Es imposible evitar un atasco. Pero puedes intentarlo en este divertido simulador de tráfico

Es imposible evitar un atasco. Pero puedes intentarlo en este divertido simulador de tráfico

Seguro que te ha pasado más de una vez. Quizás esta misma mañana, cuando conducías en dirección a la oficina, o el domingo, de camino al parque, el cine o el bar en el que habías quedado con tus amigos. Te asomas por la ventanilla del coche o miras a través de la cristalera del autobús y piensas: "¡Que mal anda el tráfico siempre en esta ciudad! Si de mí dependiera..." Y acto seguido te regalas a ti mismo con una batería de medidas tan intrincadas como improvisadas para que los vehículos puedan moverse de forma mucho más fluida y sin atronar de cláxones.

Lo mismo, más o menos, que hacemos cada vez que vemos a nuestro equipo estrellarse en el campo y nos convertimos, de golpe, en entrenadores/seleccionadores/directores deportivos. Pues bien, si quieres dejar de soñar con lo buen concejal de Tráfico que serías y pasar a la acción tienes ya tu oportunidad. No podrás cambiar semáforos y señales a tu gusto en la ciudad; pero sí salir de una vez por toda de dudas y comprobar si tu "receta" para las calles es o no efectiva.

Sí, el límite de velocidad influye

En Traffic-Simulation puedes jugar a controlar el tráfico de un tramo de carretera y probar cómo influyen en el tránsito los límites de velocidad, los semáforos, cortes de carriles, el porcentaje de camiones en circulación, el número de viales... Incluso maniobrar con factores importantes, pero que difícilmente maneja la DGT en la vida real, como el nivel de "cortesía" de los conductores y su comportamiento al volante. Modificando unos y otros compruebas cómo influyen en la fluidez de la marcha y si mejoran o empeoran la velocidad media o el nivel de densidad del vial.

Para que no te aburras, el juego te permite probar tu habilidad como concejal de Tráfico en varios escenarios. Su catálogo incluye nueve circuitos, desde una rotonda con incorporaciones a una curva con obras, otra en pendiente o una intersección endiablada en la que podrás comprobar cómo, si no juegas bien tus cartas y distribuyes mal los semáforos y señales, puedes ocasionar uno de esos atascos monumentales que probablemente te encuentres más de un día de vuelta a casa.

Carretera 2

Traffic-Simulation incluye también varios juegos que te permiten medir tu habilidad para planificar tráfico. En uno de ellos, por ejemplo, debes agilizar al máximo el flujo para dar salida a todo los coches de la simulación en el menor tiempo posible. Otro de los recursos que tendrás a tu alcance a la hora de planificar las rotondas es si los coches giran hacia la derecha, la izquierda o en ambas direcciones. Un amplio surtido de recursos para que des salida a tu vena de director de la DGT.

Calle3

El código fuente del simulador está disponible en Github. De todas formas, si cuando acabes con Traffic-Simulation te quedas con ganas de probar más "recetas" para agilizar el tráfico tienes otras herramientas, como Streetmix, que te permite diseñar calles, añadiendo árboles, carriles para bicis, ensanchar aceras y viales para vehículos... Vamos, crear tu propia calle soñada.

La experiencia ayuda a entender mejor el tráfico y las complicaciones de su gestión. Algo que no viene nada mal ahora que, incentivado por el alza en el precio de los combustibles, se reabre el viejo debate sobre los límites de velocidad y sobrevuela de nuevo la idea de recuperar los 110 km/h.

Vía | Kottke

Imágenes | Traffic-Simulation

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La noticia Es imposible evitar un atasco. Pero puedes intentarlo en este divertido simulador de tráfico fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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Wordle ha triunfado tanto que camina hacia su muerte: ya tiene una versión impresa en formato pasatiempo

Wordle ha triunfado tanto que camina hacia su muerte: ya tiene una versión impresa en formato pasatiempo

En su historia de éxito meteórico Worlde ha vuelto a la casilla de salida. Empezó como un juego online fácil, ágil y cómodo, un pasatiempo sin grandes complicaciones para distraerse en los ratos libres con ayuda del móvil u ordenador. Se parecía a un crucigrama, dejaba las sensaciones de un crucigrama, enganchaba como un crucigrama, pero... —y he aquí gran parte de su éxito— ¡No era un crucigrama! Ahora, varios giros de guion después, el juego que se hizo viral por permitir una única partida al día ha acabado derivando en un libro, un formato impreso con 500 rompecabezas.

Que haya una editorial que quiera aprovechar el tremendo tirón de Wordle entra en lo razonable. Y esperable. Lo llamativo de Wordle Challenge 500 puzzles to to anywhere, anytime es que, en cierto modo, renuncia a parte de la "fórmula del éxito" que ha hecho que la versión original, la online, atrape a cientos de miles de usuarios en todo el mundo y se versione a varios idiomas.

Un viaje de ida y vuelta

Tanto la estética como la dinámica del libro, al menos por lo que avanzan sus creadores, es similar a la del diseño original de Josh Wardle; pero la versión impresa juega con una idea que se distancia de la original: incorpora 500 rompecabezas y te permite cubrir más de uno al día. De hecho, ese es uno de los reclamos con los que se publicita. Una de las peculiaridades de la web es que deja completar una sola pantalla por jornada, una única partida, sencilla, sin más pretensiones, un divertimento pensado para que no lleve más de cinco minutos y mantener al usuario con ganas de más.

Junto a su sencillez y estética minimalista forma parte del encantador aura anacrónica que se ha ganado a personas de todo el planeta. Hace un par de meses, Daniel Rodríguez, el desarrollador colombiano que ha versionado Wordle al español, reconocía que esa limitación forma parte del ADN ganador que ha dado vida y aire al juego. Él mismo explicaba a Xataka que, tras preparar la edición en castellano, hubo quien le planteó que levantara esa restricción de las 24 horas entre partidas. Se negó. "Mucha gente me lo ha pedido, pero la magia del juego es no hacer eso", comentaba.

El lanzamiento de una versión impresa es solo un capítulo más en la crónica "hiper acelerada" de Wordle, que empezó sin más pretensiones que ayudar a pasar el rato de una forma sencilla, rápida y, de paso, exprimir alguna neurona. Su creador, Josh Wardle, un programador informático de origen británico, lo desarrolló para su pareja, aficionada a los crucigramas de The New York Times.

Los primeros pasos del juego fueron a escala familiar, con parientes y amigos. De aquel pequeño ruedo doméstico no tardó en dar el salto en octubre de 2021 a las cifras mayúsculas y crecimientos exponenciales, casi pandémicos. En noviembre sumaba 90 jugadores diarios, dos meses después eran más de 300.000. Para finales de enero de 2022 había millones de personas disfrutándolo.

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Algo parecido ocurrió con la versión en español. En su primer día hubo mil personas que se enfrentaron al reto de descubrir la palabra secreta. El segundo eran ya 20.000, 40.000 al tercero y 52.000 al noveno. El éxito del juego fue tan arrollador que dejó alguna historia curiosa.

Quizás la más sorprendente de todas sea la del desarrollador Steven Cravotta, que hace cinco años lanzó una app con el mismo nombre —la de Wardle, lo habrás notado, es un juego de palabras con su apellido— que pasó sin pena ni gloria por la App Store. Tras darla casi por perdida, Cravotta se encontró de repente con un pico brutal de descargas. ¿El motivo? Que mucha gente llegaba a su aplicación buscando la de Wardle. Las ganancias se dedicaron a un programa educativo.

Con semejante historial de éxitos Wordle no tardó en captar el interés del mundo editorial. El 31 de enero The New York Times anunciaba que había comprado el juego por una cantidad "de siete cifras" para enriquecer su oferta de pasatiempos. Al anunciar la operación, la compañía propietaria del diario explicaba que el acceso "inicialmente seguirá siendo gratuito". En el mismo comunicado deslizaba, eso sí, que los juegos son una pieza "clave" en su estrategia para captar usuarios. Desde 2011 aplica un modelo de pago para la mayoría de su contenido. Los pasatiempos, campo en el que el rotativo americano tiene una larga experiencia, exigen de hecho su propia categoría de suscripción.

Aquello supuso ya un primer giro en la breve historia de Wordle. "Este paso me parece muy natural", explicaba Wardle tras recordar que los pasatiempos de The New York Times habían tenido un papel importante en los orígenes de su creación. El nuevo formato impreso, Wordle Challenge, marca un paso más en la deriva de su creación, cada vez más posicionada en el foco editorial.

La gran pregunta es: ¿Acabará esa historia convirtiendo a Wordle, un formato exitoso precisamente por diferenciarse de los crucigramas convencionales en el más convencional de los crucigramas?

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El INE puede obligarte a rellenar una encuesta. Y si te niegas, prepárate para hasta 30.000 euros de multa

El INE puede obligarte a rellenar una encuesta. Y si te niegas, prepárate para hasta 30.000 euros de multa

Hay invitaciones que no se pueden rechazar. Algunas por su atractivo. Otras, simple y llanamente, porque no nos dejan alternativa. Ocurre durante todas las elecciones. Si eres de los "afortunados" a los que les toca estar a las puertas del colegio electoral a primerísima hora el día de la votación —llueva, nieve o te apetezca ir a la playa— para constituir la mesa, recibirás una carta citándote. Una con un tono tan amable como taxativo. Puedes presentarte o pagar una bonita multa. Allá tú.

Lo mismo ocurre con algunas encuestas del INE. Cuando el instituto estadístico piensa en ti y te envía una carta para que cubras algunos formularios y le facilites datos es mejor que te prepares un buen café, te sientes y le dediques algunas horas a hacerlo despacito y con buena letra. Ya sabes: puedes aceptar la invitación o arriesgarte a pagar una multa que quizás te complique el mes.

Cosas de las "invitaciones" oficiales.

El objetivo: tomar una "foto" de la población. Para elaborar sus estadísticas el INE necesita básicamente datos. Muchos los obtiene de otras administraciones públicas y censos, pero en ciertos casos el proceso es algo distinto: el organismo crea una muestra representativa con individuos entre los que después reparte cuestionarios. El objetivo es conseguir información que le permita hacerse con una "foto" global de una población mayor. En ocasiones las encuestas se dirigen a hogares, para lo que el INE echa mano de las 36.000 secciones censales de España; en otras, se centran en empresas, que selecciona fijándose en características como su número de empleados.

Una foto de participación "obligatoria". En ciertos casos, eso sí, ayudar a que el INE pueda hacerse con esa foto general no es opcional. La Ley de Función Estadística Pública, un texto 1989, aprobado durante el mandato de Felipe González, aclara que el instituto puede exigirte que participes en ciertas encuestas de forma obligatoria. Cuando eso ocurre, y para que no haya confusión posible, el organismo lo especifica en su cuestionario y, si se da el caso, también podemos corroborarlo con el entrevistador. El INE garantiza que la información que recaba es confidencial y no se compartirá con ninguna administración, solo con otros organismos similares a nivel regional o europeo.

¿Qué encuestas son obligatorias? Poco después de aprobar aquella primera ley, en 1990 el Estado publicó una lista en la que detalla cuáles son las "estadísticas de cumplimiento obligatorio". En total suman 25: censos de población, viviendas, edificios y locales, índices que miden precios y niveles de producción industrial, encuestas sobre salarios, transporte, turismo, comercio, servicios y estadísticas que analizan, entre otras cuestiones, la educación, la mortalidad o la cultura.

Aunque la mayoría las realiza el INE, en algunos casos la ley detalla que recaen sobre ciertos ministerios, que también deberán participar en la elaboración de parte de los trabajos del instituto. En el 96 la norma volvió a actualizarse y se incluyeron las estadísticas exigidas por la UE.

Datos Encuesta Ine3
Fuente: Redactor Freelance

Y ojo, no vale con cubrir las fichas a boleo. Si te toca participar en una de estas encuestas es mejor que te tomes tu tiempo. La ley de 1989 deja bien claro que quienes suministran información, tanto si son personas físicas como jurídicas y sin importar si su participación es voluntaria u obligada, tienen que aportar datos "de forma veraz, exacta y completa". No solo eso. También deben hacerlo "dentro del plazo" que haya marcado el organismo. A cambio, eso sí, te aclarará exactamente qué te piden, sus características, la finalidad de la estadística y, por supuesto, si es o no obligatoria.

¿Y qué pasa si no respondo? Pues que te enfrentarás a una sanción. La ley aclara que si no contestas o lo haces de forma incorrecta, incompleta o sencillamente con retraso, puedes cometer una infracción. En concreto, identifican tres tipos: las muy graves, graves y leves. Entre las primeras se incluye, por ejemplo, que alguien se niegue de forma habitual y con excusas falsas a colaborar en las encuestas. No enviar datos o no hacerlo a tiempo y con información errónea se considera una falta grave si con ello se ocasiona un "perjuicio" considerable a la administración. Si no es así y el impacto es menor, se seguirá valorando como una infracción, pero de tipo menor.

Que llegado el caso el INE concluya que has cometido una falta de uno u otro tipo no es un tema baladí. Determinará cuánto acabará costándote la multa. La ley de 1989 aclara que quienes hayan cometido infracciones del peor tipo harán frente a sanciones que van de 500.001 a 5.000.000 de pesetas; las del segundo tipo van de 50.001 a 500.000 pesetas; y las leves, de 10.000 a 50.000. Pasado a euros, eso deja un amplísimo abanico que va de los 60 a los 30.000 euros.

Consejo: mejor tómate tu tiempo. En el Redactor Freelance, Roger García relata su propia experiencia. En su caso la encuesta requería datos sobre su actividad como autónomo. El INE se dirigió a él primero a través del correo postal y después por teléfono y email. "Nada más abrirla, me quedé anonadado: ante mí tenía pantallas y pantallas de campos por rellenar", recuerda García, quien apunta que además de sus datos personas, como el nombre, dirección o número de contacto, tuvo que responder también a "cosas que no sabía ni por dónde cogerlas".

"Me pasé más de una hora peleando con la encuesta, buscando documentación, intentando estimar los porcentajes que me pedían... Y al final apenas pude contestar el 20%. El resto lo dejé en blanco porque no tenía ni idea de qué poner. Y si te equivocas te la puedes cargar. En caso de no aportar la información, exacta y completa, te expones a una sanción cuyo método de cálculo es tan críptico como la encuesta", comenta García, que conserva incluso la nota en la que se detalla cómo se calculan la sanciones. El INE llegó a enviarle una nota apremiándole, pero por error.

Regimen Sancionador
Fuente: Redactor Freelance

No serías el primero... ni el último. El de García no es el único caso. En abril de 2021 la Oficina Municipal de Información al Consumidor (OMIC) de Manzanares publicó una comunicado en el que recordaba que participar en ciertas encuestas del instituto es "obligatorio". La razón: poco antes el INE había iniciado su Encuesta de Características Esenciales de la Población y las Viviendas, para lo que seleccionó 300.000 hogares, parte de ellos situados en el municipio castellanomanchego. A modo de ejemplo, en 2010 un negocio de Galicia afrontaba una una sanción de 130 euros por no haber contestado una encuesta enviada por el instituto estatal dos años antes.

¿Y hay contraprestación por las molestias? Sí, el bien común. "Su colaboración es muy importante para tener unas estadísticas fiables que permitan tomar las decisiones más adecuadas para un mejor desarrollo económico, del que nos beneficiamos todos los españoles", precisa el INE, que recuerda que los encuestados pueden acceder a los datos del instituto, al igual que el resto de los ciudadanos. Quienes aportan datos, eso sí, reciben "un trato económico privilegiado" si quieren hacerse con información agregada. El organismo recuerda que los datos que genera se usa, entre otros fines, para determinar del Producto Interior Bruto (PIB), clave para otros cálculos.

Imágenes | Elisa Ventur (Unsplash) y Redactorfreelance.com

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El encarecimiento del combustible resucita un viejo debate en Europa: tocar o no tocar los límites de velocidad

El encarecimiento del combustible resucita un viejo debate en Europa: tocar o no tocar los límites de velocidad

La escalada del precio de los carburantes, al alza desde hace ya meses, pero profundamente acentuada tras la llegada de las tropas rusas a Ucrania, ha avivado al debate sobre el recorte de los límites de velocidad en las carreteras. En un intento por paliar la deriva de las tarifas, surgen voces a nivel internacional que ponen el foco en el uso del acelerador. En Alemania el Partido Verde, parte de la coalición que aupó a Olaf Scholz a la cancillería, ha planteado ya aplicar un límite en las autopistas del país, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) lo ha incluido en su "receta" para reducir el uso del petróleo y en Reino Unido hay expertos que apuntan en la misma dirección.

Los cálculos de la AIE concluyen que si redujéramos los límites en 10 kilómetros por hora lograríamos ahorrar cerca de 290.000 barriles de petróleo al día en los automóviles, a los que se sumarían otros 140.000 relacionados con el transporte pesado. La estimación —explica la AIE— es para "economías avanzadas", a corto plazo y siempre que la medida resulte "factible y culturalmente aceptable", pero da una idea del impacto que tendría tocar las señales de las carreteras.

Una medida "simple y rápida"

En una línea similar, el Partido Verde alemán destaca además que replantear el uso de los viales sería "bueno para proteger el clima, los recursos y la seguridad en la carretera". "Se está discutiendo si es algo que vamos a abordar a continuación", deslizaban hace poco desde el Ministerio de Medio Ambiente germano. El debate no es nuevo allí. Es más, la idea de fijar un límite en las Autobahn lleva tiempo sobre la mesa y no ha logrado todavía un consenso unánime en la sociedad, si bien en los últimos años colectivos como la asociación de conductores ADAC han suavizado su rechazo.

El debate sobre las carreteras está sobre la mesa también en Reino Unido. El viernes el diario Financial Times publicó una carta firmada por media docena de expertos, incluido un directivo del Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte (ETSC) en la que se destacaba las ventajas del recorte de los límites de velocidad para reducir las importaciones de petróleo ruso en la UE. "Se necesita una acción urgente", recalcan los autores, quienes destacan que replantearse el uso del acelerador sería "relativamente simple, rápido" y eficaz para lograr el objetivo "a corto plazo".

El artículo recuerda que hace dos años Países Bajos ya redujo el límite de velocidad en sus autopistas a 100 km/h durante el día para frenar la contaminación. "Un coche que circula a 100 km/h es un 25% más eficiente que a 130 km/h", argumentan. En la lista de territorios que han dado pasos en esa dirección lo largo de los últimos años se incluye también Bruselas, París o el propio Reino Unido. La propuesta de los expertos es que la UE se comprometa a reducir "urgentemente" la velocidad a 100 km/h en las autopistas, 80 en las carreteras rurales y 30 en las rurales.

España también tiene su propio historial de recortes de velocidad. Hace once años, el Gobierno, entonces liderado por José Luis Rodríguez Zapatero, decidió aplicar una "reducción transitoria" en las autopistas y autovías del país y bajar la marcha máxima permitida de 120 a 110 km/h.

Sascha Bosshard 3eamzh5l1re Unsplash

El objetivo era muy similar al que se busca ahora: "ahorrar gasolina" ante el encarecimiento de precios. Las cuentas del Ejecutivo concluían que la medida permitiría ahorrar un 15% en el consumo de gasolina y un 11% en el de gasóleo, con un recorte millonario en importaciones. La iniciativa llegó a aplicarse durante cuatro meses, de marzo a finales de junio, y aunque logró reducir el consumo no alcanzó las estimaciones de partida: el uso de gasolina cayó un 8% y el de gasóleo algo menos. En 2021 el Gobierno volvió a revisar las velocidades, aunque centrándose en los viales urbanos y con otro objetivo prioritario: mejorar la seguridad en las zonas con mayor flujo de peatones.

Tocar los límites de velocidad no es, en cualquier caso, la única opción para paliar la escalada de precios. En Europa los gobiernos han empezado a mover ficha ante el alza de la factura. En Francia el Ejecutivo ha anunciado un descuento de 15 céntimos por litro que empezará a aplicarse en abril y se mantendrá durante cuatro meses, en Alemania se plantean un subsidio para reducir los costes del combustible y aliviar así su impacto en la economía de las familias y empresas y Suecia aplicará un paquete de medidas que contempla una reducción del impuesto sobre el carburo.

Políticas similares han adoptado en Italia, que acaba de aprobar un decreto para reducir en 25 céntimos los impuestos especiales en el precio de la gasolina y gasóleo, o Portugal, que lleva meses subvencionando el gasto en combustible con la devolución de parte del Impuesto sobre Productos Petrolíferos. Aquí, en España, el Gobierno estudia también la forma de mitigar el mazazo de los combustibles en la economía y ha avanzado ya que abordará medidas en materia energética en el consejo de ministros que se celebrará a finales de este mismo mes, el martes 29 de marzo.

A nivel comunitario hay movimientos también y —además de las ayudas para afrontar el encarecimiento o replantear los límites de velocidad— algunos países exploran alternativas. Italia, por ejemplo, acaba de anunciar un plan millonario para incentivar los coches eléctricos. La propia AIE completa su "receta" con otras propuestas complementarias a la reducción de la velocidad, como una mayor puesta por el teletrabajo, renunciar al coche los domingos en las ciudades, apostar por los VE, abaratar el transporte público e incentivar el uso de los trenes de alta velocidad frente al avión.

Imágenes | Norbert Braun (Unsplash) y Sascha Bosshard (Unsplash)

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37.000 vecinos por kilómetro cuadrado: la increíble densidad de Dhaka, el área urbana más abarrotada del planeta

37.000 vecinos por kilómetro cuadrado: la increíble densidad de Dhaka, el área urbana más abarrotada del planeta

Hoy puede sonarnos disparatado, pero hacia el siglo XVIII los periódicos de Londres publicaban crónicas sobre cómo podías salir a la calle, darte un buen paseo por la city y no cruzarte con nadie que conocieras. La capital inglesa no llegaba siquiera a las 600.000 almas, pero era ya por méritos propios una de las grandes metrópolis europeas, un lugar dinámico, con un comercio efervescente y una "talla XXL" que sorprendía a los recién llegados y, lo más importante, en la que empezaba a fraguar un concepto al que hoy ya estamos más que familiarizados: el anonimato.

Si alguno de aquellos periodistas del Londres de Händel visitasen hoy Dhaka, la capital de Bangladesh, es probable que se quedase sin palabras. En la metrópoli del sur de Asia no es fácil ya darse un paseo y no encontrar absolutamente a nadie a quien saludar; directamente es probable que si allí te mueves por tu barrio, a escasos metros de donde vives, no reconozcas ni una cara.

¿Por qué?

Mucha gente... y contaminación

Pues porque, por término medio, en cada kilómetro cuadrado de la megaciudad habitan 36.900 personas, más o menos las mismas que viven en todo el municipio de Oleiros, en A Coruña; o en Tudela, Navarra. Ese es al menos el cálculo del anuario Demographia World Urban Areas, que sitúa el área urbana de Dhaka como el de mayor densidad de población del planeta, muy por delante de la segunda, Kinshasa (República Democrática del Congo), con 33.200 habitantes por km2. A modo de referencia, en Londres apenas pasan de 6.000 y en Nueva York la media es de 1.700.

¿Significa eso que la capital de Bangladesh es la ciudad más poblada del globo? No. Solo que sus vecinos son los que viven más apiñados. La palma en cuanto a censo se la lleva, como desde hace tiempo, Tokio, con un área urbana de 39,1 millones de personas, buena parte de ellas residentes en la propia ciudad. En segundo y tercero lugar estarían las conurbanciones de Jakarta y Delhi.

La peculiaridad de Dhaka se explica en gran medida por su tamaño y su volumen de población. Según los datos que maneja Demographia, el área urbana de la capital de Bangladesh acoge a unas 16,8 millones de personas y alcanza una extensión de 456 kilómetros cuadrados. En cuanto a censo, el área metropolitana bangladesí​ es en realidad la 17º más poblada, por detrás de Bangkok, Moscú o Kolkata. Si nos fijamos únicamente en el tamaño, Dhaka es de lejos una de las más pequeñas. Entre las 50 principales áreas urbanas analizadas en el estudio solo hay una menor, Ahmadabad, en la India. El área de Dhaka es de hecho alrededor de 18 veces más reducida que Tokio.

A pesar de su pequeña "huella urbana", el informe señala que la capital de Bangladesh ha experimentado "un desarrollo periférico considerable" a lo largo de los últimos años. Tanto, que antes su densidad de población era sensiblemente mayor y llegaba a sobrepasar con creces de los 40.000 vecinos por kilómetro cuadrado. El informe elaborado en 2012 advertía incluso que había barrios de las zonas marginales en los que la concentración era mucho mayor. Otro hándicap de su enorme padrón es que, al calcular el ingreso promedio, el resultado es muy bajo, lo que la convierte —destacan— en una de las áreas urbanas "menos productivas económicamente".

La capital bangladesí​ no destaca únicamente en el ranking de las ciudades más apiñadas. Según recoge The Daily Star ostenta el cuestionable honor de ser una de las urbes más contaminadas del planeta. Hace unos días el diario se hacía eco de la pésima calidad de su aire, un problema con el que, recuerda, la capital asiática lidia desde hace tiempo. "Se vuelve insalubre durante el invierno y mejora durante el monzón", recoge. Entre los principales focos de la polución destaca los hornos dedicados a la elaboración de ladrillos, el tráfico y el polvo que genera la construcción.

Shafiqul Islam Bbqfb16vy5u Unsplash

Más allá de sus condiciones de vida, lo cierto es que Dhaka juega un papel fundamental en la política y la economía de su país. La metrópili centraliza la vida institucional de la nación y solo la ciudad y la gran región de Dhaka —apunta The Statesman— representan aproximadamente una quinta parte del PIB y casi la mitad de los empleos de Bangladesh. Su peso poblacional es igualmente claro. En el conjunto del país residen algo más de 160 millones de personas; en el área urbana, 16,8.

Aunque el estudio elaborado por los técnicos de Demographia señala con claridad a la capital de Bangladesh como el área urbana de más de 500.000 habitantes con la mayor densidad de población del mundo, lo cierto es que el cálculo no resulta sencillo. En su análisis tiene en cuenta, por ejemplo, las "huellas urbanas", que se fijan con la extensión urbanizada, no los límites administrativos.

Otros rankings aúpan al primer puesto a ciudades que también registran una concentración considerable de personas, como Malé, la capital de las Maldivas. Aunque su censo es bastante más pequeño que el de Dhaka, su reducido tamaño la somete igualmente a un notable hacinamiento. Otros estudios señalan el caso de Mumbai, una de las mayores ciudades de la India, donde Demographia calcula que residen un millar de personas por cada kilómetro cuadrado.

Imágenes | MD Sifat Jahan (Unsplash) y Shafiqul Islam (Unsplash)

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37.000 vecinos por kilómetro cuadrado: la increíble densidad de Dhaka, el área urbana más abarrotada del planeta

37.000 vecinos por kilómetro cuadrado: la increíble densidad de Dhaka, el área urbana más abarrotada del planeta

Hoy puede sonarnos disparatado, pero hacia el siglo XVIII los periódicos de Londres publicaban crónicas sobre cómo podías salir a la calle, darte un buen paseo por la city y no cruzarte con nadie que conocieras. La capital inglesa no llegaba siquiera a las 600.000 almas, pero era ya por méritos propios una de las grandes metrópolis europeas, un lugar dinámico, con un comercio efervescente y una "talla XXL" que sorprendía a los recién llegados y, lo más importante, en la que empezaba a fraguar un concepto al que hoy ya estamos más que familiarizados: el anonimato.

Si alguno de aquellos periodistas del Londres de Händel visitasen hoy Dhaka, la capital de Bangladesh, es probable que se quedase sin palabras. En la metrópoli del sur de Asia no es fácil ya darse un paseo y no encontrar absolutamente a nadie a quien saludar; directamente es probable que si allí te mueves por tu barrio, a escasos metros de donde vives, no reconozcas ni una cara.

¿Por qué?

Mucha gente... y contaminación

Pues porque, por término medio, en cada kilómetro cuadrado de la megaciudad habitan 36.900 personas, más o menos las mismas que viven en todo el municipio de Oleiros, en A Coruña; o en Tudela, Navarra. Ese es al menos el cálculo del anuario Demographia World Urban Areas, que sitúa el área urbana de Dhaka como el de mayor densidad de población del planeta, muy por delante de la segunda, Kinshasa (República Democrática del Congo), con 33.200 habitantes por km2. A modo de referencia, en Londres apenas pasan de 6.000 y en Nueva York la media es de 1.700.

¿Significa eso que la capital de Bangladesh es la ciudad más poblada del globo? No. Solo que sus vecinos son los que viven más apiñados. La palma en cuanto a censo se la lleva, como desde hace tiempo, Tokio, con un área urbana de 39,1 millones de personas, buena parte de ellas residentes en la propia ciudad. En segundo y tercero lugar estarían las conurbanciones de Jakarta y Delhi.

La peculiaridad de Dhaka se explica en gran medida por su tamaño y su volumen de población. Según los datos que maneja Demographia, el área urbana de la capital de Bangladesh acoge a unas 16,8 millones de personas y alcanza una extensión de 456 kilómetros cuadrados. En cuanto a censo, el área metropolitana bangladesí​ es en realidad la 17º más poblada, por detrás de Bangkok, Moscú o Kolkata. Si nos fijamos únicamente en el tamaño, Dhaka es de lejos una de las más pequeñas. Entre las 50 principales áreas urbanas analizadas en el estudio solo hay una menor, Ahmadabad, en la India. El área de Dhaka es de hecho alrededor de 18 veces más reducida que Tokio.

A pesar de su pequeña "huella urbana", el informe señala que la capital de Bangladesh ha experimentado "un desarrollo periférico considerable" a lo largo de los últimos años. Tanto, que antes su densidad de población era sensiblemente mayor y llegaba a sobrepasar con creces de los 40.000 vecinos por kilómetro cuadrado. El informe elaborado en 2012 advertía incluso que había barrios de las zonas marginales en los que la concentración era mucho mayor. Otro hándicap de su enorme padrón es que, al calcular el ingreso promedio, el resultado es muy bajo, lo que la convierte —destacan— en una de las áreas urbanas "menos productivas económicamente".

La capital bangladesí​ no destaca únicamente en el ranking de las ciudades más apiñadas. Según recoge The Daily Star ostenta el cuestionable honor de ser una de las urbes más contaminadas del planeta. Hace unos días el diario se hacía eco de la pésima calidad de su aire, un problema con el que, recuerda, la capital asiática lidia desde hace tiempo. "Se vuelve insalubre durante el invierno y mejora durante el monzón", recoge. Entre los principales focos de la polución destaca los hornos dedicados a la elaboración de ladrillos, el tráfico y el polvo que genera la construcción.

Shafiqul Islam Bbqfb16vy5u Unsplash

Más allá de sus condiciones de vida, lo cierto es que Dhaka juega un papel fundamental en la política y la economía de su país. La metrópili centraliza la vida institucional de la nación y solo la ciudad y la gran región de Dhaka —apunta The Statesman— representan aproximadamente una quinta parte del PIB y casi la mitad de los empleos de Bangladesh. Su peso poblacional es igualmente claro. En el conjunto del país residen algo más de 160 millones de personas; en el área urbana, 16,8.

Aunque el estudio elaborado por los técnicos de Demographia señala con claridad a la capital de Bangladesh como el área urbana de más de 500.000 habitantes con la mayor densidad de población del mundo, lo cierto es que el cálculo no resulta sencillo. En su análisis tiene en cuenta, por ejemplo, las "huellas urbanas", que se fijan con la extensión urbanizada, no los límites administrativos.

Otros rankings aúpan al primer puesto a ciudades que también registran una concentración considerable de personas, como Malé, la capital de las Maldivas. Aunque su censo es bastante más pequeño que el de Dhaka, su reducido tamaño la somete igualmente a un notable hacinamiento. Otros estudios señalan el caso de Mumbai, una de las mayores ciudades de la India, donde Demographia calcula que residen un millar de personas por cada kilómetro cuadrado.

Imágenes | MD Sifat Jahan (Unsplash) y Shafiqul Islam (Unsplash)

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El deepfake nos está ganando la partida: “cazamos” menos de la mitad de las imágenes falsas generadas por algoritmo

El deepfake nos está ganando la partida:

Por mucho que agudices la vista, por bueno que seas quedándote con las caras y por más que entrenes, asúmelo, es probable que no puedas ganarle la partida al deepfake. Tras realizar varios experimento con retratos ficticios, generados por inteligencia artificial (IA), un grupo de investigadores ha llegado a la conclusión de que "cazamos" las imágenes falsas menos de la mitad de las veces.

Sus experimentos demuestran que solo acertamos en el 48,2% de las ocasiones, lo que significa que —al menos desde un punto de vista teórico y de pira estadística— tendríamos más probabilidades de dar en el clavo si nos lo jugásemos a cara y cruz y lanzásemos una moneda al aire.

Para su estudio los investigadores realizaron varios experimentos con 800 imágenes, todas retratos de personas con fondos neutros. Algunas eran reales, otras sintéticas, elaboradas por StyleGAN2, un algoritmo de IA presentado por Nvidia hace un par de años. Durante su primer análisis se pidió a 315 personas que observasen 128 fotos y valorasen si eran reales o deepkaes. ¿El resultado? De media, acertaron el 48,2% de las veces, muy cerca, reconocen, de lo que se conseguiría por pura suerte.

En una segunda prueba los científicos cambiaron ligeramente las reglas de juego: se dio a los participantes algunas nociones de cómo identificar un rostro falso y se les informó, después de cada análisis, de si habían acertado o no. Con esa ayuda extra, su puntería subió al 59%. Eso sí, a los observadores les fue mejor en la primera mitad del experimento que en la segunda.

Más "fiables" que los rostros reales

"El rendimiento general se mantuvo solo ligeramente por encima del azar. La falta de mejora a lo largo del tiempo sugiere que el impacto de la retroalimentación es limitado, presumiblemente porque algunas caras sintéticas simplemente no contienen artefactos perceptualmente detectables", explican los investigadores en su artículo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Más allá de las veces que detectamos un deepfake, el experimento deja algunas conclusiones curiosas. Las observaciones revelan, por ejemplo, que nos resulta más difícil acertar cuando lo que tenemos delante es un rostro blanco. No es casualidad. Como apuntan los investigadores, la razón es probablemente que la base de datos con la que se entrena StyleGAN2 cuenta con mayor número de fotografías de caucásicos, lo que le permite generar imágenes "más realistas".

Otra cuestión interesante es cómo de fiables nos resultan los rostros elaborados con inteligencia artificial. ¿Nos transmiten una sensación de seguridad? Y si es así, ¿Es esta mayor que la que nos suscitan las caras de personas de carne y hueso? Para salir de dudas los científicos pidieron a 223 personas que calificaran la "confiabilidad" de 128 retratos, todos tomados de la base de 800 imágenes del experimento. Luego les pidieron que las evaluasen del uno al siete.

El resultado no nos deja muy bien parados. Por término medio, los rostros reales recibieron una puntuación de 4,48. Los deepfakes, 4,82. Es más, las cuatro caras que levantaban más sospechas durante el experimento eran reales y las tres mejor paradas, sintéticas, fruto de StyleGAN2.

¿El motivo? Los investigadores creen que tiene poco que ver con la expresión de los rostros y no detectaron grandes variaciones relacionadas con la raza —no así con el sexo, que deja mejor parado a las mujeres—. Para ellos la clave está en la naturaleza de los deepfakes y la psicología.

"Las caras sintetizadas tienden a parecerse más a los rostros promedio, que, a su vez, se consideran más fiables", explican. Las redes GAN, como la empleada en el experimento, aprenden básicamente a generar caras lo más realistas posible gracias a su propio funcionamiento interno: primero crea una imagen aleatoria y luego, gracias a una base de fotos reales, va perfeccionando el resultado hasta que una de sus redes neuronales, el "discriminador", es incapaz de apreciar si es falsa.

Con los datos sobre la mesa, los científicos alertan de los graves riesgos de los deepfakes. "Los rostros generados sintéticamente no solo son fotorrealistas, sino que son casi indistinguibles de los rostros reales y se consideran más confiables", precisan. Aunque ese nivel de fidelidad es sin duda un "éxito para el campo de la infografía", en otras áreas creen que puede resultar más polémica.

"El fácil acceso a estas imágenes falsas de alta calidad ha provocado y seguirá provocando diversos problemas, como perfiles falsos más convincentes y, a medida que la generación de audio y vídeo sintéticos siga mejorando, problemas de imágenes íntimas no consentidas, fraude y campañas de desinformación, con graves implicaciones", reflexiona el equipo de investigadores.

Desde luego no son los primeros en advertir de los riesgos de los deepfakes. Las imágenes y grabaciones generadas por IA se usan ya para cometer fraudes, engaños o vulnerar la intimidad de las personas falseando vídeos y fotos con los que luego se crean piezas con un claro contenido sexual. Afecta a los particulares, pero también, subrayan los expertos, a las democracia.

Sobre todo a medida que los contenidos resultan más realistas y despiertan un mayor grado de confianza por parte del público. Su amenaza reside tanto en el material falseado como en la sombra de duda que arroja sobre el real. "Quizás lo más pernicioso es la consecuencia de que, en un mundo digital en el que cualquier imagen o video puede falsificarse, la autenticidad de cualquier grabación inconveniente o no deseada puede ser cuestionada", concluyen los autores del estudio.

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La noticia El deepfake nos está ganando la partida: "cazamos" menos de la mitad de las imágenes falsas generadas por algoritmo fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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El deepfake nos está ganando la partida: “cazamos” menos de la mitad de las imágenes falsas generadas por algoritmo

El deepfake nos está ganando la partida:

Por mucho que agudices la vista, por bueno que seas quedándote con las caras y por más que entrenes, asúmelo, es probable que no puedas ganarle la partida al deepfake. Tras realizar varios experimento con retratos ficticios, generados por inteligencia artificial (IA), un grupo de investigadores ha llegado a la conclusión de que "cazamos" las imágenes falsas menos de la mitad de las veces.

Sus experimentos demuestran que solo acertamos en el 48,2% de las ocasiones, lo que significa que —al menos desde un punto de vista teórico y de pira estadística— tendríamos más probabilidades de dar en el clavo si nos lo jugásemos a cara y cruz y lanzásemos una moneda al aire.

Para su estudio los investigadores realizaron varios experimentos con 800 imágenes, todas retratos de personas con fondos neutros. Algunas eran reales, otras sintéticas, elaboradas por StyleGAN2, un algoritmo de IA presentado por Nvidia hace un par de años. Durante su primer análisis se pidió a 315 personas que observasen 128 fotos y valorasen si eran reales o deepkaes. ¿El resultado? De media, acertaron el 48,2% de las veces, muy cerca, reconocen, de lo que se conseguiría por pura suerte.

En una segunda prueba los científicos cambiaron ligeramente las reglas de juego: se dio a los participantes algunas nociones de cómo identificar un rostro falso y se les informó, después de cada análisis, de si habían acertado o no. Con esa ayuda extra, su puntería subió al 59%. Eso sí, a los observadores les fue mejor en la primera mitad del experimento que en la segunda.

Más "fiables" que los rostros reales

"El rendimiento general se mantuvo solo ligeramente por encima del azar. La falta de mejora a lo largo del tiempo sugiere que el impacto de la retroalimentación es limitado, presumiblemente porque algunas caras sintéticas simplemente no contienen artefactos perceptualmente detectables", explican los investigadores en su artículo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Más allá de las veces que detectamos un deepfake, el experimento deja algunas conclusiones curiosas. Las observaciones revelan, por ejemplo, que nos resulta más difícil acertar cuando lo que tenemos delante es un rostro blanco. No es casualidad. Como apuntan los investigadores, la razón es probablemente que la base de datos con la que se entrena StyleGAN2 cuenta con mayor número de fotografías de caucásicos, lo que le permite generar imágenes "más realistas".

Otra cuestión interesante es cómo de fiables nos resultan los rostros elaborados con inteligencia artificial. ¿Nos transmiten una sensación de seguridad? Y si es así, ¿Es esta mayor que la que nos suscitan las caras de personas de carne y hueso? Para salir de dudas los científicos pidieron a 223 personas que calificaran la "confiabilidad" de 128 retratos, todos tomados de la base de 800 imágenes del experimento. Luego les pidieron que las evaluasen del uno al siete.

El resultado no nos deja muy bien parados. Por término medio, los rostros reales recibieron una puntuación de 4,48. Los deepfakes, 4,82. Es más, las cuatro caras que levantaban más sospechas durante el experimento eran reales y las tres mejor paradas, sintéticas, fruto de StyleGAN2.

¿El motivo? Los investigadores creen que tiene poco que ver con la expresión de los rostros y no detectaron grandes variaciones relacionadas con la raza —no así con el sexo, que deja mejor parado a las mujeres—. Para ellos la clave está en la naturaleza de los deepfakes y la psicología.

"Las caras sintetizadas tienden a parecerse más a los rostros promedio, que, a su vez, se consideran más fiables", explican. Las redes GAN, como la empleada en el experimento, aprenden básicamente a generar caras lo más realistas posible gracias a su propio funcionamiento interno: primero crea una imagen aleatoria y luego, gracias a una base de fotos reales, va perfeccionando el resultado hasta que una de sus redes neuronales, el "discriminador", es incapaz de apreciar si es falsa.

Con los datos sobre la mesa, los científicos alertan de los graves riesgos de los deepfakes. "Los rostros generados sintéticamente no solo son fotorrealistas, sino que son casi indistinguibles de los rostros reales y se consideran más confiables", precisan. Aunque ese nivel de fidelidad es sin duda un "éxito para el campo de la infografía", en otras áreas creen que puede resultar más polémica.

"El fácil acceso a estas imágenes falsas de alta calidad ha provocado y seguirá provocando diversos problemas, como perfiles falsos más convincentes y, a medida que la generación de audio y vídeo sintéticos siga mejorando, problemas de imágenes íntimas no consentidas, fraude y campañas de desinformación, con graves implicaciones", reflexiona el equipo de investigadores.

Desde luego no son los primeros en advertir de los riesgos de los deepfakes. Las imágenes y grabaciones generadas por IA se usan ya para cometer fraudes, engaños o vulnerar la intimidad de las personas falseando vídeos y fotos con los que luego se crean piezas con un claro contenido sexual. Afecta a los particulares, pero también, subrayan los expertos, a las democracia.

Sobre todo a medida que los contenidos resultan más realistas y despiertan un mayor grado de confianza por parte del público. Su amenaza reside tanto en el material falseado como en la sombra de duda que arroja sobre el real. "Quizás lo más pernicioso es la consecuencia de que, en un mundo digital en el que cualquier imagen o video puede falsificarse, la autenticidad de cualquier grabación inconveniente o no deseada puede ser cuestionada", concluyen los autores del estudio.

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