Chile tiene el Internet más rápido del mundo. Así lo ha conseguido

Chile tiene el Internet más rápido del mundo. Así lo ha conseguido

Cuando toca hablar de velocidad de Internet de banda ancha fija, Chile es un actor a tener muy en cuenta. Así lo constata el último estudio de OOKLA, que en su índice global Speedtest —con datos tomados entre noviembre de 2021 y noviembre de 2022— deja especialmente bien parado al país sudamericano, al que sitúa en lo más alto de su TOP 10, por delante de China o Singapur.

La pregunta del millón es: ¿Por qué?

Leer más

Las empresas de EEUU han descubierto cómo no pagar las horas extra a sus trabajadores: nombrarles “directivos”

Las empresas de EEUU han descubierto cómo no pagar las horas extra a sus trabajadores: nombrarles

Si vives en EEUU y tu jefe acaba de decirte que quiere ascenderte al cargo de gerente es mejor que, antes de descorchar el champán o ponerte a bombardear con whatsapps a tu familia, te tomes un par de minutos y estudies bien la oferta. Y es mejor que lo hagas por una razón sencilla: no sería extraño que el título llegue “envenenado”, que consista en una trampa para que trabajes más… gratis.

Quizás lo de "manager" quede genial impreso en tu tarjeta de presentación y te dé cancha cuando quieras fardar delante de tus amigos o la cena de Nochevieja, pero al final de la semana es probable que se traduzca en algo menos agradable: haber hecho horas extra "por la cara".

El aviso acaba de lanzarlo la National Bureau of Economic Research (NBER), con sede en Cambridge. Y aunque su foco se centra en el mercado estadounidense y la treta se aprovecha de la legislación del país, supone toda una demostración de picaresca empresarial. Una especialmente jugosa, que a la larga permite a las compañías ahorrarse varios miles de millones de dólares.

Hecha la ley...

La táctica es en realidad bastante simple.

La Ley de Normas Laborales Justas —FLSA, por sus siglas en inglés— es un marco legislativo promulgado a finales de la década de 1930 que recoge cuestiones tan relevantes como el salario mínimo, la remuneración de horas extra, los registros o el empleo juvenil. El problema, como reza el refranero español, es que hecha la ley, hecha la trampa. Y hay quien le tiene tomada la medida.

Como ha constatado la NBER y publicado Bloomberg, la ley exime a las empresas de pagar salarios por horas extra cuando el empleado cumple dos requisitos básicos: ejerce un cargo de manager y su nómina supera cierto umbral. ¿A qué lleva eso? A que haya jefes que se estén inventando títulos para que sus subordinados se ajusten a ese perfil y poder escatimarles así los pagos extra.

“Hemos encontrado pruebas generalizadas de que las empresas parecen eludir el pago de las horas extraordinarias aprovechando una ley federal que les permite hacerlo en el caso de los empleados denominados ‘directivos’ que perciben un salario superior a cierto umbral predefinido”, advierte.

¿Qué es lo que encontraron exactamente los técnicos de la NBER? Uno de los datos más relevadores y contundentes es el alza en ofertas de trabajo para empleados con cargos directivos que, a la hora de la verdad, ejercían funciones que raramente incluían labores de gestión. En un lapso de solo ocho años —entre 2010 y 2018— la NBER constató un aumento del 485%.

“Nuestro principal hallazgo es que se produce un aumento sistemático y pronunciado en el uso por parte de las empresas de títulos directivos en torno al umbral reglamentario federal que les permite evitar el pago de horas extraordinarias. Observamos un alza del 485% en el uso de títulos directivos para empleados asalariados justo por encima del umbral salarial recogido en la Ley Federal de Normas Laborales (455 $/semana), lo que permite a las empresas evitar el pago de horas extraordinarias”, recoge el informe, que la NBER ha presentado este mismo mes.

Grafico

No es el único indicio que detectaron.

Durante sus pesquisas, los investigadores se encontraron con cargos que les hicieron sospechar, como el de “director de primeras impresiones”, “subdirector de bingo”, “instalador principal de puertas de ducha”, “gerente de carrito de comida”, “coordinador de escaneado de precios” o “encargado de alfombras”, funciones directivas que —admite con sorna la NBER— resultan, “cuando menos, poco convencionales”. Los títulos directivos “falsos” presentan además otra peculiaridad: incluyen remuneraciones que rondan el umbral que establece la legislación estadounidense.

La pregunta del millón es… ¿Cuánto se ahorran al final las empresas?

Para su estudio los investigadores trabajaron con un umbral para el pago de horas extras de 455 dólares semanales, cantidad que en 2020 se incrementó a 684. Con sus datos e indagaciones sobre la mesa —como recoge Bloomberg— las empresas habrían evitado pagar extras correspondientes a más de 151 millones de horas de trabajo, unas 18,9 millones de jornadas de ocho horas. Traducido a dinero contante y sonante eso equivaldría a aproximadamente 4.000 millones de dólares.

La treta la usarían de forma especial empresas minoristas y del sector de la hostelería, pero, advierten los investigadores del NBER, “el empleo estratégico de los títulos persiste en todas las industrias, ubicación geográfica y distribución del tamaño”. Sí se percibió que era más común en los estados donde los empleados estaban menos protegidos y los empresarios reunían mayor poder.

Tretas aparte, lo de prolongar la jornada laboral "por la cara" no es una realidad desconocida en España. En agosto la EPA mostraba que el 49% de las horas extra no se pagaban en el país, el nivel más alto desde el segundo trimestre de 2020, cuando el confinamiento llevó a muchos empleados a trabajar desde sus hogares. En la práctica se traduciría en 13 millones de horas mensuales.

Imágenes: CoWomen/Unsplash

-
La noticia Las empresas de EEUU han descubierto cómo no pagar las horas extra a sus trabajadores: nombrarles "directivos" fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

El secreto para que los coches eléctricos triunfen se esconde en India: que no sean coches

El secreto para que los coches eléctricos triunfen se esconde en India: que no sean coches

La movilidad eléctrica se abre paso en la India, la quinta economía más grande del planeta y próximamente el país más poblado. Eso sí, con sus peculiaridades. Si en otras partes del mundo, como EEUU, China o incluso España, lo que triunfan son los turismos, allí el rey es el vehículo de dos ruedas. Su Gobierno lo sabe y por eso ha decidido aprovecharse de esa rareza para dar alas a la revolución eléctrica. En su caso —ironías de la movilidad del siglo XXI— la mejor forma de impulsar la transición hacia los coches eléctricos pasa por mirar más allá de los coches.

Los datos, desde luego, hablan con claridad.

Un poco de contexto para empezar. India no es ajena a la transición hacia la movilidad sostenible en la que se han embarcado ya otras naciones, incluida China. Sus autoridades se han marcado la meta de que para 2030 el 30% de los automóviles privados y el 70% de los comerciales, el 40% de los buses y el 80% de los vehículos de dos y tres ruedas sean eléctricos. Con esos datos sobre la mesa, en 2020 CEEW calculaba que los vehículos eléctricos representarán el 43% del total de las nuevas ventas, si bien abría la puerta también a un escenario menos optimista, con un 23%.

Para lograr su objetivo —recuerda ABC News— las autoridades del país han desplegado un interesante catálogo de ventajas para los vehículos eléctricos, incluidos subsidios, exenciones de impuestos y tarifas de registro, preferencia en el estacionamiento o peajes reducidos. La meta: impulsar el consumo, la fabricación local y, en conjunto, la creación de un ecosistema.

¿Qué dicen los datos? Que de momento el nivel de implantación es discreto. Bastante discreto, para ser precisos. En diciembre Bain & Company calculaba que solo el 2% de los vehículos vendidos en el país eran eléctricos, lejos de los registros de Reino Unido, Alemania o Francia. El dato queda lejos de China, en el que identifica una cuota del 27%, porcentaje que otros analistas, como Fitch Ratings, creen que este mismo año se elevará hasta sobrepasar el 35% de las ventas.

No todos los datos son negativos. Bain & Company calcula que en 2026 la cuota de los conocidos como VE será ya del 15 o 20% y para finales de la década, en 2030, se moverá entre el 35 y 40%.

Una tendencia que se mide en ruedas. Sus proyecciones, eso sí, no son igual de optimistas para todas las vehículos. Poco tiene que ver la evolución prevista para los de dos ruedas (2W) que los de cuatro (4W). En el primer caso estima que la cuota de los vehículos eléctricos de batería en la India rondará el 15 o 20% en 2026 frente al 7-10% de los segundos. Si nos vamos más allá, a 2030, los 2W alcanzarán el 40-45%, mientras los automóviles de cuatro ruedas se situarán en el 15-20%.

Las previsiones a corto plazo de los 2W son muy similares a los de los tres ruedas (3W). Los expertos calculan que la penetración será más modesta para los grandes camiones.

¿Por qué ese interés por las dos ruedas? Para entender el fenómeno hay que manejar algunas claves. Bain & Company destaca varios factores: los planes ambiciosos de firmas nacionales como TVS o Bajaj, una necesidad limitada de la infraestructura de carga pública, su adopción en las flotas de logística y entrega y, sobre todo, una simple cuestión de costes, un frente en el que los analistas consideran que los eléctricos de dos y tres ruedas resultan “altamente competitivos”.

Si se analiza el TCO —el coste total operativo, un indicador que tiene en cuenta el conjunto de gastos que requiere un vehículo a lo largo de su vida útil— los 2W líderes resultarían un 40% más económicos que otros modelos comparables de combustión interna simplemente con usarlos más de 40 kilómetros al día. Eso es al menos lo que indican las cuentas de Bain & Company, que concluye que la competitividad del TCO es más baja en los vehículos eléctricos de cuatro ruedas. “Los segmentos de 2W y 3W serán la vanguardia en la adopción de EV”, abundan los técnicos.

Más cifras… y retos para el futuro. “Se espera que el mercado indio de vehículos eléctricos vea una adopción de EV del 40% al 45% para los de dos ruedas y del 15% al 20% para vehículos de pasajeros de cuatro ruedas en 2030, con entre 12 y 13 millones de nuevos EV de dos ruedas y un millón de nuevos PV de cuatro ruedas vendidos en India anualmente para 2030”, zanja el estudio.

Para expandirse las motos eléctricas deberán afrontar en cualquier caso algunos hándicaps importantes, como la necesidad de una mejor infraestructura de carga. El mayor de todos es quizás su precio inicial. TCO aparte, llevarse una scooter o ciclomotor EV del concesionario exige rascarse más el bolsillo que el mismo modelo con motor de combustión interna. ¿Cuánto? CNBC detalla que el 90% de estos últimos cuesta entre 857 y 1.714 dólares, mientras el precio de partida de una moto eléctrica es de casi 2.000. Precisamente para solucionar ese problema el Estado ofrece facilidades que permiten que una 2W EV cueste entre un 15 y 20% más que su equivalente de combustión.

Imagen de portada: Annie Spratt (Unsplash)

-
La noticia El secreto para que los coches eléctricos triunfen se esconde en India: que no sean coches fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

Alexa ha generado más problemas y pérdidas para Amazon que beneficios. Eso no significa que se vaya a rendir

Alexa ha generado más problemas y pérdidas para Amazon que beneficios. Eso no significa que se vaya a rendir

Amazon no se da por vencida con Alexa. Aun a pesar de que el asistente de voz está lejos de convertirse en la tecnología disruptiva que soñó en su día Jeff Bezos, de que la multinacional ha dejado atrás un 2022 complejo y encara un 2023 lleno de retos, de sus recortes de plantilla en un intento por aligerar gastos y de las filtraciones que apuntaban a que una de las secciones que más ha padecido ese tijeretazo es la de Dispositivos y Servicios, la misma que se encarga de supervisar el desarrollo de productos como Alexa, los altavoces Echo o Kindle, la multinacional ha querido lanzar un mensaje contudente al público: sigue "comprometida" con su asistente de voz.

El recado es claro. Y llega en un momento importante.

¿Quién ha dicho rendirse? Eso es básicamente lo que acaba de decir Amazon. Y con una claridad e insistencia con la que parece querer acallar las voces que han cuestionadi su apuesta por Alexa. Durante una entrevista concedida hace días a la CNBC, el vicepresidente sénior de dispositivos y servicios de Amazon, David Limp, insistió en que la firma no ha renunciado a su asistente.

El mensaje que ha lanzado el directivo es claro. Incluso con “una economía muy incierta” como telón de fondo, que obliga a una mayor disciplina en el manejo de los costes, la empresa sigue “totalmente comprometida” con la unidad de Alexa. “Todavía hay miles y miles de personas trabajando en este proyecto”, recalcó Limp en el Consumer Eelectronics Show de Las Vegas: “Es un gran proyecto”.

Un mensaje que busca calar. Las declaraciones de Limp no parecen improvisadas. Todo lo contrario. El mensaje compartido con la CNBC es prácticamente calcado al que publicaba ya a mediados del mes pasado Bloomberg citando al mismo directivo. La idea era entonces idéntica: despejar dudas sobre la apuesta por el ecosistema Alexa pese al recorte de empleados. “¿Hay una falta de compromiso con el negocio de dispositivos y servicios de Amazon? Se mire por donde se mire, la respuesta es no”, recalcó Limp antes de tildar los despidos de “evento doloroso”.

El directivo garantizó que el compromiso con Alexa ha estado aumentando. Y aun admitiendo que el grupo de dispositivos todavía no resulta rentable, cuestionó que —como deslizaba hace poco The Wall Street Journal— las pérdidas operativas de los últimos años ronden los 5.000 millones de dólares. “Creo que el impulso de monetización de Alexa va por buen camino”, zanjaba Limp.

La importancia del momento. Las declaraciones de Limp llegan en un momento fundamental, después de que medios de alcance internacional, incluidos TWST, The Guardian o Ars Technica dibujasen un horizonte complicado para Alexa. En otoño Business Insider publicaba que Worldwide Digital, la división de Alexa, perdió unos 3.000 millones de dólares solo durante el primer trimestre de 2022, la “gran mayoría” asociadas con el asistente de voz. Uno de los ex empleados consultados por el medio tildaba directamente el proyecto de “fracaso colosal”. Incluso deslizaba que el equipo de hardware iría camino de registrar unas pérdidas mucho más abultadas al cierre del ejercicio.

Y como telón de fondo: recortes de personal. A lo largo de los últimos meses también circularon noticias sobre el tijeretazo que Amazon habría dado a la división encargada de Alexa como parte de su plan, desgranado por The New York Times, de prescindir de 10.000 trabajadores. Limp asegura que en su división los despidos afectaron a “mucho menos de 2.000 personas”, bajas que estarían repartieron de manera uniforme entre los grupos centrados en Alexa y otros equipos.

El ejecutivo asegura que, en un contexto de “incertidumbre”, la compañía evaluó la relación “riesgo-recompensa” de algunos proyectos, además de “qué podían ofrecer a los clientes”. “Parte de eso fue en Alexa, parte en otras áreas de mi organización”, detalla. Lo cierto es que sus declaraciones en el CES llegan solo unos días después de que la propia CNBC publicase que los planes de despido de Amazon serían mayores de los previstos y afectarían, en total, a más de 18.000 puestos.

¿Qué pasa con Alexa? He ahí el quiz de la cuestión, la pregunta fundamental. A principios de noviembre, coincidiendo con su cuarto aniversario en España, la compañía sacaba pecho sobre la implantación de su asistente, con 11.000 millones de interacciones en todo el país y un crecimiento de usuarios de más del 40% en cuestión de un año. Con esos datos, ¿por qué han salido filtraciones que dibujan un escenario complejo para el asistente de voz, lanzado en EEUU ya en 2014?

La clave estaría en un factor clave: su rentabilidad. Dispositivos como Echo se venden a precios ajustados porque el objetivo de la compañía no es hacer caja con su facturación, sino usarlos como una puerta, con ayuda de Alexa, para que los clientes accedan al ecosistema de Amazon y puedan realizar compras. El problema es que —al menos en 2016— los clientes recurrían a ellos para otros usos, como la búsqueda de información, consultas sobre el tiempo o reproducción de música.

"Comandos triviales". Business Insider precisa que en su cuarto año Alexa recibía un intenso flujo de interacciones semanales, pero la mayoría centradas en “comandos trivales”, difíciles de monetizar. Hace poco The New York Times decidió consultar a sus lectores sobre los usos que seguían dando a Alexa. La respuesta dejó poco sorpresas: la mayoría recurría al asistente para tareas más o menos superficiales, como configurar temporizadores o consultar el parte meteorológico del día.

Imagen de portada: Nicolas J. Leclercq (Unsplash)

-
La noticia Alexa ha generado más problemas y pérdidas para Amazon que beneficios. Eso no significa que se vaya a rendir fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

El gran reto pendiente de los paneles solares: reducir su cada vez más preocupante dependencia de la plata

El gran reto pendiente de los paneles solares: reducir su cada vez más preocupante dependencia de la plata

Ni en las perovskitas y sus tándems con el silicio, ni en los tubos de vacío, ni en células sensibilizadas por colorante. Uno de los grandes retos de la energía fotovoltaica del mañana pasa por un material bastante más común: la plata. Si queremos impulsar la fotovoltaica y convertirla en uno de los pilares de nuestro sistema energético, una meta compartida por Bruselas, que ya se ha fijado el objetivo de doblar la capacidad instalada en la UE hasta los 300 gigavatios en 2028, antes debemos hacernos una pregunta: ¿Cómo gestionar la demanda de plata que eso requiere?

El reto es más importante de lo que parece.

¿Plata en los paneles fotovoltaicos? Así es. Y con un rol relevante. Como destaca The Silver Institute, la plata juega “un papel vital” en las células solares y la industria de la energía fotovoltaica. Los fabricantes utilizan su polvo para la elaboración de una pasta que luego añaden a las obleas de silicio. El objetivo: que se beneficien de su capacidad conductora para trasladar la electricidad tanto hacia baterías como a instalaciones que permiten su aprovechamiento inmediato.

El problema es que la plata no es un recurso precisamente barato, ni con un aprovisionamiento ilimitado. Y si bien es cierto que cada panel solar emplea una cantidad muy pequeña del mineral, a medida que la energía fotovoltaica se expande su disponibilidad pasa a representar un reto.

¿Por qué revisar su uso? Por esos dos factores: costes y disponibilidad, ambos directamente relacionados con la demanda del metal precioso. Para tener una idea precisa de cómo pinta el futuro a corto y medio plazo, hace no mucho expertos de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Australia, sacaron las calculadoras y se pusieron a echar cuentas. Los resultados los publicaron el mes pasado en Progress in Photovoltaics y de ellos se ha hecho eco la web PV Magazine.

Su conclusión es clara, sobre todo en lo que se refiere al abastecimiento. “La transición hacia una energía limpia podría hacer que la capacidad instalada acumulada de energía fotovoltaica pasara de 1 TW antes de finales de 2022 a 15-60 TW en 2050, lo que crearía un importante riesgo de demanda de plata”, advierten los autores del informe, que va más allá: si se mantiene la situación y tecnología actuales podría darse el caso de que el sector requiera una parte significativa del actual suministro anual de plata en solo unos cuantos años. El reto es aún más acuciante si se recuerda que hay tecnologías que requieren todavía más plata que las celdas PERC, de uso habitual.

“Riesgos de precio y suministro”. Esa es una de las ideas que deja botando el informe de los expertos de la UNSW, en el que inciden: “Los resultados muestran que el ritmo actual de reducción del consumo de plata no es suficiente para evitar el aumento de la demanda por parte de la industria fotovoltaica y que la transición hacia tecnologías de alta eficiencia, como la TOPCon y SHJ, podría incrementar enormemente la demanda, lo que plantearía riesgos para los precios y el suministro”.

En cuanto a los costes, los investigadores señalan que el coste promedio anual de la plata se ha incrementado más de un 50% desde 2019, lo que —previenen— puede repercutir directamente en la factura de la propia energía fotovoltaica. El aviso es importante, sobre todo si se tienen en cuanta sus cálculos de demanda: "El mantenimiento de la situación actual con un predominio de la tecnología de tipo p podría requerir más del 20% del actual suministro anual de plata para 2027".

Una preocupación que viene de atrás. Debido en gran medida a su elevado coste, el estudio reconoce que a lo largo de los últimos años la industria fotovoltaica ha realizado un esfuerzo para reducir su consumo del metal preciso. “De un valor de 51,8 a 65,1 mg/W en 2010 a ~19,5 mg/W en 2020”, constatan los investigadores. Las mejoras graduales en la tecnología también podrían reducir de forma considerable el consumo de plata por celda. Lo cierto es que el sector ya se ha lanzado a innovar y hay informes que pronostican una caída en la demanda que genera el sector.

¿Y cuáles son las alternativas? Industria y laboratorios ya tantean diferentes posibilidades. Un hito relevante lo compartía de hecho el propio UNSW en septiembre de 2021, cuando anunció que dos de sus exalumnos, detrás de la firma SunDrive Solar, habían conseguido un récord de eficiencia con sus paneles solares. Lo más interesante de su logro es que lo habían alcanzado con una celda solar de silicio de tamaño comercial que en vez de plata empleaba cobre, mucho más barato y disponible.

Otro paso interesante lo daban el pasado otoño en Francia. Allí el Instituto Nacional de Energía Solar (INES) logró reducir la cantidad de plata depositada durante la metalización de las células solares de heterounión preservando buenos niveles de eficiencia. Habría aún otra alternativa: el reciclaje de los paneles que van quedando obsoletos. Los investigadores recuerdan sin embargo las bajas tasas actuales de recuperación, un factor que sumado al alza de la energía y la vida útil de los módulos complica que de momento esa vía pueda ser poco más que una solución "marginal".

Imagen de portada: Thomas Coker

-
La noticia El gran reto pendiente de los paneles solares: reducir su cada vez más preocupante dependencia de la plata fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

Europa se las prometía muy felices como líder de la industria de los aerogeneradores. Hasta que apareció China

Europa se las prometía muy felices como líder de la industria de los aerogeneradores. Hasta que apareció China

Soplan vientos recios en la industria eólica europea. En un sector complejo, marcado por la transición hacia las energías renovables, la guerra de Ucrania, la crisis energética y un mercado que les obliga a batirse el cobre a escala global, las firmas del viejo continente se asoman a un año repleto de retos. Lo advierte The Financial Times y lo ha dejado entrever el propio sector, que a lo largo de los últimos meses no ha dudado en reconocer la dureza del escenario. “La crisis actual amenaza la posición de Europa como líder de la industria renovable”, advertía el pasado otoño Siemens-Gamesa.

Razones tienen para avanzar un 2023 duro.

¿Qué dicen las cifras? Que pese a su papel crucial para la transición energética y el respaldo institucional, grandes fabricantes europeos del sector, como Siemens Gamesa, Vestas o Nordex, afrontan un escenario complejo. A principios de noviembre el fabricante danés Vestas informaba de unos números rojos durante los primeros nueve meses del año de 1.031 millones de euros, lejos del beneficio de 129 millones que había alcanzado durante el mismo período de 2021.

Por las mismas fechas Nordex admitía la complejidad del escenario y Siemens-Gamesa cerraba el año fiscal con una pérdida neta reportada de 940 millones de euros. El horizonte también se adivina complicado. Así lo reconoce al menos Petra Manuel, analista de Rystad Energy, a The Financial Times (TFT), quien anticipa que 2023 “probablemente también será un año desafiante”.

¿Cuáles son las razones? Al exponer su situación las compañías señalan un cóctel de diferentes factores que se resume en lo que Siemens-Gamesa tacha, sin andarse por las ramas, de “contexto macroeconómico y geopolíticamente extremadamente complejo”. ¿Por qué? Desequilibrios en el mercado, la deriva de los precios e interrupciones en la cadena de suministros acentuados por la geopolítica y la pandemia, lo que interfiere a su vez con el cronograma de los proyectos.

“Tras un año complicado, comienza el ejercicio 2023 en un entorno igualmente complejo, caracterizado por una inflación elevada e interrupciones en la cadena de suministro que afectan de forma significativa al coste de los materiales”, comenta la compañía hispano-alemana, que reclama que la industria eólica europea logre la etiqueta de “estratégica”. Los retrasos en las entregas incluso derivan en ocasiones en penalizaciones por los compromisos asumidos con los clientes.

El precio de las materias primas y la guerra. Por su importancia, vale la pena desgranar algunas de las razones de ese "cóctel". Uno de los casos más claros es el del precio de la energía y materias primas fundamentales para el sector, como el acero, marcados por la inflación y los efectos de la guerra de Ucrania. Su efecto se deja sentir de forma clara en la fabricación de las turbinas.

…Y otros factores que componen el cuadro. No es el único motivo, por supuesto. “La rentabilidad de la industria se ve actualmente amenazada por la lentitud de los permisos, subastas centradas únicamente en el precio y, en última instancia, el aumento de los precios de la energía, las materias primas y el transporte”, advierte Siemens-Gamesa, que recuerda que la crisis sanitaria ha derivado en la escasez de componentes clave para los aerogeneradores y a lo largo del año la guerra de Ucrania ha “exacerbado” los problemas de la cadena de suministros.

La asociación Wind Europe calcula que durante el tercer trimestre de 2022 los pedidos de turbinas eólicas cayeron un 36% si se comparan con el mismo período de 2021, y lanza un aviso: “Europa necesita urgentemente resolver los permisos y fortalecer su cadena de suministros de eólica”.

If we’re going to meet the EU’s #NetZero climate targets by 2050, we’re going to need much greater volumes of raw materials now. Because without them, we can’t build the requisite wind turbines. More on this in my recent LinkedIn article below. https://t.co/xEI5dwbZvM pic.twitter.com/pDHTJTthtZ

— Jochen Eickholt (@JochenEickholt) November 28, 2022

La sombra de China. No todo son tendencias o fenómenos que, como la guerra o la pandemia, acaban afectando al sector. En el panorama que afronta la industria eólica europea hay también un actor protagonista con nombre propio: China. La competencia del gigante asiático es cada vez más palpable, como reconoce Giles Dickson, directivo de WindEurope, a The Financial Times: “China está comenzando a ganar algunos… pedidos en Europa de turbinas eólicas. Están llamando a la puerta”.

No es el único en advertir de ese fenómeno. En octubre la compañía hispano-alemana insistía en reclamar una mayor protección para el sector europeo por el papel estratégico que desempeña. Es más, su consejero delegado, Jochen Eickolt, reclamó que la UE obligue a la potencia asiática a competir en igualdad de condiciones, con la misma normativa que las firmas europeas.

Sobre la mesa, un dato clave. Como recoge TFT, China ha logrado elevar su cuota de mercado mundial de nuevas turbinas de forma exponencial: si los principales fabricantes del país acaparaban el 36,6% de las nuevas instalaciones de turbinas a nivel mundial en 2018, en 2021 ese dato rondaba ya el 53,5%. “Nos enfrentamos a la competencia china en los mercados globales y también cada vez más en Europa”, recalca Eickholt, antes de incidir en que los fabricantes del gigante asiático a menudo reciben “apoyo adicional, generalmente de fuentes nacionales o regionales”.

“Al final del día, sentimos que hay una batalla desequilibrada, o al menos no tenemos el mismo nivel de oportunidades aquí”, subraya el directivo, que precisamente con ese telón de fondo reivindica "igualdad de condiciones" y urge plantear las turbinas eólicas como infraestructuras críticas.

¿Cuál es el horizonte más allá de 2023? “Las presiones a corto plazo siguen siendo muy altas y están afectando negativamente a nuestra rentabilidad”, explicaba Nordex en noviembre. Más allá y pese a los múltiples retos que afronta el sector, el panorama sería más positivo. “No creo que haya una amenaza existencial. Los motores a largo plazo están tan claros como siempre. Es cuestión de mirar al año que viene”, comenta a The Financial Times Sean McLoughlin, de HSBC.

Las empresas negocian mejores precios y condiciones contractuales favorables. La clave, como incide el experto, es el flujo de pedidos. “Lo que faltan son los volúmenes”, remarca. La industria confía en que la demanda de turbinas haya aumentado para mediados de la década.

Imagen de portada: Made From The Sky (Unsplash)

-
La noticia Europa se las prometía muy felices como líder de la industria de los aerogeneradores. Hasta que apareció China fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera

En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera

Hace no mucho la UE sacó la calculadora y echó cuentas sobre cuánto deberá aumentar la producción de baterías a lo largo de los próximos años si, entre otras cosas, queremos lograr los objetivos de neutralidad climática de 2050. El resultado es bastante elocuente: de una producción de 44 gigavatios hora en 2020 necesitamos pasar a 400 en 2025. No es el único indicador que apunta el peso cada vez mayor de estos dispositivos. Hace solo unas semanas la firma de análisis IDTechEX estimaba que el mercado de las baterías de iones de litio alcanzará un valor de aproximadamente 430.000 millones de dólares impulsado en gran medida por la venta de coches eléctricos.

El gran reto es cómo lograr que esas baterías eléctricas sean a su vez lo más sostenibles posible. Y hay quien cree tener la clave: fabricarlas aprovechando los recursos que nos dan los árboles.

¿He oído baterías a base de madera? Así es como las presentan las empresas que a lo largo de los últimos años se han lanzado a apostar por su desarrollo, como las nórdicas Northvolt, Stora Enso o Ligna Energy. Y aunque no se trata exactamente de baterías fabricadas con troncos, el concepto capta bien su clave: son dispositivos que se fabrican con recursos que ofrece la madera.

En su web, Stora Enso, que se asociaba a mediados de 2022 con Northvolt, detalla por ejemplo que la clave de su sistema es el Lignode, carbono a base de lignina, un polímero orgánico crucial en los tejidos de la mayoría de plantas —representa entre [alrededor del 20 y 30%](C:\Users\PC PREGO\Desktop\Textos\actúa como aglutinante y le da a la madera su rigidez y resistencia a la putrefacción) de la composición de la madera— y se obtiene como subproducto de la producción de fibra de celulosa. En los árboles la lignina actúa como aglutinante e influye en la rigidez o la resistencia a la putrefacción.

Fyqa1fmxoaaz Nk

El objetivo: dispositivos más sostenibles. La propuesta de Stora Enso pasa por usar lignina en vez del grafito sintético, no renovable y de origen fósil que ahora usamos en las baterías. La empresa reivindica que el carbono a base de lignina se puede aprovechar para baterías como las que usamos en la industria de la automoción, la electrónica de consumo o en los sistemas de almacenamiento de energía a gran escala. “Nuestro objetivo es ofrecer el material de ánodo más sostenible y de menor impacto”, señala la compañía, con sede en Helsinki y que destaca la trazabilidad de su producto.

“Queremos reemplazar el grafito”. Ese es el objetivo que se ha marcado la compañía y el que compartió Lauri Lehtonen durante el MOVE 2022, cita en la que presentó su propuesta: “Uno de los grandes desafíos que tenemos en la industria de las baterías actual es que las de iones de litio usan grafito y el grafito es un carbono fósil que se extrae mediante técnicas de minería o se produce sintéticamente, con las consecuentes repercusiones sociales y medioambientales […]. Queremos reemplazarlo con algo renovable, que vuelva a crecer: baterías hechas de árboles”.

¿Ofrecen algún beneficio extra? Sus impulsores aseguran que sí. Y como principal ventaja, más allá del valor ecológico, señalan su potencial para suplicar una posible escasez futura de materiales. Stora Enso recuerda que el grafito es uno de los elementos clave para las baterías de iones de litio y su demanda se verá tensionada a medida que la industria y movilidad se alejen de los combustibles fósiles. No solo eso. Ya en clave geoestratégica y comercial, la compañía finlandesa recuerda que un porcentaje considerable de los materiales para los ánodos se producen ahora en China.

"Las baterías de iones de litio son rentables, pero dependen del litio, grafito y otros materiales cuyo abastecimiento tiene impactos ambientales y sociales. Se está desarrollando una solución potencial en la que se utiliza madera para reemplazar estos materiales con una alternativa renovable de base biológica", señala el youtuber Matt Ferrell, quien ha elaborado un reportaje sobre el tema.

Más allá de sea fortaleza. Stora Enso asegura que la calidad del carbono duro de lignina es comparable a otros materiales de ánodo de carbono no grafíticos y su producto, Lignode, ofrece ciertas ventajas, incluida una tasa de carga más rápida. El gran punto fuerte en el que incide una y otra vez la empresa es sin embargo su carácter sostenible, lo que contribuye a alcanzar los objetivos medioambientales y —desliza— a ofrecer a los fabricantes una ventana a nivel de marketing.

¿Y más allá de la teoría? Hay empresas que están moviendo ficha para apostar por estos dispositivos, más allá de la teoría o los prototipos. Stora Enso tiene ya una planta piloto en Sunila, Finlandia, donde produce lignina desde 2015 y con una capacidad de 50.000 toneladas anuales. A mediados de 2022 evaluaba su primera producción industrial de Lignode en Sunila. Hace meses lograba además un acuerdo con Northvolt, proveedor europeo de celdas y sistemas de baterías.

Otra compañía que destaca en la apuesta por las baterías sostenibles es la firma sueca Ligna Energy, que ha desarrollado baterías a base de madera fabricadas en rollo. Su componente clave es también la lignina, material que emplea en la búsqueda de una solución rentable, ecológica y segura para el almacenamiento de energía. En septiembre sus responsables presentaban también S-Power, un dispositivo diseñado para aparatos conectados, como sensores o dispositivos de baja potencia. “Hará posibles dispositivos de IoT ecológicos, una necesidad para la digitalización”, resalta.

Imágenes: Stora Enso y Azzedine Rouichi (Unsplash)

-
La noticia En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera

En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera

Hace no mucho la UE sacó la calculadora y echó cuentas sobre cuánto deberá aumentar la producción de baterías a lo largo de los próximos años si, entre otras cosas, queremos lograr los objetivos de neutralidad climática de 2050. El resultado es bastante elocuente: de una producción de 44 gigavatios hora en 2020 necesitamos pasar a 400 en 2025. No es el único indicador que apunta el peso cada vez mayor de estos dispositivos. Hace solo unas semanas la firma de análisis IDTechEX estimaba que el mercado de las baterías de iones de litio alcanzará un valor de aproximadamente 430.000 millones de dólares impulsado en gran medida por la venta de coches eléctricos.

El gran reto es cómo lograr que esas baterías eléctricas sean a su vez lo más sostenibles posible. Y hay quien cree tener la clave: fabricarlas aprovechando los recursos que nos dan los árboles.

¿He oído baterías a base de madera? Así es como las presentan las empresas que a lo largo de los últimos años se han lanzado a apostar por su desarrollo, como las nórdicas Northvolt, Stora Enso o Ligna Energy. Y aunque no se trata exactamente de baterías fabricadas con troncos, el concepto capta bien su clave: son dispositivos que se fabrican con recursos que ofrece la madera.

En su web, Stora Enso, que se asociaba a mediados de 2022 con Northvolt, detalla por ejemplo que la clave de su sistema es el Lignode, carbono a base de lignina, un polímero orgánico crucial en los tejidos de la mayoría de plantas —representa entre [alrededor del 20 y 30%](C:\Users\PC PREGO\Desktop\Textos\actúa como aglutinante y le da a la madera su rigidez y resistencia a la putrefacción) de la composición de la madera— y se obtiene como subproducto de la producción de fibra de celulosa. En los árboles la lignina actúa como aglutinante e influye en la rigidez o la resistencia a la putrefacción.

Fyqa1fmxoaaz Nk

El objetivo: dispositivos más sostenibles. La propuesta de Stora Enso pasa por usar lignina en vez del grafito sintético, no renovable y de origen fósil que ahora usamos en las baterías. La empresa reivindica que el carbono a base de lignina se puede aprovechar para baterías como las que usamos en la industria de la automoción, la electrónica de consumo o en los sistemas de almacenamiento de energía a gran escala. “Nuestro objetivo es ofrecer el material de ánodo más sostenible y de menor impacto”, señala la compañía, con sede en Helsinki y que destaca la trazabilidad de su producto.

“Queremos reemplazar el grafito”. Ese es el objetivo que se ha marcado la compañía y el que compartió Lauri Lehtonen durante el MOVE 2022, cita en la que presentó su propuesta: “Uno de los grandes desafíos que tenemos en la industria de las baterías actual es que las de iones de litio usan grafito y el grafito es un carbono fósil que se extrae mediante técnicas de minería o se produce sintéticamente, con las consecuentes repercusiones sociales y medioambientales […]. Queremos reemplazarlo con algo renovable, que vuelva a crecer: baterías hechas de árboles”.

¿Ofrecen algún beneficio extra? Sus impulsores aseguran que sí. Y como principal ventaja, más allá del valor ecológico, señalan su potencial para suplicar una posible escasez futura de materiales. Stora Enso recuerda que el grafito es uno de los elementos clave para las baterías de iones de litio y su demanda se verá tensionada a medida que la industria y movilidad se alejen de los combustibles fósiles. No solo eso. Ya en clave geoestratégica y comercial, la compañía finlandesa recuerda que un porcentaje considerable de los materiales para los ánodos se producen ahora en China.

"Las baterías de iones de litio son rentables, pero dependen del litio, grafito y otros materiales cuyo abastecimiento tiene impactos ambientales y sociales. Se está desarrollando una solución potencial en la que se utiliza madera para reemplazar estos materiales con una alternativa renovable de base biológica", señala el youtuber Matt Ferrell, quien ha elaborado un reportaje sobre el tema.

Más allá de sea fortaleza. Stora Enso asegura que la calidad del carbono duro de lignina es comparable a otros materiales de ánodo de carbono no grafíticos y su producto, Lignode, ofrece ciertas ventajas, incluida una tasa de carga más rápida. El gran punto fuerte en el que incide una y otra vez la empresa es sin embargo su carácter sostenible, lo que contribuye a alcanzar los objetivos medioambientales y —desliza— a ofrecer a los fabricantes una ventana a nivel de marketing.

¿Y más allá de la teoría? Hay empresas que están moviendo ficha para apostar por estos dispositivos, más allá de la teoría o los prototipos. Stora Enso tiene ya una planta piloto en Sunila, Finlandia, donde produce lignina desde 2015 y con una capacidad de 50.000 toneladas anuales. A mediados de 2022 evaluaba su primera producción industrial de Lignode en Sunila. Hace meses lograba además un acuerdo con Northvolt, proveedor europeo de celdas y sistemas de baterías.

Otra compañía que destaca en la apuesta por las baterías sostenibles es la firma sueca Ligna Energy, que ha desarrollado baterías a base de madera fabricadas en rollo. Su componente clave es también la lignina, material que emplea en la búsqueda de una solución rentable, ecológica y segura para el almacenamiento de energía. En septiembre sus responsables presentaban también S-Power, un dispositivo diseñado para aparatos conectados, como sensores o dispositivos de baja potencia. “Hará posibles dispositivos de IoT ecológicos, una necesidad para la digitalización”, resalta.

Imágenes: Stora Enso y Azzedine Rouichi (Unsplash)

-
La noticia En su carrera por las baterías eléctricas sostenibles, la industria tiene una nueva esperanza: madera fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

Qué fue de los netbooks, los ordenadores ligeros que marcaron la informática del arranque del siglo XXI

Qué fue de los netbooks, los ordenadores ligeros que marcaron la informática del arranque del siglo XXI

La del netbook fue una historia de estrella del "rock and roll" muy al estilo de esas novedades que irrumpen un buen día, parecen brillar durante un tiempo en el ruedo tecnológico con luz disruptiva propia y, con las mismas, acaban barridas casi de la noche a la mañana a la cuneta del mercado.

Si haces memoria es probable que recuerdes cómo allá por 2009 parecieron comerse el mundo. Y a lo bestia. Con el hype bien alto la firma ABI Research llegó a calcular —ojo al dato— que en 2013 se venderían 139 millones de netbooks, cuatro veces más que en 2009. ¿Qué ocurrió ese año? Que dos de sus principales exponentes, Asus y Acer, dejaron de fabricarlos por la discreta deriva de las ventas. No fue un giro sorprendente. Dell ya lo había hecho antes. Es más, entre 2010 y 2011 los envíos de netbooks se habían visto superados por los de uno de sus rivales: las tablets.

El concepto no ha muerto y aún hoy se habla de él, pero lejos del tono que se empleaba hace década y media, cuando este formato de computadora portátil pequeña, manejable y de bajo coste, ideal para quienes necesitaban un ordenador ágil para sus viajes, pareció abrir un nuevo horizonte.

"La seducción de lo ultraportátil y económico"

4633018553 2650ff181f B

Con la perspectiva que da una década y media de historia tecnológica quizás la pregunta que se haga más de uno, sobre todo a aquellos a los que netbook les suena a pleistoceno informático, igual que PDA, Netscape, Terra u Olé, es: ¿Qué eran exactamente? ¿Y por qué pasaron de prometérselas muy felices en el mercado informático a protagonizar crónicas tecnológicas con tono de elegía?

Precisar lo primero, qué fueron y cómo surgieron los netbooks, no resulta sencillo. Y no lo es porque en cierto modo su definición fue volviéndose borrosa a medida que pasaba el tiempo. Aunque lo de la apuesta por las computadoras sencillas, funcionales y reducidas no suponía ninguna novedad —ahí está el Libretto de Toshiba, de los 90, o incluso Atari Portfolio y Poqet, que nos retrotraen más atrás aún, a finales de los 80—, hacia 2007 experimentaron un impulso clave con los netbooks.

Su principal baza era la funcionalidad. Y los costes ajustados. La idea era comercializar portátiles pequeños, funcionales, de muy bajo coste y una buena relación entre su precio y prestaciones. Su definición inicial —anota The Guardian— era la de máquinas con procesadores Intel Atom y pantallas de menos de 10 pulgadas. La idea era que parecieran portátiles en miniatura, fáciles de manejar y con pantallas que rara vez pasaban de las 12 pulgadas, una propuesta que, combinada con sus precios, le permitió brillar durante un tiempo en el segmento más económico del mercado.

En cuanto a su origen, las crónicas sobre el netbook suelen arrancar a mediados de la década de los 2000 con un proyecto que a priori poco tenía que ver con los grandes fabricantes. Su impulsor fue de hecho una organización sin ánimo de lucro, One Laptop Per Child, cuyos responsables se marcaron un reto que se las traía en 2005: crear computadoras económicas, de alrededor de 100 dólares, que facilitasen su acceso a los niños de países pobres. La idea era hacerlas prescindiendo de la tecnología de los grandes proveedores que dominaban el sector, como Intel o Microsoft.

Aquello acabó teniendo una repercusión notable. El portátil que desarrollaron, que en una de sus versiones llegó a incorporar incluso una manivela, puso sobre la mesa una idea atractiva que animó también a la industria a repensar su propia oferta. ¿Quién dio el primer paso? The New York Times apunta que el concepto de netbook lo acuñó Intel como una categoría de “PC complementario”, etiqueta que lo situaba al margen de su negocio, más jugoso, de ordenadores portátiles.

Cuando se habla del inicio de la categoría de netbooks modernos lo que suele mencionarse es sin embargo un modelo concreto: el Eee PC lanzado en 2007 por Asus, con siete pulgadas, 860 gramos de peso, una autonomía de tres horas y una versión especial de Linux a modo de sistema operativo, si bien ya entonces se avanzaba que era compatible con Windows XP. Una de sus bazas: el precio.

4179896028 3df8a32e6e K

¿Funcionó el concepto? Los números son claros. En 2009 las ventas de netbooks se multiplicaron por ocho en los EEUU hasta alcanzar los 7,5 millones de dispositivos. A escala global se triplicaron. Aquello de los ordenadores a bajo coste, “la seducción de la computación ultraportátil y económica”, como llegó a definirlo el analista AM Sacconaghi, acabó convenciendo incluso a las multinacionales que a priori se habían mostrado más reticentes por su posible impacto en el mercado.

Su impulso influyó en los precios de los portátiles, que si en 2005 costaban un promedio de 1.000 dólares, en 2011 —dejando fuera los modelos más caros de Apple— rondaban ya los 465. No hay sin embargo imperio que dure eternamente y antes de 2010 los datos recabados por TNYT mostraban ya un estancamiento en las ventas, que no tardaron en verse sobrepasadas por las tablets.

"Sayonara, netbooks"

El escenario dio tal vuelco que para la Nochevieja de 2012, The Guardian publicaba ya una larga crónica desgranando las razones del ocaso del concepto, un texto que arrancaba con una sentencia que dejaba poco margen para interpretaciones: “Sayonara, netbooks”. No era el único. Otros foros se preguntaban ya qué estaba pasando con el otrora exitoso formato de ordenador ligero y barato.

No resulta sencillo concretar las causas del cambio de tendencia. Aunque no todas influyeron en la misma medida, el lienzo lo componen numerosas pinceladas, algunas centradas en el paisaje de fondo —la crisis financiera de 2007-2008— y otras en el propio mercado tecnológico, como la presentación del iPad, la irrupción de las tablets o los márgenes de ganancia de los fabricantes.

Si bien habitualmente se señala la llegada de las tablets como una de las principales causas que marcaron el declive de los netbooks, lo cierto es que su ritmo de ventas se estaba ralentizando antes incluso del lanzamiento del iPad, en 2010. Una de las razones es la mayor diversidad en la oferta de portátiles con menores costes y prestaciones que podían llevar a los clientes a cuestionarse si realmente compensaba el ahorro, cada vez más ajustado, que podía suponer un netbook.

4252346282 3001596a8f K

“La seducción era la computación ultraportátil y barata, pero los consumidores descubrieron que había demasiados inconventientes”, recalcaba Sacconahi a TNYT: “Al final se quedó corto”.

Con ese telón de fondo claro sí es importante tener presente la irrupción de otros productos ligeros, fáciles de transportar y funcionales, algunas de las fortalezas de los netbooks. Al mercado informático llegaron los ultrabooks, el MacBook Air de menos de 12 pulgadas lanzado por Apple y sobre todo las tablets, que no tardaron en iniciar su propia crónica de éxitos. The Guardian precisa que si en 2010 se registró el envío de 39,4 millones de netbooks frente a 23 millones de tablets, apenas un año después el escenario era bien distinto, con 63 millones de tablets y 29,4 de netbooks.

Otro factor crucial fue el valor del producto para los propios fabricantes. Los netbooks apostaron fuerte por el precio; tanto, que el Eee PC con Linux se lanzó por 199 dólares. El problema es que a medida que los modelos empezaron a incorporar SO que requerían licencias más caras mantener ese gancho “low cost” se traducía en un parco margen de beneficio para los fabricantes.

Si a eso le sumamos otros ingredientes no menos importantes, como el ejemplo que dejó el MacBook Air sobre el atractivo de la gama superior, que los netbooks perdieron su factor novedad, la expansión de smartphones o un escenario macroeconómico complicado, condicionado por la crisis financiera y el cierre del crédito, el horizonte se dibujaba bastante complicado para los netbooks.

Que el reinado de los netbooks se haya desvanecido no significa que su capítulo en la historia informática se haya quedado en nada. La etiqueta aún se usa hoy en día y muchas de las ventajas del concepto se mantienen en otros formatos. Hay quien señala incluso a modo de dignos sucesores las tablets, los ultrabooks, que apostaron por su manejabilidad, o incluso los Chromebooks.

Imágenes: Alex Lang (Flickr), Steven DuBois (Flickr) y Osde8info (Flickr)

-
La noticia Qué fue de los netbooks, los ordenadores ligeros que marcaron la informática del arranque del siglo XXI fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más

Qué fue de los netbooks, los ordenadores ligeros que marcaron la informática del arranque del siglo XXI

Qué fue de los netbooks, los ordenadores ligeros que marcaron la informática del arranque del siglo XXI

La del netbook fue una historia de estrella del "rock and roll" muy al estilo de esas novedades que irrumpen un buen día, parecen brillar durante un tiempo en el ruedo tecnológico con luz disruptiva propia y, con las mismas, acaban barridas casi de la noche a la mañana a la cuneta del mercado.

Si haces memoria es probable que recuerdes cómo allá por 2009 parecieron comerse el mundo. Y a lo bestia. Con el hype bien alto la firma ABI Research llegó a calcular —ojo al dato— que en 2013 se venderían 139 millones de netbooks, cuatro veces más que en 2009. ¿Qué ocurrió ese año? Que dos de sus principales exponentes, Asus y Acer, dejaron de fabricarlos por la discreta deriva de las ventas. No fue un giro sorprendente. Dell ya lo había hecho antes. Es más, entre 2010 y 2011 los envíos de netbooks se habían visto superados por los de uno de sus rivales: las tablets.

El concepto no ha muerto y aún hoy se habla de él, pero lejos del tono que se empleaba hace década y media, cuando este formato de computadora portátil pequeña, manejable y de bajo coste, ideal para quienes necesitaban un ordenador ágil para sus viajes, pareció abrir un nuevo horizonte.

"La seducción de lo ultraportátil y económico"

4633018553 2650ff181f B

Con la perspectiva que da una década y media de historia tecnológica quizás la pregunta que se haga más de uno, sobre todo a aquellos a los que netbook les suena a pleistoceno informático, igual que PDA, Netscape, Terra u Olé, es: ¿Qué eran exactamente? ¿Y por qué pasaron de prometérselas muy felices en el mercado informático a protagonizar crónicas tecnológicas con tono de elegía?

Precisar lo primero, qué fueron y cómo surgieron los netbooks, no resulta sencillo. Y no lo es porque en cierto modo su definición fue volviéndose borrosa a medida que pasaba el tiempo. Aunque lo de la apuesta por las computadoras sencillas, funcionales y reducidas no suponía ninguna novedad —ahí está el Libretto de Toshiba, de los 90, o incluso Atari Portfolio y Poqet, que nos retrotraen más atrás aún, a finales de los 80—, hacia 2007 experimentaron un impulso clave con los netbooks.

Su principal baza era la funcionalidad. Y los costes ajustados. La idea era comercializar portátiles pequeños, funcionales, de muy bajo coste y una buena relación entre su precio y prestaciones. Su definición inicial —anota The Guardian— era la de máquinas con procesadores Intel Atom y pantallas de menos de 10 pulgadas. La idea era que parecieran portátiles en miniatura, fáciles de manejar y con pantallas que rara vez pasaban de las 12 pulgadas, una propuesta que, combinada con sus precios, le permitió brillar durante un tiempo en el segmento más económico del mercado.

En cuanto a su origen, las crónicas sobre el netbook suelen arrancar a mediados de la década de los 2000 con un proyecto que a priori poco tenía que ver con los grandes fabricantes. Su impulsor fue de hecho una organización sin ánimo de lucro, One Laptop Per Child, cuyos responsables se marcaron un reto que se las traía en 2005: crear computadoras económicas, de alrededor de 100 dólares, que facilitasen su acceso a los niños de países pobres. La idea era hacerlas prescindiendo de la tecnología de los grandes proveedores que dominaban el sector, como Intel o Microsoft.

Aquello acabó teniendo una repercusión notable. El portátil que desarrollaron, que en una de sus versiones llegó a incorporar incluso una manivela, puso sobre la mesa una idea atractiva que animó también a la industria a repensar su propia oferta. ¿Quién dio el primer paso? The New York Times apunta que el concepto de netbook lo acuñó Intel como una categoría de “PC complementario”, etiqueta que lo situaba al margen de su negocio, más jugoso, de ordenadores portátiles.

Cuando se habla del inicio de la categoría de netbooks modernos lo que suele mencionarse es sin embargo un modelo concreto: el Eee PC lanzado en 2007 por Asus, con siete pulgadas, 860 gramos de peso, una autonomía de tres horas y una versión especial de Linux a modo de sistema operativo, si bien ya entonces se avanzaba que era compatible con Windows XP. Una de sus bazas: el precio.

4179896028 3df8a32e6e K

¿Funcionó el concepto? Los números son claros. En 2009 las ventas de netbooks se multiplicaron por ocho en los EEUU hasta alcanzar los 7,5 millones de dispositivos. A escala global se triplicaron. Aquello de los ordenadores a bajo coste, “la seducción de la computación ultraportátil y económica”, como llegó a definirlo el analista AM Sacconaghi, acabó convenciendo incluso a las multinacionales que a priori se habían mostrado más reticentes por su posible impacto en el mercado.

Su impulso influyó en los precios de los portátiles, que si en 2005 costaban un promedio de 1.000 dólares, en 2011 —dejando fuera los modelos más caros de Apple— rondaban ya los 465. No hay sin embargo imperio que dure eternamente y antes de 2010 los datos recabados por TNYT mostraban ya un estancamiento en las ventas, que no tardaron en verse sobrepasadas por las tablets.

"Sayonara, netbooks"

El escenario dio tal vuelco que para la Nochevieja de 2012, The Guardian publicaba ya una larga crónica desgranando las razones del ocaso del concepto, un texto que arrancaba con una sentencia que dejaba poco margen para interpretaciones: “Sayonara, netbooks”. No era el único. Otros foros se preguntaban ya qué estaba pasando con el otrora exitoso formato de ordenador ligero y barato.

No resulta sencillo concretar las causas del cambio de tendencia. Aunque no todas influyeron en la misma medida, el lienzo lo componen numerosas pinceladas, algunas centradas en el paisaje de fondo —la crisis financiera de 2007-2008— y otras en el propio mercado tecnológico, como la presentación del iPad, la irrupción de las tablets o los márgenes de ganancia de los fabricantes.

Si bien habitualmente se señala la llegada de las tablets como una de las principales causas que marcaron el declive de los netbooks, lo cierto es que su ritmo de ventas se estaba ralentizando antes incluso del lanzamiento del iPad, en 2010. Una de las razones es la mayor diversidad en la oferta de portátiles con menores costes y prestaciones que podían llevar a los clientes a cuestionarse si realmente compensaba el ahorro, cada vez más ajustado, que podía suponer un netbook.

4252346282 3001596a8f K

“La seducción era la computación ultraportátil y barata, pero los consumidores descubrieron que había demasiados inconventientes”, recalcaba Sacconahi a TNYT: “Al final se quedó corto”.

Con ese telón de fondo claro sí es importante tener presente la irrupción de otros productos ligeros, fáciles de transportar y funcionales, algunas de las fortalezas de los netbooks. Al mercado informático llegaron los ultrabooks, el MacBook Air de menos de 12 pulgadas lanzado por Apple y sobre todo las tablets, que no tardaron en iniciar su propia crónica de éxitos. The Guardian precisa que si en 2010 se registró el envío de 39,4 millones de netbooks frente a 23 millones de tablets, apenas un año después el escenario era bien distinto, con 63 millones de tablets y 29,4 de netbooks.

Otro factor crucial fue el valor del producto para los propios fabricantes. Los netbooks apostaron fuerte por el precio; tanto, que el Eee PC con Linux se lanzó por 199 dólares. El problema es que a medida que los modelos empezaron a incorporar SO que requerían licencias más caras mantener ese gancho “low cost” se traducía en un parco margen de beneficio para los fabricantes.

Si a eso le sumamos otros ingredientes no menos importantes, como el ejemplo que dejó el MacBook Air sobre el atractivo de la gama superior, que los netbooks perdieron su factor novedad, la expansión de smartphones o un escenario macroeconómico complicado, condicionado por la crisis financiera y el cierre del crédito, el horizonte se dibujaba bastante complicado para los netbooks.

Que el reinado de los netbooks se haya desvanecido no significa que su capítulo en la historia informática se haya quedado en nada. La etiqueta aún se usa hoy en día y muchas de las ventajas del concepto se mantienen en otros formatos. Hay quien señala incluso a modo de dignos sucesores las tablets, los ultrabooks, que apostaron por su manejabilidad, o incluso los Chromebooks.

Imágenes: Alex Lang (Flickr), Steven DuBois (Flickr) y Osde8info (Flickr)

-
La noticia Qué fue de los netbooks, los ordenadores ligeros que marcaron la informática del arranque del siglo XXI fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

Leer más