Tuve que volver a comer gluten tras el SIBO: no por gusto, sino porque el intestino tiene memoria

Tuve que volver a comer gluten tras el SIBO: no por gusto, sino porque el intestino tiene memoria

Hace un año, cada vez que comía algo, mi barriga se hinchaba como un globo. Me sentía pesada, con gases, incómoda. No entendía qué me pasaba, hasta que di positivo en sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado o, su versión corta, SIBO. Empecé un tratamiento con antibióticos y una dieta muy restrictiva. Dejé el gluten, los lácteos, los frutos secos, las frutas… Casi todo. Y cuando parecía que por fin me sentía mejor, vino la parte más extraña del proceso: tuve que reintroducir algunos alimentos, poco a poco, como si fuera una vacuna; sino lo hacía, me volvería intolerante.

Cada vez más extendido. Cada vez más extendido. Tanto en consultas médicas como en conversaciones, seguramente el término SIBO (por sus siglas en inglés, Small Intestinal Bacterial Overgrowth) ya no resulta desconocido. Esta condición describe un desequilibrio en la microbiota intestinal: bacterias que deberían encontrarse en el colon terminan proliferando en el intestino delgado, un entorno donde normalmente deberían ser casi inexistentes. Esta invasión provoca síntomas variados y molestos, como hinchazón abdominal, gases, dolor, diarrea o estreñimiento, según Mayo Clinic.

Se estima que hasta un 15% de la población española lo padece, y es más frecuente en mujeres entre 30 y 50 años, según la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN). Su diagnóstico ha aumentado en los últimos años gracias a una mayor concienciación y a pruebas como el test de aliento, una técnica no invasiva que mide la cantidad de gases producidos por las bacterias tras ingerir carbohidratos.

Después del diagnóstico. Le sigue una dieta baja en FODMAPs, un protocolo que elimina los alimentos más fermentables para aliviar los síntomas. No es una cura en sí misma, pero ayuda a reducir la producción de gases y el malestar abdominal mientras el tratamiento con antibióticos hace efecto. El problema viene después.

Hablamos con Jesús Guardiola, dietista-nutricionista, para entender qué ocurre en esa fase crítica: la reintroducción de alimentos. “Una dieta baja en FODMAPs no debería mantenerse en el tiempo porque, al restringir tanto, puede afectar a la diversidad nutricional y a la microbiota. Pero además, si dejas de consumir ciertos alimentos durante mucho tiempo, puedes perder tolerancia a ellos”, explica.

El intestino también olvida. Dejar de comer gluten no provoca celiaquía. Esta es una enfermedad autoinmune que solo aparece en personas genéticamente predispuestas. Sin embargo, eliminarlo de forma prolongada sí puede generar una reacción inesperada: que el cuerpo lo tolere peor al reintroducirlo, señala Guardiola.

Esto puede pasar por varios mecanismos: enzimáticos (el cuerpo deja de producir enzimas como la lactasa, necesaria para digerir la lactosa), inmunológicos (menos exposición puede alterar la respuesta inmune), o por cambios en la microbiota (las bacterias encargadas de digerir ese alimento desaparecen). Desde Monash University, en Australia, institución que desarrolló la dieta ha explicado sobre estos efectos en restricciones prolongadas pueden disminuir la tolerancia funcional y afectar a la diversidad microbiana.

Pero no una intolerancia real. Eso no, por supuesto. El punto es que se ha demostrado que eliminar grupos de alimentos puede alterar la microbiota y la capacidad digestiva. El cuerpo necesita exposición gradual para adaptarse, por eso la reintroducción debe hacerse con cuidado y de forma individualizada, según la institución académica.

“La clave está en hacerlo poco a poco, evaluando los síntomas, anotando cantidades y reacciones. Si introduces muchos alimentos a la vez y algo te sienta mal, no sabrás cuál fue. Y si lo haces demasiado rápido, es más probable que recaigas o que te sugestiones pensando que te va a sentar mal”, advierte Guardiola.

El diagnóstico del SIBO. El auge también ha venido acompañado de cierta controversia. Cada vez se diagnostica con más frecuencia, pero no siempre con criterios claros: en muchos casos es por descarte, cuando otras patologías han sido eliminadas, y a veces sin pruebas concluyentes. Esto complica la identificación precisa del trastorno, y puede llevar a confundirlo con intolerancias alimentarias, trastornos funcionales o, simplemente, con malos hábitos.

Desde SEMERGEN han insistido que el tratamiento requiere un abordaje integral: no solo medicamentos, sino también cambios en la dieta, estilo de vida y análisis del historial clínico completo. A esto se suma un problema cada vez más común: pacientes que adoptan dietas bajas en FODMAPs por su cuenta, sin supervisión profesional, y que las mantienen durante meses o incluso años. En lugar de mejorar, esto puede terminar deteriorando aún más la salud intestinal.

Lo que aprendí durante el proceso. Hoy vuelvo a comer gluten. No soy celíaca. Pero pasé por meses de miedo a la comida, de no saber si lo que comía me estaba curando o enfermando. Entendí que no hay alimentos buenos o malos, sino contextos, cantidades y, sobre todo, procesos.

La reintroducción no es solo una parte más del tratamiento. Es una forma de reconciliarte con la comida. Y de entender que, a veces, el problema no era el pan, sino cómo dejamos de comerlo. A veces, sanar significa volver a exponerte a lo que creías que te hacía daño. En mi caso, sí: tuve que inocularme gluten.

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El extraño culto al almidón resistente: qué hay detrás de la fiebre por enfriar comida para que engorde menos

El extraño culto al almidón resistente: qué hay detrás de la fiebre por enfriar comida para que engorde menos

Algo está cambiando en las cocinas, y no estoy hablando de la llegada de la Cosori. Más bien de esas decisiones pequeñas, aparentemente insignificantes, que toman forma entre alimentos comunes. Ya no basta con elegir entre arroz integral o blanco, entre pan de masa madre o rebanadas industriales. Ahora, el debate se traslada a la temperatura: ¿has enfriado el arroz? ¿Has guardado esa pizza para recalentarla mañana?

Lo que parece una manía doméstica más es, en realidad, parte de una revolución silenciosa impulsada desde redes sociales y respaldada —al menos en parte— por la ciencia: la del almidón resistente.

De las redes al intestino grueso. La historia empieza en las redes sociales y otros rincones del universo influencer. Aparecen vídeos enfriando y recalentando boles de arroz e, incluso, asegurando que una pizza metida en la nevera se convierte en "saludable". Todo se resume en una promesa: menos glucosa, menos calorías, más salud.

¿Almidón resistente? Entremos en materia para que se pueda entender bien. El almidón es una cadena de moléculas de glucosa que algunas plantas almacenan como fuente de energía. Existen diferentes formas de organizar esas cadenas, y según su estructura —más o menos accesible a nuestras enzimas digestivas—, el cuerpo podrá digerirlo o no.

Cuando se cocinan alimentos ricos en almidón (como pasta, patatas o arroz), el calor provoca un proceso llamado gelatinización: las cadenas se desordenan y se vuelven más digeribles. Pero si luego se enfrían, parte de esas cadenas se reorganizan en una forma nueva, más compacta y difícil de romper por nuestras enzimas. Ese proceso se llama retrogradación, y el producto resultante es almidón resistente.

Este almidón “renacido” llega al intestino grueso sin ser absorbido. Allí lo fermenta la microbiota, produciendo compuestos beneficiosos como el butirato, un ácido graso fundamental para la salud intestinal, según el Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth (CSIRO). El butirato no solo alimenta a las células del intestino, también protege la mucosa y puede ayudar a prevenir enfermedades como el cáncer de colon.

¿Es realmente beneficioso? La ciencia respalda en parte el entusiasmo. Según Cleveland Clinic, el almidón resistente se comporta de forma similar a la fibra: ayuda a mantener la salud intestinal, mejora la composición de la microbiota y contribuye a regular la glucosa en sangre. Hay que diferenciar en cuatro tipos:

  • Tipo 1: Presente en legumbres, cereales integrales y semillas. Su estructura celular lo hace inaccesible durante la digestión.
  • Tipo 2: Se encuentra en alimentos crudos como el plátano verde o la patata sin cocinar.
  • Tipo 3: Es el que se forma al cocinar y después enfriar alimentos ricos en almidón (como arroz, pasta, pan o patata).
  • Tipo 4: Es un almidón modificado químicamente, presente en productos procesados.

Según un metaanálisis citado en ScienceDirect, estos efectos son más notables en los tipos 1 y 2 de almidón resistente (los presentes de forma natural en legumbres y plátanos verdes). El tipo 3, el que se forma al enfriar alimentos cocidos, también parece tener beneficios, aunque algo más modestos.

No es la piedra filosofal de la dieta. Desde Cleveland Clinic han explicado que el almidón resistente actúa de forma parecida a la fibra: mejora la microbiota, puede ayudar a regular el azúcar en sangre y tiene efectos positivos sobre el sistema inmunológico. Sin embargo, no hay evidencias sólidas de que por sí solo ayude a perder peso o a reducir el apetito, aunque pueda tener un efecto saciante ligero.

Puede haber riesgos. La parte que no siempre aparece en los vídeos de redes es que enfriar alimentos como arroz o patata puede tener riesgos microbiológicos si no se hace correctamente. En concreto, el Bacillus cereus, una bacteria que sobrevive a la cocción y produce toxinas en alimentos que pasan mucho tiempo a temperatura ambiente tras ser cocinados.

En un reportaje de El País han advertido que los ciclos de calentamiento y enfriamiento —justo los que se promueven para generar almidón resistente— son perfectos para que esta bacteria se active. Las recomendaciones básicas:

  • Enfría el alimento en menos de una hora.
  • Guárdalo en la nevera y consúmelo en 24-48 horas.
  • Recalienta solo una vez y a alta temperatura.
  • Nunca lo dejes varias horas a temperatura ambiente.

En búsqueda de un equilibrio. ¿Vale la pena entonces comer más almidón resistente? La ciencia dice que sí, sobre todo cuando proviene de alimentos integrales, legumbres, plátanos firmes o tubérculos bien manipulados. Tiene efectos similares a la fibra, ayuda a la microbiota y puede formar parte de una alimentación saludable.

¿Va a convertir mágicamente una pizza en ensalada? No. Como hemos explicado en este medio, el efecto real sobre la salud es mínimo si no se acompaña de un contexto de hábitos saludables. El total de la dieta y tu estilo de vida siguen pesando mucho más que un ciclo de frío y calor sobre un plato de arroz.

Quizá no sea una revolución, pero sí una pista de hacia dónde se mueve parte del interés actual por la alimentación: buscar más fibra, más microbiota, más control glucémico… Y menos ultraazúcar disfrazada. El almidón resistente, por sí solo, no va a convertir platos ultraprocesados en saludables ni a sustituir una dieta equilibrada, pero puede sumar —como tantas otras pequeñas decisiones— a una forma más consciente de comer.

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El metal que viaja en secreto: así llega el antimonio a EEUU burlando el veto de China

El metal que viaja en secreto: así llega el antimonio a EEUU burlando el veto de China

Puede que el antimonio no aparezca en los titulares como el litio o cobalto, pero es igual de crucial. Se usa en baterías, semiconductores, equipos militares y retardantes de llama. Su disponibilidad determina el ritmo de industrias enteras. Y en este momento, su suministro está en el centro de una pugna geopolítica entre China y Estados Unidos.

Desde que Pekín prohibió su exportación a Washington en diciembre de 2024, todo parecía indicar que las fábricas estadounidenses se quedarían sin acceso al mineral. Sin embargo, los registros comerciales muestran otra realidad: EEUU sigue recibiendo toneladas de antimonio, solo que ahora llegan bajo otra bandera.

El inesperado redireccionamiento. Como respuesta a nuevas sanciones impuestas por la administración Biden —la más dura hasta la fecha contra empresas chinas—, China vetó oficialmente las exportaciones de antimonio, galio y germanio a EEUU. Todos ellos minerales esenciales para tecnologías estratégicas: chips, telecomunicaciones, energías renovables y defensa.

Las sanciones chinas hicieron saltar las alarmas en la industria. En cuestión de meses, el precio del antimonio se cuadruplicó: pasó de unos 13.000 a más de 60.000 dólares por tonelada, según Reuters. Empresas de baterías y fabricantes de equipos militares se vieron obligados a buscar fuentes alternativas para no detener su producción.

Sin embargo, los datos comerciales contaban una historia distinta. Entre diciembre de 2024 y abril de 2025, Estados Unidos importó 3.834 toneladas métricas de óxidos de antimonio desde Tailandia y México. Dos países que, hasta entonces, casi no figuraban en el mapa global del antimonio.

Transbordos creativos. Un reportaje de Reuters ha señalado que no hay evidencia directa en los documentos de envío de que se trate de antimonio chino, pero los flujos comerciales apuntan a un ingenioso sistema de transbordo: el mineral sale de China, pasa por terceros países, y termina en EEUU con una etiqueta distinta.

El proceso puede incluir reetiquetado como materiales inocuos —hierro, zinc, incluso “material de arte”— y el uso de intermediarios en Asia. Empresas chinas, como Youngsun Chemicals, han demostrado ser expertas en esquivar regulaciones. Su filial tailandesa, Thai Unipet Industries, ha multiplicado por 27 sus envíos a EE.UU. en seis meses.

El gran intermediario asiático. Como ha recogido Reuters, Tailandia no produce antimonio en volúmenes significativos y cuenta con solo una fundición. Sin embargo, entre enero de 2024 y mayo de 2025, se ha convertido en un receptor clave de exportaciones chinas de antimonio.

Thai Unipet, en particular, ha enviado más de 3.300 toneladas a Estados Unidos, según plataformas comerciales como ImportYeti y Export Genius. Los documentos no revelan el origen del mineral, pero los analistas y los patrones de exportación apuntan a un uso sistemático del país como puente legal.

Y México como pieza clave. Con una única fundición de antimonio —reabierta recién en abril de 2025— y sin extracción significativa del mineral, ahora figura entre los tres principales destinos de exportación china. En 2023 ni siquiera aparecía en el top 10.

Como han explicado en la agencia de noticias, el fenómeno se explica por la cadena montada en torno a Youngsun & Essen, la filial texana de Youngsun Chemicals, que antes recibía antimonio directamente de China. Hoy, el mineral viaja vía Thai Unipet y entra a EE.UU. a través de México o Tailandia, en una operación difícil de rastrear, pero claramente diseñada para sortear el veto chino.

El problema se multiplica. La crisis del antimonio no es exclusiva de Estados Unidos. En Europa, la situación es igualmente tensa. Este metal, considerado estratégico por la Comisión Europea, es clave para armamento, defensa, aeroespacial, electrónica y sistemas médicos. Su escasez ha creado un cuello de botella que amenaza el suministro tecnológico del continente.

Según la analista Ellie Saklatvala, de Argus Media, Europa enfrenta una competencia feroz por acceder a minerales como el antimonio, el renio y el hafnio. Mientras los precios escalan, la Unión Europea ha aprobado planes para diversificar su abastecimiento y financiar proyectos mineros propios, como el de tierras raras en Extremadura. Pero esas soluciones aún están lejos de materializarse.

Reconfiguración global del mapa minero. La presión está forzando cambios estructurales. En EEUU, la administración saliente de Biden aprobó la reapertura de una mina histórica en Idaho, cerrada desde 1996, que podría cubrir hasta el 35% de la demanda nacional de antimonio. La empresa Perpetua Resources, respaldada por el multimillonario John Paulson, prevé operar a plena capacidad en 2028. Además, compañías como Clarios planean construir una planta de procesamiento de minerales críticos por $1.000 millones, mientras que Nyrstar busca producir antimonio en Australia, aunque requiere apoyo gubernamental.

China, por su parte, intensifica la vigilancia sobre el transbordo y el contrabando. Las empresas chinas que no realicen la debida diligencia sobre el destino de sus productos pueden enfrentarse a multas, prohibiciones o incluso penas de prisión de más de cinco años.

Ambos lados del juego. El caso del antimonio no es único. China también está jugando una baza parecida, utilizando el mismo enfoque para obtener chips de inteligencia artificial de última generación, cuya exportación ha sido expresamente prohibida por EEUU. Como ha explicado mi compañero en este reportaje, entidades militares y académicas chinas han accedido a unidades de procesamiento gráfico (GPU) de fabricantes como NVIDIA, AMD e Intel a través de intermediarios ubicados en Malasia y Singapur, que han emergido como centros neurálgicos del contrabando tecnológico hacia el país asiático.

Este patrón —eludir sanciones mediante terceros países— refleja la dificultad real de contener a una potencia como China en un mundo hiperconectado. Así como EEUU sigue recibiendo antimonio bajo otras banderas, China sigue alimentando su desarrollo en IA gracias a rutas indirectas. En ambos frentes, los intermediarios son actores clave. El desafío es evidente: en esta nueva guerra comercial, ningún bloqueo es hermético, y cada resquicio se convierte en una vía de acceso.

Lecciones de una guerra invisible. El caso del antimonio ilustra cómo una economía globalizada puede encontrar rutas incluso bajo bloqueo. Pero también pone en evidencia la fragilidad de las cadenas de suministro y la necesidad urgente de relocalizar, reciclar y diversificar. Porque esta vez fue el antimonio. La próxima vez, podría ser el bismuto. O el cobalto. O el litio. Y cuando se trata de tecnologías que definen el poder económico y militar de una nación, no hay margen para la dependencia.

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Xataka | China tiene la capacidad de frenar en seco la construcción de nuevos centros de datos de IA. Es una pesadilla para EEUU

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Cada verano vuelve la misma creencia: cenar fruta engorda. La realidad es más complicada

Cada verano vuelve la misma creencia: cenar fruta engorda. La realidad es más complicada

Estamos en pleno verano y el calor no nos está dando tregua, a pesar de la DANA que está recorriendo el Mediterráneo. Encima, por las noches, las altas temperaturas tampoco es que dén mucha tregua, así que encender el fuego para ponerse a cocinar se hace un tanto difícil. Y en España, donde cenamos más tarde que nadie en Europa, la idea de una cena pesada a las 22:00 puede resultar casi ofensiva para el estómago. Por eso, hay personas que están optando por lo fácil: cenar fruta, ¿pero es realmente una buena idea?

Una combinación tentadora. Entre el calor y la idea efervescente de la "operación bikini" —que cobra fuerza con la llegada de modas en redes sociales, como la obsesión por el vientre plano— algunas personas ven en la fruta una especie de salvavidas dietético. Refrescante, rápida de preparar y con fama de ligera, parece la opción ideal para cenar sin sumar calorías. De hecho, publicaciones como Vogue han señalado que esta práctica se ha popularizado como estrategia detox o para perder peso, mientras que Men’s Health ha apuntado que quienes buscan controlar su ingesta calórica suelen recurrir a la fruta por la noche. Pero, como casi todo en nutrición, las cosas no son tan simples como parecen.

Una solución fácil. La fruta es saludable, eso nadie lo duda. Es un alimento que aporta vitaminas, agua, fibra y compuestos antioxidantes. Comer solo fruta para cenar no es una práctica peligrosa por sí misma, pero tampoco es una solución mágica. En un reportaje para Telva, varios nutricionistas han advertido que muchas frutas tienen un índice glucémico elevado (como el plátano muy maduro, las uvas o el caqui). Esto significa que pueden elevar el azúcar en sangre rápidamente, algo que no conviene si después te vas a dormir sin haber movido un músculo.

Además, el punto es que la fruta no tiene proteínas ni grasas saludables, lo que generar menos saciedad y puede provocar hambre al día siguiente. Esta situación puede provocar un ciclo de exceso por ansiedad alimentaria, como han señalado en Vogue.

¿Y qué se puede hacer con este calor? La nutricionista Jerlyn Jones ha señalado en Heathline que la fruta esperfectamente compatible con una cena saludable, siempre que no sea lo único en el plato. Combinarla con proteínas (como yogur natural, huevo cocido o pescado blanco) y grasas saludables (aguacate, frutos secos, aceite de oliva…) ayuda a estabilizar los niveles de azúcar en sangre y a sentirnos más saciados.

Por su parte, la dietista Rocío Práxedes ha insistido en una entrevista para Infosalud que la fruta no engorda por la noche: lo relevante no es la hora, sino el total calórico diario y el equilibrio de la dieta. Sin embargo, recuerda que el consumo excesivo de fruta puede desplazar otros nutrientes esenciales, sobre todo si la cena se convierte de forma habitual en un bol de melón y poco más.

Si estás decidido por la fruta... Algunas frutas son más adecuadas que otras para cenar. Las de bajo índice glucémico —como manzana, pera, kiwi o frutos rojos— son buenas aliadas. En cambio, otras como el mango, la piña madura o la sandía elevan más rápido la glucemia, algo que no interesa justo antes de dormir. Como han señalado en La Voz de Galicia, hay que tener cuidado con los zumos y la fruta deshidratada. Aunque parezcan saludables, al eliminarse la fibra, su efecto en el azúcar en sangre es más rápido y menos saciante.

Lo más recomendable. Puede sonar a cliché, pero la clave está en la variedad y el equilibrio. Una cena saludable en verano puede ser ligera, sí, pero debe ser completa. Un yogur con frutas y nueces, una ensalada con queso fresco y frutos del bosque, o una crema fría de verduras con un huevo duro y una pieza de fruta al final pueden ser opciones sencillas, frescas y muy saludables, según Vogue.

No todo es culpa de la fruta. El hecho de cenar tarde y en grandes cantidades puede alterar el descanso y favorecer el almacenamiento de grasa, ya que el cuerpo no gasta energía mientras dormimos. La recomendación general de los expertos: cenar al menos tres horas antes de ir a dormir, y que la cena no supere el 20% del total calórico diario.

Y si bien cenar fruta puede parecer una forma de compensar, no vale cualquier fruta ni en cualquier cantidad. En Men’s Health, la nutricionista Tiziana Stallone ha señalado que, en casos de diabetes, resistencia a la insulina o problemas digestivos como disbiosis o SIBO, conviene limitar las frutas de alto índice glucémico, como sandía o uvas, especialmente por la noche.

Ni mito, ni milagro. No, la fruta no engorda más por la noche. Pero tampoco es un plan infalible para perder peso. Comer bien es algo más complejo que abrir la nevera y picar sandía con la luz del frigorífico. La fruta es una aliada, pero no la única. Y cuidarse no va de suprimir alimentos, sino de aprender a combinarlos. Así que este verano, antes de saltarte la cena o limitarla a un melocotón: no se trata de comer menos, sino de comer mejor.

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Xataka | De promulgar el hígado crudo como comida nutritiva a acabar arrestado por amenazar a Joe Rogan, el singular recorrido de Liver King

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Una combinación tentadora. Entre el calor y la idea efervescente de la "operación bikini" —que cobra fuerza con la llegada de modas en redes sociales, como la obsesión por el vientre plano— algunas personas ven en la fruta una especie de salvavidas dietético. Refrescante, rápida de preparar y con fama de ligera, parece la opción ideal para cenar sin sumar calorías. De hecho, publicaciones como Vogue han señalado que esta práctica se ha popularizado como estrategia detox o para perder peso, mientras que Men’s Health ha apuntado que quienes buscan controlar su ingesta calórica suelen recurrir a la fruta por la noche. Pero, como casi todo en nutrición, las cosas no son tan simples como parecen.

Una solución fácil. La fruta es saludable, eso nadie lo duda. Es un alimento que aporta vitaminas, agua, fibra y compuestos antioxidantes. Comer solo fruta para cenar no es una práctica peligrosa por sí misma, pero tampoco es una solución mágica. En un reportaje para Telva, varios nutricionistas han advertido que muchas frutas tienen un índice glucémico elevado (como el plátano muy maduro, las uvas o el caqui). Esto significa que pueden elevar el azúcar en sangre rápidamente, algo que no conviene si después te vas a dormir sin haber movido un músculo.

Además, el punto es que la fruta no tiene proteínas ni grasas saludables, lo que generar menos saciedad y puede provocar hambre al día siguiente. Esta situación puede provocar un ciclo de exceso por ansiedad alimentaria, como han señalado en Vogue.

¿Y qué se puede hacer con este calor? La nutricionista Jerlyn Jones ha señalado en Heathline que la fruta esperfectamente compatible con una cena saludable, siempre que no sea lo único en el plato. Combinarla con proteínas (como yogur natural, huevo cocido o pescado blanco) y grasas saludables (aguacate, frutos secos, aceite de oliva…) ayuda a estabilizar los niveles de azúcar en sangre y a sentirnos más saciados.

Por su parte, la dietista Rocío Práxedes ha insistido en una entrevista para Infosalud que la fruta no engorda por la noche: lo relevante no es la hora, sino el total calórico diario y el equilibrio de la dieta. Sin embargo, recuerda que el consumo excesivo de fruta puede desplazar otros nutrientes esenciales, sobre todo si la cena se convierte de forma habitual en un bol de melón y poco más.

Si estás decidido por la fruta... Algunas frutas son más adecuadas que otras para cenar. Las de bajo índice glucémico —como manzana, pera, kiwi o frutos rojos— son buenas aliadas. En cambio, otras como el mango, la piña madura o la sandía elevan más rápido la glucemia, algo que no interesa justo antes de dormir. Como han señalado en La Voz de Galicia, hay que tener cuidado con los zumos y la fruta deshidratada. Aunque parezcan saludables, al eliminarse la fibra, su efecto en el azúcar en sangre es más rápido y menos saciante.

Lo más recomendable. Puede sonar a cliché, pero la clave está en la variedad y el equilibrio. Una cena saludable en verano puede ser ligera, sí, pero debe ser completa. Un yogur con frutas y nueces, una ensalada con queso fresco y frutos del bosque, o una crema fría de verduras con un huevo duro y una pieza de fruta al final pueden ser opciones sencillas, frescas y muy saludables, según Vogue.

No todo es culpa de la fruta. El hecho de cenar tarde y en grandes cantidades puede alterar el descanso y favorecer el almacenamiento de grasa, ya que el cuerpo no gasta energía mientras dormimos. La recomendación general de los expertos: cenar al menos tres horas antes de ir a dormir, y que la cena no supere el 20% del total calórico diario.

Y si bien cenar fruta puede parecer una forma de compensar, no vale cualquier fruta ni en cualquier cantidad. En Men’s Health, la nutricionista Tiziana Stallone ha señalado que, en casos de diabetes, resistencia a la insulina o problemas digestivos como disbiosis o SIBO, conviene limitar las frutas de alto índice glucémico, como sandía o uvas, especialmente por la noche.

Ni mito, ni milagro. No, la fruta no engorda más por la noche. Pero tampoco es un plan infalible para perder peso. Comer bien es algo más complejo que abrir la nevera y picar sandía con la luz del frigorífico. La fruta es una aliada, pero no la única. Y cuidarse no va de suprimir alimentos, sino de aprender a combinarlos. Así que este verano, antes de saltarte la cena o limitarla a un melocotón: no se trata de comer menos, sino de comer mejor.

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Resolviendo una de las grandes dudas sobre “dormir bien”: si es mejor hacerlo de lado o boca arriba

Resolviendo una de las grandes dudas sobre "dormir bien": si es mejor hacerlo de lado o boca arriba

Llega la hora de dormir, te tumbas en la cama, cierras los ojos y empieza el baile de un lado hacia otro. ¿Pero cuál es en realidad la mejor postura? Primero un lado, pero no termina como de encajar; hacia arriba parece que es un poco extraño, y entonces vuelves al otro lado hasta que, al final, por cansancio, uno se termina durmiendo. Aunque la postura —que solemos pasar por alto— puede marcar la diferencia en un descanso reparador y uno deficiente.

No es solo cerrar los ojos. Según un estudio publicado en Handbook of Clinical Neurology (2011), pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo o intentando hacerlo. Según Mayo Clinic, durante ese tiempo el cuerpo “se repara y se recarga”. Sin embargo, cada vez más estudios demuestran que no todas las posiciones al dormir son iguales, ya que la postura puede condicionar nuestra salud a corto y largo plazo.

Un problema común, pero poco visible. Dormir mal no siempre se nota al despertar. A veces se arrastra durante el día: fatiga, falta de concentración, molestias físicas. Un reportaje reciente del National Geographic apuntaba que una mala postura al dormir puede agravar dolencias comunes como el dolor de espalda o el reflujo, y complicar otras más serias, como la apnea del sueño. El doctor Meir Kryger, especialista en medicina del sueño y profesor emérito en Yale, advertía que, cuando no se trata, esta apnea puede afectar al ánimo, la memoria, la presión arterial e incluso aumentar el riesgo de muerte.

¿Cuál es la postura idónea? La mayoría de las fuentes consultadas coinciden: de lado, y si es posible, sobre el izquierdo. Esta posición se asocia con menos dolor lumbar, menos ronquidos y una mejor digestión. Según Heathline,  ha destacado que también puede facilitar la respiración y contribuir al buen funcionamiento del cerebro.

El doctor W. Christopher Winter, en declaraciones recogidas por la BBC, ha explicado que esta postura evita que la arteria aorta se vea comprimida y facilita el retorno venoso, lo que mejora la circulación. 

Además, esta postura puede ser de gran ayuda para las embarazadas. Como ha detallado Mayo Clinic, dormir de ese lado en el último trimestre del embarazo evita la compresión de la vena cava y favorece el flujo sanguíneo a la placenta y al feto.

El error más común. Suele aparecer en las noches calurosas, cuando el cuerpo busca frescura y acaba tumbado boca arriba, sin saber que está eligiendo la peor postura. La doctora Lois Krahn, consultada por Mayo Clinic, ha detallado que dormir boca arriba puede empeorar la apnea del sueño al permitir que la lengua y la mandíbula caigan hacia atrás y obstruyan la vía aérea.

No obstante, la otra opción: dormir boca abajo, no es nada recomendable. Según Healthline, esta posición puede generar dolor en el cuello y la espalda, ya que obliga a torcer la cabeza y comprime el tórax, dificultando la respiración. Esto puede derivar en dolores crónicos.

Aliados olvidados. No todo se reduce a la postura. Como ha explicado la doctora Cherney en Heathline, el tipo de colchón importa y la almohada también importan. Por un lado, un colchón demasiado blando hace que las articulaciones se hundan, mientras que uno muy duro puede ser incómodo y no adaptarse a la forma del cuerpo.

Por otro lado, recomienda usar una almohada ergonómica entre las rodillas para quienes duermen de lado, ya que favorece la alineación vertebral y evita tensión en la cadera y la región lumbar. Además, ha advertido que al dormir de lado la cabeza debe quedar alineada con los hombros y nunca inclinada hacia el pecho, ya que eso provoca dolor cervical.

Un acto de salud. Dormir bien no depende solo del número de horas. También influye, y mucho, la forma en que colocamos el cuerpo cada noche. La evidencia médica señala con claridad que dormir de lado —y especialmente sobre el izquierdo— puede marcar una diferencia real en la calidad del sueño. No es una moda ni una recomendación blanda: es una cuestión de salud que afecta a la respiración, la digestión y el descanso profundo. Y aunque cueste más en verano, con calor o con vueltas de más, merece la pena intentarlo. A veces, el cuerpo solo necesita un buen lado.

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Xataka | Australia creó la primera visa climática del mundo. Ahora tiene al 40% de la población de otro país llamando a la puerta

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No es solo cerrar los ojos. Según un estudio publicado en Handbook of Clinical Neurology (2011), pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo o intentando hacerlo. Según Mayo Clinic, durante ese tiempo el cuerpo “se repara y se recarga”. Sin embargo, cada vez más estudios demuestran que no todas las posiciones al dormir son iguales, ya que la postura puede condicionar nuestra salud a corto y largo plazo.

Un problema común, pero poco visible. Dormir mal no siempre se nota al despertar. A veces se arrastra durante el día: fatiga, falta de concentración, molestias físicas. Un reportaje reciente del National Geographic apuntaba que una mala postura al dormir puede agravar dolencias comunes como el dolor de espalda o el reflujo, y complicar otras más serias, como la apnea del sueño. El doctor Meir Kryger, especialista en medicina del sueño y profesor emérito en Yale, advertía que, cuando no se trata, esta apnea puede afectar al ánimo, la memoria, la presión arterial e incluso aumentar el riesgo de muerte.

¿Cuál es la postura idónea? La mayoría de las fuentes consultadas coinciden: de lado, y si es posible, sobre el izquierdo. Esta posición se asocia con menos dolor lumbar, menos ronquidos y una mejor digestión. Según Heathline,  ha destacado que también puede facilitar la respiración y contribuir al buen funcionamiento del cerebro.

El doctor W. Christopher Winter, en declaraciones recogidas por la BBC, ha explicado que esta postura evita que la arteria aorta se vea comprimida y facilita el retorno venoso, lo que mejora la circulación. 

Además, esta postura puede ser de gran ayuda para las embarazadas. Como ha detallado Mayo Clinic, dormir de ese lado en el último trimestre del embarazo evita la compresión de la vena cava y favorece el flujo sanguíneo a la placenta y al feto.

El error más común. Suele aparecer en las noches calurosas, cuando el cuerpo busca frescura y acaba tumbado boca arriba, sin saber que está eligiendo la peor postura. La doctora Lois Krahn, consultada por Mayo Clinic, ha detallado que dormir boca arriba puede empeorar la apnea del sueño al permitir que la lengua y la mandíbula caigan hacia atrás y obstruyan la vía aérea.

No obstante, la otra opción: dormir boca abajo, no es nada recomendable. Según Healthline, esta posición puede generar dolor en el cuello y la espalda, ya que obliga a torcer la cabeza y comprime el tórax, dificultando la respiración. Esto puede derivar en dolores crónicos.

Aliados olvidados. No todo se reduce a la postura. Como ha explicado la doctora Cherney en Heathline, el tipo de colchón importa y la almohada también importan. Por un lado, un colchón demasiado blando hace que las articulaciones se hundan, mientras que uno muy duro puede ser incómodo y no adaptarse a la forma del cuerpo.

Por otro lado, recomienda usar una almohada ergonómica entre las rodillas para quienes duermen de lado, ya que favorece la alineación vertebral y evita tensión en la cadera y la región lumbar. Además, ha advertido que al dormir de lado la cabeza debe quedar alineada con los hombros y nunca inclinada hacia el pecho, ya que eso provoca dolor cervical.

Un acto de salud. Dormir bien no depende solo del número de horas. También influye, y mucho, la forma en que colocamos el cuerpo cada noche. La evidencia médica señala con claridad que dormir de lado —y especialmente sobre el izquierdo— puede marcar una diferencia real en la calidad del sueño. No es una moda ni una recomendación blanda: es una cuestión de salud que afecta a la respiración, la digestión y el descanso profundo. Y aunque cueste más en verano, con calor o con vueltas de más, merece la pena intentarlo. A veces, el cuerpo solo necesita un buen lado.

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Una mega turbina en una región sísmica y disputada: así es la mayor apuesta hidroeléctrica de China

Una mega turbina en una región sísmica y disputada: así es la mayor apuesta hidroeléctrica de China

En medio de montañas remotas, a 3000 metros de altitud, China sigue configurando sus redes eléctricas hacia un modelo de transición energética. Desde Harbin, en el noreste del país, partió esta semana una gigantesca turbina de 80 toneladas rumbo al Tíbet. Su destino: la central hidroeléctrica Datang Zala, donde el poder del agua se transformará en electricidad gracias a una máquina sin precedentes.

En corto. En una gran ceremonia oficial, se celebró la entrega de una gran turbina de impulso tipo Pelton con capacidad unitaria de 500 megavatios, diseñada y fabricada por Harbin Electric Machinery Company Limited, como ha informado la agencia estatal Xinhua. El tamaño es único y llamativo: un diámetro de 6,23 metros, fabricada con acero inoxidable martensítico y cuenta con 21 cangilones de precisión. Según China Daily, el proceso tomó seis años de investigación y desarrollo, y se probó en el Laboratorio Nacional de Equipos Hidroeléctricos.

La apuesta definitiva. China se distingue por desarrollar infraestructuras de escala colosal o únicas en cuanto nivel técnico, pero esta vez se centra en fortalecer las redes eléctricas en zonas estratégicas y en acelerar su objetivo de neutralidad de carbono para 2060. Según South China Morning Post, la turbina alcanzará una eficiencia del 92,6%, un aumento del 1,6% respecto a turbinas anteriores, lo cual se traducirá en 190.000 kWh adicionales por día. La central contará con dos turbinas y una capacidad total instalada de 1 millón de kilovatios, generando unos 4.000 millones de kWh al año.

¿Es la más potente? Depende de cómo se mida. En términos de capacidad unitaria, esta turbina de impulso de 500 MW es la más potente de su tipo en el mundo. No obstante, no es la más poderosa si se compara con las gigantescas presas chinas, es decir, su conjunto. Por un lado, destacar la presa de Baihetan con el arco más grande del mundo y una capacidad total de 16.000 MW, logrando abastecer a 500.000 hogares durante un año. Por otro lado, aún más impresionante, es la presa de las Tres Gargantas que con sus 22.500 MW ostenta el récord mundial de capacidad instalada. Eso sí, no sin polémicas: su impacto medioambiental y geofísico ha sido tal que incluso ha alterado ligeramente la rotación terrestre.

Otro factor: la ubicación. La central hidroeléctrica se está construyendo sobre el río Yuqu, un afluente del río Nu (Salween), en una zona geográficamente accidentada y con fuerte actividad sísmica. El salto de agua que alimentará la turbina tiene una desnivel vertical de 671 metros, lo que convierte a esta instalación en una de las pocas que aprovechan un desnivel tan pronunciado, ideal para turbinas de impulso como la tipo Pelton desarrollada por Harbin, como ha desarrollado SCMP.

Además, a esto se le suma el contexto político. El Tíbet es una región de tensiones históricas entre las autoridades centrales chinas y las aspiraciones de autonomía local. Algunas voces ven este tipo de proyectos como una forma de afianzar el control estratégico de Beijing sobre el territorio, a través del desarrollo económico y la infraestructura energética.

Previsiones. La turbina ya va camino a su destino y está previsto que la planta entre en funcionamiento en 2028. No es solo una máquina colosal: es una declaración de intenciones. Tecnología puntera, eficiencia sin precedentes, y una apuesta clara por el dominio hidroeléctrico en una de las regiones más complejas del planeta.

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Xataka | En el siglo XX los oleoductos fueron la llave del mundo. En el siglo XXI son las redes eléctricas y un país las está ganando: China

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Una mega turbina en una región sísmica y disputada: así es la mayor apuesta hidroeléctrica de China

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En medio de montañas remotas, a 3000 metros de altitud, China sigue configurando sus redes eléctricas hacia un modelo de transición energética. Desde Harbin, en el noreste del país, partió esta semana una gigantesca turbina de 80 toneladas rumbo al Tíbet. Su destino: la central hidroeléctrica Datang Zala, donde el poder del agua se transformará en electricidad gracias a una máquina sin precedentes.

En corto. En una gran ceremonia oficial, se celebró la entrega de una gran turbina de impulso tipo Pelton con capacidad unitaria de 500 megavatios, diseñada y fabricada por Harbin Electric Machinery Company Limited, como ha informado la agencia estatal Xinhua. El tamaño es único y llamativo: un diámetro de 6,23 metros, fabricada con acero inoxidable martensítico y cuenta con 21 cangilones de precisión. Según China Daily, el proceso tomó seis años de investigación y desarrollo, y se probó en el Laboratorio Nacional de Equipos Hidroeléctricos.

La apuesta definitiva. China se distingue por desarrollar infraestructuras de escala colosal o únicas en cuanto nivel técnico, pero esta vez se centra en fortalecer las redes eléctricas en zonas estratégicas y en acelerar su objetivo de neutralidad de carbono para 2060. Según South China Morning Post, la turbina alcanzará una eficiencia del 92,6%, un aumento del 1,6% respecto a turbinas anteriores, lo cual se traducirá en 190.000 kWh adicionales por día. La central contará con dos turbinas y una capacidad total instalada de 1 millón de kilovatios, generando unos 4.000 millones de kWh al año.

¿Es la más potente? Depende de cómo se mida. En términos de capacidad unitaria, esta turbina de impulso de 500 MW es la más potente de su tipo en el mundo. No obstante, no es la más poderosa si se compara con las gigantescas presas chinas, es decir, su conjunto. Por un lado, destacar la presa de Baihetan con el arco más grande del mundo y una capacidad total de 16.000 MW, logrando abastecer a 500.000 hogares durante un año. Por otro lado, aún más impresionante, es la presa de las Tres Gargantas que con sus 22.500 MW ostenta el récord mundial de capacidad instalada. Eso sí, no sin polémicas: su impacto medioambiental y geofísico ha sido tal que incluso ha alterado ligeramente la rotación terrestre.

Otro factor: la ubicación. La central hidroeléctrica se está construyendo sobre el río Yuqu, un afluente del río Nu (Salween), en una zona geográficamente accidentada y con fuerte actividad sísmica. El salto de agua que alimentará la turbina tiene una desnivel vertical de 671 metros, lo que convierte a esta instalación en una de las pocas que aprovechan un desnivel tan pronunciado, ideal para turbinas de impulso como la tipo Pelton desarrollada por Harbin, como ha desarrollado SCMP.

Además, a esto se le suma el contexto político. El Tíbet es una región de tensiones históricas entre las autoridades centrales chinas y las aspiraciones de autonomía local. Algunas voces ven este tipo de proyectos como una forma de afianzar el control estratégico de Beijing sobre el territorio, a través del desarrollo económico y la infraestructura energética.

Previsiones. La turbina ya va camino a su destino y está previsto que la planta entre en funcionamiento en 2028. No es solo una máquina colosal: es una declaración de intenciones. Tecnología puntera, eficiencia sin precedentes, y una apuesta clara por el dominio hidroeléctrico en una de las regiones más complejas del planeta.

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Parece agua saborizada, entra como un refresco y lleva proteína como un batido: así es la proteína clara

Parece agua saborizada, entra como un refresco y lleva proteína como un batido: así es la proteína clara

En estos días de ola de calor, apetece beber algo frío, ligero y refrescante. En TikTok, es fácil confundirse: entre tantas recetas de bebidas con colores vibrantes, uno pensaría que está ante un vídeo más sobre agua saborizada. Aunque parezca a simple vista, realmente está ante proteína clara, y va más allá de un agua con sabor.

Proteína clara. O clear protein es una variante de la proteína en polvo de suero tradicional, pero con una diferencia fundamental: se somete a un procesamiento adicional para eliminar grasas, carbohidratos y lactosa. Como resultado, se obtiene un polvo que, al mezclarse con agua, da lugar a una bebida ligera, translúcida y sin textura lechosa. Técnicamente, está compuesta por aislado de suero hidrolizado, lo que facilita su digestión.

En un reportaje para GQ, han descrito esta tendencia como una forma de mantener el consumo proteico sin necesidad de pasar por un batido cremoso: “Se disuelve como una bebida deportiva: ligera, con sabor a fruta y sin textura lechosa ni pegajosa”.

¿Una moda más? El auge de la proteína clara no se explica solo por sus características funcionales, sino por su presencia en redes sociales. Las imágenes de botellas con bebidas coloridas y cristalinas son parte del nuevo ritual post-gimnasio. Como ha desarrollado un artículo en Vogue, nada de batidos espumosos: ahora lo que se lleva es algo que parece agua saborizada. Y eso vende. “Es visualmente atractiva (¿a quién no le gustan las bebidas transparentes y coloridas?)”, ha afirmado Lauren Manaker, nutricionista citada por el mismo medio. Pero la popularidad también responde a una percepción errónea: la de que lo más claro y ligero es necesariamente más saludable.

En este contexto, Nuria Esteves, nutricionista clínica, advirtió en Xataka que el problema está en cómo se posiciona este tipo de productos: “No es una prioridad en nuestra alimentación como a veces se nos intenta vender”. La proteína clara puede ser útil, sí, pero no debe considerarse un sustituto de comida real ni un superalimento obligatorio.

¿Es igualmente proteína? Sí. Aunque la apariencia y la textura cambien, la proteína clara sigue siendo un suplemento procesado. No es una bebida mágica ni es nutricionalmente superior solo por ser más fácil de beber. De hecho, productos como Ensure Clear o Boost Breeze, versiones de proteína clara, existen desde hace años y son comunes en entornos clínicos, según han señalado en Vogue. La diferencia es que ahora el formato se ha vuelto tendencia, gracias a sabores llamativos, envases elegantes y campañas dirigidas a quienes buscan rendimiento físico sin complicarse demasiado.

¿Qué diferencias hay? Aunque tanto la proteína clara como la tradicional parten del mismo ingrediente —el suero de leche—, lo cierto es que el resultado final poco se parece. No solo cambia el proceso de elaboración, también la forma en que se bebe, se digiere y hasta se percibe.

Empecemos por la textura: la proteína clásica se mezcla con agua o leche y se convierte en un batido espeso, con cuerpo, incluso algo pesado. En cambio, la proteína clara se disuelve como si fuera un zumo: ligera, fluida y sin rastro de densidad lechosa. Por su parte, el sabor también marca una diferencia. Mientras que las versiones tradicionales suelen imitar postres como vainilla, chocolate o cookies & cream, las claras apuestan por sabores frutales y refrescantes, como fresa, limón o mango. Más que un suplemento, parecen una bebida deportiva.

Y si hablamos de digestión, las claras suelen tener ventaja. Al estar elaboradas con suero hidrolizado, su estructura está parcialmente descompuesta, lo que facilita su absorción. Para quienes tienen el estómago sensible o cierta intolerancia a la lactosa, pueden ser una opción más cómoda. En términos de composición, ambas ofrecen cantidades similares de proteína por ración. Sin embargo, las versiones claras suelen tener menos grasa, menos carbohidratos y menos lactosa, lo que en la práctica significa también menos calorías.

¿Es para todo el mundo? No necesariamente. En un reportaje reciente en este medio, los nutricionistas coincidían en que la proteína en polvo, clara o no, puede ser útil en contextos concretos, como personas mayores, pacientes con cáncer o sarcopenia, quienes tienen dificultades para comer o deportistas en fase de ganancia muscular. También puede facilitar la adherencia al entrenamiento si se percibe como una “recompensa” post esfuerzo.

Sin embargo, los especialistas insisten: no debe sustituir comidas completas. Pensar que un batido “no engorda” por ser fitness es un error frecuente. Además, usarlo desde el miedo a comer o como única fuente de nutrición puede derivar en una relación conflictiva con la comida, según la nutricionista Nuria Esteves.

Una opción más. a proteína clara no es una revolución, pero tampoco es humo. Puede encajar en muchas rutinas, siempre que se entienda por lo que es: un suplemento, no una solución mágica. A veces solo es eso: una bebida fresca con buen sabor que te ayuda a sumar proteínas sin complicarte. Lo importante no es si es clara o cremosa, sino si realmente encaja en tu dieta.

Imagen | Unsplash y TikTok

Xataka | Si la pregunta es cómo aumentar la ingesta de proteínas cada mañana, la respuesta es "proffee": echándola en el café

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