El test de embarazo más antiguo del mundo tiene 3.500 años: así es cómo los egipcios se las ingeniaban para saber si una mujer estaba encinta

El test de embarazo más antiguo del mundo tiene 3.500 años: así es cómo los egipcios se las ingeniaban para saber si una mujer estaba encinta

La escena ocurre hace 3.500 años, en una abigarrada ciudad a los márgenes del Nilo. Una joven pareja se acerca a una rudimentaria botica y preguntan, algo tímidos, si hay alguna forma de saber si ella está embarazada. “No solo eso”, les responde el boticario. “Por poder, podemos saber el sexo de la criatura”. Y, acto seguido, saca un saquito lleno de semillas de trigo y otro con semillas de cebada.

La mecánica es sencilla: la muchacha tiene que orinar en ellos. Si florece primero la cebada, será un niño; si lo hace el trigo, será una niña. En cambio, si no florece ningún saco: “la señora no estará embarazada”, sentencia el boticario. Estoy fabulando, claro; pero solo sobre los personajes y el guión. Ese test de embarazo no solo existió en el Antiguo Egipto, sino que su uso está documentado hasta los años 60 del siglo pasado. Y por si fuera poco, según sabemos ahora, era capaz de predecir un embarazo con un 70% de efectividad.


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Mientras los hormigones modernos se agrietan a las pocas décadas, el Panteón de Agripa lleva 2.000 años en pie: mitos y realidades del hormigón romano

Mientras los hormigones modernos se agrietan a las pocas décadas, el Panteón de Agripa lleva 2.000 años en pie: mitos y realidades del hormigón romano

Cada año, justo después de la misa de Pentecostés y mientras el coro entona el Veni Creator Spiritus, un puñado de monagillos suben los quince pisos que hay hasta la linterna de la cúpula y lanzan miles de pétalos de rosas rojas. Y mientras esos suspiros colorados hacen almocárabes en el aire y el Sol se cuela trinchando con sus rayos la bóveda, entiendes perfectamente la descripción del Pateón que dio una vez Pedro Torrijos: 2.000 años de hormigón sostenidos por una columna de luz.

Es solo una muestra, quizás la más intensa y radical, de lo que el Imperio Romano fue capaz de alzar hace dos milenios. Pero no es la única. Basta con viajar un poco más al oriente, hasta el norte de la región de Samaria en lo que hoy es Israel para encontrarse con Cesárea Marítima y, sobre todo, con los restos del puerto de Sebastos: el que, con sus 100.000 m2, fue durante siglos el mayor puerto artificial construido en mar abierto.


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El misterioso “síndrome de La Habana”: 20 casos en la embajada de EEUU en Viena obligan a la Casa Blanca a tomarse el tema en serio

El misterioso

Entre 2016 y 2017, más de una veintena de trabajadores de la Embajada de EEUU en La Habana sufrieron una amplia gama de síntomas que iban desde el dolor de cabeza y las náuseas a la pérdida de audición. Como si hubieran sufrido una súbita conmoción cerebral, sólo que sin rastro de ella. Algo estaba pasando, pero nadie sabía qué. Washington retiró al 60% de su personal en 2017 y se puso a investigar.


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La Agencia Europea del Medicamento se pone de perfil y deja en mano de los países la tercera dosis de la vacuna del COVID: esto es lo que sabemos

La Agencia Europea del Medicamento se pone de perfil y deja en mano de los países la tercera dosis de la vacuna del COVID: esto es lo que sabemos

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) acaba de publicar una recomendación sobre las dosis de refuerzo de las vacunas de Pfizer y Moderna: la famosa tercera dosis. Es un tema polémico que lleva semanas discutiéndose, pero no ha sido hasta hoy cuando la EMA ha podido analizar los datos de las farmacéuticas y elaborar unas conclusiones sólidas. Lamentablemente no zanjan el asunto.

Mientras recomienda una tercera dosis para las personas con problemas inmunitarios (algo que ya se venía haciendo desde hace meses); la Agencia Europea ha decidido poner la pelota de la tercera dosis en la población general a las agencias nacionales y sus respectivos gobiernos. La autoriza, sí; pero públicamente ni la recomienda, ni la deja de recomendar.


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La historia de cómo metimos la luz eléctrica dentro de millones de casas gracias a una solución tan simple como fundamental: el taco de pared

La historia de cómo metimos la luz eléctrica dentro de millones de casas gracias a una solución tan simple como fundamental: el taco de pared

Una tarde de verano de 1958, Artur Fishcher entró en la pequeña factoría que había construído en Tumlingen, hoy en el término municipal de Waldachtal, al suroeste de Alemania. Saludó distraído a los trabajadores que se encontró en la puerta y fue directo a la poliamida. Cortó un pequeño cilindro de este material y sacó el taladro de la caja de herramientas. El resto es historia, el taco Fishcher (como aún se conoce a los tacos expansivos en el mundo del bricolaje) estaba a punto de revolucionar el mundo.

Pero, antes de Fishcher y aunque no suele reconocérselo en los libros de historia, el taco ya llevaba décadas siendo clave en otra gran revolución: la de la electrificación del mundo moderno.


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La historia de cómo metimos la luz eléctrica dentro de millones de casas gracias a una solución tan simple como fundamental: el taco de pared

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Una tarde de verano de 1958, Artur Fishcher entró en la pequeña factoría que había construído en Tumlingen, hoy en el término municipal de Waldachtal, al suroeste de Alemania. Saludó distraído a los trabajadores que se encontró en la puerta y fue directo a la poliamida. Cortó un pequeño cilindro de este material y sacó el taladro de la caja de herramientas. El resto es historia, el taco Fishcher (como aún se conoce a los tacos expansivos en el mundo del bricolaje) estaba a punto de revolucionar el mundo.

Pero, antes de Fishcher y aunque no suele reconocérselo en los libros de historia, el taco ya llevaba décadas siendo clave en otra gran revolución: la de la electrificación del mundo moderno.


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Después del volcán: cómo y cuándo recuperaremos lo que ha destruído la erupción de La Palma

Después del volcán: cómo y cuándo recuperaremos lo que ha destruído la erupción de La Palma

El 1 de septiembre de 1730, la tierra se abrió en Timanfaya y una enorme montaña se levantó de la nada. Aquella erupción volcánica duró seis años y arrasó casi una cuarta parte de la isla de Lanzarote. Tingafa, Montaña Blanca, Maretas, Santa Catalina, Jaretas, San Juan, Peña de Plomos, Testeina y Rodeos; es decir, un total de nueve caseríos del sur fueron barridos de la faz de la Tierra y todo Lanzarote sufrió una lluvia intensa de ceniza y lapilli que se alargó meses. Ante el dantesco espectáculo, la desesperación y el miedo, muchos isleños se refugiaron en otras islas.

Lanzarote tenía unos 5.000 habitantes en aquel momento: aquello podía significar el fin de los asentamientos en la isla. Sin embargo, en los siguientes 38 años e impulsados por la cantidad de nutrientes que tiene dicho lapilli, la población se multiplicó por dos y la economía isleña se disparó. Pasó de ser un mero productor de cereales a convertirse en un vergel repleto de todo tipo de frutas, verduras y el famoso vino de malvasía.


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La pregunta de si tuvimos un hermano gemelo (aunque se perdiera en el útero) tiene una respuesta y está en nuestra (epi)genética

La pregunta de si tuvimos un hermano gemelo (aunque se perdiera en el útero) tiene una respuesta y está en nuestra (epi)genética

Aunque parezca mentira, nuestra comprensión de por qué algunos partos son de gemelos no ha cambiado mucho en el último par de siglos. Por supuesto, ahora sabemos que los gemelos idénticos surgen porque el cigoto (es decir, el óvulo fecundado) se divide en dos embriones que comparten exactamente los mismos genes. Pero no hablo de ese “porqué”, hablo de algo más básico: de la razón por la que esa división tiene lugar.

Tanto es así que, como no hemos sido capaces de encontrar ningún “mínimo común genético” en todos ellos, el consenso entre los expertos ha sido “culpar” al azar de todo esto. Lamentablemente. Porque, aunque solo hay en torno a un 2% de partos gemelares, se estima que el 12% de los embarazos son múltiples (pero los embriones se pierden durante la gestación). Eso quiere decir que, pese a que sabemos que los gemelos tienen problemas médicos específicos, la inmensa mayoría de ellos no saben ni que lo son.


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Aunque parezca mentira, nuestra comprensión de por qué algunos partos son de gemelos no ha cambiado mucho en el último par de siglos. Por supuesto, ahora sabemos que los gemelos idénticos surgen porque el cigoto (es decir, el óvulo fecundado) se divide en dos embriones que comparten exactamente los mismos genes. Pero no hablo de ese “porqué”, hablo de algo más básico: de la razón por la que esa división tiene lugar.

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