Así es el espectacular teclado de CharaChorder con el que puedes escribir 500 palabras por minuto

Así es el espectacular teclado de CharaChorder con el que puedes escribir 500 palabras por minuto

¿Te gusta escribir? ¿Te gusta escribir rápido, teclear a una velocidad endiablada e ir plasmando las ideas en la pantalla a medida que toman forma en tu cabeza? Si es así, Ojo a esto. En EEUU hay una startup con un dispositivo que —según muestran sus responsables— puede ayudarnos a escribir 500 palabras por minuto, más de las 300 que alcanzan los taquígrafos con sus máquinas especiales y mucho más de las 120 que consiguen hoy los usuarios muy habituados al teclado QWERTY.

El dispositivo se llama CharaChorder y a simple vista se parece más a unas mancuernas que a un aparato para escribir. Básicamente se compone de dos piezas conectadas con una barra central y dotadas con nueve joysticks cada una. Esas 18 pequeños mandos táctiles se mueven en múltiples direcciones y ofrecen algunas ventajas importantes a quien escribe: no necesita levantar los dedos del teclado, ahorran tiempo y recorrido y permiten escribir con menos movimientos.

Lo que realmente ayuda a CharaChorder a acortar tiempos para escribir a la velocidad a la que pensamos —eso al menos es lo que dice la compañía— son sus “acordes”, un sistema con el que el usuario introduce varias letras a la vez para que su programa las detecte y genere una palabra de forma predictiva. En vez de escribir Hello, por ejemplo, combina las letras "h, e, l, o".

Repensar el QWERTY

El sistema es similar al que usan los taquígrafos, aunque con diferencias importantes, claro. La empresa asegura que el dispositivo dispone de más de 17.000 millones de posibles combinaciones de acordes y que incluso se pueden crear sobre la marcha sin necesidad de un software específico. Evidentemente sacar todo el partido del CharaChorder requiere algo más que comprarlo: el usuario necesita practicar con su peculiar configuración de joysticks. Y hacerlo mucho.

“Los interruptores detectan movimiento en tres dimensiones para que los usuarios tengan acceso a más de 300 entradas únicas sin que sus dedos rompan el contacto con el dispositivo”, comentan sus responsables a Vice, que ya han superado incluso la marca de las 500 palabras por minuto; lejos, pero que muy lejos, de las 40 que alcanza la mayoría de las personas con teclados normales.

Chara

Charachorder

“La misión de CharaChorder es elevar la velocidad de transmisión de texto promedio, de 40 palabras por minuto, por encima y más allá de la velocidad de comprensión promedia del texto, situada en 250 palabras por minuto”, asegura la compañía estadounidense: “Consideramos que la escritura al 'estilo de las máquinas de escribir' es el resultado de un hábito más que del ingenio humano y sabemos para que romper este hábito necesitamos ofrecer algo que sorprenda por completo”.

@rileyandrichy #stitch with @shane.duffy My cool thing is the world's first chording enabled keyboard. Thanks for asking 😊 #⌨️ #typing #keyboard #productivity #charachorder #tech #cool ♬ original sound - Riley and Richy Keen
@rileyandrichy Reply to @johnathan284 A couple months ago I didn't think this was possible #techtok #technology #keyboard #charachorder ♬ original sound - Sleepy

El CharaCHoreder cuesta 249,99 dólares, aunque la compañía dispone también de un teclado bastante más convencional, el CharaChorder Lite por 199,99 dólares que —anota— ya permite acortar tiempos durante la escritura. La empresa presentó su dispositivo en el CES y en redes se puede ver también a usuarios manejándolo, incluido el propio responsable de la empresa, Riley Keen. Su velocidad ya le habría valido la desclasificación en las pruebas de Monkeytype.

Imágenes | CharaChorder

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Cuánto pagas por ver LaLiga y la Champions: el salto de Movistar Fusión a miMovistar al fin nos permite saberlo

Cuánto pagas por ver LaLiga y la Champions: el salto de Movistar Fusión a miMovistar al fin nos permite saberlo

Telefónica ha arrancado mayo con una decisión de calado: la jubilación de Movistar Fusión y el estreno de miMovistar, un cambio que va mucho más allá de un baile de nomenclaturas o ligeros retoques de prestaciones y tarifas. Su gran novedad es que la compañía permite a los clientes dejar los paquetes “precocinados” y hacer su propia selección. Del menú cerrado, se pasa al buffet. Una de las consecuencias de esa modificación es que ya podemos saber cuánto nos cuesta ver el fútbol en Movistar. Y los cálculos muestran cifras más altas de lo que cabía esperar para el futuro.

Ver todo el fútbol español y la Champions (sin el de DAZN) en miMovistar exige abonar 43 euros al mes. El desembolso total es sin embargo algo mayor, ya que a esa cantidad hay que añadir los 10 euros del paquete Movistar+ Esencial, con fibra y móvil y que el usuario deberá contratar de forma obligatoria. Sobre esa base, quedarse solo con la Champions League exige un pago de 20 euros mensuales. Si optamos únicamente por LaLiga española la suma sube a 30.

En resumen: ver todo el fútbol con Movistar más la fibra y el móvil cuesta 53 euros mensuales.

Cómo han cambiado las tarifas

Conocer las cifras supone todo un avance. Nos permite saber exactamente cuántos nos cuesta ver los partidos y, sobre todo, hacer comparaciones y también echar la vista atrás y valorar cómo han evolucionado las tarifas. Los compañeros de Genbeta lo han hecho y el cambio es considerable.

Las cifras de Movistar, por ejemplo, están bastante por encima de los 17 euros que hasta hace no mucho costaba ver LaLiga y la Champions a través de BelN Connect. Si estabas dispuesto a renunciar a Movistar Partidazo la factura incluso bajaba más y se quedaba en 9,99.

La mensualidad supera también la que llegó a aplicar en su día mitele PLUS, que durante la temporada 2019-2020 ofreció todo el fútbol por 35 euros. Gracias a una promoción de la compañía los tres primeros meses resultaban incluso más baratos y se quedaban en 30 euros.

El éxito de DAZN en la puja por los derechos de emisión adelantaba un posible endurecimiento de la competencia para Movistar+. Por el momento, sin embargo, la firma solo ha anunciado que dispone de cinco partidos por jornada. El acuerdo alcanzado a finales de marzo entre Movistar+ y DAZN para las próximas cinco temporadas permite sin embargo que los clientes de la plataforma de Telefónica puedan disfrutar de todos los encuentros de la competición española con más "tirón".

Que las tarifas de miMovistar se hagan públicas da una ventaja añadida a DAZN a la hora de competir con sus cinco partidos por jornada de LaLiga. En el caso de la Champions League, deberá esperar aún más de un año: Movistar tiene los derechos en exclusiva hasta 2024.

De momento, el proceso nos aleja de los precios más baratos que cabía esperar. Sobre todo —como señalan en Genbeta— si tenemos presentes dos factores: el ahorro que ha logrado Telefónica gen LaLiga gracias precisamente a DAZN y el que también consiguió en la puja de la Champions. La ventaja que ofrece miMovistar y su nuevo modelo de elección de contenidos es que que el cliente podrá priorizar ver el fútbol sobre otras prestaciones, como velocidades de fibra más altas.

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Así es Freedom Ship, el megabarco diseñado para convertirse en una ciudad flotante con 100.000 pasajeros

Así es Freedom Ship, el megabarco diseñado para convertirse en una ciudad flotante con 100.000 pasajeros

Si en el sector naval hubiese un concurso del “y yo más”, el Freedom Ship ganaría todas las rondas. Sin dudas. Sin concesiones. Sin margen de maniobra para el resto de navíos. Veamos. Con 1.371,6 metros, su eslora es tan grande que a su lado el Seawise Giant parecería una lanchita para navegar los fines de semana. En cuanto a la manga, mide 228 metros, equivalente más o menos a la Torre Emperador de Madrid tumbada. Y si nos fijamos en la altura, roza los 107 m, más que La Giralda.

No, ni tú has leído mal ni nosotros nos hemos vuelto locos.

Freedom Ship es una auténtica locura. Eso sí, de momento si quieres echarle un vistazo tendrás que conformarte con el papel, los renders y los vídeos. Aunque su proyecto lleva años sobre la mesa aún no ha conseguido despegar… O llegar a buen puerto, dadas las circunstancias.

Una ciudad flotante en ruta

En términos navales Freedom Ship es un proyecto descomunal, casi casi de ciencia ficción. Y lo es porque, aunque está pensado para navegar y moverse a lo largo del mundo, no es un barco al uso. Su diseñador, el ingeniero Norman Nixon, lo planteó a finales de los años 90 como un meganavío capaz de actuar como una ciudad flotante, una con todas las de la ley: con sus calles, viviendas, comercios, oficinas, hoteles, casino… Como una gran urbanización, solo que en alta mar.

Desde luego puede acoger más pasajeros-ciudadanos que muchas urbes de España. Sus creadores calculan que entre habitantes y visitas podría sumar entre 50.000 y 100.000 personas a bordo, lo que lo situaría en la horquilla en la que se mueven ciudades como Pontevedra, Ciudad Real, Toledo, Benidorm o Palencia. “El distrito comercial sostendrá una población de 100.000 personas compuesta por 40.000 residentes, 20.000 tripulantes a tiempo completo, 30.000 visitantes diarios y 10.000 huéspedes que pasen la noche en el hotel o casino”, detalla la web del proyecto.

Freedom Ship, eso sí, plantea ofrecer a sus inquilinos algo que no está al alcance ni de esas ni de ninguna otra ciudad de España o el resto del mundo: una singladura constante por los océanos y paisajes nuevos cada pocas semanas. Al menos si descontamos las largas travesías por alta mar para desplazarse de un punto a otro del globo. Su objetivo es completar una vuelta a la Tierra cada tres años y pasar alrededor del 70% amarrado fuera de las principales ciudades y puertos.

Dado sus enormes dimensiones no lo tendrá fácil a la hora de atracar en muchos muelles, así que… ¿Cómo solucionarlo? Fácil. Como se puede ver en los renders elaborados por sus diseñadores, Freedom Ship incorpora un aeródromo capaz de acoger aviones turbohélices con 40 plazas.

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A la hora de presentar el proyecto insisten también en que su objetivo no es construir un barco descomunal —que también— sino dar forma a una comunidad flotante, “una ciudad internacional, cosmopolita, residencial, comercial y turística” en constante periplo por el planeta.

“El barco es tan grande porque es el tamaño mínimo requerido para que la comunidad sea económicamente autosuficiente y un lugar deseable y atractivo”, remarca. Tan grande es, de hecho, que el equipo cree que no hay ningún astillero capaz de fabricar su gigantesca barcaza.

La pregunta del millón —o de los miles de millones de dólares— es: ¿Cuánto costaría dar forma a Freedom Ship? Roger Gooch, parte del equipo original que trabajó con Nixon en el desarrollo del proyecto en los 90, explicaba en 2013 a Business Insider que harían falta en torno a 9.000 o 10.000 millones de dólares, un coste desorbitado que explica en gran medida que más de 20 años después de su diseño original el Freedom Ship no haya conseguido pasar todavía del papel y los render.

“Ya hay súper plataformas en el mundo. Simplemente no son plataformas móviles o ciudades flotantes. Hay una gran plataforma que Japón utiliza como aeropuerto. Las superplataformas no son la cuestión, la cuestión es si una ciudad autónoma que circunnavega el mundo puede ser económicamente viable y realmente creemos que puede serlo”, reflexiona Gooch.

Lo cierto es que el barco —al menos esa es la intención de sus impulsores— tendría su propia economía, con infraestructuras exclusivas, y si algún día se convierte en realidad quienes residan a bordo deberán pagar una cuota para costear servicios como la seguridad o el mantenimiento.

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Un proyecto de semejante calado, con unas dimensiones titánicas y decenas de miles de personas a bordo, plantea en cualquier caso algunas preguntas interesantes: ¿Qué leyes se aplicarían dentro? En pleno siglo XXI, en lucha constante contra el cambio climático y a la caza de fórmulas alternativas que permitan reducir las emisiones del tráfico marítimo, ¿Cuál sería la huella contaminante de Freedom Sheep? ¿Cuánto ensuciaría exactamente con cada vuelta al mundo?

En caso de que consiguiese la financiación necesaria para iniciar su construcción, ¿Cómo se construiría, si la propia empresa reconoce que no hay astilleros preparados para dar forma a la barcaza que necesita? Y una vez en marcha, surcando los océanos, ¿Podría considerarse un paraíso fiscal? En resumen: ¿Es realista el proyecto o seguirá otros 20 años en el cajón?

Por lo pronto todo indica que tardaremos en ver asomar su gigantesca silueta con una eslora de 1,4 kilómetros y 25 plantas de alto en el horizonte. Lo que nos queda para ir abriendo apetito o fantasear con cómo sería el Freedom Ship son sus espectaculares imágenes y vídeos.

Imágenes | Freedom Ship

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Qué fue de las PDA Palm, el eslabón perdido de los smartphones que brilló en los años 90

Qué fue de las PDA Palm, el eslabón perdido de los smartphones que brilló en los años 90

Hoy suena casi a mester de juglaría, pero hubo un tiempo, hace décadas —no tantas, en realidad—, en el que a los teléfonos les ocurría lo contrario que ahora: tenían mucho de phones y poco de smarts. Si querías un dispositivo "inteligente", uno con herramientas que te ayudasen a organizar tus contactos y evitar que se te olvidase el cumpleaños de tu primo o esa cita de última hora del miércoles con el dentista, tenías otra herramienta: las Personal Digital Assistant (PDA).

Si los años 90 y la primera década de los 2000 te pillaron con la edad adecuada —eso y con dinero suficiente en el bolsillo— probablemente las recuerdes perfectamente. También que hubo un tiempo en el que hablar de PDA era casi sinónimo de hacerlo de Palm, una de las marcas sin la que a duras penas puede entenderse la tecnología de consumo de hace 20 años.

Palm es un ejemplo magnífico de los cambios acelerados que experimentó la tecnología de los 90 y la primera década del siglo XXI y, de paso, de cómo algunas crónicas empresariales de Silicon Valley poco tienen que envidiar al guion de Juego de Tronos, con ventas, escisiones, reencuentros, rupturas, años dorados y caídas en el olvido, desapariciones y renacimientos.

Pionero por partida doble

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En el caso de Palm nos queda una lectura curiosa: fue pionera de las PDA y los smartphones y sus dispositivos pueden considerarse casi el eslabón perdido entre ambos. Cierto, no fue la primera, ni la única —el Organiser de Psion data de 1984—, pero logró una fama indiscutible.

La más compleja que larga historia de la compañía arranca en 1992 de la mano de Donna Dubinsky, Edward Colligan y sobre todo de Jeff Hawinks, su auténtico “padre” y quien antes había acumulado una importante experiencia en las filas de la compañía GRiD Systems. A principios de los años 90 Hawkins había desarrollado PalmPrint, un programa de reconocimiento de escritura a mano, y se embarcó en el proyecto de Zoomer con las multinacionales Tandy, Casio y GeoWorks.

La experiencia de Zoomer fue compleja y el dispositivo se vio forzado a pelear contra el Newton de Apple; pero aquello no disuadió al equipo de Palm del potencial de los asistentes digitales portátiles. Tras dar forma a Graffiti e integrarse en USRobotics, en marzo de 1996 la compañía lanzó su primera PDA: la Palm Pilot, un producto que le permitía aunar su propio hardware y software y que con el tiempo convertiría a la marca lanzada por Hawkins en casi un sinónimo universal de PDA.

Pilot y los primeros dispositivos de Palm eran cómodos, prácticos: cabían perfectamente en una mano y podían guardarse con facilidad en el bolso o un bolsillo. Disponían además de 128 KB de memoria (Pilot 1000), capacidad que subía a 512 KB en el Pilot 5000. Como señala Low End Mac, ejecutaban Palm OS 1.0 y tenían una pantalla de 160x160 píxeles. Aquella mezcla convenció y durante sus dos primeros meses la compañía consiguió vender unas 10.000 Pilots.

Fue el pistoletazo de salida para lo que estaba por venir: a lo largo de los años siguientes a aquel primer modelo le siguieron la PalmPilot Personal y Professional, Palm III, V, VII, VX, IIIc, Palm m100, Zire… Los técnicos de la empresa desarrollaban nuevas versiones mientras Palm ganaba fama y poco a poco mejoraba sus prestaciones, con más memoria, rapidez, comunicación por infrarrojos e inalámbrica, baterías extraíbles e incluso pantallas a color, con la Palm IIIc en 2000.

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Los productos de Palm ganaban adeptos. Su gama se reforzaba en prestaciones, atractivo —quizás recuerdes la carcasa de aluminio de la Palm V— e incluso perfilaba la política de precios, adoptando decisiones como reducir costos en Zire mediante una pantalla monocromática y sin retroiluminación. También mejoraba su sistema, que con el Palm OS 3 empezó a ofrecerse a otros fabricantes.

En las oficinas de Palm, sin embargo, había tantas novedades como en su catálogo.

Con el cambio de milenio Palm se convirtió en una empresa independiente con cotización en bolsa y solo dos años después, en 2002, establecía una subsidiaria para desarrollar y comercializar su OS, PalmSource. Sin embargo el cambio de mayor calado sucedió probablemente a mediados de 1998, cuando Hawkins y Dubinksy acordaron hacer las maletas, renunciar y fundar una nueva compañía: Handspring. ¿El motivo? La decisión llegó tras varios encontronazos por el rumbo que estaba tomando la empresa bajo la dirección de 3Com, la firma que había adquirido USRobotics.

Handspring —que con el tiempo acabaría convirtiéndose en uno de los principales licenciatarios de Palm OS— no tardó en lanzar Visor, un dispositivo que recibió una buena acogida de la prensa, con dos versiones de gama baja más económicas que las de la propia Palm y un software PIM mejorado. Dos meses después del lanzamiento —señala Low End Mac— Handspring se había hecho ya con cerca del 28% del mercado de dispositivos portátiles y poco más tarde salía a bolsa.

Evolucionaba la competencia.

Y el sector.

A finales de 1998 llegaba al mercado tecnológico Qualcomm pdQ, la primera Palm PDA que integraba un teléfono. No mucho después salían a circulación el VisorPhone y Treo.

Los tiempos cambiaban y en 2003 Palm volvió a dar otros dos giros inesperados. O no. El primero fue la fusión de Palm y Handspring. La segunda, igual de trascendental y en sentido opuesto, la decisión de convertir PalmSource en una firma independiente. Hardware y software se dividían. Y la compañía, en cierto modo, retomaba el escenario que había marcado el desarrollo de Zoomer.

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Los esfuerzos de Palm por seguir mejorando sus productos experimentaron un empujón con la nueva generación de hardware y Palm OS. Se sucedieron los Palm Tungsten, Zire, Treo —marca de Palm tras la fusión con Handspring—… y la compañía protagonizó incluso algún movimiento que aún hoy sorprende. Fruto de la decisión de 2003 que separó la rama de software y hardware, en 2006 se lanzó un Palm que en vez del OS de la casa incorporaba Windows Mobile 5.0: el Treo 700w.

Los tiempos seguían cambiando sin embargo y no mucho después, a principios de 2007, Apple presentaba iPhone y marcaba un antes y un después en la telefonía móvil. Palm dio la batalla con su Centro. En cuestión de unos años el mercado había dado un giro. Y con él el gusto, las necesidades y la atención de los clientes. Cada vez había menos compradores interesados en Palm PDA y las prestaciones que podía ofrecer. En 2008 había tiendas donde ya no se encontraban y a finales de ese mismo año la compañía anunciaba que ya no desarrollaría nuevas PDA convencionales.

Aquel gadget que años atrás había triunfado y ganado el favor del público, sencillamente, se vio desplazado por los nuevos móviles y su abanico creciente de funcionalidades.

Una de sus últimas PDA fue la Palm Tx, lanzada en 2005 y producida aún hasta principios de 2009. ¿Supuso eso el fin de Palm? No. La compañía pasaría por las manos de HP, su marca terminó en el poder de TCL y en 2018 revivió para presentar un pequeño dispositivo con Android.

Pero esa es ya otra historia.

Imágenes | Albertas Agejevas (Flickr) y Tomás J. Sepúlveda (Flickr)

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Qué fue de las PDA Palm, el eslabón perdido de los smartphones que brilló en los años 90

Qué fue de las PDA Palm, el eslabón perdido de los smartphones que brilló en los años 90

Hoy suena casi a mester de juglaría, pero hubo un tiempo, hace décadas —no tantas, en realidad—, en el que a los teléfonos les ocurría lo contrario que ahora: tenían mucho de phones y poco de smarts. Si querías un dispositivo "inteligente", uno con herramientas que te ayudasen a organizar tus contactos y evitar que se te olvidase el cumpleaños de tu primo o esa cita de última hora del miércoles con el dentista, tenías otra herramienta: las Personal Digital Assistant (PDA).

Si los años 90 y la primera década de los 2000 te pillaron con la edad adecuada —eso y con dinero suficiente en el bolsillo— probablemente las recuerdes perfectamente. También que hubo un tiempo en el que hablar de PDA era casi sinónimo de hacerlo de Palm, una de las marcas sin la que a duras penas puede entenderse la tecnología de consumo de hace 20 años.

Palm es un ejemplo magnífico de los cambios acelerados que experimentó la tecnología de los 90 y la primera década del siglo XXI y, de paso, de cómo algunas crónicas empresariales de Silicon Valley poco tienen que envidiar al guion de Juego de Tronos, con ventas, escisiones, reencuentros, rupturas, años dorados y caídas en el olvido, desapariciones y renacimientos.

Pionero por partida doble

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En el caso de Palm nos queda una lectura curiosa: fue pionera de las PDA y los smartphones y sus dispositivos pueden considerarse casi el eslabón perdido entre ambos. Cierto, no fue la primera, ni la única —el Organiser de Psion data de 1984—, pero logró una fama indiscutible.

La más compleja que larga historia de la compañía arranca en 1992 de la mano de Donna Dubinsky, Edward Colligan y sobre todo de Jeff Hawinks, su auténtico “padre” y quien antes había acumulado una importante experiencia en las filas de la compañía GRiD Systems. A principios de los años 90 Hawkins había desarrollado PalmPrint, un programa de reconocimiento de escritura a mano, y se embarcó en el proyecto de Zoomer con las multinacionales Tandy, Casio y GeoWorks.

La experiencia de Zoomer fue compleja y el dispositivo se vio forzado a pelear contra el Newton de Apple; pero aquello no disuadió al equipo de Palm del potencial de los asistentes digitales portátiles. Tras dar forma a Graffiti e integrarse en USRobotics, en marzo de 1996 la compañía lanzó su primera PDA: la Palm Pilot, un producto que le permitía aunar su propio hardware y software y que con el tiempo convertiría a la marca lanzada por Hawkins en casi un sinónimo universal de PDA.

Pilot y los primeros dispositivos de Palm eran cómodos, prácticos: cabían perfectamente en una mano y podían guardarse con facilidad en el bolso o un bolsillo. Disponían además de 128 KB de memoria (Pilot 1000), capacidad que subía a 512 KB en el Pilot 5000. Como señala Low End Mac, ejecutaban Palm OS 1.0 y tenían una pantalla de 160x160 píxeles. Aquella mezcla convenció y durante sus dos primeros meses la compañía consiguió vender unas 10.000 Pilots.

Fue el pistoletazo de salida para lo que estaba por venir: a lo largo de los años siguientes a aquel primer modelo le siguieron la PalmPilot Personal y Professional, Palm III, V, VII, VX, IIIc, Palm m100, Zire… Los técnicos de la empresa desarrollaban nuevas versiones mientras Palm ganaba fama y poco a poco mejoraba sus prestaciones, con más memoria, rapidez, comunicación por infrarrojos e inalámbrica, baterías extraíbles e incluso pantallas a color, con la Palm IIIc en 2000.

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Los productos de Palm ganaban adeptos. Su gama se reforzaba en prestaciones, atractivo —quizás recuerdes la carcasa de aluminio de la Palm V— e incluso perfilaba la política de precios, adoptando decisiones como reducir costos en Zire mediante una pantalla monocromática y sin retroiluminación. También mejoraba su sistema, que con el Palm OS 3 empezó a ofrecerse a otros fabricantes.

En las oficinas de Palm, sin embargo, había tantas novedades como en su catálogo.

Con el cambio de milenio Palm se convirtió en una empresa independiente con cotización en bolsa y solo dos años después, en 2002, establecía una subsidiaria para desarrollar y comercializar su OS, PalmSource. Sin embargo el cambio de mayor calado sucedió probablemente a mediados de 1998, cuando Hawkins y Dubinksy acordaron hacer las maletas, renunciar y fundar una nueva compañía: Handspring. ¿El motivo? La decisión llegó tras varios encontronazos por el rumbo que estaba tomando la empresa bajo la dirección de 3Com, la firma que había adquirido USRobotics.

Handspring —que con el tiempo acabaría convirtiéndose en uno de los principales licenciatarios de Palm OS— no tardó en lanzar Visor, un dispositivo que recibió una buena acogida de la prensa, con dos versiones de gama baja más económicas que las de la propia Palm y un software PIM mejorado. Dos meses después del lanzamiento —señala Low End Mac— Handspring se había hecho ya con cerca del 28% del mercado de dispositivos portátiles y poco más tarde salía a bolsa.

Evolucionaba la competencia.

Y el sector.

A finales de 1998 llegaba al mercado tecnológico Qualcomm pdQ, la primera Palm PDA que integraba un teléfono. No mucho después salían a circulación el VisorPhone y Treo.

Los tiempos cambiaban y en 2003 Palm volvió a dar otros dos giros inesperados. O no. El primero fue la fusión de Palm y Handspring. La segunda, igual de trascendental y en sentido opuesto, la decisión de convertir PalmSource en una firma independiente. Hardware y software se dividían. Y la compañía, en cierto modo, retomaba el escenario que había marcado el desarrollo de Zoomer.

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Los esfuerzos de Palm por seguir mejorando sus productos experimentaron un empujón con la nueva generación de hardware y Palm OS. Se sucedieron los Palm Tungsten, Zire, Treo —marca de Palm tras la fusión con Handspring—… y la compañía protagonizó incluso algún movimiento que aún hoy sorprende. Fruto de la decisión de 2003 que separó la rama de software y hardware, en 2006 se lanzó un Palm que en vez del OS de la casa incorporaba Windows Mobile 5.0: el Treo 700w.

Los tiempos seguían cambiando sin embargo y no mucho después, a principios de 2007, Apple presentaba iPhone y marcaba un antes y un después en la telefonía móvil. Palm dio la batalla con su Centro. En cuestión de unos años el mercado había dado un giro. Y con él el gusto, las necesidades y la atención de los clientes. Cada vez había menos compradores interesados en Palm PDA y las prestaciones que podía ofrecer. En 2008 había tiendas donde ya no se encontraban y a finales de ese mismo año la compañía anunciaba que ya no desarrollaría nuevas PDA convencionales.

Aquel gadget que años atrás había triunfado y ganado el favor del público, sencillamente, se vio desplazado por los nuevos móviles y su abanico creciente de funcionalidades.

Una de sus últimas PDA fue la Palm Tx, lanzada en 2005 y producida aún hasta principios de 2009. ¿Supuso eso el fin de Palm? No. La compañía pasaría por las manos de HP, su marca terminó en el poder de TCL y en 2018 revivió para presentar un pequeño dispositivo con Android.

Pero esa es ya otra historia.

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Australia enviará su energía solar a Singapur mediante un gigantesco cable submarino de 4.200 km

Australia enviará su energía solar a Singapur mediante un gigantesco cable submarino de 4.200 km

Singapur quiere energía, energía renovable. El norte de Australia tiene sol, sol en cantidad y que caldea sus días durante horas. Hace ya algún tiempo la compañía Sun Cable se dio cuenta de ese escenario y decidió impulsar un proyecto que, asegura, creará “la red de infraestructura de energía solar más grande del mundo”. Sus datos desde luego impresionan: una "gran granja solar" con 12.000 hectáreas de paneles y 4.200 kilómetros de cable submarino entre Oceanía y Asia.

Australia-Asia PowerLink, como se ha bautizado el proyecto, integra varias estructuras de un calado considerable. En la región de Barkly, situada al norte de Australia, prevé montar unas 12.000 hectáreas de paneles fotovoltaicos capaces de generar entre 17 y 20 GW.

Parte de esa energía se almacenará en un sistema de baterías y otra se canalizarán a través de 788 kilómetros con un cableado que seguirá en gran medida la línea del ferrocarril hasta Darwin. A unos 31 kilómetros al este de allí, en el litoral de Murrumujuk, se instalará un convertidor.

Cubrir una demanda al alza

De la energía transportada, unos 800 megavatios de desviarán para reforzar el suministro eléctrico de los hogares y negocios de Darwin y el resto viajará a lo largo de un tendido submarino con tres cables que recorrerán 4.200 km y pasarán por Indonesia hasta llegar a Singapur.

“AAPowerLink aprovechará y almacenará la energía solar de uno de los lugares más soleados del planeta en el Territorio del Norte de Australia para transmitirla las 24 horas del día, los siete días de la semana a Darwin y Singapur a través de un sistema de transmisión de corriente continua de alto voltaje", señalan los responsables de la compañía, que asegura que el suministro del cableado permitirá cubrir hasta el 15% de la necesidad eléctrica total de singapur.

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Desde Sun Cable recuerdan que la demanda de energía en el Sudeste Asiático crece a una media del 6% anual y las previsiones apuntan que crecerá un 60% para 2040.

“La demanda de electricidad renovable se está acelerando debido a su bajo coste y Australia dispone del mayor recurso solar per cápita del G20 y el segundo del mundo. Existe una oportunidad única para exportar grandes volúmenes de energía renovable”, resalta la firma, que recuerda que en la actualidad Singapur depende del gas para alrededor el 95% de su generación eléctrica.

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Poner en marcha AAPowerLink costará más de 30.000 millones de dólares australianos, 20.100 millones de euros, y permitirá crear lo que Sun Cable reivindica como la mayor infraestructura de energía solar del mundo. Otra de las ventajas que señala la compañía es que reducirá las emisiones de gases de efecto invernadero. Solo en el norte de Australia calcula que se recortarán un 10%.

Los planes de la compañía pasan por iniciar la construcción de AAPowerLink en 2024 y empezar a suministrar energía ya en 2027. En líneas generales y con actualizaciones, espera que el proyecto alcance una vida útil de siete décadas. Solo en su primera fase generará 1.750 empleos.

Imágenes | Sun Cable

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Arabia Saudí tiene un plan para hacer que llueva más: sembrar nubes en sus ciudades

Arabia Saudí tiene un plan para hacer que llueva más: sembrar nubes en sus ciudades

Arabia Saudita necesita agua. El país árabe es uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, pero en lo que se refiere a lluvias y recursos hídricos naturales no anda precisamente sobrado. De hecho, según los datos de Indexmundi, es uno de los estados del globo que recoge menos milímetros de precipitaciones. Para atajar ese hándicap, sus gobernantes han decidido elaborar un ambicioso plan que quiere aumentar las lluvias del reino entre un 10 y 20%.

¿Cómo? Pues en gran medida con la modificación del clima y siembra de nubes.

El cloud seeding —la siembra de nubes— consiste en liberar partículas de yoduro de plata u otros aerosoles en cierto tipo de nubes para potenciar las precipitaciones o nevadas. En el caso de Arabia Saudita, se ha diseñado una operación en dos fases que se centrará en algunos de los puntos más poblados del reino. La primera, en las regiones de Riad, Qassim y Hail, se lanzó ya esta semana. La segunda se extenderá a las áreas de Asir, Al-Baha y Taif, puntos próximos al Mar Rojo.

Una decisión con precedentes

Mishaal Zahed Bwrl1m1hq4y Unsplash

La labor de siembra se enmarca en un plan más amplio con el que las autoridades del reino pretenden aumentar las precipitaciones al menos un 10% y combatir la desertización, uno de los objetivos fijados en el programa Green Saudi Arabia. La meta: expandir la vegetación del reino y fortalecer la posición del territorio para adaptarse a los retos del cambio climático.

Aunque no han trascendido demasiados detalles sobre cómo plantea realizar la siembra las autoridades saudíes, el Centro Nacional de Meteorología (CNM) del país explicaba esta misma semana a Arab News que los técnicos utilizarán sustancias “respetuosas con el medio ambiente”. Para conocer el alcance exacto de la campaña, sus responsables monitorizarán los resultados.

Arabia Saudí no es el primer país que ha optado por la modificación del clima en un intento por lograr más lluvia y nieve o incluso con el objetivo de controlar las granizadas, uno de los enfoques que se le ha dado en España. Muy cerca de allí, Emiratos Árabes ha recurrido a flotas de drones para sembrar nubes y generar precipitaciones de forma artificial; en China plantean expandir la medida a alrededor del 60% de todo su territorio y a lo largo y ancho de Estados Unidos se reparten varias regiones, como Idah, Utah, Colorado o California, que han apostado por estrategias similares.

Es más, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) al menos en 2017 había más de medio centenar de países con programas de modificación del clima en marcha con diferentes enfoques. A lo largo de los últimos años solo por las oficinas de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) ha pasado decenas de propuestas con unos 800 informes.

La pregunta del millón es: ¿Funciona? Y si es así, ¿Cómo de efectiva resulta?

Algunos investigadores defienden que el sistema funciona, sus resultados están respaldados por experimentos en laboratorio y evidencias sobre el terreno. En Australia una prueba llegó a apreciar incluso un aumento de las nevadas del 14%. Otros sin embargo son más cautos y advierten de que el impacto real del cloud seeding puede no ser “tan prometedor” como se creía hace años.

#نشرةالرابعة | صور خاصة من عمليات الاستمطار التي أطلقت في #الرياض و #القصيم و #حائل pic.twitter.com/x1mrZH36D2

— العربية السعودية (@AlArabiyaKSA) April 27, 2022

“Los experimentos requieren el tipo correcto de nubes con suficiente humedad y condiciones adecuadas de temperatura y viento. Los aumentos porcentuales son pequeños y es difícil saber cuándo la nieve o la lluvia cayeron de forma natural y cuándo se desencadenó por la siembra”, advertía hace poco William R. Cotton, de la Universidad Estatal de Colorado.

En lo que coinciden unos y otros, defensores entusiastas y escépticos, es que las pruebas arrojan resultados. La clave, insiste Cotton, residiría en cómo de efectivos son y hasta qué punto responden a las expectativas que nos hemos marcado. A su favor el sistema tiene ciertas ventajas, como su coste, no excesivamente elevado; o el apoyo de instituciones como las autoridades sauditas.

Imágenes | Stijn te Strake (Unsplash) y Mishaal Zahed (Unsplash)

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La noticia Arabia Saudí tiene un plan para hacer que llueva más: sembrar nubes en sus ciudades fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .

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Arabia Saudí tiene un plan para hacer que llueva más: sembrar nubes en sus ciudades

Arabia Saudí tiene un plan para hacer que llueva más: sembrar nubes en sus ciudades

Arabia Saudita necesita agua. El país árabe es uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, pero en lo que se refiere a lluvias y recursos hídricos naturales no anda precisamente sobrado. De hecho, según los datos de Indexmundi, es uno de los estados del globo que recoge menos milímetros de precipitaciones. Para atajar ese hándicap, sus gobernantes han decidido elaborar un ambicioso plan que quiere aumentar las lluvias del reino entre un 10 y 20%.

¿Cómo? Pues en gran medida con la modificación del clima y siembra de nubes.

El cloud seeding —la siembra de nubes— consiste en liberar partículas de yoduro de plata u otros aerosoles en cierto tipo de nubes para potenciar las precipitaciones o nevadas. En el caso de Arabia Saudita, se ha diseñado una operación en dos fases que se centrará en algunos de los puntos más poblados del reino. La primera, en las regiones de Riad, Qassim y Hail, se lanzó ya esta semana. La segunda se extenderá a las áreas de Asir, Al-Baha y Taif, puntos próximos al Mar Rojo.

Una decisión con precedentes

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La labor de siembra se enmarca en un plan más amplio con el que las autoridades del reino pretenden aumentar las precipitaciones al menos un 10% y combatir la desertización, uno de los objetivos fijados en el programa Green Saudi Arabia. La meta: expandir la vegetación del reino y fortalecer la posición del territorio para adaptarse a los retos del cambio climático.

Aunque no han trascendido demasiados detalles sobre cómo plantea realizar la siembra las autoridades saudíes, el Centro Nacional de Meteorología (CNM) del país explicaba esta misma semana a Arab News que los técnicos utilizarán sustancias “respetuosas con el medio ambiente”. Para conocer el alcance exacto de la campaña, sus responsables monitorizarán los resultados.

Arabia Saudí no es el primer país que ha optado por la modificación del clima en un intento por lograr más lluvia y nieve o incluso con el objetivo de controlar las granizadas, uno de los enfoques que se le ha dado en España. Muy cerca de allí, Emiratos Árabes ha recurrido a flotas de drones para sembrar nubes y generar precipitaciones de forma artificial; en China plantean expandir la medida a alrededor del 60% de todo su territorio y a lo largo y ancho de Estados Unidos se reparten varias regiones, como Idah, Utah, Colorado o California, que han apostado por estrategias similares.

Es más, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) al menos en 2017 había más de medio centenar de países con programas de modificación del clima en marcha con diferentes enfoques. A lo largo de los últimos años solo por las oficinas de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) ha pasado decenas de propuestas con unos 800 informes.

La pregunta del millón es: ¿Funciona? Y si es así, ¿Cómo de efectiva resulta?

Algunos investigadores defienden que el sistema funciona, sus resultados están respaldados por experimentos en laboratorio y evidencias sobre el terreno. En Australia una prueba llegó a apreciar incluso un aumento de las nevadas del 14%. Otros sin embargo son más cautos y advierten de que el impacto real del cloud seeding puede no ser “tan prometedor” como se creía hace años.

#نشرةالرابعة | صور خاصة من عمليات الاستمطار التي أطلقت في #الرياض و #القصيم و #حائل pic.twitter.com/x1mrZH36D2

— العربية السعودية (@AlArabiyaKSA) April 27, 2022

“Los experimentos requieren el tipo correcto de nubes con suficiente humedad y condiciones adecuadas de temperatura y viento. Los aumentos porcentuales son pequeños y es difícil saber cuándo la nieve o la lluvia cayeron de forma natural y cuándo se desencadenó por la siembra”, advertía hace poco William R. Cotton, de la Universidad Estatal de Colorado.

En lo que coinciden unos y otros, defensores entusiastas y escépticos, es que las pruebas arrojan resultados. La clave, insiste Cotton, residiría en cómo de efectivos son y hasta qué punto responden a las expectativas que nos hemos marcado. A su favor el sistema tiene ciertas ventajas, como su coste, no excesivamente elevado; o el apoyo de instituciones como las autoridades sauditas.

Imágenes | Stijn te Strake (Unsplash) y Mishaal Zahed (Unsplash)

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Intel rebaja su optimismo y apunta que la escasez de semiconductores durará más de lo esperado

Intel rebaja su optimismo y apunta que la escasez de semiconductores durará más de lo esperado

La escasez de los semiconductores dejará sentir su “resaca” durante más tiempo de lo esperado. Aunque el año arrancó con un optimismo moderado, a medida que avanzan los meses fabricantes y consultores emiten mensajes que señalan que su efecto se prolongará más de lo previsto. En esa dirección apuntó ASML hace un mes, Susquehanna hace unas semanas e Intel ahora.

El CEO de la compañía californiana, Pat Gelsinger, reconocía ayer en una entrevista con CNBC que la industria de los semiconductores sufrirá los efectos de la escasez de suministro hasta 2024. Hace apenas medio año el propio Gelsinger apuntaba que la crisis duraría al menos hasta 2023, con lo que el nuevo vaticinio alarga un poco más ese escenario y empeoran las previsiones de 2021.

La razón —detalló el propio Gelsinger— es la disponibilidad limitada de algunas herramientas fundamentales para la fabricación, lo que complica la labor de las empresas. “Es parte de la razón por la que creemos que la escasez general de semiconductores se desplazará hacia 2024 en contraste con nuestras estimaciones anteriores de 2023”, explicó el CEO de Intel.

Desafíos hasta 2024

A pesar de ese escenario general y el panorama dibujado por el directivo de Intel, la escasez de semiconductores no afecta por igual a todos los chips. Buena muestra es el informe elaborado por la firma Susquehanna con los plazos de espera que soportaban los clientes el mes pasado.

A nivel general situó la demora en 26,6 semanas, ligeramente por encima del mes anterior; pero con oscilaciones importantes entre diferentes piezas. En el caso de los chips analógicos, por ejemplo, la espera era de 30 semanas. En el caso de los componentes pasivos la tendencia fue la contraria. El sector registra también señales que invitan al optimismo sobre la disponibilidad de GPU.

“Esperamos que la industria siga enfrentando desafíos hasta al menos 2024 en áreas como la capacidad de fundición y la disponibilidad de herramientas como IDM”, reflexionó Gelsinger. La clave estaría ahora en las dificultades para lograr herramientas de fabricación y alcanzar unos objetivos de producción que podrían verse incrementados a su vez por el alza de la propia demanda.

La industria arrastra una situación de escasez desde la crisis sanitaria y a lo largo de las últimas semanas —como destacaba Susquehanna— se ha visto marcado por otros factores, como el seísmo que afectó a Japón a mediados de marzo; la guerra de Ucrania, un país estratégico en la distribución de gas neón; o los bloqueos que está provocando la política de "Covid cero" aplicada en China.

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