Llevamos mucho tiempo creando herramientas de los huesos de las ballenas. Antes incluso de aprender a cazarlas

Llevamos mucho tiempo creando herramientas de los huesos de las ballenas. Antes incluso de aprender a cazarlas

Durante siglos, la caza de ballenas fue un sector de peso en las áreas costeras del golfo de Bizkaia. De este animal se aprovechaba todo, o casi todo: la carne servía de alimento y la grasa servía como aceite para dar avivar las llamas de las lámparas antes de la electricidad y del petróleo. Sus huesos también han sido un valioso recurso a lo largo de la historia.

Ahora sabemos que también durante la prehistoria.

Herramientas prehistóricas. Un grupo de investigadores, entre ellos científicos del centro Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona, ha descubierto unas herramientas fabricadas con hueso de ballena. El análisis de  de ha arrojado una edad estimada de entre 19.000 y 20.000 años.

Las 83 herramientas fueron halladas en diversos yacimientos repartidos por la costa del golfo de Bizkaia, incluyendo la costa cantábrica y puntos del sur de Francia. A estas herramientas hay que añadir otros 90 huesos no trabajados hallados en la cueva de Santa Catalina, ubicada en la localidad vizcaina de Lekeitio.

Los restos óseos habrían pertenecido a ejemplares de al menos cinco especies distintas, incluyendo especies como el cachalote, la ballena común y la ballena azul que aún pueden encontrarse en las aguas del Golfo y la ballena gris, ya desaparecida de ese entorno con un hábitat más restringido a zonas del Pacífico norte y los océanos Árticos, explica el equipo

Investigando el qué y cuándo. Para la identificación de las especies y datación de las herramientas, el equipo recurrió a las técnicas de espectrometría de masas y datación por radiocarbono. Fue así que lograron hallar el origen de las herramientas en las cinco especies antes citadas. También fue como el equipo determinó que se encontraba, en palabras del miembro del grupo Jean-Marc Pétillon “algunas de las evidencias más antiguas conocidas del uso humano de restos de ballena como herramientas”.

“ZooMS es una técnica muy potente para investigar la diversidad pasada de mamíferos marinos, especialmente cuando faltan elementos morfométricos diagnósticos en los restos y objetos óseos, algo común en los artefactos fabricados con huesos”, explicaba en una nota de prensa Krista McGrath, coautora del estudio.

Análisis químico. El estudio también involucró un análisis químico de la muestra. Gracias a este, el equipo pudo averiguar datos sobre los hábitos alimenticios de las ballenas, los cuales “diferían ligeramente de los de sus homólogas modernas”. Esto implica posibles cambios bien en el comportamiento de los cetáceos, bien en el propio ecosistema marino.

Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Nature Communications.

¿20.000 años cazando ballenas? La conclusión de que el ser humano lleva 20 milenios cazando ballenas es tentadora, pero el equipo responsable del estudio la considera “extremadamente improbable”. La hipótesis más probable es que los cazadores del Pleistoceno hubieran aprovechado la llegada de ballenas varadas a la costa para obtener sus huesos y fabricar a partir de ellos

“Es extremadamente improbable que estas especies hubieran sido accesibles a los cazadores recolectores del Pelistoceno europeo de otra forma que no fuera a través de métodos de adquisición pasiva, como la adquisición oportunista de ballenas varadas o la llegada a la costa de cadáveres”, señala el artículo. “No hay evidencia (…) de que los cazadores recolectores del Pleistoceno europeo tuvieran las tecnologías necesarias para cazar estas especies, como la navegación (...).”

Cambio del nivel del mar. Estudiar la vida costera en las eras glaciales ya que la línea de costa presente se encuentra relativamente lejos de la línea costera propia de la última glaciación, aunque la extensión de las tierras inundadas tras el fin de la última era glacial difiere entre área y área. Dentro del golfo de Bizkaia, por ejemplo, podemos apreciar una mayor área inundada en la costa francesa y por tanto un mayor retroceso de la línea costera en contraste con la costa cantábrica.

En cualquier caso, la recesión costera implica la pérdida de valiosos yacimientos costeros ahora inundados por las aguas del Atlántico. Yacimientos que podrían esconder infinidad de datos que nos pudieran ayudar a conocer mejor estos modos de vida de los pueblos costeros milenios atrás en el tiempo.

En Xataka | La historia de la última ballena cazada en España, el 21 de octubre de 1985

Imagen | ICTA-UAB/Alexandre Lefebvre

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Nunca llueve a gusto de todos: acabamos de descubrir que las precipitaciones han causado estragos en el pulpo gallego

Nunca llueve a gusto de todos: acabamos de descubrir que las precipitaciones han causado estragos en el pulpo gallego

El pulpo es un animal de interés en la costa gallega, al fin y al cabo, este animal es utilizado como el ingrediente principal de uno de los platos más populares de su gastronomía. Sin embargo la pesca de este cefalópodo tan singular arrastra dificultades a la hora de satisfacer la demanda del mercado.

Tras la pista del pulpo. Ahora un nuevo estudio en el que han participado investigadores del Instituto Investigaciones Marinas del CSIC y del Pescanova Biomarine Center, nos da una importante pista sobre el estrés en el pulpo común (Octopus vulgaris). Se trata de una pista que puede ayudarnos a proteger las pesquerías de estos animales e, incluso, mejorar el trato que reciben en el incipiente sector de la acuicultura.

Oferta y demanda. El pulpo a la gallega de nuestras mesas no suele tener su origen en Galicia. No estamos hablando de la disputa gallego-leonesa por el origen del pulpo a feira, sino del hecho de que la la pesca de este cefalópodo en las costas gallegas no representa más que una fracción del consumo total del país.

Según datos del Faro de Vigo, la campaña del pulpo 2023/24 se saldó con capturas de 1,5 millones de kg (un descenso notable respecto al año previo); mientras que según datos del Informe del consumo alimentario en España de 2023, el consumo de pulpo (junto al de calamares) de los hogares españoles fue de algo más de 41 millones de kg. Solo en conservas, se consumieron casi 385.000 kg de pulpo según el informe.

¿Pulpo de piscifactoría? Entonces, ¿de dónde llega el pulpo que consumimos? Uno de los orígenes está en las costas africanas, concretamente en el norte del continente. A pesar de ello, la demanda mundial de pulpo implica una enorme presión no solo sobre los caladeros gallegos, sino también a nivel global.

En este contexto, la pesca del cefalópodo avanza hacia una nueva frontera, la del pulpo de acuicultura o piscifactoría. Una frontera envuelta, eso sí en la polémica.

Si bien es cierto que esta práctica podría aliviar la presión sobre los caladeros y proteger especies codiciadas como el pulpo común de la sobrepesca, son muchas las voces que se han alzado contra los últimos proyectos que apuntan en esta dirección. El motivo: el dilema ético de criar para el consumo animales cuya inteligencia suele equipararse con la de algunos de los animales vertebrados más inteligentes como gatos o cuervos.

El estrés del pulpo. No es de extrañar por tanto el interés científico a la hora de comprender aspectos como el estrés en estos animales. Interés reflejado en estudios como el recientemente publicado en la revista Physiology-Endocrinology and Metabolism. Este análisis se centró en los mecanismos de respuesta al estrés y potencial osmorregulación en el pulpo común.

El equipo responsable recurrió a técnicas de cromatografía de líquidos y espectrometría de masas, lo que le permitió contrastar que estos animales no producen cortisol, corticosterona o cortisona, tres hormonas que solemos asociar precisamente con respuesta al estrés y la osmorregulación en animales vertebrados.

Un efecto inesperado. El equipo detalla que sus hallazgos pueden explicar la muerte en masa de pulpos en las costas gallegas vista en épocas de intensas lluvias. Un fenómeno que también se extiende a otros contextos geográficos. Según señalan, las caídas rápidas en salinidad causadas por las lluvias podrían poner en riesgo la “estabilidad fisiológica” de los animales, consecuencia directa de no contar con mecanismos de respuesta a factores externos de estrés como el cortisol.

Ponderando pros y contras. Aprender sobre este fascinante animal no solo nos permite saciar la curiosidad que generan estas criaturas, también puede ayudarnos a protegerlas. También puede ayudar a quienes buscan formas de criar a estos animales en cautividad ya que ahora podemos intuir que las dificultades para responder al estrés pueden estar detrás de las dificultades que esta forma de acuicultura plantea.

También nos puede ayudar a explicar la creciente dificultad para pescar estos animales, una dificultad reflejada en la caída en el volumen de capturas.

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Imagen | Pexels

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El núcleo terrestre tiene una “fuga”. Y es de oro

El núcleo terrestre tiene una "fuga". Y es de oro

Nuestro planeta esconde, miles de kilómetros bajo nuestros pies, un núcleo compuesto principalmente de hierro, con una importante concentración de níquel, y también con otros elementos entremezclados. Y entre estos últimos elementos, se encuentra el oro.

Fuga de oro. Oro que, según un reciente estudio, está filtrándose hacia capas superiores, en dirección a la superficie y a través del manto terrestre. Un oro, además, que se habría “fugado” del núcleo terrestre junto con otros metales preciosos.

Una porción minúscula. El oro ha sido considerado, desde tiempos inmemoriales, un metal precioso y su “rareza” ha estado relacionada con el valor que hemos dado a este elemento a lo largo de la historia de la humanidad. “Rareza”, entrecomillada, puesto que es una rareza contextual.

El oro es raro en la superficie de nuestro planeta y en las zonas más accesibles de la corteza a través de la minería. Pero este elemento no es raro en el universo, y no es tampoco escaso en nuestro planeta Tierra. Tanto que el oro “superficial” representa menos del 0,001% del total de este oro.

Antes y después. Alguien podría preguntarse por qué el oro de nuestro planeta se ha repartido de forma tan caprichosa. Es porque este reparto tiene poco o nada de caprichoso, y el motivo está en la historia geológica de nuestro propio planeta.

Cuando la Tierra aún estaba en proceso de formación, hace unos 4.500 millones de años, el oro y otros metales acabaron atrapados en el núcleo del planeta, por efecto de la gravedad. Hasta ahora creíamos que estos metales habrían quedado así separados de la superficie por el manto terrestre. El origen del oro de la superficie, siguiendo esta lógica, podría estar por ejemplo en el espacio, gracias a la infinidad de meteoritos que han alcanzado la superficie de nuestro planeta a lo largo de su historia geológica.

Tras la pista del rutenio. Esto, señalábamos, no ocurre solo con el oro, también con otros metales similares como el rutenio (Ru). El reciente estudio se basó precisamente en este metal y en un hecho significativo: que el rutenio propio del núcleo terrestre presenta una abundancia significativa de un isótopo concreto, Rutenio-10 (100Ru), que lo distingue del rutenio superficial.

El equipo responsable del nuevo estudio analizó trazas de rutenio halladas en las rocas volcánicas del archipiélago de Hawái para determinar la presencia del isótopo 100Ru. Algo que habría sido imposible hace unos años, destaca el equipo, ha sido ahora posible gracias a nuevas herramientas desarrolladas para el análisis.

Análisis que permitió vincular el rutenio hallado en estas rocas con el núcleo terrestre, lo que implica que este metal procedente de la región fronteriza entre el núcleo y el manto habría ascendido hasta colarse entre el magma volcánico. Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Nature.

A bordo del magma convectivo. Investigar lo que pasa debajo de la superficie de la Tierra ha sido a lo largo de los años una tarea al borde de lo imposible. La propagación de las ondas sísmicas nos reveló en su momento información muy valiosa sobre el manto y el núcleo, pero técnicas de medición cada vez más precisas nos han ido abriendo nuevas puertas con el paso de los años.

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Imagen | Universdad de Göttingen (OpenAI)

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El problema de la llegada de calor no son solo los 40º previstos por AEMET: también las “noches tropicales”

El problema de la llegada de calor no son solo los 40º previstos por AEMET: también las "noches tropicales"

Ha llegado el calor y con él un fenómeno más molesto que las altas temperaturas diurnas: las llamadas “noches tropicales”. Una mala noticia para quienes tienen problemas para conciliar el sueño con calor.

Noches tropicales. El episodio cálido que esta semana se manifiesta sobre buena parte de España amenaza con llevar los termómetros a máximas por encima de los 35º en diversas áreas, incluso por encima de los 40º en zonas como el valle del Guadalquivir. Sin embargo, más allá de las máximas, hay otro dato al que prestar atención: las temperaturas mínimas.

Hablamos de “noches tropicales” cuando las temperaturas mínimas nocturnas no bajan de los 20º Celsius. Eso será precisamente lo que ocurra en áreas del sur de la Península y en Canarias a lo largo de la semana, según las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).

Según explica AEMET en una nota informativa dedicada al episodio cálido, las temperaturas mínimas irán subiendo a lo largo de la semana, de forma más lenta e intensa que las máximas, eso sí. Las mínimas por encima de los 20º afectarán a zonas del cuadrante suroeste y de la costa mediterránea, extendiéndose también al valle del Ebro durante el sábado.

Al borde de la “noche ecuatorial”. De hecho, las previsiones de AEMET anticipan mínimas que podrían quedarse en torno a los 24º hacia el final de la semana en zonas de Málaga o Cádiz. Esto implica que algunas zonas se sitúan al borde de la llamada “noche ecuatorial”, término que hace referencia a las noches en las que las mínimas no bajan de los 25º.

Un anticiclón, ¿y una dana? Pero, ¿qué está pasando para que la primavera haya finalizado de forma tan abrupta? Buena parte de la culpa la tiene un anticiclón con dentro ubicado sobre aguas del Atlántico, en torno a las Azores. El influjo de las altas presiones nos dejará una gran estabilidad atmosférica, explica AEMET, con “cielos prácticamente despejados y una elevada insolación”.

Pero aún hay más: a partir del miércoles, la aparición de una dana entre Canarias y el golfo

de Cádiz podría arrastrar consigo una masa de aire cálido, seco y con polvo en suspensión, primero hacia el sur y después hacia el centro peninsular. El resultado de esto sería el aumento adicional de las temperaturas que veremos a lo largo de la segunda mitad de la semana.

Avisos por temperaturas extremas. Así las cosas, la Agencia ha emitido varios avisos por temperaturas extremas para mañana miércoles y para el jueves por temperaturas máximas de entre 37º y 39º.

¿Hay fin a la vista? La gran pregunta ahora es cuándo acabará esto. Y lo cierto es que aún es pronto para aventurarse ya que la incertidumbre predomina hacia el final de la semana, señala AEMET. Según explica la Agencia, es “probable que a partir del sábado 31 se disipe la dana” y que aumente la inestabilidad en el norte peninsular, dando lugar a su vez a nubes que reduzcan la insolación de estos días. En cualquier caso habrá que esperar para ver si se van confirmando estas predicciones.

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Imagen | ECMWF

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Sabíamos que desayunar nueces y otros frutos secos era positivo para nuestro cerebro. Lo que no sabíamos era hasta qué punto

Sabíamos que desayunar nueces y otros frutos secos era positivo para nuestro cerebro. Lo que no sabíamos era hasta qué punto

Las nueces son un alimento nutritivo y considerado especialmente beneficioso para nuestro cerebro. Las pruebas se van acumulando, y el último estudio realizado sobre este alimento nos da nuevos detalles sobre su valor.

Un empujón para el cerebro. El equipo responsable del nuevo estudio observó una mejora en la función cerebral entre personas jóvenes que consumían nueces en el desayuno. El estudio nos da nuevas pistas a la hora de comprender la relación entre el popular fruto seco y el desempeño cognitivo.

“Este estudio ayuda a reforzar el caso de las nueces como alimento para el cerebro. Un puñado de nueces con el desayuno puede dar a los adultos jóvenes un extra mental cuando necesitan desempeñar al máximo rendimiento. Es especialmente emocionante que un cambio dietario tan simple pueda hacer una diferencia medible en el desempeño cognitivo”, destacaba en una nota de prensa Claire Williams, coautora del estudio.

Efecto retardado. El equipo observó que en la ocasión en la que consumían el desayuno con las nueces, los participantes lograban tiempos de reacción más rápidos a lo largo del día. También observaron una mejora en la memoria, pero esta no se daba en las primeras horas tras el desayuno sino más adelante en el día.

Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Food & Function.

Teoría y prácitica. A través de los EEG, el equipo observó que cambios en la actividad neural que sugerían que las nueces pueden ser más efectivas en su ayuda al desempeño cognitivo cuando nos enfrentamos a tareas mentales que suponen un retos. Por su parte, los análisis de sangre mostraron cambios en los niveles de glucosa y ácidos grasos, lo que podría ayudar al mejor desempeño.

Explicar qué nutrientes y qué mecanismos bioquímicos son los protagonistas de esta conexión entre nueces,  y cerebro es fundamental a la hora de establecer una relación causal. El equipo responsable del nuevo estudio sugiere en él que una variedad de nutrientes, entre ellos los ácidos grasos omega 3, proteínas y polifenoles, serían los responsables de este “empujoncito” cognitivo.

Un estudio con limitaciones. La pequeña muestra implica una limitación a la hora de extrapolar los resultados del estudio, sin embargo se suma a una creciente evidencia que indica que las nueces (y otros frutos secos) tienen la capacidad de mejorar nuestro rendimiento cognitivo.

Según explica el equipo responsable, el nuevo estudio complementa a la literatura existente enfocándose en los efectos del consumo de nueces a corto plazo, en el día mismo en el que se consumen. También señalan que más estudios serán aún necesarios para determinar la relación entre el consumo de nueces y cualquier mejora en el desempeño cognitivo.

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La llegada del ser humano a Sudamérica, vista a través del ADN de los herederos de la última gran migración

La llegada del ser humano a Sudamérica, vista a través del ADN de los herederos de la última gran migración

A lo largo de nuestra historia como especie, los Homo sapiens hemos logrado llegar a los rincones más remotos de la Tierra. Milenios antes de la era de la exploración, nuestros ancestros emprendieron un viaje que los llevó fuera de África y a poblar las grandes masas continentales desde Europa a América del Sur. De entre todas estas grandes migraciones, una de las más sorprendentes fue la que llevó a los humanos desde Siberia hasta la Patagonia, un viaje de 10.000 cuyos detalles estamos conociendo.

La historia en los genes. Un nuevo estudio genético nos ha dado nuevas pistas sobre la gran migración que resultó en la población de las Américas. Una migración de 20.000 kilómetros cuyas implicaciones aún perduran en aspectos tan aparentemente lejanos como la salud.

El estudio permitió trazar la historia de las migraciones hasta la considerada “frontera final” de las migraciones humanas, Tierra del Fuego, explica el equipo responsable del estudio.

Historia de un viaje de milenios. Esta gran migración habría comenzado en Siberia hace entre 27.000 y 19.000 años aproximadamente.Durante la última glaciación, en lo que hoy conocemos como el estrecho de Bering se habría formado un “puente” de tierra debido a un nivel del mar más bajo que el presente.

A través de Alaska, estas poblaciones habrían llegado a Norteamérica, pero la expansión por este continente habría sido solo una etapa intermedia. El estudio se centra en la segunda parte del viaje, cuando parte de la nueva población americana cruzó el istmo centroamericano para introducirse en el último continente en ser poblado.

La última frontera. El nuevo análisis genético nos permite conocer cómo se expandieron los humanos por Sudamérica. El equipo responsable detectó que los linajes en este continente comenzaron a divergir entre sí hace entre 14.000 y 10.000 años.

A partir de este punto, la población sudamericana comenzó a separarse en cuatro grupos. El primero en disgregarse fue el de quienes poblaron la cuenca del Amazonas, mientras el resto se repartió entre las zonas altas de la cordillera de los Andes, la zona desértica del Chaco, y finalmente, la Patagonia.

Leyendo la migración enlos genes. Para su estudio, el equipo secuenció los genomas de 1.537 individuos pertenecientes a 139 pueblos del continente. Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Science.

Implicaciones a muy largo plazo. Las consecuencias de este movimiento migratorio y sus vicisitudes aún perduran y algunas de ellas aún pesan sobre los pueblos originarios de Sudamérica, especialmente como consecuencia del aislamiento de algunas de estas poblaciones con respecto del resto de la humanidad. Esto podría explicar por qué algunas poblaciones resultaron más susceptibles a la introducción de enfermedades infecciosas por parte de los primeros europeos en llegar al continente.

“Aquellos migrantes acarrearon solo un subconjunto del acervo genético en sus poblaciones ancestrales (…). Así, la diversidad genética reducida también causó una diversidad reducida en los genes relacionados con la inmunidad, lo que puede limitar la flexibilidad a la hora de luchar contra varias enfermedades infecciosas”, destacaba en una nota de prensa Kim Hie Lim, coautora del estudio.

Del pasado al presente. Conocer nuevos datos sobre la genética de los pueblos americanos puede ayudarnos también en el presente. Esta información es valiosa a la hora de estudiar tratamientos de enfermedades relacionadas con la genética, o para comprender mejor el funcionamiento e impacto de determinados medicamentos. Además, la más estrecha relación entre las poblaciones americanas y las asiáticas implica nuevos datos sobre una población que, recuerda el equipo responsable del nuevo trabajo, abarca al 50% de la población mundial.

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Los embalses están casi un 22% por encima de la media de la última década. Hay un “pero” importante antes de celebrar

Los embalses están casi un 22% por encima de la media de la última década. Hay un "pero" importante antes de celebrar

Las previsiones de los meteorólogos parecen indicar que la primavera tiene sus días contados: la semana que viene veremos un aumento de las temperaturas y los modelos de la Agencia Estatal de Metorología prevén que de aquí a mediados del mes de junio las precipitaciones sean menores de lo que es habitual por estas fechas.

A pesar de ello, esta primavera corta ha sido intensa, y eso se ha reflejado en los embalses.

Las reservas al 77,5%. Los últimos datos indican que la reserva hídrica se ha situado esta semana en 43.407 hectómetros cúbicos (hm³), al 77,5% de su capacidad. Según destaca el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a ello han contribuido las precipitaciones “abundantes” en la Península y especialmente en Lugo, donde se han alcanzado los 55,8 mm.

Las cuencas internas del País Vasco (al 95,2% de su capacidad), el Duero (92,6%), y las cuencas del Cantábrico occidental (92,2%) son las que más cerca de su máximo teórico se ubican. En el sur destaca la cuenca de los ríos Odiel, Tinto y Piedras, al 91,7% de su capacidad.

Casi un 22% más que la media. Llevamos ya más de un año en el que los embalses acumulan más agua que el promedio de los 10 años previos. Los 43.407 hm³ actuales representan un incremento del 21,79% por encima de la media de la pasada década, 35.641 hm³.

Es una buena noticia, pero cabe recordar que el dato de la media decenal ha sido lastrado notablemente por la pasada década. Si nos vamos a datos de hace cinco años, veremos que el llenado promedio de los diez años previos (2010-2019) era del 74,3% global y del 71,8% si nos enfocamos en los embalses de uso consuntivo. La media de los últimos 10 años se encuentra ahora bastante lejos, en el 63,7% para el conjunto de los embalses, y en el 58,1% si nos centramos en el uso consuntivo.

Estado desigual. Como es habitual, existen marcadas diferencias en el nivel de llenado de las distintas cuencas. Señalábamos antes algunas de las que se encuentran más cerca del llenado pleno, todas ellas por encima del 90% de su capacidad. En el otro extremo, las cuencas del sur y del sudoeste se mantienen en niveles relativamente bajos, destacando la cuenca del Segura, al 31% de su capacidad.

La lectura positiva es que incluso esta cuenca ha visto aumentar su nivel de llenado en los últimos meses. Esta última semana, de hecho, la cuenca ha visto un aumento de casi un 1% respecto a la semana anterior. Las cuencas andaluzas del Mediterráneo, también entre las más vacías, han experimentado también un leve aumento en su volumen, hasta acercarse al 57.6% de su capacidad.

La nota negativa la pone la cuenca del Guadalete y del Barbate, la segunda con menor llenado promedio (al 54,88%), que ha perdido seis hm³ en los últimos días, una reducción del 0,36%. Eso sí, la cuenca muestra un llenado notablemente superior al visto el año pasado por estas fechas (30,28%) y también ligeramente superior a la media de los últimos 10 años (53,31%).

El fin de la primavera. El estado de los embalses nos permiten afrontar con ligero optimismo un verano incierto e inminente. Las previsiones meteorológicas señalan un aumento drástico de las temperaturas en los próximos días, y no solo eso.

Las predicciones a medio plazo de AEMET indican también que la tendencia de las próximas semanas no solo apuntará hacia unas temperaturas más cálidas de lo habitual por estas fechas, también hacia unas precipitaciones inferiores a la media. Esto parece implicar el fin de la primavera, al menos desde el punto de vista meteorológico, y el inicio de un verano que no sabemos qué nos deparará.

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Imagen | Alina Rossoshanska / MITECO

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Hemos encontrado bacterias en la estación espacial china. Lo más sorprendente es que es una especie nueva

Hemos encontrado bacterias en la estación espacial china. Lo más sorprendente es que es una especie nueva

La exploración espacial tiene una obsesión por la limpieza. No es para menos: si queremos buscar vida en otros planetas de nuestro sistema solar tenemos que asegurarnos de que nuestras naves no lleven con ellas vida terrestre que pueda llevarnos a confusión. Este es el principal motivo por el que las agencias espaciales prestan una enorme atención a los microorganismos que puedan aparecer en sus naves, incluso en las que no viajan a otros planetas. A veces la vida nos da sorpresas.

Bacterias a bordo. El análisis de muestras tomadas en la estación espacial china Tiangong ha permitido detectar trazas de la presencia de una bacteria desconocida en este aséptico entorno espacial. La recién descubierta bacteria contaría con mecanismos que la habrían permitido mantenerse con vida en las condiciones extremas propias de la vida a bordo de una estación orbital.

Niallia tiangongensis. La nueva especie ha sido bautizada como Niallia tiangongensis, en alusión al nombre de la estación espacial puesta en órbita por China. Nombre a su vez que puede traducirse como "palacio celestial". N. tiangongensis comparte género taxonómico con la especie Niallia circulans, una bacteria patógena capaz de causar sepsis en pacientes inmunocomprometidos.

La nueva bacteria tiene forma de bastón, pero sería capaz de formar esporas, estructuras ovaladas que protegen la información genética de la especie en condiciones extremas como altas temperaturas, radiación o falta de agua. N. tiangongensis podría haber llegado en esta forma a la estación que le ha dado nombre.

¿Una bacteria espacial? El origen evolutivo de esta bacteria está en la Tierra, pero desconocemos por ahora si esta nueva especie puede encontrarse en la superficie o si por el contrario se trata del resultado de la evolución de otra bacteria. Una evolución que podría haberse dado a bordo de la estación, permitiendo la supervivencia de las colonias bacterianas.

Es también posible que la especie tenga un origen casi plenamente terrestre pero que sus “colonias espaciales” hayan evolucionado para adaptarse mejor al nuevo entorno extraterrestre.

Dos años de estudio. Las muestras que han dado pie al hallazgo fueron recogidas en el interior de la estación en mayo de 2023 por los astronautas de la misión Shenzhou-15. El estudio de los restos hallados ha permitido conoce detalles sobre la estrategia de supervivencia de este microorganismo.

Se han encontrado genes que codifican algunas respuestas de estas bacterias a algunas condiciones extremas, como su respuesta al estrés oxidativo o su capacidad para reparar los daños causados por la radiación. Por ejemplo, sabemos que esta bacteria es capaz de generar partículas protectoras obteniendo para ello nitrógeno y carbono a partir de la descomposición de gelatinas.

Los detalles del hallazgo fueron publicados en un artículo en la revista International Journal of Systematic and Evolutionary Microbiology.

De la ISS a Tiangong. No es la primera vez que encontramos bacterias a bordo de una estación espacial. Hace años que detectamos bacterias en la Estación Espacial Internacional, tanto es así que recientemente sus astronautas comenzaron la búsqueda de vida en el exterior de la nave.

Lo que podemos intuir a partir del hecho de que no hubiéramos detectado antes la nueva bacteria en otras naves como la ISS es que existe diversidad en las poblaciones de microorganismos que pueblan los distintos vehículos y estaciones que enviamos al espacio.

¿Una carrera perdida? La noticia del nuevo hallazgo se ha producido casi a la par que el anuncio por parte de la NASA de la detección de numerosas especies de microorganismos en el interior de una de sus “salas limpias”, entornos presuntamente asépticos diseñados precisamente para mantener aparatos y vehículos a salvo de la contaminación.

Una mala noticia, no solo ante la posibilidad de que enviemos (o ya hayamos enviado) microorganismos a bordo de las sondas que exploran planetas y satélites donde sospechamos pueda existir o haber existido vida extraterrestre. El hecho de que sepamos que esta vida es capaz de sobrevivir en las órbitas bajas terrestres no implica necesariamente que estos microbios puedan resistir un viaje interplanetario, pero es un mal indicio.

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Imagen | Shujianyang / Bob Blaylock

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¿Es saludable comerme un helado todos y cada uno de los días del verano? La ciencia ya tiene una respuesta

¿Es saludable comerme un helado todos y cada uno de los días del verano? La ciencia ya tiene una respuesta

En una dieta equilibrada y variada no es difícil encontrar un hueco para el capricho ocasional, un postre dulce o un snack de vez en cuando. Ahora bien, encontrar el equilibrio no siempre es fácil, más aún cuando a menudo recibimos noticias que nos señalan que alimentos como el helado son saludables, algo que parece contradecir nuestras ideas más básicas sobre nutrición. Entonces, ¿es esto cierto? ¿Cada cuánto puedo comerme un helado?

En primer lugar, la mala noticia: no, comer helado no es especialmente saludable. Igual que con el consumo de ciertas bebidas alcohólicas como el vino, el hecho de que algún estudio encuentre propiedades positivas en alguno de sus conponentes, no implica necesariamente que un alimento vaya a ser saludable.

Aquí es importante atender a varias cuestiones cuestiones. La primera es que puedan existir otros componentes que anulen el efecto positivo detectado. En el ejemplo del vino, su contenido en alcohol tiende a contrarrestar el impacto de compuestos como los polifenoles. Una pregunta clave que hacernos aquí es si podemos obtener los compuestos beneficiosos de una fuente que no contenga los compuestos nocivos.

También es relevante atender a qué aspecto de la salud se refiere cierto estudio. Los análisis pueden realizarse enfocados en un aspecto concreto de la salud, como la incidencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer. Es por tanto importante comprender que lo que puede ser bueno para un aspecto de nuestra salud puede no serlo tanto para otro.

Interpretar los resultados de un estudio es importante, pero a veces la metodología también nos puede dar pistas importantes a la hora de realizar esta interpretación. Un ejemplo lo tenemos en un artículo para The Conversation escrito por Duane Mellor, experto en medicina y nutrición de la Aston University de Birmingham.

Aunque es un resultado interesante, hay que tener en cuenta algunos factores, el primero, el hecho de que los helados representan un pequeño elemento de la dieta y que a veces otras variables pueden jugarnos una mala pasada.

Mellor pone su atención en una tesis doctoral publicada en 2018 y enfocada en los efectos cardiometabólicos de los productos lácteos. La tesis, indica el experto, incluía un estudio en el que se observaba que, entre la población de estudio (compuesta por personas con diabetes tipo 2), aquellos que consumían helado no más de dos veces a la semana mostraban un riesgo un 12% menor de padecer enfermedades cardiovasculares, en comparación con los que no consumían este dulce.

Aunque es un resultado interesante, hay que tener en cuenta algunos factores, el primero, el hecho de que los helados representan un pequeño elemento de la dieta y que a veces otras variables pueden jugarnos una mala pasada.

“Es importante notar que este lazo entre helado y enfermedad cardiaca solo se hace aparente cuando se tienen en cuenta otros aspectos de la salud de las personas, incluyendo cómo de saludablemente comían”, explica Mellor en su artículo. “Esto sugiere que comer una dieta generalmente sana es posiblemente más importante a la hora de reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular en personas con diabetes tipo 2, comparado con comer helado.”

Establecer relaciones causales en estudios observacionales como este resulta difícil y Mellor nos da un ejemplo del por qué. Una persona con problemas previos al estudio puede decidir dejar de consumir helado para mejorar su dieta. Esto implica que esta persona será vista a efectos del estudio como una persona con un peor nivel de salud pese a llevar una vida aparentemente más saludable.

Si existe una tendencia marcada, es decir, si existen numerosos casos así, los resultados del estudio pueden presentar sesgos.

Práctica y teoría

Los helados suelen ser alimentos calóricos altos en azúcar y en grasa. Esto, como señalamos al comienzo, puede encajar perfectamente en una dieta equilibrada, pero es no quiere decir que un alimento sea saludable. El consumo de azúcar se ha vinculado con muy diversos problemas que abarcan desde la salud bucodental a un mayor riesgo de padecer cáncer, pasando también por la diabetes.

Las grasas y exceso de calorías también pueden facilitar la aparición de sobrepeso u obesidad. Si bien esto no es un problema de salud en sí mismo, sí es un factor de riesgo en la aparición de enfermedades y trastornos, entre ellos enfermedades cardiovasculares.

Existen también estudios que apuntan en esta dirección, algunos de ellos citados por Mellor en su pieza. Un estudio realizado por un equipo italiano de investigadores y publicado en 2019 en la revista Nutrients, detectó que un mayor consumo de helado se vinculaba con la aparición enfermedad de hígado graso no alcohólica, algo que no es exclusivo de este alimento, pero que también debemos tener en cuenta a la hora de tomar nuestras decisiones nutricionales.

Explicábamos antes que algo que debemos tener en cuenta es si podemos encontrar alternativas más sanas. Parte de los beneficios que nos puede aportar un helado vienen de la leche, gracias a elementos como el calcio o los probióticos. Es decir, el yogur no azucarado (o menos azucarado), el queso, o la leche pueden aportarnos algunos de estos nutrientes, conviriténdolos en alternativas que quizás puedan encajar más en una dieta diaria.

Entonces, ¿cada cuánto puedo comerme un helado? No hay una respuesta clara, depende de factores como el tipo de helado que estemos consumiendo (los nutrientes que aporta cada tipo de helado pueden variar) y el tamaño de la ración, de nuestra dieta y de infinidad de factores como nuestro peso o nuestro estado de salud.

Si quisiéramos consumir helado todos los días deberíamos asegurarnos primero de tener una dieta variada (y unos hábitos de vida saludables), consumir cantidades reducidas y eliminar otras fuentes de azúcares añadidos. Y aún así nada nos garantiza que esto no pueda derivar en otros problemas como la enfermedad del hígado graso antes mencionada.

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La edad de Hielo tuvo una tormenta solar tan potente que sus efectos aún pueden ser detectados en los árboles

La edad de Hielo tuvo una tormenta solar tan potente que sus efectos aún pueden ser detectados en los árboles

¿Cómo de potente puede llegar a ser una tormenta solar? Más de uno se habrá planteado alguna vez esta pregunta por mera curiosidad. Y también por necesidad. Responder a esta pregunta es importante de cara a prepararnos frente a potenciales tormentas de gran magnitud, pero resulta complicado: tenemos una muestra limitada y los eventos de mayor intensidad son los que suceden con menor frecuencia.

Pero ahora tenemos una nueva pista.

La madre de todas las tormentas. Un estudio reciente ha analizado los remanentes de la mayor tormenta solar de la que tengamos constancia hasta la fecha. La tormenta, unas 500 veces más potente que la mayor tormenta solar desde el inicio de la era espacial, habría sucedido hace unos 14.300 años.

Aunque ya teníamos bastantes pistas previas sobre este evento, el nuevo estudio facilita el trabajo de prepararnos ante tales eventos, y también puede ayudarnos a mejorar nuestras técnicas de datación por radiocarbono.

Hace 14.300 años. El descubrimiento de esta tormenta solar ha sido posible gracias a la detección de un pico de radiocarbono, el conocido carbono-14, sucedido hacia el año 12.350 a.e.c., hacia el final del último periodo glacial. Esto implica que la tormenta no solo es la más potente de la que tenemos constancia, también es la única tormenta solar conocida fuera del Holoceno, la época geológica contemporánea (si excluimos la existencia debatida del Antropoceno).

Distintas tormentas. La tormenta analizada fue una tormenta solar de partículas. Existen distintos eventos que podemos catalogar como tormentas solares, cada uno con sus características, como los apagones de radio, las tormentas de radiación solar o las tormentas geomagnéticas.

Las tormentas de radiación, como la estudiada, solar se producen cuando grandes cantidades de partículas cargadas procedentes del Sol alcanzan el campo magnético de la Tierra. Este campo tiende a desviar las partículas hacia los polos, haciendo que el efecto en latitudes altas sea mayor.

Carbono 14. El equipo responsable del nuevo estudio recurrió a un nuevo modelo químico-climático, SOCOL:14C-Ex, para su análisis. Este es un modelo diseñado para reconstruir tormentas solares de partículas en condiciones climáticas propias de las pasadas glaciaciones. Gracias a este modelo, explican, fue posible constatar que esta tormenta solar fue un 18% más fuerte que el evento del año 775 e.c., la mayor tormenta solar conocida hasta el descubrimiento de este evento.

“Comparado con el mayor evento en la era moderna de los satélites (la tormenta de partículas de 2005) el antiguo evento de 12.350 a.C. fue unas 500 veces más intenso, de acuerdo con nuestras estimaciones”, explicaba en una nota de prensa Kseniia Golubenko, coautora del estudio

Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Earth and Planetary Science Letters.

Más que establecer un récord. El estudio nos permite establecer un nuevo marco al  “escenario más pesimista”, señala Golubenko. Conocer a qué nos podemos llegar a enfrentar nos da herramientas imprescindibles a la hora de prevenir este tipo de eventos.

El estudio también puede ayudar unos científicos que estudian algo muy distinto: los arqueólogos. El análisis se ha basado en el carbono-14, un isótopo muy importante a la hora de datar restos de materia orgánica muy diversos, desde telas hasta barcos. Comprender los picos de este isótopo causados por el impacto de partículas cargadas procedentes del Sol puede ayudarnos a datar con mayor precisión objetos creados en épocas pasadas.

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Imagen | NASA/GSFC/CIL

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