El rastro que dejan las células fotovoltaicas al morir: pese al optimismo solar, hay problemas que aún no sabemos resolver
En todo el mundo, según Our World in Data, la energía solar fotovoltaica representa algo menos del 4% del suministro y, aun así, no cabe duda de que es una tendencia imparable. Desde 2016, es la fuente de energía con mayor crecimiento mundial.
Tanto es así que la fabricación de células fotovoltaicas ya consume el 40% de la producción del teluro del planeta, el 15% de la plata y gran parte del cuarzo. También consume una parte considerable de la producción de indio, zinc, galio y estaño. Y es una demanda que no parece que vaya a dejar de crecer.
Y, claro, a hombros de promesas de energía limpia, abundante y barata a veces se nos olvida hacernos algunas preguntas. La más evidente es… ¿A dónde van las células fotovoltaicas cuando mueren? Y, lo que es peor, ¿Qué vamos a hacer con ellas?










