Cuando ‘Aquaman‘ y ‘Shazam‘ todavía no le habían lavado la cara al Universo DC en el cine, demostrando que Warner podía embarcarse en películas de superhéroes coloristas, bienhumoradas y, por qué no decirlo, deliciosamente horteras (lo que han sido los superhéroes clásicos de DC toda la vida, vamos), la primera película de ‘Wonder Woman’ era un pequeño bastión de esa forma de entender los superhéroes, casi en conflicto con la de Zack Snyder. La historia de una superheroina amazona que viajaba en el tiempo sin demasiada lógica para enfrentarse a truhanes con una eterna sonrisa.
Pero la sombra de Zack era alargada, claro, y el buen sabor de boca que la película dejaba en el espectador a base de humor y peleas inofensivas se amargaba parcialmente con un final confuso, innecesariamente oscuro y dramático, lleno de diálogos rimbombantes pero vacíos y un empacho de CGI a medio cocer algo lamentable. Luego llegó el giro de tono hacia el humor y la aventura en las películas del Universo DC, ese que atesoramos quienes preferimos cualquier episodio de ‘League of Legends’ a todos los Snyder Cuts del mundo, y ‘Wonder Woman’ quedó como un interesante primer paso en pos de esos superhéroes más coloristas y de tebeo.
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