Hemos extinguido cientos de especies: por qué nos hemos obsesionado entonces con resucitar al dodo

Hemos extinguido cientos de especies: por qué nos hemos obsesionado entonces con resucitar al dodo

Las noticias que hablan de planes para traer de vuelta de la extinción a diversos animales perdidos tiempo atrás (desde el mamut hasta el tigre de Tasmania) siguen siendo parte de nuestro día a día. Tal es el interés que incluso la CIA, la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, ha colaborado en proyectos como el de resucitar el dodo. Y esto nos ha hecho preguntarnos ¿qué tiene este animal para generar tal interés?

Un ave fénix. Detrás de los tres proyectos más renombrados para recuperar animales extintos está la misma empresa biotecnológica, Colossal Biosciences. La empresa ha dado un importante paso en el proyecto para recuperar de la extinción al dodo (Raphus cucullatus), el de descifrar su genoma completo.

Los proyectos de deextinción tienen, eso sí, una importante limitación. Estrictamente, el animal que resultará de este trabajo de deextinción no será un dodo sino un híbrido cuyos genes lo harán asemejarse lo más posible al dodo. Para este proceso será necesario valerse de algún ave genéticamente cercana al dodo. Según la empresa, las palomas y los buitres son las especies más cercanas al dodo, destacando la paloma de Nicobar, otro animal en peligro de extinción.

El valor cultural del dodo. ¿Qué tiene esta ave para convertirse en uno de los tres proyectos de una empresa como Colossal? Según la propia compañía, el valor cultural del ave parece haber jugado un papel fundamental. “[El dodo] es un símbolo de la extinción causada por el hombre. Un ejemplo claro del precio del descuido”, explica la misma compañía al respecto.

El descubrimiento y la pérdida del dodo sucedieron a comienzos de la época caracterizada por el afán exploratorio de la humanidad. Fue un ave exótica cuyo descubrimiento llamó la atención de los coetáneos para pronto convertirse, un siglo después, en una de las primeras extinciones documentadas.

Historia natural. Parte de su valor cultural se debe también al hecho de ser un ejemplo perfecto a la hora de entender cómo evolucionaban las especies y, aún más, cuándo desaparecían. El dodo fue una especie endémica de una sola isla, Mauricio. El dodo es un ejemplo claro del fenómeno llamado gigantismo insular.

Los antepasados del dodo probablemente fueron aves voladoras que se toparon con una isla prácticamente desprovista de vida animal y por tanto de depredadores naturales. Una vez ahí las aves fueron creciendo en tamaño y, ante la ausencia de depredadores o la necesidad de desplazarse, perdieron su capacidad de volar.

Hasta que llegaron los humanos y, con ellos las amenazas para el dodo, un ave que tan solo ponía un huevo al año y sin instinto de autoprotección alguno. Los dodos no solo fueron cazados por los visitantes, sus huevos también eran consumidos por los animales que llegaron a la isla en los navíos de los exploradores y colonizadores.

Tres proyectos. Hay otro factor importante que señala la empresa al hablar de su proyecto para recuperar el dodo. La empresa cuenta hoy por hoy con tres proyectos para recuperar animales extintos. Los dos restantes, el mamut lanudo (Mammuthus primigenius) y el tigre de Tasmania (Thylacinus cynocephalus) son mamíferos, siendo el dodo la única ave del trío.

La empresa asegura tener la vista puesta en la protección de la biodiversidad aviar en general, ante lo cual el dodo sería tan solo un punto de partida hacia la recuperación de las especies de pájaros que hemos perdido pero también ante las que puedan estar en riesgo hoy en día o en un futuro cercano.

Más allá de los motivos para elegir una u otra especie, parece que los avances en deextinción, pese a las limitaciones de la tecnología, van en serio. Existen numerosos motivos, más allá de la conservación de especies, para el desarrollo de estas tecnologías, y la empresa ha puesto 2027 como fecha para la recuperación del dodo. Si es así habremos necesitado mucho menos tiempo en recuperarlo que el que tardamos en extinguirlo.

Imagen | William Hodges, Commons

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La última vez que perdimos una cápsula de cesio radioactivo terminó en tragedia: el incidente nuclear de Kramatorsk

La última vez que perdimos una cápsula de cesio radioactivo terminó en tragedia: el incidente nuclear de Kramatorsk

Durante los últimos días el mundo siguió con atención un evento aparentemente insignificante ocurrido en Australia: la pérdida de una pequeña cápsula de metal de apenas un centímetro cúbico. Sin embargo no era la primera vez que se extraviaba una cápsula de este tipo de metal, y la experiencia avisaba de que las consecuencias podían ser trágicas.

Posiblemente la ciudad ucraniana de Kramatorsk haya ganado popularidad en los últimos meses por su ubicación cercana al frente que ha abierto en el país la invasión rusa. Situada una de las regiones ucranianas reclamadas por Rusia, la ciudad fue antaño testigo de las consecuencias que puede traer la pérdida de una pequeña cápsula de Cesio-137: el Incidente Radiológico de Kramatorsk.

Se desconoce exactamente el número de personas que fallecieron a consecuencia de este accidente, que pudieron ser entre dos y seis, con 17 personas afectadas a lo largo de la década de 1980 por los altos niveles de radiación.

Todo comenzó unos años antes, con el extravío de una cápsula de cesio-137. La cápsula pertenecía a un instrumento para calibrar niveles que operaba a través de las emisiones de cesio radiactivo. La cápsula se extravió en una cantera de Karansk, en la región de Donetsk. La cápsula protagonista de este incidente sería mucho más potente que la perdida en Australia, con unas emisiones que podrían haber alcanzado los 50 gigabequerelios.

Los efectos de la cápsula se comenzaron a notar en 1980, en la ciudad de Kramatorsk. Fue en un apartamento familiar situado en la calle renombrada hoy en día como Mariia Prymachenko, al este de la ciudad.

En 1981, una joven de 18 años moría en el apartamento como consecuencia de una leucemia. Algo que no hizo saltar las alarmas ni aun cuando su hermano de 16 años y la madre de ambos murieran un año después por la misma causa. Los médicos asumieron una predisposición hereditaria.

No fue hasta que una segunda familia se mudó al apartamento que se descubrió lo que había ocurrido. En 1987 moría otro joven por la misma causa. Su hermano menor también se encontraba hospitalizado por la misma causa, leucemia. Llegado este punto la segunda familia pidió que se realizara una evaluación exhaustiva de la situación. Los expertos detectaron entonces que todo se debía a la radiación.

La cápsula estaba emitiendo radiación equivalente a 1.800 roentgen/año. La investigación también encontró la cápsula: había quedado embutida en una de las paredes del apartamento. El hallazgo de la capsula no llegó hasta 1989, casi una década después de comenzar los casos.

Incidentes radiológicos como este son raros pero variados. En Goiânia, Brasil, una unidad médica abandonada en un hospital en desuso causó un derrame de un compuesto químico que contenía cesio radiactivo. Esta vez, al no estar confinado en una cápsula sólida y tras ser la máquina manipulada indebidamente, el cesio se expandió por el entorno, contaminando a varios cientos de personas y matando al menos a cuatro.

Tanto el incidente de Kramatorsk como el de Goiânia se debieron a la dejadez con la que actuaron los responsables de los equipos radiactivos. En el primer caso, puesto que los responsables de la mina evitaron cesar su actividad para centrarse en buscar la cápsula perdida. En el de Brasil, puesto que la empresa responsable había quebrado y consideró a bien abandonar equipo radiológico detrás.

El contraste entre estos dos casos y los esfuerzos de las autoridades australianas es evidente. Un mínimo de diligencia es a veces lo único que nos separa de accidentes como estos.

Imagen | Cápsula de Cesio-137 y viviendas en Kramatorsk en 2007.  2x910 / Artemka, CC BY-SA 4.0

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La Luna afecta a nuestra magnetosfera igual que a las mareas de los océanos. Y aún no sabemos por qué

La Luna afecta a nuestra magnetosfera igual que a las mareas de los océanos. Y aún no sabemos por qué

La Luna ejerce una importante influencia sobre la Tierra. Su efecto más palpable es el de las mareas en mares y océanos, tanto que la palabra “marea” es utilizada para describir cómo las interacciones gravitatorias entre dos cuerpos pueden deformar uno. Pero esta fuerza de mareas no solo afecta a as aguas, también a nuestra magnetosfera.

Mareas vivas. Un estudio reciente ha comprobado que la influencia de la gravedad de nuestro satélite, la Luna, no solo afecta a los líquidos como la hidrosfera de nuestro planeta, sino que también puede afectar y moldear la plasmasfera, una de las capas de la magnetosfera terrestre.

La plasmasfera es una de las capas de la magnetosfera Terrestre. Está formada por plasma (o gas ionizado) de baja temperatura y tiene una forma toroidal (de rosquilla) con la Tierra en su hueco. La plasmasfera se sitúa justo por encima de la ionosfera. El límite exterior de la plasmasfera recibe el nombre de plasmapausa.

A través de la analogía de las mareas oceánicas, podemos visibilizar la plasmasfera como un “océano de plasma puede deformarse en su entorno, haciendo que la plasmaoausa ondule como la superficie marítima hace con las mareas.

40 años de observaciones. El equipo de investigadores responsable de este hallazgo analizó datos obtenidos por distintos satélites artificiales cuyas órbitas cruzaban la plasmasfera. En total, los satélites cruzaron más de 50.000 veces la plasmapausa (casi 36.000 de estos cruces se hicieron en condiciones de baja actividad geomagnética.

Los datos comprenden el periodo entre 1977 y 2015, es decir, abarca cuatro ciclos solares completos, gracias a lo cual fue posible aislar el efecto del sol sobre las ondulaciones en la plasmasfera. Los investigadores pudieron así constatar los ciclos mensuales que seguía la plasmasfera. Los detalles del estudio fueron publicados en la revista Nature physics.

Evidence Found Of Tida

En naranja, las ondulaciones en la plasmapausa de la Tierra. Academia de Ciencias China.

Tres elementos básicos. La receta para estas mareas en el océano de plasma es bastante sencilla, tan solo hacen falta dos objetos que compartan interacción gravitatoria y que uno de ellos cuente con un campo magnético. Es por eso que los investigadores responsables del estudio crean que se trata de un fenómeno relativamente común en el universo.

Pese a ello, el equipo admite no estar muy seguro de cómo funciona exactamente esta interacción. Una posibilidad que plantean es que la gravedad de la Luna cause pequeños cambios en el campo electromagnético de la Tierra en su conjunto, si bien es tan solo una hipótesis.

Marea protectora. Entender mejor nuestra magnetosfera es prioritario para muchos investigadores. No en vano nos encontramos frente a un nuevo punto álgido en lo que a la actividad solar se refiere, dentro del ciclo solar 25. En un mundo cada vez más dependiente de las comunicaciones dependemos cada vez más de esta protección.

“Sospechamos que la marea de plasma observada pueda afectar sutilmente a la distribución de la en las partículas energéticas del cinturón de radiación, las cuales suponen un riesgo conocido para las infraestructuras y las actividades humanas basadas en el espacio”, explican los autores en su artículo.

Imagen portada | NASA/Goddard Space Flight Center Scientific Visualization Studio

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Tenemos un nuevo y prometedor tratamiento contra las consecuencias del ictus (y se ha creado en España)

Tenemos un nuevo y prometedor tratamiento contra las consecuencias del ictus (y se ha creado en España)

Los ictus con episodios en los que la sangre, y por tanto el oxígeno, tiene problemas para llegar al cerebro. Proteger las células del más vital de los órganos se convierte en fundamental no solo para aumentar las probabilidades de supervivencia sino también para minimizar las consecuencias neurológicas del ictus.

ApTOLL. El tratamiento en cuestión recibe el nombre de ApTOLL, y se administra de manera intravenosa a pacientes que han padecido ictus en las horas previas. El objetivo del tratamiento, antagonista del receptor de tipo Toll 4 (TLR4), es evitar la respuesta inflamatoria y así proteger las neuronas durante el evento.

El tratamiento podría ser administrado durante el traslado al hospital del paciente, antes de la reperfusión, el tratamiento que se realiza para recuperar el flujo sanguíneo normal en la zona afectada del cerebro.

“Si la arteria lleva tapada muchas horas el infarto crece, y con el fármaco se logra frenar este mecanismo, provocando que la progresión de la enfermedad sea más lenta y se proteja el cerebro durante unas horas”, explicaba Marc Ribó, codirector del estudio, en declaraciones recogidas por Redacción Médica al presentar sus resultados en la International Stroke Conference.

Prueba multicéntrica. El tratamiento ha pasado satisfactoriamente una de las primeras pruebas clínicas, en fase Ia/IIb, es decir, tenía como objetivo comprobar la seguridad y la eficacia del tratamiento en distintas dosis. Para ello se establecieron dos grupos de control y dos de tratamiento a su vez con distintos niveles de dosis.

16 hospitales (12 de ellos españoles) estuvieron involucrados en el estudio, con un total de 151 participantes tomando parte en el ensayo.

Los resultados fueron positivos tanto en cuanto a la seguridad del tratamiento como respecto a su eficacia: la mortalidad se redujo del 18% en el grupo placebo al 5% en el grupo de tratamiento. El tratamiento también mostró promesa también a la hora de reducir las secuelas de estos accidentes.  Estos últimos resultados aún deberán corroborarse en los futuros ensayos clínicos, que se espera se comiencen a finales de este año.

Ictus isquémico. El tratamiento tiene como objetivo combatir los efectos del tipo más común de ictus, el isquémico. Los ictus son emergencias en las que la sangre no alcanza nuestro cerebro. Cuando el episodio se produce por un coágulo o por un estrechamiento de la vía sanguínea hablamos de ictus isquémico. En contraste, el hemorrágico se produce por la rotura de un vaso sanguíneo en el cerebro.

El ictus isquémico es, con diferencia, el más común de los accidentes cerebrovasculares. Existen numerosos factores de riesgo que han sido relacionados con estos accidentes, como la hipertensión, el tabaquismo, colesterol alto o diabetes. También se encontró relación entre la infección por Covid-19 y el ictus.

Camino por delante. Aunque ya haya sido probado con éxito en estas primeras pruebas, el tratamiento es todavía una simple promesa. Los responsables del desarrollo del tratamiento afirman estar ya trabajando en el siguiente ensayo, que corresponderá a una fas 2b/3.

El objetivo en este caso sería encontrar la dosis óptima y ahondar en el análisis de la eficacia del estudio, a la vez que monitorizar sus posibles efectos adversos. Una vez logrado esto, o más bien si se da el caso, podría obtenerse la autorización de la Agencia Europea del Medicamento para un uso extendido del tratamiento.

Imagen | Mat Napo

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La OCU ha detectado niveles altos de arsénico en el arroz. Como siempre, hay que leer la letra pequeña

La OCU ha detectado niveles altos de arsénico en el arroz. Como siempre, hay que leer la letra pequeña

“Sin alarmas, pero con precaución” explica la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) al anunciar su último estudio sobre la presencia de arsénico en arroces y productos alimenticios derivados. El motivo es que, salvo en casos concretos, ingestas típicas de este cereal no superarían los umbrales considerados aceptable.

136 muestras. La OCU ha publicado recientemente los resultados de su último estudio sobre la presencia de arsénico en arroces y productos derivados. La organización tomó distintas variedades del producto, blanco de grano corto y largo, basmati e integral, todos en crudo, además de arroz precocinado. Además, también analizó productos derivados como papillas de cereales, tarritos infantiles, tortitas, bebidas, fideos o cereales de desayuno.

A partir de sus resultados puede inferirse que ningún producto, consumido a razón de una ración por día puede suponer un riesgo para la salud, aunque consumos superiores podrían implicar exceder los umbrales establecidos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Precaución para niños y embarazadas. Los alimentos en los que más arsénico se ha detectado son el arroz integral (con 131 microgramos de arsénico por kg de producto) y las tortitas de arroz (139 microgramos por kg). El límite establecido para el consumo diario es de 0,3 microgramos por kilogramo de masa corporal. Es decir, una persona adulta de 70 kg de peso tendría su límite en 21 microgramos diarios.

Si convertimos esto al consumo de arroz quiere decir que una persona de 70 kg de peso tendría su límite de consumo de arroz integral diario en unos 160 gramos (las raciones oscilan entre 50 y 100 gramos del producto). En el caso del arroz blanco (con concentraciones inferiores, de 75 microgramos / kg) el límite rondaría los 280 gramos diarios. En el caso de las tortitas, habría que consumir entre 15 y 21 unidades para superar el límite (o 151 gramos).

El arsénico. El arsénico es un semimetal, aunque también suele considerarse un metal pesado tóxico. Puede presentarse en distintas estructuras, siendo el arsénico inorgánico más peligroso que el orgánico. Esto no tiene nada que ver con los métodos con los que se cultiva el arroz, sino con el hecho de que la molécula a la que pertenezca sea de estructura orgánica (con presencia de carbono) o inorgánica.

Consumos bajos no implican riesgos para la salud, pero se trata de un elemento con facilidad para acumularse en nuestro cuerpo, y es entonces cuando aparecen los riesgos derivados. El arsénico puede implicar problemas en el desarrollo para los más jóvenes, mientras que en adultos se ha relacionado con trastornos en la piel, vejiga y cáncer de pulmón.

Reducir el contenido de arsénico es posible. Para aumentar la precaución, existen formas de rebajar el contenido de arsénico del arroz. El primero es el de lavarlo. Buena parte del análisis se realizó en arroces en crudo y sin tratar. La propia OCU recomienda el lavado del arroz como medida preventiva. Lavar bien el arroz, dejándolo un rato a remojo, además reduce el tiempo necesario para su cocción.

Alternativamente, también es posible cocer el arroz en agua abundante (el doble de la que pondríamos habitualmente) y descartar el agua sobrante al finalizar la cocción. Es decir, cocinar el arroz como si de pasta se tratara.

La mejor forma de prevenir un consumo excesivo de arsénico es una dieta equilibrada. Aunque se trate de un elemento presente en numerosos productos los niveles de concentración varían. El problema de centrarse en un producto implica que no vemos la dieta en su conjunto, factor que nos hace tender al alarmismo.

Imagen | University of Arkansas Community Extension Service, CC BY-SA 2.0

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Hay más nieve en Marte que en Navacerrada (aunque ahí se terminan las similitudes con nuestro invierno)

Hay más nieve en Marte que en Navacerrada (aunque ahí se terminan las similitudes con nuestro invierno)

Cuando imaginamos los primeros humanos que lleguen a Marte los vemos en un lugar desértico, seco y hostil. Marte quizás no sea tan grande como la Tierra, pero su tamaño es notable y en él alberga cierta diversidad, de paisajes y de climas. Esta diversidad abarca desde estos páramos desérticos hasta los parajes nevados de los polos, donde el hielo no solo se acumula en el suelo, también cae de la atmósfera. Aunque hay una sutil diferencia con la Tierra.

La nieve que ha podido detectarse en Marte es distinta a la de la Tierra en un sentido importante. Sus copos no están formados por la cristalización del agua sino del dióxido de carbono, la molécula que domina la composición de la atmósfera marciana. A las temperaturas a la que la atmósfera marciana puede llegar en sus inviernos polares el CO2 puede cristalizarse, lo que lo hace ganar densidad y con ello precipitarse hacia el suelo.

La nieve marciana no es un fenómeno frecuente, puesto que puede darse tan solo cuando coexisten varias circunstancias. Para empezar sólo se da en los lugares más fríos de Marte, los polos. Además se trata de un fenómeno que ocurre tan solo durante la noche invernal y cuando existen nubes que permitan esta precipitación.

Los copos de nieve de CO2 son también diferentes a los que forma el agua. Son (mucho) más finos. Tan finos que una nevada en Marte no se parecería a una en la Tierra, sino que se asemejaría más a una neblina cayendo del cielo. Si miráramos a esta neblina con lupa (o con microscopio más bien), veríamos también una estructura diferente: en lugar de los copos hexagonales propios de la nieve terrestre, los copos de CO2 tendrían forma cúbica debido a la estructura cristalina de la molécula.

En Marte existe, técnicamente, la nieve “convencional”, la de agua. Sin embargo, dada la combinación de bajas temperaturas y baja presión en la atmósfera marciana, la nieve de agua que se forma en las capas superiores de la atmósfera marciana acaba sublimándose, es decir, pasa directamente de estado sólido a convertirse en un gas. Como consecuencia de esto, no llega a tocar el suelo.

Las heladas no se restringen solo a las regiones polares. Marte es un lugar bastante fío y esto permite que en algunos lugares se acumule también la escarcha. En este caso la escarcha del planeta rojo puede formarse tanto por agua como por CO2, una forma de escarcha que tampoco vemos aquí en la Tierra. También resulta curioso cómo desaparece esta escarcha que, como la nieve de agua, se sublima en lugar de derretirse.

La sublimación es un fenómeno mucho más habitual en Marte que en la Tierra gracias a la menor presión que ejerce su atmósfera, mucho menos densa que la nuestra. Esto afecta a la geología marciana, creando accidentes geográficos que poco o nada tienen que ver con los que vemos en la Tierra.

Marte es uno de los planetas sobre el que más ojos tenemos puestos y esto implica que tenemos un conocimiento cada vez más exhaustivo sobre su clima y meteorología. Existen varias misiones que cuentan con instrumentos específicos o útiles a la hora de analizar fenómenos meteorológicos en el planeta rojo.

La sonda Mars Reconnaissance Orbiter cuenta con una de estas herramientas, Mars Climate Sounder. Su trabajo es observar la temperatura, humedad y en contenido de polvo en la atmósfera marciana. Con ello se pretende comprender mejor la circulación en la atmósfera marciana además de comprender la evolución de esta.

Pero Marte cuenta también con su propia estación meteorológica. Se encuentra a bordo del rover Perseverance y tiene el nombre de Mars Environmental Dynamics Analyzer (MEDA). MEDA es la gran aportación española a la misión Mars 2020. Ahora está comenzando a darnos valiosa información sobre la meteorología marciana.

Existen otros instrumentos que nos ayudan a comprender la meteorología y el clima marcianos, como es el caso del LIDAR a bordo del Phoenix Lander. Este “radar lumínico” señala al cielo sobre esta sonda para analizar lo que hay sobre ella, ya sean partículas de polvo o nubes.

Imagen  | NASA/JPL-Caltech/University of Arizona

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El gigantesco cometa de seis kilómetros cuyo origen desconocemos y que pronto “acariciará” el Sol

El gigantesco cometa de seis kilómetros cuyo origen desconocemos y que pronto

No sabemos de dónde viene y a duras penas sabemos cómo terminará sus días el cometa 96P/Machholz 1. La hipótesis sobre su origen es que procede del espacio interestelar. Sobre cómo terminará sus días quizá lo sepamos en unos días tras su mayor acercamiento al Sol. Lo que sí sabemos es su gran tamaño: tiene seis kilómetros de diámetro.

Procedencia desconocida. Hay varios factores que hacen atípico este cometa. Su gran tamaño es el primero. Frente a otros cuerpos semejantes, cuyo diámetro se puede medir en decenas de metros, 96P/Machholz 1 tiene un diámetro de unos seis kilómetros.

Pero es la composición del cometa lo que más sorprende a los astrónomos. Según sus estimaciones, este cuerpo celeste tiene menos del 1,5% de los niveles de cianógeno (un compuesto orgánico de carbono y nitrógeno presente en algunos cometas). Sus niveles de carbono son también más bajos de lo que suele ser habitual en los cometas “típicos” de nuestro entorno.

Se cree que el cometa pudo haber estado rondando el espacio interestelar hasta toparse con el influjo gravitatorio de Júpiter, que lo habría colocado en su órbita actual. También se considera que podría tener su procedencia en alguna región exterior de nuestro propio sistema solar o que la ausencia de cianógeno se debe simplemente a repetidas y cercanas interacciones con el Sol.

Un paso que nos abrirá los ojos. Es probable que estos días logremos aprender algo nuevo de este cometa. Su nuevo paso por el interior del sistema solar está generando gran atención entre los astrónomos. “96P es un cometa muy atípico, tanto en composición como en comportamiento, por lo que nunca sabemos qué podremos ver” explicaba Karl Battams, astrofísico del Naval Research Lab estadounidense, en declaraciones a spaceweather.com.

“De acuerdo con esto, estamos desarrollando un programa especial de observación junto a SOHO [Solar and Heliospheric Observatory] para maximizar el retorno científico, de forma que el flujo normal de datos públicos de [su] coronagrafía será ralentizado durante unos días (a seis imágenes a la hora). Con suerte podremos conseguir una ciencia hermosa de esto y compartirla con todo el mundo en cuanto podamos”, concluía Battams.

Los cometas son cuerpos formados por cúmulos de hielo y roca. Cuando se acercan al Sol pierden consistencia al derretirse el hielo. La incidencia del Sol hace que algunas partículas de polvo y gas salgan disparadas del núcleo del cometa, creando la cola. Esta interacción es la que facilita a los astrónomos analizar con cierta precisión la composición del cometa.

A clip from today's LASCO C3 data that I've processed manually. Working on something nicer (with an added surprise 🤫), but that can wait until 96P exits the field of view and I can write something up about it.

Again, these are those long (90s) exposure orange filtered images. pic.twitter.com/xg3eAUeyQb

— Karl Battams (@SungrazerComets) February 1, 2023

I spy with my little eye... a comet!

Comet 96P Machholz can be seen in the upper left in these images from this week with the help of two of NASA’s Sun-watching spacecraft.

Learn more about how NASA's spots comets by watching the Sun: https://t.co/M7ZcDTmgtB pic.twitter.com/OGyaJcxTRY

— NASA Sun & Space (@NASASun) February 1, 2023

Un destino incierto. Si 96P/Machholz 1 fuera un cometa normal, los astrónomos considerarían que tiene sus días contados. Su órbita lo está llevando más cerca que nunca del Sol, a una distancia que un cometa de tamaño medio no sobreviviría.

Este cometa, con sus seis kilómetros de diámetro y una composición desconocida parece en cualquier caso capaz de sobrevivir. No en vano, 96P/Machholz 1 ya ha hecho pasos cercanos al Sol. Aun así es imposible saber con total exactitud cómo este paso por nuestra estrella incidirá en el cometa y su comportamiento.

Las Delta Acuáridas. El nombre 96P/Machholz quizás resulte familiar a algunos por un evento relacionado: las Delta Acuáridas. El complejo 96P/Machholz se refiere a un número de fenómenos celestes relacionados con el cometa en cuestión, y que incluye la lluvia de estrellas estival que precede a las Perseidas.

El nombre del cometa se debe a su descubridor, Donald Machholz, un astrónomo aficionado que descubrió nada menos que 12 cometas entre la década de los 70 y la de 2010. El avistamiento de este cometa lo realizó en 1986 gracias a unos binoculares caseros que creó él mismo, aunque no fue hasta 2005 que supimos que era tan solo una parte de un complejo número de fenómenos.

96P/Machholz 1 realiza sus visitas cada cinco años y medio aproximadamente y sus órbitas tienen perihelios de alrededor de 0,12 unidades astronómicas, es decir, menos de una octava parte de la nuestra distancia media con el Sol.

Imagen | Cometa Neowise. Eduardo Arcos

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La ciencia ya sabe cuántas veces podemos utilizar el mismo aceite de oliva para cocinar. Pista: muchas

La ciencia ya sabe cuántas veces podemos utilizar el mismo aceite de oliva para cocinar. Pista: muchas

El aceite de oliva en todas sus variantes es una de las piedras angulares de la gastronomía mediterránea y española. Entre los usos de este aceite está, cómo no, el de la fritura, un uso que muy a menudo nos deja un remanente que puede ser reutilizado. Pero no indefinidamente.

Saber a ciencia cierta cuántos usos puede aguantar un aceite es una tarea compleja por la gran cantidad de factores que pueden afectar al proceso. Ahora, un equipo de investigación liderado por expertos de la Universidad de Jaén se ha propuesto averiguar dónde están los límites de esta grasa vegetal.

Para ello los investigadores están recurriendo a la inteligencia artificial. A través de esta herramienta se quiere buscar no solo una estimación de las posibilidades de reutilización del aceite, sino también indagar en cómo las condiciones de conservación afectan a la pérdida de calidad del ingrediente.

No es todo una cuestión de cuánto reutilicemos el aceite sino de cómo cuidemos este líquido antes y después de utilizarlo. Para poder mantener el líquido en el mejor estado de conservación hay algunas recomendaciones a tener en cuenta.

Mientras estemos cocinando, lo primero que debemos tener en cuenta es la temperatura a la que pongamos el aceite. El exceso de calor es uno de los principales factores que pueden contribuir al degradado del aceite, aunque no lo hace en todos los aceites por igual. Es importante que conozcamos el punto de humeo del aceite que estemos utilizando.

Otro factor es el de las impurezas. Las frituras con harina o pan rallado pueden “ensuciar” más de la cuenta el aceite, contribuyendo a su degradado. Esto contrasta con otros tipos de frituras como la de verduras de distinto tipo.

Finalmente, para su conservación óptima, debemos conservar el aceite en un lugar fresco y alejado de la luz. Para esto último podemos recurrir a una aceitera opaca para guardar el aceite a reutilizar.

¿Y dónde está el límite?

Puede oscilar mucho en función del criterio. Según explica Antonio Jesús Rivera, uno de los miembros del equipo de investigación de la Universidad de Jaén, el aceite de oliva virgen extra puede llegar a utilizarse en unas 40 ocasiones antes de que su estado de degradación alcance los límites establecidos. Los resultados del estudio son aún preliminares. Será el uso de la inteligencia artificial la que permita refinar estas estimaciones.

Eso no quiere decir que este sea el límite que debamos aplicar en nuestras cocinas. En primer lugar porque la cantidad exacta puede variar dependiendo del uso que hagamos de él. Tomar todas las precauciones antes mencionadas no siempre está a nuestro alcance, por buenas que sean las condiciones de nuestra cocina o por mucho que nos esperemos en colar la última impureza dejada por nuestro menú.

En segundo lugar, porque aunque los compuestos indeseables no lleguen a un umbral determinado (el 25% de compuestos polares es el límite que se suele utilizar como referencia), la calidad del aceite puede no resultar satisfactoria. En este sentido, las recomendaciones suelen situarse entre tres y cinco frituras.

Con el uso reiterado del líquido podemos observar dos cambios importantes. El primero será en el color, ya que el aceite irá oscureciéndose con su uso. El segundo será en su textura. El aceite se hace cada vez más pastoso.

A esto puede sumarse que la reutilización haga al aceite acumular aromas que puedan acabar transfiriéndose a nuestra próxima fritura. Esto implica que, mucho antes de alcanzar límites que podríamos considerar nocivos para la salud (y siempre que cumplamos con ciertas precauciones) el número de veces que podemos reutilizar el aceite se nos hará aparente.

Imagen | Louis Hansel

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Tenemos una nueva respuesta a la paradoja de Fermi. No es una que nos deje en buen lugar

Tenemos una nueva respuesta a la paradoja de Fermi. No es una que nos deje en buen lugar

La paradoja de Fermi nos plantea una de las preguntas más famosas en el ámbito de la exploración del espacio: ¿Si es que hay vida fuera de nuestro planeta, cómo es posible que no se haya manifestado aún?

Nuestra galaxia cuenta con miles de millones de estrellas. Puesto que no tenemos motivos para pensar que nuestro sistema solar tenga nada de especial, es lógico concluir que deben de existir numerosísimos planetas con condiciones más o menos semejantes al nuestro.

Por tanto, si en nuestro planeta cuenta con vida y, lo que es más, vida inteligente, es posible (o incluso probable) que esta vida se haya podido desarrollar en otros planetas no muy lejanos al nuestro. En términos astronómicos, claro.

El hecho de que aún no hayamos tenido noticias de la existencia de vida inteligente (o vida en un sentido más amplio) fuera de nuestro planeta intriga a muchos. Incluyendo al propio Enrico Fermi, quien dio nombre a esta famosa paradoja.

Hay muchas teorías que intentan explicar esta aparente discrepancia. Una de las últimas, la postulada por el astrofísico Amri Wandel en un artículo en la revista The Astrophysical Journal. La hipótesis que postula Wandel se basa en la idea de que, si los planetas que cuentan con vida fuera de nuestro sistema solar son comunes, una civilización extraterrestre con ganas de explorar y conocer otras formas de vida se limitaría a buscar el contacto solo con planetas donde hubieran comprobado la existencia de vida inteligente.

Cuestión de tiempo.

La otra clave se encuentra en la limitación natural que supone la velocidad a la que viaja la luz. La principal prueba que los alienígenas podrían tomar como referencia de encontrarse con una civilización inteligente.

El ser humano comenzó a “emitir” estas ondas a finales del siglo XIX, lo que implica que éstas solo podrían haber alcanzado a los sistemas de estrellas situadas en una “pequeña” burbuja de algo más de 250 años luz de diámetro. Un volumen ínfimo si lo comparamos con la Vía Láctea y su disco de 100.000 años luz de diámetro.

Además, aunque asumamos la existencia de vida en esta burbuja de nuestro entorno, cualquier respuesta tardaría lo mismo en llegar hasta nuestro planeta. Si limitáramos nuestra burbuja a los lugares donde nuestras señales hubiera podido ser recogidas a tiempo de enviarnos una respuesta el cerco se estrecha aún más.

Wendel estima en base a esto que es “primer contacto” tardaría entre 400 y 50.000 años en llegar. Este es el tiempo en el que nuestras primeras señales tardarían en cubrir una parte significativa de nuestra galaxia de modo que les diera tiempo de llegar a otro planeta y que sus habitantes tengan tiempo de contestarnos.

Hay una tercera cuestión que puede relacionarse con el planteamiento de Wendel, y es la posibilidad de que esta hipotética civilización extraterrestre pudiera detectar nuestra señal y descartarla por considerar que nos encontramos en un estado suficientemente avanzado. En ese caso los alienígenas podrían estar esperando a que nuestras señales transmitieran mensajes más propios de criaturas inteligentes.

Desde que la paradoja de Fermi ganara popularidad multitud de respuestas han sido planteadas para explicarla. La posibilidad de que simplemente carezcamos de interés para los alienígenas es una de ellas. Esta idea es semejante a la que otro viejo conocido de la búsqueda de vida extraterrestre, Avi Loeb, proponía para quitar hierro a la idea de una invasión alienígena.

Entre las otras múltiples respuestas a esta pregunta el tiempo es clave para varias. Bien porque podríamos ser una de las primeras civilizaciones inteligentes en nuestra galaxia o bien porque podríamos ser una de las pocas supervivientes de nuestro tiempo. También existen quienes consideran que los alienígenas pudieron haber reparado en nuestro planeta antes de que los humanos pudiéramos comprender y registrar la visita.

Cualquiera que sea el caso la búsqueda sigue en marcha. Puede incluso que seamos capaces de detectar vida antes de que ella nos detecte a nosotros.

Imagen | Mario Roberto Durán Ortiz, CC BY-SA 4.0

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Qué es el Almacenamiento Geológico Profundo, uno de los pilares de la estrategia española para los residuos nucleares

Qué es el Almacenamiento Geológico Profundo, uno de los pilares de la estrategia española para los residuos nucleares

Puede que el almacenamiento de residuos nucleares sea menos problemático y peligroso de lo que tendemos a imaginar, pero eso no quiere decir que no implique serios quebraderos de cabeza y enormes precauciones. Y en esta lucha por hacer los residuos más seguros el almacenamiento geológico profundo parece imponerse como estrategia.

El almacenamiento geológico profundo. Esta forma de almacenar los residuos nucleares se basa en una idea muy simple, la de enterrarlos muy por debajo de la superficie. Con ello, el almacenamiento geológico profundo  (AGP) busca evitar algunos de los problemas que generan los almacenes más “superficiales”.

Problemas como el coste derivado de vigilancia, no solo ante posibles incidentes sino también frente a la posibilidad de robos de material. Si bien el almacenamiento no profundo puede ser más barato a corto plazo esta necesidad de mantenimiento constante lo convierte en una opción más rentable.

Más que un simple cementerio. No vale con enterrarlos de cualquier manera, obviamente. La clave de este almacenamiento se encuentra en hallar repositorios seguros. Esto depende de las condiciones geológicas. Para que el almacén no genere problemas debe situarse en una formación geológica estable.

Los almacenes de este tipo combinan la barrera natural provista por las formaciones geológicas que rodean el AGP con barreras artificiales creadas en su construcción. El objetivo es aislar el contenido debidamente y asegurarse de que, aun en caso de accidente cualquier emisión fuera de una magnitud suficientemente pequeña para no generar impacto alguno.

Otro factor fundamental en los AGPs es la gestión del calor emanado por los residuos. Éstos pueden irradiar su energía en forma de calor, por lo que el almacén debe facilitar que este pueda disiparse sin afectar ni a su funcionamiento ni a los propios residuos almacenados en él.

Medidas de seguridad complementarias. El funcionamiento de estos almacenes es complementario a las medidas de seguridad que se utilizan habitualmente en el tratamiento de los residuos como el uso de contenedores específicos para el almacenamiento de este tipo de residuos o el trascurso de un periodo determinado de tiempo de “enfriamiento” previo al traslado de los residuos a su lugar de descanso definitivo.

Onkalo, un precedente en Europa. El primer almacén de este tipo en nuestro entorno se está construyendo en Finlandia. Onkalo, que puede traducirse como “cueva”, tiene 430 metros de profundidad (el repositorio estará a 420 metros por debajo del nivel del mar). Según los planes, el depósito permanecerá abierto durante unos 100 años e irá acogiendo nuevos residuos radiactivos. Tras ello se sellará definitivamente para los próximos 100.000 años.

Onkalo no es el único proyecto en su clase. En la vecina Suecia los preparativos avanzan para la construcción de un almacén de este tipo. También Francia podría abrir uno en las próximas décadas. Fuera de Europa, Canadá se prepara para hacer lo propio y Estados Unidos cuenta ya con un almacén de características semejantes para material radiactivo de uso militar.

¿Y en España? A finales del año pasado el Gobierno y el Consejo de Seguridad Nuclear aprobaron la creación de una red descentralizada de almacenes para residuos nucleares. Estos almacenes estarían destinados a albergar de manera temporal los residuos nucleares de los siete reactores activos en el Estado.

El plan incluye asimismo la creación de un AGP como lugar final de descanso para estos residuos. Habrá que esperar hasta llegar a este punto. Hasta 2073. El plan, si bien contempla la creación de este sistema de almacenamiento no prevé su entrada en funcionamiento hasta dentro de medio siglo.

No es limpio el que mucho limpia… El objetivo a largo plazo pasa por tecnologías que generen menos residuos. La energía de fusión es una forma de energía nuclear que no crea residuos peligrosos. Ésta se basa en la fusión de isótopos de hidrógeno en helio. Esto implica que el proceso no genera, en esencia, residuos peligrosos.

La energía de fisión también tiene margen de mejora. Hoy por hoy la mayor parte del combustible utilizado por las centrales nucleares pasa a engrosar la masa de los residuos que genera. Esto se debe a que las centrales actuales solo pueden aprovechar una fracción del combustible.

Existen tecnologías que nos permitirán en el futuro un mejor aprovechamiento de los recursos de uranio. Ejemplo de esto son los reactores de sales fundidas y torio. Estos últimos cuentan con residuos con un periodo de semidesintegración considerablemente más breve que los que generan las centrales actuales. La tecnología la conocemos, pero aún queda camino hasta que resulte rentable. Hasta entonces tendremos que ir planeando qué hacer con nuestros residuos. Los AGP son la mejor baza con la que contamos hoy por hoy.

Imagen | Posiva 

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