DC presenta nuevos trailers de ‘Shazam! Fury of the Gods’ y ‘Black Adam’ en la Comic-Con 2022

DC presenta nuevos trailers de 'Shazam! Fury of the Gods' y 'Black Adam' en la Comic-Con 2022

DC y Marvel son, obviamente, los nombres propios que más atención están atrayendo en esta Comic-Con. Warner ha presentado trailers de sus próximas películas de héroes DC y ha dado algunas pequeñas sorpresas. Esto es todo el material con el que ha hecho saltar chispas en San Diego en este año de 2022 en el que se vuelve a pisar el acelerador de las franquicias superheroicas, especialmente las vinculadas con Shazam!.

Shazam! Fury of the Gods

Conservando todo el espíritu juvenil y desenfadado de su sorprendente primera entrega, esta segunda parte de 'Shazam!' continúa donde se quedó aquella, pero esta vez poniendo el acento en la familia Marvel (si me preguntan, un grupo de superhéroes que nunca creí que llegaría a ver en pantalla) y con nuevas villanas, las Hijas de Atlas, interpretadas por dos titanas por derecho propio: Lucy Liu y Helen Mirren.

'Black Adam'

Dwayne Johnson ha hecho una espectacular entrada en el panel de la Comic-Con dedicada a los héroes DC, asegurando que esta película cambiará para siempre el Universo DC. Ya sabemos lo amigo que es La Roca de maximizar sus estrenos, pero lo cierto es que esta perspectiva antiheroica, pero a la vez colorista y familiar, es sin duda atractiva y encaja con el enfoque de su prima hermana 'Shazam!'. Este nuevo y breve trailer centra el foco en la flamante Sociedad de la Justicia, enésimo intento de Warner de poner en pie un grupo de héroes, estos menos manidos y torturados que los de la Liga de la Justicia, pero tan dignos de atención como Atom, Dr. Fate y Hawkman.

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La noticia DC presenta nuevos trailers de 'Shazam! Fury of the Gods' y 'Black Adam' en la Comic-Con 2022 fue publicada originalmente en Xataka por John Tones .

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DC presenta nuevos trailers de 'Shazam! Fury of the Gods' y 'Black Adam' en la Comic-Con 2022

DC y Marvel son, obviamente, los nombres propios que más atención están atrayendo en esta Comic-Con. Warner ha presentado trailers de sus próximas películas de héroes DC y ha dado algunas pequeñas sorpresas. Esto es todo el material con el que ha hecho saltar chispas en San Diego en este año de 2022 en el que se vuelve a pisar el acelerador de las franquicias superheroicas, especialmente las vinculadas con Shazam!.

Shazam! Fury of the Gods

Conservando todo el espíritu juvenil y desenfadado de su sorprendente primera entrega, esta segunda parte de 'Shazam!' continúa donde se quedó aquella, pero esta vez poniendo el acento en la familia Marvel (si me preguntan, un grupo de superhéroes que nunca creí que llegaría a ver en pantalla) y con nuevas villanas, las Hijas de Atlas, interpretadas por dos titanas por derecho propio: Lucy Liu y Helen Mirren.

'Black Adam'

Dwayne Johnson ha hecho una espectacular entrada en el panel de la Comic-Con dedicada a los héroes DC, asegurando que esta película cambiará para siempre el Universo DC. Ya sabemos lo amigo que es La Roca de maximizar sus estrenos, pero lo cierto es que esta perspectiva antiheroica, pero a la vez colorista y familiar, es sin duda atractiva y encaja con el enfoque de su prima hermana 'Shazam!'. Este nuevo y breve trailer centra el foco en la flamante Sociedad de la Justicia, enésimo intento de Warner de poner en pie un grupo de héroes, estos menos manidos y torturados que los de la Liga de la Justicia, pero tan dignos de atención como Atom, Dr. Fate y Hawkman.

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El director de ‘Devs’ y ‘Ex Machina’ despliega con ‘Men’ una parábola sobre el abuso que conecta el folk horror con el gore surreal

El director de 'Devs' y 'Ex Machina' despliega con 'Men' una parábola sobre el abuso que conecta el folk horror con el gore surreal

Alex Garland es uno de los indiscutibles visionarios del cine fantástico actual. Habitualmente escorado hacia la ciencia-ficción, entre sus películas más notables están la extraordinaria 'Ex Machina', la visionaria aunque fallida 'Aniquilación', el guión de la soberbia 'Dredd' (que se dice que dirigió sin figurar acreditado) y, más recientemente, la brutal 'Devs', quizás la que tiene más puntos en común con esta 'Men' que llega esta semana a las salas. Sin embargo, esta nueva propuesta no se mueve entre inteligencias artificiales, policías del futuro, dimensiones alternativas o programadores endiosados.

De hecho, 'Men' entronca con ingredientes mucho más tradicionales del cine fantástico: su ambientación en una campiña inglesa aislada de la civilización hace pensar en el género del folk horror, en películas de choque entre la civilización y lo atávico, como 'The Wicker Man' o 'Midsommar'. Pero aquí Garland no nos habla de un urbanita perdido entre ritos paganos, sino de comportamientos tan enraizados en nuestro ADN que se pueden rastrear hasta donde lo social rima con lo ancestral.

La protagonista de 'Men' es una mujer que tras haber contemplado cómo se suicidaba su marido, se retira a pasar una temporada aislada en una casa de alquiler en el campo. Un día, en un paseo, descubre que alguien la sigue. Pronto, sus encuentros con desconocidos revelan un problema mayor y más trascendente, uno para el que ningún hombre parece estar capacitado para ayudarla: ni su casero, ni el sacerdote del lugar, ni la policía.

Es complicado entrar en más detalles de 'Men' sin dinamitar sus secretos, aunque la película tiene una simbología absolutamente frontal y sin dobleces. El periplo de Harper, interpretada con inusual sensibilidad y cercanía por una magnífica Jessie Buckley, es el de una mujer que descubre que todos los abusos que recibe día tras día por parte de los hombres -de los más cotidianos a los más extremos- tienen una misma raíz. Para significarlo, Garland emplea a un Rory Kinnear camaleónico y magnífico.

It's raining men

Habrá quien se pregunte si tiene sentido que una película como esta haya sido escrita y dirigida por un hombre (por mucho que sea un hombre que ha poblado su cine de personajes femeninos interesantísimos y complejos, de la Ava de 'Ex Machina' a la Lily de 'Devs'), pero quizás sea eso lo que le da un carácter especialmente despiadado con la condición masculina y la relación de ésta con las mujeres. Y la capacidad casi natural de los hombres para convertir las vidas de muchas de ellas en auténticas pesadillas.

Para contarlo, Garland va bordeando distintas señales y símbolos que se van solapando en busca de una atmósfera claustrofóbica: la presencia de Kinnear es la más significativa, pero hay más. Muy notable es la aparición de esculturas Sheela na Gig con genitales femeninos gigantes que pueden aludir a diosas de la fertilidad, vestigios paganos o advertencias contra la lujuria femenina. La ya famosa y muy notable secuencia del túnel, el primer y muy simbólico encuentro con lo desconocido de lo protagonista, torna con facilidad el lirismo amable en pánico banal, y la extrañeza de su significado contagia incluso a la banda sonora del film, infectada desde ese momento por las notas musicales que protagonizan la escena.

Y aunque el mensaje de la película es absolutamente frontal y no deja ningún espacio a la ambigüedad, es imposible percibir maniqueísmo en la postura de Garland. El ambiente fantástico que flota en el ambiente de toda la película es también signo de una percepción subjetiva del horror por parte de la protagonista, y al final la posible interpretación de "not all men" se transforma en un ácido "not all men, pero al final all men" capaz de dejar con mal cuerpo al espectador masculino más cínico.

La guinda de este fabuloso espectáculo de insania testosterónica está en un espectáculo de body horror que convierte en literal la metáfora de la película, en uno de los espectáculos de terror en estado puro más demoledores de los últimos años. Gracias a secuencias como esa, queda claro que 'Men' no se anda con medias tintas: "todos los hombres son iguales" pasa de estomagante lugar común de El Club de la Comedia a brutal metáfora de todo lo que está mal en las relaciones entre hombres y mujeres.

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Eddie Munson de ‘Stranger Things’ existió: estos documentales en HBO Max cuentan su historia y dan forma al estilo true crime

Eddie Munson de 'Stranger Things' existió: estos documentales en HBO Max cuentan su historia y dan forma al estilo true crime

A estas alturas, quien más quien menos sabe que los eventos descritos en la última temporada de 'Stranger Things' tienen una base real. Toda la persecución al Club Fuego Infernal y la atmósfera de pánico que se desata en el pueblo están inspirados en la paranoia anti-videojuegos y música metalera que acabaría conociéndose como Pánico Satánico. Y en el núcleo de todo ello está Eddie Munson, sin duda el personaje más querido de esta temporada, y que tiene una inspiración muy clara: Damien Echols, uno de los Tres de Memphis.

Así se conoce al grupo de tres chavales (a Echols se suman Jessie Misskelley Jr. y Jason Baldwin) que fueron detenidos en West Memphis por el asesinato de unos niños. Acusados de practicar rituales satánicos, se inició contra ellos un proceso lleno de irregularidades y que fue retratado en un documental rodado a lo largo de diez meses, 'Paradise Lost'. El proceso fue tan largo y complejo que generó dos secuelas que continuaron el seguimiento del caso: las tres partes están disponibles en HBO Max.

Titulados tras una canción de Metallica (Echols era seguidor de la banda de thrash, lo que le estigmatizó aún más), los tres documentales describen los prejuicios que llevaron a los chicos a declararse culpables pese a que no lo eran, después de que se les arrancaran confesiones falsas en un proceso escalofriante. El primer documental es del año 1996, el segundo del 2000 y el tercero de 2011, donde se llega al fin a una resolución para el caso.

Los directores de la trilogía (que ganaron un Emmy con la primera entrega y fueron nominados a un Oscar con la tercera) son Joe Berlinger y Bruce Sinofsky. Juntos han llevado a cabo otros proyectos, como el alucinante documental sobre Metallica 'Some kind of Monster'. Berlinger en solitario ha rodado para Netflix documentales true crime como 'Conversaciones con asesinos' o 'Un falsificador entre mormones'. Su adscripción al género es lógica, ya que 'Paradise Lost' ayudó a definir, con su narrativa heredada de los thrillers y su constante uso del suspense, el estilo de los true crimes tal y como triunfan en la actualidad.

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Eddie Munson de ‘Stranger Things’ existió: estos documentales en HBO Max cuentan su historia y dan forma al estilo true crime

Eddie Munson de 'Stranger Things' existió: estos documentales en HBO Max cuentan su historia y dan forma al estilo true crime

A estas alturas, quien más quien menos sabe que los eventos descritos en la última temporada de 'Stranger Things' tienen una base real. Toda la persecución al Club Fuego Infernal y la atmósfera de pánico que se desata en el pueblo están inspirados en la paranoia anti-videojuegos y música metalera que acabaría conociéndose como Pánico Satánico. Y en el núcleo de todo ello está Eddie Munson, sin duda el personaje más querido de esta temporada, y que tiene una inspiración muy clara: Damien Echols, uno de los Tres de Memphis.

Así se conoce al grupo de tres chavales (a Echols se suman Jessie Misskelley Jr. y Jason Baldwin) que fueron detenidos en West Memphis por el asesinato de unos niños. Acusados de practicar rituales satánicos, se inició contra ellos un proceso lleno de irregularidades y que fue retratado en un documental rodado a lo largo de diez meses, 'Paradise Lost'. El proceso fue tan largo y complejo que generó dos secuelas que continuaron el seguimiento del caso: las tres partes están disponibles en HBO Max.

Titulados tras una canción de Metallica (Echols era seguidor de la banda de thrash, lo que le estigmatizó aún más), los tres documentales describen los prejuicios que llevaron a los chicos a declararse culpables pese a que no lo eran, después de que se les arrancaran confesiones falsas en un proceso escalofriante. El primer documental es del año 1996, el segundo del 2000 y el tercero de 2011, donde se llega al fin a una resolución para el caso.

Los directores de la trilogía (que ganaron un Emmy con la primera entrega y fueron nominados a un Oscar con la tercera) son Joe Berlinger y Bruce Sinofsky. Juntos han llevado a cabo otros proyectos, como el alucinante documental sobre Metallica 'Some kind of Monster'. Berlinger en solitario ha rodado para Netflix documentales true crime como 'Conversaciones con asesinos' o 'Un falsificador entre mormones'. Su adscripción al género es lógica, ya que 'Paradise Lost' ayudó a definir, con su narrativa heredada de los thrillers y su constante uso del suspense, el estilo de los true crimes tal y como triunfan en la actualidad.

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El Camino de Santiago se vuelve aterrador en esta intensa y violenta serie española que puedes ver de una sentada en Disney+

El Camino de Santiago se vuelve aterrador en esta intensa y violenta serie española que puedes ver de una sentada en Disney+

Un grupo de adolescentes deambulando solos por el Camino de Santiago, y grabándolo todo con sus móviles. Su paso por la inhóspita Selva de Irati (Navarra) es el punto de partida de una de las series españolas más intensas y asombrosas de los últimos tiempos: 'Caminantes' es una maravilla, directa como un puñetazo, dirigida por Koldo Serra y que ahora puedes ver en Disney+.

Siete episodios de 20 minutos: eso es todo lo que necesitó Orange TV en uno de sus primeros experimentos con las ficciones de producción propia para plantear una pesadilla en la que unos amigos recorren una zona alejada de la civilización, hasta que empiezan a ver extrañas señales en el bosque. La pesadilla que se desencadena a partir de ahí bebe de clásicos como 'Las colinas tienen ojos' o 'El proyecto de la bruja de Blair'.

En la serie, Koldo Serra retoma la ambientación de una de sus primeras películas, la tremenda 'Bosque de sombras', pero con un enfoque mucho más lúdico y desmitificador. También saca a relucir el estupendo buen pulso para el suspense y la acción que ha demostrado en series como 'La casa de papel', en la que ha dirigido algunos de los episodios más potentes. El resultado es una espléndida muestra de tensión con ramalazos góticos y fantásticos y con una ambientación intraducible a otros países, casi de folk horror a la española.

Y eso sin dejar de lado un sentido del humor macabro y especial: el hecho de que todas las imágenes de la serie estén realizadas con móviles da pie a unos momentos de violencia extrema... aderezados con filtros de redes sociales. Una guinda negrísima para un divertimento impecable y que nos recuerda que los bosques españoles también tienen sus propia ración de monstruos locales.

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Una mezcla única de romanticismo oscuro y angustia psicológica en una obra maestra de Cronenberg que llega a Prime Video

Una mezcla única de romanticismo oscuro y angustia psicológica en una obra maestra de Cronenberg que llega a Prime Video

En 1989, David Cronenberg tenía bien poco que demostrar: acababa de rodar 'La mosca', quizás su película más equilibrada entre el cine de género para un público más generalista y la explosiva demencia de un autor desatado, y obsesionado con temas tan poco comerciales como la vejez y la enfermedad. Desde ese punto, su cine daría un viraje hacia una exploración de personajes más centrada en lo psicológico. La Nueva Carne sería desde ahora la Carne Interior.

Y pocas películas mejor para ejemplificarlo que 'Inseparables', para muchos la mejor película del director canadiense. Después de los excesos visuales de películas como 'Videodrome' o 'La mosca', 'Inseparables' (que puedes ver en Prime Video y Filmin) se asoma a una fantasía perturbadora y no menos incómoda, pero no tan centrada en la corrupción corporal.

Aquí, un Jeremy Irons increíble se desdobla gracias a unos efectos especiales rudimentarios pero efectivos y asombrosos para la época, y da vida a dos gemelos que se dedican a la ginecología. La vida de los hermanos Mantle da un giro total cuando conocen a una paciente muy especial, e inician una relación con ella sin decirle que son dos personas, iguales físicamente, pero muy distantes en lo psicológico.

Como siempre, y aunque aquí el gore surreal brille por su ausencia, Cronenberg sigue obsesionado con los límites de lo físico, y la profesión de los gemelos es perfecta para lanzarnos de cabeza a un mundo obsesivo y secreto. La doble interpretación de Jeremy Irons redondea un thriller psicológico en el que todos los personajes se dejan llevar por pasiones controladoras y sin salida.

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La visión de ‘Resident Evil’ de Netflix se distancia de todas las anteriores y revaloriza la apuesta de las películas

La visión de 'Resident Evil' de Netflix se distancia de todas las anteriores y revaloriza la apuesta de las películas

Aunque a la 'Resident Evil' de Netflix se le pueden poner unas cuantas pegas, algo hay que reconocerle: consigue normalizar hasta extremos nunca vistos una franquicia que siempre ha tenido fama de indómita. O dicho de otro modo: hasta ahora, creíamos que era imposible acercarse a la historia y sus personajes sin meterse en una espiral de extravagancia. De las propias secuelas de Capcom (que ya andan experimentando con el folk horror pantanoso y las mitologías vampíricas centroeuropeas) a las inclasificables películas de Paul W.S. Anderson.

Pero Netflix lo ha conseguido. Le ha pasado el rodillo normalizador a la franquicia y ahora tenemos una serie que se centra en el mínimo común denominador de la saga: Umbrella como una malvada corporación que experimenta con personas y que condena a la Humanidad a una plaga zombi que literalmente deja al planeta al borde del apocalipsis.

De hecho, la serie aprovecha su abundancia de horas de metraje para saltar continuamente entre dos épocas: el momento en el que el T-Virus sale de las instalaciones de Umbrella en 2022 y un mundo ya destruido en 2036 por los zombis, y donde se enfrentan las fuerzas paramilitares de la compañía y un puñado de supervivientes que intentan reorganizar la sociedad. Algo que la franquicia no había probado hasta ahora, centrada habitualmente en protagonistas únicos o muy cercanos en el tiempo.

No es la mejor idea del mundo, porque 'Resident Evil' no es precisamente un prodigio de originalidad, y su grandeza viene más de los enfoques y los detalles que de unas líneas maestras que suelen beber sin complejos de los tropos del horror y la ciencia ficción de serie B. Y lleva a que esta visión de a manos de Netflix no destaque especialmente: es pulcra, es divertida, rebosa acción, suspense y cliffhangers, pero no tiene el memorable toque imprevisible de las películas.

Las películas de 'Resident Evil', la Piedra Rosetta de la demencia

Hace unas semanas nos entretuvimos ordenando de peor a mejor las películas de Resident Evil, y el criterio estaba muy claro: cuanto más se olvidaran de convencionalismos como el argumento, la coherencia y la verosimilitud, mejor. Por eso pusimos en lo más alto la quinta entrega, 'Venganza', el reciente y comercialmente fallido reboot de la saga y la también estupenda 'Utratumba'. Y se fueron a la cola propuestas como 'Extinción', un simpático remedo de 'Mad Max' que intentaba normalizar la saga.

Porque si para algo sirve esta nueva visión de Netflix es para que nos demos cuenta de que 'Resident Evil' no necesita familias desestructuradas o la enésima historia acerca de cómo la transformación de alguien en monstruo encierra posibilidades para contar una tragedia intimista. Lo que pide 'Resident Evil' son visionarios como Paul W.S. Anderson, que no respetan nada (empezando por Capcom) y que aportan su propia receta de salsa picante para llevar a la franquicia hasta terrenos desconocidos.

Siendo justos, algo de eso hay en el tramo final de esta serie, un par de episodios argumentalmente inesperados y que se adentran en el terreno de la comedia macabra. En ellos, Lance Reddick, al que hemos visto muy contenido en los primeros episodios, se desmelena y nos brinda el mejor guiño a la franquicia original, en un momento meta muy curioso. Como en los mejores momentos de las adaptaciones de la saga, es imposible saber si Netflix ha llegado a ese tono de forma voluntaria o la locura se ha adueñado del tono cuando nadie estaba prestando atención.

Por desgracia, para llegar ahí tenemos que atravesar unos cuantos episodios rebosantes de convenciones narrativas e ideas de segunda mano. 'Resident Evil' no es una mala serie, desde luego no para los estándares de Netflix, pero habría necesitado algo más de mambo. Por suerte, para esos menesteres seguimos teniendo las excelentes películas y las siempre impredecibles derivas hacia la locura de una saga de videojuegos inagotable.

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Una importante tradición de Marvel caminaba hacia la extinción y el olvido. Hasta que llegó ‘Ms. Marvel’

Una importante tradición de Marvel caminaba hacia la extinción y el olvido. Hasta que llegó 'Ms. Marvel'

'Ms Marvel' ha concluido, y deja cierta sensación agridulce entre los espectadores. Es muy posible que más de uno, aburrido con los constantes peajes al Universo Marvel y con los códigos repetitivos de todas las producciones de la compañía (y que empañaban el resultado incluso de series que partían de presupuestos diferenciadores, como 'Caballero Luna'), pensara que esta serie sí que venía a cambiar el inmovilismo de las series y películas de Marvel. Finalmente no ha sido así, y ha quedado relegada a un discreto segundo plano.

Pero además, 'Ms. Marvel' se ha saltado unas cuantas reglas no escritas de las convenciones superheroicas, y que la distancian de la mayoría de producciones del género. Apenas hay acción, se pasa de puntillas por la historia de orígenes (de hecho, se obvia en gran medida) y el traje no sale hasta el último episodio. A veces esas variantes funcionan mejor y a veces peor: posiblemente, donde más perjudicada queda 'Ms. Marvel' a la hora de distanciarse de la norma es en la poca importancia que se da a los poderes de la superheroina.

Aún no queda muy claro por qué la serie ha renunciado a mostrar los poderes de la heroína tal y como salían en los (definitivamente muy superiores) cómics del personaje, donde Kamala Khan tenía la capacidad de estirar su cuerpo a voluntad y hasta niveles grotescos, en una divertida metáfora de los estirones adolescentes que retrotrae a a los tiempos de los mutantes clásicos. Los dos motivos que se barajan son igualmente verosímiles: por una parte, para no parecerse demasiado a los poderes de Reed Richards, a quien sin duda Marvel está buscando cómo dar hueco en el MCU.

Por otra parte, una plasmación realista de esos poderes daría como fruto algo más cercano al body horror fuera de control que a una historia de superhéroes. Ambas opciones (esta última es la explicación oficial) tienen sentido, pero sustituir esa apasionante mutación cárnica que, es cierto, es inquietante por unos insulsos haces de energía cristalizados hacen que la parte superheroica del asunto sea la menos interesante de la serie. Lo que tampoco es necesariamente malo, porque claramente, a 'Ms. Marvel' le interesa contar otra cosa.

El síndrome del marginado

Podemos pasar horas discutiendo acerca de las diferencias entre Marvel y DC, pero la primordial es una y básica, con todas las variantes y contaminaciones mutuas que se quieran: DC habla de dioses superpoderosos que experimentan pasiones humanas, y Marvel de humanos corrientes que experimentan superpoderes. El icono básico de esa fórmula es, ante todo, el Spider-Man clásico, con sus cuitas amorosas y sus problemas laborales. Y, en segundo término, los X-Men y sus metáforas sobre la marginación y la diferencia con rayos de energía de por medio.

'Ms. Marvel' recoge un poco de ambos (de nuevo, de forma mucho más evidente en el cómic original, pero algo queda en los guiones de Bisha K. Ali y su equipo) y se centra en retratar la vida cotidiana de Kamala Khan. A 'Ms. Marvel' le interesa que nuestra heroína salve al mundo, sí, pero también sus problemas cotidianos, cómo cambia su relación con sus amigos y su familia cuando ella se transforma en heroína, cómo gestiona el saberse diferente a un nivel personal. Es el tema eterno de Marvel.

Y por muy eterno que sea, a veces el MCU se olvida de ello: entre hechiceros multidimensionales, supersoldados, milmillonarios, dioses alienígenas y agentes soviéticas, se nos pasa que el éxito de Marvel viene, desde siempre ha sido así, de retratar a personas normales equivocándose muchísimo cuando intentan gestionar capacidades extraordinarias. Puede que 'Ms. Marvel' no sea redonda: tiene altibajos brutales de ritmo, secuencias de acción muy mal desarrolladas (claramante es lo que menos le interesa ) y temas que se ponen sobre la mesa y se olvidan de inmediato. Pero el enfoque es el correcto y el corazón de la serie está en su sitio.

'Ms. Marvel' es una de las series más fallidas, quizás, de las que ha estrenado Disney+ basada en héroes Marvel. Pero a la vez es mucho más valiosa que 'Ojo de Halcón' o 'Caballero Luna'. Su enfoque genuinamente adolescente, sin imposturas, su honesto intento de retratar una cultura ajena a la blanca anglosajona de siempre, su retrato de una heroína adolescente con innumerables fallas... puede que las piezas no encajen del todo, pero a la vez, es el enfoque más cien por cien Marvel que ha salido de Disney en mucho tiempo.

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Una importante tradición de Marvel caminaba hacia la extinción y el olvido. Hasta que llegó 'Ms. Marvel'

'Ms Marvel' ha concluido, y deja cierta sensación agridulce entre los espectadores. Es muy posible que más de uno, aburrido con los constantes peajes al Universo Marvel y con los códigos repetitivos de todas las producciones de la compañía (y que empañaban el resultado incluso de series que partían de presupuestos diferenciadores, como 'Caballero Luna'), pensara que esta serie sí que venía a cambiar el inmovilismo de las series y películas de Marvel. Finalmente no ha sido así, y ha quedado relegada a un discreto segundo plano.

Pero además, 'Ms. Marvel' se ha saltado unas cuantas reglas no escritas de las convenciones superheroicas, y que la distancian de la mayoría de producciones del género. Apenas hay acción, se pasa de puntillas por la historia de orígenes (de hecho, se obvia en gran medida) y el traje no sale hasta el último episodio. A veces esas variantes funcionan mejor y a veces peor: posiblemente, donde más perjudicada queda 'Ms. Marvel' a la hora de distanciarse de la norma es en la poca importancia que se da a los poderes de la superheroina.

Aún no queda muy claro por qué la serie ha renunciado a mostrar los poderes de la heroína tal y como salían en los (definitivamente muy superiores) cómics del personaje, donde Kamala Khan tenía la capacidad de estirar su cuerpo a voluntad y hasta niveles grotescos, en una divertida metáfora de los estirones adolescentes que retrotrae a a los tiempos de los mutantes clásicos. Los dos motivos que se barajan son igualmente verosímiles: por una parte, para no parecerse demasiado a los poderes de Reed Richards, a quien sin duda Marvel está buscando cómo dar hueco en el MCU.

Por otra parte, una plasmación realista de esos poderes daría como fruto algo más cercano al body horror fuera de control que a una historia de superhéroes. Ambas opciones (esta última es la explicación oficial) tienen sentido, pero sustituir esa apasionante mutación cárnica que, es cierto, es inquietante por unos insulsos haces de energía cristalizados hacen que la parte superheroica del asunto sea la menos interesante de la serie. Lo que tampoco es necesariamente malo, porque claramente, a 'Ms. Marvel' le interesa contar otra cosa.

El síndrome del marginado

Podemos pasar horas discutiendo acerca de las diferencias entre Marvel y DC, pero la primordial es una y básica, con todas las variantes y contaminaciones mutuas que se quieran: DC habla de dioses superpoderosos que experimentan pasiones humanas, y Marvel de humanos corrientes que experimentan superpoderes. El icono básico de esa fórmula es, ante todo, el Spider-Man clásico, con sus cuitas amorosas y sus problemas laborales. Y, en segundo término, los X-Men y sus metáforas sobre la marginación y la diferencia con rayos de energía de por medio.

'Ms. Marvel' recoge un poco de ambos (de nuevo, de forma mucho más evidente en el cómic original, pero algo queda en los guiones de Bisha K. Ali y su equipo) y se centra en retratar la vida cotidiana de Kamala Khan. A 'Ms. Marvel' le interesa que nuestra heroína salve al mundo, sí, pero también sus problemas cotidianos, cómo cambia su relación con sus amigos y su familia cuando ella se transforma en heroína, cómo gestiona el saberse diferente a un nivel personal. Es el tema eterno de Marvel.

Y por muy eterno que sea, a veces el MCU se olvida de ello: entre hechiceros multidimensionales, supersoldados, milmillonarios, dioses alienígenas y agentes soviéticas, se nos pasa que el éxito de Marvel viene, desde siempre ha sido así, de retratar a personas normales equivocándose muchísimo cuando intentan gestionar capacidades extraordinarias. Puede que 'Ms. Marvel' no sea redonda: tiene altibajos brutales de ritmo, secuencias de acción muy mal desarrolladas (claramante es lo que menos le interesa ) y temas que se ponen sobre la mesa y se olvidan de inmediato. Pero el enfoque es el correcto y el corazón de la serie está en su sitio.

'Ms. Marvel' es una de las series más fallidas, quizás, de las que ha estrenado Disney+ basada en héroes Marvel. Pero a la vez es mucho más valiosa que 'Ojo de Halcón' o 'Caballero Luna'. Su enfoque genuinamente adolescente, sin imposturas, su honesto intento de retratar una cultura ajena a la blanca anglosajona de siempre, su retrato de una heroína adolescente con innumerables fallas... puede que las piezas no encajen del todo, pero a la vez, es el enfoque más cien por cien Marvel que ha salido de Disney en mucho tiempo.

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