC. Hir aporta otra perspectiva: la misión OSIRIS-REX organizada por la NASA para lograr una muestra relativamente pequeña de Bennu, un asteroide más o menos próximo a nuestro planeta. ¿Cuál es su coste? Años de trabajo y una potente inversión.

What happened to space mining?

Reality?https://t.co/NhfZbCCqo1

— Patrick McCray (@LeapingRobot) October 10, 2022

¿Hay empresas interesadas? Sí, desde hace tiempo. Hace una década de hecho se dieron esfuerzos importantes de la mano de dos compañías: Planetary Resources, con sede en Seattle; y Deep Space Industries, que le siguió poco después en el empeño por hacer posible la exploración y aprovechamiento de los recursos espaciales. Con el tiempo sin embargo han acabado en manos de empresas que poco tienen que ver con las aspiraciones de la explotación minera espacial.

En 2018 Space News informaba de que Planetary Resources había sido adquirida por una empresa de blockchain y solo un año después apuntaba cómo la firma de tecnología espacial Bradford Space hacía lo propio con Deep Space Industries. En opinión de Matt Gialich, de AstroForge, la clave de su deriva es “la enorme inyección de capital” que necesitaron ambas compañías para su labor.

¿Una nueva horneada de empresas? Esa es la idea que plantean este artículo de la cadena CNBC, que señala una nueva generación de compañías decididas a perseguir el ambicioso horizonte que se trazó hace una década. La cadena cita en concreto a dos compañías: TransAstra Corporation y AstroForge. El objetivo no es hoy mucho más sencillo que entonces, pero apuntan alto.

“Los asteroides pueden proporcionar materias primas para mantener a un billón de personas repartidas por todo el sistema solar. Con estos recursos y la energía del Sol podemos trasladar las industrias pesadas al espacio y preservar la biosfera de la Tierra”, señala TransAstra. En los últimos tiempos el sector espacial también mira con interés los recursos que puede ofrecer la Luna.

¿Cuestión de estrategia... y financiación? La tarea no es sencilla, pero se han marcado ya sus objetivos, como buscar inicialmente agua, acumular experiencia o trasladar al mercado actual la tecnología que se vaya desarrollando para cubrir necesidades. “Depende de la rapidez con la que podamos escalar el negocio y luego obtener experiencia práctica operando sistemas que tienen todos los componentes de un sistema de asteroides; pero podríamos lanzar una misión a un asteroide en un plazo de cinco o siete años”, apuntan desde TransAstra.

Una de las grandes claves es la financiación. A su favor tienen, eso sí, las promesas de una generosa fuente de recursos. "En la Tierra tenemos una cantidad limitada de elementos de tierras raras, específicamente los metales del grupo del platino. Estos son metales industriales que se usan en las cosas cotidianas y nos estamos quedando sin ellos. La única forma de acceder a más de estos es salir del mundo", comenta un directivo de AstroForge. El premio, desde luego, es tentador.

Imagen de portada | NASA / Ernie Wright

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En medio siglo, el planeta ha perdido al 70% de sus animales salvajes. Son pésimas noticias para el futuro

En medio siglo, el planeta ha perdido al 70% de sus animales salvajes. Son pésimas noticias para el futuro

Que llevamos unas cuantas décadas alterando la biodiversidad de este nuestro planeta es algo que sabemos desde hace ya bastante tiempo. Sobre el particular han corrido ríos de tinta, se han lanzado sonoras y profusas promesas y alcanzado incluso alguna que otra victoria. Eso no quita que aún hoy sigamos sorprendiéndonos con los porcentajes que nos ayudan a visualizar cómo de grave es el zarpazo que hemos asestado a nuestro entorno. Del dicho al dato, ya se sabe, va un trecho.

Y el Informe Planeta Vivo de la WWF y la Sociedad Zoológica de Londres aporta datos de calado.

Casi un 70% menos de vertebrados silvestres. Esa es grosso modo la fotografía que deja el estudio y la idea que desde hace algunos días circula por la Red: la Tierra ha perdido el 69% de las poblaciones de vertebrados desde 1970. El porcentaje es demoledor, pero como ocurre a menudo viene acompañado de una letra pequeña sin la que difícilmente puede entenderse bien.

¿Y qué dice en este caso? Que la cosa pinta mal, básicamente. Aunque para llegar a esa conclusión los técnicos de WWF utilizan una metodología que conviene tener presente. Para su ambicioso, completo y consolidado estudio, los autores de Planeta Vivo no analizan —ni especulan siquiera— con toda la vida silvestre del planeta. Lo que hacen es centrarse en una muestra: 31.821 poblaciones de 5.230 especies de mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces.

Cuando los autores aportan un porcentaje, como el del retroceso del 69% en este caso, lo hacen basándose en los datos que manejan entre 1970 y 2018 para esa amplia muestra. Amplia, amplísima, pero no global. La aclaración no le resta impacto, pero ayuda a entenderlo.

Un nuevo toque de atención (el enésimo). Eso es en definitiva lo que deja el último informe de WWF, que en la antesala de la conferencia de líderes CBD COP15 incide en que afrontamos “una emergencia planetaria” que exige medidas contundentes. “Sirve para ver tendencias. Nos indica que la biodiversidad sigue cayendo y hay poblaciones que de media disminuyen mucho más rápido que otras”, señala Enrique Segovia, de WWF España, a El País. A modo de ejemplo apunta la población de delfín rosado en Brasil analizada: si se compara con los datos de 1970, cayó un 65%.

La fotografía en detalle. El estudio no se limita a una visión general. A lo largo de sus páginas los expertos bosquejan diferencias entre regiones del planeta y alguna que otra tendencia que conviene tener presente. Quizás la más alarmante sea la disminución registrada en América Latina y el Caribe, lo que incluye la Amazonía. Allí los expertos han anotado un desplome del 94% en las poblaciones analizadas, la mayor caída de lejos, muy por encima de las anotadas en otras partes del globo.

Como señala The Guardian, en África el retroceso fue del 66%, en Asia y el Pacífico del 55% y en Norteamérica del 20%. En Europa y Asia central el pinchazo es del 18%. ¿Supone eso un dato para el optimismo? Probablemente, apunta WWF, se explique porque aquí o en EEUU las poblaciones ya estaban muy esquilmadas en los años 70 tras décadas de polución. Otra idea igual de curiosa es que la caída parece ensancharse pese a la concienciación: el informe anterior —bianual, es importante matizarlo— señalaba un retroceso del 68% y el publicado en 2018 habla de un 60%.

¿Cuáles son las causas? No hay grandes sorpresas. Al analizar lo ocurrido en la Amazonía, los responsables de WWF señalan la deriva de la deforestación y su impacto en la vida silvestre. Otros factores que explican ese retroceso del 69% serían la sobreexplotación —en los animales de agua dulce se constató un descenso especialmente preocupante—, la polución, los efectos del cambio climático o el impacto de las especies invasoras que, a menudo, introducimos en los hábitats.

“Un millón de especies de plantas y animales están en peligro de extinción, hemos perdido la mitad de los corales del mundo y cada minuto se destruyen áreas forestales del tamaño de 27 campos de fútbol”, recalca WWF, que incide: “Cada año perdemos bosques del tamaño de Portugal” y nuestro sistema para producir alimentos causa el 70% de la pérdida de biodiversidad, consume el 50% del agua dulce y genera el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

#COVID19 es un llamado de atención de la naturaleza. En promedio, las poblaciones de animales🐾 se han reducido en un 60% en los últimos 50 años.

La pandemia es una oportunidad única para cambiar nuestra relación con la #biodiversidad del planeta🍀: https://t.co/JZASySBu6k pic.twitter.com/xe6CBEPjha

— ONU Desarrollo (@pnud) December 29, 2020

Cuestión de retos y consecuencias. He ahí la pregunta clave. Más allá de los porcentajes, ¿qué puede suponer para nosotros la pérdida de biodiversidad? “Resulta vital para nuestra salud, bienestar y progreso económico”, advierte el colectivo. Los expertos alertan de que, entre otras consecuencias, la degradación de los ecosistemas incrementa el riesgo de pandemias y puede favorecer la aparición de plagas que acaben dañando las cosechas; eso sin contar con que los bosques son clave para estabilizar el clima. Sin ellos se calcula que las temperaturas serían un 0,5ºC más cálidas.

Para evitar esos efectos los gobiernos y empresas han adoptado compromisos de descarbonización y control de emisiones y políticas encaminadas a frenar la deforestación y recuperar y preservar las especies autóctonas. Los últimos datos de WWF muestran sin embargo la necesidad de adoptar “acciones transformadoras” que impliquen tanto a las autoridades, como la economía y hogares.

¿Y en España? A finales de 2020 Ecologistas en Acción alertaba que, lejos de frenarse, la destrucción de la biodiversidad en España “continúa acelerándose” y hablaba directamente del “fracaso” en el propósito de frenar la degradación. Más o menos por las mismas fechas trascendía un estudio que concluye que el solo el 9% de los hábitats más valiosos del país están bien conservados. Es más, un aplastante 75% se consideraba directamente en mal estado de preservación.

“Pese a los esfuerzos realizados es necesario seguir actuando para reducir las presiones sobre la biodiversidad, que se han acrecentado en el último sexenio. Los cambios en la ocupación del suelo, la sobreexplotación de especies, la proliferación de especies invasoras y la contaminación son algunas de las principales amenazas a la biodiversidad, sobre las que también incide, directa o indirectamente, el cambio climático”, señala el Ministerio para la Transición Ecológica.

No todo son malos datos. No. También los hay para el óptimos, algunos aportados por el propio Ejecutivo. Hace un año el departamento de Teresa Ribera recordaba que si en la década de los 70 se registraba apenas unas decenas de parejas de águila imperial ibérica, en 2017 había censadas ya 520. Evoluciones similares se habían logrado con el quebrantahuesos —de 22 parejas en 1982 a 133 en 2018—, el oso pardo o lince ibérico. Y el Ejecutivo no es el único en desgranar datos positivos.

Un informe elaborado por la Sociedad Zoológica de Londres y Birdlife International, entre otros organismos, muestra el efecto de las políticas de conservación y protección bien encaminadas. En el caso del lobo gris, que sufrió un severo retroceso en Europa a lo largo del siglo XX, se consiguió una recuperación asombrosa: su población creció un 1.871% desde mediados de los 60. Como muestra este gráfico de Our World in Data, no es el único que ha experimentado un alza positiva.

*Imagen de portada: David Clode (Unsplash)*

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Recursos Humanos tiene un nuevo dolor de cabeza: los perfiles falsos de LikedIn creados con inteligencia artificial

Recursos Humanos tiene un nuevo dolor de cabeza: los perfiles falsos de LikedIn creados con inteligencia artificial

De facilitarles la labor a plantear un reto tan inesperado como difícil de lidiar. Los responsables de Recursos Humanos de las compañías se enfrentan a un problema que sonaría a ciencia ficción hace cuestión de década y media: perfiles falsos de LinkedIn creados con mucho morro y algo de ayuda de la inteligencia artificial. Currículos deshonestos siempre los hubo y personas dispuestas a echarse flores y presumir de cargos que no tienen ni nunca han ejercido también; a ellos se les añade ahora el reto de saber cuándo una foto es o no real en la red y los datos que la acompañan verídicos.

Éramos pocos y… se nos complica la cosa en LinkedIn.

Algo más que adornar el currículo. Ese es en esencia el problema con el que se están encontrando algunas empresas en LinkedIn: perfiles de ejecutivos inventados en los que se combinan textos extraídos de otras cuentas legítimas con —he aquí lo más surrealista del asunto— imágenes generadas por IA que ayudan a reforzar el engaño. Su circulación supone un quebradero de cabeza para las oficinas de RRHH que se apoyan en LinkedIn y quienes administran grupos.

Apuntando a grandes compañías. Una de las voces que ha advertido del problemas es la del reportero experto en seguridad y ciberdelincuencia Brian Krebs, quien hace solo unos días alertaba de un fenómeno curioso, por llamarlo de alguna forma: la creación de “una gran cantidad” de perfiles falsos en LinkedIn de supuestos ejecutivos que se arrogaban funciones de Chief Information Security (CISO) en grandes compañías. Tan grandes, de hecho, que se incluían en la lista Fortune 500.

El problema es mucho más grave de lo que pueda parecer. Krebs relata cómo al buscar en Google quién era el CISO de una gran multinacional energética el primer resultado que se encontró fue una cuenta de LinkedIn fraudulenta. El perfil de LinkedIn del auténtico figuraba en segundo lugar. Otra de las cuentas engañosas de CISO, en este caso de una mujer que aseguraba ejercer ese rol en otro gigante del sector, había logrado colarse en una lista de directivos de una web especializada.

A proliferation of fake executive profiles on LinkedIn is creating major headaches for corporate HR depts and for those managing invite-only LinkedIn groups. The accounts pair apparently AI-generated profile photos w/ text lifted from legitimate accounts. https://t.co/AexL9Ax8R5

— briankrebs (@briankrebs) October 5, 2022

El alcance del problema. A raíz de su investigación Kreb ha observado otras respuestas que apuntan que este tipo de perfiles no son una rareza ni algo exclusivo de los CISO. Eso sí, percibe un interés especial por funciones y sectores relacionados con noticias o fenómenos globales. A modo de ejemplo cita perfiles engañosos de expertos en gestionar tareas de recuperación tras huracanes.

Para manejar algunas cifras el investigador ha hablado con los responsables de un grupo de profesionales de sostenibilidad de LinkedIn con más de 300.000 miembros. “Recibimos más de 500 solicitudes de perfiles falsos para unirse semanalmente”, apunta uno de ellos, quien asegura que el problema se ha agravado desde inicios de año. En total calculan que han bloqueado más de 12.700 perfiles sospechosos falsos solo en lo que va de 2022. “Cuando un bot intenta infiltrarse lo hace en oleadas”, apostilla el responsable de otro grupo de la red social en KrebsonSecurity.

Un problema no del todo nuevo. El vicepresidente de otro negocio, una consultoria, relata cómo hace dos meses identificó miles de perfiles falsos que aseguraban desempeñar algún cargo en su propia organización. Tras quejarse varias veces asegura que LinkedIn le pidió que enviase una lista de todos sus empleados y borró los perfiles que no estaban incluidos. Los intentos de engaño en la popular red social pensada para profesionales, en cualquier caso, no son del todo nuevos.

En abril NPR informaba de una investigación de Renée DiResta y Josh Goldstein que destapó más de un millar de perfiles de LinkedIn que utilizaban rostros generados aparentemente con inteligencia artificial. Quienes los emplean se aprovechan de la mejora de este tipo de tecnología. Hace poco un equipo de investigadores concluía que si nos pidiesen que identificásemos un deepfake solo acertariamos en el 48,2% de las ocasiones. Vamos, si fuese un examen suspenderíamos.

La gran pregunta: ¿Para qué? Solo hay suposiciones. Una es que, al menos en ciertos casos, se vinculen a las conocidas como estafas “pig butchering”, con la que alguien se gana nuestra confianza antes de presionarnos para que depositemos criptoactivos en webs o billeteras digitales. Otra opción es que aprovechen la falsa identidad para hacerse pasar por reclutadores de empleo en LinkedIn y tener así un acceso más sencillo a información personal y financiera de sus víctimas.

Curiosamente, señala Kreb en su artículo, hay bots que parecen no estar monitorizados: ni responden a mensajes ni publican contenido. En una vuelta de tuerca aún más curiosa, en agosto Fortune llegó a publicar sobre la existencia de piratas informáticos que usan LinkedIn o Indeed y copian perfiles con el propósito de crear cuentas y acceder a criptoempresas de EEUU.

¿Puede solucionarse? He ahí otra de las grandes cuestiones. Sobre la mesa ya se han puesto algunas posibilidades que ayudarían a valorar la veracidad de un perfil, como añadir información en cada caso sobre la fecha de creación de la cuenta, algo similar a lo que hace Twitter, o facilitar más herramientas a las empresas para actuar cuando detectan que alguien miente sobre las funciones que ejercen en su organigrama. Lo cierto es que la propia LinkedIn ofrece ya canales para denunciar este tipo de circunstancias. El objetivo: evitar engaños... y jaquecas en las oficinas de RRHH.

Imagen de portada | Souvik Banerjee (Unsplash)

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Hay investigadores intentando crear una capa de invisibilidad. Totalmente en serio

Hay investigadores intentando crear una capa de invisibilidad. Totalmente en serio

De una forma u otra le han sacado provecho Harry Potter, Frodo, Predator, James Bond e incluso Kevin Bacon en aquel thriller del 2000 que llegó a estar nominado al Oscar por sus efectos visuales. La invisibilidad, la idea de pasar completamente desapercibido para cualquiera, es probablemente uno de los sueños más viejos, locos y codiciados de la humanidad. Quizás tú mismo hayas fantaseado de niño con cómo sería ponerte el manto del mago más famoso de Hogwarts.

En el terreno de la fantasía llevamos un buen puñado de años jugueteando con la idea de la invisibilidad —El hombre invisible, de HG Wells, se publicó en 1897—. Ahora es la ciencia la que quiere hacerla suya. Y hay una empresa que asegura haber dado un paso en esa dirección.

La invisibilidad, lo último en confección. Si te gustan la tecnología y la moda es probable que te suene Vallebak, una compañía que a lo largo de los últimos años ha querido llevar el textil un paso (o dos) más allá con ayuda de la ciencia. En 2020 lanzó Full Metal Jacket, una chaqueta fabricada con un alto porcentaje de cobre y diseñada para mantener a raya los virus que luce en su catálogo junto a otras prendas sorprendentes, como Black Squid Jacket, inspirada en el camuflaje del calamar; o piezas capaces de absorber dióxido de carbono o biodegradarse en cuestión de semanas.

Desde hace varios años trabaja para alcanzar otra aspiración aún más compleja: la invisibilidad.

Paso a paso. Tras tres años de trabajo con el [Instituto nacional de Grafeno](Instituto nacional de Grafeno), de la Universidad de Manchester, Vollebak asegura haber desarrollado “la primera chaqueta de camuflaje térmico del mundo”, un logro que —reivindica— “nos aproxima un paso más a la fabricación de una capa de invisibilidad”. De momento la empresa tiene solo un prototipo en desarrollo, pero su aspiración está clara: demostrar la viabilidad del camuflaje térmico portátil y avanzar hacia el ambicioso manto de invisibilidad. A día de hoy, eso sí, reconoce: “Aún no podemos hacer desaparecer a nadie”.

¿Qué ha creado exactamente? En palabras de Vollebak, “la primera chaqueta programable por ordenador”. La prenda incorpora 42 parches de grafeno que se pueden controlar de forma individual igual que si de píxeles se tratara. “Cada uno está compuesto por más de cien capas de grafeno puro. Y controlan la radiación térmica en la superficie de la chaqueta sin cambiar su temperatura”, señala.

Para demostrar las capacidades del prototipo, sus creadores realizaron un juego curioso: escribieron un código que emita al Tetris. Al ver con una cámara al modelo con la chaqueta en vez de apreciar el calor que irradia su cuerpo, lo que se detecta es el patrón del popular juego de los 80.

No digas algodón, di grafeno. “Empezamos cargando el código a un microcontrolador en la chaqueta. El cableado impreso en oro y cobre llega a cada parche de grafeno, aplicándoles voltaje. El voltaje fuerza a los iones entre las capas de grafeno mediante líquido iónico. Y cuantos más iones empuje entre las capas de grafeno, menos radiación térmica emite y más frío parece”, comenta la firma, fundada por los hermanos Nick y Steve Tidball: “Cada parche se puede programar de forma individual para emitir un nivel diferente de radiación térmica. Y esa es la forma en que puede mezclarse con su entorno y parecer invisible para las cámaras infrarrojas”.

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¿Y ahora qué? He ahí la pregunta del millón de dólares. La compañía no se conforma y confía en poder ir más allá con el paso del tiempo y el desarrollo de la ciencia. “A medida que aumentemos la tecnología y reduzcamos el tamaño de los píxeles de grafeno, en teoría se podrá ocultar cualquier cosa. Con suficientes parches y energía, una persona podría simplemente fundirse en un bosque o un avión podría confundirse con una pista de aterrizaje”, abunda la empresa de los Tibdall.

Así, aunque la chaqueta de camuflaje térmico solo funcione ahora en el espectro infrarrojo, sus creadores confían en que el grafeno haga posible “construir una versión que también funcione en el espectro visible al mismo tiempo”. La clave estaría de nuevo en el supermaterial y su respuesta a la aplicación de energía. “Al menos en teoría, cambiar la densidad de carga del grafeno cambiará el color que vemos. Y una vez se tenga un dispositivo que controle todas las longitudes de onda será cuando la posibilidad de construir una capa de invisibilidad empezará a ser muy real”.

Un camino plagado de retos. El objetivo es ambicioso; el camino, complicado. La empresa no lo oculta. Es más, reconoce que para alcanzar su meta deberá superar dos problemas estrechamente relacionados. El primero y central pasa por conseguir una invisibilidad que no se centre únicamente en el espectro visible, algo que podemos lograr con algo tan simple como ocultarnos en una esquina con sombras, tras una puerta o unos arbustos, sino también en el espectro infrarrojo.

Y esa es la meta que persigue la firma. “Los seres humanos son realmente brillantes en las cámaras infrarrojas. Si vas a intentar ocultar a alguien tienes que empezar por ocultarlo en el espectro infrarrojo”, señala la firma, que, aclara, precisamente ha empezado a trabajar en ese reto.

Vollebak nous dévoile la première veste de camouflage thermique au monde rendant le corps humain invisible aux caméras infrarouges. pic.twitter.com/mFESF7bHqQ

— TrenteTroisDegrés (@33Degres) October 3, 2022

Más que una simple chaqueta, más que una máquina. La segunda clave es que para lograrlo es necesario algo más que una capa como la de Harry Potter. Hace falta una ingenio mitad prenda de ropa y mitad máquina. “Y eso no es algo que se haya hecho realmente antes —continúa Vollebak—. Los dispositivos electrónicos y la tela son históricamente incompatibles. Sencillamente, uno es duro y el otro resulta blando”. De momento sus esfuerzos han derivado en un prototipo, una prueba de concepto, pero el objetivo va mucho más allá: lograr lo nunca visto (guiño, guiño).

Un objetivo que no persiguen solos. Vollebak no es la primera empresa que aspira a hacer realidad el viejo sueño de la infancia de echarse un manto encima y desaparecer de la vista del resto del mundo. En 2019 la canadiense Hyperstealth Biotechnology anunció cuatro patentes entre las que se incluía un peculiar material, el Quantum Stelth, que supuestamente permite disfrutar de algo muy parecido a ese efecto. Y como siempre es más fácil creer lo que se ve que lo que se lee, la empresa llegó a publicar un vídeo de demostración. No mucho más tarde el Ministerio de Defensa de Israel y Polaris Solutions afirmaban disponer de una lámina de ocultación térmica con polímeros.

Por supuesto hay quienes recelan de que alguna vez podamos emular a Potter e incluso han dejado claro que las leyes de la física impiden lograr capas similares a escala humana. Hace años, en 2016, un equipo de la Universidad de Texas en Austin que apunta precisamente en esa dirección.

Imágenes | Vollebak

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La Armada rusa tuvo la feliz idea de diseñar y fabricar barcos de guerra redondos. Le salió regular

La Armada rusa tuvo la feliz idea de diseñar y fabricar barcos de guerra redondos. Le salió regular

Si algo funciona, ¿para qué tocarlo? Desde luego no es la máxima de la que más rédito ha sacado la historia de la tecnología, ni la que más anima a la innovación; pero hay veces en las que sí es la más inteligente. Que se lo digan si no a Andréi Alexandrovich Popov, artífice de una de las embarcaciones más curiosas y malhadadas de la Armada rusa, a las que incluso dio nombre: los “popovkas”, buques de combate con armas, botes... y forma circular. Exacto, igual que gigantescos nenúfares.

En la segunda mitad del siglo XIX Andréi A. Popov, oficial de la Armada Imperial Rusa, llegó a la poca ortodoxa conclusión de que lo que realmente necesitaba la flota de su país eran barcos con diseño de oblea. Suena disparatado, pero ni Popov era el primero en pensar en las ventajas de un modelo así ni su razonamiento, visto con calma y sobre el papel, resultaba tan extravagante.

Tras el fin de la Guerra de Crimea y el Tratado de París, el Mar Negro había quedado convertido —al menos en teoría— en una vasta área libre de militares, una perspectiva con la que Rusia no se sentía del todo cómoda. Sin sus buques de guerra ni fortificaciones asegurando la zona, quedaba expuesta frente al Imperio Otomano. Por si eso fuera poco la medida tampoco contribuía a sus aspiraciones de conseguir un acceso directo al Mediterráneo. Hacía falta una solución. Y lo antes posible.

A su favor San Petersburgo tenía las ideas bastante claras: quería embarcaciones bélicas que se adaptasen bien al escenario, capaces de defender las costas del estratégico Estrecho de Kerch y la desembocadura del río Dniéper. Y sobre todo intimidar a cualquier enemigo que rondase la zona.

Las ideas claras... sobre el papel

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Al analizar la situación Popov llegó a la conclusión de que lo mejor era optar por estructuras ligeras, bien armadas, capaces de defender el litoral y… —lo realmente curioso— con un diseño circular, más parecido a rosquillas que a buques. No era el único convencido de que en ciertas circunstancias un diseño así resultaba más interesante que la tradicional configuración estilizada de los navíos.

Las ventajas de los barcos con una manga amplia ya las había trazado el prestigioso ingeniero escocés John Elder y, lejos de Glasgow o San Petersburgo, también captaron el interés de Edward Reed. Razones no les faltaban, como recuerdan en Va de barcos y La Brújula Verde.

Al menos sobre el papel.

Al estirar al máximo su manga, la embarcación reducía el calado y la superficie que debía blindarse. Eso sin contar con que ganaba teóricamente capacidad para transportar cañones de gran calibre. Se perdía velocidad, cierto, pero aquello no era nada que no se paliase con unos buenos motores.

Popov trazó, en resumen, un barco capaz de manejarse en aguas poco profundas y lucir un armamento que arredraría al más pintado de los enemigos. Quizás su configuración resultase un poco estrafalaria, pero en ingeniería aplicada a la guerra tampoco es que importase gran cosa.

La idea era lo suficientemente sólida como para convencer al gran duque Kontsntin Nikolayevich, almirante de la Armada, así que Popov pudo pasar del papel al astillero. Se decidió fabricar cuatro unidades y tras varios prototipos que el mismísimo zar apodó “popovka” el buque empezó a fabricarse en abril de 1871 y quedó finiquitado casi en la Nochevieja de ese mismo año.

Aunque Nikolayevich se había decantado en un inicio por un diseño amplio, de 46 metros de diámetro, provisto de cuatro cañones y más de 6.000 toneladas de desplazamiento, su factura resultaba tan rematadamente estratosférica que hubo de conformarse con una versión algo menor y más ajustada a las cuentas de 29 m. El bautizado como Novgorod acabaría superando ligeramente los 30 m de manga con un calado de 4,1 m y casi 2.500 toneladas de desplazamiento.

Lo de la forma de oblea no fue lo único curioso del Novgorod.

Su propia logística parece sacada de un relato de Kafka. Una vez el buque estuvo finalizado la Armada decidió desmontarlo y trasladarlo por piezas primero a bordo de un tren y más tarde en barcaza desde San Petersburgo, donde se había ensamblado, a Nikolaev, su destino final a orillas del Mar Negro. El Novgord no acabó botándose hasta tiempo después, a mediados de 1873.

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Cuadro que muestra al Novgorod llegando a Sevastopol.

The Russian Imperial Dock Nicolaieff Vice Admiral Popoff Ship 1878 J3241823852 Cropped
Grabado que muestra el buque Vicealmirante Popov en 1878.

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Vista de uno de los "popovka" en la que se aprecian sus hélices.

No fue el único “popovka” que surcaría las aguas. En el 72 había arrancado en el propia Nikolaev la construcción de otra embarcación similar, el Kiev, más tarde conocido como Vicealmirante Popov en un guiño al veterano oficial que había planteado el modelo. El navío se finalizó en 1876, a tiempo para el estallido de una Guerra de Oriente —se desarrolló de 1877 a 1878— durante la que el Novgorod se centró básicamente a la defensa del litoral de Odessa.

La (poco épica) leyenda de los "popovka"

¿Resultaron los barcos circulares tan buena idea como creía Popov a principios de esa misma década? No, aunque en justicia su resultado no fue tan malo como lleva a creer la fama que se han labrado los “popovka”, de los que se cuenta incluso que giraban con la fuerza de cada disparo.

La realidad —precisa Va de barcos— es que las bases de los cañones del buque presentaban un fallo que afectaba a los cañonazos y los técnicos tuvieron que corregir. Lo de las supuestas vueltas sin control no es, en cualquier caso, el único pero de las peculiares naves del oficial Popov.

Cuando navegaba en zonas tranquilas su estructura era estable, pero la cosa se complicaba al surcar corrientes fuertes. Entre los vaivenes maniobrar con los cañones no resultaba fácil.

Tampoco era especialmente ágil en los giros, maniobraba con lentitud, alcanzaba una velocidad muy limitada, de apenas 6,5 nudos, y el manejo de sus máquinas de vapor exigía transportar una considerable carga de carbón que —señala la Brújula Verde— le restaba autonomía.

“No fueron capaces de navegar en mar abierto y eran más lentos que tortugas. Por otra parte, la fuerza de los disparos hacía al barco girar sobre sí mismo. Estas naves podrían haber desempeñado un papel menor, solo como medio de defensa costera, pero tampoco de manera destacada”, señala el excomandante de la Flota del Mar Negro, Ígor Kasatónov, en declaraciones recogidas por Russia Beyond. Para rizar el rizo, tampoco estaban muy pensados para acoger tripulación.

Aun pese a su discreta hoja de servicio a la crónica del Novgorod y Vicealmirante Popov les quedaban aún unas cuantas páginas por escribir. Eso sí, sin grandes episodios. A lo largo de los años siguientes siguieron modernizándose, se reforzó su armamento y destinaron a la defensa del litoral, el escenario en el que mejor se defendían. En 1903 se les dio la jubilación y en 1911, tras una venta frustrada, acabaron apuntando su ¿proa? al desguace, donde se escribió su último capítulo.

O no.

Los "popovka" no fueron las únicas embarcaciones que exploraron las posibilidades de expandir la manga a niveles inauditos. Las teorías de Popov aún se probaríam en otro buque, el Livadia, que se botó en julio de 1880 con un diseño ligeramente más estilizado que evitaba que pareciese un enorme plato. Aún hoy, ya bien entrado el siglo XXI, queda en servicio algún barco de forma circular.

Imágenes | Wikimedia, Zandcee, Красовский Н.П.

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En plena crisis energética Noruega se prepara para lograr en 2023 un récord de ingresos con el petróleo y gas: 132.000 millones

En plena crisis energética Noruega se prepara para lograr en 2023 un récord de ingresos con el petróleo y gas: 132.000 millones

En el complejo tablero geopolítico que han dejado la guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia no a todos los países les va igual. Al menos si nos fijamos en las derivadas de la crisis energética que ha alentado. Mientras en Europa los gobiernos buscan estrategias para reducir su consumo con la vista puesta en el invierno, al norte, en aguas escandinavas, hay un estado que ve cómo sus ingresos por la venta de combustibles se disparan a cotas muy superiores a las de años atrás: Noruega.

“Hay momentos en los que no es divertido ganar dinero, y este es uno de ellos, dada la situación”, reconocía en junio, durante una entrevista con una televisión local, Terje Aasland, ministro de Petróleo y Energía de la nación nórdica. Divertido o no, los números hablan claro.

¿Qué dicen los datos? Que el escenario deja un interesante recaudación en Oslo. Los presupuestos presentados este jueves por su Gobierno prevén un flujo de ingresos récord en 2023 procedente del petróleo y gas: 1,38 billones de coronas, alrededor de 132.450 millones de euros. Si se cumple —aclara Swissinfo— supondrá un alza de cerca del 18% en comparación con los ingresos previstos en ese mismo apartado para este año y quintuplicará los registrados durante 2021.

De esa abultada suma, el Ejecutivo plantea destinar 30.319 millones de euros a los presupuestos y los restantes 101.050 al Fondo de Pensiones Global de Noruega, el “fondo petrolero noruego”, que se nutre de los ingresos derivados de los derechos de extracción y arrastraba pérdidas. Ante el alza de precios, el Ejecutivo plantea aumentar los impuestos sobre la industria del petróleo y gas.

Una cifra llamativa, pero no sorprendente. Así es. El dato es llamativo, pero tiene poco de sorprendente ante la deriva de los precios y las sanciones a Rusia. En junio el Gobierno ya calculaba que este año las exportaciones de gas a Europa Occidental crecerían un 8% y superarían el récord de 2017 y en agosto la Oficina Central de Estadísticas informaba de que el mes anterior el superávit comercial había alcanzado los 15.577 millones de euros, un 74,7% más que el mes anterior.

Las ventas de gas natural cuadriplicaban entonces el valor de un año antes, con 13.055 millones de euros. “El cierre temporal y la menor capacidad del gasoducto Nord Stream 1 ha contribuido a hacer subir el precio del gas en julio a niveles récord. Los altos precios del gas son el principal motivo del excepcionalmente alto valor de las exportaciones”, señala el organismo. En septiembre el escenario se complicaba con el cierre de Nord Stream 1, el gasoducto que bombea gas al continente.

El peso del suministro noruego en Europa. Los datos de ingreso reflejan otro igual de relevante: el peso del suministro Noruega. En 2021 el país escandinavo —apostilla El País— cubrió el 20% de la demanda europea y algunos analistas preveían en junio que a finales de este mismo ejercicio rondase el 25% o incluso el 27%, si se diesen las condiciones adecuadas.

En agosto, dos meses después del acuerdo entre Oslo y Bruselas para cooperar en el aumento del suministro de gas, la agencia Reuters aseguraba que la nación norteña había logrado convertirse en el principal proveedor europeo, desbancando a Rusia. Sus datos quedan lejos en cualquier caso del contundente peso de Rusia antes de la guerra. Para adaptarse al escenario, Equinor, en el que el Ejecutivo tiene una participación del 67%, ya ha autorizado un aumento de producción.

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Más allá de Noruega. El país nórdico no es el único en el que se apoya Europa. Otras naciones, como EEUU o Qatar han ganado también relevancia en el nuevo escenario. “Europa dependerá cada vez más de EEUU y Qatar, que planean aumentar significativamente las entregas en los próximos cinco años”, señalaba James Huckstepp, analista de S&P Global Commodity a El País en junio.

Las previsiones recogidas en las cuentas noruegas muestran también la doble dimensión del país: una nación petrolera que destaca, sin embargo, por su firme apuesta por los vehículos eléctricos —el 65% de los que se vendieron en 2021 eran enchufables—, la energía hidroeléctrica y la eólica.

Lectura en clave internacional. El contraste entre el flujo de Noruega y Estados Unidos y el escenario de crisis energética que encara Europa se deja sentir ya en la esfera política. “Algunos países, incluso amigos, están consiguiendo precios astronómicos en algunos casos”, llegó a lamentar el ministro alemán de Economía, Robert Habeck, durante una entrevista con Neue Osnabruecker Zeitung. No es el único en apuntar en una dirección similar y pedir “apoyo mutuo”. Oslo ha mostrado su disposición a negociar con la UE, pero también su rechazo al tope del precio del gas.

Imagen de portada | Jan Arne Wold y Elisabeth Sahl (Equinor) y Øyvind Gravås and Even Kleppa (Equinor)

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China ha creado la batería líquida más grande del mundo con un objetivo: dar energía a 200.000 casas

China ha creado la batería líquida más grande del mundo con un objetivo: dar energía a 200.000 casas

China acaba de colar a Darian en el mapa de las grandes infraestructuras energéticas. Y con razones de peso. La ciudad portuaria, situada en la provincia de Liaoning y en torno a la que se aglutinan más de cinco millones de personas, ha puesto en marcha un sistema de almacenamiento único: la mayor batería de flujo (o líquida) del mundo, una instalación ya conectada a la red que suministrará energía suficiente, calculan sus responsables, para aproximadamente 200.000 hogares cada día.

El anuncio lo ha hecho la Academia China de las Ciencias (CAS), que precisa que la central de almacenamiento de energía —“la de mayor potencia y capacidad del mundo hasta la fecha”, presume— se conectó a la red de Dalian hace varios días, el 29 de septiembre, y se pondrá en marcha hacia mediados de este mismo mes. Durante una primera fase operará con una capacidad de 100 MW/400 MWh, datos que elevarán ya en la siguiente etapa de la infraestructura a 200 MW/800 MWh.

“Tomando como referencia el consumo medio de electricidad en la vida diaria de China, que es de 2 kWh per cápita, la central puede satisfacer la demanda diaria de electricidad de 200.000 residentes, reduciendo así la presión sobre el suministro eléctrico durante los períodos de máxima demanda y mejorando su fiabilidad en la región sur de Dalian”, señala la academia china en un comunicado.

Impulsar las renovables

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La instalación, recalca la CAS, será especialmente valiosa para facilitar el uso de las energías renovables y que el gigante asiático pueda alcanzar sus objetivos de neutralidad de carbono, clave en el país que más ha contaminado a lo largo del año pasado con sus emisiones de CO2.

Las variaciones de viento y luz solar hacen que su aprovechamiento como fuente de energía no siempre resulte sencillo, por lo que la central de Dalian las utilizará para cargar las baterías durante los períodos valle, convirtiendo la energía eléctrica en química. Cuando la red afronte un pico de carga máxima, se reconvertirá en electricidad para transmitirla a los hogares de la ciudad.

La central actuará así a modo de “banco de energía” para atajar los picos de demanda y sacar provecho durante las horas valle. “Ayudará a Dalian a hacer uso de las renovables, como la eólica y solar”, inciden desde la academia de ciencias: “Esta tecnología es prometedora en las aplicaciones de almacenamiento a gran escala por su seguridad, fiabilidad, gran potencia de salida y capacidad, vida útil, buena relación coste-rendimiento, uso de electrolitos reciclables y respeto al medio”.

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Su vocación es servir de “modelo” para el resto del país.

Aunque la central se conecta ahora a la red el proyecto viene ya de atrás, de hace más de un lustro. La Administración Nacional de Energía le dio su visto bueno en 2016 para convertirse en el primer proyecto nacional de demostración de almacenamiento de energía química a gran escala.

La nueva instalación de Darian se basa en la tecnología de almacenamiento de flujo de vanadio, pieza fundamental del sistema y que difiere de las baterías de iones de litio, comunes en los coches eléctricos y smartphones. El sistema —detallan desde New Atlas— echa mano de grandes tanques para almacenar energía química en forma de electrolitos líquidos que se pueden convertir en electricidad gracias a membranas especiales por las que se hace pasar el fluido.

China no es la primera en usar baterías de flujo redox de vanadio. En Alemania, han instalado una cavernas de sal subterráneas que es capaz de suministrar energía diaria a 75.000 hogares. Además de servir a las fuentes renovables, la tecnología de Dalian —aclara la CAS— puede funcionar con la térmica convencional, nuclear y otros aportes, "proporcionando regulación máxima y frecuencia".

“Dada la generación volátil e intermitente de la energía limpia, incluida la eólica y solar, este proyecto puede aumentar el uso de renovables y garantizar la estabilidad de la red”, señala Li Xianfeng, profesor del Instituto de Física Química de Dalian (IDFQ) a Xinhua.

Imágenes | Dalian Institute of Chemical Physics (DICP)

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