El salario emocional no paga las facturas
Es cierto que dentro de una empresa el hecho de ser tratado de una manera correcta, respetuosa y cercana es de agradecer, pero a la hora de la verdad, siendo francos: tenemos que pagar facturas que llegan cada mes y la palmadita en la espalda no asume el gasto de la luz y el agua.
Otro extremo es cuando el trabajador, contratado por la empresa, siente que no es valorado y en vez de recibir algún gesto positivo por su implicación, obtiene silencio y hasta menosprecio. ¿Existe un término medio para no caer en el buenismo?




