“Creamos electricidad de la nada”: la nueva fuente de energía renovable fruto del azar y que se basa en aire húmedo

No solo a golpe de ingenio avanza la ciencia. En ocasiones lo hace por puros ramalazos de suerte. Le ocurrió hace algún tiempo al profesor Jun Yao, de la Universidad de Massachusetts (UMass) Amherst, mientras trabajaba en un sensor para la humedad del aire. El proyecto no tenía mayor intríngulis. Sus conclusiones sí. Cosas del azar, ya se sabe. Mientras trabajaba en el dispositivo un estudiante se olvidó de enchufarlo, pero para asombro de Yao y sus colegas aquel conjunto de tubos microscópicos y nanocables siguió generando una débil señal eléctrica.

Desde entonces han continuado indagando.

Y con resultados prometedores.

¿Generar electricidad de "la nada"? La expresión es de la UMAss, que a comienzos de 2020 sacaba pecho así de lo que habían logrado sus investigadores: desarrollar un dispositivo que básicamente usa una proteína natural para generar electricidad a partir de "la nada", una fórmula efectista que en realidad se refiere a algo mucho más convencional pero igual de sorprendente: la humedad del aire.

Su trabajo lo publicaron en 'Nature', donde el ingeniero Jun Yao y el microbiólogo Derek Lovley explicaban cómo habían elaborado un dispositivo con nanocables de proteína cultivados a partir de la bacteria Geobacter sulfurreducens. El nombre de su aportación: Air-gen. Al conectar electrodos con los finísimos conductos, de unos micrones de espesor, se genera una corriente eléctrica a partir de la humedad.

¿Una nueva fuente? "Estamos literalmente creando electricidad de la nada", celebraba Yao. La tecnología no era contaminante y ofrecía una solución renovable y low cost capaz de generar energía incluso en interiores y zonas particularmente secas, como el desierto del Sahara. Ya entonces su objetivo pasaba por ir más allá y trasladar su invento a una escala comercial, desarrollando dispositivos capaces de alimentar pequeños aparatos electrónicos, como relojes inteligentes, sensores diseñados para monitorizar la salud de sus usuarios o incluso smartphones.

¿Y qué novedad hay ahora? El equipo de UMass no se conformó con el hallazgo divulgado en 2020 y ha seguido trabajando, lo que les ha permitido publicar un artículo en 'Advanced Materials'. Y si sus conclusiones de hace tres años eran prometedoras, estas no lo son menos. Su estudio ha demostrado que casi cualquier material puede convertirse en un dispositivo capaz de captar electricidad a partir de la humedad. Para lograrlo han pasado de los nanocables a perforaciones diminutas. La clave está en que incorpore nanoporos con un diámetro inferior a 100 nanómetros, menos de la milésima parte de un cabello humano.

"De lo que nos dimos cuenta tras hacer el descubrimiento del Geobacter es de que la capacidad de generar electricidad a partir del aire, lo que llamamos 'efecto Air-gen', resulta ser genérica: literalmente, cualquier tipo de material puede cosechar electricidad del aire, siempre que tenga una propiedad determinada", explica Yao, quien celebra que, aunque "simple", su idea "abre todo tipo de posibilidades".

Pero… ¿Cómo funciona? "El aire contiene una enorme cantidad de electricidad", recuerda el profesor de Ingeniería Eléctrica e Informática de la UMass antes de tirar de símiles para explicar su propuesta: "Piensa en una nube, que no es más que una masa de gotas de agua. Cada una de esas gotas contiene una carga y, cuando las condiciones son las adecuadas, la nube puede producir un rayo, pero no sabemos cómo capturar la electricidad de un rayo de manera fiable. Lo que hicimos fue crear una nube a pequeña escala construida por humanos que produce electricidad de manera predecible y continua para que podamos cosecharla".

El núcleo de esa "nube" se basa en el trabajado desarrollado por Lovley y Yao cuando apuntaron las posibilidades de un material elaborado con nanocables de proteína cultivados con Geobacter sulfurreducens. Si utilizan nanoporos de 100 nm es porque ese es el "camino libre medio" de las moléculas de agua, el recorrido que cubre una molécula antes de cochar con otra similar. Lo que plantean es usar una capa llena de nanoporos que permitan pasar las moléculas de agua de la parte superior a la inferior. Dado que la primera capa recibiría el "bombardeo" de más moléculas portadoras de carga, se crea un desequilibrio, como en una nube.

¿Qué posibilidades ofrece? En 2020 los investigadores ya apuntaban las posibilidades del Air-gen, tanto en el terreno de las renovables como en el del diseño de ciertos dispositivos médicos. Su enfoque tres años después sigue siendo igual de ambicioso: "La humedad del aire es una gran reserva de energía sostenible que, a diferencia de la solar o eólica, está disponible de forma continua", recoge el ensayo de 'Advanced Materials'. Su propuesta para la captación de energía a partir de la humedad puede aplicarse además, reivindican, a una "amplia gama" de materiales siempre que presenten nanoporos que permitan el pase de agua.

"Abrimos una amplia puerta para obtener electricidad limpia a partir del aire", celebra Xiaomeng Liu, uno de los autores del artículo. Desde la UMass destacan además que la humedad está siempre presente, lo que permitiría obtener energía 24 horas al día los siete días de la semana y solucionar uno de los hándicaps de renovables como la eólica o solar: las intermitencias, que derivan en desajustes entre cuándo los sistemas generan energía y cuando realmente se demanda.

¿Son los únicos en trabajar en esa línea? No. La higroelectricidad, electricidad de la humedad, ha atraído a otros investigadores, que también han avanzado en el camino. Hace no mucho os hablábamos de hecho de Catcher, un proyecto respaldado por la Unión Europea y que aspira a transformar humedad de la atmósfera en electricidad. En la iniciativa están embarcados Svitlana Lyubckyk y sus hijos, impulsares de CascataChuva. "Desarrollamos una solución tecnológica revolucionaria para producir electricidad mediante la conversión directa de la energía de absorción de la humedad, elaborando un dispositivo de 'humedad atmosférica en electricidad' altamente innovador", detallan en su web.

Imagen de portada: Veronica Alvarado (Unsplash)

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El Jardín del Viento, la nueva superestructura de Madrid: diseñada para cazar brisas y generar su propio microclima

El Jardín del Viento, la nueva superestructura de Madrid: diseñada para cazar brisas y generar su propio microclima

Madrid. Mediados de julio. El termómetro del salón marca treinta y muchos grados. A media tarde y en la calle el mercurio tontea incluso con los 40º, un calor tan achicharrante que casi aturde y a lo único que invita es a abrir la nevera de par en par para disfrutar de su abrazo gélido. Pero… ¿Y si pudieras bajar a la calle y caminar hacia un parque en el que disfrutarás de un ambiente refrescante, un espacio al aire libre en el que el termómetro marca cuatro grados menos?

A eso aspira el Jardín del Viento de Madrid.

¿El Jardín del Viento? Exacto. El nombre del proyecto, aún en papel y del que de momento solo podemos disfrutar en renders, es bastante descriptivo: pretende crear una infraestructura capaz de captar las brisas y aprovecharlas para refrescar su interior. Y no de cualquier manera. A lo que aspiran sus diseñadores es a dar forma a una estructura icónica que incorpore vegetación y esté diseñada para convertirse en "un nuevo referente para la ciudad de Madrid".

¿Y cómo quieren lograrlo? Con una estructura vertical, recubierta de vegetación y lo suficientemente alta como para captar las corrientes de viento suaves y canalizarlas hacia su interior. El objetivo: recrear un microclima propio en el que la temperatura se rebaje entre tres y cuatro grados. "Este gran jardín vertical se levantará sobre la altura de las copa de los árboles para captar las brisas altas y dirigirlas a través de su envolvente verde, reduciendo así la temperatura ambiente en su interior y creando un espacio de frescor", explica Adriaan Geuze, de WEST 8, firma encargada de diseñar su entorno junto a Porras Guadiana Arquitectos.

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¿Dónde se situará? En el futuro Parque Central de Madrid Nuevo Norte, un proyecto faraónico que abarcará una superficie de 3,3 millones de m2 en uno de los bordes de la capital y que sus impulsores presentan como una de las grandes actuaciones de transformación urbana de toda Europa. Sus responsables aspiran a cambiar una franja de terreno de 5,6 km, regenerar más de 2,3 millones de m2 y aseguran que la actuación prevé 400.000 m2 de zonas verdes, 10.500 viviendas, un centro de negocios, conexiones y cubrir 20 hectáreas de vías de tren.

El proyecto incluye también su propio "Central Park", un espacio público bautizado como Parque Central y que se extenderá por una superficie de 14,5 hectáreas. "La nueva puerta de bienvenida a Madrid para los visitantes que vengan de los nodos de transporte público, en especial de la futura estación de Chamartín y su intercambiador de transportes", señala Geuce. Su estudio, WEST 8, y Porras Guadiana Arquitectos, ambos con una huella destacada ya en la ciudad, encabezan el equipo seleccionado para encargarse precisamente de su diseño.

¿Un nuevo icono? A eso aspiran sus impulsores: quieren que el Jardín del Viento se convierta en un "elemento icónico", "un nuevo referente" tanto para Madrid Nuevo Norte como para el conjunto de la capital. La estructura convivirá en el parte con otros elementos, como kioscos, terrazas, pabellones, food trucks o zonas deportivas, y su objetivo es transformarse en un punto de encuentro.

"Estará levantada en el punto donde hemos detectado que se da la principal confluencia de mayor intensidad de los vientos. Es un artefacto o una pieza climática que lo que genera en su interior son condiciones de mayor frescor", explica Juan Tur, responsable de proyectos de WEST 8, a El Español.

¿Y cuál es su futuro? Más allá de su altura o forma en espiral, el interior del Jardín del Viento está planteado como una cubierta vegetal dotada de un sistema de riego y nebulizadores para conservar la vegetación. "Está pensado como una especie de envolvente vegetal en su interior permeable", señalan desde WEST 8. De esa forma las brisas frescas descienden hacia la parte inferior, donde estarían los peatones, y se consigue "un aire fresco que se difunde a todo su alrededor".

Esa es la teoría, claro. Para verlo trasladado a la práctica habrá que esperar algo aún: en febrero El Periódico de España señalaba que, si toda va según lo previsto, las obras de Madrid Nuevo Norte comenzarán en la zona de Las Tablas en 2024 y en el área de negocios y Fuencarral-Tres Olivos el año siguiente.

Imágenes: Madrid Nuevo Norte 1 y 2 y WEST 8

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Las luces LED prometen mejorar la eficiencia energética de las ciudades. En el camino estamos afrontando otros costes

Las luces LED prometen mejorar la eficiencia energética de las ciudades. En el camino estamos afrontando otros costes

Su implantación no avanza por igual en todas las ciudades, pero a lo largo de los últimos años las luces LED han ido ganando un peso cada vez mayor en las farolas que iluminan calles, avenidas y plazas. En España. Y en otros países. Buen ejemplo lo deja Vigo, ciudad empeñada desde hace años en batir récords con un despliegue desenfrenado de LED en sus adornos de Navidad: hace poco su alcalde presumía de que el 30% de su alumbrado público funciona ya con diodos emisores de luz. La tecnología permite ahorrar en kilovatios y factura energética, pero… ¿Son todo ventajas? Desde hace años hay expertos que avisan de sus otros "costes".

Una de las claves está en acertar con la estrategia.

Una revolución llamada LED. Llega un simple vistazo a los anuncios de mejora de los sistemas urbanos del alumbrado público para comprobarlo: las ciudades están apostando por la tecnología LED. En 2019 Valencia avanzó que la implantaría en 11.400 luminarias, en 2019 Barcelona hablaba de la renovación de 7.300 farolas en menos de 24 meses y hace un año Madrid planteaba la instalación de 4.200 nuevas luces de tecnología... —¡Exacto!— LED. Son solo ejemplos de una tendencia que abarca otras muchas urbes, como Málaga, que aspira a despedirse de 2023 con las luces LED extendidas al 60% de sus 67.000 farolas.

¿Y por qué esa apuesta? Por una cuestión de ahorro energético. Así lo planteaba hace ya una década Nueva York, cuando se marcó el ambicioso reto de renovar las bombillas de 250.000 farolas antes de 2018. En otras ciudades ya han echado cuentas: Valladolid calcula que ahorra dos millones de euros al año, Onda habla de de 26.000 y Paterna de 247.000 euros. La clave: su brillo, vida útil, coste de mantenimiento y eficiencia energética. El Departamento de Energía de EEUU espera que en 2035 la mayoría de las instalaciones de iluminación usen LED, lo que se traduciría en un ahorro de más de 569 TWh anuales, equivalente a la producción anual de alrededor de un centenar de plantas de 1000 MW.

El año pasado investigadores de las universidades de Exeter y la Complutense animaban a examinar las mejoras que habitualmente suele a asociarse al LED, como una mayor eficiencia energética y la reducción de costes y emisiones de CO2, con un enfoque crítico: "Suele depender bastante del contexto". En su impacto real influyen fatores como qué tipo de tecnología sustituyen, si ha cambiado el número de luminarias, la intensidad de la luz, los cambios en las emisiones durante la vida útil de las lámparas, la fuente de la electricidad y la demanda. La transición de las luces de vapor de sodio a la nueva tecnología LED también se ha aprovechado en ocasiones para mejorar las propias infraestructuras, su posición y gestión.

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Comparación de imágenes, en parejas, tomadas desde la ISS. La imagen moderna muestra la diferente implementación de LED en diferentes ciudades europeas.

¿Es todo "oro" en la luz LED? No. Hay estudios que advierten de que tiene también su 'cara B'. En 2021 científico de la Universidad de Exeter publicaron un estudio en el que alertaban precisamente del "impacto oculto" de la la transición a la tecnología LED. "Contrariamente a la creencia popular, la instalación de farolas LED de 'blanco amplio', aunque potencialmente proporciona un ahorro de energía, ha aumentado la contaminación lumínica y también los impactos en organismos como las polillas", señalaba Alejandro Sánchez de Miguel, del Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad en el Campus Penryn de Exeter, en Cornualles.

Los cálculos del estudio muestran que en cuestión de 25 años la contaminación lumínica global había aumentado al menos un 49%. El porcentaje solo incluye la luz visible a través de satélites, por lo que los científicos estiman que el incremento real podría ser considerablemente mayor y llegar en ciertas regiones al 400%.

¿A qué se debe esa diferencia? Los expertos de Exeter destacaban que los sensores satelitales permanecen "ciegos" a la luz azul de los dispositivos LED, por lo que subestiman el nivel de emisiones. "Al corregir esto los autores dicen que el aumento real en la potencia emitida por la iluminación exterior y, por lo tanto, de la contaminación lumínica, puede llegar al 270%", precisa el centro británico. Su análisis está en sintonía con el de Ruskin Hartley, de la Asociación Internacional del Cielo Oscuro, quien advierte que la transición a la iluminación de estado sólido "ha ido acompañada de un rápido aumento de la contaminación lumínica".

¿Y qué supone esa tendencia? Hace unos meses otro estudio, publicado esta vez por investigadores de Exeter y de la Universidad Complutense, permitía ir un algo más allá. Con las imágenes tomadas desde la Estación Internacional (ISS) y el satélite estadounidense Suomi NPP pudieron cartografiar cómo había variado la composición espectral de la iluminación de Europa de 212 a 2013 y 2014 a 2020.

"Estas imágenes muestran un cambio espectral generalizado a nivel regional, desde el asociado principalmente a la iluminación de sodio de alta presión hasta el asociado a diodos emisiones de luz (LED) blanca amplia y con mayores emisiones azules, tendencia que aumenta ampliamente el riesgo de efectos nocivos para los ecosistemas", explica la Universidad Complutense, que señala que una mayor luz azul puede implicar "un impacto en la salud" al empeorar la calidad del sueño.

¿Hay más datos? En 2021 The Guardian se hacía eco de un estudio que deslizaba también el impacto de las luces LED. Más concretamente en la población de orugas de la polilla. Los científicos observaron caminos rurales de Inglaterra sin iluminación y luego otros alumbrados con luces de sodio y LED. En los primeros detectaron un 41% menos de insectos; en los segundos, con LED, el descenso era del 52%. Una de las claves: las luces LED blancas producen más luz azul.

En 2022 Anna Palomar, de ISGlobal, señalaba a SMC España que un factor sincronizador clave en el reloj circadiano humano es la luz que recibimos a través de la retina. "La azul, aquella con un espectro de 380 a 450 nm, es la más efectiva a la hora de sincronizar o alterar este sistema", subrayaba la experta, y advertía: "El cambio sistemático hacia un alumbrado público compuesto principalmente por LED ha sido impulsado en muchas ciudades europeas para reducir el impacto medioambiental. Sin embargo, poco se sabe sobre el cambio de color de la luz de este nuevo alumbrado público y su impacto en la salud humana y la planetaria".

¿Debemos renunciar entonces al LED? La pregunta se responde con un comentario a The Guardian de Dougles Boyes, del Centro de Ecología e Hidrología de Reino Unido y uno de los investigadores que estudió el impacto de la tecnología en la naturaleza: "Los LED son los malos de nuestra historia, por así decirlo, pero también tienen el potencial de ser mucho mejores que la iluminación de sodio". Al fin y al cabo son regulables, pueden combinarse con sensores e incluso incorporar filtros pensados para la luz azul. Eso sin contar con su eficiencia energética.

Ashley Pipkin, del Servicio de Parques Nacionales, comentaba hace poco a The Washington Post que la contaminación lumínica "puede mejorar con LED", pero advertía: "Debe prestarse mucha atención al diseño".  Las soluciones pueden pasar por cuidar y meditar la ubicación de la luz, su orientación o incluso el tipo de brillo, si bien la propia Pipkin admite que al menos en la actualidad "la industria no suele ofrecer suficientes opciones con lúmenes más bajos". Tampoco todas las luces de tecnología LED son iguales y presentan diferencias en la temperatura de color.

Imágenes: Bryce Frimming (Unsplash) y A. Sánchez de Miguel et. al./NASA/ESA

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Odón de Buen, el nuevo barco oceanográfico estrella “made in Spain”: permitirá estudios a 6.000 m de profundidad

Odón de Buen, el nuevo barco oceanográfico estrella

Cuando a finales del siglo XIX se embarcó en la fragata Blanca, un vetusto buque de la Armada, con casco de madera y que se propulsaba con una máquina de vapor y sus propias velas, el naturalista zaragozano Odón de Buen y Cos quizás intuyese un par de cosas. Que la expedición náutica por aguas de Europa y el norte de África se prometía fascinante. Que sería dura. Y que podría influir de forma decisiva en su carrera científica, inclinándole, como al final ocurrió, por el estudio de los océanos. Lo que difícilmente podía imaginarse Odón de Buen es que décadas después, ya bien entrado el XXI, su nombre bautizaría un flamante buque oceanográfico.

Y no cualquier navío. El Odón de Buen será uno de los navíos más importantes de la investigación patria, "el buque insignia de la flota científica española", en palabras del propio Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC).

Sus dimensiones y equipamiento le permitirán superar incluso al buque de investigación oceanográfica (BIO) Hespérides, el legendario  navío construido a comienzos de los años 90 en Cartagena y que se usa tanto para investigaciones como para dar servicio a las bases de la Antártida, como la Juan Carlos I.

Asomarse a las profundidades

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De momento el buque es solo un proyecto. Uno, eso sí, que va tomando forma en las instalaciones del astillero Armón, en Vigo, y acaba de lograr un hito clave. Hace solo unos días se botó su casco, de 84 m, para que los técnicos puedan seguir avanzando en su construcción. Si todo marcha según lo previsto, el nuevo navío estará listo en 2024, fecha que ha confirmado esta misma semana el CSIC.

Hasta entonces podemos disfrutar ya de las primeras imágenes del casco, las infografías que muestran cómo será una vez finalizado y su ficha técnica.

El Odón de Buen medirá 84,3 metros de eslora por 17,8 de manga, tendrá capacidad para 58 pasajeros, una autonomía de 50 días de navegación y podrá desplazarse a entre 200 y 300 millas náuticas. El Mundo precisa que tendrá un desplazamiento de casi 4.200 toneladas y dispondrá de propulsión diésel-eléctrica, una planta generadora que abastecerá todos sus sistemas y dos tanques de GNL.

"Podrá operar en todos los océanos, incluidas las regiones polares, y tendrá capacidad para albergar a 58 pasajeros, de los que 39 serán científicos y el resto tripulantes. Además, está dotado de tecnología de vanguardia", abunda el CSIC.

No son los únicos detalles que han trascendido de su ficha.

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Botadura del buque, esta misma semana, en Vigo.

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Vista frontal del navío, aún en el astillero.

El Odón de Buen tiene una clara vocación oceanográfica. Y como tal sus responsables lo han diseñado con un robusto músculo científico. "Su equipamiento destaca por situarse a la vanguardia tecnológica mediante ecosondas, tanto para el estudio del fondo marino como el de pesquerías; vehículos no tripulados, operados remotamente o autónomos; sistemas de muestreo, dragas y 500 metros cuadrados de laboratorio", comentaban hace un año desde el CSIC.

A ese potencial se añade su enorme capacidad de almacenamiento para el transporte de contenedores en cubierta, una característica valiosa durante las misiones de apoyo logístico a las bases antárticas. Pensando en sus investigaciones, el buque ha sido diseñado también para ser especialmente silencioso, "un aspecto fundamental", explica el CISC, tanto a la hora de realizar observaciones del océano sin alterar sus organismos como en el trabajo con las ecosondas científicas.

Una de sus peculiaridades más sorprendentes es que permitirá a los científicos asomarse al fondo marino, a 6.000 m de profundidad. A modo de referencia, los restos del Titanic descansan a una distancia considerablemente inferior: a 3.800 m, en el fondo del Atlántico. "Será el más avanzado de la flota española, al permitir el estudio de ecosistemas, hábitat y fondos marinos en todos los océanos y en profundidades superiores a los 6.000 metros", reivindican desde el CSIC. 

Para sumergirse hasta esas profundidades abisales, el Odón incluirá un vehículo autónomo subacuático. El modelo, precisa El Mundo, será un Konhsberg HUGIN 6000 de 6,5 m de eslora provisto de sónares, cámara y láser de perfilado.

"El Odón permitirá estudiar los ecosistemas, hábitats y fondos marinos en todos los océanos del mundo, incluidas las zonas polares, y en profundidades superiores a los 6.000 metros", destacaba el año pasado el CSIC. Para darle forma el proyecta cuenta con una inversión de unos 85 millones de euros, buena parte aportados desde Bruselas mediante el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, FEDER.

Todo un titán de la oceanografía.

Con el nombre de uno de sus grandes referentes.

Imágenes: CSIC 1, 2, 3 y 4

En Xataka: España tiene al fin su nuevo submarino estrella: el Isaac Peral, 81 metros de eslora y última tecnología

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“La última gran frontera de la ciencia oceánica”: qué es la zona hadal, un infierno de oscuridad total y presión extrema

La exploración submarina se ha colado en la actualidad de la peor de las formas imaginables: por el trágico accidente del sumergible Titan durante una expedición a los vestigios del Titanic que descansan a 3.800 metros de profundidad. La nave de OceanGate no ha sido sin embargo la primera en sufrir un fin similar. Hace casi una década, en mayo de 2014, WHOI perdió un submarino que cedió también a la aplastante presión del fondo marino, el Nereus, si bien sus circunstancias fueron bastante distintas: a diferencia del Titan el sumergible de WHOI no viajaba con tripulación a bordo, era más pequeño y su objetivo estaba a una profundidad mayor, en las oscuras e ignotas aguas de la fosa de Kermadec, a 9.900 m.

Su objetivo eran las aguas de la "zona hadal".

¿La "zona hadal"? Su nombre es un guiño a Hades, el inframundo de la mitología griega y el dios que lo gobierna, lo que nos da ya una primera pista de qué es la "zona hadal". Si dividiéramos el océano abierto (pelágico) en capas, igual que una cebolla, nos encontraríamos con cinco grandes franjas, cada una a mayor profundidad que la anterior y en la que la luz va desapareciendo de forma gradual: la eufótica, que abarca hasta los 200 metros; la crepuscular o mesopelágica, que se extiende hasta los 1.000 m; la batialpelágica, nombre de las aguas que descienden hasta los 4.000 metros, una región a la que ya no llega la luz del sol; y la abisal, como se conoce la columna de agua que desciende hasta los 6.500 m.

Quedaría una quinta franja, la zona hadal. Si bien lo habitual es que el fondo oceánico no esté más allá de los 4.000 o 6.000 m de profundidad, en las fosas esa distancia desde la superficie puede ser mayor y alcanzar los 11.000 m. De hecho, el punto más profundo conocido del lecho marino es el Abismo Challenger, situado a más de 10.900 m. "Si hay un lugar de la Tierra que se pueda considerar terra —o más exactamente aquaincognita es la zona hadal", explica NOAA. Las regiones hadales se compone de fosas separadas y canales y se calcula que si se sumasen todas las repartidas por el mundo se obtendría un área similar al de Australia.

¿Y por qué es importante? Quizás no sea muy extensa, ni desde luego accesible, pero la zona hadal es mucho más que una región de aguas oscuras situada a miles y miles de metros bajo la superficie del océano. Las condiciones que presenta, a una enorme profundidad, sometida a una presión aplastante, privada de la luz y con temperaturas que rondan el punto de congelación lo convierten en un lugar extremo con un enorme potencial para la investigación científica.

Como recuerda WHOI, las paredes de las trincheras que se adentran en las profundidades hadales son el hogar de formas de vida únicas. Más allá de su interés científicos, su estudio puede ayudarnos a comprender cómo se adaptan los organismos a ambientes extremos. No solo eso. Las fosas marinas son interesantes incluso para recabar conocimientos que nos puedan ayudar el día de mañana a la hora de explorar océanos situados fuera de nuestro planeta, como los de las lunas de Júpiter o Saturno, o incluso para el estudio del ciclo del carbono.

¿El estudio del carbono? Así es. Hay investigaciones que sugieren que, al margen de su aspecto enigmático, las fosas marinas son importantes depósitos de carbono. "Se está produciendo un almacenamiento de carbono que es mucho más activo de lo que pensábamos y esto quiere decir que existe un sumidero de CO2 en el océano profundo del que no se tenía ninguna información", explicaba a la BBC en 2011 el biogeoquímico Ronnie Glud, quien subraya el enorme valor de las fosas marinas: si bien cubren cerca del 2% del océano su equipo ha trabajado con la premisa de que su valor en la captura de carbono es "desproporcionado".

"Estimamos una tasa de enterramiento de carbono negro en la zona hadal que es siete veces superior a la media oceánica por unidad de superficie. Proponemos que es un sumidero importante pero ignorado de carbono negro en el océano", remarcaba el año pasado un estudio publicado en la revista 'Nature'.

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Mapa de la fosas marinas de WHOI.

¿Hay vida a semejantes profundidades? Sí. Sometidas a elevadísimos niveles de presión hidrostática, sin luz solar, con recursos limitados para la alimentación, temperaturas muy bajas e hipoxia (ausencia de oxígeno), las regiones hadales son de las más hostiles de la Tierra. A pesar de eso y de representar apenas el 1% del fondo marino, hay organismos que han logrado adaptarse a sus condiciones.

Las primeras campañas relevantes que han estudiado las simas son de mediados del siglo pasado y desde entonces nuestro conocimiento ha ido ampliándose. Hoy sabemos por ejemplo que las especies de vertebrados hadales más comunes son los peces caracol lipáridos, capaces de habitar a más de 8.100 metros de profundidad. En 2019 un grupo de investigadores documentó de hecho una nueva especie en la Fosa de las Marianas, a 7.415 metros de profundidad, el Pseudoliparis swirei, una criatura pequeña, de tonalidad rosada y completamente desprovista de escamas.

¿Qué más hemos visto? Hace unos años un equipo de científicos instaló cámaras con cebos para atraer animales en las Marianas. El material muestra que las profundidades abisales e incluso las hadales están muy lejos de ser yermas. "A poca profundidad, entre los 5.000 y 6.000 m de la llanura abisal, vimos peces de gran tamaño, como colas de rata y anguilas. Por debajo de 6.400 m encontramos camarones decápodos, anfípodos supergigantes y pequeños peces caracol. En las mayores profundidades, cerca de 11.000 m, solo vimos grandes enjambres de pequeños anfípodos carroñeros, parecidos a las chinches de jardín", relatan.

¿El gran reto pendiente? Así se refieren algunos científicos a la región hadal, en la que reconocen "la última gran frontera de la ciencia oceánica". Muchas de las criaturas hadales que conocemos se capturaron de hecho con redes de arrastre en la década de los 50 y 60, durante las expediciones Galathea y la soviética Vitjaz, lo que ha hecho que durante tiempo nuestro conocimiento sobre las criaturas hadales y las profundidades en las que puede haber vida se basasen en datos limitados.

A lo largo de los últimos años y con ayudas de sumergibles y cámaras hemos podido ir más allá. Para avanzar en su conocimiento se han creado programas específico —destaca HADEX, impulsado por WHOI— y se han realizado incluso expediciones tripuladas, como la protagonizada el año pasado por Escribano y Ulloa, quienes descendieron a más de 8.000 m en la fosa de Atacama.

Imágenes: Oceanlab, University of Aberdeen, WHOI 1 y 2

En Xataka: "Fue como descender a otro planeta": la expedición a la fosa del Atacama, a 8.000 metros de profundidad

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The Line aspira a ser la megalópolis del futuro. Estos expertos creen que se parecerá más bien a un infierno

The Line aspira a ser la megalópolis del futuro. Estos expertos creen que se parecerá más bien a un infierno

Sus promotores lo plantean como un paraíso futurista en mitad del desierto, la genuina ciudad del futuro, sostenible, inteligente y plagada de innovación, pero… ¿Y si The Line se pareciera más a una especie de "infierno"? ¿Qué pasaría si una vez levantada, la gigantesca megalópolis presentada en 2021 por el príncipe saudí Mohammed bin Salman se asemejara a un enorme hormiguero donde la gente vive hacinada y condenada a una movilidad ineficiente? Un escenario similar es el que pronostica (advierte) una pareja de investigadores del Complexity Science Hub  de Viena en un artículo que acaba de publicar la prestigiosa revista 'Nature'.

Su ensayo es toda una declaración de intenciones desde el mismo título: "Argumentos para construir The Circle y no The Line en Arabia Saudí".

Un poco de memoria.Pocos proyectos urbanísticos hay, ni siquiera en el a menudo hiperbólico urbanismo de Arabia Saudí o Emiratos Árabes, comparables con The Line. Ni en dimensiones, ni en costes, ni desde luego en ambición. Lo que plantean sus impulsores es levantar una gigantesca ciudad desde cero en la provincia de Tabuk, en una región desértica de Arabia Saudí.

Y lo de "levantar" y "gigantesca" puede tomarse al pie de la letra: el proyecto consiste en construir dos líneas ininterrumpidas de rascacielos que se alzarán los 500 m sobre el nivel del mar, con 200 m de ancho y que se extenderán a lo largo de 170 km conformando un enorme pasillo desde el Mar Rojo. Dentro acogerá cerca de nueve millones de residentes y un despliegue tecnológico que incluye un tren de alta velocidad, agricultura vertical y un diseño que le permitirá nutrirse de energías renovables. "Sin carreteras, automóviles ni emisiones", presume.

Pero… ¿Salen las cuentas? Esa es la pregunta que se hicieron Rafael Prieto-Curiel y Dániel Kondor, autores del artículo que acaba de publicar 'Nature' sobre el proyecto saudí: ¿Qué ocurre si se pasa de los renders y vídeos promocionales a los cálculos? ¿Siguen siendo tan atractivas las promesas de The Line? Si algo demuestran sus conclusiones es que quienes planteen instalarse en la "megametrópoli pasillo" antes deberían conocer ciertos datos.

Su estudio concluye que, con aproximadamente nueve millones de habitantes repartidos a lo largo de 170 kilómetros de enormes rascacielos, la concentración demográfica de The Line sería cuanto menos sorprendente: alrededor de 265.000 personas por kilómetro cuadrado (km2). "Unas diez veces la densidad residencial de Manhattan y cuatro veces la de Manila, considerada una de las ciudades más densamente pobladas de la Tierra", señalan los investigadores.

Para gente dispuesta a pasear (mucho). Las dimensiones de The Line no afectan solo a su densidad de población. Con su talla la mega metrópoli tendrá que afrontar otros retos, no menores: de nuevo según los cálculos de Kondor y Prieto-Curiel, si los nueve millones de residentes de The Line se distribuyen de manera homogénea en cada kilómetro debería haber alrededor de 53.000 personas.

¿Qué supone eso? Que si elegimos dos de esos vecinos al azar la distancia promedio que los separará es de 57 km. El mismo experimento en Johannesburgo, una metrópoli con una extensión muy superior (1.645 km2), arrojaría 33 km.

¿Una megalópolis sin coches? "En The Line las personas están lo más lejos posible de los demás. Considerando que una distancia transitable a pie es de un kilómetro, en The Line solo el 1,2% de la población está a una distancia transitable de los demás. La movilidad activa no es viable en The Line, ya que las distancias son demasiado largas", abundan los investigadores, quienes recuerdan que el proyecto se plantea además como una gran población libre de vehículos.

¿Cuál es el resultado de esa ecuación? Que aunque las necesidades básicas puedan cubrirse con un desplazamiento razonable, de 5 minutos, la mayoría de los viajes a la escuela, el trabajo o lugares de ocio exigirá echar mano del transporte público.

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¿Pero hay un tren rápido, no? Efectivamente. El análisis de Pietro-Curiel y Kondor refleja sin embargo que en la práctica tal vez no resulte un servicio tan eficiente como el que a priori podría imaginarse. The Line será larga, muy larga. Y estará además densamente poblada. El resultado, según los expertos, es que para garantizar que cualquier vecino tiene una estación de tren lo suficientemente cerca como para que el servicio resulte práctico harían falta… ¡86 terminales!

El problema no es que sean muchas estaciones para una urbe de 170 km. El auténtico reto es que si el ferrocarril se tiene que detener en todas o la mayor parte a lo largo de un viaje su velocidad promedio se verá afectada y difícilmente podrán ofrecer un buen servicio. El estudio señala que en promedio un usuario tardará en viajar entre dos ubicaciones aleatorias de The Line al menos 60 minutos, dato que incluye el viaje hasta y desde las terminales y el tiempo de espera.

¿Es el único hándicap? No. Quizás 86 estaciones parezcan muchas, pero es que incluso así cada habitante de The Line debería desplazarse un promedio de 1,3 km hasta la más cercana, un paseo de 18 minutos que —recuerda el estudio— supone más tiempo del que "la mayoría de la gente está dispuesta a caminar".

"Independientemente del número de estaciones de The Line, al menos el 47% de la población tendrá que desplazarse más de 60 minutos, por lo que la mayoría vivirá demasiado lejos de su destino", abundan los expertos, que plantean la necesidad de un transporte modular y jerarquizado, con transbordos que combinen los trenes de alta velocidad con servicios locales. Con todo, sus cálculos demuestran que los habitantes de The Line difícilmente lograrán desplazamientos que mejoren en tiempos a los que disfrutan los habitantes de otras megaurbes, como Seúl.

¿Y si optamos por The Circle? Esa es la idea que deja botando el estudio. Aunque los operarios y maquinaria contratados por Neom han empezado los destierres de The Line y puede apreciarse ya la enorme franja recta que algún día acogerá la ciudad, Pietro-Curiel y Kondor animan a replantear su estructura. Y de una forma aparentemente sencilla, que no exige renunciar ni a la ambición ni a las enormes dimensiones del proyecto. A lo único que hay que renunciar es a la forma lineal. En su lugar, proponen levantar la megalópolis con un diseño círcular.

¿Mejor un círculo que una línea? Una circunferencia con un superficie equiparable a la de The Line, alrededor de 34 km2, tendría un radio de apenas 3,3 km, con las importantes ventajas que ello conllevaría: la distancia más habitual entre dos personas escogidas al azar sería de unos 2,9 km, por lo que todos los habitantes estarían a una distancia asumible a pie del 24% de la población.

Un vecino dispuesto a caminar dos kilómetros podría llegar al 66% de los destinos sin necesidad siquiera del transporte público. Con esas cifras, los expertos opinan que dejaría de ser necesario un tren de alta velocidad. Los residentes podrían llegar a donde quisieran caminando, en bici o en bus. El diseño circular ayudaría también con la densidad de población: en The Line cualquier persona dispuesta a caminar un kilómetro puede alcanzar a unas 106.000 personas; en The Circule lograría la misma cifra con una densidad bastante inferior, de 33.740 personas por km2. "The Line es esencialmente una ciudad unidimensional, The Circle bidimensional".

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¿Nueve millones de habitantes? Al presentar el proyecto los impulsores de The Line no solo hablaron de alturas, dimensiones, diseños y servicios; ofrecieron también un objetivo de población: quieren que la ciudad acoja ni más ni menos que a nueve millones de personas. La gran pregunta es… ¿Resulta viable?

Pietro-Curiel y Kondor refrescan algunas cifras para entender su alcance. Ahora mismo Arabia Saudí tiene unos 36,4 millones de habitantes y las previsiones pasan por que su censo, entre nacimientos, fallecimientos y saldo migratorio, crezca en alrededor de nueve millones de personas para 2043. La conclusión es evidente: si desea alcanzar su objetivo y superar en población a la mismísima Riad, The Line debe aglutinar la mayor parte del crecimiento demográfico previsto para el país.

¿Y si no alcanzase esa población? Podría quedarse por debajo de los nueve millones de habitantes, claro. O incluso superar esa cifra, aunque a priori parezca complicado captar tal volumen de población en un país de tamaño mediano. Pero cualquiera de esos escenarios complicaría el día a día de la mega metrópoli.

Con menos habitantes su enorme infraestructura estaría infrautilizada y los problemas que afectan al transporte y los tiempos de desplazamiento entre vecinos se agravarían. Si se diese el segundo supuesto y The Line lograra atraer a más de nueve millones el desafío sería aún mayor: ¿Cómo crecería la megalópolis? ¿En vertical? ¿Rompiendo su forma lineal, lo que iría en contra de su concepción y filosofía iniciales? ¿Extendiéndose más hacia el este, lo que incrementaría su longitud y, en consecuencia, exacerbaría los problemas de movilidad?

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Imagen de portada: NEOM

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Comer mucha carne es un problema climático. Alguien cree que la solución es que las vacas pasten de forma inteligente

Comer mucha carne es un problema climático. Alguien cree que la solución es que las vacas pasten de forma inteligente

Nos gusta la carne. Mucho. Los estudios sobre su producción y consumo lo muestran con claridad meridiana. Los datos recogidos por Statista o Our World in Data, por citar solo dos fuentes, reflejan cómo a lo largo de las últimas décadas sus niveles de producción y consumo se han disparado a escala global. Y no solo por el aumento de la propia población mundial. Se ha incrementado también la cantidad de muslos, chuletas, costillas, bistecs o alitas que cada uno de nosotros devora al cabo del año. Semejante "boom" ha dejado una huella igual de innegable y sobre todo preocupante en el medioambiente, pero... ¿Y si pudiéramos paliarla?

Hay quien cree que es posible. La clave: una ganadería más inteligente.

¿Qué dicen las cifras? Que cada vez consumimos más carne. Los datos recabados por Our World in Data reflejan por ejemplo que su producción a nivel mundial se ha más que cuadruplicado desde comienzos de la década de 1960: de 70,6 millones de toneladas en 1961 hemos pasado a unos 352,1 en 2021. Semejante "boom" ha ido acompañado de un aumento del consumo global, que ha escalado hasta niveles que Statista cifra hoy en más del doble que hace escasas tres décadas. En 2021 la cifra total habría superado los 328 millones de toneladas métricas.

Semejante repunte podría justificarse por el crecimiento de la propia población mundial —el planeta acoge a mucha más gente en 2023 que en los 60 o 90—, pero las estadísticas muestran que esa no es la única causa: cada uno de nosotros come más carne ahora. Si el consumo per cápita era de 22,9 kg anuales en 1961, en 2020 el dato se había disparado hasta rozar los 42,3 kg. Destaca en concreto el consumo de piezas de aves de corral (16,2 kg por cabeza y año), la carne de cerdo, que roza los 14,5 kg, y la procedente de reses, con cerca de 9 kg por estómago y año.

Global Meat Production By Livestock Type

Per Capita Meat Consumption By Type Kilograms Per Year

¿Y cómo afecta eso al planeta? De nuevo, los datos hablan por sí solos. La FAO estima que la ganadería es responsable de 7,1 gigatoneladas de CO2 al año, lo que equivale al 14,5% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) achacable a la acción de los humanos. A la hora de trazar sus cálculos el organismo tiene en cuenta desde la producción y procesamiento de alimentos, incluidos los cambios en el uso del suelo, al transporte o almacenamiento de estiércol.

Otro de los puntos en los que centra el foco al valorar la huella de los GEI son los gases emitidos por los propios animales durante su digestión: aproximadamente el 44% de las emisiones de la ganadería son de hecho en forma de metano.

¿Hay más impactos en el medioambiente? Las emisiones de dióxido de carbono o metano no suponen la única huella de la ganadería en el planeta. Otra, y no menor, es la deforestación. La FAO calcula que durante la década de los 90 la superficie forestal del mundo se redujo en alrededor de 94.000 kilómetros anuales, superficie equivalente a la de Portugal. Y la mayor parte de los terrenos quemados o desbrozados se destinaron a dos grandes usos: el cultivo y ganado. "En América Latina en particular casi todas las tierras deforestadas se convirtieron en pastizales para criar ganado en sistemas extensivos de pastoreo", advierte el organismo.

¿Y si nos replanteamos el pastoreo? Eso es lo que se han propuesto los defensores del pastoreo adaptativo multi-parcelas, más conocido como AMP, por sus siglas en inglés. Lo que persiguen es básicamente un aprovechamiento más inteligente del terreno, uno que permita maximizar su uso y evitar que el ganado empobrezca los suelos dedicados al pastoreo. Quizás suene a cuadratura del círculo, pero se basa en algo tan sencillo como el pastoreo rotacional.

En vez de permitir que las reses pasten a sus anchas durante semanas o meses en grandes campos, los granjeros que aplican el AMP dividen el terreno en múltiples parcelas bien delimitadas en las que el ganado se alimenta durante un período mucho más reducido. Cuando ese plazo se cumple, pasan a otra parcela.

¿Qué se persigue con eso? Evitar el sobrepastoreo, un uso agresivo de las tierras que acaba eliminando la vegetación, expone el suelo a la erosión e incluso puede favorecer la proliferación de las especies invasoras. Al aplicar el sistema AMP las reses se centra en parcelas delimitadas, por lo que no les queda otra que alimentarse con todas las plantas comestibles, no solo con sus preferidas. La clave está en que esa franja de terreno se usa durante un período lo suficientemente limitado como para garantizar que los animales no agotarán todo el forraje.

¿Resultado? Un aprovechamiento más eficiente de los pastos, una mejor dispersión del estiércol, lo que favorece su aplicación como fertilizante, y por supuesto un uso menos agresivo de la tierra. Regeneration International explica que, al rotar en períodos breves, se evita que los animales devoren más del 50% del forraje disponible en cada parcela. Quizás parezca un dato menor, pero ayuda a que la cobertura vegetal del suelo se recupere antes. La organización explica que aunque se elimine el 50% de la planta las raíces no dejan de crecer, algo que sí ocurre de forma más o menos pronunciada cuando desaparece el 70 o 90%.

¿Qué dicen sus datos? No todo es teoría. Entre 2018 y 2022 se realizó un estudio que precisamente pretendía saber en qué medida el AMP puede reducir el impacto de la ganadería. El experimento se realizó como parte de un documental y sus resultados todavía no se han publicado ni revisado por pares, pero el profesor Peter Byck, embarcado en el proyecto, avanzaba hace poco algunas de sus claves a la cadena CNN: los datos preliminares muestran que las granjas que aplicaron un sistema de pastoreo AMP absorbieron hasta cuatro veces más carbono que las convencionales y que sus vacas emitieron hasta un 10% menos de metano.

¿Y cómo afecta al suelo? El suelo menos alterado por máquinas de labranza mostraba además un 25% más de microbios, una biodiversidad de insectos un 33% mayor y el triple de aves. No son los únicos indicadores que invitan al optimismo. Los niveles de nitrógeno eran más elevados en aquellas tierras en las que las reses esparcían su estiércol y al disponer de un suelo menos apelmazado por el pastoreo continuado, el terreno absorbía también más del doble de lluvia cada hora. Otros estudios han mostrado ya cómo puede contribuir a combatir la sequía.

Una granja que aplica AMP puede criar además más vacas en la misma superficie que otra que mantenga el sistema convencional. "Así no tendremos que talar selvas tropicales. No tenemos que alimentar el ganado con soja", reivindica Byck.

¿Hay más beneficios? Sí. Regeneration International desliza alguna idea a mayores, igual de interesante: como las parcelas que aplican el AMP conservan siempre cierto nivel de vegetación se evita que los animales entren en contacto con los huevos depositados por parásitos en el suelo, lo que contribuye a su salud. La organización cita un estudio que muestra además cómo el pastoreo regenerativo permite aumentar la disponibilidad de nutrientes en el suelo y su capacidad para retener agua, además de mostrar una notable capacidad para secuestrar CO2.

"Varios estudios muestran que la cantidad de CO2 secuestrado de la atmósfera es mayor que las emisiones de gases de efecto invernadero de los sistemas ganaderos. El pastoreo regenerativo puede convertir la producción ganadera de ser una de las principales ayudas al cambio climático a una de las mayores soluciones", zanja.

Imagen de portada: Daniela Paola Alchapar (Unsplash)

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China ya tiene la mayor turbina marina del mundo: palas de 123 metros y 16MW para coronarse como rey del “offshore”

China ya tiene la mayor turbina marina del mundo: palas de 123 metros y 16MW para coronarse como rey del

La eólica marina suma un titán en la costa china. Uno de récord, dotado de una potencia sorprendente que le permitirá abastecer de energía a decenas de miles de familias cada año y con unas medidas que superan a muchas torres residenciales. El operador China Three Gorges Corporation acaba de anunciar la instalación de una gigantesca turbina de 16 megavatios (MW) dotada de palas de 123 metros de longitud y una altura de buje de 152 m. Todo un gigante que, reivindican tanto los medios chinos como la propia CTG, se ha convertido en el mayor del mundo.

Impresionan sus medidas.

E impresiona su instalación.

¿Qué ha pasado? Que China Three Gorges Corporation (CTG) acaba de marcarse un tanto importante en el ruedo de la eólica offshore: hace unos días completaba el izado e instalación de una gigantesca turbina de 16 megavatios, "el mayor aerogenerador del mundo en términos de capacidad instalada", presume la propia operadora. Ahora deberá activarla, paso que espera dar "pronto". La gesta se ha logrado en la costa del condado de Pingtan, en la provincia de Fujian.

¿Cómo es la turbina? Gigantesca. Y en el adjetivo no hay exageración alguna. Más allá de su enorme potencia, de 16 MW, el aerogenerador tiene unas medidas que superan a muchos bloques residenciales. Su buje, la pieza central que sirve de unión entre las palas y el eje, se alza a 152 metros de altura y su diámetro de rotor alcanza los 252 metros. Cada una de sus palas mide 123 m de largo, lo que les permite barrer un área de aproximadamente 50.000 metros cuadrados.

Y como los datos siempre se entienden mejor con comparativas, CTG aporta unas cuantas: el espacio que abarca equivale a siete campos de fútbol estándar y su eje se sitúa a la altura de un edificio de 52 plantas. Global Times precisa que el peso combinado de la sala de máquinas y el generador ronda las 385 toneladas.

¿Y qué potencia ofrece? El periódico va más allá y aporta algunas pinceladas extra que ayudan a entender mejor la enorme capacidad del aerogenerador. Según los datos que maneja, en condiciones de trabajo convencionales cada revolución de la turbina puede generar alrededor de 34 kilovatios-hora (kWh) de electricidad, lo que le permite generar un volumen de energía que podría cubrir las necesidades de electricidad de 36.000 familias al año. Otra forma de plantearlo: con esa capacidad China podrá ahorrarse 22.000 toneladas de carbón y 54.000 toneladas de CO2.

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¿Dónde está instalada? En el parque offshore 400MW Zhangpu Liuao, localizado en Pingtan, en la provincia de Fujian, en la costa sureste de China continental. La enorme turbina de 16 MW quizás sea su "plato fuerte", pero lo cierto es que la instalación tiene al menos otro Goliat de la eólica marina: un aerogenerador de 13 MW que se instaló también hace solo unos días.

Los datos aportados por la propia CTG el 26 de junio, cuando confirmó su instalación, da también una idea aproximada de sus dimensiones: su diámetro de rotor es de 130 m, lo que permite a la turbina abarcar un enorme área de barrido de 35.000 metros cuadrados. "Se espera que esta turbina produzca 50 millones de kWh de energía limpia anuales, cubriendo la demanda de más de 25.000 familias al año y reduciendo el consumo de carbón estándar en 15.000 toneladas y las emisiones de CO2 en 38.000 toneladas", precisaba la operadora china.

¿Por qué es importante? Más allá de su interés técnico, su impulso a la eólica offshore y su capacidad para reducir las emisiones de CO2, las turbinas de 13 y 16 MW permiten a China sacar pecho en un campo en el que ha sabido posicionarse con fuerza: el de las energías renovables, tanto en fotovoltaica como en eólica. De la noticia se han hecho eco agencias y medios relevantes del país, como Xinhua, People´s Daily o Global Times, que incide en que detrás tiene principalmente a dos compañías nacionales: CTG y Goldwind. En mente CTG Fujian ya tendría instalar otras turbinas similares en Zhangpu, a lo largo de la costa de Fujian.

El récord podría no durarle mucho. A comienzos de 2023 otro fabricante destacado del país, CSS Haizhuang, subsidiaria de China State Shipbuilding Corporation, presentó el cubo de rotor y la góndola de lo que se plantea como un gigantesco prototipo de turbina para offshore de 18 MW. El tamaño de sus palas SuperBlade+ alcanzará los 128 metros, una marca que le permitiría barrer 53.000 m2, más que la de las nuevas turbinas que acaba de instalar CTG en Pingtan. Su capacidad será de 44,8 kilovatios-hora por revolución, con lo que sus responsables calculan que podría cubrir el consumo anual de alrededor de 40.000 hogares.

Imágenes: CTG (Twitter)

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La minería china mira al Himalaya. El motivo es muy sencillo: ha encontrado un enorme depósito de tierras raras

La minería china mira al Himalaya. El motivo es muy sencillo: ha encontrado un enorme depósito de tierras raras

La "fiebre del oro" del siglo XXI tiene bastante del afán explorador y la búsqueda de beneficios de aquella otra fiebre minera desatada en California a mediados del XIX, pero poco de oro. Su foco se centra en otra clase de materiales, cruciales para el sector tecnológico: las tierras raras, un grupo de elementos químicos de enorme valor industrial y en cuya cadena de explotación y distribución China ha ganado un peso aplastante. En Pekín no quieren perder esa posición hegemónica y por eso han dirigido su vista a los valiosos recursos mineros del Himalaya.

A eso… y al potencial de la inteligencia artificial.

El tesoro oculto en el Himalaya. O bajo el Himalaya, mejor. La noticia la ha avanzado South China Morning Post (SCMP): geólogos chinos han localizado una amplia reserva potencial de minerales de tierras raras en la cadena montañosa que separa las llanuras del subcontinente indio de la meseta tibetana. El diario precisa que hace unos diez años los científicos chinos identificaron tierras raras y litio en algunas muestras de rocas tomadas en el Tíbet. Aquel hallazgo, accidental, ya les ofreció una primera pista. Ahora creen que la reserva minera de Himalaya podría ser equiparable o mayor que la registrada en algunos de los grandes depósitos explotados por China, lo que le permitiría reforzar su peso en el sector.

Pero… ¿Qué oculta realmente? En 2017 la revista Science China Earth Science publicó un estudio que nos ofrecía algunas pistas sobre la riqueza minera del Himalaya. Los científicos señalaban ya por entonces la existencia de dos franjas de más de mil kilómetros con un interesante potencial. "Se observó mineralización de metales raros tanto en el cinturón del Tethyan como en el del Alto Himalaya", recogían: "Nuestro estudio preliminar sobre la región muestra un gran potencial adicional para la mineralización de metales raros en lo que puede convertirse en el cinturón metalogénico económicamente más importante del país".

Un premio no exento de retos.Los recursos mineros que oculta el Himalaya quizás resulten prometedores, pero desde luego no son fáciles de localizar. SCMP precisa que su cinturón se extiende a lo largo de más de mil kilómetros, una vasta franja de terreno situada en una región remota. Semejantes características hacen que localizar con precisión dónde se ubican los depósitos de minerales raros resulte todo un desafío. Uno que podría exigir años o décadas de trabajo.

Desafíos técnicos… y geopolíticos. El desafío no está solo en la enorme extensión de la franja de minerales, lo remoto que pueda resultar el Himalaya o incluso el impacto medioambiental de la minería. Su propia ubicación supone un problema de orden bien distinto: geopolítico. China mantiene una larga disputa territorial con India en la frontera sur del Tíbet. Ya en 2019, de hecho, el Institut für seltene erden und metalle AG, organismo con sede en Suiza, alertaba de que la minería china en la cadena montañosa podría tensionar las ya de por sí tirantes relaciones diplomáticas entre Pekín y Nueva Delhi. Por entonces China había iniciado operaciones mineras a gran escala en su lado de la frontera del Himalaya tras localizar una amplia reserva de oro, plata y otros minerales valiosos.

Más allá de la minería. "Aunque la minería se ha practicado en la cadena montañosa más alta del mundo durante miles de años, el desafío del acceso a terrenos remotos y la preocupación ambiental hasta ahora ha limitado el alcance de las actividades. La escala sin precedentes de las nuevas minas se debe a años de inversión sustancial por parte del Gobierno en carreteras y otras infraestructuras en la región", reflexionaba el organismo suizo, con sede en Lucerna.

Sus  técnicos dejaban botando varias ideas interesantes: que la mayoría de minerales valiosos, entre los que citaban las tierras raras, se localizaban en el condado de Lhunze, "un importante centro militar en China"; y que las minas podrían formar parte de un plan de Pekín para reforzarse en el sur del Tíbet.

IA, aliada de la minería. Con semejante telón de fondo, el tempo es un valor crucial. Lo reconocen los propios geólogos del gobierno chino: cuanto antes pueda identificar una nación los depósitos mineros, de mayor "ventaja estratégica" gozará luego. Y es ahí donde la IA juega un papel crucial. Los investigadores chinos llevan ya años trabajando con apoyo del Gobierno en una herramienta capaz de sacar partido a los datos recopilados por los satélites y otros medios con el propósito precisamente de ubicar depósitos de tierras raras en la meseta tibetana.

Su IA está tan depurada que los científicos del Laboratorio Estatal Clave de Procesos Geológicos y Recursos, de la Universidad de Geociencias de China en Wuhan, calculan que ha alcanzado una precisión del 96%. No es mal balance si se tiene en cuenta que cuando se entrenó, con datos limitados, ofrecía una tasa de precisión del 60%. Su foco se centra en la búsqueda de una forma única de granito que puede contener recursos como niobio y tantalio o litio. SCMP precisa sin embargo que la herramienta aún debe pulirse para su puesta en marcha.

Objetivo: mantener la hegemonía. El peso de China en la producción y distribución de tierras raras es incuestionable. En 2022 East Asia Forum calculaba que, gracias a su inversión en la cadena de suministro y esfuerzos, el país se había hecho con entre el 50 y 60% de la participación en el mercado minero y un rotundo 90% del procesamiento intermedio. El gigante asiático dispone de importantes bases de producción en Mongolia Interior y sus provincias del sur.

SCMP desliza sin embargo que su posición dominante se ha reducido a lo largo de las décadas: de disponer de alrededor del 43% de las reservas mundiales en los 80 y 90 habría pasado a una participación inferior al 37% en 2021, según los datos que maneja el diario hongkonés. Mientras, Occidente se ha lanzado a la búsqueda de unos recursos que se han revelado fundamentales para la tecnología emergente o procesos tan cruciales como la transición verde. En la búsqueda de recursos han participado Turquía, Japón, Europa o EEUU, donde hay empresas que también han recurrido a la IA con el mismo propósito que China: minar el "nuevo oro".

Imagen de portada: Bisesh Gurung (Unsplash)

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“Ya que no podía vengar a mi patria, me burlé de sus usurpadores”: el soldado que fingió ser Borbón en el ejército napoleónico

Ni por su valentía, ni por su pericia en el manejo de la espada, ni por su fina inteligencia como estratega. Si el sargento Francisco Mayoral merece ocupar un lugar destacado en las crónicas militares de la convulsa España del siglo XIX es por una habilidad bien distinta: su delirante capacidad para meter goles.

Golazos. Gloriosos tantos de vaselina en la portería del enemigo que lo han catapultado a lo más alto de la tradición picaresca patria. Y para muestra, un somero pero clarificador resumen de lo que logró en la década de 1810: abandonó Salamanca como un prisionero de las tropas de Napoleón, un donnadie del ejército español, derrotado, cansado y humillado, y una vez en Francia disfrutó de lujos y atenciones dignas de la realeza. Y no, no hablamos en sentido figurado.

Al sargento Mayoral la fama le llegó con la derrota.

En julio de 1810 se convirtió en uno de los cientos de prisioneros enviados a Francia por las tropas napoleónicas tras el cruento sitio de Ciudad Rodrigo. Poco sabemos de su historia hasta esa fecha. Se cree que nació en Ávila en 1781, que su familia se mudó poco después a Salamanca y que él se casó hacia 1800 y tuvo un retoño siete años más tarde. Lo que sí sabemos es que era sargento primero y que acabó entre los numerosos reclusos que —tras el sitio de Ciudad Rodrigo— tuvieron que trasladarse a Francia por orden del mariscal Michel Ney.

De teniente a cardenal

Second Siege Of Ciudad Rodrigo

La perspectiva de un largo cautiverio a merced de los soldados de Napoleón debió de resultarle durísima. Lo suficiente como para que el sargento pusiera en marcha su fino ingenio y se diera cuenta de una circunstancia de la que podía sacar cierto provecho: los franceses parecían tratar mejor a los clérigos, así que… ¿Por qué no echarle un poco de morro y hacerse pasar por uno de ellos? Dicho y hecho. De sargento, Francisco Mayoral pasó a fraile. O lo simuló, al menos.

No fue lo único de lo que se dio cuenta. El sargento primero no tardó en comprender que cuanto más alto era el rango del clérigo en la jerarquía eclesiástica de mayores beneficios parecía disfrutar, así que —debió de pensar por segunda vez el abulense— ¿por qué conformarse con hacerse pasar por un simple fraile? ¿Y si ya puestos a colársela a las tropas francesas lo hacía a lo grande? ¿Y si se presentaba como uno de los más altos mandatarios de la Iglesia?

Con poco que perder y mucho, muchísimo, que ganar, Mayoral fue inflando su embuste hasta presentarse ni más ni menos que como el mismísimo cardenal Luis de Borbón, hijo del infante Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio y nieto del rey Felipe V. Quizás lo más sorprendente no sea que el sargento tuviese el cuajo de intentar la treta, sino que le funcionase y pudiese mantener semejante farsa durante varios años, disfrutando por supuesto de todas sus jugosas prebendas.

Difícil valorar si Mayoral era bueno, mediocre o malo como sargento. Lo que está claro es que tenía madera si no de religioso sí al menos de actor. Haciéndose pasar por el Cardenal Borbón se codeó con importantes dignatarios, ofició misas, casó a soldados de alto rango, bendijo, impartió comuniones e incluso tuteó a la realeza.

"Consiguió engañar a unos cuantos con su audaz desfachatez y enamorar a alguna que otra dama francesa", recordaba hace años Durán López, especialista en ese período histórico y quien ha investigado al personaje. Luis María de Borbón era al fin y al cabo un miembro destacado de la familia real española, arzobispo de Toledo y Sevilla, y estaba emparentado con la emperatriz de Francia.

"Se vio empujado a caminar por la insegura cuerda floja de una farsa imposible de sostener, pero también de refrenar", señala López. No hay cuerda sin embargo que dure mil años. Tampoco farsa. A Mayoral acabaron desenmascarándolo en 1814, probablemente para sonrojo de más de un dignatario y soldado galo. No le quedó más remedio que abandonar el lujo palaciego del que había disfrutado hasta entonces para enfrentarse a la justicia. La de este mundo. Y la divina.

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Retrato de Luis María de Borbón realizado por Goya

En 1815 las autoridades con jurisdicción militar lo acusaron de impostor y la Inquisición de blasfemo por haber suplantado a nada menos que un cardenal e impartido sacramentos. El Santo Oficio llegó a encarcelarlo, juzgarlo y condenarlo en 1818 a cuatro años de destierro en Ceuta, si bien hay quien sostiene que poco después pudo beneficiarse del Trienio Liberal, que se extendió hasta 1823.

Qué le pasó y cómo acabaron sus días, si falleció en Ceuta, logró regresar a Salamanca o se quedó en el camino, es un misterio. López explica que pasó sus últimos días arrastrándose enfermo por hospitales y cárceles y acabó falleciendo "con su identidad perdida entre las brumas de su curiosa leyenda". En la página web Salamanca Napoleónica apuntan que en los libros de difuntos de Salamanca figura una anotación de enero de 1822 que reseña el entierro de un tal Francisco, natural del mismo obispado y del que no constan muchos más datos.

El auténtico Luis María de Borbón vivió hasta marzo de 1823.

La historia del sargento Mayoral es tan fascinante, tan rematadamente surrealista, que durante mucho tiempo se creyó que era uno de tantos relatos ficticios sobre "falsos clérigos". Hoy sus hazañas se miran con otros ojos. Él mismo habría escrito sobre sus peripecias, un manuscrito fechado en 1816 y que se habría publicado en el siglo XIX bajo el título "Historia verdadera del sargento Francisco Mayoral" En 2009 Ediciones Espuela de Plata lo recuperó para que su biografía no se perdiera e incluyó un estudio preliminar a cargo de Durán López.

El experto reivindica que el relato es "un suceso verídico ocurrido a un soldado español de carne y hueso, que luchó contra los franceses y que tuvo la desventura de caer prisionero". Y para confirmarlo remite a la obra 'Los españoles en Francia 1808-1814. La deportación bajo el Primer Imperio', escrita por Jean-René Aymes, quien habría comprobado en los archivos galos la veracidad de la peculiar historia del sargento salmantino.  La propia Eglésia Arxidiocesana de Barcelona relata en su web oficial la historia del falso cardenal y cómo fue juzgado por la Inquisición de la Ciudad Condal precisamente por haber suplantado a un religioso.

Hoy la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico (BVPB) nos permite consultar online y sin coste un ejemplar escaneado de la 'Historia verdadera del Sargento Francisco Mayoral', escrita supuestamente por él mismo, publicada por Espasa-Calpe y en la que el autor se jacta de sus peripecias. Al fin y al cabo quizás él sacase tajada de su embuste, pero también le sirvió para vengarse a su manera de las tropas galas. Con su engaño puso en evidencia a Francia.

"Nadie me quitará el haber salido de la miseria y pasándolo mejor que el mismo Rey Fernando, haberme burlado de una nación que ha causado la desgracia de mi patria", recoge el peculiar relato de Mayoral: "Ya que no podía vengar con las armas a mi patria, me complací al hacer burla de los usurpadores".

Un gol en toda regla y que ha perdurado en el tiempo.

Imágenes: Wikipedia 1 y 2

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La noticia "Ya que no podía vengar a mi patria, me burlé de sus usurpadores": el soldado que fingió ser Borbón en el ejército napoleónico fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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