Andalucía se ha convertido en tierra hostil para el aguacate. Así que una región inesperada le está tomando el relevo: Galicia

Andalucía se ha convertido en tierra hostil para el aguacate. Así que una región inesperada le está tomando el relevo: Galicia

En España, el aguacate ha dejado de ser un alimento exótico para convertirse en el nuevo rey de la cesta de la compra. Su demanda crece sin parar: solo en 2023, las frutas tropicales se convirtieron en las más consumidas del país, superando incluso a los cítricos de toda la vida. Pero mientras la superficie dedicada al cultivo de aguacate en España roza ya las 24.000 hectáreas —con Andalucía a la cabeza—, el sur empieza a resentirse. Falta agua. Sobran temperaturas extremas. Y los productores buscan alternativas en el norte y ahí entra Galicia.

Un nuevo mapa tropical. La imagen de un aguacate no se asocia, precisamente, al verde húmedo del noroeste peninsular. Pero los datos y las experiencias reales empiezan a contar otra historia. Porque en Galicia el aguacate no solo crece: se está plantando con fuerza.

Tal como recoge un reportaje de La Voz de Galicia, en la provincia de Pontevedra ya había al menos siete hectáreas cultivadas en 2022, y todo apunta a que esa cifra se ha duplicado desde entonces. “Es una producción muy interesante que se está introduciendo ya en muchas cooperativas gallegas”, afirma Higinio Mougán, director de AGACA, la Asociación Galega de Cooperativas Agroalimentarias.

Atraídos por los altos precios de mercado —y por una demanda que no deja de crecer—, agricultores gallegos como los de la cooperativa Horsal ya están apostando por este cultivo. Sin embargo, lo hacen con cautela ya que no todo es tan fácil como plantar y esperar a recoger.

¿Pero es tierra de aguacates? En teoría, sí. Galicia presenta un clima suave, sin heladas prolongadas y con precipitaciones generosas. Características que, como asegura el investigador del CSIC Iñaki Hormaza para el medio gallego, “se parecen más al clima originario del aguacate que el de algunas zonas de Andalucía”. Lo que no quiere decir que no haya riesgos.

Temperaturas de más de 35º en verano, fuertes vientos costeros, suelos encharcables o la posibilidad de heladas inesperadas siguen siendo factores limitantes. “No es un cultivo para lanzarse sin estudio previo”, advierte Pablo Porto, técnico de Vivaz Plant, empresa que ha desarrollado plantaciones en el Baixo Miño. El terreno debe tener buen drenaje, estar protegido del viento y contar con suelos profundos y aireados. Y eso sin hablar de los desafíos de productividad —menos del 1% de las flores dan fruto— o de poscosecha, que alerta de los daños por recolecciones forzadas en días de temporal.

Hay pruebas de que funciona. A 300 kilómetros al este, en Asturias, la historia de Ángel Sordo y su aguacatero centenario en Porrúa es ya casi leyenda. Plantado en 1906, este árbol sigue en pie más de un siglo después y es considerado el más antiguo de Europa. “Su copa alcanza los 30 metros de diámetro”, un emblema vivo de lo que podría ser una nueva frontera agrícola.

Inspirados por este legado, emprendedores como Andrés Ibarra fundaron Aguacastur para explorar el potencial del aguacate en el Cantábrico. Su descubrimiento fue revelador: miles de árboles desperdigados, algunos con hasta cuatro floraciones al año. Y no, el frío no los mató. Gracias a la humedad ambiental, incluso temperaturas de -5º no provocaron daños severos.

“Es cuestión de tiempo que el cultivo de aguacates en el norte se convierta en una realidad”, decía Ibarra. Un cambio que se acelera conforme el sur pierde viabilidad.

Una Axarquía del norte. Como bien explicó mi compañero, la comparación no es casual. La Axarquía malagueña ha sido durante décadas la meca del aguacate en España. Pero las sequías, la sobreexplotación del acuífero de la Viñuela y las olas de calor están cambiando el guion. ¿Será el norte —con su agua, su clima templado y su menor presión urbana— el futuro de la fruta tropical en España?

No sería la primera vez. Galicia fue tierra de olivos en el pasado y nadie sabe bien por qué dejó de serlo.

Y ahora, ¿qué? El interés está ahí. Las plantaciones crecen. Las cooperativas se organizan. Pero el camino del aguacate gallego —como el de todo cultivo que se aventura en tierras nuevas— no estará libre de obstáculos. El oro verde ha llegado a Galicia. Y esta vez, parece que ha llegado para quedarse.

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Xataka | Muy pocos países del mundo se dedican a la producción industrial de aguacates. Ahora se ha sumado uno inesperado: Japón

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La Gen Z se ha desentendido tanto del vicio que está celebrando raves diurnas con café y “sound healing”

La Gen Z se ha desentendido tanto del vicio que está celebrando raves diurnas con café y "sound healing"

Hay gestos que nos definen como especie, y bailar es uno de ellos. Cuando todo falla, el cuerpo sigue hablando: se agita, se sacude, se libera. Barbara Ehrenreich lo documentó en 'Dancing in the Streets', donde muestra cómo el baile ha servido históricamente como respuesta colectiva al dolor. Hoy, ese instinto parece despertar de nuevo, en un mundo desgastado por el estrés, la incertidumbre y el aislamiento.

Decodificando la rave. En almacenes, parques, cafés y hasta resorts de lujo, las raves del siglo XXI ya no giran exclusivamente en torno al alcohol, las luces estroboscópicas y la madrugada. Ahora también pueden empezar con una sesión de yoga al amanecer, incluir espacios libres de sustancias, fomentar conversaciones profundas y ofrecer café en lugar de cócteles.

En un artículo para Marie Claire explican que el fenómeno se está extendiendo en muchos países y la música electrónica sigue siendo el latido central. Sin embargo el propósito ha cambiado: se trata de reconectar con el cuerpo, con los demás y con uno mismo. “Estamos muy conectados en línea, pero posiblemente más desconectados en la vida real”, afirma Kesang Ball, cofundadora de Trippin al medio, una plataforma global de cultura joven. “La gente anhela espacios donde pueda reencontrarse con personas afines”.

Un cambio cultural. Podría parecer un capricho, ya que las raves siempre han sido un espacio contracultural que daba margen de respuesta a lo que ocurría en el momento. No obstante, como aborda la revista de moda, la necesidad de este nuevo movimiento gira en torno al agotamiento emocional pospandémico, la epidemia de soledad, el colapso del bienestar mental y el hartazgo frente a una vida digital que prometía conexión, pero dejó vacío.

En España, el tiempo medio que los usuarios dedican a las redes sociales es de 1 hora y 55 minutos al día, según un estudio de TreceBits. En este contexto, las fiestas no son solo fiestas: son espacios donde reaprender a estar con otros sin pantallas de por medio.

Aún más profundo. Este giro también refleja una sensibilidad generacional. A diferencia del estereotipo millennial de la fiesta hasta el amanecer, la Generación Z prioriza el autocuidado, la autenticidad y la salud mental. El exceso, el blackout y la resaca han dejado de ser gestos de rebeldía; hoy, lo subversivo es mantenerse lúcido, conectar profundamente y encontrar placer sin culpa. En este contexto, la rave no desaparece, se transforma.

De hecho, una investigación de la Universidad de Leeds, Exploring Relationships Between Electronic Dance Music Event Participation and Well-being, halló que asistir a eventos de música electrónica está directamente asociado con un mayor bienestar psicológico, emocional y social. En el estudio identificaron que los asistentes a raves experimentaban sentimientos profundos de conexión, expresión individual, comunidad y euforia colectiva.

Y ni una gota de alcohol. La sobriedad es tendencia, los más jóvenes están cambiando la copa por el espresso. Las llamadas coffee raves —fiestas matutinas en cafeterías reconvertidas en clubes— son solo un ejemplo del cambio de paradigma.

De la pista a la paz interior. El cambio ha sido progresivo, pero firme. En un reportaje de la página EDM han charlado con colectivos como Daybreaker, Superbloom o The Oracle Project que están a la vanguardia de una nueva era de fiestas: diurnas, conscientes y comunitarias. En ellas, bailar y cuidarse no son acciones opuestas. Lauren Brenc, fundadora de The Oracle Project, lo resume así: “No quería renunciar a la diversión de salir, pero tampoco quería seguir girando en torno a algo que me enfermara y no fomentara una conexión profunda”.

El movimiento también tiene su expresión de lujo. Como han detallado en Travel and Leisure, en Koh Samui, el hotel W organiza retiros musicales donde DJs emergentes como Joplin comparten cartel con sesiones de sound healing y yoga, en un entorno cinco estrellas. Allí, la música electrónica no compite con el descanso, sino que se sincroniza con él. Aunque no es el único espacio, porque en cafeterías como Santanera Coffee en Madrid o Vera Café en Barcelona, las coffee parties reúnen a centenares de jóvenes que bailan al ritmo del house y el techno con capuchino en mano. Todo, a plena luz del día.

Un acto radical: bailar en comunidad. La nueva cultura rave no es una copia nostálgica del pasado. Es una reinvención. Frente a un mundo que mercantiliza el tiempo, aplasta la alegría y fragmenta el sentido de pertenencia, bailar juntos —sin filtros ni pantallas— puede ser un acto profundamente radical. Rob Glassett, conocido como Fold, lo resume con claridad para Marie Claire: “Las pistas de baile siempre han sido lugares importantes para desconectar… Pero no para atontarse, sino para reconectar”.

En una era saturada de estímulos y algoritmos, volver al cuerpo, al ritmo y al contacto humano puede ser más revolucionario de lo que parece. Y si, como dice la DJ Surusinghe en la revista de moda: “La música tiene un poder comparable al de la religión”, entonces la pista de baile es, quizás, uno de los últimos santuarios verdaderamente libres.

Imagen | Unsplash

Xataka | En lugar de un cubata, un capuchino: el triunfo de las raves diurnas donde los raveros consumen café en vez de alcohol

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La Gen Z se ha desentendido tanto del vicio que está celebrando raves diurnas con café y “sound healing”

La Gen Z se ha desentendido tanto del vicio que está celebrando raves diurnas con café y "sound healing"

Hay gestos que nos definen como especie, y bailar es uno de ellos. Cuando todo falla, el cuerpo sigue hablando: se agita, se sacude, se libera. Barbara Ehrenreich lo documentó en 'Dancing in the Streets', donde muestra cómo el baile ha servido históricamente como respuesta colectiva al dolor. Hoy, ese instinto parece despertar de nuevo, en un mundo desgastado por el estrés, la incertidumbre y el aislamiento.

Decodificando la rave. En almacenes, parques, cafés y hasta resorts de lujo, las raves del siglo XXI ya no giran exclusivamente en torno al alcohol, las luces estroboscópicas y la madrugada. Ahora también pueden empezar con una sesión de yoga al amanecer, incluir espacios libres de sustancias, fomentar conversaciones profundas y ofrecer café en lugar de cócteles.

En un artículo para Marie Claire explican que el fenómeno se está extendiendo en muchos países y la música electrónica sigue siendo el latido central. Sin embargo el propósito ha cambiado: se trata de reconectar con el cuerpo, con los demás y con uno mismo. “Estamos muy conectados en línea, pero posiblemente más desconectados en la vida real”, afirma Kesang Ball, cofundadora de Trippin al medio, una plataforma global de cultura joven. “La gente anhela espacios donde pueda reencontrarse con personas afines”.

Un cambio cultural. Podría parecer un capricho, ya que las raves siempre han sido un espacio contracultural que daba margen de respuesta a lo que ocurría en el momento. No obstante, como aborda la revista de moda, la necesidad de este nuevo movimiento gira en torno al agotamiento emocional pospandémico, la epidemia de soledad, el colapso del bienestar mental y el hartazgo frente a una vida digital que prometía conexión, pero dejó vacío.

En España, el tiempo medio que los usuarios dedican a las redes sociales es de 1 hora y 55 minutos al día, según un estudio de TreceBits. En este contexto, las fiestas no son solo fiestas: son espacios donde reaprender a estar con otros sin pantallas de por medio.

Aún más profundo. Este giro también refleja una sensibilidad generacional. A diferencia del estereotipo millennial de la fiesta hasta el amanecer, la Generación Z prioriza el autocuidado, la autenticidad y la salud mental. El exceso, el blackout y la resaca han dejado de ser gestos de rebeldía; hoy, lo subversivo es mantenerse lúcido, conectar profundamente y encontrar placer sin culpa. En este contexto, la rave no desaparece, se transforma.

De hecho, una investigación de la Universidad de Leeds, Exploring Relationships Between Electronic Dance Music Event Participation and Well-being, halló que asistir a eventos de música electrónica está directamente asociado con un mayor bienestar psicológico, emocional y social. En el estudio identificaron que los asistentes a raves experimentaban sentimientos profundos de conexión, expresión individual, comunidad y euforia colectiva.

Y ni una gota de alcohol. La sobriedad es tendencia, los más jóvenes están cambiando la copa por el espresso. Las llamadas coffee raves —fiestas matutinas en cafeterías reconvertidas en clubes— son solo un ejemplo del cambio de paradigma.

De la pista a la paz interior. El cambio ha sido progresivo, pero firme. En un reportaje de la página EDM han charlado con colectivos como Daybreaker, Superbloom o The Oracle Project que están a la vanguardia de una nueva era de fiestas: diurnas, conscientes y comunitarias. En ellas, bailar y cuidarse no son acciones opuestas. Lauren Brenc, fundadora de The Oracle Project, lo resume así: “No quería renunciar a la diversión de salir, pero tampoco quería seguir girando en torno a algo que me enfermara y no fomentara una conexión profunda”.

El movimiento también tiene su expresión de lujo. Como han detallado en Travel and Leisure, en Koh Samui, el hotel W organiza retiros musicales donde DJs emergentes como Joplin comparten cartel con sesiones de sound healing y yoga, en un entorno cinco estrellas. Allí, la música electrónica no compite con el descanso, sino que se sincroniza con él. Aunque no es el único espacio, porque en cafeterías como Santanera Coffee en Madrid o Vera Café en Barcelona, las coffee parties reúnen a centenares de jóvenes que bailan al ritmo del house y el techno con capuchino en mano. Todo, a plena luz del día.

Un acto radical: bailar en comunidad. La nueva cultura rave no es una copia nostálgica del pasado. Es una reinvención. Frente a un mundo que mercantiliza el tiempo, aplasta la alegría y fragmenta el sentido de pertenencia, bailar juntos —sin filtros ni pantallas— puede ser un acto profundamente radical. Rob Glassett, conocido como Fold, lo resume con claridad para Marie Claire: “Las pistas de baile siempre han sido lugares importantes para desconectar… Pero no para atontarse, sino para reconectar”.

En una era saturada de estímulos y algoritmos, volver al cuerpo, al ritmo y al contacto humano puede ser más revolucionario de lo que parece. Y si, como dice la DJ Surusinghe en la revista de moda: “La música tiene un poder comparable al de la religión”, entonces la pista de baile es, quizás, uno de los últimos santuarios verdaderamente libres.

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“Estamos viendo jóvenes con poca capacidad para gestionar la frustración”: la epidemia silenciosa del lorazepam

"Estamos viendo jóvenes con poca capacidad para gestionar la frustración": la epidemia silenciosa del lorazepam

Cada noche repite el gesto: desliza el cajón, toma la pastilla, la deja disolver lentamente bajo la lengua. No se trata de una excepción, sino de una tendencia generalizada que ha convertido a los ansiolíticos en parte del botiquín cotidiano de muchas personas en España. Una costumbre que refleja más que una epidemia de insomnio: una sociedad entera que arrastra el malestar emocional sin suficientes herramientas para gestionarlo.

Un consumo en auge. Nombres como lorazepam, alprazolam o diazepam han dejado de pertenecer exclusivamente al lenguaje médico. Hoy forman parte del vocabulario habitual, reflejo de una realidad cada vez más extendida: el uso generalizado de ansiolíticos para gestionar el estrés, el insomnio o la ansiedad cotidiana.

Según datos del Consejo General de la Psicología de España y la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), más del 42% de la población ha consumido benzodiacepinas en los últimos cinco años. Mientras que, el 59% de los jóvenes entre 25 y 29 años ha tomado ansiolíticos en los últimos años. No es una excepción generacional: es una normalización del malestar con receta.

No siempre hay un diagnóstico base. A veces, la pastilla llega para calmar un malestar puntual, una noche difícil, un día que se desborda. Sin terapia. Sin un seguimiento real. Solo la receta rápida, sin tiempo ni recursos para algo más. El doctor Luis Gimeno Feliu, médico de familia en el Centro de Salud de San Pablo (Zaragoza), explica en una entrevista con El Heraldo que “hay una premura grande en atención primaria por la falta de personal. Eso lleva al paciente al recurso fácil. El problema es que las benzodiacepinas crean dependencia con rapidez. El ideal es usarlas de manera corta y ocasional, pero en España se consumen de forma indiscriminada”.

Un golpe de realidad. El uso continuado de estas sustancias conlleva riesgos reales. Según la misma encuesta de la OCU, el 65% de los consumidores lleva tomándolas desde hace más de seis meses y casi un 40% reconoce que le gustaría dejarlas. El problema, como han señalado en el informe, es que muchos pacientes no cuentan con un acompañamiento psicológico adecuado ni con alternativas terapéuticas reales en el sistema público de salud.

La receta fácil. En este contexto, hemos conversado con la psicóloga clínica Alejandra de Pedro González quien identifica múltiples causas que explican esta tendencia: el estrés laboral, la precariedad, la crisis de vivienda, la hiperconectividad constante y las secuelas del confinamiento han generado un escenario social que favorece el malestar. “El sistema sanitario muchas veces responde con una receta rápida. La psicoterapia es más cara y menos accesible, así que el ansiolítico se convierte en la opción más sencilla, aunque no sea la más adecuada”, advierte.

La demanda de atención psicológica ha aumentado, pero el sistema público no puede absorberla. “La solución más inmediata y más barata para muchos médicos de atención primaria es prescribir un fármaco. No porque quieran, sino porque no hay medios suficientes para ofrecer psicoterapia de calidad desde el primer nivel asistencial”, explica.

Una generación ansiosa. Para de Pedro, no es exagerado hablar de una “generación ansiosa”. La sociedad actual —explica— fomenta la inmediatez, la autoexigencia extrema y la escasa tolerancia al malestar. “Estamos viendo jóvenes con muy poca capacidad para gestionar la frustración, que se sienten desbordados por exigencias cotidianas y que patologizan síntomas que son completamente normales”, señala.

El psicólogo clínico Fernando Azor, en declaraciones recogidas por El Confidencial, refuerza esta idea: “El problema es que muchas personas no han aprendido a tolerar las sensaciones físicas de la ansiedad. Tomar una pastilla alivia, pero refuerza la idea de que esas sensaciones son inaceptables”.

A esto se suma la sobreinformación a través de internet y las redes sociales. “Muchos pacientes llegan a consulta con un autodiagnóstico bajo el brazo y expectativas de soluciones instantáneas. Se frustran cuando algo no funciona rápido. Viven con el piloto de alerta siempre encendido y buscan una pastilla que apague la alarma”, comenta De Pedro.

La cara social del problema. El informe publicado por INFOCOP (Consejo General de la Psicología de España) añade una dimensión estructural al fenómeno: el consumo de ansiolíticos se dispara entre mujeres, personas mayores, desempleadas o con menor renta. Las mujeres consumen entre 1,5 y 3 veces más ansiolíticos que los hombres, y el 19% de ellas tiene al menos un envase en casa. Además, el 13,8% de las mujeres presenta trastornos de ansiedad frente al 7,4% de los hombres. El patrón es claro: cuanto mayor la vulnerabilidad social, mayor el consumo de psicofármacos.

El doctor Gimeno, desde El Heraldo, insiste: “Muchos consumos de ansiolíticos son consecuencia de problemas sociales. Habría que tratarlos con respuestas sociales, no solo farmacológicas, ni siquiera psicoterapéuticas”.

Más conciencia, pero también más confusión. Aunque la visibilidad de la salud mental ha aumentado en gran parte gracias a los medios y las redes sociales. La autoayuda mal digerida, la desinformación y la tendencia a convertir cualquier malestar emocional en una patología médica preocupan a los profesionales. “Vemos personas que llegan a consulta con técnicas mal aplicadas, expectativas poco realistas y frustración acumulada”, señala de Pedro.

El modelo sanitario, además, sigue centrado en la reducción de síntomas, no en el abordaje del origen del sufrimiento. “No tenemos un sistema que ayude a las personas a entender qué hay detrás de su ansiedad. Se buscan soluciones rápidas, pero el malestar sigue ahí”, añade.

El estigma sigue presente. A pesar de los avances en la conciencia pública, el estigma todavía existe. “Algunos pacientes tienen vergüenza de decir que toman pastillas; otros, de admitir que van al psicólogo. Depende mucho del entorno y de la generación”, apunta la psicóloga consultada. Lo que sí parece claro es que el sufrimiento emocional está más presente que nunca, y que la respuesta no puede seguir siendo únicamente farmacológica.

¿Solución o parche? El debate sigue abierto. Para muchos pacientes, el ansiolítico ha sido un salvavidas. Pero el riesgo es que se convierta en una rutina silenciosa. “Si no hay un trabajo terapéutico de fondo, los problemas volverán. Porque la medicación no cambia ni tus pensamientos, ni tus vínculos, ni tu estilo de vida”, concluye Alejandra de Pedro.

Mientras las cifras de consumo siguen aumentando, psicólogos y profesionales de la salud mental coinciden en un mensaje común: calmar los síntomas no basta. Si no se invierte en atención psicológica de calidad, si no se enseña a la población a comprender su malestar, la ansiedad seguirá tratándose con fármacos, pero sin soluciones reales.

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Xataka | Tenemos una nueva pista sobre la depresión y la hemos encontrado en un sitio insospechado: la temperatura corporal

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China ya no compite en eólica marina, juega en otra liga: ha construido una advertencia flotante de 152 metros al resto del mundo

China ya no compite en eólica marina, juega en otra liga: ha construido una advertencia flotante de 152 metros al resto del mundo

China acaba de firmar un nuevo capítulo en la carrera global por la energía renovable. Esta vez, no se trata de una plataforma petrolera emergiendo frente a sus costas, sino de una turbina eólica flotante de proporciones descomunales. Una estructura tan masiva que sus palas superan la altura de la mayoría de los rascacielos españoles, diseñada para resistir tifones y flotar en aguas profundas. Más que un avance técnico, es una declaración estratégica: el país no solo quiere energía limpia, quiere controlarla desde sus propios astilleros.

Subiendo la apuesta. El gigante asiático ha presentado el aerogenerador offshore más potente del mundo. La unidad, con una capacidad de 17 megavatios (MW), ha sido desarrollada por las estatales China Huaneng Group y Dongfang Electric Corporation, y ha salido de la línea de producción en Fuqing, ciudad costera de la provincia de Fujian, según Global Times.

Proceso de prueba. La turbina será remolcada próximamente a las aguas de Yangjiang, en la provincia de Guangdong. Desde ESDNews han detallado que la escala del nuevo aerogenerador alcanza los 262 metros del diámetro de rotor, una cifra récord que le permite barrer una superficie de 53.000 metros cuadrados. Su altura hasta el eje se eleva a 152 metros. Según cifras del propio grupo Huaneng recogidas en el mismo medio, una sola unidad podrá generar hasta 68 millones de kilovatios-hora (kWh) de electricidad limpia al año, energía suficiente para abastecer a unos 40.000 hogares.

No todo es el tamaño. Aunque sí, ya que el aerogenerador ha sido diseñado para soportar condiciones marítimas extremas, incluyendo olas de más de 24 metros de altura y vientos de tifón de categoría 17, con velocidades superiores a los 200 km/h, como han recogido en ChinaDaily. Además, cuenta con un avanzado sistema de estabilización y sensores inteligentes que permiten mantener la producción incluso cuando la plataforma sufre inclinaciones significativas.

No es la primera vez que China explora esta tecnología. El año pasado, la empresa Mingyang instaló OceanX, un aerogenerador flotante de 16,6 MW con doble rotor, diseñado para resistir huracanes de categoría 5 y olas de hasta 30 metros. Ubicado también en Guangdong, OceanX fue pionero en eficiencia extrema. Sin embargo, el nuevo modelo de Huaneng y Dongfang Electric lo supera en potencia, en tamaño y en generación anual, con 68 millones de kWh, frente a los 54 millones de OceanX.

Más que una turbina gigante. Este proyecto encaja en una estrategia más amplia que busca reducir la dependencia tecnológica del exterior. Según Global Times, todos los componentes principales —palas, generadores, convertidores, transformadores e incluso un nuevo rodamiento de eje de gran diámetro— han sido diseñados y fabricados en China.

Además, la turbina permite acceder a un recurso hasta ahora poco aprovechado: el viento en aguas profundas. En esas zonas, donde no es posible instalar estructuras fijas, la única opción son plataformas flotantes. De acuerdo con el Instituto de Investigación Energética de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, esas áreas tienen entre tres y cuatro veces más potencial eólico que las regiones costeras menos profundas, según recoge China Daily.

Flotar para llegar más lejos. El avance chino se enmarca en una transformación energética global. Según el Consejo Mundial de Energía Eólica (GWEC), más del 80 % del potencial eólico marino del planeta se encuentra en aguas de más de 60 metros de profundidad. En este contexto, el desarrollo de plataformas flotantes a gran escala y producción nacional coloca a China en una posición de liderazgo. Con una capacidad renovable instalada de más de 2.090 GW en mayo de 2025, el país asiático ya obtiene uno de cada tres kilovatios-hora de fuentes limpias, como ha explicado Global Times. Y sigue acelerando.

El viento como bandera. La nueva turbina flotante china no es solo una hazaña de ingeniería. Es una declaración de intenciones. Representa la convergencia entre ambición tecnológica, soberanía industrial y necesidad ecológica. En un mundo que aún busca cómo mitigar la crisis climática sin sacrificar desarrollo, China parece estar diciendo: el viento sopla a nuestro favor, y sabemos aprovecharlo.

Imagen | Piqsels

Xataka | En Perú, una empresa ha tenido una idea para llevar la energía eólica directamente a tu casa: turbinas a modo Lego

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España produce más energía solar que nunca, pero solo consigue una hora barata de electricidad al día

España produce más energía solar que nunca, pero solo consigue una hora barata de electricidad al día

En pleno julio, con el aire acondicionado trabajando sin descanso y la factura de la luz disparada, en España hay un único momento del día en el que el consumo eléctrico no duele tanto al bolsillo. Ese pequeño respiro energético se concentra al medio día, una franja horaria en la que la electricidad cuesta la mitad o incluso menos que en el resto del día, ¿pero por qué solo es momento?

La luz disparada. El miércoles, 16 de julio, el precio medio de la electricidad se había situado en los 164,06 €/MWh en la tarifa regulada (PVPC), según datos de Red Eléctrica de España. Para este jueves 17, se espera una leve bajada hasta los 102,85 €/MWh, pero esa media esconde una realidad desigual: durante gran parte del día, el coste supera los 120 euros por megavatio hora, como ha recogido el Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE). Solo durante una única hora se encuentra un precio "asequible".

En solo siete horas, la electricidad pasará de ser relativamente asequible a casi duplicar su precio. A las 15:00, costará 73,00 €/MWh. A las 22:00, alcanzará los 129,85 €/MWh. La explicación no está en un pico de consumo, sino en un cambio de fuente: se agota el sol, entra el gas y el mercado reacciona.

¿Por qué solo en esa franja horaria? La razón está en el sol. A partir de las tres de la tarde, la curva de producción solar aumenta considerablemente. El sistema eléctrico entra entonces en una fase de sobreoferta: hay más generación renovable que demanda real. Ese excedente se traduce en una caída abrupta del precio en el mercado mayorista (‘pool’), que refleja en tiempo real el desequilibrio entre lo que se produce y lo que se consume.

El problema es que ese excedente no se puede almacenar adecuadamente. España aún no dispone de baterías ni infraestructuras de bombeo suficientes para guardar esa energía barata y liberarla cuando más se necesita. Así, el sistema se ve obligado a vender barato al mediodía y comprar caro al anochecer.

A esta falta de almacenamiento se suma un problema menos visible: el curtailment. Aunque se generan más renovables que nunca, parte de esa energía se pierde por saturación de la red. Según Red Eléctrica, en algunos nudos del centro-sur peninsular —como Arenas de San Juan o Carroyuelas— se ha desperdiciado hasta un 30 % de la electricidad generada por falta de capacidad para evacuarla. Mientras tanto, el precio de la luz sigue subiendo.

Este desequilibrio horario genera lo que los expertos llaman un “spread” diario: una diferencia de precios que puede superar los 200 €/MWh entre la hora más barata y la más cara del día. Es lo que hace que una factura se dispare aunque parte de la electricidad se genere casi gratis.

No es solo culpa del sol. El precio de la luz no solo depende únicamente de la radiación solar. Desde el apagón del 28 de abril, Red Eléctrica ha activado un modo operativo reforzado, con más peso de los ciclos combinados de gas para estabilizar la red. Esta medida de emergencia se ha convertido en la nueva normalidad mientras se implementan reformas estructurales que no estarán listas hasta el año que viene.

El impacto directo en la factura. Los consumidores con tarifa regulada (PVPC) son los más expuestos a esta volatilidad. Cada día, su factura depende del precio hora a hora. Pero incluso los clientes del mercado libre están notando subidas: algunas compañías eléctricas están trasladando los sobrecostes a los contratos, según ha advertido FACUA, lo que podría ser ilegal si no está previsto contractualmente.

Con este panorama, muchos consumidores intentan concentrar el uso de electrodomésticos como lavadoras, hornos o aires acondicionados durante esa hora barata del día. Sin embargo, no todos tienen margen para reorganizar su vida en torno a una única franja de bajo coste.

La solución está más que clara. En este medio lo hemos hablado muchas veces: pasa por más almacenamiento energético, mayor gestión de la demanda, más microrredes locales y mejores interconexiones con Europa. El Gobierno ya ha lanzado el Real Decreto-Ley 7/2025 para acelerar estos cambios, y ha iniciado la creación de un mercado de capacidad para garantizar el suministro.

Pero ninguna de estas medidas es inmediata. Algunas tienen plazos hasta septiembre, pero otras se alargarán hasta mediados de 2026. Mientras tanto, la dependencia del gas seguirá marcando los precios nocturnos.

Una carrera contra reloj. Cada día, el sistema eléctrico español ofrece una única ventana de electricidad barata. Es el reflejo de una paradoja energética: nunca se ha producido tanta energía renovable, y nunca ha sido tan difícil aprovecharla de forma eficiente.

Mientras no se resuelvan las carencias de almacenamiento y flexibilidad, la hora barata será un privilegio puntual y no una garantía. En un verano marcado por olas de calor, el coste de no actuar a tiempo se medirá no solo en euros, sino también en emisiones, vulnerabilidad social y dependencia energética.

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Xataka | Apagón en abril, factura más cara en mayo: así ha afectado el refuerzo del sistema

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Taparse la boca para dormir parece una gran idea contra la apnea del sueño. No lo es en absoluto

Taparse la boca para dormir parece una gran idea contra la apnea del sueño. No lo es en absoluto

El jugador del Manchester City, Erling Haaland, captó todas las miradas no por ese fichaje frustrado al Madrid, sino por hablar abiertamente de una práctica que, según él, utiliza incluso cuando entrena: taparse la boca. Y en TikTok, miles recomiendan este truco "porque cambió su vida". Hablamos del mouth taping, el último grito del autocuidado nocturno. Promete un sueño profundo, menos ronquidos, mejor aliento e incluso una mandíbula más definida. Pero, ¿estamos frente a una solución milagrosa o a una moda arriesgada disfrazada de bienestar?

La rutina viral. Lo que comenzó como un consejo alternativo para mejorar el sueño se ha convertido en un fenómeno viral gracias a las morning routines de influencers como Ashton Hall y las famosas morning sheeds. En todos los vídeos muestran cómo usan cinta médica o vendajes bucales para dormir con la boca cerrada, asegurando que eso mejora su descanso y su salud.

En TikTok, el hashtag #mouthtaping supera las 96.700 publicaciones y continúa creciendo. Sin embargo, el fenómeno ha evolucionado más rápido que la ciencia que lo respalda. Y eso preocupa a los especialistas.

¿Moda saludable o práctica arriesgada? Para algunos médicos, este tipo de tendencias son el ejemplo perfecto de cómo internet puede convertir una idea aparentemente inocente en un riesgo sanitario. Así lo han explicado en un reportaje de DW, en el que el Dr. Brian Rotenberg, otorrinolaringólogo y autor de un análisis publicado en PLOS One ha explicado que esta tendencia se promociona como una solución mágica, pero no hay evidencia sólida que lo respalde.

Desde España, el Dr. Carlos O’Connor Reina, miembro de la Sociedad Española del Sueño, coincide en declaraciones para WebConsultas: “La respiración nasal es más saludable, sí, pero si una persona usa estas cintas con una nariz que no funciona correctamente, estamos hablando de un problema de salud muy importante”.

Hay un riesgo mayor: apnea del sueño. El principal riesgo del mouth taping es que muchas personas lo usan sin saber que padecen apnea del sueño, una condición potencialmente grave en la que la respiración se interrumpe repetidamente mientras dormimos. El Dr. Rotenberg lo ha resume así: “Sellar la boca puede representar un grave riesgo de asfixia en personas con obstrucción nasal o reflujo gástrico”.

Y hay más problemas. Expertos citados en CNN han señalado que el uso indiscriminado del mouth taping puede provocar sensación de ahogo o claustrofobia, microdespertares y fragmentación del sueño, empeoramiento de la apnea no diagnosticada, riesgo de asfixia si hay congestión nasal, pólipos o desviación del tabique, ansiedad nocturna o angustia respiratoria, e irritación cutánea o reacciones alérgicas.

Mejor sin cinta. Sabemos que respirar por la boca no es lo ideal. Seca la garganta, favorece los ronquidos y puede empeorar la calidad del sueño. La respiración nasal, en cambio, filtra y humedece el aire, protege las vías respiratorias y ayuda a dormir mejor. Pero no hace falta recurrir a una cinta en la boca para conseguirlo. Los médicos recomiendan alternativas más seguras: consultar a un otorrino, revisar posibles obstrucciones nasales, practicar ejercicios para fortalecer la lengua y el paladar, dormir de lado o usar tiras nasales si están indicadas.

La patóloga del habla Ann Kearney, de la Universidad de Stanford, ha explicado en CNN que la posición de la lengua también es clave: “Si no colocas correctamente la lengua, la respiración nasal no se consigue con solo tapar la boca. La lengua debe ir hacia arriba y hacia adelante para abrir la vía aérea”.

Una mandíbula más definida... Una de las promesas más populares que más se pueden observar últimamente es que ayuda a "esculpir el rostro". Según un artículo de GQ, los especialistas han indicado que esto no tiene base científica. “No existen pruebas de que fortalezca o defina la mandíbula”, detalla la Dra. Leah Totton en el medio. A lo sumo, una respiración nasal adecuada puede favorecer la postura lingual y tener un efecto mínimo a largo plazo, pero no modifica los rasgos faciales.

La respiración nasal sí, pero no con cinta. La respiración nasal es clave para la salud, pero el mouth taping no es una solución universal ni inofensiva. Como muchas modas que nacen en redes sociales, puede parecer simple, pero sus riesgos no lo son. Si tienes problemas para dormir, roncas o respiras por la boca, la respuesta no está en una cinta, sino en una consulta médica.

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Lo que empezó como un parche tras el apagón ya es la nueva normalidad de España: más energía mediante gas

Lo que empezó como un parche tras el apagón ya es la nueva normalidad de España: más energía mediante gas

Tras el apagón del 28 de abril, que dejó al descubierto la fragilidad del sistema eléctrico en momentos de alta penetración renovable, Red Eléctrica ha impuesto una nueva forma de operar: un sistema de refuerzo basado en una mayor activación de los ciclos combinados de gas. Lo que nació como una medida de urgencia se ha convertido en una nueva normalidad. España vuelve al gas, no por falta de renovables, sino porque —por ahora— no puede confiar únicamente en ellas.

Y se quedará un tiempo... Desde finales de abril, el operador del sistema mantiene un modo operativo reforzado para garantizar la estabilidad. Tal como ha confirmado Red Eléctrica a ElEconomista.es, esta medida seguirá vigente mientras se implementan las soluciones técnicas acordadas para evitar nuevos incidentes. El informe del incidente concluye que hubo falta de control dinámico en la red, desconexiones inesperadas y vulnerabilidades en la regulación de tensión.

Los primeros cambios ya están en marcha: el Real Decreto-Ley 7/2025 ha iniciado una batería de reformas, desde la incentivación del almacenamiento hasta la flexibilización del acceso para instalaciones híbridas. Sin embargo, el sector coincide: la implementación total llevará tiempo. Algunas medidas urgentes tienen plazo hasta septiembre, pero otras —como la reforma de los servicios de ajuste o los cambios en la red de distribución— se alargarán al menos hasta junio de 2026. El refuerzo, por tanto, no es transitorio.

Renovables sí, pero no son suficientes. Y es que esta situación se produce en un contexto bastante paradójico. España está produciendo más energía que nunca: en mayo se registraron los precios mayoristas más bajos de la historia reciente —con muchas horas en precios negativos—, gracias al empuje de eólica, solar e hidráulica.

Entonces, vuelve la pregunta: ¿por qué se vuelve al gas? La clave está en la falta de almacenamiento y en la variabilidad de la demanda. La generación renovable es abundante durante el día, pero cae drásticamente al anochecer, justo cuando el consumo sigue alto por las olas de calor. Sin baterías ni bombeos suficientes para almacenar el excedente, el sistema necesita firmeza. Y esa firmeza, hoy, la da el gas.

Acaban de lanzar un "seguro antiapagones". El Gobierno es consciente del riesgo. Por eso ha activado formalmente la puesta en marcha de los mercados de capacidad, una herramienta que llevaba años en estudio y que ahora se acelera tras el apagón. Se trata de un mecanismo que remunera por estar disponible, no solo por producir, y que busca mantener operativas las tecnologías firmes —como el gas o el almacenamiento— para garantizar el suministro incluso en condiciones críticas.

Tras la habilitación incluida en el Real Decreto-ley 7/2025, el Ministerio para la Transición Ecológica puede dar paso a la resolución específica que fija dos parámetros clave para activar estos mecanismos: el Valor de carga perdida (VoLL), en 22.879 €/MWh, y un estándar de fiabilidad (LOLE) de 1,5 horas al año. El objetivo del Ejecutivo es claro: lanzar las primeras subastas antes de que acabe 2025 y asegurar que las plantas de gas que pidieron su cierre (9.000 MW en total) puedan seguir disponibles mientras llega una solución estructural.

Y los precios vuelven a subir. Junio cerró con un repunte importante en el precio mayorista de la electricidad, tras los mínimos históricos de abril y mayo. La ola de calor, el aumento de la demanda y la mayor participación de los ciclos combinados de gas dispararon el coste medio en el mercado hasta niveles no vistos en meses. La factura de los consumidores con tarifa regulada lo ha notado: ha sido la tercera subida mensual consecutiva, según los datos del simulador oficial de la CNMC.

Además, en el mercado libre, algunas comercializadoras están trasladando estos sobrecostes a sus clientes, incluso sin que exista una cláusula contractual que lo permita. Esto ha motivado una advertencia de FACUA, que recuerda que subir tarifas unilateralmente es ilegal si no está previsto expresamente en el contrato. En algunos casos, se han notificado recargos de hasta un 6 % anual bajo el argumento de mayores costes técnicos, lo que podría constituir una cláusula abusiva según la normativa de defensa del consumidor.

Desafío estructural. El apagón de abril destapó carencias que ya estaban ahí: un sistema excesivamente centralizado, escaso almacenamiento, pocas microrredes y poca capacidad de reacción local ante perturbaciones.

La solución no pasa por abandonar las renovables, sino por complementarlas. El gas, por ahora, cumple ese papel. Pero el reto es que lo hagan en el futuro los almacenamientos, la gestión de la demanda y una red más robusta. Eso exige tiempo, inversión y decisiones políticas difíciles.

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Cuando las grandes farmacéuticas quisieron inventar Ozempic, se fijaron en algo: un lagarto que digiere durante meses

Cuando las grandes farmacéuticas quisieron inventar Ozempic, se fijaron en algo: un lagarto que digiere durante meses

Parece salido de una película de terror: un lagarto venenoso, lento y escamoso, que pasa la mayor parte de su vida oculto bajo la arena del desierto. Pero este reptil, lejos de ser una amenaza se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la medicina moderna. Su nombre: Heloderma suspectum, más conocido como el monstruo de Gila, y su veneno ha inspirado medicamentos que últimamente resuenan mucho como herramienta para adelgazar.

Un hallazgo inesperado. En 1980, el gastroenterólogo Jean-Pierre Raufman, intrigado por el potencial terapéutico de sustancias naturales, analizó una serie de venenos animales. En las zonas más áridas del sur de Estados Unidos y el norte de México, el especialista en el aparato digestivo y otros órganos asociados quedó fascinado por el monstruo de Gila. Según BBC, el monstruo de Gila pasa el 98% de su vida en madrigueras subterráneas y puede sobrevivir con apenas seis comidas al año, gracias a la grasa acumulada en su cola, al estilo de los camellos.

Como ha recogido el National Geographic, el médico quiso estudiar más a fondo tras recibir una muestra facilitada por el químico John Pisano, quien buscaba nuevas moléculas tipo péptido. Más tarde, el endocrinólogo John Eng retomó esa línea de investigación y logró aislar dos moléculas del veneno: exendin-3 y exendin-4. Estas se comportaban de manera similar a una hormona humana llamada GLP-1, esencial para regular la producción de insulina. El hallazgo abrió las puertas a una nueva clase de fármacos.

La ciencia detrás del GLP-1. Porque claro, ¿cómo un veneno se ha convertido en la estrella del adelgazamiento? La exendina-4 del monstruo de Gila imitaba al GLP-1, pero tenía una ventaja crucial: permanecía más tiempo en el organismo humano, prolongando sus efectos sobre el metabolismo. Esto permitió desarrollar medicamentos como Byetta (exenatida) para la diabetes tipo 2.

Como ha recogido la BBC, más tarde, dió lugar a los famosos fármacos conocidos como Ozempic, Wegovy y Mounjaro. No solo regulan el azúcar en sangre, sino que también reducen el apetito y provocan pérdida de peso, actuando directamente sobre receptores cerebrales que controlan la sensación de hambre. El truco estuvo en hacer un pequeño cambio en la molécula: le añadieron unas cadenas de grasa que hacen que se una a proteínas en la sangre. Eso permite que el medicamento dure más tiempo en el cuerpo, por lo que no hace falta tomarlo tan seguido y su efecto es más constante.

Ahora se enfrenta un problema mayor. Y no es el desabastecimiento los fármacos para adelgazar. Según un estudio de Ecology and Evolution, el monstruo de Gila está viendo como se reduce drásticamente su hábitat en las próximas décadas. El cambio climático, junto con la fragmentación del desierto, limita su capacidad de adaptación.

Para 2070, se estima que podría haber desaparecido de gran parte de su rango actual, especialmente en regiones como el Mojave, sin posibilidad de recolonizar otras zonas más templadas.

El veneno como vía de investigación. El uso de compuestos tóxicos en medicina no es algo nuevo. El captopril, ampliamente recetado para tratar la hipertensión, se basa en el veneno de una serpiente brasileña, la Bothrops jararaca. Hoy en día, esa misma lógica se está aplicando a escala genética. El investigador húngaro Zoltan Takacs trabaja en catalogar toxinas animales de distintas especies para crear una base de datos que sirva como punto de partida para nuevos tratamientos farmacológicos.

Escondido bajo tierra. La historia del monstruo de Gila es un recordatorio de que los secretos mejor guardados de la ciencia a veces están ocultos bajo la arena. Hoy, su supervivencia depende de la acción humana. Mientras en los laboratorios están extrayendo sabiduría de su veneno, su hábitat se reduce y su presencia en la naturaleza se vuelve cada vez más vulnerable. No sabemos donde estará el próximo avance de la ciencia.

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Filtrar litio del mar ya no es ciencia ficción: una nueva membrana lo hace posible (y barato)

Filtrar litio del mar ya no es ciencia ficción: una nueva membrana lo hace posible (y barato)

Ni abrir minas en la superficie terrestre ni perforar el fondo del océano. La próxima fiebre del litio podría no requerir ni dinamita ni excavadoras. Más bien, algo más simple: una membrana más delgada que un cabello, diseñada para capturar el valioso oro blanco que impulsa la nueva era tecnológica en la que vivimos.

Un nuevo camino. Un grupo de investigadores del Laboratorio Nacional Argonne del Departamento de Energía de EEUU (DOE) y de la Universidad de Chicago han creado una membrana capaz de extraer litio del agua salada con gran eficiencia y bajo costo.

Como un cabello. Esta membrana está hecha de una arcilla abundante, la vermiculita, que cuesta unos 350 dólares por tonelada. Pero el secreto está en cómo se ha manipulado la arcilla: el equipo ha logrado pelar la vermiculita hasta capas bidimensionales, de apenas una milmillonésima de metro, que luego apilaron una sobre otra. Entre ellas colocaron pilares microscópicos de óxido de aluminio, que mantienen la estructura estable y funcional incluso bajo el agua.

¿Cómo lograron la estabilidad? En este punto hay que ponerse un poco más técnicos.Los investigadores infundieron la membrana con cationes de sodio, lo que cambió su carga superficial de neutra a positiva. En este estado, la membrana repele más fuertemente a los iones de magnesio (con carga +2) que a los de litio (con carga +1), lo que permite una filtración mucho más precisa.

Además, al añadir más sodio se estrechan los poros del material, lo que favorece aún más la captura de litio y permite que pasen solo los iones más pequeños, como el sodio o el potasio.

Un recurso muy preciado. Quien tiene litio sabe que domina parte de la geopolítica mundial. Si no que se lo digan a China, que desde principios de siglo adoptó una estrategia deliberada de inversión a gran escala en toda la cadena de valor de los minerales críticos. El resultado de esa apuesta es que, actualmente, China es el principal refinador mundial de 19 de los 20 minerales estratégicos evaluados por la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

Sin embargo, la forma de extraerlo sigue siendo muy costosa, lenta, contaminante y geopolíticamente inestable. Hoy, la producción está en manos de unos pocos países, lo que hace tambalear la cadena de suministro global. Y aunque el agua de mar y las salmueras subterráneas contienen vastas reservas de litio, extraerlo ha sido hasta ahora una misión imposible: demasiado costosa, demasiado ineficiente. Hasta ahora.

La idea es novedosa, pero no tanto. China siempre lleva la delantera, eso es innegable. El gigante asiático también ha surgido la idea de extraer litio del mar, pero con un enfoque completamente distinto: un dispositivo flotante que utiliza la energía solar para impulsar la extracción. El sistema, desarrollado por la Universidad de Nankín y conocido como STLES, genera presión mediante evaporación solar para hacer pasar los iones de litio a través de una membrana con nanopartículas.

Ambos proyectos comparten un objetivo —acceder al litio disuelto en el agua sin recurrir a la minería tradicional—, pero difieren en su tecnología: uno usa filtración selectiva con carga iónica; el otro, transpiración solar como fuerza motriz. En conjunto, muestran que el futuro del litio podría no estar en el subsuelo, sino flotando en la superficie del mar, impulsado por ciencia de vanguardia.

Soñando con el éxito. Si llega a escala industrial, esta tecnología podría transformar radicalmente el acceso global al litio. Países sin minas pero con costas, salmueras subterráneas o incluso aguas residuales podrían convertirse en nuevos actores en el mercado.

Además, la tecnología no solo vale para el litio. Según el equipo, el mismo principio podría utilizarse para recuperar otros minerales clave como níquel, cobalto y tierras raras, o incluso para purificar el agua potable eliminando contaminantes.

Imagen | PxHere y Argonne

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