Cada vez estamos más cerca del wearable más prometedor del futuro: las pieles electrónicas

Cada vez estamos más cerca del wearable más prometedor del futuro: las pieles electrónicas

En más de una ocasión habrás escuchado que la piel es una barrera, una suerte de defensa avanza que nos protege y ayuda a relacionar con el mundo exterior. Y lo es. Pero… ¿Y si pudiera ser eso y algo más? ¿Y si la planteásemos como una especie de interfaz entre nuestro cuerpo y dispositivos tecnológicos? ¿Y si ampliásemos el concepto, yendo más allá del tegumento que nos envuelve, hasta abarcar también otras opciones salidas de los laboratorios más avanzados?

El concepto no es nuevo. Desde hace décadas científicos e ingenieros trabajan en la denominada “piel electrónica”, o e-skin, y si bien durante un tiempo sonó casi a ciencia ficción tenemos equipos de investigación que trabajan en lo que podría convertirse en el gran wearable del futuro.

¿Qué es eso de la piel electrónica? El nombre no deja mucho a la imaginación: circuitos flexibles, electrónica portátil inspirada en las capacidades de la piel humana. La descripción es general y muy abierta, pero da una idea de su enorme potencial. Desde hace tiempo los expertos trabajan en su desarrollo por sus posibilidades en el monitoreo de la salud, la creación de prótesis o la robótica.

Lograrlo supone —como reconocía el año pasado Katharine Sanderson en Nature— un “importante desafío químico y de ingeniería” que debe lidiar con una superficie tan compleja como la piel humana y, al mismo tiempo, componentes electrónicos que suelen ser frágiles y poco flexibles.

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Un empeño ambicioso, pero no nuevo. Así es. La carrera hacia una electrónica flexible no es desde luego nueva. “Fue en la década de 1980 cuando empezamos a ver algunos sensores táctiles a los que podríamos referirnos como una versión rudimentaria de la piel”, comenta el profesor Ravinder Dahiya a Scientific American. A mediados de esa década se desarrollaron los primeros conjuntos de sensores flexibles, recurriendo en ocasiones a tecnología previa, como Kapton, una película flexible.

La ciencia de materiales y electrónica siguió avanzando a lo largo de los años siguientes en su búsqueda de una mayor versatilidad, flexibilidad, suavidad, y capacidad para estirarse. Con el tiempo la investigación se ha beneficiado de otras empresas, como el desarrollo de polímeros y la búsqueda de una mayor flexibilidad para la electrónica portátil. Para 2004 Takao Someya, de la Universidad de Tokio, informaba de un parche flexible de 8x8 centímetros con capas de alto rendimiento, dotado con sensores de presión y que permitía que la corriente fluyera, una aportación que permitía a los robots manejar un primitivo sentido del tacto gracias a la capacidad de responder ante la presión.

Una tecnología con desafíos importantes. Llevamos tiempo avanzando hacia una e-skin cada vez más versátil, pero el camino está plagado de retos. La piel electrónica es un desafío complejo tanto para los químicos como los ingenieros. Una de las grandes virtudes de nuestra piel es su flexibilidad, lo que la convierte en un auténtico quebradero de cabeza para los científicos que quieren conectarla con un electrodo: se estira, arruga, dobla, humedece por el sudor… Y ni los geles ni tampoco los líquidos iónicos —buenos para la conducción eléctrica— representan una solución infalible.

Engineers fabricate a chip-free, wireless electronic “skin”: The device senses and wirelessly transmits signals related to pulse, sweat, and ultraviolet exposure, without bulky chips or batteries. https://t.co/eOqFoPP6pP pic.twitter.com/he1vII0ga4

— Massachusetts Institute of Technology (MIT) (@MIT) August 19, 2022

Ir más allá. El objetivo pasa por ir más allá de los dispositivos rígidos que ya empleamos para contar nuestros pasos o el ritmo cardiaco. El objetivo es conseguir una auténtica sensibilidad basada en la piel, lo que requiere de una solución capaz de integrar los diferentes materiales y para el manejo de interfaces, además de resolver el reto de cómo garantizar el contacto prolongado con la piel.

“Los e-skins inalámbricos convencionales se basan en chips de circuitos integrados rígidos que comprometen la flexibilidad general y consumen una energía considerable”, reconocía un estudio publicado este verano en Science. Otras soluciones, sin chips, muestran una sensibilidad limitada.

¿Y todo esto para qué? Para alcanzar el amplio abanico de posibilidades que se abre a la piel electrónica, que permitiría recrear las funciones de la humana para su uso en prótesis o el campo de la robótica. Eso —precisa Wired— implica desde extremidades artificiales que permitan a quienes las usan sentir texturas o temperaturas al desarrollo de dispositivos portátiles, una "segunda piel" dotada de sensores que miden nuestra presión o nivel de glucosa. En el futuro incluso podrían permitirnos controlar robots en remoto mientras “sentimos” las señales que van detectando.

“La e-skin imita las capacidades de detección de la humana, lo que brinda muchas aplicaciones potenciales en robótica, inteligencia artificia, prótesis y tecnologías de monitoreo de la salud”, recogen los ingenieros Mariam Turki, Xuan Li y Lixnaxi Zheng en Current Smart Materials.

¿En qué estamos trabajando? No todo es teoría. O deseos. O futuribles. A lo largo de los últimos años hemos avanzado ya en el camino hacia una mejor y más versátil piel electrónica. Uno de los equipos de referencia en el campo es el de la ingeniera Zhenan Bao, de la Universidad de Stanford, quien en 2010 logró junto a sus colegas un sensor flexible tan sensible que puede incluso detectar el toque de una mariposa al posarse. Bao es también cofundadora de PyrAmes, una startup que desarrolla una banda pensada para envolverse alrededor de una muñeca o pie y que puede emplearse para controlar la presión arterial de los bebés prematuros.

Más versatilidad y comodidad. Interesante es también el trabajo del equipo de Wei Gao, del Instituto de Tecnología de California, quien ha intentado combinar sensores táctiles y de temperatura con otros capaces de detectar sustancias químicas. Sus conclusiones se publicaron este mismo año en la revista Science Robotics. A lo largo de los últimos meses se han publicado avances que buscan prescindir de los microchips voluminosos y las baterías, creando una piel electrónica capaz de transmitir datos de forma inalámbrica o favoreciendo sistemas versátiles y económicos.

El año pasado Nature hablaba incluso de un dispositivo, un polímero y un circuito inalámbrico conectados por Bluetooth diseñado para acoplarse en la base de la garganta de los pacientes y monitorear en tiempo real su habla, respiración, frecuencia cardíaca y demás signos vitales, una herramienta valiosa para quienes hayan padecido un accidente cerebrovascular y necesiten ciertos tratamientos. En su búsqueda de una tecnología más precisa, hay quien incluso ha explorado la posibilidad de emplear dispositivos electrónicos ultrafinos que podamos tatuarnos.

Imágenes: University of Colorado Boulder y Universidad RMIT

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Ya tenemos los primeros resultados sobre el impuesto a las bebidas azucaradas en España. Ha ido regular

Ya tenemos los primeros resultados sobre el impuesto a las bebidas azucaradas en España. Ha ido regular

Allá por principios de 2021, cuando el COVID-19 acaparaba titulares y aún nos movíamos en un mundo de restricciones, aforos limitados y mascarillas FFP2, el Gobierno decidió mover ficha para combatir otra pandemia, más silenciosa pero igual de crucial: la obesidad. La obesidad infantil, para ser más precisos. Y de una forma rotunda, además: en enero aplicó un alza del IVA para las bebidas azucaradas y edulcoradas que elevó su tributación del tipo reducido al general, del 21%.

Ha pasado de aquello casi dos años y la gran pregunta hoy es: ¿Se ha notado de alguna forma?

Un poco de historia reciente. Pongámonos en contexto. Enero de 2021. En plena resaca pandémica. Tras una intensa tramitación marcada por el rechazo de las empresas y debate político, el Gobierno aplica un alza en el impuesto sobre el valor añadida (IVA) de las bebidas azucaradas y edulcoradas. De tributar al tipo reducido, del 10%, pasan a hacerlo al general, del 21%.

La decisión buscaba “favorecer hábitos más saludables” y dejaría de paso una sustanciosa recaudación, de aproximadamente 314 millones de euros, cantidad que se quedaría en cualquier caso ligeramente por debajo de los 340 millones estimados. Para no dañar aún más a un sector hostelero que ya se había visto vapuleado durante meses por la pandemia, el proyecto de Presupuestos Generales recogía, eso sí, que la actualización no afectase a los bares.

¿Tan grave es el problema? El objetivo del Gobierno al aplicar la medida, comunicada a Bruselas ya en otoño de 2020, pasaba por incentivar “hábitos más saludables”, sobre todo entre la población de menor edad. “El objetivo [es] combatir la obesidad infantil y las enfermedades asociadas como la diabetes”, razonaban los defensores del alza del IVA. ¿Había o hay motivos para la preocupación? Desde luego lo que tenemos son estudios que dejan entrever que el escenario no es el ideal.

Hace un mes escaso trascendía un estudio de la Iniciativa de Vigilancia de la Obesidad Infantil (COSI), de la OMS, que concluía que España es el tercer país con mayor prevalencia de sobrepeso y el cuarto en obesidad entre un listado de más de treinta naciones de la región europea. El porcentaje de gasto sanitario vinculado con la obesidad ronda aquí el 10%, un dato que sitúa a España en la parte alta de la tabla de las naciones occidentales y por encima de la media europea.

¿Y se dejó notar la medida? Sí, y no. Sí influyó en los hábitos de consumo, aunque no de la forma generalizada ni desde luego con el alcance que probablemente le habría gustado a sus promotores. Un informe de EsadeEcPol muestra que la medida “redujo de manera significativa” el consumo medio en los hogares, aunque la tendencia se constató únicamente en los que respondían a cierto perfil.

El resultado se apreció en los de menor nivel económico, que vieron reducido su consumo en alrededor de 11 litros anuales por hogar. En el caso de los hogares de nivel económico medio y alto, el informe de ESADE concluye sin embargo que el efecto no resultó apreciable. Si hubo un tipo de familia en la que se dejó sentir el alza del IVA fue en aquellas que registraban menores ingresos y tenían hijos: en las casas con ese perfil, el consumo se contrajo en unos 25 litros anuales.

En ES se cambian políticas muy a menudo. Pero muy pocas veces se evalúan de forma rigurosa para saber si cumplen sus objetivos.

En 2021 el gobierno subió el IVA de las bebidas azucaradas del 10% al 21%. ¿Cuál ha sido su efecto?

Va 🧶sobre lo nuestro de hoy👇 pic.twitter.com/Snkt0zD5yQ

— Toni Roldán Monés (@toniroldanm) November 30, 2022

Bajando más al detalle. No son las únicas cifras que arroja el informe de ESADE. La primera conclusión es que el incremento del IVA tuvo un reflejo claro en el carro de la compra: según sus cuentas, más del 90% del alza de los impuestos acabó trasladándose al precio final, lo que en euros contantes y sonantes se tradujo en un aumento de 12 céntimos el litro. Para el 33% de los hogares más pobres, ese alza se tradujo en un descenso medio de 10,8 litros anuales. Su consumo previo, de 2020, rondaba los 83 litros por hogar y año. En términos porcentuales la caída fue del 13%.

“Este efecto se multiplica por cuatro para los hogares de menor gasto equivalente con hijos de cinco a 16 años: en ellos, la caída estimada llega a 25 litros menos por año. Entre los hogares con niños la caída sería de un 20%, mientras que para los hogares pobres sin niños sería de un 7%”, abunda.

El otro perjudicado: el snack. No es extraño que quien se toma un refresco azucarado lo acompañe de algún tipo de snack, con lo que menos raro resulta que el descenso en el consumo de este tipo de bebidas haya ido acompañado de un “pinchazo” de los aperitivos. Durante su análisis, la ESADE ha explorado esa posibilidad centrándose en el 33% de los hogares con menor capacidad económica, los mismos en los que registraron un descenso en el consumo de refrescos.

La investigación no arrojó grandes sorpresas: “El efecto de la subida del IVA a las bebidas azucaradas y edulcoradas parece tener un efecto de contagio sobre el gasto en snacks, que se reduce significativamente entre el tercio de hogares más pobre”. Su cálculo arroja que el 33% de hogares más pobres recortó su gasto en alrededor de cinco euros anuales. Si se traslada a términos porcentuales, supone un pinchazo del 10,5%, en sintonía con el incremento del impuesto.

¿Qué conclusiones podemos sacar? Más allá de los porcentajes, lo que revelan los datos de ESADE, que realizó su estudio tomando como grupo de control los territorios que no están sujetos al IVA —Canarias, Ceuta y Melilla— y basándose en los valores de la EPF (Encuesta de Presupuestos Familiares), son un par de conclusiones clave. La primera es que, como cabía esperar, el alza del IVA acabó dejándose sentir en el precio final: absorbió más de un 90% del alza del tributo.

La segunda gran idea, y tal vez la más importante, es que el efecto de ese alza en el consumo —de 0,12 €/litro— “se concentró exclusivamente en los hogares de menor nivel económico”. En ese caso, representado por el 33% de los hogares más pobres, el descenso rozó los 11 litros anuales. “Sin embargo, para el resto el efecto del impuesto no fue estadísticamente significativo”, concluye.

La lectura más positiva es que la medida consiguió atinar al menos en parte del público en el que pensaba el Gobierno al incrementar los impuestos: los niños. El informe de ESADE muestra que el efecto del alza del IVA se triplicó en los hogares más pobres en los que residían jóvenes de entre cinco y 16 años. En esos casos el descenso estimado rondó los 25 litros anuales.

Imagen de portada: Franki Chamaki (Unsplash)

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Amazon le ha declarado “la guerra” a los códigos de barras. Y ya tiene un plan para jubilarlos

Amazon le ha declarado

Los vemos como algo tan común, estamos tan habituados a encontrarlos por todas partes, que quizás ya ni repares en ellos, pero los códigos de barras son una pieza clave en la logística de las mercancías. Con su código de números y barras —valga la redundancia— nos ayudan a identificar y agrupar todo tipo de artículos, desde lápices a neveras. Prueba de que funcionan es que llevamos ya unas cuantas décadas usándolos, pero como tecnología distan mucho de ser perfectos. A veces no es fácil localizarlos, se deterioran y si se ha adherido a superficies irregulares leerlos puede resultar un incordio. Si esa tarea se encomienda a un robot el reto se vuelve aún, más peliagudo.

En Amazon lo saben. Y por eso han decidido "declararles la guerra" apoyándose en algoritmos y deep learning. Su objetivo: avanzar hacia la automatización en el registro de la mercancía.

“Cuando un artículo llega a un centro de distribución de Amazon, los empleados usan códigos de barras para verificar su identidad en varios puntos de su recorrido hasta el vehículo de entrega. En cada ocasión hay que recoger el artículo y localizar y escanear el código. A veces, el código se ha dañado o incluso falta”, explica Amazon. A una escala de producción como la que maneja el gigante del comercio online eso es algo más que un simple gesto: se traduce en un proceso que se repite millones de veces con un amplio catálogo de artículos de muy diferentes formas y tamaños.

Lo primero, una biblioteca de imágenes

Consecuencia: cualquier intento de automatización se convierte en una tarea complicada e inabarcable. A día de hoy, como reconoce la multinacional estadounidense, no hay ningún robot lo suficientemente versátil como para manipular cualquier tipo de artículo y escanearlo.

La solución en la que trabaja Amazon y que ya prueba en sus centros logísticos de Barcelona y Hamburgo pasa por poder prescindir de los códigos de barras o incluso dejar atrás el propio proceso de identificación manual de los artículos, una dependencia que la compañía tilda de “incómoda e ineficiente”. En su lugar apuesta por la identificación multimodal, la conocida como MMID.

En vez de basarse en un código de barras su solución pasa por utilizar “múltiples modalidades de información”, extrayendo datos por ejemplo del aspecto o las dimensiones de cada artículo, detalles que le permitan automatizar su identificación. Para pulirlo los expertos de Amazon ya están probando el sistema en Alemania y la Ciudad Condal, donde se emplea en cintas transportadoras para cazar lo que la compañía llama “discrepancias virtuales-físicas”, aquellos casos en los que los artículos de una bandeja no se corresponden con los que aparecen descritos en el inventario.

“Nuestro objetivo es utilizar esto en la manipulación robótica”, explica Nontas Antonakos, quien se encargó de dirigir el equipo de MMID cuando se conceptualizó. “Resolver el problema, para que los robots puedan recoger artículos y procesarlos sin necesidad de encontrar y escanear un código de barras, resulta clave. Nos ayudará a hacer llegar los paquetes a los clientes con mayor precisión”.

El proceso no ha resultado sencillo. El primer paso, antes incluso de enseñar al algoritmo a asimilar cada elemento con su imagen, consistió en lo más básico: retrarar los diferentes productos mientras se desplazaban por una cinta transportadora para crear así una “biblioteca de imágenes”.

Luego esas fotografías, junto a otros datos relevantes, como las dimensiones del artículo, se convirtieron en vectores con los que pudieran trabajar algoritmos y machine learning. “Aprovechando el poder del deep learning, el equipo se sorprendió gratamente al ver tasas de coincidencia del 75 al 80% en los experimentos iniciales”, señala. El porcentaje era elevado, pero gracias a inversiones en el sistema lograron que el MMID llegase a alcanzar una tasa de coincidencia de cerca del 99%.

Amazon
Parte del proceso de MMID.

Parte de su éxito se debe a que el algoritmo no necesita cotejar la información que recibe de cada artículo con el vasto catálogo de cientos de millones de productos de Amazon, “una tarea imposible”, admite la compañía. En el proceso se beneficia del seguimiento de cada mercancía, lo que le permite reducir de forma considerable las posibles opciones: “Cada artículo procede de un contenedor y cada contenedor contiene unas pocas docenas de productos. Por lo tanto, el algoritmo solo tiene que cotejar un artículo con el contenido de un único contenedor”, añade la empresa.

La tecnología MMID se puso a prueba en Szczecin, Polonia, con una cámara que tomaba fotos de bandejas con un único artículo. Desde entonces se ha ido enriqueciendo y superando retos, como el que encaró durante un Prime Day en el que se vio en la tesitura de tener que distinguir entre Echo Dots idénticos pero de varios colores. Otro desafío que deberá afrontar en el futuro es ir más allá de las cintas transportadoras, donde el ritmo y la iluminación a la que pasan los artículos están bien medidos, y facilitar la identificación también cuando está en la mano de un operario.

“Esta visión, de usar MMID en todo el proceso de cumplimiento, para acelerar y permitir la automatización robótica, se va alcanzar”, asegura con optimismo Antonakos.

Imagen de portada: Amazon

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La cápsula Orion regresa a la Tierra: culmina la misión Artemis I y un paso clave para volver a la Luna

La cápsula Orion regresa a la Tierra: culmina la misión Artemis I y un paso clave para volver a la Luna

La NASA había anunciado que sería en torno a las 18.40 h. Y a las 18.40 fue. Con puntualidad casi británica, de manual, amerizaba esta tarde en las aguas del Pacífico la cápsula Orion, culminando así la misión Artemis I. La nave regresa a la Tierra tras un periplo espacial que duró 25 jornadas y media y recorrió 2,1 millones de kilómetros alrededor de la Luna. Su retorno concluye una misión clave en el cronograma marcado por la agencia internacional para que volvamos a pisar el satélite.

A la espera de que los expertos puedan analizarla, el amerizaje de Orion es un hito importante por varias razones. El principal es que marca un pequeño gran paso en la carrera por regresar a la Luna. El retorno de la cápsula concluye Artemis I, que se enmarca en el mucho más ambicioso y amplio Programa Artemis, un marco abanderado por varias agencias espaciales, incluida la NASA y sus homólogas de Europa (ESA) y Japón (JAXA) para retomar la exploración tripulada a la Luna.

Artemis I es un capítulo en el marco del programa, una misión de prueba, que despegaba a mediados de noviembre sin astronautas a bordo —usó maniquíes en su lugar— y se ha encargado de recabar información y someter a examen su tecnología. El cronograma de las agencias espaciales pasa ahora por continuar con una misión tripulada que circunavege nuestro satélite y, ya en una fase posterior, llevar humanos de nuevo a la superficie lunar. Su vista va incluso más allá, con el horizonte de la exploración de Marte. Sus diferentes etapas se extienden a lo largo de toda la década.

Un paso valioso

"Después de viajar 1,4 millones de millas a través del espacio, orbitar la Luna y recopilar datos que nos prepararán para enviar astronautas en futuras misiones #Artemis, la nave espacial Orion está en casa", celebraba poco después del amerizaje la agencia estadounidense en su cuenta de Twitter.

La planificación inicial de la NASA pasaba por que cayese en el Pacífico, frente a la costa californiana, a las 12.39 pm EST, las 18.39 h en la península ibérica, horario que la nave cumplió tras haberse separado poco antes, sobre las 12.00 pm ET, con éxito del módulo de servicio.

Splashdown.

After traveling 1.4 million miles through space, orbiting the Moon, and collecting data that will prepare us to send astronauts on future #Artemis missions, the @NASA_Orion spacecraft is home. pic.twitter.com/ORxCtGa9v7

— NASA (@NASA) December 11, 2022

We have now entered the entry phase. The @NASA_Orion spacecraft is traveling just under 25,000 miles per hour. #Artemis pic.twitter.com/Q488mhgfCS

— NASA (@NASA) December 11, 2022

En Tierra la esperaba el equipo encargado de recuperar la cápsula. Su descenso a Tierra ha sido trepidante, alcanzando 40.000 kilómetros por hora (km/h), lo que equivale a 32 veces la velocidad del sonido, y sometiéndose por la fricción y la preisón a una temperatura que rondaba los 3.000º. Esas condiciones suponen un reto para su escudo térmico, clave para las futuras misiones tripuladas.

El día escogido por el organismo estadounidense tampoco ha sido casual. El 11 de diciembre de 2022 ya era una fecha simbólica para la NASA antes incluso de que la cápsula de Artemis I cayese en las aguas del Pacífico: marca el 50 aniversario del regreso de Apolo 17, la última tripulada a nuestro satélite, precisamente el objetivo que ahora quieren repetir las agencias espaciales.

Imagen de portada: NASA

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La mayor industria de bebida embotellada del planeta es también una de las menos sospechosas: el agua

La mayor industria de bebida embotellada del planeta es también una de las menos sospechosas: el agua

Ni Coca-Cola, ni zumos, ni cerveza, ni leche, ni vino, ni ninguna otra bebida elaborada o recolectada por el hombre que se te pueda pasar la cabeza, así lleve o no alcohol, sea hiper azucarada o incluya un aporte rico en sales minerales. Cuando de bebidas envasadas se trata es difícil encontrar un rival para el agua. Exacto, el H2O, el mismo líquido cristalino que cae del cielo durante las borrascas, fluye por nuestros manantiales y mana a chorro del grifo de la cocina cuando tiras de la manilla.

Su peso alcanza además una dimensión difícil de concebir.

Los datos de Statista muestran que en 2021 consumimos a escala global alrededor de 455.200 millones de litros de agua embotellada, mucho, muchísimo más que cualquier otro líquido presentado con el mismo formato que podamos comprar en el súper o pedir en un bar. Las bebidas alcohólicas sumaron 260.600 millones de litros, la leche y demás lácteos 245.300 y los refrescos carbonatados 222.500, menos de la mitad que el H20. Si nos vamos a los zumos el resultado es aún más bajo.

No abundan los informes que comparen todas las categorías de bebidas embotelladas a escala global, incluidas tanto las alcohólicas como las no alcohólicas, pero, rankings a un lado, las tablas elaboradas por Statista no son las únicas que apuntan al enorme peso del agua embotellada.

Millones de litros... y dólares

Jonathan Chng Otdydgpoj 0 Unsplash

En 2020 la International Bottled Water Association (IBWA) destacaba que el agua embotellada había logrado clasificarse por cuarto año consecutivo como la principal categoría de bebida por volumen en Estados Unidos. En un solo año el organismo constató un alza de casi el 4% que dejaba el volumen de agua embotellada en el país en 14.400 millones de galones en 2019, equivalente a 54.500 millones de litros. En 2021 Beverage Marketing Corp apunta a unas ventas aún mayores.

Otro indicador interesante es el del informe de 2021 sobre consumo elaborado por el Ministerio de Agricultura. A la hora de valorar el consumo de bebidas fuera del hogar, sus técnicos constataron que el agua embotellada fue la segunda opción más consumida, al menos si nos fijamos en el volumen de litros. Representó el 25,4%, solo por detrás de la cerveza, con un 34,1%, y bastante por encima de las bebidas refrescantes, que pasaron del 17%. Dentro del hogar, las tablas elaboradas por los técnicos del ministerio muestran que el consumo de agua mineral resulta también aplastante.

Más allá de la comparación de consumo con otras bebidas, los estudios reflejan que la del agua embotellada es una industria millonaria. Y sobre todo con buenas perspectivas de futuro.

En 2021 Gran View Research valoraba el mercado global del agua embotellada en alrededor de 283.010 millones de dólares y avanzaba una tasa de crecimiento anual compuesta del 6,7% entre 2022 y 2030, coincidiendo —señalaba— con una mayor preocupación por la salud y bienestar de los consumidores, lo que se traduce en una mayor demanda de opciones purificadas y ultrapurificadas.

Los resultados están en sintonía con los de Statista, que calcula que este año los ingresos en el segmento del agua envsada han podido rondar los 302.500 millones de dólares y anticipa también un crecimiento de mercado durante buena parte de la década de casi el 6,8%. Sus datos muestran que la mayor parte de los ingresos se generan en EEUU, con 83.000 millones este ejercicio. El consumo se extiende por diferentes países, pero en el mapa destacaba, al menos hace años, México.

En cuanto a volumen, Statista calcula que para 2027 podría hablarse de casi 515.000 millones de litros de agua envasada. La evolución continúa una tendencia que viene ya de años atrás: en 2017, por ejemplo, los estadounidenses bebían más agua embotellada que refrescos. Ya antes, entre 1997 y 2005, el Wordlwatch registró que la producción mundial se había multiplicado por dos.

"El mercado de agua embotellada de Europa alcanzó un valor de alrededor de 57.2000 millones de dólares en 2021. Se estima además que el mercado crecerá a una CAGR del 5,70 % en el período de pronóstico de 2023-2028 para alcanzar un valor de cerca de 82.600 millones para 2027", abunda en una dirección similar un estudio elaborado por el Expert Market Research. No es el único. Incluso los fabricantes de envases prevén un alza de actividad impulsada en gran medida por el agua.

La demanda de agua embotellada tiene también su reverso, por supuesto. En 2021 Greenpeace alertaba del impacto medioambiental del consumo de agua embotellado, que señalaba como "uno de los mayores componentes de la contaminación plástica que amenaza los océanos, su vida y la salud humana". Sus datos apuntan que los fabricantes de bebidas producen más de 500.000 millones de botellas de plástico de un uso al año, e insiste: cada una tarda en degradarse hasta 500 años.

Un estudio publicado el año pasado con datos recabados en Barcelona concluía que el impacto ambiental del agua embotellada es "hasta 3.500 veces mayor que el agua del grifo" y ya hay cargos públicos en ciudades como Nueva York que han pedido un mayor uso del suministro público.

Imagen de portada: Bin Foch (Unsplash) y Jonathan Chng (Unsplash)

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Occidente está reconstruyendo su cadena de suministro para las tierras raras. Objetivo: no depender de China

Occidente está reconstruyendo su cadena de suministro para las tierras raras. Objetivo: no depender de China

Que una dependencia excesiva en la cadena de suministros no resulta buena idea es algo que la pandemia nos ha hecho aprender a la antigua usanza, con aquello de la letra a las malas entra. La teoría está clara. La práctica ya es otro cantar. El sector tecnológico sigue muy ligado a China en uno de los eslabones más estratégicos, influyentes y sensibles de su cadena, el de las “tierras raras”, los famosos 17 elementos químicos que, si bien poco tienen de tierra e incluso de raros, son esenciales para la fabricación de turbinas, coches eléctricos o lásereres. Y eso entre un larguísimo etcétera.

En Occidente es algo que se tiene muy presente.

Tanto, que se aprecian ya movimientos claros para paliar esa situación.

El sector nórdico saca músculo. Una de las últimas noticias de calado en el sector minero de las tierras raras llegaba hace menos de un mes desde el Mar del Norte. LKAB, compañía estatal sueca y una de las referencias europeas en la minería de hierro, daba el paso a principios de noviembre para invertir y lograr un peso clave en la firma noruega REEteC. Así dicho puede parecer algo menor, sin trascendencia, pero el objetivo de fondo sí lo tiene y las propias empresas lo admiten abiertamente.

“LKAB planea extraer elementos de tierras raras como subproducto de nuestra extracción de mineral de hierro. Junto con REEtec, crearemos la base para una cadena de valor nórdica fuerte y sostenible para metales de tierras raras”, explicaba el presidente y director ejecutivo de LKAB, Jan Moström, al anunciar la operación. La compañía afirma haber desarrollado “una tecnología innovadora” para separar elementos de tierras raras y “competir con la producción dominante de China”.

Con la vista puesta en Europa. El movimiento no se limita ni mucho menos a Escandinavia. Su horizonte es bastante más amplio y se centra en Europa y el conjunto de Occidente. LKAB vaticina que la demanda de metales de tierras raras para su empleo en coches eléctricos y turbinas eólicas se multiplicará por más de cinco para 2030, un panorama no demasiado alentado si se tiene en cuenta hasta qué punto Europa depende de las importaciones y el peso dominante de China.

“Dado que Europa no extrae estos materiales y tiene una capacidad de procesamiento marginal, la colaboración de LKAB y REEtec marca el inicio de algo nuevo en Europa. El plan es que la primera fábrica de REEtec, en Herøya, esté lista para la segunda mitad de 2024, y que una segunda fábrica, prevista para 2026, pueda procesar material de LKAB que estará disponible a partir de 2027”, señala la compañía sueca. REEtec ha recaudado en total 116 millones de euros para financiar su primera planta para separación de elementos de tierras raras. LKAB ha decidido lanzarse con fuerza al proyecto, aportando cerca de 39 y asumiendo además un peso decisivo como inversor.

¿Qué números manejan? LKAB calcula que la primera factoría de separación de elementos de tierras raras en Herøya producirá 720 toneladas neodimio y praseodimio, lo que se correspondería, asegura, con cerca del 5% de la demanda europea. De cumplirse el cronograma que se ha marcado, la producción arrancaría en 2024 aprovechando la tecnología desarrollada desde 2008. En LKAB avanzan además un pacto con Vital Metals, en Canadá, de donde llegará materia prima para la primera fábrica. El acuerdo, detalla la compañía sueca, “permitirá triplicar los volúmenes”.

La huella de Canadá. Noruega y Suecia no son los únicos países de Occidente que quieren tener algo que decir en la minería de tierras raras. En 2021 Vital Metals arrancó su producción en la mina de Nechalacho, al norte de Canadá, y en mayo dio otro paso al entregar sus primeros concentrados. “Nechalacho acoge un recurso de clase mundial de 94,7 Mt a 1,46% REO [Rare Earth Oxide]”, zanja la compañía, que se reivindica como el primer productor de tierras raras de Canadá y el segundo de América del Norte —el otro es Mountain Pass, en California— y avanza que su objetivo pasa por producir un mínimo de 5.000 toneladas de REO contenido en Nechalacho ya para 2025.

El Gobierno es perfectamente consciente del potencial del país y está decidido a respaldarlo. El Ejecutivo dirigido por Justin Trudeu, detalla El País, tiene presupuestados 3.800 millones de dólares precisamente para acompañar su Estrategia de Minerales Críticos, en el que se incluyen las valiosas tierras raras. Además de la mina de Nechalacho, hay otros proyectos de explotación sobre la mesa repartidos por puntos del territorio como Saskatchewan, Quebec o Terranova y Labrador.

Con la vista puesta en Groenlandia… Relativamente cerca de Canadá, en Groenlandia, hay otra importante fuente potencial de recursos que tampoco ha pasado inadvertido al sector privado. Hace poco la canadiense Neo Performance Materials alcanzaba de hecho un acuerdo para explotar en uno de sus grandes yacimientos, el de Sarfartoq, en el suroeste de la enorme isla. En él hay neodimio y praseodimio, elementos clave para los imanes que emplean los coches eléctricos o las turbinas.

… Y en los laboratorios. No todos los esfuerzos de Occidente pasan por buscar y explotar yacimientos. Algunos se centran en los laboratorios. Hace varias semanas investigadores de la Universidad de Cambridge, mano a mano con colegas de Austria, publicaban el descubrimiento de un método prometedor que podría permitirnos fabricar imanes de alto rendimiento prescindiendo de las tierras raras y, lo que es lo mismo, aportando una vía alternativa para aligerar el dominio chino.

La clave de su hallazgo es la tetrataenita, una aleación de hierro y níquel con una estructura atómica particular y valiosas propiedades. En condiciones naturales su formación dura millones de años, pero en Cambridge han abierto la puerta a un escenario prometedor: lograr tetrataenita en el laboratorio de forma artificial, con un coste razonable, a escala... y sin tener que esperar millones de años.

Una carrera con múltiples actores. Si bien Suecia, Noruega y Canadá muestran quizás los movimientos más recientes para establecer una cadena de suministro occidental, una estructura capaz de aligerar la dependencia de China tras décadas marcadas por la deslocalización de la industria y la subcontratación, no son ni mucho menos las únicas en mover ficha.

La Unión Europea y EEUU se han puesto manos a la obra para reducir su dependencia de la importación de metales críticos y materias primas clave. “Tenemos que evitar caer en la misma trampa y dependencia en la que caímos con el petróleo y el gas”, reflexionaba en septiembre la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen, en referencia precisamente al origen de las materias críticas y tierras raras. Reino Unido, Australia o Turquía tampoco se han quedado quietas.

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Un proceso cargado de retos. El objetivo es ambicioso. Los retos que habrá que superar en el camino, también. Uno de los más complejos es el encaje entre la explotación de los yacimientos y el rechazo que puedan generar por su impacto. Ya ha ocurrido en Groenlandia, donde hace no mucho un consorcio que incluía una empresa estatal china ya miró con interés un depósito de tierras raras localizado al sur de la isla. La oposición local y el temor a su impacto medioambiental acabaron sin embargo bloqueando el proyecto. La preocupación va más allá de los ciudadanos: las autoridades de la isla, que forma parte del Reino de Dinamarca, trabajaban hace un año en una legislación para prohibir la extracción de uranio y cesar el desarrollo de una mina con tierras raras, Kvanefjeld.

Un control que va más allá de la extracción. Otro desafío es aflojar el férreo control de China sobre la cadena de suministro, en la que tiene un peso aplastante: el 60% en la minería y 87% en el procesamiento. Su dominio, recuerda Quartz, implica que para reducir la dependencia no llega con extraer más tierras raras fuera de China. El gigante asiático, un sólido vendedor y comprador, está “presente en cada etapa tanto como un monopolio como un monopsonio”, señala Andy Mok, “lo que hace que sea muy difícil penetrar significativamente en la cadena de suministros”.

El intento, eso sí, resulta crucial. Como advertía von der Leyen: “De las 30 materias primas críticas hoy en día, 10 se obtienen mayormente en China. Y China controla básicamente la industria mundial de su procesado. Casi el 90% de las tierras raras, el 90% y el 60% del litio se procesan en China”.

Imágenes: Dylan Leagh (Unsplash) y 李大毛 没有猫 (Unsplash)

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Quién es Sam Altman, la mente empresarial tras OpenAI, ChatGPT o DALL-E: el hombre de negocios precoz de la IA

Quién es Sam Altman, la mente empresarial tras OpenAI, ChatGPT o DALL-E: el hombre de negocios precoz de la IA

Precoz, millonario, de mirada expresiva, pelo alborotado y un mentón bien afeitado que le hacen aparentar aún menos primaveras de las 37 que tiene y dispuesto a plantarse en una importantísima reunión con posibles inversores ataviado con sudadera, capucha y unas zapatillas deportivas.

Si le pidiéramos a DALL-E que nos retratase a un líder tecnológico capaz de despuntar en el tan prometedor como espinoso campo de la inteligencia artificial (IA) es muy probable que nos mostrase una fotografía tal cual de Sam Altman, CEO de OpenAI, la compañía detrás de la propia DALL-E y DALL-E 2 o el sorprendente ChatGPT, el sistema basado en GPT3 que acaba de recordarnos lo fascinantes —¿e inquietantes?— que son las capacidades que ya alcanza a día de ho la IA.

Y es lógico.

En muchos aspectos Sam Altman es el tópico del emprendedor self-made man hecho carne. Ingredientes no le faltan para armar el relato. Al menos por las pinceladas que conocemos sobre su periplo personal y empresarial. Como mínimo comparte una peculiaridad con otros personajes que alcanzaron fama en el sector, como Steve Jobs, Bill Gates o Mark Zuckerberg: dejó a medias sus estudios universitarios picado por el prurito empresarial y el deseo de labrarse un nombre.

El olfato para los negocios

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Samuel H Altman, que ese es su nombre completo, nació en abril de 1985 en Chicago y se crio en Missouri. Sus primeros pinitos con la tecnología empezaron muy pronto, en 1993, cuando accedió a la primera computadora que entraba en su hogar. Con el tiempo decidió embarcarse en los estudios de informática en la Universidad de Stanford, pero hacia 2005 concluyó que era más de despachos que de aulas y decidió tomarse una pausa para lanzarse al ruedo empresarial. Tenía 20 años.

No le fue mal. Poco antes había cofundado y tomado las riendas de Loopt, un germen de red social basada en la ubicación con la que recaudó varias decenas de millones y se embolsó una suma más que respetable. El proyecto no cuajó, pero dejaba ver su buen tino empersarial. Cuando él se lanzó al barro, en 2005, Facebook era una recién nacida y aún no se había lanzado el primer iPhone.

Su siguiente gran parada fue Y Combinator (YC), una importante aceleradora de startups tecnológicas lanzada en 2005 y que a lo largo de los años ha dejado su huella en proyectos como el de Airbnb, Dropbox o Coinbase, entre otros. Allí pudo jugar Altman un papel crucial en el desarrollo de talento en el sector tecnológico y labrarse un nombre: entre 2015 y 2016 anunció la puesta en marcha del fondo YC Continuity o el laboratorio de investigación Y Combinator Research y ya a finales del 16 acabó consolidando su peso al convertirse en el presidente de YC Group.

ChatGPT is incredibly limited, but good enough at some things to create a misleading impression of greatness.

it's a mistake to be relying on it for anything important right now. it’s a preview of progress; we have lots of work to do on robustness and truthfulness.

— Sam Altman (@sama) December 11, 2022

Su figura no pasó inadvertida pare medios como BusinessWeek o Forbes, que no tardaron en destacar su rol en el sector. En 2015 Forbes lo presentaba de hecho como un inversor destacado con menos de de 30 años. Sus pasos acabarían apuntando sin embargo hacia un rumbo algo distinto: el creciente y prometedor ruedo de la IA. En 2019 decidió volcarse con OpenAI, organización que había ayudado a fundar años antes junto a otras figuras destacadas, como Elon Musk.

En su web oficial OPenAI se define como “una empresa de investigación e implementación de IA” con un objetivo declarado tan ambicioso como complejo: “Asegurar que la IA general beneficie a toda la humanidad”. Su marca ha ganado popularidad gracias a herramientas como DALL-E o ya más recientemente ChatGTP, que han demostrado el enorme potencial de la inteligencia artificial.

El propio Altman presentaba a ChatGTP hace poco más como un anticipo de lo que está por venir que como una herramienta ya finalizada. “Es increíblemente limitado, pero lo suficientemente bueno en ciertas cosas como para crear una impresión engañosa de grandeza. En estos momentos es un error confiar en él para algo importante en estos momentos. Se trata de una vista previa del progreso. Tenemos mucho trabajo por delante”, escribía hace unas horas en su cuenta de Twitter.

Su gestión al frente de OpenAI no ha estado exenta de críticas. El propio Musk, que tuvo que apearse de la junta en 2018 ante el riesgo de un conflicto de intereses con Tesla, ha reflexionado sobre la deriva del proyecto. En 2020, después de que se anunciase el acuerdo de OpenAI y Microsft por el que esta última adquiría una licencia exclusiva para GTP-3, cuestionó abiertamente la decisión vía Twitter: “Esto parece lo contrario a abierto. OpenAI es especialmente capturado por Microsoft”.

No hace falta irse tan atrás para encontrar declaraciones en esa línea. “OpenAI empezó como código abierto y sin fines de lucro. Ninguno de los dos sigue siendo cierto”, abundaba Musk hace unos días.

Lo que no puede achacarse a Altman desde luego es quedarse quieto o de brazos cruzados. A mediados de 2019 Microsoft anunciaba una alianza con OpenAI que contemplaba una inversión de mil millones, una inyección de recursos valiosa para competir en un sector en el que se miden otras grandes compañías, como Google, que ha decidido apostar por la IA con DeepMind.

Imagen de portada: TechCrunch (Flickr) 1 y 2

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Elon Musk ya tiene fecha para el relanzamiento de Twitter Blue. Y llega con una sorpresa en las tarifas

Elon Musk ya tiene fecha para el relanzamiento de Twitter Blue. Y llega con una sorpresa en las tarifas

A la enésima va la vencida. O al menos esa es la consigna que parece querer aplicar Twitter, que acaba de anunciar a través de su perfil oficial un nuevo intento para el lanzamiento de Twitter Blue, el servicio de verificación de pago impulsado por Elon Musk en un intento por rentabilizar la red social. La nueva fecha para su puesta en marcha será inminente: mañana mismo, 12 de diciembre.

Además del día —una incógnita, hasta ahora— la plataforma recién adquirida por Elon Musk ha aportado una pincelada sobre las tarifas: costará 8 dólares mensuales para quienes se suscriban en la web y algo más, 11, para aquellos que lo hagan en iOS, a través de la tienda de apps de Apple. La posibilidad de la doble tarifa se había apuntado hace días tras una filtración de The Information.

En las últimas semanas Musk cargó contra la multinacional de Cupertino por retirar publicidad de la red social y la acusó públicamente de aplicar un “impuesto secreto del 30%” que grava las compras a través de la App Store, tema, el de las tasas, que ya ha ocasionado una más que sonora polémica con Epic Games, desarrolladora de 'Fortnite'. Los roces entre Musk y Apple parecían haberse suavizado sin embargo en los últimos días, tras una visita del magnate a Apple Park.

Algunas pinceladas

El anuncio del “relanzamiento” de Twitter Blue se acompaña de un esquema básico con algunas de sus peculiaridades y los servicios que ofrecerá. La plataforma detalla, por ejemplo, que los abonados con un número de teléfono verificado recibirán el check azul una vez sean aprobados y aquellos que se suscriban al servicio de pago disfrutarán de una serie de ventajas en la plataforma, como mayor visibilidad, algo que —destaca Twitter— servirá para “combatir las estafas y spam”,

Otras ventajas pasan por una menor exposición a anuncios —recortada a la mitad, en concreto— o la posibilidad de publicar vídeos más largos. Todos esos pluses se anuncian, eso sí, con la etiqueta “próximamente”, sin aportar más información. Otra de las claves que desliza la compañía es que el abono mensual de ocho dólares podría ser una oferta aplicada durante tiempo limitado.

“Cuando se suscriba, obtendrá Edit Tweet, cargas de vídeo de 1080p, modo lector y una marca de verificación azul, después de que se haya revisado su cuenta”, abunda la firma, que incide en el plan de etiquetas de colores que ya se encargó de anunciar hace días el propio Elon Musk a través de su propio perfil: “Empezaremos a sustituir la etiqueta ‘oficial’ por una marca dorada para las empresas y, más delante en la semana, una marca gris para las cuentas gubernamentales y multilaterales”.

we’re relaunching @TwitterBlue on Monday – subscribe on web for $8/month or on iOS for $11/month to get access to subscriber-only features, including the blue checkmark 🧵 pic.twitter.com/DvvsLoSO50

— Twitter (@Twitter) December 10, 2022

El de mañana será el enésimo intento de Musk por activar con éxito su sistema de suscripción de pago, que incluye entre otros servicios la posibilidad de añadir a la cuenta el check azul que hasta hace poco identificaba a los perfiles oficiales. Ya lo intentó el 5 de noviembre, si bien poco después daba marcha atrás para evitar que el sistema pudiese interferir con las elecciones de EEUU.

Una vez superada la cita con las urnas, protagonizó un nuevo intento el día 9, pero sin éxito y acompañado por la polémica: ante el caos desatado por las falsas verificaciones, que derivaron en absurdos como una cuenta oficial de Jesucristo y obligó a varias empresas a desmentir anuncios lanzados por suplantadores, Twitter optó por pausar la iniciativa unos días después.

La intención declarada de Elon Musk pasaba por recuperarla al poco, pero el calendario se ha ido alargando hasta derivar, finamente, en el “relanzamiento” del lunes 12 de diciembre.

El anuncio de Twitter y sus explicaciones en la plataforma no evitan sin embargo que haya algunas incógnitas importantes que sigan botando sobre la mesa: ¿Cuándo se aplicarán todos los servicios de Twitter Blue? ¿Se lanzará a escala global o solo en ciertos países, como se hizo con anterioridad? ¿Qué pasará con las cuentas verificadas que no se suman al servicio de pago? ¿Y si sus dueños residen en países en los que aún no se ofrece la opción de la suscripción mensual?

Imagen de portada: Souvik Banerjee (Unsplash)

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FLIP, la sorprendente plataforma de investigación marina capaz de “ponerse de pie” en pleno océano

FLIP, la sorprendente plataforma de investigación marina capaz de

Visto de lejos, o de cerca, incluso, FLIP parece un barco yéndose a pique. No hace falta echarle imaginación. Ni esforzarse gran cosa tampoco. Probablemente así es cómo lo describirían de hecho la mayoría de personas que no sepan qué es, cómo está diseñado ni en qué consiste la misión de esta estructura: como un navío que ha chocado contra un iceberg y ha empezado a hundirse.

Y sin embargo FLIP tiene poco que ver con los restos de un naufragio. Por ser no es siquiera una embarcación al uso. Más bien es una plataforma de investigación. Una peculiar, eso sí, diseñada para pasar de la posición horizontal que emplea durante sus desplazamientos a otra vertical, la que adopta durante sus trabajos científicos y lo convierte en una estructura tan sorprendente.

A su forma FLIP es capaz de “ponerse de pie” en el océano.

¿Cómo? Y sobre todo, ¿para qué? Para responder a ambas cuestiones hay que repasar la historia y el auténtico objetivo de esta peculiar plataforma pensada para escrudriñar los secretos oceánicos.

Con el 84% de su "eslora" sumergida

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FLIP, nombre curioso, pero que se compone en realidad con las siglas de Floating Instrument Platform, no es un barco, sino una estructura de unos 108 metros pensada para la investigación. Su peculiar diseño se trazó de hecho del Laboratorio de Física Marina de Scripps y la estructura la opera Scripps Oceanography para la Marina de EEUU. Tampoco es ninguna innovación rompedora ni futurista. Se construyó en 1962 para aportar información de valor en la guerra submarina.

Para desplazarse FLIP necesita que lo remolquen mar adentro en posición horizontal, como una plataforma convencional. Es una vez llega al destino, en el punto escogido para sus investigaciones, cuando realiza su maniobra más espectacular: se “incorpora” 90 grados para que la mayor parte de su eslora, unos 91 metros, acaben sumergidos bajo el agua. Sobre el mar asoman en esos casos solo 17 metros que incluyen, entre otros recursos, grúas para manejar instrumental científico.

Semejante operación la completa gracias a un sistema de lastre con agua y aire a presión que le permite cambiar de posición y convertirse en una “boya de mástil”, una estructura espigada, peculiar, que recuerda más a un buque zozobrando que una base científica, pero que ofrece no obstante dos valiosas ventajas: estabilidad y resistencia a las olas. Según precisa la UC San Diego, su mecanismo le permite pasar de la posición horizontal a la vertical en algo menos de media hora.

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La gran pregunta llegados a este punto es: ¿Para qué? ¿Por qué necesita ponerse en posición vertical? La clave está en las mediciones que puede realizar así, una pose peculiar que le permite recabar datos sobre la propagación del sonido de largo alcance y mediciones valiosas en campos como la geofísica, meteorología o oceanografía física. Con ese propósito está dotado de un instrumental especial, con una amplia gama de sensores y equipo, como sonares.

Su equipo de investigación lo integran unas 11 personas y una tripulación de cinco. Se calcula que FLIP puede emprender operaciones de investigación de hasta 30 días sin reabastecimiento.

Como explica Marine Insight, su posición horizontal le permite realizar lecturas precisas que le resultarían más complicadas en posición horizontal. Para facilitar el trabajo a bordo, sus creadores lo diseñaron teniendo en cuenta su cambio de posición. Los habitáculos, por ejemplo, disponen de dos puertas pensadas para los volteos: una facilita los movimientos en vertical y la otra en horizontal.

Uno de los objetivos con los que se desarrolló —explican desde la UC San Diego— consistió en proporcionar una plataforma estable para medir fluctuaciones de ondas de sonido para el programa SUBROC (SubMarine ROCket) de la Marina estadounidense. En un primer momento los técnicos se decantaron por submarinos, pero demostraron no ser una opción ideal, con lo que lo optaron por algo distinto: “una boya tripulada”, un diseño que permitiese inundar los tanques mediante válvulas.

No mucho después, en julio de 1962, FLIP se estaba probando ya en el área de Dabob Bay, en el estado de Washington, y un par de meses más tarde partía con destino a San Diego. A lo largo de las décadas se ha remolcado por diferentes puntos del Pacífico y Atlántico para realizar investigaciones en campos tan diversos como la oceanografía, meteorología, geofísica o biología.

A lo largo de los años 90 y durante los primeros años de los 2000 se ha sometido a labores de mantenimiento y actualización. En su web, la UC Ssan Diego explica que pasó por el dique seco en 2013 y a mediados de ese mismo año protagonizó el giro 381 de su carrera investigadora para festejar su medio siglo de historia. Al menos en 2015 seguía sorprendiendo por su fisionomía.

Y arrancando obaciones de admiración por su capacidad para "incorporarse" en el océano.

Imágenes: Office of Naval Research (Flickr)

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China presume de su nueva megaturbina de récord para reinar en la eólica marina: abastece a 36.000 hogares todo un año

China presume de su nueva megaturbina de récord para reinar en la eólica marina: abastece a 36.000 hogares todo un año

China pisa fuerte en eólica marina. Un mes después de haber sacado pecho con un enorme aerogenerador de 13,6 megavatios (MW), un referente por potencia y dimensiones, ahora vuelve a presumir de otra infraestructura de calado: una turbina de 16 MW pensada para el offshore.

La góndola del mecanismo acaba de salir de la línea de producción de una fábrica localizada en la provincia de Fujian, al este del gigante asiático. Y como una imagen vale más que mil palabras sus responsables han dejado ver ya algunas fotografías que dan una idea de su tamaño.

Una de las empresas embarcadas en el proyecto, China Three Gorges Corporation (CTG) —que ha desarrollado el mecanismo junto a la también china Xinjiang Golwind— reivindica que es “la turbina eólica marina más grande del mundo”. Para demostrarlo pone en valor sus dimensiones.

Sumando potencia

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La turbina —detalla el medio estatal chino People Daily— presenta un diámetro de rotor de 252 metros y un área de barrido de alrededor de 50.000 metros cuadrados, dimensiones similares a las del aerogenerador que ya se había presentado en el país a mediados de octubre.

Ahora desde CTG presumen de una potencia aún mayor: 16 megavatios, frente a los 13,6 MW anteriores, una marca que la situaba ligeramente por debajo de los 15 o 14 MW de las turbinas eólicas marinas de mayor tamaño de Vestas o Siemens Gamesa, si bien destacaba por tamaño.

“La turbina cuenta con la mayor capacidad de una sola unidad del mundo y el impulsor más grande, marcando un gran avance en la investigación y la fabricación de alta gama para alcanzar niveles de clase mundial”, subraya el medio oficial People Daily, que, a modo de ejemplo, explica que su área de barrido equivale a siete campos de fútbol estándar. En cuanto a la altura de buje, el molino alcanza los 146 metros, algo más que la torre Agbar, en Barcelona, o Torre de Madrid.

Si se dan las condiciones óptimas de viento, CTG asegura que su turbina es capaz de generar una potencia de 34,2 kWh con cada vuelta completa. “Su producción de energía anual, que se estima en un promedio de más de 66 millones de kWh, puede satisfacer la demanda anual de 36.000 hogares de tres personas, ahorrar 22.000 toneladas de carbón estándar y reducir [la emisión de] 54.000 toneladas de CO2”, recalca la firma, para la que la turbina supone un hito para el sector.

“El éxito de la turbina eólica de 16 megavatios marca un salto histórico en la fabricación de equipos de energía eólica del país”, presume Le Minghsan, responsable de Three Gorges.

El desarrollo de CTG y Xinjiang Golwind se enmarca en un esfuerzo mucho mayor del país por dotarse de toda una cadena industrial, equipos y accesorios que ya le ha permitido exportar a otros países, como Tailandia o Turquía. Sus autoridades han decidido apostar con fuerza por la offshore, con proyectos tan ambiciosos como el de Chaozhou, que prevé instalar un parque de 43,3 GW.

Imágenes: Xinhua

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