Holoride y Audi quieren que los viajes en coche se te hagan más cortos. Su solución: realidad virtual

Holoride y Audi quieren que los viajes en coche se te hagan más cortos. Su solución: realidad virtual

— Papá, ¿Cuánto falta?

Lo reconoces, ¿verdad? Suena raro, casi a ciencia ficción, pero quizás dentro de no mucho ese mantra infantil que todos hemos pronunciado o escuchado dentro de un coche acabe siendo cosa del pasado. Ese es el objetivo al menos de Holoride, empresa alemana empeñada en que los viajes por carretera sean casi como la visita a un "parque temático". La compañía lleva tiempo trabajando con realidad extendida (XR) y el propósito de que quienes viajan como acompañantes en un coche puedan entretenerse con realidad virtual (VR) conectada al propio automóvil.

Ahora Holoride da un paso más de la mano de Audi. Ambas empresas —muy ligadas en sus orígenes— acaban de anunciar que el fabricante de coches germano será el primero en integrar el sistema de realidad extendida en sus vehículos de serie. En concreto, debutará a partir de junio de 2022 con algunos coches que salgan de la línea de producción provistos de la tercera generación del kit de herramientas de información y entretenimiento modular, el MIB 3, además del último software. La innovación, precisan las compañías, incluye cerca de una docena de modelos del fabricante alemán: el Audi A4, A5, A6, A7, A8, Q5, Q7, Q8, e-tron, e-tron Sportback y e-tron GT quattro.

Una carrera que arranca ya en 2022

La iniciativa arrancará en Europa, Canadá, Estados Unidos, Japón y China. "Sin embargo, la disponibilidad del Holoride en sí dependerá de cada mercado. Se espera que la nueva tecnología se lance en Alemania, el Reino Unido y el mercado estadounidense. Otros le seguirán sucesivamente", precisa Audi. La empresa responsable del sistema concreta un poco más y apunta que sus productos se lanzarán hacia el otoño y se irán expandiendo a otros territorios europeos en 2013.

Además de disponer de un coche preparado y MIB 3, los viajeros que quieran disfrutar de la experiencia de Holoride deberán tener el hardware adecuado. En las imágenes que ha difundido Audi, por ejemplo, pueden verse unas gafas especiales de realidad virtual que se conectan de forma inalámbrica, a través de Bluetooth Low Energy (BLE). El fabricante quiere que el dispositivo esté enlazado con el propio vehículo. "Detrás de Holoride hay una tecnología que adapta el contenido virtual a los movimientos de conducción del coche en tiempo real", anota Audi.

¿Qué tiene de especial Holoride? ¿Qué lo diferencia de otros recursos de VR? Principalmente, que los movimientos del viaje se reflejan en el "contenido interactivo" que disfrutan los pasajeros.

"Si el coche gira a la derecha la nave espacial en el mundo imaginario también volará hacia la derecha. Si el coche acelera, la nave espacial también lo hace", precisa Audi. Con ese propósito la startup alemana ha desarrollado lo que denomina "contenido elástico", pensado para adaptarse a los movimientos de la conducción, el tiempo de viaje e incluso la ruta progrmada. El objetivo: "una experiencia inmersiva con un nivel de calidad antes desconocido". Además de videojuegos, el fabricante germano apunta la posibilidad de que los usuarios puedan ver películas.

Aunque en su comunicado Audi recalca que Holoride es un recurso para los acompañantes, en especial para los que se acomodan en la parte trasera del coche, lo cierto es que la startup no apunta únicamente a ofrecer entretenimiento a parte de los viajeros. En el horizonte tiene un aliado que, con tiempo, puede dar una nueva perspectiva a su uso: los coches autónomos. A medida que avance la automatización y los pilotos dejen de prestar atención a la carretera el fabricante reconoce que se irán abriendo "nuevos caminos". "Cuando los conductores ya no tengan que concentrarse en la conducción podrán centrar su atención en trabajar, leer, ver películas o jugar", señala.

Gracias a las características de su sistema, sincronizado con el vehículo, Holoride asegura que puede reducir la sensación de mareo. "El desarrollo de esta innovación tecnológica VR o XR está siendo avanzando y comercializado para diferentes fabricantes por la startup", precisa Audi.

Holoride se presentó en el CES de 2019. Desde entonces ha trabajado con Disney Games e Interactive Experiences para implementar un juego VR del Universo Marvel para automóviles. El anuncio de su colaboración con el fabricante germano llega poco después de que lanzase otro con HTC para ofrecer a sus usuarios, precisamente, gafas de VR que puedan usar en el coche.

¿El objetivo? Que quizás en no mucho dejemos de escuchar —y decir— aquello de "¿Falta mucho?" o "¿Cuánto falta?" y pasemos a "¿Todavía queda mucho viaje, verdad?"

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Cometas del tamaño de un apartamento: el futuro de la energía eólica ya se está probando en Mauricio

Cometas del tamaño de un apartamento: el futuro de la energía eólica ya se está probando en Mauricio

Si te paseas por las playas de Mauricio —afortunado tú— quizás te encuentres con una enorme cometa, una vela tamaño XXL muy parecida a las que utilizan quienes practican parapente, solo que con un tamaño mucho mayor y un movimiento extraño en el cielo, en forma de ocho. No busques un deportista debajo o amarrado al otro extremo de las cuerdas. No lo hay. Lo que sí verás al final de su cabo es un cabrestante, un generador y una nave similar a un remolque de camión. El despliegue forma parte del sistema de energía eólica aerotransportada que la empresa alemana SkySails Power desplegó en la isla del Índico a finales de 2021. Su objetivo: generar energía eléctrica.

El dispositivo echa mano de una cometa motorizada del tamaño de un apartamento —su superficie oscila de 90 a 180 metros cuadrados, dependiendo del terreno— y una correa de sujeción de 800 metros de largo para producir energía. La tela se lanza y recoge con ayuda de un mástil y, una vez desplegada, se desplaza con el propio impulso del aire. Gracias a un sistema automatizado traza un patrón en forma de ochos a una altura de entre 200 y 400 metros. La fuerza de tracción que se desarrolla durante el proceso activa a su vez un generador que produce electricidad.

Autónomo y a gran altura

"La energía que genera Airbone Wind Energy System puede alimentar la red, almacenarse en baterías o consumirse directamente", explica la firma alemana, que asegura que su sistema SKS PN-14, por ejemplo, ofrece una potencia media de ciclo de entre 80 y 200 Kw. Según los resultados que maneja la BBC, en Mauricio, donde ha estrenado el primer sistema de este tipo comercial y cien por cien autónomo, se está generando algo menos de 100 kilovatios. El valor todavía está por debajo del objetivo que se ha marcado la empresa, pero contribuye ya a que la república insular logre su meta de que el 40% de su electricidad proceda de energías renovables en 2030.

La de isla Mauricio es la primera cometa de SkySails Power que se ha puesto en marcha de forma comercial y con total autonomía, pero sus directivos aseguran que han fabricado y vendido ya media decena de dispositivos. La firma alemana no es en cualquier caso la primera en lanzarse al desarrollo de la energía eólica aerotransportada. Hace años Makani Technologies, respaldada por Google, ya avanzó en ese campo; pero la multinacional dejó de apoyar el proyecto en 2020 al no ver claro su futuro. "El camino hacia la comercialización es más largo y arriesgado de lo esperado", apuntó.

Cometa

Otras compañías que apuntan en una dirección similar son la holandesa Kitepower, la noruega Kitemill, que recurre también a un dispositivo amarrado a una correa; o la francesa Airseas, cuyo sistema incluye una cometa desplegable de unos 500 metros cuadrados para impulsar barcos con ayuda del viento. Según sus propios cálculos, su sistema, que testará en un buque Ro-Ro fletado por Airbus, permitirá a los navíos recortar un 20% su uso de combustible y emisiones. Lo cierto es que a lo largo de los últimos años varias empresas han explorado alternativas, flexibles, como cometas, o rígidas, similares a naves con turbinas. En 2019 incluso se fundó Airborne Wind Europe.

La pregunta del millón es: ¿Por qué usar cometas tamaño XXL cuando tenemos molinos? La respuesta, explican desde SkySails, está en las limitaciones de los parques tradicionales. "La tecnología eólica convencional no puede explotar este recurso donde es más potente: a gran altura. Ahora ofrecemos un sistema aerotransportado que revoluciona la forma en que se aprovecha el viento y se convierte en electricidad. Creemos que es la clave que desbloqueará el 100% de las energías renovables las 24 horas del día", destaca la compañía, con sede en Hamburgo.

Los 400 metros de altura que puede aprovechar SKS PN-14, por ejemplo, superan de forma considerable a las turbinas más altas. En su ficha señala que su sujeción alcanza incluso los 800. Cuando en juego está llegar a mayores alturas, donde el viento sopla con más fuerza, no es una cuestión menor. Dispositivos como el que ahora arranca en Mauricio tienen además algunas ventajas añadidas: trasladar una cometa a una región remota o el océano no es excesivamente costoso ni complejo, puede anclarse a barcazas y regularse su extensión y, sobre todo, ahorrar hectáreas frente a las estaciones de molinos normales. Que exijan menos terreno no es una cuestión menor dado que es un recurso limitado y las renovables están llamadas a ganar peso en el futuro.

Cometa4

No todo son ventajas, claro. La experiencia de Makani demuestra que encontrarle salida comercial todavía es un reto y el uso de los dispositivos está muy marcado también por la meteorología. Otros campos en los que deberá avanzarse es el de la propia regulación o el estudio de cómo estos dispositivos, con alas y largas cuerdas de sujeción, pueden afectar a las aves.

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Cada vez hay más apps que “traducen” los ruidos de tus mascotas. Lo más probable es que no sirvan de nada

Cada vez hay más apps que

Hace un par de meses un equipo de científicos de la Universidad de Eötvös Loránd, en Hungría, publicó un estudio con una conclusión cuanto menos curiosa: tu perro puede entenderte. O en parte, al menos. Como mínimo es capaz de saber si le estás hablando en tu idioma, el que te escucha con frecuencia y que empleas a diario para dirigirte a él, o en otro extranjero. No es la única investigación que dibuja cierto espacio de entendimiento entre nuestras mascotas y nosotros. Otro estudio reciente concluye que los canes son capaces de entender un promedio de 89 palabras y frases y expertos japoneses han demostrado que los gatos, como mínimo, reconocen sus nombres.

La cuestión es: ¿Podemos comunicarnos realmente con nuestras mascotas? ¿Hay formas de entenderlas con claridad? ¿Y de hacernos entender de forma más precisa? Desde hace años hay aplicaciones que aseguran que pueden ayudar. El enfoque varía de unas a otras, pero en líneas generales el objetivo es siempre el mismo: facilitar la comunicación con nuestros perros y gatos. Meow Talk, por ejemplo, asegura que puede pasar los maullidos a un lenguaje "legible".

¿Es posible "traducir" mascotas?

"Cada gato tiene su propio vocabulario único que usa para comunicarse con sus dueños [...]. Esto no es necesariamente un lenguaje, ya que no comparten los mismos maullidos para comunicarse entre sí, pero podemos usar el aprendizaje profundo automático para interpretar los maullidos de un gato individual y traducirlo a un lenguaje legible por humanos. ¡MeowTalk le da voz a tu gato!", asegura la app, que supera los cinco millones de descargas en Google Play. Quien esto escribe tiene un par de mininos en casa y ha podido probarlo. La aplicación capta los ruidos que emite el animal y los convierte en mensajes breves, del tipo "Estoy cansado", "Estoy descansando" o "¡Quiéreme!"

El funcionamiento es algo diferente en la app Dog Translator. Entre sus funciones incluye una lista de imágenes que representan estados de ánimo, como enfado, alegría o sorpresa. Al pulsar cada una, la app emite un sonido. Traductor de humano a perro asegura que "ayuda a traducir" el lenguaje de las personas al de los canes y Cat&Dog Translator se presenta también como un recurso para la comunicación y el juego. Al usarlo pasa supuestamente el sonido de nuestras mascotas a mensajes. Cuando se analiza de forma detallada la descripción que incluyen en la App Store o Google Play, la mayoría de las aplicaciones deslizan que su objetivo es la diversión y el entretenimiento.

La lista sigue. Y es bastante extensa. Cat Translate: Speak to your Kitten, Human-Cat Translator, iCat: Cat Translator, Pet Translator, Dog Translator Simulator, iDog: Dog Translator, Dog Translator: Game for Dogs, Translator For Dogs Prank... Hay disponible incluso un collar, Petpuls, que gracias a la inteligencia artificial y el análisis de aproximadamente 10.000 grabaciones de medio centenar de razas de perros asegura que puede ayudarnos a evaluar las emociones de nuestra mascota. También echa mano del IoT para conocer, por ejemplo, su nivel de actividad.

Aunque no todas las apps funcionan igual, en general coinciden en algunos puntos: la mayoría aluden al concepto "traductor" en su nombre y, de una forma u otra, dan a entender que facilitan la comunicación con nuestros animales. Incluso cuando, al analizar su descripción, reconocen que no pueden decodificar ladridos o maullidos. Algunas ofrecen "traducir" frases humanas y el ruido de las mascotas, otras solo una de esas opciones; las hay que inciden en su carácter divertido, para pasar un buen rato con perros o gatos, y también otras que recalcan el potencial de su sistema de aprendizaje automático y capacidad para, con entrenamiento y tiempo, "dar voz" al animal.

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La pregunta es: ¿Son realmente eficaces? ¿Pueden "traducir" a nuestras mascotas? Los expertos que hemos consultado son, como mínimo, escépticos y animan a tomarse las apps con cautela. Sobre todo si pretendemos basarnos en ellas para tratar o entrenar a nuestras mascotas.

Aoife Ortega, etóloga veterinaria en la Clínica Salvatierra de Madrid, cuestiona su utilidad como herramientas reales de traducción. "Si me dices que te dan un gráfico de expresiones faciales, corporales, en distintas situaciones, te ponen ejemplos... puedes hacerte una idea, pero así no sirven para nada", explica la experta, que insiste en un error de partida: pretender trasladar la comunicación de los gatos o perros a la humana.

"Extrapolar la conducta humana o los sentimientos a emociones de animales es incompatible. Son especies totalmente distintas. Es imposible que puedas traducir simplemente con un maullido de un gato lo que te quiere decir", reflexiona Ortega, quien insiste en que otra de las claves que a menudo las apps no tienen en cuenta es el contexto o la propia expresión corporal de los animales, vital para entenderlos correctamente. "Es demasiado complejo como para hacerlo con una aplicación".

"Los ladridos son parte del etograma, pero si solo evalúas el ladrido y no el contexto o el animal a nivel físico es imposible poder reconocer el comportamiento. Estamos extrapolando conductas como el razonamiento y los animales no razonan. Debemos empezar por ahí. Los animales asocian, no razonan. Es imposible que un animal, perros y gatos, puedan razonar. Si estás utilizando lenguajes que requieren un razonamiento, ya sabes que es imposible. Es incompatible totalmente".

Ortega advierte sobre los riesgos de basar el trato a nuestras mascotas en lo que nos dicen las aplicaciones. "Al extrapolar la gente malinterpreta conductas y el principal problema que existe en el comportamiento de los animales es por una malinterpretación", recalca. A quien quiera profundizar, la etóloga le anima a acudir a profesionales y solicitar literatura científica contrastada.

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Escéptico se muestra también Eduardo Polín, doctor en Psicología y experto en aprendizaje y comportamiento animal. "No las conozco en profundidad, pero de primeras me atrevería a decir que no hay mucha base para soportar esas afirmaciones. No existe una traducción literal. Los perros cuando ladran, por ejemplo, no están haciendo lo mismo que cuando nosotros hablamos en otro idioma. No existe esa equivalencia. Desde luego me muestro muy escéptico", recalca.

"Mi sospecha es que cometen un error importante, que a veces cometemos también con los humanos, y es que cada vez que emitimos algún ruido o vocalización automáticamente le atribuimos una intención comunicativa. Y eso no tiene por qué ser así. Los animales y los humanos muchas veces hablamos, hacemos ruidos, y no necesariamente estamos queriendo decirle a otro individuo algo específico. Es decir, la vocalización no tiene necesariamente una traducción", abunda. Un ejemplo sería el grito por una herida. Es espontáneo, involuntario, casi un reflejo del dolor que sentimos; pero desde luego no busca transmitir un mensaje a otras personas.

El "punto crucial" para él consiste sin embargo en la importancia que tiene la "función de los comportamientos", que exige analizar el entorno, las consecuencias... un conjunto de aspectos que las aplicaciones no pueden valorar. "Yo lo que diría es que el concepto de traducción en este sentido es erróneo. Lo que hacen las herramientas no es traducir, sino otra cosa. Hay que tener mucha cautela a la hora de interpretar. Que pueda servir para algunas cosas... ahí no me meto; pero que sea una traducción se me hace difícil de aceptar. Eso seguro", recalca.

¿Qué dicen las aplicaciones? MeowTalk, por ejemplo, reconoce que cada animal tiene sus peculiaridades, pero insiste en el potencial del aprendizaje automático para interpretar los maullidos, "traducirlos a un lenguaje legible por humanos" y enmarcarlos en nueve categorías básicas sobre su estado de ánimo o actividad. "Cuando le das a la app entre cinco y diez ejemplos de un maullido específico de tu gato puede comenzar a reconocerlo cuando lo escucha", anota la empresa.

Petpuls —que incluye entre sus funciones un sistema que interpreta el estado de animo de nuestro perro— recalca también su base experimental, creada con más de 10.000 grabaciones de medio centenar de razas con diferentes características. Durante el proceso, explica, sus desarrolladores recurrieron a veterinarios y expertos en animales de compañía, además de centros de investigación. Su herramienta, que ofrece además otros servicios, se basa en la inteligencia artificial y el Deep learning y asegura que tiene una tasa de reconocimiento que supera el 90%.

Aunque juegan con el término "traductor", palabra que a menudo incorporan en su propio nombre, muchas apps deslizan en su descripción que su objetivo es básicamente lúdico. Ocurre por ejemplo con iCat: Cat Translator, que como conclusión en su ficha de Google Play añade: "Recuerde: este no es un traductor de lenguaje de gatos real, es solo un juego, una simulación. Lo más probable es que se trate de una broma, pero el 95% de los gatos reaccionan y disfrutan jugando juntos". Otro ejemplo es Dog Language Translator Simulator, que concreta: "Fue creada solo para divertir".

Al margen de las apps y dispositivos que aseguran ayudarnos a interpretar a nuestros animales, lo cierto es que desde hace tiempo en el ámbito académico se trabaja para comprender mejor cómo se comunican y hasta qué punto pueden entendernos los animales. Además de las investigaciones de la Universidad de Eötvös Loránd o las que analizan cuántas palabras reconocen los perros y gatos, se ha intentado decodificar los sonidos que emiten los delfines o pájaros para facilitar su estudio y hemos ahondado, por ejemplo, en cómo se interrelacionan y expresan los simios.

Ninguno de ellos, eso sí, asegura poder "traducir" literalmente animales al lenguaje humano.

Imágenes Chewy (Unsplash 1 y 2) y Andrew S (Unsplash)

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Las ciudades se vaciaron durante la pandemia. Las ratas lo aprovecharon para imponer su reinado

Las ciudades se vaciaron durante la pandemia. Las ratas lo aprovecharon para imponer su reinado

Quizás no sea el mejor amigo del hombre, pero desde luego la rata sí es una de sus compañeras más fieles y empecinadas. Donde hay humanidad, hay roedores dispuestos a darse un banquete con su basura. Estaban en Roma, estaban en los galeones que navegaban a las Américas y aún están hoy, en pleno siglo XXI, en nuestras ciudades. Incluso en las más modernas. Bien lo saben en Nueva York, donde se encuentran con una herencia envenenada de la pandemia del COVID-19: un aumento de avistamientos de roedores. El problema es que también eso supone un reto para la salud.

A finales de 2021 el New York Times lo concretaba con datos. Si entre enero y noviembre de 2019 los neoyorquinos habían llamado a las autoridades para alertar de 15.000 avistamientos de ratas, el año pasado la cifra se había disparado a 21.000. El número de inspecciones se duplicó y para otoño se contabilizaban 15 casos de leptospirosis, una enfermedad bacteriana que puede propagarse a través de la orina de los roedores y ocasiona graves daños hepáticos y renales. Decena y media de casos puede no parecer mucho, pero entre 2006 y 2016 se habían registrado solo 26.

Por entonces los expertos avanzaban ya que, tras el pico de población registrado en octubre, las ratas serían menos visibles con la bajada de las temperaturas. Y advertían, como recoge el New York Times: volverán a surgir en grandes cantidades en no mucho, hacia la primavera.

La tormenta perfecta

¿A qué se debe ese cambio? Las ratas no son un problema nuevo en Nueva York. Estaban mucho antes del COVID-19. Y todo indica que seguirán correteando por sus calles cuando el Sars-cov-2 sea historia. En 2017 la ciudad se gastó de hecho 32 millones de dólares en un programa para controlar su número. Aunque no hay unanimidad sobre cómo afectó la crisis sanitaria a la cantidad de roedores —algunos apuntan incluso que su población ha podido disminuir— lo innegable es que su incidencia ha crecido en la Gran Manzana. La causa: una "tormenta pandémica perfecta".

Primero, con el cierre de la hostelería, un recorte en el área de Saneamiento y la influencia del COVID en la generación de basura. Y luego, a medida que se emprendía la desescalada, con la reactivación de la construcción, que obligó a los roedores a dejar sus escondrijos; y la popularización de las comidas en exteriores. El cambio de mentalidad generado por el COVID y la propia campaña lanzada desde el Ayuntamiento para impulsar los "Restaurantes Abiertos" alentaron, según datos de la BBC, alrededor de 11.000 nuevos espacios de comida al aire libre en la ciudad, un bum que algunos vecinos relacionan directamente con el aumento de problemas con las ratas.

Todos esos factores acabaron bien aderezados, a su vez, con una reorganización de recursos, que llevó a los inspectores a dejar de controlar las ratas y centrarse en otros menesteres, como las campañas de vacunación y supervisión de locales, y un verano especialmente húmedo.

Quizás resulte difícil saber si el COVID ha aumentado el problema. Lo que está claro es que lo ha hecho más evidente y llevado a un primer plano, mostrando que las urbes se enfrentan también a otro gran —y peligroso— reto sanitario: las ratas. Ocurre en Nueva York y más allá de EEUU.

En Glasgow, Escocia, vecinos y autoridades intentan plantar cara a un escenario parecido. Según recoge STV News, en 2021 se registró un aumento de informes de control de plagas y se contaron casi 7.000 avistamientos de ratas. “En todo el Reino Unido, parece que durante la primera parte del confinamiento las ratas se mudaron a más áreas residenciales para buscar comida", explicaba el Ayuntamiento a principios de este año, cuando reconocían que la pandemia había "expuesto y agravado" los problemas de la ciudad con la gestión de los desperdicios.

Mert Guller E0o18ymqles Unsplash

Daily Star extiende el problema más allá de Glasgow y destaca un aumento de ratas también en el centro de Londres, el sureste de Inglaterra o parte de Gales. En general, en 2020, durante lo peor de la crisis sanitarias y los confinamientos, con el descenso de basura en las ciudades y el cierre de la hostelería, se constató un cambio en el comportamiento de los roedores, con actitudes más violentas para buscar alimento e incursiones a nuevas zonas. En verano en España aún había localidades que intensificaban el control de las plagas tras haber visto cómo se disparaban y la patronal del sector, Adepap, apuntaba a mediados de 2021 a los roedores como el reto más preocupante.

En septiembre Adepap constataba todavía un problema con las ratas en Cataluña muy relacionado con la pandemia y en Madrid se alertaba en noviembre de un aumento de la rata negra en 35 focos en la capital, si bien los expertos no lo relacionaron con los efectos del COVID y recordaban que el fenómeno se repite cada varios años. El problema de fondo sigue siendo el mismo, idéntico al de Nueva York: que los animales lleguen a transmitir "enfermedades graves" a los humanos.

El reto no es menor. Hace solo unas semanas The Telegraph alertaba de cómo un "boom" en la población de roedores puede ponernos en contacto con nuevos patógenos, sobre todo en los países menos desarrollados, desde donde —como se ha comprobado con el COVID-19— podrían saltar con facilidad al resto del globo. Según la OMS son ya responsables de causar más de 400 millones de infecciones en personas cada año a través de mordeduras, pulgas, la orina o aerosoles.

Imágenes | Roberto Latxaga (Flickr) y Mert Guller (Unsplash)

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Europa quiere alejarse del gas ruso y se está acercando al carbón: así se ha disparado su uso

Europa quiere alejarse del gas ruso y se está acercando al carbón: así se ha disparado su uso

Nuestros intentos por independizarnos del carbón se han topado con un enemigo inesperado: la guerra de Ucrania y todas sus derivadas en el campo económico y energético. Con el precio del gas disparado y el objetivo declarado de reducir la dependencia del suministro ruso como telón de fondo, las centrales eléctricas europeas se han lanzado a usar el combustible fósil más sucio.

Según los datos de Fraunhofer ISE recogidos por Bloomberg, la semana pasada, la segunda desde el inicio de la guerra en Ucrania, las plantas del continente quemaron cerca de un 51% más de roca sedimentaria que hace justo un año. De 3.614 GWh en la semana del 9 de febrero de 2021 hemos pasado, en esta, a 5.468 GWh. El aumento coincidió con un descenso en la demanda de gas.

Alternativas al gas

El dato se explica en gran medida por el precio del carbón, que aunque ha registrado un alza se mantiene en valores más competitivos que los del gas. Resultado: a las centrales les resulta todavía más rentable quemar carbón para generar electricidad. Más allá de la evolución de los precios, la Unión Europea se ha fijado el objetivo de reducir en dos tercios la dependencia del gas procedente de Rusia antes de que finalice el año y poner fin a las importaciones de cara a 2030.

Para conseguirlo, Bruselas se plantea aumentar la importación de gas natural licuado de otros países, como Estados Unidos, Egipto, Catar, Argelia o Noruega —lo que exigirá mejorar el transporte y almacenamiento— y pisar el acelerador de las renovables. Otra de las bazas sobre la mesa, como se está viendo, es la de quemar carbón. El combustible fósil ofrece una alternativa directa y sobre todo rápida para satisfacer la demanda de energía y encontrar una alternativa al gas ruso.

Hace solo unos meses, en octubre, Europa ya recurrió de hecho al carbón para afrontar la crisis energética. Su producción se disparó y la tonelada llegó a los 270 dólares. La realidad es que, pese a los esfuerzos por recortar su uso, todavía hay países europeos que dependen en gran medida de él. En Alemania, por ejemplo, representaba hace un año el 27% de la generación de energía.

Curiosamente, Rusia es una fuente crucial para Europa tanto en el suministro de gas como de carbón. De los alrededor de 500.000 millones de metros cúbicos de gas que consume Europa cada año, el 40% proceden de la federación liderada por Vladimir Putin. En cuanto al carbón, más o menos un tercio del que se consumió en Europa en 2020 procedía de Rusia. El país aún envió cargamentos la semana pasada a algunos estados de Europa y las empresas buscan nuevos proveedores del combustible fósil, como Colombia, Sudáfrica, Australia, Indonesia o Estados Unidos.

Chris Leboutillier Tujud0awapi Unsplash

Que se esté quemando más carbón es una mala noticia para el medio ambiente y las políticas ecológicas aprobadas por la propia Unión, que se ha fijado el objetivo de alcanzar las cero emisiones de gases de efecto invernadero en 2050. A finales de 2021 la Agencia Internacional de Energía (AIE) ya calculaba que el año se cerraría con un aumento del 9% en la energía generada con carbón, porcentajes que se elevaban en el caso de la UE y EEUU, que registraron alzas del 20% en el empleo del combustible fósil. El incremento se relacionaba entonces con un escenario distinto, marcado por la recuperación de la economía tras la pandemia y el encarecimiento del gas.

Según un informe publicado en 2019 por los expertos de la AIE, el carbón estaba detrás al menos entonces del 40% de la generación de energía eléctrica. Su huella medioambiental es igual de contundente: produce aproximadamente el 46% de las emisiones globales de carbono.

Imagen de portada | Dominik Vanyi (Unsplash) y Chris LeBoutillier (Unsplash)

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Europa quiere alejarse del gas ruso y se está acercando al carbón: así se ha disparado su uso

Europa quiere alejarse del gas ruso y se está acercando al carbón: así se ha disparado su uso

Nuestros intentos por independizarnos del carbón se han topado con un enemigo inesperado: la guerra de Ucrania y todas sus derivadas en el campo económico y energético. Con el precio del gas disparado y el objetivo declarado de reducir la dependencia del suministro ruso como telón de fondo, las centrales eléctricas europeas se han lanzado a usar el combustible fósil más sucio.

Según los datos de Fraunhofer ISE recogidos por Bloomberg, la semana pasada, la segunda desde el inicio de la guerra en Ucrania, las plantas del continente quemaron cerca de un 51% más de roca sedimentaria que hace justo un año. De 3.614 GWh en la semana del 9 de febrero de 2021 hemos pasado, en esta, a 5.468 GWh. El aumento coincidió con un descenso en la demanda de gas.

Alternativas al gas

El dato se explica en gran medida por el precio del carbón, que aunque ha registrado un alza se mantiene en valores más competitivos que los del gas. Resultado: a las centrales les resulta todavía más rentable quemar carbón para generar electricidad. Más allá de la evolución de los precios, la Unión Europea se ha fijado el objetivo de reducir en dos tercios la dependencia del gas procedente de Rusia antes de que finalice el año y poner fin a las importaciones de cara a 2030.

Para conseguirlo, Bruselas se plantea aumentar la importación de gas natural licuado de otros países, como Estados Unidos, Egipto, Catar, Argelia o Noruega —lo que exigirá mejorar el transporte y almacenamiento— y pisar el acelerador de las renovables. Otra de las bazas sobre la mesa, como se está viendo, es la de quemar carbón. El combustible fósil ofrece una alternativa directa y sobre todo rápida para satisfacer la demanda de energía y encontrar una alternativa al gas ruso.

Hace solo unos meses, en octubre, Europa ya recurrió de hecho al carbón para afrontar la crisis energética. Su producción se disparó y la tonelada llegó a los 270 dólares. La realidad es que, pese a los esfuerzos por recortar su uso, todavía hay países europeos que dependen en gran medida de él. En Alemania, por ejemplo, representaba hace un año el 27% de la generación de energía.

Curiosamente, Rusia es una fuente crucial para Europa tanto en el suministro de gas como de carbón. De los alrededor de 500.000 millones de metros cúbicos de gas que consume Europa cada año, el 40% proceden de la federación liderada por Vladimir Putin. En cuanto al carbón, más o menos un tercio del que se consumió en Europa en 2020 procedía de Rusia. El país aún envió cargamentos la semana pasada a algunos estados de Europa y las empresas buscan nuevos proveedores del combustible fósil, como Colombia, Sudáfrica, Australia, Indonesia o Estados Unidos.

Chris Leboutillier Tujud0awapi Unsplash

Que se esté quemando más carbón es una mala noticia para el medio ambiente y las políticas ecológicas aprobadas por la propia Unión, que se ha fijado el objetivo de alcanzar las cero emisiones de gases de efecto invernadero en 2050. A finales de 2021 la Agencia Internacional de Energía (AIE) ya calculaba que el año se cerraría con un aumento del 9% en la energía generada con carbón, porcentajes que se elevaban en el caso de la UE y EEUU, que registraron alzas del 20% en el empleo del combustible fósil. El incremento se relacionaba entonces con un escenario distinto, marcado por la recuperación de la economía tras la pandemia y el encarecimiento del gas.

Según un informe publicado en 2019 por los expertos de la AIE, el carbón estaba detrás al menos entonces del 40% de la generación de energía eléctrica. Su huella medioambiental es igual de contundente: produce aproximadamente el 46% de las emisiones globales de carbono.

Imagen de portada | Dominik Vanyi (Unsplash) y Chris LeBoutillier (Unsplash)

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Casi todos los mapas representan mal los accidentes montañosos. Esta “mancha de aceite” aspira a arreglarlo

Casi todos los mapas representan mal los accidentes montañosos. Esta

Tan acostumbrados estamos a ellos, a estudiarlos en la escuela y a consultarlos cuando necesitamos ubicar una cordillera o isla remota, que ya no nos cuestionamos cómo funcionan; pero... ¿Te has preguntado alguna vez por qué los mapas físicos son así y no de otra forma? ¿A qué vienen esos colores? ¿Con qué criterio se distribuyen? ¿Y cómo se las apañan sus creadores para captar, en un mismo mapamundi, un plano tamaño Din A4, la brutal escala de altitudes que va de los 10,9 kilómetros de profundidad del Abismo de Challenger a los 8,8 km de altura del Everest?

El programador Drew Roos se ha planteado todas esas cuestiones y alguna más. Y gracias a sus preguntas y conocimientos de informática y diseño ha elaborado un mapa que, asegura, corrige muchos de los "puntos débiles" de los planos hipsométricos convencionales, aquellos que representan el relieve y los cambios de altitud del terreno jugando con los colores.

Una enorme "mancha de aceite"

El resultado es Oilslick, término que alude a una mancha de aceite o petróleo. No se trata de una metáfora o un ramalazo poético de Drew Roos. No. El mapa, efectivamente, recuerda a un enorme manchurrón multicolor de gasóleo extendiéndose sobre una balsa de agua. Solo que en en Oilslick cada cambio de tonalidad, cada ramificación, se corresponde con una fluctuación en la altitud del terreno. El efecto es sorprendente, con imágenes de una apariencia casi "orgánica".

¿Qué busca exactamente Roos? Básicamente, corregir las flaqueza de los mapas físicos.

Habitualmente los planos hipsométricos utilizan muy pocos colores, lo que los limita a la hora de captar los cambios sutiles y graduales en la elevación del terreno. Para compensarlo y, sobre todo, resaltar los detalles en las regiones costeras es habitual que quienes los diseñan "sesguen" las paletas. El problema: así se pierde precisión en las regiones más elevadas, como las cordilleras. En ocasiones, para paliarlo, los autores sombrean los relieves más altos; pero esa solución no es perfecta y complica, por ejemplo, apreciar si un pico es más elevado que otro.

Para rematar la faena, añade Roos, casi todos los mapas hipsométricos están trazados con "la misma maldita paleta de colores", que va del verde al marrón tostado, el rojo y el blanco. ¿Maldita por qué? Pues porque puede —y esta es otra de esas idea que solemos pasar por alto a fuerza de ver los planos físicos repetidos una y otra vez— dar pie a confusiones. "La paleta fomenta suposiciones infundadas sobre la cobertura del suelo. El espectador ve el verde y piensa en 'bosque', cuando en realidad una zona baja puede ser un desierto. El color tostado de las zonas más altas sugiere llanuras áridas, pero también podría ser un bosque", reflexiona.

Espana
Vista general de la Península Ibérica.

Canarias
La Gomera y Tenerife.

Desembocadura Del Guadalquivir
Desembocadura del Guadalquivir.

Submeseta Norte
Submeseta Norte.

Pirineos
Los Pirineos, el curso del Ebro y costa catalana.

Con el fin de atajar todos esas "flaquezas" Oilslick busca maximizar el contraste en las pequeñas diferencias de elevación, mantener un equilibrio entre rangos de altitud, sin favorecer a ninguno en concreto, y facilitar las comparaciones en superficies reducidas e incluso entre distancias amplias. "Cada valor de elevación tiene un color único y distintivo", precisa. En cuanto a las confusiones con los colores, Roos recalca que su mapa "rompe conscientemente" con el estándar actual.

"El mapa explota en detalles de una manera que me recuerda a los viejos renders fractales que solía hacer cuando tenía 15 años", bromea Roos. Para lograr su aspecto "aceitoso", Oilslick juega sobre todo con la luminosidad y el rango dinámico. "El tono avanza más lentamente con la elevación. El matiz realiza un ciclo completo, pasando por todos los colores del arco iris, en todo el rango de elevación de la Tierra —9.275 m entre el Mar Muerto y el Monte Everest, redondeado a 9.500 o 19 ciclos de luminosidad—. Por lo tanto, cada ciclo es un color ligeramente diferente del anterior", comenta el programador, que ha centrado su trabajo en los continentes.

Groenlandia
Groenlandia.

Amazonas
Cauce del Amazonas en el mapa de Roos.

Costa Africana Frente A Cabo Verde
Costa africana frente a Cabo Verde.

Andes Y Costa De Sudamerica
Los Andes y parte de la costa sudamericana.

Dinamarca
Dinamarca y parte de Suecia.

Francia
Costa francesa.

En el diseño ha jugado con ciclos en zig zag y la intensidad de los colores. En las regiones ascendentes emplea tonos saturados y en las descendentes aplica la lógica opuesta, maniobrando con la degradación. "Cuando los colores se oscurecen, si están saturados significa que bajan; mientras que si están desaturados significa que suben", precisa. Su trabajo se basa en el sistema de color Munsell y ofrece una resolución de datos de 3"/90m y hasta un nivel de zoom 11.

Roos reconoce que al prescindir de los sombreados "es fácil perder el panorama general" y no apreciar a simple vista los grandes accidentes geográficos. Comprender bien el mapa requiere tiempo y paciencia; pero eso no quita que su efecto global sea fascinante. "Estoy muy satisfecho. El mapa es exuberante, hermoso y un poco alucinante", reconoce.

Oilslick también demuestra, desde luego, que un mapa puede ser toda una obra de arte.

Imágenes | Mrgris.com

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La noticia Casi todos los mapas representan mal los accidentes montañosos. Esta "mancha de aceite" aspira a arreglarlo fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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Casi todos los mapas representan mal los accidentes montañosos. Esta “mancha de aceite” aspira a arreglarlo

Casi todos los mapas representan mal los accidentes montañosos. Esta

Tan acostumbrados estamos a ellos, a estudiarlos en la escuela y a consultarlos cuando necesitamos ubicar una cordillera o isla remota, que ya no nos cuestionamos cómo funcionan; pero... ¿Te has preguntado alguna vez por qué los mapas físicos son así y no de otra forma? ¿A qué vienen esos colores? ¿Con qué criterio se distribuyen? ¿Y cómo se las apañan sus creadores para captar, en un mismo mapamundi, un plano tamaño Din A4, la brutal escala de altitudes que va de los 10,9 kilómetros de profundidad del Abismo de Challenger a los 8,8 km de altura del Everest?

El programador Drew Roos se ha planteado todas esas cuestiones y alguna más. Y gracias a sus preguntas y conocimientos de informática y diseño ha elaborado un mapa que, asegura, corrige muchos de los "puntos débiles" de los planos hipsométricos convencionales, aquellos que representan el relieve y los cambios de altitud del terreno jugando con los colores.

Una enorme "mancha de aceite"

El resultado es Oilslick, término que alude a una mancha de aceite o petróleo. No se trata de una metáfora o un ramalazo poético de Drew Roos. No. El mapa, efectivamente, recuerda a un enorme manchurrón multicolor de gasóleo extendiéndose sobre una balsa de agua. Solo que en en Oilslick cada cambio de tonalidad, cada ramificación, se corresponde con una fluctuación en la altitud del terreno. El efecto es sorprendente, con imágenes de una apariencia casi "orgánica".

¿Qué busca exactamente Roos? Básicamente, corregir las flaqueza de los mapas físicos.

Habitualmente los planos hipsométricos utilizan muy pocos colores, lo que los limita a la hora de captar los cambios sutiles y graduales en la elevación del terreno. Para compensarlo y, sobre todo, resaltar los detalles en las regiones costeras es habitual que quienes los diseñan "sesguen" las paletas. El problema: así se pierde precisión en las regiones más elevadas, como las cordilleras. En ocasiones, para paliarlo, los autores sombrean los relieves más altos; pero esa solución no es perfecta y complica, por ejemplo, apreciar si un pico es más elevado que otro.

Para rematar la faena, añade Roos, casi todos los mapas hipsométricos están trazados con "la misma maldita paleta de colores", que va del verde al marrón tostado, el rojo y el blanco. ¿Maldita por qué? Pues porque puede —y esta es otra de esas idea que solemos pasar por alto a fuerza de ver los planos físicos repetidos una y otra vez— dar pie a confusiones. "La paleta fomenta suposiciones infundadas sobre la cobertura del suelo. El espectador ve el verde y piensa en 'bosque', cuando en realidad una zona baja puede ser un desierto. El color tostado de las zonas más altas sugiere llanuras áridas, pero también podría ser un bosque", reflexiona.

Espana
Vista general de la Península Ibérica.

Canarias
La Gomera y Tenerife.

Desembocadura Del Guadalquivir
Desembocadura del Guadalquivir.

Submeseta Norte
Submeseta Norte.

Pirineos
Los Pirineos, el curso del Ebro y costa catalana.

Con el fin de atajar todos esas "flaquezas" Oilslick busca maximizar el contraste en las pequeñas diferencias de elevación, mantener un equilibrio entre rangos de altitud, sin favorecer a ninguno en concreto, y facilitar las comparaciones en superficies reducidas e incluso entre distancias amplias. "Cada valor de elevación tiene un color único y distintivo", precisa. En cuanto a las confusiones con los colores, Roos recalca que su mapa "rompe conscientemente" con el estándar actual.

"El mapa explota en detalles de una manera que me recuerda a los viejos renders fractales que solía hacer cuando tenía 15 años", bromea Roos. Para lograr su aspecto "aceitoso", Oilslick juega sobre todo con la luminosidad y el rango dinámico. "El tono avanza más lentamente con la elevación. El matiz realiza un ciclo completo, pasando por todos los colores del arco iris, en todo el rango de elevación de la Tierra —9.275 m entre el Mar Muerto y el Monte Everest, redondeado a 9.500 o 19 ciclos de luminosidad—. Por lo tanto, cada ciclo es un color ligeramente diferente del anterior", comenta el programador, que ha centrado su trabajo en los continentes.

Groenlandia
Groenlandia.

Amazonas
Cauce del Amazonas en el mapa de Roos.

Costa Africana Frente A Cabo Verde
Costa africana frente a Cabo Verde.

Andes Y Costa De Sudamerica
Los Andes y parte de la costa sudamericana.

Dinamarca
Dinamarca y parte de Suecia.

Francia
Costa francesa.

En el diseño ha jugado con ciclos en zig zag y la intensidad de los colores. En las regiones ascendentes emplea tonos saturados y en las descendentes aplica la lógica opuesta, maniobrando con la degradación. "Cuando los colores se oscurecen, si están saturados significa que bajan; mientras que si están desaturados significa que suben", precisa. Su trabajo se basa en el sistema de color Munsell y ofrece una resolución de datos de 3"/90m y hasta un nivel de zoom 11.

Roos reconoce que al prescindir de los sombreados "es fácil perder el panorama general" y no apreciar a simple vista los grandes accidentes geográficos. Comprender bien el mapa requiere tiempo y paciencia; pero eso no quita que su efecto global sea fascinante. "Estoy muy satisfecho. El mapa es exuberante, hermoso y un poco alucinante", reconoce.

Oilslick también demuestra, desde luego, que un mapa puede ser toda una obra de arte.

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Llevamos décadas promoviendo esfuerzos para reciclar plástico. Resultado: sólo el 6% se reutiliza

Llevamos décadas promoviendo esfuerzos para reciclar plástico. Resultado: sólo el 6% se reutiliza

Hoy parece inconcebible, cosa casi del Pleistoceno, pero en 1930, no hace ni un siglo, el plástico era una novedad que prometía facilitarnos la vida y abrirnos las puertas a una nueva era de consumo. Sonaba (y olía) a utopía futurista. Y lo era, en cierto modo. Con el paso del tiempo, sin embargo, aquel sueño ha ido adoptando poco a poco tintes de pesadilla ecológica. De las baldas de los supermercados, ha saltado a las calles, montañas y océanos. Incluso a nuestros estómagos. Intentamos ponerle freno con el reciclaje; pero, ¿hasta qué punto lo estamos consiguiendo?

La OCDE acaba de publicar un informe que pone el termómetro al pulso que echamos desde hace décadas al plástico. Y deja dos conclusiones, ninguna muy halagüeña: cada vez contaminamos más; y aunque crecen las cantidades recicladas, su porcentaje sigue siendo todavía minúsculo.

El consumo de plástico no pisa el freno. No, no son impresiones tuyas, cada vez hay más plástico. Y basura, claro. Los cálculos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) muestran que a lo largo de las últimas tres décadas su consumo se ha cuadruplicado. Solo entre 2000 y 2019 la producción a escala global se ha multiplicado por dos hasta situarse en 460 millones de toneladas. Aunque no coinciden exactamente en las cifras, los datos de Statista dibujan una tendencia similar: si en 2009 la producción mundial rondaba los 250 millones de toneladas métricas, diez años después, en 2019, había subido ya a 368. Y con una tendencia al alza.

La pandemia nos ofrece un ejemplo curioso de lo enraizado que está el plástico en nuestros hábitos de consumo. El "pinchazo" económico que acompañó al COVID-19 dejó un descenso del 2,2% en el uso del material, pero la caída se recuperó sin embargo en 2021 al hacerlo la propia actividad de las empresas y el consumo. Lo que sí percibieron los técnicos de la OCDE —incluso en 2020— fue un aumento de los envases de comida para llevar o material sanitario. ONU y OMS han alzado la voz también para advertir de cómo la crisis sanitario está derivando en una crisis medioambiental.

Un aumento desigual. Consumimos más en cierto modo porque somos más. Durante esas dos mismas décadas —de 2000 a 2019—, la población mundial ha crecido casi un 40%. Los datos de la OCDE reflejan sin embargo que la generación de residuos no es ni mucho menos homogénea y se concentra en gran medida en los propios países de la OCDE. Casi la mitad de los residuos parten de hecho de los 34 países que la conforman. Por media, cada estadounidense genera unos 221 kilos al año; en los países europeos de la OCDE el índice baja a 114 y en Japón y Corea a 69. Los estados de la organización son responsables del 14% de todas las filtraciones de plásticos.

El porcentaje de reciclaje, limitado aún. Para plantar cara a ese reto, desde hace décadas los países —no todos, ni de forma homogénea, por supuesto— han aplicado una batería de medidas tanto para reducir la producción de desechos como para incentivar su reciclado. Sobre la mesa se han puesto campañas de concienciación, prohibiciones e impuestos que penalizan los productos plásticos de un solo uso, como las pajitas, bastoncillos o platos. En España los datos de Cicloplast, muestran que, efectivamente, reciclamos mucho más que hace una década. En concreto, a lo largo de los últimos diez años el tratamiento de envases plásticos domésticos se ha duplicado.

La cuestión es ¿Qué resultado están dando esas medidas? ¿Hay cada vez más material reciclado? La respuesta —según la OCDE— es que el reciclaje tiene cada vez un peso mayor, sí; pero, aun así, nos movemos en porcentajes reducidos. Sus datos muestran que la producción mundial de plásticos elaborados a partir de reciclaje, los conocidos como "secundarios", se han cuatriplicado en apenas dos décadas. De 6,8 millones de toneladas en 2000 hemos pasado a 29,1 en 2019. Sin embargo y a pesar de ese alza, representan apenas el 6% de la producción total de plásticos.

Photo 1591193686104 Fddba4d0e4d8

¿Qué está fallando? Una de las claves es que reciclamos poco aún. El informe Global Plastics Outlook, concluye que únicamente llegan a la cadena el 9% de los residuos plásticos. Arrojamos algo más a los colectores, pero no todo se aprovecha. Las tablas de la OCDE reflejan que si bien se recoge para su reciclaje el 15%, el 40% acaba eliminándose como residuo.

¿Qué pasa con el resto de la basura que dejan los envases que compramos a diario en los supermercados? El 19% se incinera, el 50% se utiliza como relleno sanitario y el 22% elude los sistemas de gestión y va a parar a rellenos incontrolados, se queman en fosas abiertas o acaba contaminando la tierra, los ríos, lagos o mares, sobre todo de los países más pobres.

Lo que nos jugamos. 2018 se despidió con sorpresa: la Fundación del Español Urgente escogió "microplásticos" como palabra del año. Es solo una anécdota, pero da una idea clara de la atención cada vez mayor que autoridades y sociedad dedican al reto de los plásticos. Solo en 2019 se filtraron a los medios acuáticos alrededor de 6,1 millones de toneladas de residuos plásticos.

Los expertos calculan que 1,7 fluyeron hacia los océanos, engordando la gigantesca "reserva" de 30 millones de toneladas de desechos plásticos que calculan que se acumulan ya en nuestros mares. Otros 109 se reparten por los ríos, lo que garantiza que, aun el caso de que consiguiéramos frenar la contaminación, nuestras grandes masas de agua seguirán recibiendo basura durante décadas.

Las soluciones. La OCDE no es la única organización que ha puesto el dedo en la yaga en las últimas semanas. Hace poco WWF publicaba un informe con datos igual de alarmantes: para 2040 la producción mundial de plásticos se habrá duplicado otra vez y en 2050, si no adoptamos medidas, la polución por plásticos se habrá multiplicado por cuatro. ¿Cómo atajar ese problema? La OCDE anota que una de las claves pasa por mejorar la gestión de residuos y lograr un aumento del reciclaje. Más allá de darle una salida "verde" al material que ya tenemos circulando, la principal solución parece apuntar sin embargo a reducir la propia producción. Tanto el organismo de los 34 estados como la WWC abogan por adoptar medidas más allá de las fronteras, con una escala global.

"La crisis global de los plásticos también debería ser un asunto de urgencia para todos", inciden desde la WWC, que pone énfasis la "urgencia" de un tratado internacional vinculante. "Para reducir la contaminación por plásticos habrá que implementar ciertas medidas y fomentar la cooperación internacional con miras a reducir la producción mediante, entre otras cosas, la innovación, un mejor diseño de productos y el desarrollo de alternativas ecológicas", zanja la OCDE.

Imagen de portada | Nick Fewings (Unsplash) y Nareeta Martin (Unsplash)

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Llevamos décadas promoviendo esfuerzos para reciclar plástico. Resultado: sólo el 6% se reutiliza

Llevamos décadas promoviendo esfuerzos para reciclar plástico. Resultado: sólo el 6% se reutiliza

Hoy parece inconcebible, cosa casi del Pleistoceno, pero en 1930, no hace ni un siglo, el plástico era una novedad que prometía facilitarnos la vida y abrirnos las puertas a una nueva era de consumo. Sonaba (y olía) a utopía futurista. Y lo era, en cierto modo. Con el paso del tiempo, sin embargo, aquel sueño ha ido adoptando poco a poco tintes de pesadilla ecológica. De las baldas de los supermercados, ha saltado a las calles, montañas y océanos. Incluso a nuestros estómagos. Intentamos ponerle freno con el reciclaje; pero, ¿hasta qué punto lo estamos consiguiendo?

La OCDE acaba de publicar un informe que pone el termómetro al pulso que echamos desde hace décadas al plástico. Y deja dos conclusiones, ninguna muy halagüeña: cada vez contaminamos más; y aunque crecen las cantidades recicladas, su porcentaje sigue siendo todavía minúsculo.

El consumo de plástico no pisa el freno. No, no son impresiones tuyas, cada vez hay más plástico. Y basura, claro. Los cálculos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) muestran que a lo largo de las últimas tres décadas su consumo se ha cuadruplicado. Solo entre 2000 y 2019 la producción a escala global se ha multiplicado por dos hasta situarse en 460 millones de toneladas. Aunque no coinciden exactamente en las cifras, los datos de Statista dibujan una tendencia similar: si en 2009 la producción mundial rondaba los 250 millones de toneladas métricas, diez años después, en 2019, había subido ya a 368. Y con una tendencia al alza.

La pandemia nos ofrece un ejemplo curioso de lo enraizado que está el plástico en nuestros hábitos de consumo. El "pinchazo" económico que acompañó al COVID-19 dejó un descenso del 2,2% en el uso del material, pero la caída se recuperó sin embargo en 2021 al hacerlo la propia actividad de las empresas y el consumo. Lo que sí percibieron los técnicos de la OCDE —incluso en 2020— fue un aumento de los envases de comida para llevar o material sanitario. ONU y OMS han alzado la voz también para advertir de cómo la crisis sanitario está derivando en una crisis medioambiental.

Un aumento desigual. Consumimos más en cierto modo porque somos más. Durante esas dos mismas décadas —de 2000 a 2019—, la población mundial ha crecido casi un 40%. Los datos de la OCDE reflejan sin embargo que la generación de residuos no es ni mucho menos homogénea y se concentra en gran medida en los propios países de la OCDE. Casi la mitad de los residuos parten de hecho de los 34 países que la conforman. Por media, cada estadounidense genera unos 221 kilos al año; en los países europeos de la OCDE el índice baja a 114 y en Japón y Corea a 69. Los estados de la organización son responsables del 14% de todas las filtraciones de plásticos.

El porcentaje de reciclaje, limitado aún. Para plantar cara a ese reto, desde hace décadas los países —no todos, ni de forma homogénea, por supuesto— han aplicado una batería de medidas tanto para reducir la producción de desechos como para incentivar su reciclado. Sobre la mesa se han puesto campañas de concienciación, prohibiciones e impuestos que penalizan los productos plásticos de un solo uso, como las pajitas, bastoncillos o platos. En España los datos de Cicloplast, muestran que, efectivamente, reciclamos mucho más que hace una década. En concreto, a lo largo de los últimos diez años el tratamiento de envases plásticos domésticos se ha duplicado.

La cuestión es ¿Qué resultado están dando esas medidas? ¿Hay cada vez más material reciclado? La respuesta —según la OCDE— es que el reciclaje tiene cada vez un peso mayor, sí; pero, aun así, nos movemos en porcentajes reducidos. Sus datos muestran que la producción mundial de plásticos elaborados a partir de reciclaje, los conocidos como "secundarios", se han cuatriplicado en apenas dos décadas. De 6,8 millones de toneladas en 2000 hemos pasado a 29,1 en 2019. Sin embargo y a pesar de ese alza, representan apenas el 6% de la producción total de plásticos.

Photo 1591193686104 Fddba4d0e4d8

¿Qué está fallando? Una de las claves es que reciclamos poco aún. El informe Global Plastics Outlook, concluye que únicamente llegan a la cadena el 9% de los residuos plásticos. Arrojamos algo más a los colectores, pero no todo se aprovecha. Las tablas de la OCDE reflejan que si bien se recoge para su reciclaje el 15%, el 40% acaba eliminándose como residuo.

¿Qué pasa con el resto de la basura que dejan los envases que compramos a diario en los supermercados? El 19% se incinera, el 50% se utiliza como relleno sanitario y el 22% elude los sistemas de gestión y va a parar a rellenos incontrolados, se queman en fosas abiertas o acaba contaminando la tierra, los ríos, lagos o mares, sobre todo de los países más pobres.

Lo que nos jugamos. 2018 se despidió con sorpresa: la Fundación del Español Urgente escogió "microplásticos" como palabra del año. Es solo una anécdota, pero da una idea clara de la atención cada vez mayor que autoridades y sociedad dedican al reto de los plásticos. Solo en 2019 se filtraron a los medios acuáticos alrededor de 6,1 millones de toneladas de residuos plásticos.

Los expertos calculan que 1,7 fluyeron hacia los océanos, engordando la gigantesca "reserva" de 30 millones de toneladas de desechos plásticos que calculan que se acumulan ya en nuestros mares. Otros 109 se reparten por los ríos, lo que garantiza que, aun el caso de que consiguiéramos frenar la contaminación, nuestras grandes masas de agua seguirán recibiendo basura durante décadas.

Las soluciones. La OCDE no es la única organización que ha puesto el dedo en la yaga en las últimas semanas. Hace poco WWF publicaba un informe con datos igual de alarmantes: para 2040 la producción mundial de plásticos se habrá duplicado otra vez y en 2050, si no adoptamos medidas, la polución por plásticos se habrá multiplicado por cuatro. ¿Cómo atajar ese problema? La OCDE anota que una de las claves pasa por mejorar la gestión de residuos y lograr un aumento del reciclaje. Más allá de darle una salida "verde" al material que ya tenemos circulando, la principal solución parece apuntar sin embargo a reducir la propia producción. Tanto el organismo de los 34 estados como la WWC abogan por adoptar medidas más allá de las fronteras, con una escala global.

"La crisis global de los plásticos también debería ser un asunto de urgencia para todos", inciden desde la WWC, que pone énfasis la "urgencia" de un tratado internacional vinculante. "Para reducir la contaminación por plásticos habrá que implementar ciertas medidas y fomentar la cooperación internacional con miras a reducir la producción mediante, entre otras cosas, la innovación, un mejor diseño de productos y el desarrollo de alternativas ecológicas", zanja la OCDE.

Imagen de portada | Nick Fewings (Unsplash) y Nareeta Martin (Unsplash)

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