Cada vez ingerimos más mercurio a través del pescado. Hay quien quiere solucionarlo con probióticos “de diseño”

Cada vez ingerimos más mercurio a través del pescado. Hay quien quiere solucionarlo con probióticos "de diseño"

La presencia de mercurio en el pescado (o en algunos pescados) es un problema creciente en el ámbito de la seguridad alimentaria. La exposición prolongada a este contaminante supone un importante riesgo para la salud de las personas, un riesgo que podría ir a peor en los próximos años.

Detox, pero real. Un equipo de investigadores ha manipulado una bacteria presente en el sistema digestivo de los humanos para hacerla capaz de eliminar el metilmercurio presente en el pescado. En un estudio con ratones, el mecanismo permitió evitar que esta toxina alcanzara otros órganos del animal, como el cerebro o el hígado.

Un problema cada vez mayor. El metilmercurio es un catión, una molécula con carga positiva, que da nombre a una serie de compuestos que integran en ellas esta forma del mercurio. El metilmercurio es también la forma más común en la que podemos encontrar mercurio orgánico de forma natural.

El mercurio en sus distintas formas es un contaminante presente no solo en algunos pesticidas sino también en emisiones de gases a la atmósfera. Estos residuos de mercurio acaban llegando al mar y a la cadena trófica, un proceso denominado “biomagnificación”. Este metal pesado tiende a acumularse más en peces de mayor tamaño y en aquellos más cercanos a la cúspide de la “pirámide alimentaria”. Y de ahí, a nuestras cocinas.

Bacterias de diseño. El trabajo partió de una bacteria conocida y abundante en nuestro sistema digestivo, Bacteroides thetaiotaomicron. En ella se insertaron enzimas codificantes del ADN procedentes de otra bacteria conocida presente en el suelo, una bacteria con un rasgo determinante, su resistencia al mercurio.

Probióticos. El equipo comprobó primero in vitro que estas bacterias habían logrado hacerse resistentes al metilmercurio, para después administrar las bacterias a los ratones. Estas pronto se integraron en el sistema digestivo de los mamíferos, a los que se administró mercurio por vía oral para estudiar el impacto.

El equipo analizó primero el efecto de la administración de una gran cantidad de este compuesto. Comprobaron que en los ratones a quienes se había administrado la nueva bacteria, el mercurio comenzaba a desaparecer poco después de su administración, un proceso de depuración que se prolongaba durante unos cuatro días.

A largo plazo. El equipo también estudió los efectos de un consumo de mercurio moderado pero prolongado en el tiempo. El equipo alteró la dieta de los ratones y la hizo rica en atún rojo, uno de los pescados con mayores concentraciones del metal pesado. No solo comprobaron que el metilmercurio continuaba desapareciendo de los sistemas digestivos de los ratones, también comprobaron que este no permeaba al cuerpo de estos.

El equipo estudió el efecto sobre ratonas embarazadas, comprobando que los niveles de metilmercurio se mantenían bajos en los tejidos maternos y fetales, incluyendo una menor toxicidad en el cerebro del feto. Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Cell Host & Microbe.

Un problema que irá a peor antes que a mejor. El estudio abre la vía al uso de probióticos “de diseño” que podrían ayudarnos a evitar las peores consecuencias de la contaminación por mercurio. Este método no ataca al problema de raíz pero, según explican sus propios creadores, puede ayudarnos a abordar un problema sin solución a corto plazo.

“Pese a los esfuerzos globales por reducir las emisiones de mercurio y su acumulación en peces, no se espera que los niveles de mertilmercurio en los alimentos procedentes del mar se reduzcan pronto. El pescado continúa siendo una parte importante y culturalmente relevante de la dieta para muchas gentes en todo el mundo, y esperamos que lo continúe siendo”, destacaba en una nota de prensa Amina Schartup, coautora del estudio.

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Imagen | Ryutaro Tsukata

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Tenemos nuevas pistas sobre la coexistencia de sapiens y neandertales. Las hemos encontrado en Burgos

Tenemos nuevas pistas sobre la coexistencia de sapiens y neandertales. Las hemos encontrado en Burgos

El tránsito de una Europa dominada por los neandertales (Homo neanderthalensis) a un mundo en el que nuestra especie, H. sapiens, era ya la única especie humana es uno de los periodos más intrigantes de nuestra historia evolutiva. No sabemos cómo desaparecieron los neandertales ni tenemos muchos detalles sobre cómo coexistieron con nuestra especie.

No hace falta irse muy lejos para encontrar pistas sobre cómo era esta coexistencia.

Cultura Arlanziense. Un equipo internacional, en el que han participado investigadores de las universidades de Valladolid, Burgos o Alcalá, descubría recientemente las pistas de una cultura prehistórica que había pasado hasta ahora desapercibida. Una cultura a la que han denominado Arlanziense.

Esta cultura prehistórica ha sido bautizada ashí en referencia al río Arlanza, en cuyo valle se encuentra Cueva Millán (ubicada en el municipio de Hortigüela, Burgos). Es en esta cueva donde puede encontrarse el yacimiento que ha dado pie al descubrimiento la cultura Arlanziense.

El periodo asociado a esta tradición cultural prehistórica, explica el equipo responsable del estudio, se asocia a la transición entre paleolítico medio y el superior, ocurrida hace entre 50.000 y 40.000 años. Este periodo está marcado precisamente por otra transición muy distinta, la que vio desaparecer a los neandertales del continente Europeo y el paso a la era de los humanos modernos.

Salto en el tiempo. Hasta ahora las pistas que teníamos situaban este cambio en un periodo mucho más reciente. Hasta ahora, las primeras culturas del paleolítico superior (Auriñaciense y Châtelperroniense) se databan a un periodo hace entre 43.000 y 40.000 años. La desaparición de la cultura Musteriense, que consideramos propia del paleolítico medio, se habría producido hace entre 45.000 y 37.000 años.

Sin embargo, los hallazgos en la Cueva Millán nos obligan a atrasar aún más este periodo transicional entre paleolítico medio y superior, tras hallar evidencias de una cultura con rasgos propios del paleolítico medio anterior a las Auriñaciense y Châtelperroniense: los hallazgos la situarían hace entre 43.000 y 40.000 años.

Combinación única. El equipo responsable del estudio explicaque los artefactos hallados en el yacimiento de Cueva Millán y las técnicas asociadas a su producción permiten “definir” esta nueva cultura. Una clultura, la Arlanziense, entre cuyos rasgos destaca la “producción estandarizada de pequeños proyectiles de piedra destinados a la caza.”

Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Scientific Reports.

Dudas por resolver. La transición del paleolítico medio al superior viene marcada tradicionalmente por la llegada del H. sapiens pero el equipo responsable indica que la historia puede ser algo más compleja. Según indican, el yacimiento no puede asociarse a una u otra especie, lo que abre la puerta a la posibilidad de que los neandertales hubieran adoptado técnicas y objetos propios de los sapiens. Aunque no contamos con pruebas concretas, esta sería una hipótesis plausible en tal caso.

Transición entre especies. El yacimiento de Cueva Millán y su cultura Arlanziense podrían ayudarnos a comprender no solo la transición sino también la coexistencia de humanos y neandertales en la península Ibérica. Sabemos que la coexistencia entre ambas especies a nivel global dejó una impronta genética que aún perdura en la nuestra, y hemos encontrado vestigios de esta hibridación en otros lugares de la Península.

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Imagen | Universidad de Valladolid

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Unos científicos japoneses han llevado el pararrayos al siguiente nivel: con un dron que caza relámpagos

Unos científicos japoneses han llevado el pararrayos al siguiente nivel: con un dron que caza relámpagos

Cuenta la historia, quizás apócrifa, que en 1752 Benjamin Franklin realizó su famoso experimento de la cometa con la ayuda de su hijo William. El experimento consistía en “cazar” un rayo a través del artilugio volador y conducirlo hasta el suelo a través de la cuerda, humedecida a tal efecto.

Más de 270 años después, ya no son cometas lo que enviamos a atrapar estas descargas eléctricas atmosféricas.

Un dron para cazar rayos. Un equipo japonés de investigadores ha creado un dron a prueba de rayos, una característica importante ya que su función es, precisamente, atraer estas descargas eléctricas hacia él. Un sistema diseñado expresamente para desatar y guiar los rayos en una tormenta gracias a un vehículo aéreo guiado desde tierra.

Un pararrayos volante. El principal uso de este dispositivo sería el de ejercer de pararrayos volante. El mecanismo puede acoplarse a cualquier dron comercial y desplegrse en contextos en los que las descargas asociadas a una tormenta eléctrica pudieran representar un riesgo.

Según explica el equipo responsable del desarrollo, solo en Japón los costes asociados al impacto de los rayos oscilan entre los 100.000 y los 200.000 millones de yenes (entre 610 y 1.220 millones de euros) anuales. Y es que los rayos no solo implican un riesgo para las personas (y animales), también a edificios e infraestructuras.

Jaula de Faraday. Sobrevivir a un rayo no es fácil, así que quizás la pieza más importante en este dron es una jaula de Faraday. Este tipo de dispositivos se basan en el hecho de que el campo electromagnético resultante en el interior de un conductor en equilibrio resulta nulo.

Esto hace que ninguna carga es capaz de atravesar y adentrarse en esta jaula. Gracias a ello, el dron queda protegido del rayo, una descarga que no por ser algo casi cotidiano resulta menos impresionante: un rayo “típico” descarga unos 30.000 amperios con 300 millones de voltios.

Poniendo el ingenio a prueba. El equipo estuvo poniendo a prueba su mecanismo entre diciembre de 2024 y enero de este año. En una de las pruebas, detectaron gracias a un molino de campo un incremento en la fuerza del campo eléctrico en una nube, ocasión que aprovecharon para desplegar el aparato a una altura de 300 metros.

El dron portaba un cable que lo unía con la tierra a través de un interruptor a nivel de suelo. Al activar el interruptor, el equipo observó una importante corriente circulando por el cable, acompañada de un aumento “significativo” en la fuerza del campo eléctrico.

El equipo constató el paso de más de 2.000 voltios entre el cable y la tierra, justo antes del estallido del rayo. El experimento había sido un éxito.

Un solo uso. El dron sobrevivió al impacto, la jaula que lo protegía, no. Según detallaba el equipo responsable del desarrollo, el dispositivo protector fue parcialmente derretido por el impacto del rayo, pero el dron en el interior de la jaula fue capaz de continuar su vuelo sin mayor problema.

Captando energía. El equipo responsable de este pararrayos volante habla incluso de la posibilidad de aprovechar la energía de los rayos captados por el artefacto. Por ahora seguimos lejos de ser capaces de canalizar y controlar la enorme energía que emanan en un solo instante estos eventos naturales.

Quizá algún día seamos capaces de domar completamente esta fuerza de la naturaleza. Si lo logramos, contar con un dispositivo versátil que nos permita acudir al punto adecuado será seguramente de gran utilidad.

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Imagen | takenbytablo / NTT

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3.000 años colocándonos: ya sabemos qué sustancia consumían los europeos prehistóricos para sus ritos chamánicos

3.000 años colocándonos: ya sabemos qué sustancia consumían los europeos prehistóricos para sus ritos chamánicos

Unos mechones de pelo de hace 3.000 años escondidos en un rincón de la isla de Menorca. Es todo lo que necesitó un grupo de investigadores para encontrar las pruebas directas más antiguas del consumo de sustancias psicoactivas en Europa. Drogas atribuidas a los chamanes locales y a sus ritos religiosos, en los que se utilizarían como potenciadores sensoriales.

Cómo llegar hasta aquí. Hasta ahora las pruebas del consumo de este tipo de sustancias en el pasado eran indirectas: muestras halladas en en vasijas o restos de plantas en los yacimientos, tal y como señalaba en declaraciones recogidas por El País Elisa Guerra Doce, una de las autoras de la investigación. Los mechones en los que se detectaron las sustancias habían sido teñidos de rojo y peinados antes de su corte.

"Gracias a unas condiciones de conservación extraordinarias, los cabellos y todo el instrumental empleado en su tratamiento han llegado a nuestros días y han podido ser analizados científicamente", explicaba en una nota de prensa Cristina Rihuete, otra de las investigadoras implicadas en el hallazgo.

Tres alcaloides. Las sustancias identificadas en los mechones son los alcaloides efedrina, atropina y escopolamina. La primera de estas sustancias es un estimulante hoy en día utilizado, por ejemplo, como broncodilatador. La atropina y la escopolamina por su parte son sustancias consideradas alucinógenas y psicoactivas.

Estas sustancias pueden hallarse en distintas plantas pertenecientes a la flora insular de Menorca, como la efedra (Ephedra fragilis), la mandrágora (Mandragora autumnalis), el beleño blanco (Hyoscyamus albus) y el estramonio (Datura stramonium), todas ellas pertenecientes a la familia de las solanáceas.

Una pequeña necrópolis. Por el contexto, los investigadores consideran que las drogas fueron consumidas antes de morir. Las muestras capilares pertenecen a diez individuos, de los 210 que pudieron ser enterrados en la cueva.

El hecho de que el rito funerario de estos diez individuos fuera ligeramente distinto al del resto, unido a que no se aprecien otras diferencias que pudieran denotar una sociedad con clases, castas u otra forma de estratificación social, hace a los investigadores pensar que se trataba de algún tipo de chamanes o líderes espirituales o religiosos.

Equipo multidisciplinar. Los detalles sobre la investigación fueron publicados en un atrículo en la revista Scietific Reports. En él se detalla que las sustancias fueron halladas al realizar una Cromatografía Líquida de Ultra Alto Rendimiento acoplada a Espectrometría de Masas de Alta Resolución (UHPLC-HRMS).

El equipo responsable del hallazgo estuvo conformado por prehistoriadores y arqueólogos de la Universidad de Valladolid y del Grupo de Investigación de Arqueoecología Social Mediterránea de la Universidad Autónoma de Barcelona (ASOME-UAB); y por Hermann M. Niemeyer, químico de la Universidad de Chile.

Menorca Piezas

Interior de la Cova des Càrritx (arriba); vaso con cuchara y peine de madera hallados en el yacimiento menorquín (abajo). ASOME-UAB.

Es Càrritx. Cerrada por un desprendimiento hace unos 2.800 años, la cueva de Es Càrritx fue redescubierta en 1995 por dos espeleólogos locales, Pere Arnau y Josep Márquez, que lograron en aquel año acceder a su interior. La cueva está situada al noroeste de la isla de Menorca, a unos 10 kilómetros de Ciutadella y se extiende a lo largo de 170 metros, en un recorrido en el que se distinguen siete salas, siendo la primera la vestibular, el lugar donde se encontraron los restos humanos.

La otra parte importante de este complejo funerario se encontraba tras un angosto pasadizo, en la sala seis. En ella los arqueólogos encontraron los mechones de cabello humano introducidos en  envases cilíndricos creados a partir de de madera de boj, brezo y olivo y de asta de bóvido. También se hallaron otros objetos como vasos y un peine de madera; piezas de cerámica y una cuchilla de bronce.

A uno y otro lado del atlántico. El uso de “drogas chamánicas” a menudo se asocia a culturas precolombinas, pero hace tiempo que sabemos que en realidad estaba mucho más extendido. Un ejemplo de esto es el uso de derivados del cannabis en la China de la dinastía Zhou, hace 2.500 años. Guerra-Doce realizó hace unos años un repaso a las pruebas arqueológicas de consumo de drogas y bebidas fermentadas en la prehistoria. Con el nuevo trabajo se expande nuestro conocimiento sobre el uso de este tipo de químicos.

Quizá nunca sepamos los detalles sobre los rituales en los que se presume se utilizaban los alcaloides hallados, pero poco a poco vamos conociendo detalles sobre cómo eran quienes habitaban Europa milenios antes que nosotros. Y algunas cosas que tenían en común con nosotros.

Imágenes (portada) | Jason Swanson, CC0 1.0 / Gugatchitchinadze, CC BY-SA 4.0

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Cada vez tenemos más claro que nuestro microbioma es clave para nuestra salud. Nuestras fuentes de proteínas también pueden alterarlo

Cada vez tenemos más claro que nuestro microbioma es clave para nuestra salud. Nuestras fuentes de proteínas también pueden alterarlo

Poco a poco empezamos a darnos cuenta de la importancia de nuestra microbiota, especialmente en lo que se refiere a los microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo, nuestro microbioma gastrointestinal. Aspectos de nuestra salud que en principio no parecerían conectados a lo que pasa en nuestros intestinos parecen tener alguna suerte de correlación con esa flora de hongos y bacterias que coexiste en nuestro interior.

Distintas proteínas, distinto microbioma. Un reciente estudio ha observado que la fuente alimentaria de proteínas puede alterar la composición y estructura de nuestro microbioma intestinal, es decir, del conjunto de microorganismos que habita en nuestro sistema digestivo. El experimento, realizado con ratones, observó importantes variaciones en la microbiota asociadas a cambios en la dieta.

“La composición del microbioma gástrico cambió significativamente cada vez que cambiamos la fuente de proteína”, señalaba en una nota de prensa Alfredo Blakeley-Ruiz, coautor del estudio. “Las fuentes de proteínas con los mayores efectos funcionales fueron el arroz integral, levadura y las claras de los huevos”.

Una variedad de fuentes. Las proteínas son un nutriente clave que nos aporta los aminoácidos esenciales con los que nuestro cuerpo es capaz de sintetizar sus propias proteínas. Los alimentos de origen animal como carnes, pescados o huevos suelen verse como la principal fuente de aminoácidos, pero no son la única.

La existencia de alternativas implica la posibilidad de efectos diversos sobre nuestra salud y bienestar. A través, por ejemplo, del microbioma.

Metabolizando los aminoácidos. El equipo recurrió en su estudio al uso de espectrometría de másas de alta resolución y a la combinación de metagenómica y metaproteinómica. Todo para hallar cómo cambiaba el microbioma intestinal de ratones cuya dieta se alteraba de forma que cada semana recibían sus proteínas de una sola fuente que era cambiada pasados los siete días..

Observaron así que algunas de estas fuentes se asociaban con cambios importantes. Estos cambios, explica el equipo, se manifestaban en cómo los ratones metabolizaban los aminoácidos, pero también en la forma en la que su sistema digestivo degradaba los azúcares complejos, algo que no resultaba tan intuitivo.

Dietas como las basadas en el arroz integral y las claras de los huevos, continúa explicando el equipo, aumentaban la degradación de los aminoácidos, lo que implicaría que los microorganismos del sistema digestivo de los ratones estaban rompiendo las proteínas para obtener sus propios aminoácidos. Los detalles del estudio fueron publicados recientemente en un artículo en The ISME Journal.

Un entorno (¿demasiado?) controlado. El equipo responsable del estudio admitía que existen algunas limitaciones a tener en cuenta, y una de ellas es la complejidad de la dieta. En un entorno de laboratorio, el equipo alteró la dieta de los ratones de forma radical (haciendo que estos tuvieran una sola fuente de proteínas).

Más allá del hecho de que los estudios con modelos animales no siempre se transponen de forma idéntica en humanos, es de esperar que cambios contundentes en la dieta de estos animales conlleven cambios importantes en la estructura de su microbioma. Una dieta más variada, con fuentes diversas de proteínas, implicaría lógicamente efectos más tenues.

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Vencer a nuestro cerebro a la hora de hacer la compra no es fácil. Unos investigadores han desarrollado una herramienta para lograrlo

Vencer a nuestro cerebro a la hora de hacer la compra no es fácil. Unos investigadores han desarrollado una herramienta para lograrlo

“Teoría del codazo”. Es como podríamos traducir la expresión anglosajona, “nudge theory”, que hace referencia al estudio de las acciones enfocadas a darnos un “empujoncito” hacia una decisión concreta. El concepto es utilizado especialmente en el contexto de la economía conductual, ese lugar donde la economía se mezcla con la psicología.

Sabemos que las empresas muchas veces recurren a estos “empujoncitos” para llevarnos a las compras que más beneficios generen pero, ¿podemos utilizar esta herramienta para mejorar la salud?

Herramienta digital. La respuesta es sí, y son muchos los investigadores que trabajan en desarrollar este tipo de herramientas. La última ha sido desarrollada por un equipo de Duke-NUS Medical School y se trata de una herramienta digital que pretende facilitarnos la tarea de elegir productos más sanos en nuestra compra online.

Un sistema imperfecto. Elegir productos alimentarios más sanos no siempre es fácil. Sí, siempre podemos asegurarnos de que nuestro carro de la compra esté repleto de frutas, verduras y otros alimentos básicos que cocinar en casa, pero esta opción no es siempre realista.

Los sistemas de etiquetado como Nutriscore pueden ayudarnos a elegir mejor, pero tienen limitaciones importantes. El primero es que evaluar lo saludable de un producto en un simple índice no es siempre fácil y nos lleva a veces a importantes inconsistencias. El segundo, que este índice debe competir con las estrategias de marketing que buscan hacer que compremos un producto, independientemente de lo saludable que sea o deje de ser.

Más allá del etiquetado. Para sobrepasar estas limitaciones, el equipo de Duke-NUS diseñó una herramienta digital destinada a facilitar una compra online mejor informada a nivel nutricional. Esta herramienta complementaba la información disponible en la página de compra por internet, añadiendo información adicional.

Esta información adicional incluía un semáforo basado en el índice Nutriscore de los productos, complementado con otras herramientas. En primer lugar, la página ordenaba los productos en función de este índice, mostrando primero los productos más sanos en lugar de hacerlo alfabéticamente.

En segundo lugar, la herramienta incorporaba seguimiento de los productos en el carro de la compra, indicando qué proporción de alimentos estaba etiquetado como verde, amarillo o rojo. En tercer lugar, la herramienta digital también mostraba alternativas saludables (con precios y características similares) a los productos seleccionados.

Estudiando alternativas. El equipo puso a prueba la herramienta a través de un experimento. Pidieron a un grupo de participantes que realizara tres compras online a lo largo de tres a seis semanas. Algunos de los participantes emplearon esta herramienta, mientras que otros emplearon el portal convencional.

El equipo observó así que los carros de la compra de las personas del grupo de la intervención puntuaban mejor en el índice nutricional. También contenían menos calorías, menos grasas en total y menos grasas saturadas, menos azúcar y menos sal.

Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista American Journal of Preventive Medicine.

Cuestión de salud pública. Por voluntad o por necesidad, son muchas las personas que buscan comer más sano, y eso empieza en una compra más saludable. Lograrlo por uno mismo no es fácil, pero tampoco lo es ayudar a estas personas sin caer en prohibiciones y métodos impositivos.

Aquí es como la economía del comportamiento y la nudge theory pueden ayudarnos: la misma herramienta a menudo empleada para llevarnos a opciones más ventajosas para los vendedores puede también ser empleada para mejorar la salud de los consumidores que deseen mejorar su dieta.

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Tenemos un término para los eventos tan improbables que resultan difíciles de imaginar: cisnes negros. Este apagón es candidato a serlo

Tenemos un término para los eventos tan improbables que resultan difíciles de imaginar: cisnes negros. Este apagón es candidato a serlo

¿Cómo podemos prepararnos para lo imprevisible? Ya estemos planeando un viaje o emprendiendo un negocio, o incluso si estamos tranquilamente friendo unas patatas en casa, estar preparado ante eventualidades puede ahorrarnos más de un disgusto.

Para una persona de a pie, e incluso para una empresa, lidiar con un apagón puede entrar dentro de una categoría de “imprevistos previsibles”: no sabemos cuándo ocurrirán pero sabemos por experiencias pasadas que es probable que en un momento u otro, nuestra luz se vaya durante un tiempo.

Sin embargo, es probable que las personas encargadas de gestionar la red eléctrica peninsular no se enfrentaran al apagón de esta semana con la misma actitud. Desde su punto de vista, lo que ocurrió era algo nunca antes visto, un buen candidato a catalogarse como eso que llamamos un “cisne negro”.

Antes de nada, qué es eso del cisne negro y de dónde sale. El concepto fue popularizado allá por 2007, en el libro El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable, escrito por Nassim Taleb, experto en estadística y finanzas. En la obra como ensayista de este polémico pensador tiene un gran peso el concepto de la incertidumbre, y la idea del cisne negro es quizás el zenit de la incertidumbre.

No estamos hablando de la película de 2010 dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Natalie Portman, ni tampoco del animal (aunque la teoría debe su nombre a este animal). Un cisne negro es un evento con dos características. La primera es que se trata de un evento posible pero tan improbable que resulta único en su categoría, un evento que sería impensable aunque en retrospectiva pudiera parecer incluso predecible. La segunda es que se trate de un evento de gran impacto, tampoco estamos hablando de una moneda que cae de canto mientras jugamos con ella aburridos.

El origen del nombre está, decíamos, en el animal. Y es que, tal y como explica Taleb en su libro, hasta la llegada de los exploradores europeos a Australia en el siglo XVII, para occidente los cisnes eran blancos y hablar de un cisne de color negro quedaría circunscrito al contexto de lo fantástico. Todo cambió con la llegada a Oceanía y la aparición de cisnes oscuros.

Un ejemplo claro de un evento de este tipo sería el de los atentados perpetrados el 11 de septiembre de 2001. Si bien en aquella fecha los secuestros de aviones por parte de terroristas no eran algo extraño, la idea de estrellar estos vehículos contra edificios para maximizar el daño causado habría resultado difícil de imaginar. El evento, no haría falta señalarlo, tuvo también consecuencias globales.

También tuvo consecuencias globales la pandemia de Covid-19, una epidemia global causada por un virus hasta entonces desconocido podría verse como un cisne negro (y de hecho hay quienes lo ven así). Sin embargo, la idea de una pandemia global, incluso la idea de que esta pudiera ser provocada por un virus respiratorio, no era tan remota y muchos la planteaban como una cuestión no de “si”, sino de “cuándo”. La experiencia de la pandemia de gripe de 1919, o epidemias como la del SARS (síndrome respiratorio agudo grave) no solo se ven a posteriori como advertencias, sino que ya eran vistas así antes de la pandemia.

Prepararse para lo imprevisible

Taleb, experto en estadísticas, explica que cuando tratamos de estimar las probabilidades de un suceso, en general tenemos que basarnos en lo que ya conocemos. Por ejemplo, si queremos estimar la probabilidad de que una nueva empresa continúe activa un año después de su creación, podemos atender a estadísticas basadas en empresas fundadas en los años previos. Si queremos predecir si un equipo ganará un partido, también podemos echar atrás y atender a las estadísticas del equipo y del rival.

Esa es, precisamente, la limitación que plantean las herramientas estadísticas: es entre extremadamente difícil e imposible estimar la probabilidad de un evento que nunca se ha llegado a dar.

Bueno, ¿y qué hay del apagón? Sin duda el apagón del 28 de abril ha sido un evento de importantes consecuencias que aún habrá que evaluar, los perjuicios causados por el corte no se ciñen solo a lo económico sino que probablemente haya tenido ramificaciones en otros contextos. Esa parte queda fuera de lugar, la gran pregunta ahora es si este era un evento impredecible.

Quizá no podamos contestar a esta pregunta con certeza aún ya que, aunque poco a poco vamos conociendo nuevos detalles sobre lo que ocurrió, aún es pronto para saber con certeza las causas de este gran apagón. En cuanto a la dimensión, podemos encontrar precedentes comparables si buscamos fuera de España, como el apagón italiano de 2003 o el sufrido por Texas en 2021.

Sin embargo, aquellos grandes apagones fueron, en cierto sentido, convencionales. En el caso italiano, el corte de una línea de alta tensión que conectaba Suiza con Italia cayó, arrastrando consigo toda la red del país transalpino. En el caso de Texas, el frío y su impacto en la generación eléctrica por gas fue el causante de que el sistema no pudiera con la demanda de energía eléctrica del estado sureño.

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El apagón ha causado importantes humaredas en varias refinerías españolas: es signo de que los sistemas de seguridad han funcionado

El apagón ha causado importantes humaredas en varias refinerías españolas: es signo de que los sistemas de seguridad han funcionado

El gran apagón del día de hoy ha despertado las alarmas en los entornos de algunas de las refinerías del país. La refinería de Repsol en A Coruña y la de Pentronor en Muskiz han emitido sendas humaredas negras durante el mediodía de hoy. En ambos casos, desde las refinerías se ha llamado a la tranquilidad.

Una medida de seguridad. Según han informado las empresas propietarias de las refinerías, el humo se debía no a un problema sino al funcionamiento adecuado del sistema de seguridad de estas centrales. “Se han activado automáticamente todas las medidas de seguridad, lo que ha ocasionado la salida de humo negro a través de las tres antorchas”, detallaba Petronor en una nota de prensa.

La causa de este incidente ha estado en el apagón que, durante horas, ha afectado a la red peninsular, dejando a la práctica totalidad del país sin energía eléctrica. En el caso de la refinería vizcaina, el apagón ha forzado a las 12:30 al apagado de todas las unidades.

Según ha detallado la empresa, las antorchas son medidas de seguridad necesarias a la hora de liberar presión en determinadas circunstancias en este tipo de instalaciones. El hecho de que se hayan activado es, precisamente, señal de que todo ha funcionado como debería.

Monitorización constante. Más allá del correcto funcionamiento de este tipo de complejos industriales, el posible impacto en la salud y en el medio ambiente está, naturalmente, en el centro de la preocupación de muchos. A este respecto, la empresa ha recalcado son varios los parámetros que se monitorizan para asegurar que las antorchas funcionan en todo momento de forma correcta: caudales, temperatura e incluso apariencia de la llama están entre estos factores.

La llama de las antorchas se debe al hecho de que, precisamente para evitar problemas derivados de la emisión a la atmósfera de ciertos gases, estos han de ser quemados.

El apagón peninsular. La península Ibérica ha sufrido hoy uno de los más notorios apagones vistos en los últimos años en Europa. Un apagón que ha afectado también a algunas zonas del sur de Francia. Mientras España y Portugal poco a poco recuperan el suministro, aún es poco lo que se sabe del origen del corte, que comenzaba a las 12:30 del mediodía y del que se comenzaba a salir  en algunas zonas pasadas las 15:00.

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Llevamos años buscando la cura definitiva de las alergias y aún no hemos resuelto el gran problema: comprenderlas

Llevamos años buscando la cura definitiva de las alergias y aún no hemos resuelto el gran problema: comprenderlas

El fin de las lluvias y la llegada del buen tiempo tienen, para muchos, un reverso oscuro: las alergias. La primavera, y especialmente los meses de mayo y junio, nos trae la proliferación del polen, uno de los alérgenos más importantes, principal causa de los estornudos en esta época del año.

La forma más habitual de tratar este tipo de alergias es a través de los antihistamínicos, fármacos destinados a bloquear los efectos de la histamina, un neurotransmisor que también desempeña un importante papel en sistema inmune. Recordemos que las alergias no son otra cosa que una reacción de nuestro sistema inmunitario ante sustancias externas que entiende como peligrosas y que en realidad no lo son, los alérgenos.

Los antihistamínicos son de gran utilidad a la hora de tratar los síntomas alérgicos. Pero una cosa es eso, y otra cosa es curar de manera definitiva estos trastornos. Hoy por hoy no contamos con una cura para las alergias, pero al menos hay algunas vías abiertas a la esperanza. Así de cerca estamos de lograrlo.

Quizás uno de los primeros tratamientos que se nos venga a la cabeza al hablar de curar la alergia sean las vacunas. Lo que hoy entendemos como vacunas contra la alergia son inyecciones basadas en la inmunoterapia, y su lógica no dista mucho de las vacunas convencionales: se trata de administrar una pequeña cantidad de aquello que nos causa alergia capaz de poner en alerta al sistema inmune sin llegar a desatar una reacción alérgica. Si bien son un tratamiento útil en muchos casos, tampoco terminan de solucionar el problema, por lo que necesitaremos de inyecciones periódicas que vayan mejorando la capacidad de respuesta de nuestro sistema inmune.

¿Qué vías hay abiertas? Hace casi diez años, comentábamos algunas de las líneas de investigación abiertas en la búsqueda de una cura para las alergias. Estas vías incluían, por ejemplo, las “terapias biológicas”. Estas son terapias que se centran en los anticuerpos, las proteínas que nuestro cuerpo produce cuando detecta sustancias que entiende como dañinas.

Este tipo de tratamientos siguen siendo una de nuestras grandes esperanzas. Ejemplo de ello es omalizumab, un fármaco en principio destinado a combatir el asma y aprobado hace ya dos décadas en los Estados Unidos.

En los últimos años la ciencia ha ido validando esta opción terapéutuca. Un ejemplo reciente está en un estudio publicado en 2022 en la revista Clinical and Translational Allergy. En este análisis, el equipo observó que el fármaco era efectivo a la hora de prevenir la rinitis alérgica primaveral.

Entender el problema

Para entender cómo ha evolucionado nuestro conocimiento en los últimos años, debemos comprender primero por qué es tan difícil encontrar una cura definitiva. El problema de fondo es sencillo: no entendemos las alergias lo suficientemente bien como para dar con una solución.

Seguimos sin entender por qué ciertas personas sufren una alergia determinada mientras que otras padecen otro tipo de reacción, a la par que otros no parecen tener este tipo de problemas. Tampoco sabemos por qué las alergias son permanentes pese a que el anticuerpo que generalmente asociamos a ellas no suele mantenerse en nuestro cuerpo por periodos largos de tiempo.

Dos estudios publicados el año pasado en la revista Science Translational Medicine pueden ayudarnos a comprender un poco mejor esta situación, explicando al menos este último punto. La respuesta podría estar en un anticuerpo que generalmente no asociamos  a las alergias, la inmunoglobulina G (IgG), y las células que lo producen.

Lo que descubrieron los equipos responsables de estos estudios es que unas células responsables de producir la IgG pasan a producir inmunoglobulina E, la cual sí se asocia con las alergias, cuando se topan con un alérgeno. La clave de la “memoria” alérgica podría estar, por tanto, en estas células.

Antes de ir a mejor, todo parece indicar que el problema de las alergias irá a peor. Y es que cada vez más personas sufren este tipo de trastornos. Existen varios factores que podrían estar, independientemente o en conjunto, detrás de rápido ascenso en el número de personas alérgicas en el mundo.

Una de estas hipótesis, es la de la higiene. Puesto que nuestro sistema inmune se “entrena” a través de la exposición a agentes externos, la ausencia de estos agentes en etapas tempranas puede implicar que nuestro sistema no los perciba como normales y, expuesto en etapas posteriores, acabe reaccionando de forma desproporcionada.

Desde el punto de vista ambiental, también debemos considerar la presencia de contaminantes en la atmósfera, como la materia particular. Estos contaminantes también pueden afectar a nuestras vías respiratorias, combinando su efecto con el de los alérgenos convencionales y agravando la situación.

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Los “químicos eternos” están ya por todas partes. Y eso incluye uno de nuestros lugares favoritos: el vino español

Los "químicos eternos" están ya por todas partes. Y eso incluye uno de nuestros lugares favoritos: el vino español

Los “químicos eternos” se han convertido en un tema candente. Estas sustancias químicas son ampliamente utilizadas en una variedad de contextos pero su presencia cada vez más habitual en el medio ambiente preocupa tanto a ecologistas como al sector de la salud. Y es que por ahora sabemos poco del posible impacto de estas sustancias en la salud de las personas y en los ecosistemas.

Químicos “eternos” en el vino. Un estudio realizado por la asociación ecologista PAN Europe(Pesticide Action Network Europe) ha alertado de la presencia en el vino europeo de una de las sustancias a las que solemos referirnos como “químicos eternos”: el ácido trifluoroacético.

PFAS y TFA. PFAS son las siglas con las que a menudo nos referimos a la categoría de las sustancias Perfluoroalquiladas y Polifluoroalquiladas. Se trata de una familia de moléculas sintéticas (se cuentan unos 4.700 compuestos de este tipo) que destacan por la resistencia que les imbuye la unión entre átomos de flúor y carbono. Estos compuestos son útiles por ejemplo en la fabricación de objetos antiadherentes, pero también pueden encontrarse en pesticidas, envases o productos de higiene.

Esta es una unión molecular extremadamente estable, no reacciona ante agentes externos por lo que es extremadamente difícil hacer que estas sustancias se descompongan, ya sea por procesos naturales o de otra forma. Es por ello que estas sustancias tienden a acumularse en la naturaleza y, potencialmente, en nuestro cuerpo.

Curiosamente, uno de los problemas con estas sustancias está en uno de los productos fruto de la descomposición de las PFAS, el ácido trifluoroacético (TFA). Es este precisamente el “químico eterno” en el que se ha centrado el nuevo estudio.

49 vinos. El análisis comenzó con una decena de vinos austriacos de añadas relativamente viejas y fue ampliándose para incluir cosechas más recientes y de otros países. En total, 49 vinos fueron analizados, incluyendo al menos uno producido en España.

Observaron que los vinos anteriores a 1988 no contenían trazas de TFA, pero que a partir de ese año las concentraciones fueron incrementando, primero poco a poco y, a partir de 2010, de forma importante. El promedio de concentraciones en los vinos de añadas entre 2021 y 2024 fue de 122 µg/L, aunque se detectaron picos de hasta 300 µg/L. Aunque el fenómeno se extendía por toda Europa, el equipo señalaba que los vinos austriacos eran los más afectados.

Otro detalle resaltado por la asociación fue la correlación entre las concentraciones de TFA y de residuos de pesticidas sintéticos.

Producción ecológica. El estudio de PAN Europe observó que los vinos de producción ecológica tampoco se libraban de la presencia de estas sustancias, si bien es cierto que mostraban unas concentraciones menores que las halladas en otros vinos.

¿Hasta qué punto son un riesgo? A día de hoy desconocemos a ciencia cierta los efectos de los “químicos eternos” sobre nuestra salud, pero hay algunos indicios que nos permiten hacernos una idea de estos posibles efectos. La TFA se ha vinculado, por ejemplo, a problemas para la fertilidad; pero otros compuestos de esta familia también han sido relacionados con problemas inmunitarios e incluso con un mayor riesgo de cáncer.

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