Europa encara el invierno sin pánico: las reservas de gas avanzan más rápido de lo previsto

Europa encara el invierno sin pánico: las reservas de gas avanzan más rápido de lo previsto

Europa entra en septiembre con un colchón energético inesperado: los depósitos de gas están ya al 76% de su capacidad. Hace apenas unos meses los analistas dudaban de que el continente alcanzara el umbral legal del 80% antes de noviembre. Hoy, no solo parece seguro, sino que incluso se pronostica que las reservas podrían rozar el 90% si el clima acompaña.

En corto. De acuerdo con Bloomberg, las inyecciones de gas durante la primavera y el verano han sido constantes, gracias a un mercado más calmado. El resultado es un nivel de reservas que aleja, al menos de momento, el fantasma de otra crisis energética como la de 2022-2023. La volatilidad se ha reducido y los precios europeos se mantienen por debajo de los registrados en agosto de los dos últimos años.

La Gas Infrastructure Europe (GIE) confirma que el almacenamiento europeo se encontraba en 76 %, equivalente a unos 85 bcm, un nivel inferior al 92% del año pasado, pero alineado con el promedio de la última década.

Un cambio de paradigma. En primer lugar,la normativa comunitaria se flexibilizó. Según un artículo de junio de Bloomberg, la UE permitirá hasta 2027 desviaciones de ±10 puntos porcentuales respecto al objetivo del 90%, además ampliar en dos meses el plazo para completarlo. Esto reduce la presión estacional de comprar en verano a toda costa, que en años anteriores alimentó la especulación.

Por su parte, el mercado global de GNL jugó a favor de Europa. Como apunta un análisis de Ron Bousso para Reuters, la caída de la demanda asiática liberó cargamentos que fluyeron hacia el continente. China, tradicionalmente uno de los mayores compradores, redujo sus importaciones debido a un aumento de la producción interna y a tensiones comerciales con Estados Unidos. De hecho, Pekín está impulsando masivamente la extracción de gas de esquisto y perforaciones profundas, lo que apunta a una menor dependencia del GNL externo en los próximos años.

Por último, la oferta internacional creció. Bousso ha señalado que la capacidad mundial de GNL se expandirá de 550 bcm en 2024 a casi 890 bcm en 2030, liderada por Estados Unidos. Solo en los primeros siete meses de este año, sus exportaciones subieron un 22 % respecto al año anterior, gracias a nuevas plantas en la costa del Golfo.

Alemania, el eslabón débil. No obstante, la foto no es uniforme. Alemania, el mayor consumidor europeo, sigue siendo el eslabón más vulnerable. Un reportaje de la agencia Anadolu señala que las reservas alemanas están al 67%, muy por debajo de vecinos como Francia o Bélgica. La instalación de Rehden —la más grande de Europa— apenas alcanza el 23 % de llenado, según Bloomberg.

El retraso alemán tiene historia: el invierno pasado dejó sus depósitos al 7%, lo que obligó a gastar miles de millones en su recarga. Berlín insiste en que sus cuatro terminales flotantes de GNL mitigan el riesgo, pero la oposición alerta de problemas si llega un invierno particularmente frío.

La incógnita rusa. La guerra en Ucrania sigue pesando en el tablero energético. Aunque las importaciones de gas ruso se han reducido drásticamente, aún llegan cargamentos de GNL, a veces bajo banderas interpuestas.

No obstante, la Comisión Europea presentó en junio un plan para eliminar gradualmente todas las importaciones de gas y petróleo rusos antes de 2027, prohibiendo nuevos contratos desde 2026 y finalizando los existentes a más tardar en 2027. Según Eurostat, la cuota de Rusia en las importaciones de gas de la UE se desplomó del 45% en 2021 a menos del 20% en 2025, sustituida por flujos de EEUU, Noruega y Argelia.

Estados Unidos entra en la ecuación. Ese giro ha reforzado la dependencia de Washington. Un reportaje de julio de Reuters explicaba que Bruselas estudia agrupar la demanda de empresas europeas para negociar compras conjuntas de GNL estadounidense, dentro del mecanismo AggregateEU. Bajo el objetivo de asegurar volúmenes suficientes y cumplir el compromiso de adquirir hasta 250.000 millones de dólares anuales en energía estadounidense durante los próximos tres años.

El plan evidencia la estrategia de la UE de reemplazar al Kremlin por Washington, aunque analistas citados por Reuters advierten que el objetivo podría ser demasiado ambicioso y dejar a Europa vulnerable a vaivenes políticos al otro lado del Atlántico.

Previsiones. El panorama inmediato es más sereno: los traders esperan un invierno sin sobresaltos si el clima no da sorpresas. Pero a medio plazo, persisten los dilemas. Como ha señalado Ainvest, la UE ha añadido 70 bcm de nueva capacidad de regasificación desde 2022, pero muchas terminales funcionan a baja capacidad. Existe el riesgo de activos varados si la demanda sigue estancada y se acelera la transición a renovables.

La posible salida está en la reconversión: varios proyectos buscan adaptar infraestructuras de gas al transporte de hidrógeno, dentro de la estrategia de descarbonización.

Unas reservas más robustas. Ante un mercado más calmado, al menos de momento. El continente ha pasado de la dependencia rusa a un entramado más diversificado, con EEUU como socio clave y China liberando presión en los mercados globales. Sin embargo, persisten vulnerabilidades: Alemania como eslabón débil, la sobrecapacidad en infraestructuras de GNL y la incógnita de un clima que podría alterar las previsiones más optimistas.

La pesadilla de 2022 parece lejana, pero la transición energética europea sigue siendo una carrera contra el tiempo.

Imagen | Unsplash

Xataka | El gas natural se ha vuelto esencial en la era de la IA, y este gráfico expone los países con las mayores reservas

-
La noticia Europa encara el invierno sin pánico: las reservas de gas avanzan más rápido de lo previsto fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

Lo que dice la ciencia sobre uno de los debates existenciales de ser adulto: si beber leche tiene sentido o no

Lo que dice la ciencia sobre uno de los debates existenciales de ser adulto: si beber leche tiene sentido o no

“Bebe leche si quieres crecer fuerte”, esta era una de las tantas frases más repetidas de la infancia, casi como un dogma. Pero, una vez adultos ¿sigue siendo cierto? Para algunos, el vasito de leche antes de dormir es un placer nostálgico; para otros, un producto prescindible e incluso problemático. Lo cierto es que la leche está en el centro de un debate en el que nutricionistas, médicos y estudios científicos no siempre coinciden.

¿Se puede seguir bebiendo leche? La respuesta corta: sí, siempre que no exista alergia o intolerancia. Así lo ha explicado la doctora en nutrición Rosa María Ortega, de la Universidad Complutense de Madrid, en una entrevista para Men’s Health: “Prescindir de los lácteos sin justificación es un error. Es difícil lograr el aporte de algunos nutrientes adecuados sin tomar lácteos”. En la misma línea, la dietista-nutricionista Julia Farré ha recordado que la leche aporta proteínas de alto valor biológico, calcio y vitaminas A y D.

No obstante, como han subrayado Giuseppe Russolillo y Leticia López en CuídatePlus, la respuesta también depende de la cultura alimentaria y la genética. En Europa, el consumo de lácteos está muy arraigado desde hace siglos, lo que se ha traducido en una menor prevalencia de intolerancia a la lactosa.

Los defensores de la leche. Desde esta perspectiva, Ortega ha subrayado su valor proteico: un 80% de caseína, de absorción lenta, y un 20% de suero lácteo, de absorción rápida. Esta combinación garantiza un suministro constante de aminoácidos. Aunque eso no es todo. El portal Healthline añade que la leche aporta 18 de los 22 nutrientes esenciales, como calcio, fósforo, potasio y vitaminas A y B12. Además, lo vinculan con mayor control del apetito, prevención de la diabetes tipo 2 y beneficios para la salud cardiovascular.

Por su parte, la dietista Vedika Premani ha recordado en declaraciones para Vogue que un vaso de leche diario sigue siendo un buen aliado contra la osteoporosis y la pérdida de masa ósea en la edad adulta. Mientras que la dietista Sara Langnas, la destaca como una bebida de recuperación útil tras el ejercicio físico gracias a su aporte de proteínas e hidratos de carbono.

No todos los expertos son entusiastas. Aquí vienen los contras. Los investigadores del CIBEROBN han observado en una investigación que un alto consumo de leche entera se asoció con un mayor deterioro cognitivo en adultos con riesgo cardiovascular. La asociación no se encontró con lácteos bajos en grasa, yogur o queso.

Desde Harvard, los profesores David Ludwig y Walter Willett han cuestionado las recomendaciones de tres raciones diarias de lácteos. En un artículo en New England Journal of Medicine, señalaron que los países con mayor consumo registran también más fracturas de cadera. Además, advirtieron de una posible relación con mayor riesgo de cáncer de próstata y endometrio.

No todo es leche de vaca. En los últimos años, las bebidas vegetales —soja, avena, almendra, arroz— han pasado de ser un recurso para intolerantes a la lactosa o veganos a convertirse en una opción más. Sin embargo, como ha explicado mi compañero en Xataka, la mayoría de estas bebidas contienen menos proteínas y aminoácidos esenciales que la leche, y en muchos casos más azúcares añadidos. Esto es resultado de la reacción de Maillard que se produce durante el tueste de los ingredientes, reduciendo el valor nutricional final.

La dietista Julia Farré ha señalado en que estas bebidas, salvo que estén fortificadas, suelen aportar menos calcio, vitamina D y proteínas de calidad que la leche animal. Aun así, como han explicado expertos citados por Vogue, pueden ser una opción válida cuando se eligen versiones enriquecidas y, además, cuentan con el argumento de la sostenibilidad ambiental, que cada vez pesa más en las decisiones de consumo.

¿Y la intolerancia a la lactosa? Más allá de beneficios o riesgos, uno de los factores más determinantes es la tolerancia individual. La lactosa es el azúcar natural de la leche y se digiere gracias a la enzima lactasa. Como ha detallado Leticia López en CuídatePlus: “Filogenéticamente lo natural sería perder esta enzima con la edad, pero un polimorfismo genético permite a muchas personas seguir produciéndola toda la vida”. Por eso, la intolerancia a la lactosa afecta de manera desigual en el mundo: apenas un 5% en el norte de Europa, frente a un 95% en asiáticos. En España, las cifras se sitúan entre el 20 y el 30%.

Los síntomas van desde gases y dolor abdominal hasta diarrea. Sin embargo, como ha aclarado la dietista Julia Farré: “No suele ser una intolerancia del 100%: muchas personas no toleran la leche, pero sí el yogur o los quesos curados, que contienen menos lactosa”.

¿Y si no queremos tomar leche? Aquí los expertos coinciden: no es imprescindible. Según Vogue, es posible obtener calcio y proteínas de verduras de hoja verde (kale, brócoli, espinacas), legumbres, pescados con espina (sardinas, salmón enlatado), tofu enriquecido con calcio o bebidas vegetales fortificadas. El yogur y el queso, por su menor contenido en lactosa, suelen ser mejor tolerados por quienes tienen digestiones más sensibles.

¿Merece la pena? La ciencia no ofrece una respuesta única, pero sí un consenso: la leche no es imprescindible, pero tampoco es peligrosa si se consume con moderación y tolerancia individual. Si nos sienta bien, puede seguir siendo un alimento práctico, nutritivo y culturalmente arraigado en nuestra dieta. Si no, existen alternativas suficientes para cubrir las necesidades de calcio, proteínas y vitaminas sin necesidad de abrir el tetrabrik. Quizá, como recuerdan los expertos, la verdadera clave está en escuchar a nuestro propio cuerpo. Porque en el fondo, la pregunta no es si la leche es buena o mala, sino si lo es para cada uno de nosotros.

Imagen | Freepik

Xataka | Tras estudiar al queso, unos investigadores opinan: "Las pesadillas están robustamente asociadas con la intolerancia a la lactosa"

-
La noticia Lo que dice la ciencia sobre uno de los debates existenciales de ser adulto: si beber leche tiene sentido o no fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

Tras salir de la Feria de Málaga, centenares de personas están jugando a lo mismo: quién da más positivo en el alcoholímetro

Tras salir de la Feria de Málaga, centenares de personas están jugando a lo mismo: quién da más positivo en el alcoholímetro

Entre farolillos, rebujitos y música en las casetas, una de las sorpresas de la Feria de Málaga 2025 no ha estado en el programa de conciertos ni en las atracciones del Cortijo de Torres. Han sido seis máquinas metálicas, discretas pero con largas colas delante: alcoholímetros automáticos que, por un euro, permiten a cualquiera saber si está en condiciones de coger el coche. La medida, pensada como un refuerzo de seguridad vial, ha terminado convertida en un reto viral de TikTok.

De la prevención al reto en redes. El sistema es sencillo: se introduce una moneda, se facilita una boquilla desechable y en segundos aparece en la pantalla el nivel de alcohol en aire espirado. Si es verde, se puede conducir; si es rojo, mejor dejar las llaves en el bolsillo y optar por un taxi. El lema de los dispositivos lo resume: “¿Un euro o una multa?”.

Pero lo que nació como herramienta de concienciación se ha transformado en espectáculo. “Van en grupo y soplan a ver quién da más. Muchos beben del cubata justo antes de soplar y eso hace que la tasa suba. Yo creo que es por la novedad”, explicaba Carlos Cecilia, creador de Alcohol Test, en declaraciones a El País.

En TikTok se multiplican los vídeos: desde quienes celebran un 0,0 con un “me tocó ser el conductor”, hasta quienes alcanzan cifras de 0,88 mg/l, niveles que ya constituyen delito. “Más copas que el Atlético de Madrid", compartía un usuario que colgó las pruebas de sus amigos. El fenómeno, según La Voz del Sur, se ha extendido hasta convertirse en una tendencia viral que combina fiesta, tecnología y riesgo.

Más de cien positivos y dos mil asistencias. La otra cara de la feria, sin embargo, es menos festiva. Según el balance del Ayuntamiento, recogido por EuropaPress, el Grupo de Investigación de Accidentes y Atestados (GIAA) realizó 2.352 pruebas de alcoholemia y drogas, con un resultado de 107 positivos sancionados, 16 positivos penales y 66 vehículos inmovilizados.

Además, el dispositivo sanitario municipal atendió a unas 2.000 personas, de las cuales la mitad por abusos de alcohol. Hubo 60 traslados hospitalarios, diez de ellos por intoxicaciones etílicas. La feria, que combina tradición, música y gastronomía, deja también cada año un reguero de emergencias vinculadas al consumo.

La cara invisible de la fiesta. Los retos virales en torno a los alcoholímetros no son inocuos. La evidencia científica es contundente: no existe un nivel de consumo de alcohol “sin riesgo”. Incluso en pequeñas cantidades, se asocia con problemas cardiovasculares, adicción y varios tipos de cáncer.

Por su parte, un estudio publicado en Neurology mostró que los bebedores en exceso presentan un 133% más de riesgo de lesiones vasculares cerebrales que los abstemios, y un 60% más incluso quienes beben moderadamente. De hecho, el alcohol sigue siendo la primera causa de accidentes de tráfico evitables: el 33% de los conductores fallecidos tenía alcohol en sangre.

Una generación entre dos tendencias. La Feria de Málaga refleja la contradicción del consumo juvenil. Por un lado, cada vez más jóvenes dicen beber menos en el día a día: la mitad de los menores de 30 asegura haber reducido su consumo. Incluso en bodas, los mocktails y cócteles sin alcohol ganan terreno, con parejas que deciden eliminar el alcohol de sus celebraciones.

Por otro lado, el consumo en atracón sigue muy presente en fiestas y botellones. Casi la mitad de los adolescentes de 14 a 18 años reconoce haber participado en un botellón en el último año. La feria, como las fiestas patronales en general, se convierte en uno de esos espacios donde las tendencias sobrias se disuelven y resurgen los patrones de consumo intensivo.

Un espejo de la cultura del alcohol en España. La historia de los alcoholímetros de la Feria de Málaga es, en realidad, un espejo de la compleja relación de España con el alcohol. Por un lado, un país que presume de tradición vinícola, en el que las celebraciones se brindan con cava, cerveza o licor. Por otro, una sociedad en la que los daños del consumo empiezan a visibilizarse y en la que los jóvenes exploran formas alternativas de ocio sin alcohol.

Este año la Feria ha dejado claro que será recordada no solo por la música o los fuegos artificiales. También por esas colas para soplar en un alcoholímetro: prevención convertida en espectáculo, y espectáculo convertido en tendencia.

Imagen | TikTok

Xataka | La última idea extrema en la fermentación de cerveza no tiene que ver con el alcohol. Tiene que ver con abejas asesinas

-
La noticia Tras salir de la Feria de Málaga, centenares de personas están jugando a lo mismo: quién da más positivo en el alcoholímetro fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

La obsesión por las bodas ha llegado a su conclusión más desquiciada: una app para ir a ceremonias de desconocidos

La obsesión por las bodas ha llegado a su conclusión más desquiciada: una app para ir a ceremonias de desconocidos

Dos hombres trajeados se cuelan en una boda. Nadie los conoce, pero ahí están: brindando con champán, riendo con los invitados y buscando ligar en la pista de baile. Es una de las primeras escenas de Boda en boda, la comedia protagonizada por Owen Wilson y Vince Vaughn en el que convertían en juego lo impensable: infiltrarse en bodas ajenas.

Lo que en el cine parecía una fantasía absurda hoy empieza a suceder de verdad. En Francia, ya no hace falta inventar excusas ni disfrazarse de primo lejano: basta con descargarse una aplicación, pagar entrada y sentarse en la boda de unos completos desconocidos. Así ha llegado Invitin.

La app que convierte el amor en ticket de entrada. Creada este mismo año por la emprendedora Katia Lekarski, exmodelo y fundadora de plataformas digitales de diseño infantil, Invitin funciona como un Airbnb de bodas. Las parejas publican su celebración, fijan el precio por persona y los interesados compran su asiento. La empresa se queda con una comisión del 15%.

Según ha explicado a The Guardian, la idea surgió cuando su hija de cinco años le preguntó por qué nunca las invitaban a bodas. “Pensé: ¿y si pudieras pagar la entrada a una boda igual que pagas una visita guiada o una cena con desconocidos?”, ha relatado.

No entra cualquiera. Como detallan en su página web, los novios pueden revisar los perfiles de los asistentes y estos deben firmar un código de conducta: llegar puntuales, vestir elegante, no beber en exceso y no publicar fotos sin autorización.

El concepto no es del todo nuevo. En India, la empresa Join My Wedding ya conecta a turistas extranjeros con parejas locales que celebran enlaces tradicionales, bajo el lema: No has estado en India hasta que hayas asistido a una boda india. Allí, asistir a una ceremonia puede costar unos 250 dólares por persona y se vende como experiencia cultural.

Invitin toma esa lógica, pero la adapta al contexto europeo: no se trata de ofrecer folclore a visitantes, sino de que parejas francesas financien parte de su boda convirtiéndola en evento compartido.

La primera boda con desconocidos de pago. Los pioneros fueron Jennifer, actriz de 48 años, y Paulo, exatleta de 50, quienes se casaron este mes de agosto en una casa de campo cerca de París. Con un hijo de 18 meses y tras conocerse en una app de citas, decidieron probar Invitin después de descubrirla en una feria nupcial.

Su historia, recogida por The Guardian, ha detallado que vendieron cinco entradas a 130 euros cada una, que se sumaron a sus 80 familiares y amigos. Los nuevos “invitados de pago” disfrutaron de toda la jornada: votos en el jardín, cóctel con música en vivo, cena formal (con opción vegetariana, ya que la novia no come carne) y la fiesta posterior.

¿Cuánto vale la intimidad? Según Jennifer, el dinero es casi secundario. “Ayuda a cubrir decoración o vestido, pero lo hacemos porque somos extrovertidos y pensamos que podía ser divertido compartir. Además, tenemos muchas más amigas solteras que hombres solteros, así que esto ayuda a equilibrar un poco las cosas”, ha explicado Daily Mail. Los compradores —o invitados— también lo viven como oportunidad. Laurène, de 29 años, ha confesado a The Guardian que lo veía como “una forma de vivir una boda y tradiciones diferentes” en un ambiente feliz.

Sin embargo, el modelo no está exento de polémica. En Daily Mail, algunos lectores calificaron la práctica de “cutre”, recordando que la palabra “invitado” pierde todo su sentido si implica pagar. De hecho, recuerdan un caso de una pareja neoyorquina que pedía 333 dólares por persona a amigos y familiares para casarse en la catedral de San Patricio. El desenlace fue con el 80% de los invitados rechazando asistir. Lekarski defiende, sin embargo, que se trata de un fenómeno cultural y experiencial, no solo financiero. Le Figaro recoge testimonios de parejas que lo ven como oportunidad para sustituir a invitados ausentes, ampliar la lista sin disparar costes o incluso crear nuevas amistades. Una usuaria rusa lo ha resumido así: “Asistir a bodas francesas me permitirá comprender mejor sus tradiciones y cultura”.

La transformación al espectáculo. El fenómeno no surge de la nada. En la última década, las bodas se han transformado en macro eventos. Como ha señalado mi compañero en Xataka, hay una auténtica “fiebre” por ver bodas en redes sociales, con vídeos que acumulan millones de visualizaciones en TikTok e Instagram. Los novios buscan momentos virales: entradas teatrales, fuegos artificiales, coreografías ensayadas.

Al mismo tiempo, los costes se disparan. En España un enlace puede costar lo que gana un trabajador medio en todo un año. La tendencia a engordar la factura incluye ideas excéntricas: tatuadores en el convite, cabinas de realidad virtual, photocalls temáticos. Incluso se imponen restricciones polémicas, como bodas “sin alcohol” por moda healthy, para desesperación de los invitados.

En ese contexto, Invitin es casi una consecuencia lógica: si las bodas ya se viven como espectáculo y son inasumibles para muchas parejas, ¿por qué no convertirlas en evento compartido con entradas de pago?

Del sofá de Airbnb al altar. Hoy la app apenas suma unos cientos de usuarios y unos pocos enlaces confirmados, pero su fundadora ya sueña con expandirse a EEUU y al turismo europeo. Y no sería extraño que lo lograra: al fin y al cabo, ya hemos normalizado dormir en la cama de un desconocido con Airbnb o cenar en la casa de alguien que no conocemos a través de EatWith.

La lógica es la misma: transformar lo íntimo en experiencia de pago. Primero fue la hospitalidad, luego la mesa familiar y ahora la boda. Invitin no inventa nada, simplemente empuja una frontera más: si alquilamos el salón y la cama, ¿por qué no también el “sí, quiero”?

La pregunta es si veremos pronto bodas en España con entrada de pago, en un país donde los enlaces son especialmente costosos y el banquete es casi sagrado. Porque, por ahora, Invitin es un experimento francés, pero sus incentivos —reducir presupuesto y convertir un rito íntimo en show— son universales.

Epílogo. En Boda en boda, los protagonistas se infiltraban gratis en enlaces ajenos para ligar y beber champán. Hoy, con apps como Invitin, ni siquiera hace falta colarse: basta con pagar entrada.

Lo que antes era una comedia de Hollywood ahora es un modelo de negocio real. Y la pregunta ya no es si las bodas se nos están yendo de las manos, sino si queda algún rincón de la vida que no estemos dispuestos a poner a la venta.

Imagen | Unsplash

Xataka | En España hay una industria millonaria que lleva años viendo cómo sus precios no paran de crecer: la de las bodas

-
La noticia La obsesión por las bodas ha llegado a su conclusión más desquiciada: una app para ir a ceremonias de desconocidos fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

Contra los tuppers: cada vez más voces piensan que guardar la comida en plástico no es una buena idea

Contra los tuppers: cada vez más voces piensan que guardar la comida en plástico no es una buena idea

Una cocina que se precie tiene un cajón hasta arriba de numerosos tuppers con las tapas por otro lado. Aunque no es el único lugar, abrimos la nevera y encontramos aún más apilados: algunos guardan las sobras del mediodía, otros contienen alimentos recién sacados de su envase original. Detrás de esta cotidianeidad —tan asumida que pasa desapercibida— se esconde una pregunta incómoda: ¿estamos almacenando bien nuestra comida?

El plástico bajo sospecha. Ligero, barato, resistente: el plástico se convirtió en el gran aliado de la cocina moderna. Sin embargo, estudios recientes ponen en cuestión su seguridad cuando entra en contacto con alimentos.

Un reportaje de la BBC ha explicado que miles de sustancias químicas forman parte de su composición y que algunas pueden migrar hacia la comida, sobre todo cuando entran en contacto con alimentos grasos, ácidos o calientes. El problema no es solo la comida que guardamos, sino también el uso que damos: el microondas, el lavavajillas o los rayones por el uso repetido aceleran la liberación de compuestos.

Y microplásticos. A ellos se suma otro problema invisible. Como ha señalado la revista Delish, los tuppers liberan microplásticos, diminutas partículas que ya se han encontrado en sangre, pulmones e incluso placenta humanas.

Un problema de salud. El debate sobre los tuppers no es un simple detalle de cocina: lo que está en juego es la salud hormonal. Muchos de los compuestos que migran de los plásticos a los alimentos están clasificados como disruptores endocrinos, sustancias capaces de alterar el equilibrio de nuestras hormonas.

El caso más conocido es el bisfenol A (BPA), usado durante décadas en plásticos rígidos y vinculado a problemas de fertilidad y desarrollo. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) revisó recientemente su seguridad y redujo la ingesta tolerable a un nivel 20.000 veces menor que el anterior. Algo parecido ocurre con los ftalatos, empleados para dar flexibilidad al plástico y también asociados a alteraciones hormonales y reproductivas, como ha detallado la BBC.

Planes B. Sin embargo, confiar en alternativas tampoco es garantía. The Guardian ha advertido que compuestos utilizados como sustitutos del BPA —los llamados BPS y BPF— presentan efectos similares en el organismo. Y, según un estudio citado por The I Paper, se han identificado más de 3.600 sustancias químicas de envases plásticos presentes en humanos, muchas de ellas apenas estudiadas. Por eso, algunas voces expertas son contundentes. Lisa Zimmerman, del Food Packaging Forum, lo resumía así para el mismo medio: “Si te importa tu salud, deberías tirar tus tuppers de plástico y usar vidrio o acero”.

Las estaciones también influyen. Más allá de los químicos, el calor estival añade otra amenaza: las bacterias. En declaraciones recogidas por El Confidencial, la dietista Judit Carreira, del Hospital de Sant Pau, ha explicado que las altas temperaturas favorecen intoxicaciones alimentarias.

Su consejo es claro: transportar los táperes en bolsas térmicas o neveras portátiles, evitar exponerlos al sol y, sobre todo, separar crudos de cocinados en la nevera para prevenir contaminaciones cruzadas. “Cuando vuelves del supermercado, la carne y el pescado crudo deben sacarse del envase y guardarse en un táper limpio”, ha insistido. También recordaba las cuatro reglas básicas de seguridad alimentaria: limpiar, separar, cocer y enfriar.

Entonces, ¿tiro todos mis tuppers? No se trata de vaciar la cocina de golpe, pero sí de cambiar hábitos. Diversos medios coinciden en una serie de recomendaciones:

  • Evitar recalentar en plástico: aunque el envase indique “apto para microondas”, el calor acelera la migración química.
  • Reservarlos solo para alimentos fríos o secos, nunca para comidas aceitosas, ácidas o calientes.
  • Reemplazarlos si están rayados, deformados o con olor persistente.
  • Optar por vidrio, acero o cerámica para comidas calientes o de conservación prolongada.

Ahora bien, tampoco todas las alternativas son perfectas. La cerámica, aunque se considera segura si está certificada, puede ser un problema en casos de producciones artesanales. El Correo relató hace unos meses el caso de una familia de Getxo (Vizcaya) intoxicada por plomo tras beber durante años de una jarra de cerámica esmaltada comprada en Andalucía. El plomo, prohibido en alfarería desde los años 60, puede provocar dolor abdominal, anemia o alteraciones neurológicas.

Una vida más fácil, con riesgo. Es cierto que los tuppers nos han hecho la vida más fácil, pero también nos han expuesto a una sopa química aún no del todo conocida. La ciencia aún investiga los efectos acumulativos, pero hay consenso en algo simple: calor, grasa y plástico no combinan bien.

Quizás el verdadero lujo de la cocina moderna no sea acumular envases de todos los tamaños, sino elegir recipientes que cuiden nuestra salud.

Imagen | Unsplash

Xataka | Llevo una década teletrabajando y he descubierto el mejor truco de productividad: planificar un menú de comidas semanal

-
La noticia Contra los tuppers: cada vez más voces piensan que guardar la comida en plástico no es una buena idea fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

El auge de los “cero posts”: cada vez más personas están dejando de publicar cosas en sus redes sociales

El auge de los "cero posts": cada vez más personas están dejando de publicar cosas en sus redes sociales

Hubo un tiempo en que abrir Instagram significaba asomarse a la vida de nuestros amigos. Un café humeante bajo el filtro Valencia, un selfie mal encuadrado en la playa o la mascota de un colega bostezando. Era un escaparate improvisado, doméstico, un mural de banalidades compartidas que, paradójicamente, nos hacían sentir más cerca. Como ha recordado The New Yorker, aquella “foto del desayuno” representaba el sueño utópico de las redes sociales: que millones de personas comunes pudieran publicar fragmentos de sus vidas con mínima intervención, desde lo más trivial hasta lo más íntimo, y que ese registro mundano se convirtiera en algo valioso, un “archivo dinámico de la realidad desde el suelo”.

Más de una década después, el paisaje es otro. Si en 2018 la BBC calculaba que cerca del 40% de la población mundial usaba redes sociales, dedicando unas dos horas diarias a compartir, hoy los usuarios siguen conectados, pero cada vez menos dispuestos a mostrar su vida.

Del feed al vacío. El descenso en el uso público de las redes es ya evidente. Según un informe de Morning Consult, un 28% de los estadounidenses publica menos que hace un año, frente a un 21% que lo hace más. Entre la Generación Z, apenas un 18% admite postear a diario. En un artículo reciente, la BBC ha confirmado la tendencia: un tercio de los usuarios publica menos que antes, con un descenso especialmente pronunciado entre los menores de 30.

Y es que el fenómeno no se limita a Estados Unidos. En España, IAB Spain ha presentado la 16ª edición del Estudio de Redes Sociales 2025, en colaboración con Elogia, que confirma un desgaste similar: el 33% de los internautas ha abandonado alguna plataforma en el último año, sobre todo X (28%) y Facebook (15%), pero también Pinterest (15%) o LinkedIn (12%). Los motivos principales son la falta de uso, la pérdida de interés y el aburrimiento.

La resaca de publicar. Este retraimiento tiene hasta nombre propio. National Public Radio (NPR) lo ha bautizado como Grid Zero, el fenómeno de Instagram en el que cada vez más jóvenes, sobre todo de la Gen Z, borran todas sus publicaciones y dejan sus perfiles como un “lienzo en blanco”. Adam Mosseri, jefe de Instagram, lo reconoce: “Los adolescentes pasan más tiempo en mensajes privados que en Stories, y más en Stories que en el feed”.

La propia Instagram ha detectado que los jóvenes prefieren interacciones efímeras o privadas. Su investigadora cultural Kim Garcia lo ha resumido así: “La Gen Z tiene aversión a la permanencia y a la huella digital. No quieren que todo su proceso de cambio personal quede expuesto públicamente”. Según NPR, el Grid Zero funciona como un sistema inmunológico contra la adicción digital: esconder el feed, refugiarse en la intimidad de los chats o las cuentas privadas es una forma de protegerse.

Este pudor contrasta con la era millennial. Para quienes hoy bordean la mediana edad, las redes eran el espacio natural de la exposición. La resaca era previsible, como ha señalado el escritor Kyle Chayka en una entrevista con la BBC: “Aprendimos las desventajas de compartir tu vida en línea durante la década de 2010”. A menos que quieras ser influencer, ya no vale la pena: las desventajas de publicar son demasiado grandes y las ventajas no alcanzan”.

Privacidad y miedo al juicio. El apagón del feed responde a distintas variables, pero la primera es la necesidad de refugiarse en uno mismo. Según Psicología Online, muchos usuarios eligen no publicar para proteger su privacidad, cuidar su salud mental y evitar riesgos como el acoso o la exposición innecesaria. No obstante, en el caso de la Gen Z el fenómeno es más extremo. The Nod Mag ha explicado la hiperconciencia digital: un simple “like” puede interpretarse como una declaración política o identitaria. El miedo a la cancelación lleva a muchos a interactuar lo menos posible. La joven Kanika Mehra (24) lo ha reconocido para The New Yorker: “Todos somos voyeurs ahora: seguimos mirando, pero ya no posteamos, porque publicar genera una resaca de vulnerabilidad”.

A este clima se suma la sensación de inadecuación en medio de las crisis globales. Una camarera en Washington ha contado a The New Yorker que borró unas selfies alegres porque “con todo lo que pasa en el mundo, me daba vergüenza parecer frívola”.

De lo social al consumo. Más allá de las motivaciones personales, hay un hecho innegable: casi todo lo que vemos hoy en redes está orientado al consumo. “Las plataformas se han vuelto menos sociales; se parecen más a la televisión, repletas de contenido mercantilizado, aspiraciones de estilo de vida y publicidad”, ha resumido Chayka en la BBC. Además, The New Yorker también coincide: los feeds están dominados por influencers, titulares bélicos, propaganda política, videos generados por IA y “sponcon”. El amateurismo, motor inicial de las redes, fue sustituido por la producción cuidada y los anillos de luz.

Y los datos están ahí para confirmarlo: Morning Consult ha hallado que más de la mitad de los adultos (52%) perciben el contenido de redes como “repetitivo y cansino”. Y el Wall Street Journal ha apuntado que los usuarios sienten que “la comunidad ya no está ahí”; en su lugar, hay un escaparate comercial interminable.

Aunque no es un red vacía. El silencio en el feed no significa abandono de las plataformas. Al contrario: seguimos conectados, pero nos mudamos a espacios más íntimos. Mosseri lo ha reconocido en entrevista citada por WSJ: “Todo el compartir entre amigos se está yendo a los mensajes directos. Hoy se mandan más fotos y videos por DM que por Stories, y más por Stories que por el feed”.

La BBC reafirma el giro: el contenido personal “se ha orientado hacia los mensajes individuales y los grupos privados”. En España, el estudio de IAB Spain confirma que WhatsApp es la red más usada: un 96% de los internautas la utilizan a diario. Lo social no desapareció: simplemente se escondió.

Millennials, ¿los nuevos boomers? Esto duele, pero entramos en terreno generacional. Los millennials —entre los que me incluyo— crecimos exhibiendo nuestra vida online. Hoy aparecemos como los “boomers digitales” a ojos de la Gen Z. Desde Código Nuevo lo han explicado con ironía: los perfiles millennials parecen anticuados, llenos de poses, filtros, frases largas en la descripción. En cambio, la Gen Z opta por la estética trash: dumps de ocho fotos mal hechas, perfiles vacíos o muros minimalistas. Lo “cool” es no parecer que te esfuerzas demasiado.

Sin embargo, los millennials también están derivando hacia esa preservación de lo íntimo, como han señalado en The New Yorker. “Una vez que te estableces en pareja o con hijos, hay menos incentivo para proyectar tu personalidad en línea”, ha resumido la abogada Emma Hulse, que pasa la treintena.

Las previsiones. ¿Qué nos espera después del “posting zero”? Kyle Chayka, autor de Filterworld, cree que las redes sociales terminarán pareciéndose cada vez más a la televisión: una mezcla de TikTok, YouTube y Netflix, dominada por contenido profesionalizado y por la producción infinita —y barata— de la inteligencia artificial. Lo social quedará reducido a un rol secundario, mientras los usuarios se convierten en espectadores pasivos.

Al mismo tiempo, lo íntimo gana terreno. Según Adam Mosseri, la mayor parte del intercambio entre amigos ya ocurre en mensajes directos, y no en los feeds públicos. El futuro de lo social apunta a chats grupales y entornos privados, e incluso —como señala Chayka— podría provocar un renovado deseo de interacción cara a cara, fuera de las pantallas.

Ese repliegue no significa calma, sino fragmentación. Nuevas aplicaciones como BeReal, Bluesky o Discord aparecen y desaparecen en ciclos cada vez más rápidos, buscando captar nichos que añoran experiencias más experimentales o menos mercantilizadas. Pero la dispersión también alimenta la fatiga: Gartner estima que en los próximos dos años el 50% de los usuarios reducirá drásticamente su actividad en redes.

Un contrato roto. En el fondo, como ha sugerido The New Yorker, lo que cambió es el contrato social de las redes. Antes, publicar significaba acceder a una audiencia potencialmente masiva. Hoy, salvo que seas influencer, la ecuación ya no compensa: demasiados riesgos, pocas recompensas.

Lo resume el escritor Kyle Chayka en la BBC: “Quizás las redes sociales fueron, en cierto modo, una aberración. Esta idea de que toda persona normal debía compartir su vida públicamente fue errónea desde el inicio. Ahora estamos despertando, viendo el daño que causó y cambiando nuestros hábitos”.

Imagen | Unsplash

Xataka | La IA de Meta no es ni la mejor ni la más bonita ni la más inteligente. Es algo más importante: útil para su negocio

-
La noticia El auge de los "cero posts": cada vez más personas están dejando de publicar cosas en sus redes sociales fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

El nuevo objetivo de los drones ucranianos está muy lejos del frente: son las gasolineras de Rusia

El nuevo objetivo de los drones ucranianos está muy lejos del frente: son las gasolineras de Rusia

Los precios del petróleo vuelven a repuntar en las últimas semanas. El Brent subió un 2,7% y el West Texas Intermediate un 1,1% esta semana, según Reuters. Detrás de esta volatilidad están las bajas expectativas, presumibles, de un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania. Esa incertidumbre se refleja de inmediato en los mercados, que ya descuentan sanciones más duras contra Moscú y una guerra larga.

De hecho, mientras que en Alaska estaban reunidos Vladimir Putin y Donald Trump, a miles de kilómetros, drones ucranianos alcanzaban una refinería rusa. Dejando entrever que la guerra ya no se libra solo en el Donbás. Ahora golpea donde más le duele al Kremlin: el petróleo.

Escasez frente a los bombardeos. En Rusia, los precios mayoristas de la gasolina se han disparado a niveles récord. En un reportaje del Financial Times se detalla que el combustible más común, el A95, alcanzó en agosto los 82.300 rublos por tonelada en la Bolsa de San Petersburgo, un 55% más que a principios de año. La escalada responde a una doble presión: el repunte estacional de la demanda y los daños a la infraestructura energética rusa provocados por ataques ucranianos con drones.

La población empieza a sufrir consecuencias. Los conductores ya lo están evidenciando: largas colas, surtidores vacíos y racionamiento en regiones como Zabaikalsky, Crimea y el Extremo Oriente. Según el Moscow Times, Rusia ha perdido alrededor del 13% de su capacidad de refinación desde principios de agosto, tras ataques que obligaron al cierre de al menos cuatro refinerías. En Vladivostok, los automovilistas esperan hasta dos horas para repostar. “Los surtidores están cubiertos con carteles de ‘fuera de servicio’”, ha expresado un conductor a la prensa local.

La escasez también tiene un eco histórico. En algunas zonas se han introducido “cupones” de combustible, un mecanismo de racionamiento que evoca los recuerdos de los últimos años de la URSS. Crimea, anexionada por Rusia en 2014, sufre cortes de suministro. Sergei Aksyonov, jefe regional designado por Moscú, ha admitido a FT “interrupciones en algunas estaciones” y pidió paciencia “hasta el final de la operación especial militar”. Sin embargo, a pesar de intentar contener la crisis con subsidios y prohibiendo la exportación de gasolina el 28 de julio, la demanda interna sigue sin satisfacerse.

La ofensiva de drones. De acuerdo con El País, Ucrania ha lanzado en agosto una ofensiva sistemática contra la industria petrolera rusa, golpeando refinerías y centros de distribución a cientos y hasta miles de kilómetros de la frontera. El 10 de agosto, drones ucranianos alcanzaron una instalación de Lukoil en la república de Komi, a más de 2.000 kilómetros, un récord de alcance. El ataque detuvo durante días la producción de una de las refinerías clave de Rosneft en Saratov.

Estos ataques no son nuevos, pero ahora son más frecuentes y coordinados. El Financial Times ha subrayado que a diferencia de 2023 —cuando los daños se reparaban con rapidez— en 2024 la campaña apunta a dejar fuera de servicio a varias plantas simultáneamente durante más tiempo. El objetivo estratégico, como ha explicado El País, es doble: mostrar al Kremlin que es vulnerable en su propio territorio y golpear su principal fuente de ingresos, los hidrocarburos, en mitad de las negociaciones de paz.

El caos de los drones. El arma de Kyiv son enjambres de drones de bajo coste y largo alcance, producidos en masa. Como ha detallado mi compañero en Xataka, Ucrania fabricó 2,2 millones de drones en 2024 y quiere duplicar esa cifra en 2025. Pero el campo de batalla se ha convertido también en un caos electrónico: hasta 60 drones pueden volar en apenas un kilómetro de frente, interfiriéndose mutuamente. En ocasiones, las propias contramedidas ucranianas contra los drones rusos dejan inoperativos a sus aparatos. En otras, operadores se conectan sin querer a transmisiones enemigas. Aun así, el mensaje estratégico es claro: los drones permiten a Ucrania golpear lejos y erosionar la economía de guerra rusa.

Las previsiones. Los analistas prevén que los precios de la gasolina en Rusia seguirán altos al menos hasta septiembre, según el Financial Times. Aunque no se anticipa una crisis nacional generalizada —porque la demanda baja tras el verano y parte de la capacidad dañada se puede recuperar— sí se espera que continúen los problemas en regiones alejadas y mal conectadas. Moscú podría recurrir a importaciones de productos refinados desde Bielorrusia para cubrir parte del déficit. Sin embargo, Ucrania parece decidida a mantener su campaña. “Habrá más”, ha advertido el Estado Mayor ucraniano tras un ataque a la refinería de Syzran en Samara.

Un laboratorio bélico. Más allá de lo económico, el conflicto revela dos tendencias de largo alcance. Por un lado, la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio de innovación militar, donde se ensayan drones resistentes a interferencias, plataformas con inteligencia artificial y nuevas doctrinas de guerra electrónica, como hemos apuntado en Xataka. Estas lecciones aprendidas marcarán los ejércitos del futuro. Por otro lado, dentro de Rusia, la aparición de racionamiento por cupones conecta la guerra actual con memorias colectivas de escasez soviética, un recordatorio incómodo de que los costos de la invasión llegan también a la vida cotidiana.

Un nuevo frente. La guerra en Ucrania ha desplazado su frente más visible: ya no está solo en las trincheras del Donbás, sino en las colas de las gasolineras rusas. Mientras Putin insiste en que Moscú mantiene la iniciativa militar, los ciudadanos enfrentan racionamientos, colas y precios en alza.

La historia sugiere que la escasez golpea más fuerte que cualquier proyectil. Los zares lo aprendieron a principios del siglo XX, cuando el descontento popular minó su poder. Hoy, más de un siglo después, el Kremlin vuelve a ver cómo el frente interno puede convertirse en su mayor vulnerabilidad: si los drones siguen atacando las refinerías, el precio no solo lo pagará la economía, sino también la población.

Imagen | Unsplash y National Police of Ukraine

Xataka | Cada vez se desguazan menos barcos petroleros, y solo hay una explicación razonable: la flota fantasma de Rusia

-
La noticia El nuevo objetivo de los drones ucranianos está muy lejos del frente: son las gasolineras de Rusia fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

Un avión solar ha alcanzado los 9.521 metros sobre los Alpes: el récord que acerca a la aviación a la estratosfera

Un avión solar ha alcanzado los 9.521 metros sobre los Alpes: el récord que acerca a la aviación a la estratosfera

Sobre los Alpes del Valais, en un cielo despejado de verano, un avión blanco avanzaba despacio, casi en silencio. No llevaba turbinas ni quemaba queroseno: solo dependía de la luz del sol. En la cabina, el piloto suizo Raphaël Domjan afrontaba un reto que hace unos años parecía inalcanzable: demostrar que también la aviación puede ganar altura sin gastar una sola gota de combustible fósil.

El pasado 12 de agosto, el proyecto SolarStratos alcanzó los 9.521 metros de altitud tras despegar de Sion. Con ello superó el récord mundial de vuelo en un avión solar, que desde 2010 ostentaba el Solar Impulse con 9.235 metros, que dió la vuelta al mundo entre 2015 y 2016, según recordó France 24.

Cinco horas para hacer historia. El ascenso duró cinco horas y nueve minutos, cuidadosamente planificadas para que el avión despegara con las baterías cargadas al 100% con energía solar. Durante el trayecto, Domjan incluso se cruzó con un avión de pasajeros, un momento que el equipo describió como la imagen más poderosa de lo que podría ser la aviación del futuro, como destacó Berner Zeitung.

El SolarStratos HB-SXA es un biplaza ultraligero de fibra de carbono, con alas cubiertas de paneles solares de alto rendimiento. Pesa apenas 450 kilos y no cuenta con cabina presurizada, lo que obligó a Domjan a llevar oxígeno a bordo, según France 24. Sus prestaciones son modestas —despega a baja velocidad y no supera los 140 km/h—, pero su diseño le permite alcanzar alturas reservadas hasta ahora a la aviación convencional.

Ni una gota de queroseno. Más allá de las cifras, la meta de Domjan es demostrar que una aviación limpia es posible. “Mi objetivo es mostrar a las generaciones de hoy y mañana que todavía será posible volar sin combustibles fósiles”, declaró a CBS.

El propio piloto no es ajeno a las aventuras pioneras. En 2012 completó la primera vuelta al mundo en un barco impulsado únicamente por energía solar, el PlanetSolar, un catamarán futurista que demostró que el mar también podía surcarse sin combustibles fósiles, recordó Berner Zeitung. Aquella travesía, que duró más de año y medio y partió de Mónaco, lo convirtió en referente internacional de la movilidad limpia.

Un récord aún por validar. La Federación Aeronáutica Internacional (FAI) deberá confirmar el récord revisando los datos de altitud, que se certifican según la presión y la densidad del aire, recordó France 24. La organización está revisando los datos de vuelo según sus estándares.

SolarStratos

SolarStratos

La mirada puesta en la estratosfera. El vuelo récord no es el final, sino un paso más hacia un objetivo mayor: superar los 10.000 metros, la altitud de crucero de los aviones comerciales, y después alcanzar la estratosfera, que en Suiza comienza en torno a los 12.000 metros.

El camino ha estado lleno de intentos y aprendizajes. El 31 de julio, SolarStratos alcanzó 6.589 metros; días después llegó a 8.224, aunque debió interrumpir la subida por falta de corrientes térmicas, según Techxplore. “Ser pionero significa intentar algo sin tener la certeza de que saldrá bien”, resumió Domjan en declaraciones a la agencia AFP recogidas por RTL.

Epílogo. Aunque aún resta la validación oficial, la imagen de un pequeño avión solar volando junto a un avión comercial queda ya grabada como un símbolo de la transición hacia una aviación limpia. Desde los Alpes suizos, el SolarStratos no solo ha batido un récord: ha abierto una puerta a un futuro en el que lo impensable empieza a volar con energía del sol.

Imagen | SolarStratos

Xataka | El boom renovable choca con el muro invisible: España tiene más energía verde que nunca pero el sistema no la aguanta

-
La noticia Un avión solar ha alcanzado los 9.521 metros sobre los Alpes: el récord que acerca a la aviación a la estratosfera fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

Los millonarios de Silicon Valley tienen una nueva obsesión: “optimizar” a sus bebés incluso antes de que nazcan

Los millonarios de Silicon Valley tienen una nueva obsesión: "optimizar" a sus bebés incluso antes de que nazcan

“No hay un gen para el espíritu humano”, advierte el protagonista de Gattaca, una película que imagina un futuro en el que el ADN decide quién es válido y quién no. En ese mundo, la selección genética al nacer asigna profesiones y determina el destino de cada uno. Lo que en los noventa parecía ciencia ficción empieza a asomarse hoy a la realidad: Silicon Valley, cuna de los gigantes tecnológicos, se ha convertido en epicentro de un nuevo mercado que busca optimizar a la próxima generación antes incluso de nacer.

Bebés a la carta. En un reportaje de The Wall Street Journal, startups como Nucleus Genomics, Herasight y Orchid Healthhan llevado el cribado de embriones más allá de lo habitual en la fecundación in vitro (FIV). Si antes el objetivo era descartar anomalías cromosómicas o mutaciones graves como la fibrosis quística o el síndrome de Down, ahora se suman predicciones sobre el cociente intelectual (IQ) y la propensión a enfermedades como Alzheimer, cáncer o diabetes.

En este ecosistema, los precios oscilan entre los 2.500 dólares por embrión analizado en Orchid (a sumar a los 20.000 de un ciclo de FIV, según Washington Post), los 6.000 de Nucleus o los 50.000 de Herasight. La clientela se concentra en las élites tecnológicas de San Francisco, donde, como ha relatado el WSJ, incluso hay agentes matrimoniales especializados en emparejar directivos con parejas “inteligentes” para “tener hijos inteligentes”. Elon Musk ha defendido públicamente que las personas con alto talento intelectual deberían reproducirse más.

¿Prevención o ingeniería social? Detrás de la fiebre por el cribado genético de embriones en Silicon Valley conviven motivaciones muy distintas, que van desde el deseo íntimo de evitar enfermedades hasta visiones ambiciosas de ingeniería social.

Para muchos futuros padres, la prioridad es estrictamente médica: minimizar el riesgo de transmitir a sus hijos mutaciones asociadas a dolencias graves. Este fue el caso de Simone y Malcolm Collins, citados por el Wall Street Journal, quienes, a través de la startup Herasight, seleccionaron un embrión con baja probabilidad de cáncer; una decisión médica que coincidió con otro “beneficio”: la predicción de que el niño se situaría en el percentil 99 de inteligencia.

En cambio, otros clientes han acudido a estos servicios impulsados por un objetivo más abiertamente cognitivo. El matemático Tsvi Benson-Tilsen, cofundador del Berkeley Genomics Project, ha explicado al WSJ que su meta es “hacer más genios” capaces de enfrentarse a amenazas globales como la inteligencia artificial fuera de control. Y en un plano más ideológico, la tendencia se alinea con el pronatalismo que, como ha escrito mi compañero en Xataka, gana influencia en Estados Unidos y Europa: figuras como Elon Musk o el vicepresidente J.D. Vance.

El proceso. El camino hacia un “bebé optimizado” comienza igual que cualquier tratamiento de fecundación in vitro: estimulación ovárica, extracción de óvulos y fecundación en laboratorio. Según Washington Post, este paso por sí solo ya supone unos 20.000 dólares de media por ciclo, sin contar los servicios de análisis genético. A los cinco días, en el estadio de blastocisto, se extraen entre cinco y diez células de cada embrión. Este material mínimo se amplifica para secuenciar el genoma, pero la técnica puede introducir errores.

A partir de ahí, entran en juego las startups, quienes aplican algoritmos para calcular riesgos y estimar rasgos. Los informes que reciben los padres se parecen más a una hoja de cálculo financiera que a un historial médico: “¿Cuántos puntos de IQ compensan un 1% más de riesgo de TDAH?” o “¿Qué riesgo de Alzheimer aceptamos a cambio de menor probabilidad de bipolaridad?”. El resultado de ese ejercicio de ingeniería reproductiva es la selección de un embrión que, sobre el papel, maximiza las expectativas de salud e inteligencia. Ese será, si el embarazo prospera, el hijo que nazca.

Ciencia bajo sospecha. Si bien el marketing de estas compañías promete un control sin precedentes sobre el futuro genético de un hijo, la ciencia detrás de algunas afirmaciones es, como mínimo, frágil. El Wall Street Journal recoge la advertencia del genetista Shai Carmi, pionero en modelos de predicción poligénica: para el coeficiente intelectual, los modelos actuales solo explican entre un 5% y un 10% de la variación real entre personas. Traducido a resultados prácticos, elegir el embrión con la “mejor” puntuación genética supondría apenas una ganancia media de tres o cuatro puntos de IQ frente a escoger uno al azar.

A esto se suma un problema técnico: trabajar con unas pocas células obliga a amplificar el ADN, y ese proceso puede introducir distorsiones. La genetista de Stanford Svetlana Yatsenko lo comparó en el Washington Post con “jugar a la ruleta rusa”: una mutación podría aparecer como presente o ausente debido a un error de amplificación, no a la realidad genética del embrión.

Además, hay limitaciones poblacionales. La mayoría de las bases de datos genéticas provienen de poblaciones de ascendencia europea, lo que hace que las predicciones sean menos precisas —hasta un 50% menos— para personas con orígenes distintos. Aunque empresas como Orchid afirman aplicar correcciones estadísticas y, en algunos casos, evitar dar puntuaciones si no son fiables, el sesgo de origen sigue siendo un talón de Aquiles científico.

Y llegamos al dilema ético. Seleccionar por un rasgo concreto puede acarrear consecuencias inesperadas. Según ha advertido el estadístico de Harvard Sasha Gusev en el WSJ, escoger el embrión con mayor probabilidad estimada de alto IQ podría implicar, al mismo tiempo, aumentar la predisposición genética al trastorno del espectro autista. En otras palabras, los genes rara vez vienen “limpios” de asociaciones complejas y, en muchos casos, lo que se optimiza por un lado puede ser un riesgo por otro.

Finalmente, está el debate sobre si esta práctica constituye una nueva forma de eugenesia, aunque sea privada y voluntaria. Lior Pachter, bioeticista citado en el Washington Post, considera que traducir el genoma humano en una serie de puntuaciones numéricas fomenta la idea de que “unos genes son mejores que otros” y alimenta una división social basada en el ADN. Para los defensores, como Tsvi Benson-Tilsen o los Collins, no se trata de discriminar, sino de dar a los hijos la mejor oportunidad posible. Para los críticos, es abrir la puerta a un mundo donde el valor de una persona se decide antes incluso de que nazca.

El pronatalismo y la eugenesia. El famoso anuncio de Sydney Sweeney, en el que un juego de palabras entre genes y jeans servía de guiño comercial, desató un vendaval en redes. Para muchos, era un recordatorio de lo rápido que la genética ha pasado de los laboratorios y las aulas de biología a la conversación cotidiana y al consumo masivo.

El contexto no es únicamente médico. El auge del discurso pronatalista en Estados Unidos —con figuras como Elon Musk o el vicepresidente J.D. Vance pidiendo más nacimientos— se entrelaza con el interés de inversores de Silicon Valley por las tecnologías reproductivas. Peter Thiel, Brian Armstrong y otros pesos pesados de la industria tecnológica han invertido en empresas de este sector, convencidos de que la genética reproductiva es tanto una oportunidad de negocio como una “apuesta por el futuro” de la sociedad. Lejos de ser marginal, este mercado se perfila como un nuevo frente donde confluyen ciencia, ideología y capital.

Un futuro en hojas de cálculo. Silicon Valley sueña con hijos moldeados en laboratorio que combinen salud perfecta e inteligencia excepcional. Para unos, es la evolución natural de la medicina preventiva; para otros, el primer paso hacia una sociedad dividida por el ADN. Entre el deseo de prevenir enfermedades y la ambición de crear genios, el laboratorio se convierte en cuna y el futuro se escribe, no en cuentos infantiles, sino en hojas de cálculo. La pregunta que sobrevuela sigue siendo la de Gattaca: si podemos moldear a la próxima generación, ¿quién decide qué significa ser “mejor”?

Imagen | Pexels y Pixabay

Xataka | Sydney Sweeney protagoniza un nuevo anuncio de pantalones vaqueros. Y para algunos supone el fin de la "era woke"

-
La noticia Los millonarios de Silicon Valley tienen una nueva obsesión: "optimizar" a sus bebés incluso antes de que nazcan fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más

Los millonarios de Silicon Valley tienen una nueva obsesión: “optimizar” a sus bebés incluso antes de que nazcan

Los millonarios de Silicon Valley tienen una nueva obsesión: "optimizar" a sus bebés incluso antes de que nazcan

“No hay un gen para el espíritu humano”, advierte el protagonista de Gattaca, una película que imagina un futuro en el que el ADN decide quién es válido y quién no. En ese mundo, la selección genética al nacer asigna profesiones y determina el destino de cada uno. Lo que en los noventa parecía ciencia ficción empieza a asomarse hoy a la realidad: Silicon Valley, cuna de los gigantes tecnológicos, se ha convertido en epicentro de un nuevo mercado que busca optimizar a la próxima generación antes incluso de nacer.

Bebés a la carta. En un reportaje de The Wall Street Journal, startups como Nucleus Genomics, Herasight y Orchid Healthhan llevado el cribado de embriones más allá de lo habitual en la fecundación in vitro (FIV). Si antes el objetivo era descartar anomalías cromosómicas o mutaciones graves como la fibrosis quística o el síndrome de Down, ahora se suman predicciones sobre el cociente intelectual (IQ) y la propensión a enfermedades como Alzheimer, cáncer o diabetes.

En este ecosistema, los precios oscilan entre los 2.500 dólares por embrión analizado en Orchid (a sumar a los 20.000 de un ciclo de FIV, según Washington Post), los 6.000 de Nucleus o los 50.000 de Herasight. La clientela se concentra en las élites tecnológicas de San Francisco, donde, como ha relatado el WSJ, incluso hay agentes matrimoniales especializados en emparejar directivos con parejas “inteligentes” para “tener hijos inteligentes”. Elon Musk ha defendido públicamente que las personas con alto talento intelectual deberían reproducirse más.

¿Prevención o ingeniería social? Detrás de la fiebre por el cribado genético de embriones en Silicon Valley conviven motivaciones muy distintas, que van desde el deseo íntimo de evitar enfermedades hasta visiones ambiciosas de ingeniería social.

Para muchos futuros padres, la prioridad es estrictamente médica: minimizar el riesgo de transmitir a sus hijos mutaciones asociadas a dolencias graves. Este fue el caso de Simone y Malcolm Collins, citados por el Wall Street Journal, quienes, a través de la startup Herasight, seleccionaron un embrión con baja probabilidad de cáncer; una decisión médica que coincidió con otro “beneficio”: la predicción de que el niño se situaría en el percentil 99 de inteligencia.

En cambio, otros clientes han acudido a estos servicios impulsados por un objetivo más abiertamente cognitivo. El matemático Tsvi Benson-Tilsen, cofundador del Berkeley Genomics Project, ha explicado al WSJ que su meta es “hacer más genios” capaces de enfrentarse a amenazas globales como la inteligencia artificial fuera de control. Y en un plano más ideológico, la tendencia se alinea con el pronatalismo que, como ha escrito mi compañero en Xataka, gana influencia en Estados Unidos y Europa: figuras como Elon Musk o el vicepresidente J.D. Vance.

El proceso. El camino hacia un “bebé optimizado” comienza igual que cualquier tratamiento de fecundación in vitro: estimulación ovárica, extracción de óvulos y fecundación en laboratorio. Según Washington Post, este paso por sí solo ya supone unos 20.000 dólares de media por ciclo, sin contar los servicios de análisis genético. A los cinco días, en el estadio de blastocisto, se extraen entre cinco y diez células de cada embrión. Este material mínimo se amplifica para secuenciar el genoma, pero la técnica puede introducir errores.

A partir de ahí, entran en juego las startups, quienes aplican algoritmos para calcular riesgos y estimar rasgos. Los informes que reciben los padres se parecen más a una hoja de cálculo financiera que a un historial médico: “¿Cuántos puntos de IQ compensan un 1% más de riesgo de TDAH?” o “¿Qué riesgo de Alzheimer aceptamos a cambio de menor probabilidad de bipolaridad?”. El resultado de ese ejercicio de ingeniería reproductiva es la selección de un embrión que, sobre el papel, maximiza las expectativas de salud e inteligencia. Ese será, si el embarazo prospera, el hijo que nazca.

Ciencia bajo sospecha. Si bien el marketing de estas compañías promete un control sin precedentes sobre el futuro genético de un hijo, la ciencia detrás de algunas afirmaciones es, como mínimo, frágil. El Wall Street Journal recoge la advertencia del genetista Shai Carmi, pionero en modelos de predicción poligénica: para el coeficiente intelectual, los modelos actuales solo explican entre un 5% y un 10% de la variación real entre personas. Traducido a resultados prácticos, elegir el embrión con la “mejor” puntuación genética supondría apenas una ganancia media de tres o cuatro puntos de IQ frente a escoger uno al azar.

A esto se suma un problema técnico: trabajar con unas pocas células obliga a amplificar el ADN, y ese proceso puede introducir distorsiones. La genetista de Stanford Svetlana Yatsenko lo comparó en el Washington Post con “jugar a la ruleta rusa”: una mutación podría aparecer como presente o ausente debido a un error de amplificación, no a la realidad genética del embrión.

Además, hay limitaciones poblacionales. La mayoría de las bases de datos genéticas provienen de poblaciones de ascendencia europea, lo que hace que las predicciones sean menos precisas —hasta un 50% menos— para personas con orígenes distintos. Aunque empresas como Orchid afirman aplicar correcciones estadísticas y, en algunos casos, evitar dar puntuaciones si no son fiables, el sesgo de origen sigue siendo un talón de Aquiles científico.

Y llegamos al dilema ético. Seleccionar por un rasgo concreto puede acarrear consecuencias inesperadas. Según ha advertido el estadístico de Harvard Sasha Gusev en el WSJ, escoger el embrión con mayor probabilidad estimada de alto IQ podría implicar, al mismo tiempo, aumentar la predisposición genética al trastorno del espectro autista. En otras palabras, los genes rara vez vienen “limpios” de asociaciones complejas y, en muchos casos, lo que se optimiza por un lado puede ser un riesgo por otro.

Finalmente, está el debate sobre si esta práctica constituye una nueva forma de eugenesia, aunque sea privada y voluntaria. Lior Pachter, bioeticista citado en el Washington Post, considera que traducir el genoma humano en una serie de puntuaciones numéricas fomenta la idea de que “unos genes son mejores que otros” y alimenta una división social basada en el ADN. Para los defensores, como Tsvi Benson-Tilsen o los Collins, no se trata de discriminar, sino de dar a los hijos la mejor oportunidad posible. Para los críticos, es abrir la puerta a un mundo donde el valor de una persona se decide antes incluso de que nazca.

El pronatalismo y la eugenesia. El famoso anuncio de Sydney Sweeney, en el que un juego de palabras entre genes y jeans servía de guiño comercial, desató un vendaval en redes. Para muchos, era un recordatorio de lo rápido que la genética ha pasado de los laboratorios y las aulas de biología a la conversación cotidiana y al consumo masivo.

El contexto no es únicamente médico. El auge del discurso pronatalista en Estados Unidos —con figuras como Elon Musk o el vicepresidente J.D. Vance pidiendo más nacimientos— se entrelaza con el interés de inversores de Silicon Valley por las tecnologías reproductivas. Peter Thiel, Brian Armstrong y otros pesos pesados de la industria tecnológica han invertido en empresas de este sector, convencidos de que la genética reproductiva es tanto una oportunidad de negocio como una “apuesta por el futuro” de la sociedad. Lejos de ser marginal, este mercado se perfila como un nuevo frente donde confluyen ciencia, ideología y capital.

Un futuro en hojas de cálculo. Silicon Valley sueña con hijos moldeados en laboratorio que combinen salud perfecta e inteligencia excepcional. Para unos, es la evolución natural de la medicina preventiva; para otros, el primer paso hacia una sociedad dividida por el ADN. Entre el deseo de prevenir enfermedades y la ambición de crear genios, el laboratorio se convierte en cuna y el futuro se escribe, no en cuentos infantiles, sino en hojas de cálculo. La pregunta que sobrevuela sigue siendo la de Gattaca: si podemos moldear a la próxima generación, ¿quién decide qué significa ser “mejor”?

Imagen | Pexels y Pixabay

Xataka | Sydney Sweeney protagoniza un nuevo anuncio de pantalones vaqueros. Y para algunos supone el fin de la "era woke"

-
La noticia Los millonarios de Silicon Valley tienen una nueva obsesión: "optimizar" a sus bebés incluso antes de que nazcan fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

Leer más