Domotizar con sensores parecía buena idea. Tras varios días de pruebas, Ana ha descubierto lo que casi nadie cuenta

¿Qué puede salir mal cuando intentas domotizar la cocina y el baño… aunque sea poco a poco? Pues bastantes cosas, como descubrirás en esta nueva entrega de ‘Domotizar o morir en el intento’. Ana se ha propuesto seguir adelante con su casa conectada, pero lo que parecía una instalación más o menos sencilla de sensores acaba convirtiéndose en una sucesión de pruebas fallidas, errores de red, cinta de doble cara y frustraciones varias. En este episodio, el objetivo está claro: proteger la casa de fugas de agua y automatizar la iluminación del baño, pero el proceso no va a ser precisamente fluido. Ni corto. Ni sencillo.

Antes de entrar en harina, hubo que superar el primer obstáculo logístico: el envío. Uno de los paquetes con los sensores esenciales se había extraviado, lo que mantuvo en pausa todo el proceso. “Parecía que el vídeo de hoy no iba a llegar, pero por fin apareció el paquete”, dice Ana, resignada pero aliviada. Con todo ya en casa, arranca la instalación: sensores de agua en puntos clave como el fregadero o el lavavajillas, y un primer intento de dejar listo el sistema de detección de presencia en el baño. Lo que sigue, por supuesto, no es una instalación de manual.

Cinta, pruebas y paciencia: la domótica va cogiendo ritmo

Los primeros sensores en instalarse fueron los de fugas de agua, y la cocina fue el campo de pruebas. Ana localizó los tres puntos más críticos: fregadero, lavavajillas y lavadora. Se preparó para hacer ensayos en condiciones reales. El resultado fue un tira y afloja constante entre la teoría y la práctica. “Ha tardado un poquito más de lo que yo esperaba”, comenta tras ver cómo el sensor no reacciona al instante al contacto con el agua. A partir de ahí, empiezan los ajustes caseros. Colocar el dispositivo lo más centrado posible, confiar en que no se mueva con el paso del robot aspirador y esperar que, llegado el momento, realmente funcione.

Domotizar Xataka Ana 1

Todo apuntaba a que el Valve Controller sería el broche perfecto: un sistema que, al detectar una fuga, cerraría automáticamente la llave de paso. Tenía sentido, estaba bien pensado y parecía encajar en la lógica del resto de sensores. Pero al intentar instalarlo, la cosa se torció. Ana descubre que, pese a tener las tuberías a la vista, no hay espacio suficiente para colocar el dispositivo. “Mi gozo en un pozo”, resume, con mezcla de rabia y resignación. El concepto era ideal, la ejecución imposible. Tocará devolverlo.

Después del revés con el controlador de válvula, Ana se centra en el otro gran objetivo del episodio: instalar una tira LED detrás del espejo del baño y acompañarla con un sensor de presencia que active la luz de forma automática por la noche. Suena sencillo, pero solo en teoría. Hay que buscar el lugar exacto, asegurarse de que no se active con los gatos, encontrar enchufes libres, y lidiar con una app que no quiere colaborar. “Vale, genial. Es un poco lento, pero funciona”, comenta cuando, por fin, consigue que todo reaccione… aunque no del todo como esperaba. A partir de ahí, toca hacer pruebas, mover el sensor, ajustar configuraciones y pelear con la domótica. ¿Logrará dejarlo listo? Eso ya es otra historia.

Domotizar Xataka Ana 2

Después de tanto esfuerzo, Ana consigue poner en marcha su rutina de iluminación nocturna en el baño. El sensor detecta el movimiento y enciende la tira LED… aunque no siempre con la rapidez o precisión deseadas. A veces tarda, a veces se activa sin motivo. “Funciona, os diría que entre un 85 y un 90 % bien”, reconoce. No es perfecto, pero sí suficientemente funcional como para mantenerlo instalado. ¿Terminará puliendo los fallos? ¿Será suficiente cuando vuelvan del viaje? En el vídeo vemos cómo ha ido evolucionando todo.

Con parte del sistema ya en marcha, Ana empieza a pensar en lo que viene: un viaje, las plantas, los gatos… y la terraza, que se queda como tarea pendiente para el siguiente capítulo. En el próximo episodio veremos cómo prepara la casa para estar fuera todo un mes, con sistema de riego automático. De momento, hay algo que sigue sin resolverse: el dichoso controlador de la llave de agua. “Le agradezco infinito que me deje un comentario a ver si lo puedo solucionar”, dice, dejando abierta la puerta a que alguien tenga la respuesta que ella no ha encontrado. Y sí, si quieres ver cómo acaba todo esto, el vídeo completo te espera en el canal de YouTube de Xataka.

Imágenes | Xataka

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SpaceX acaba de publicar imágenes inéditas de la Starship “rostizada”. Una perspectiva única de su amerizaje tras la reentrada más dura

SpaceX acaba de publicar imágenes inéditas de la Starship “rostizada”. Una perspectiva única de su amerizaje tras la reentrada más dura

SpaceX compartió nuevas imágenes de la Starship en su décimo vuelo de prueba, donde consiguió completar la reentrada y un amerizaje controlado en el océano pese a daños visibles en el vehículo.

El material difundido por SpaceX muestra a la nave en un momento clave: el instante de su amerizaje en el océano Índico, teñida de un tono anaranjado tras sobrevivir a una reentrada especialmente exigente.

Una prueba clave. El décimo vuelo de prueba partió el 26 de agosto desde Starbase, en Texas, ya en la madrugada del 27 en España, con un despegue impecable gracias a los 33 motores del Super Heavy. La separación de etapas también fue exitosa y el propulsor logró amerizar en el océano, cumpliendo su papel antes de que la Starship continuara sola su viaje hacia el espacio.

Los hitos en el espacio. Una vez separada del propulsor, la Starship llevó a cabo una combustión completa que la situó en su trayectoria suborbital y permitió validar varias pruebas clave. Entre ellas destacó el despliegue de ocho simuladores de satélites Starlink y el segundo reencendido en la historia de un motor Raptor en el espacio, dos hitos que SpaceX considera esenciales para el desarrollo de futuras misiones.

Captura De Pantalla 28 08 2025 A 22 47 41 P M

Pulsa para ver la publicación original en X

El desafío de la reentrada. La reentrada era el punto más crítico de la misión. SpaceX ya había encadenado varios intentos fallidos. Esto, en cierto modo, había puesto en duda la capacidad del vehículo para sobrevivir a esta fase. Esta vez, la nave se enfrentó a condiciones extremas con parte de su escudo térmico incompleto y los flaps sometidos a un esfuerzo deliberado. Aun con daños visibles en el faldón trasero, la Starship consiguió mantener el control y avanzar hacia su destino.

Starship 2

El mensaje de SpaceX. Hace instantes, SpaceX publicó un mensaje en el que resumía el alcance de lo conseguido: “Starship superó la reentrada con losetas faltantes de forma intencionada, completó maniobras para forzar sus flaps, sufrió daños visibles en el faldón trasero y los flaps, y aun así ejecutó un giro y un encendido de aterrizaje”. Pese a esas condiciones, la nave logró conservar la maniobrabilidad suficiente para dirigirse con precisión hacia su zona de amerizaje en el Índico.

Starship Portada

La imagen difundida junto al comunicado refuerza esa idea. La Starship, imponente en la plataforma de lanzamiento con todas sus losetas térmicas intactas, aparece ahora con un aspecto muy distinto: ennegrecida, con un tono cobrizo que la hace parecer casi “rostizada” tras el paso por la atmósfera. SpaceX no ha explicado el motivo exacto de este cambio, aunque en Internet no han tardado en aparecer teorías.

Un cierre milimétrico. La misión culminó con la Starship amerizando suavemente en el océano Índico, a aproximadamente tres metros de la zona prevista. Para SpaceX, el valor del vuelo no está en que la nave pueda reutilizarse, sino en lo aprendido durante la prueba. Cada dato recopilado en condiciones extremas acerca a la compañía a su meta de desarrollar el primer lanzador de gran tamaño totalmente reutilizable.

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Apple mantiene un férreo control incluso sobre las tiendas de terceros. La prueba es la eliminación de iTorrent en AltStore PAL

Apple mantiene un férreo control incluso sobre las tiendas de terceros. La prueba es la eliminación de iTorrent en AltStore PAL

Los usuarios de iPhone y iPad en la Unión Europea pueden hacer algo inédito en el resto del mundo: instalar tiendas de aplicaciones alternativas y descargar apps directamente desde la web del desarrollador. Esta apertura no nació de un cambio de filosofía en Apple, sino de la obligación de cumplir con la Ley de Mercados Digitales. La compañía siempre ha defendido su ecosistema cerrado y ha alertado de que abrir la puerta a aplicaciones externas compromete la seguridad de los usuarios. Sin embargo, conviene no confundirse: incluso en este nuevo escenario, Apple mantiene un férreo control sobre todo lo que se instala en sus dispositivos. La reciente desaparición de iTorrent en AltStore PAL es la prueba más clara.

iTorrent es un cliente BitTorrent para iOS que había encontrado en AltStore PAL un canal de distribución fuera de la App Store. Todo cambió cuando su desarrollador comunicó en GitHub que Apple le había retirado la capacidad de distribuir la aplicación mediante esa vía. De un día para otro, iTorrent dejó de estar disponible para nuevas instalaciones y los usuarios comenzaron a señalar que ya no podían descargarlo. Lo que ocurrió no fue un simple fallo técnico: Apple había revocado la autorización que permite a los desarrolladores llevar sus apps a las tiendas alternativas, un recordatorio de que la compañía sigue teniendo la última palabra incluso cuando no se trata de su propia tienda.

Así es como Apple decide qué aplicaciones siguen vivas en iOS

Ese mismo sistema de notarización, que se presenta como una revisión de seguridad, es también la herramienta con la que Apple conserva el control. Si una aplicación deja de cumplir sus criterios o si la compañía la clasifica como software malicioso, puede impedir que se vuelva a instalar e incluso bloquear su ejecución en los dispositivos donde ya estaba. Lo mismo ocurre con las tiendas de terceros: dependen de permisos específicos que Apple otorga y puede revocar en cualquier momento, lo que supondría dejar sin catálogo a todos sus usuarios. En la práctica, aunque la instalación se haga desde un marketplace alternativo o desde la web, cada paso sigue sujeto a la validación final de Apple, como señala en su web.

La notarización para apps de iOS y iPadOS es una revisión básica que se aplica a todas las apps, independientemente de su canal de distribución, y se centra en las políticas de seguridad y privacidad de la plataforma, así como en mantener la integridad del dispositivo.

Como señalamos arriba, primero habló el desarrollador. Relató que Apple había retirado de su cuenta la capacidad de distribución alternativa, lo que dejó a iTorrent fuera de AltStore PAL. Dijo haber recurrido al soporte oficial sin obtener respuestas claras. Después llegó la postura oficial de Apple. En declaraciones enviadas a 9to5Mac, la compañía señaló: “La certificación de esta aplicación se eliminó para cumplir con las normas sobre sanciones gubernamentales en diversas jurisdicciones. Hemos informado al desarrollador”.

Altstore Pal2

Lo sucedido con iTorrent no es un hecho aislado. Algunos proyectos que aspiraron a llegar a tiendas alternativas se encontraron antes con el rechazo de la notarización. Por ejemplo, Mini vMac fue rechazado y nunca llegó a AltStore PAL. Lo que queda claro es que la compañía conserva la capacidad de retirar apps de la circulación más allá de su propia tienda. Para algunos usuarios, la práctica refleja un exceso de control; para otros, es la manera de mantener a salvo sus dispositivos. En cualquier caso, la apertura europea no elimina en ningún caso el papel central de Apple en el proceso.

La primera pregunta que muchos se hacen es evidente: ¿puede Apple retirar una aplicación incluso cuando se instala desde una tienda alternativa? La respuesta es sí. Todas las apps en iOS dependen de la notarización y de los permisos que gestiona la propia compañía, de modo que si revoca esa autorización, la aplicación deja de instalarse automáticamente. Surge también la duda de qué ocurre con quienes ya la tenían descargada. En principio pueden seguir utilizándola, salvo que Apple la catalogue como dañina, en cuyo caso el sistema directamente no la dejará abrir.

Imágenes | AltStore PAL

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Los navegadores se preparan para la transformación más radical de su historia. Una en la que el control lo tendrá la IA

Los navegadores se preparan para la transformación más radical de su historia. Una en la que el control lo tendrá la IA

¿Recuerdas cuál fue el primer navegador web que utilizaste? Sea cual sea tu respuesta, lo cierto es que, en lo esencial, la forma de usarlos no ha cambiado demasiado desde los tiempos de Netscape Navigator.

Sí, con los años, los navegadores han vivido transformaciones profundas. Al principio soportaban páginas planas, casi como un periódico digital, y hoy cargan en sus espaldas webs llenas de fotos y vídeos. Fueron ellos los que nos trajeron las pestañas, que cambiaron para siempre la forma de organizar lo que teníamos abierto.

También se consolidó la seguridad con el candado del HTTPS, el diseño responsivo que permitió llevar la web al móvil sin perder usabilidad y más. Todo ello fue marcando etapas importantes, pero lo cierto es que, en lo esencial, nunca dejamos de entrar, escribir, hacer clic y manejar las páginas nosotros mismos.

Avances hubo muchos, pero la interacción siguió siendo la misma

Esa dinámica, sin embargo, podría estar a punto de transformarse. Y hay razones de peso para pensar que así será. La industria tecnológica ha puesto el foco en la automatización, en un escenario donde los agentes de IA asumen buena parte del trabajo pesado.

Estos sistemas apuntan a ser capaces de:

  • Planificar y dividir tareas complejas en pasos lógicos.
  • Escoger las mejores herramientas para cumplir con lo que se les pide.
  • Disponer de memoria y contexto para conocer al usuario y ofrecerle soluciones más ajustadas.

Imagina agentes capaces de gestionar tareas de principio a fin. Desde organizar un viaje con reservas de hoteles y vuelos al mejor precio, hasta encargarse de la compra semanal, crear hojas de cálculo o manejar software especializado.

Bastaría con darles instrucciones (y los permisos adecuados) para que actúen en nuestro nombre y nos consulten únicamente cuando sea necesario: confirmar una compra, elegir una opción o resolver un problema en el proceso.

La interacción con ellos sería directa: texto en una ventana de chat o, mejor aún, la voz. Nada de volver a pelearse con menús, formularios o interfaces tradicionales de páginas y programas web.

Lo cierto es que ya estamos viendo pasos en esa dirección. Perplexity cuenta con Comet, un navegador de IA que ejecuta tareas en nombre del usuario. OpenAI presentó Operator, integrado después en el modo agente de ChatGPT con un navegador propio.

Agente Claude

La extensión de Claude para Chrome en acción

Anthropic, por su parte, ha entrado en la carrera con una extensión de Claude capaz de controlar Chrome, mientras que Google desarrolla Project Astra, un sistema agéntico que va más allá del navegador y puede operar directamente en dispositivos Android.

Por ahora, la mayoría de estas propuestas están en fase experimental y con despliegue limitado. Pero no sería extraño que, con la rapidez a la que avanza el sector, pronto se conviertan en una nueva forma de interactuar con la web.

Comet

Comet, el navegador agéntico de Perplexity

Basta recordar cómo trabajábamos antes del 30 de noviembre de 2022, cuando ChatGPT aún no existía. Apenas dos años y ocho meses después, la tecnología ha cambiado radicalmente el panorama.

Eso sí, no todo son promesas. Uno de los mayores retos de los agentes de navegador es la seguridad. Y aquí las aristas son muchas.

Nadie quiere un agente que, por malinterpretar instrucciones, reserve un vuelo equivocado o compre algo innecesario. Tampoco queremos que se conviertan en víctimas de ciberdelincuentes, que ya están explorando formas de manipularlos igual que antes intentaban engañarnos a nosotros con phishing o estafas.

Las instrucciones maliciosas son un ejemplo claro: si a un humano se le puede engañar, también se puede intentar hacer que un agente ejecute acciones en nuestra contra, como revelar contraseñas o extraer información sensible.

La pregunta es inevitable: ¿estamos entrando en la era de los agentes de inteligencia artificial en el navegador? ¿Los usarías?

Imágenes | Xataka con Gemini 2.5

En Xataka | Si no sabes por qué tu Instagram se ha llenado de orcas y tiburones, la respuesta es simple: un vídeo falso hecho con IA

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Sí, con los años, los navegadores han vivido transformaciones profundas. Al principio soportaban páginas planas, casi como un periódico digital, y hoy cargan en sus espaldas webs llenas de fotos y vídeos. Fueron ellos los que nos trajeron las pestañas, que cambiaron para siempre la forma de organizar lo que teníamos abierto.

También se consolidó la seguridad con el candado del HTTPS, el diseño responsivo que permitió llevar la web al móvil sin perder usabilidad y más. Todo ello fue marcando etapas importantes, pero lo cierto es que, en lo esencial, nunca dejamos de entrar, escribir, hacer clic y manejar las páginas nosotros mismos.

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Esa dinámica, sin embargo, podría estar a punto de transformarse. Y hay razones de peso para pensar que así será. La industria tecnológica ha puesto el foco en la automatización, en un escenario donde los agentes de IA asumen buena parte del trabajo pesado.

Estos sistemas apuntan a ser capaces de:

  • Planificar y dividir tareas complejas en pasos lógicos.
  • Escoger las mejores herramientas para cumplir con lo que se les pide.
  • Disponer de memoria y contexto para conocer al usuario y ofrecerle soluciones más ajustadas.

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Bastaría con darles instrucciones (y los permisos adecuados) para que actúen en nuestro nombre y nos consulten únicamente cuando sea necesario: confirmar una compra, elegir una opción o resolver un problema en el proceso.

La interacción con ellos sería directa: texto en una ventana de chat o, mejor aún, la voz. Nada de volver a pelearse con menús, formularios o interfaces tradicionales de páginas y programas web.

Lo cierto es que ya estamos viendo pasos en esa dirección. Perplexity cuenta con Comet, un navegador de IA que ejecuta tareas en nombre del usuario. OpenAI presentó Operator, integrado después en el modo agente de ChatGPT con un navegador propio.

Agente Claude

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Anthropic, por su parte, ha entrado en la carrera con una extensión de Claude capaz de controlar Chrome, mientras que Google desarrolla Project Astra, un sistema agéntico que va más allá del navegador y puede operar directamente en dispositivos Android.

Por ahora, la mayoría de estas propuestas están en fase experimental y con despliegue limitado. Pero no sería extraño que, con la rapidez a la que avanza el sector, pronto se conviertan en una nueva forma de interactuar con la web.

Comet

Comet, el navegador agéntico de Perplexity

Basta recordar cómo trabajábamos antes del 30 de noviembre de 2022, cuando ChatGPT aún no existía. Apenas dos años y ocho meses después, la tecnología ha cambiado radicalmente el panorama.

Eso sí, no todo son promesas. Uno de los mayores retos de los agentes de navegador es la seguridad. Y aquí las aristas son muchas.

Nadie quiere un agente que, por malinterpretar instrucciones, reserve un vuelo equivocado o compre algo innecesario. Tampoco queremos que se conviertan en víctimas de ciberdelincuentes, que ya están explorando formas de manipularlos igual que antes intentaban engañarnos a nosotros con phishing o estafas.

Las instrucciones maliciosas son un ejemplo claro: si a un humano se le puede engañar, también se puede intentar hacer que un agente ejecute acciones en nuestra contra, como revelar contraseñas o extraer información sensible.

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Para mí escuchar música siempre fue algo privado. Las funciones sociales de Spotify invadieron ese refugio pero ya tomé acción

Para mí escuchar música siempre fue algo privado. Las funciones sociales de Spotify invadieron ese refugio pero ya tomé acción

El anuncio de que los usuarios de Spotify podremos enviarnos mensajes directos fue para mí un recordatorio inmediato: había llegado el momento de revisar a fondo la privacidad en la aplicación. Siempre he tenido claro que lo que escucho y cuándo lo escucho pertenece exclusivamente a mi esfera personal.

Con esa idea en mente, decidí tomar cartas en el asunto. Abrí la app y fui a Configuración y privacidad > Privacidad y social. Allí está el panel que marca qué se comparte y qué no, así que me tomé el tiempo de recorrerlo con calma.

Sesión privada. Es el modo incógnito de Spotify: mientras está activa, lo que escuches no se registra, no se usa para recomendaciones y no contará para tu Wrapped anual. Caduca automáticamente a las seis horas. Yo no la activé porque decidí ajustar el resto de opciones de forma permanente.

Actividad de reproducción. Spotify puede transmitir tu actividad de reproducción a tus seguidores (lo que alimenta el feed de amigos en el escritorio). Si estás escuchando cierta canción, tus seguidores que estén en la app de escritorio podrán verlo casi en tiempo real. Lo desactivé. No necesito que mi escucha del minuto a minuto quede expuesta.

Spotify Privacidad Imagen 1

Artistas escuchados recientemente. Como mencionaba, tu perfil puede mostrar una sección de “artistas escuchados recientemente”. Si no quieres que otros vean cuáles fueron tus últimos artistas o géneros, puedes desactivar esa opción. Prefiero que esa información no aparezca, así que opté por desactivarla.

Listas públicas vs. listas privadas. Algo que en su momento me hizo un poco de ruido es que Cuando creas una nueva lista de reproducción en Spotify, por defecto será pública. Esto significa que cualquier usuario podría acceder a ella si encuentra el enlace, y aparecerá listada en tu perfil (si los ajustes de privacidad así lo permiten).

Hacer Privada Lista 1

Si una playlist contiene canciones que prefieres que no sean visibles, puedes marcarla como “Hacer privada”, lo que la oculta totalmente: nadie más podrá acceder, ni siquiera con el enlace directo. Las playlists privadas solo las ves tú. Aun así, hay un matiz útil: en la versión de escritorio puedes elegir manualmente qué playlists concretas quieres mostrar en tu perfil. Es una forma de mantener el control fino: todo privado por defecto, y solo destaco lo que decido.

Visibilidad del perfil. Desactivé Seguidores y siguiendo para que nadie pueda ver a quién sigo ni quién me sigue. Menos ruido, menos exposición.

Mensajes en Spotify. Conviene decir que todavía no están activos en Europa y que Spotify ha comenzado un despliegue progresivo en otras regiones. A nivel personal, no me atrae demasiado la idea: como contaba al inicio, mi relación con la aplicación es la de un refugio musical, no la de una red social. Según ha adelantado la compañía, la función tendrá controles de privacidad propios y podrá desactivarse por completo, algo que seguramente haga en cuanto la reciba. En cualquier caso, también habrá medidas complementarias, como bloquear usuarios indeseados o rechazar las solicitudes de mensaje.

Como complemento, fuera de ese menú revisé dos apartados más: desactivé la publicidad personalizada y quité la opción de compartir datos con Facebook. Así limito el cruce de información con terceros y evito que mi cuenta se relacione con una red social que no necesito para escuchar música.

La experiencia final no cambia en lo esencial: sigo buscando, eligiendo y reproduciendo como siempre. Lo que sí cambia es mi sensación de control. Mis playlists no se publican solas, mi actividad no aparece en el feed de otros, mi perfil no muestra artistas recientes ni relaciones de seguimiento. Y si un día necesito una capa extra, sé que Sesión privada está ahí esperando.

Imágenes | Xataka con Gemini 2.5 Flash | Captura de pantalla

En Xataka | Spotify ya no es un reproductor de música. Es un "Netflix del audio" que quiere devorar tu día entero

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Google está dando el paso más importante de su historia: su buscador clásico se difumina para dar paso a las búsquedas por IA

Google está dando el paso más importante de su historia: su buscador clásico se difumina para dar paso a las búsquedas por IA

La transformación está en marcha. Millones de personas en todo el mundo están viendo cómo aparece un nuevo botón en la página de inicio de Google, esa misma que ha marcado el pulso de internet durante décadas.

No es un añadido secundario ni una pestaña que pase desapercibida. Es el nuevo AI Mode.

Con este movimiento, la inteligencia artificial se convierte en protagonista de la experiencia de búsqueda, desplazando la fórmula clásica que ha definido al buscador desde sus orígenes. Y con ello llegan cambios que no solo afectan a los usuarios: también desafían la industria de la información y el propio modelo de negocio de Google.

De los enlaces a las respuestas: un salto que cambia las reglas

AI Mode está disponible, de momento, únicamente en inglés, aunque su despliegue global ya ha comenzado. Para quienes pulsen el mencionado botón, el buscador dejará de funcionar como hasta ahora: las consultas ya no muestran los enlaces de toda la vida, sino en respuestas elaboradas directamente por la IA.

El terreno ya se había preparado con los Google AI Overviews, resúmenes generados que ocupan la parte más visible de la página de resultados. Si hace un par de años buscabas algo como “Cafeterías en París con buen wifi y rincones tranquilos para trabajar”, Google mostraba páginas bien posicionadas, recomendaciones en blogs o foros, y algún bloque de Google Maps.

Google Ai Overviews

Ejemplo de resultados con Google AI Overviews

Con los Overviews la dinámica cambió: antes de llegar a los enlaces, el usuario se encontraba con un resumen creado por la IA como el siguiente:

“Para disfrutar de una experiencia parisina moderna con buen wifi y lugares de trabajo tranquilos, considere X lugar. Por su ambiente moderno. X lugar también ofrece un ambiente acogedor”.

Así respondía la herramienta, enlazando a las fuentes que había utilizado para elaborar el resumen generativo.

Ese salto colocó la información procesada y resumida en primer plano, pero también abrió un debate: la IA puede equivocarse. Sus “alucinaciones” ya han dejado titulares incómodos, desde presidentes inexistentes hasta años mal citados.

Por otra parte, el impacto era inmediato: menos tráfico para los creadores de contenido, menos impresiones publicitarias. Y esto también alcanza a Google, que todavía controla gran parte de la publicidad que se inserta en sitios de terceros.

Con ese contexto, el lanzamiento de AI Mode es un paso más en esta dirección. Al pulsar el nuevo botón, el listado de resultados de toda la vida desaparece.

Si repetimos la búsqueda de las cafeterías parisinas, la respuesta ya no se limita a una recomendación contenida. Ahora se muestra un compendio más elaborado: espacios de coworking, cafés de especialidad, mapas interactivos, zonas tranquilas para trabajar e incluso consejos prácticos sobre cómo encontrar las mejores opciones.

Google Ai Mode 234

Ejemplo de resultados con Google AI Mode

En la versión de escritorio algunos enlaces siguen apareciendo en un módulo reducido a la derecha, pero el mensaje es inequívoco: Google quiere que resuelvas todo sin salir de su ecosistema.

La experiencia es conversacional. Puedes preguntar por un local concreto, pedir comparativas o añadir matices, y el sistema mantiene el hilo de la conversación, alimentándose de la web para darte la respuesta.

Google lo resume en su página oficial: “¿Intentas comprender un tema nuevo? ¿Buscas recomendaciones específicas? ¿Necesitas ayuda para decidirte entre dos productos? Solo pregúntanos”.

Todo esto funciona con Gemini 2.5 en su versión estándar, aunque los usuarios pueden acceder a las capacidades de razonamiento de Gemini 2.5 Pro. Ahí entra en juego Deep Research, todavía en fase experimental dentro de Labs, capaz de explorar cientos de páginas, analizarlas y generar un informe con citas en cuestión de minutos.

Con AI Mode y AI Overviews, Google da un giro radical: la búsqueda deja de ser un catálogo de enlaces para convertirse en un sistema de respuestas. Y esa transición no solo redefine cómo encontramos información, sino que abre un nuevo capítulo en el equilibrio entre la web abierta, los creadores de contenido y el gigante que, en gran medida, controla la puerta de entrada a internet.

Imágenes | Google | Capturas de pantalla

En Xataka | TikTok les robó las búsquedas, DeepSeek les ganó en IA: Baidu descubre que ser "la Google china" ya no basta

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Cómo es vivir una semana con un glucómetro Freestyle sin ser diabético: la experiencia deja respuestas difíciles de ignorar

El Freestyle Libre 2 está pensado para quienes necesitan controlar su glucosa a diario. Pero ¿y si lo prueba alguien que en términos médicos no lo necesita? En este nuevo 24/7 del canal de YouTube de Xataka lo hemos utilizado durante más de una semana para entender qué aporta vivir con ese nivel de control continuo… incluso cuando no hay un diagnóstico detrás.

Mario Arroyo lo ha usado durante más de siete días seguidos, en todo tipo de situaciones: desde una comida copiosa hasta un partido de pádel o una noche con bajones inesperados. “¡Ostras! Eh, no duele nada, no duele nada”. La reacción fue espontánea y marcó el tono de una prueba que no pretendía emitir juicios médicos, sino observar cómo se comporta un dispositivo de este tipo fuera del contexto habitual.

Freestyle Libre 2, vivir con un sensor de glucosa las 24 horas

Lo primero que impresiona del Freestyle Libre 2 es su aspecto. Al abrir el paquete y ver el aplicador, la reacción de nuestro compañero fue clara: “Dios, qué pedazo de aguja”. Pero esa sensación se esfumó al ponérselo. El proceso es rápido, sin dolor. Durante una semana completa, ha pasado desapercibido incluso al dormir, hacer ejercicio o ducharse. Lo que parecía invasivo, resultó ser cómodo.

Freestyle Libre 2

El deporte también dejó huella. Tras jugar dos horas al pádel, el nivel de glucosa se desplomó: de un valor normal a solo 57 mg/dL. Algo parecido ocurrió por la noche, donde se detectaron varias bajadas sin causa aparente. Tres hipótesis salieron a flote: la dieta blanda por estar enfermo, posibles lecturas imprecisas del sensor o, en última instancia, un aviso del cuerpo. En ese punto, la herramienta deja de ser solo una curiosidad. ¿Hasta qué punto podemos confiar en sus alertas?

Sincronizar el sensor con el móvil es tan simple como acercarlo unos segundos. La app se actualiza cada minuto, mostrando el valor actual y su evolución con flechas. Además, guarda el historial y permite consultar los máximos y mínimos diarios. Es una herramienta pensada para quien necesita vigilar su glucosa, pero su claridad hace que cualquier usuario pueda interpretarla. ¿Aporta algo esa información constante si no dependes de ella.

Freestyle Libre 2 2

Tras comer un plato “normalito” de unos 70 gramos de arroz con pavo, la glucosa alcanzó su pico más alto del día: 168 mg/dL. El dato, aunque dentro de lo esperable, llamó la atención por lo rápido que subió y lo mucho que varió frente al valor previo. Medir antes, justo después y al cabo de dos horas permitió visualizar cómo responde el cuerpo. Con el sensor, lo que antes era invisible ahora se traza en tiempo real.

El sensor tiene un margen de error de aproximadamente 9,2%, según la empresa que lo fabrica. Un dato razonable para un sistema que no requiere intervención médica. Pero el coste es otra historia. Hay opciones más económicas, y su precio puede ser una barrera real. La pregunta, entonces, no es solo si funciona, sino para quién funciona. ¿Es una herramienta útil para cualquiera o solo para perfiles muy concretos?

Tras más de siete días con el sensor, la experiencia ha sido positiva, aunque matizada. Añade: “me parece un dispositivo comodísimo” y reconoce: “creo que si no tienes un problema real de diabetes, su utilidad es algo limitada”. La tecnología funciona, y funciona bien. El análisis completo, con todos los detalles, está en el último vídeo de nuestro canal de YouTube.

Imágenes | Xataka

En Xataka | He usado el glucómetro de Ultrahuman durante dos semanas sin ser diabético. Aprendí algo sobre mi cuerpo, pero no es para cualquiera

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Microsoft ha metido Copilot en Excel. Y también ha avisado de que no lo uses si necesitas que los resultados sean correctos

Microsoft ha metido Copilot en Excel. Y también ha avisado de que no lo uses si necesitas que los resultados sean correctos

La inteligencia artificial por fin ha aterrizado en una de las hojas de cálculo más famosas del mundo: Excel. Pero no lo ha hecho como muchos imaginaban. ¿Hablarle en lenguaje natural al programa y que resuelva automáticamente todo por nosotros? Solo en parte. Los atajos de Copilot permiten resumir, clasificar y ordenar datos, pero no convierten a Excel en un agente capaz de tomar el control de un proyecto de principio a fin. Además, la novedad llega con límites claros: la función puede cometer errores.

Microsoft está probando Copilot como una función nativa dentro del motor de cálculo de Excel. La idea es sencilla: escribir una instrucción en lenguaje natural dentro de la hoja y obtener un resultado que se coloca directamente en la cuadrícula, con el mismo comportamiento que cualquier salida de Excel. La integración permite seguir trabajando con rangos, tablas y nombres definidos sin cambiar la estructura del archivo, y los resultados se actualizan cuando cambian los datos, sin recurrir a scripts ni complementos externos.

Copilot está aterrizando en Microsoft Excel

Como vemos, es una función útil, pero con limitaciones claras. De momento no podemos pedirle en lenguaje natural cosas como “fusiona los libros de las filiales, conviértelo todo a euros al cambio oficial, elimina duplicados y entrégame un balance consolidado trimestral con gráficos comparativos”. Copilot, por ahora, juega en otro terreno: entiende instrucciones en lenguaje natural, sí, pero lo hace dentro de Excel y siempre sobre los datos que tengas en la propia hoja.

Aceptado que Copilot no es un piloto automático, merece la pena explorar en qué sí resulta práctico. Microsoft apunta a cuatro frentes cotidianos que se resuelven sin abandonar la hoja:

  • Lluvia de ideas sin salir de la hoja. Pedir una lista de conceptos, títulos o palabras clave a partir de una descripción breve. Si lo necesitamos, podemos pedir que reescriba un texto en un tono más claro o más formal y deje el resultado listo para pulir.
  • Resúmenes que van al grano. Señalar un rango amplio y solicitar un texto corto con tendencias, picos y caídas. Esto es útil cuando hay que convertir una tabla en un párrafo entendible para un informe.
  • Clasificación directa en la cuadrícula. Entregar una columna con comentarios, tickets o respuestas de encuesta. Podemos pedir que devuelva etiquetas como “positivo/neutral/negativo” y una categoría breve. Todo se volcaría en nuevas columnas para seguir trabajando.
  • Listas y tablas al vuelo. A partir de una descripción, que proponga una tabla con las columnas que le indiquemos (tarea, responsable, fecha, estado). Es una base para organizarnos sin perder tiempo maquetando.


En la nota oficial, Catherine Pidgeon (equipo de Excel) ofrece un ejemplo muy claro de lo que hoy puede hacer Copilot. Imagina una hoja con una columna llena de opiniones sobre una nueva cafetera en la oficina. Algunas valoran el sabor, otras se quejan del ruido o del tamaño del depósito. Copilot puede leer esa columna y devolvernos, justo al lado, una tabla con dos campos: el sentimiento de cada comentario (positivo, neutro o negativo) y una categoría corta que te ayude a agrupar (“sabor”, “ruido”, “capacidad”). En minutos pasaríamos de un listado desordenado a algo analizable. Ahí decidimos: filtrar por los problemas más frecuentes, hacer un recuento por categoría o preparar un resumen. 

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¿Y cómo se utiliza en la práctica? Exactamente igual que cualquier otra función de Excel: escribiendo el signo igual al inicio de una celda y a continuación el nombre de la función. En este caso, basta con poner =COPILOT() y añadir dentro la instrucción en lenguaje natural o el rango de datos que queramos usar como contexto. No hay trucos ni menús ocultos, se invoca como se invoca un =SUMA() o un =BUSCARV(), lo que hace que el aprendizaje sea mínimo y la experiencia resulte familiar desde el primer momento.

Toca poner las cautelas sobre la mesa. Copilot trabaja dentro del propio libro: no accede a la web ni a documentos de la empresa, y sus resultados deben revisarse y validarse antes de incluirlos en informes o decisiones de negocio. Microsoft es clara al respecto: no es apropiado para escenarios de alto riesgo (con implicaciones legales, regulatorias o de cumplimiento). También hay límites operativos: la función tiene cupos de uso (hasta 100 llamadas cada diez minutos y 300 por hora). 

Microsoft es clara al respecto: no es apropiado para escenarios de alto riesgo.

Lo que estamos viendo tampoco debería sorprendernos. La inteligencia artificial ha avanzado a pasos de gigante, pero sigue teniendo un punto débil: puede equivocarse. A estas imprecisiones se las suele llamar “alucinaciones” y, aunque la tecnología mejora con cada generación, las propias compañías que la desarrollan advierten de que no conviene fiarse al cien por cien. Es casi un recordatorio de cortesía que ya hemos normalizado: cada vez que abrimos un chatbot como Copilot, ChatGPT o Gemini, encontramos un aviso que nos recuerda que lo que leemos puede contener errores.

¿Llegará el día en que estas fallas desaparezcan? No hay respuesta clara. Incluso pagando por las versiones más avanzadas, las más rápidas o las más caras, la seguridad absoluta no existe. Esa es la reflexión que también aplica en Excel: Copilot resulta útil y abre posibilidades, pero nunca sustituye la tranquilidad que da comprobar por uno mismo que los números cuadran.

Copilot no llega todavía a todo el mundo. Microsoft lo está desplegando de forma gradual y, de momento, solo pueden probarlo quienes tienen una licencia de Microsoft 365 Copilot y están en el canal Beta, tanto en Windows como en Mac. La compañía asegura que en los próximos meses también estará disponible en la versión web de Excel a través del programa Frontier. No hay que hacer nada especial para activarlo: la función aparece en la hoja cuando se cumplen los requisitos, y su uso es completamente opcional.

Imágenes | Microsoft | wirestock

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China quedó aislada de una de las arterias clave de Internet durante una hora. No está claro si fue un ensayo o un fallo

China quedó aislada de una de las arterias clave de Internet durante una hora. No está claro si fue un ensayo o un fallo

En Internet hay caídas que se notan. Y luego está lo que pasó en China. Durante una hora entera, una de las vías principales del tráfico cifrado con el exterior dejó de funcionar sin explicación. No fue un apagón total, pero sí un corte que se hizo visible en muchas partes: aplicaciones que se quedaban a medias, webs que no respondían, servicios que fallaban justo en el paso fronterizo. El fallo no encajó con la típica caída local ni con un problema de un único operador. Duró 74 minutos, cruzó redes y dejó detrás un silencio incómodo.

Lo que cayó no fue todo Internet, sino una parte concreta y muy utilizada: el canal que permite que las conexiones cifradas funcionen de forma segura. Según GFW Report, entre las 00:34 y las 01:48 del 20 de agosto, hora de Pekín (UTC+8), se registró un bloqueo generalizado en el puerto 443, que es el que usa la mayoría del tráfico HTTPS. El efecto fue amplio y sostenido, pero no afectó a otros canales. Lo más llamativo es que, hasta ahora, nadie ha explicado qué provocó ese corte ni por qué ocurrió en esa franja.

Internet

El análisis técnico apunta a un patrón muy concreto. Cada vez que una conexión intentaba establecerse en dicho puerto, aparecían unos paquetes especiales —los RST+ACK— que actúan como una orden de cierre. Son el equivalente digital a colgar el teléfono antes de que alguien atienda. Estos paquetes no se enviaban por error: estaban siendo inyectados en grandes cantidades justo en el momento clave del intercambio entre cliente y servidor. Según los especialistas, esa alteración no encaja con una caída por congestión y afectó tanto a conexiones que salían de China como a las que intentaban entrar.

A pesar de lo grave del corte, no todo dejó de funcionar. Las conexiones internas dentro de China seguían activas, y otros puertos, como el 80 —para tráfico no cifrado— o el 22, destinado a conexiones remotas, no mostraron signos de bloqueo. El problema estuvo centrado en el puerto 443. Eso explica por qué algunos servicios podían seguir funcionando mientras otros se volvían inaccesibles: no fue una desconexión total, sino una interrupción muy selectiva del paso cifrado que cruza la frontera digital del país.

No hay reportes públicos que indiquen que plataformas como WeChat, Baidu o Weibo sufrieran una caída generalizada en esa franja; su infraestructura principal está mayoritariamente dentro del país y no depende del cruce internacional para funciones básicas. Pero muchas apps chinas incorporan componentes que sí dependen de servers fuera de China —actualizaciones, mini-programas, APIs externas o funciones en la nube— y esas llamadas pudieron fallar cuando el paso cifrado quedó bloqueado.

No hay reportes públicos que indiquen que plataformas como WeChat, Baidu o Weibo sufrieran una caída generalizada en esa franja

El impacto fue más perceptible en servicios internacionales. Según recoge The Register, parte de las conexiones de servicios extranjeros —incluidas algunas funciones de Apple o Tesla— pudo verse interrumpida para usuarios en China durante la ventana del bloqueo. También quedaron fuera de alcance otros servicios internacionales que dependen de HTTPS, como ciertos CDNs o conexiones VPN que usan TCP/443. En resumen: no se rompió la red interna, se cortó el canal cifrado hacia fuera y eso bastó para dejar a muchos al margen.

Una de las pistas más relevantes es precisamente esa huella técnica. Cada sistema que filtra o interrumpe conexiones deja un rastro —un fingerprint— reconocible por el orden de los paquetes, el TTL o el tamaño de ventana TCP. En este caso, esos valores diferían de los documentos previos, por lo que los investigadores plantean dos hipótesis: un equipo nuevo desplegado para pruebas o un equipo conocido que estuvo en un estado anómalo o mal configurado. Las conclusiones permanecen en condicional hasta que haya más datos.

El tráfico volvió a la normalidad y no hubo consecuencias visibles a gran escala.
Pero el corte fue real, estuvo documentado y dejó una incógnita en el aire. No hubo comunicados ni explicaciones oficiales. En cualquier caso, el Gran Cortafuegos sigue ahí, funcionando como siempre, y con una capacidad de intervención que esta vez quedó registrada.

Imágenes | Leon Seibert | Xataka con Gemini 2.5

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