Ahora sabemos qué hacía el ejército de EEUU en Finlandia. Rusia está expandiendo sus tropas en su frontera con Europa

Ahora sabemos qué hacía el ejército de EEUU en Finlandia. Rusia está expandiendo sus tropas en su frontera con Europa

En el mes de abril se dio una paradoja que contamos. Mientras Finlandia volvía a convertirse en la nación “más feliz” del planeta, un ejército de Estados Unidos había llegado a sus fronteras para prepararse para "lo peor". Comenzaba así una simulación donde las Fuerzas de Defensa de Finlandia y un operativo de Washington se entrenaban en conjunto para una eventual invasión. Si existía alguna duda sobre quién era el enemigo, Rusia la acaba de despejar.

Rearme silencioso. Lo contaba en exclusiva el Wall Street Journal apoyado en los datos satelitales que había conseguido. Mientras gran parte de la atención internacional sigue centrada en la guerra en Ucrania, Europa comienza a inquietarse ante una serie de movimientos estratégicos del ejército ruso que, sin hacer casi ruido, están redefiniendo el equilibrio militar del continente. En la ciudad rusa de Petrozavodsk, a unos 160 kilómetros de la frontera con Finlandia, ingenieros militares trabajan en la expansión de bases y en la creación de un nuevo cuartel general que albergará decenas de miles de soldados en los próximos años, muchos de los cuales hoy combaten en Ucrania.

Estas tropas, según fuentes de inteligencia occidentales, no están pensadas para la guerra actual, sino para futuras confrontaciones con la OTAN. Moscú ha intensificado el reclutamiento, modernizado la infraestructura ferroviaria en zonas fronterizas y duplicado su presupuesto militar, que ya supera el 6% del PIB. El presidente Putin ha ordenado que el tamaño de las fuerzas armadas rusas aumente hasta 1,5 millones de efectivos, y aunque públicamente niega aspiraciones expansionistas, su gobierno sigue dando señales contradictorias, incluyendo declaraciones oficiales que afirman la necesidad de prepararse para un posible enfrentamiento con la Alianza Atlántica.

Rejuvenecer el ejército. Es una de las consecuencias. El repunte del gasto militar ha impulsado una aceleración inédita en la producción de armamento. Antes de la invasión a Ucrania, Rusia fabricaba alrededor de 40 tanques T-90M al año. Ahora produce casi 300, aunque muchos no son enviados al frente, sino que se reservan en territorio nacional. La producción de artillería y municiones también ha aumentado, y los drones rusos han ganado en calidad y volumen.

Así, el ejército de Moscú, lejos de colapsar, se está reconfigurando más rápido de lo que la mayoría de los analistas había previsto, con nuevas unidades, equipos y una rotación constante de efectivos que permite mantener la presión en Ucrania mientras se preparan otras formaciones en suelo ruso. De hecho, algunos servicios de inteligencia europeos alertan sobre un escenario “b”: si se logra un alto el fuego en Ucrania, Rusia podría estar en condiciones de lanzar una guerra a gran escala en Europa en un plazo de cinco años, o incluso antes si percibe debilidad en la cohesión de la OTAN.

Tensiones en el flanco oriental. Qué duda cabe, el fortalecimiento militar ruso ha desatado reacciones inmediatas en los países bálticos y Polonia, que ya han comenzado a reforzar sus fronteras con zanjas, minas antipersonales y obstáculos antitanques, los conocidos como “dientes de dragón”. Estonia, Letonia, Lituania y Polonia han abandonado tratados internacionales sobre minas, y varios gobiernos consideran plausible que Rusia busque poner a prueba la solidez de la OTAN mediante una incursión limitada en algún Estado miembro con población rusoparlante, como Estonia.

A esto se suma la inquietud provocada por operaciones encubiertas atribuidas a los servicios de inteligencia rusos, como intentos de sabotaje y asesinatos en Europa occidental.  De ahí que muchos analistas adviertan que el Kremlin podría apostar por una provocación menor que fracture el consenso dentro de la Alianza, especialmente si percibe divisiones internas o falta de respuesta coordinada.

D

Estrategia territorial. Por su parte, recordaba el Journal que Putin ha recurrido al legado histórico de la fuerza militar rusa (que venció a Napoleón y a Hitler) para justificar la guerra en Ucrania y su ambición de recuperar influencia sobre antiguos aliados que se han inclinado hacia Occidente. El gobierno ruso ha reorganizado su estructura militar interna creando nuevos distritos en torno a Moscú y San Petersburgo, y ha incrementado la cooperación logística con Bielorrusia, su principal aliado y base de operaciones en la guerra actual.

En el distrito militar de Leningrado, que colinda con Estonia, Letonia y Finlandia, brigadas de tamaño medio están siendo transformadas en divisiones de hasta 10.000 efectivos, y se están construyendo cuarteles, hospitales, almacenes y nuevas rutas ferroviarias que conectan con Noruega, Finlandia y el sur de San Petersburgo. Finlandia, que históricamente ha intentado evitar tensiones con Rusia pero que ahora forma parte de la OTAN, observa con atención la renovación de antiguos pasos fronterizos y la construcción de cabeceras ferroviarias que permitirían el paso de fuerzas mecanizadas, con implicaciones directas para su seguridad nacional.

Nueva élite social. Explicaba el medio que uno de los pilares de esta reconstrucción militar es el enorme aumento del reclutamiento, impulsado por incentivos financieros que en algunos casos superan los 20.000 dólares por firmar un contrato. Estas sumas superan con creces los ingresos anuales promedio en muchas regiones rusas, y han permitido un flujo constante de nuevos soldados (entre 30.000 y 40.000 al mes según estimaciones) que permite a Rusia mantener su presencia en Ucrania sin agotar su reserva estratégica.

No solo eso. Además, el medio exponía otra medida que ya contamos hace unas semanas: los veteranos están recibiendo beneficios ampliados, como cargos en gobiernos locales y escaños en el Parlamento, consolidando al estamento militar como una nueva élite nacional. Los nuevos reclutas estarán destinados mayoritariamente a las unidades que se despliegan en la frontera con la OTAN, y para ellas se reserva el nuevo armamento, mientras que el frente ucraniano sigue recibiendo material soviético reacondicionado.

Los próximos ejercicios militares estratégicos de Rusia, denominados Zapad, se centrarán en estas regiones fronterizas, y se espera que sirvan como demostración de fuerza dirigida tanto a la OTAN como a la opinión pública interna.

Nueva arquitectura de poder. En resumen, Rusia está apostando muy fuerte a que su resurgimiento militar, combinado con una posible fatiga occidental ante el conflicto ucraniano, le devuelva un asiento en la mesa donde se definan las nuevas reglas de seguridad en Europa. Aunque figuras como Trump descartan la posibilidad de que Rusia tenga ambiciones más allá de Ucrania, los hechos descritos en el Journal sobre el terreno y las advertencias de múltiples agencias de inteligencia europeas sugieren lo contrario.

Si se quiere también, Moscú parece confiar en que una OTAN dividida, descoordinada o debilitada por conflictos internos se verá obligada a negociar desde una posición de desventaja frente a una Rusia revitalizada y armada hasta los dientes. Con la historia siempre como justificación, el Kremlin se prepara así para un futuro en el que la diplomacia volverá a estar subordinada a la fuerza militar, y en el que el control de las rutas, los efectivos y la capacidad de disuasión apuntan a ser la verdadera moneda de cambio en la geopolítica continental.

Imagen | Ministry of Defence of the Russian Federation, NATO North Atl

En Xataka | Finlandia es el país más feliz del mundo. Y también se está preparando a fondo para el final más infeliz: la guerra

En Xataka | En la Guerra Fría Noruega ideó un plan bajo tierra para detener a los soviéticos. La invasión a Ucrania lo ha reactivado

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Dos trabajadores de Elon Musk en DOGE accedieron a una red privada. EEUU guarda allí los secretos de su arsenal nuclear

Dos trabajadores de Elon Musk en DOGE accedieron a una red privada. EEUU guarda allí los secretos de su arsenal nuclear

En febrero se conoció una de las historias más rocambolescas en torno a DOGE, el Departamento de Eficiencia Gubernamental que lidera Elon Musk para, en esencia, recortar dónde pueda en la administración del gobierno de Estados Unidos. Al parecer, despidieron a 350 funcionarios a los que tuvieron que readmitir rápidamente. La razón: eran los especialistas en el ensamblaje de ojivas nucleares. La historia ahora ha dado un giro más peligroso.

El acceso que nunca debieron tener. Lo contaba hace unas horas en exclusiva NPR a través del acceso de información confidencial. Al parecer, se revelaba que dos jóvenes empleados de ese Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) creado bajo las órdenes de Elon Musk, obtuvieron cuentas en redes clasificadas con información nuclear altamente sensible.

Qué duda cabe, la noticia ha desatado una tormenta política y de seguridad nacional en Estados Unidos. Luke Farritor, un ex becario de SpaceX de 23 años, y Adam Ramada, un angel investor sin experiencia previa en armamento ni inteligencia, figuraron durante al menos dos semanas en los directorios de los sistemas reservados de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) y del Departamento de Defensa, según fuentes con acceso directo a las redes.

De la negación a la confirmación. Contaba el medio que, aunque el Departamento de Energía negó primero cualquier vínculo, más tarde admitió que las cuentas sí fueron creadas, aunque insistieron en que nunca fueron activadas ni utilizadas.

Así todo, el medio NPR recuerda que la sola existencia de estas cuentas, en entornos de máxima seguridad que normalmente requieren una acreditación “Q” (el más alto nivel de autorización del DOE), ha despertado alarma entre los expertos, quienes lo interpretan como una señal de la creciente y preocupante penetración de DOGE en áreas críticas del aparato estatal.

Toda la información nuclear. Para entender la importancia de la red a la que han tenido acceso, pensemos que los sistemas a los que accedieron estos empleados no son meros repositorios de datos confidenciales: se trata de redes que almacenan y transmiten planos de diseño de armas nucleares, materiales especiales para su fabricación y comunicaciones estratégicas entre laboratorios, centros de producción y el Pentágono.

La primera de ellas, la NNSA Enterprise Secure Network, sirve para compartir datos restringidos entre actores clave del arsenal nuclear. La segunda, SIPRNet, permite el flujo de información clasificada entre el Departamento de Energía y el de Defensa, incluyendo operaciones que podrían comprometer la seguridad nacional si se divulgaran. Aunque figurar en los directorios de acceso no equivale a ver directamente documentos clasificados (por la política de “need to know”), expertos consultados por NPR subrayan que es la “cabeza” técnica que podría facilitar futuras solicitudes o ampliar el alcance de influencia dentro de esas plataformas.

Sombras sobre transparencia. Plus: el incidente se suma a una serie de episodios controvertidos protagonizados por DOGE en otras agencias federales. Como contamos en febrero, una purga en la NNSA dirigida por DOGE (revirtiéndose solo parcialmente tras presión pública) provocó el despido de decenas de empleados del área nuclear. Poco después, un informante denunció que miembros de DOGE habían accedido a sistemas internos de la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB), solicitando que no se registraran sus actividades y desactivando herramientas de monitoreo, además de borrar rastros de acceso.

No solo eso. Uno de los intentos de ingreso se realizó desde una dirección IP localizada en Rusia usando credenciales creadas por DOGE, lo que desató nuevas sospechas y encendió alertas de ciberseguridad en varios sectores del gobierno. Estos movimientos, sumados al reciente escándalo por el uso de la aplicación Signal por parte del secretario de Defensa Pete Hegseth para discutir operaciones militares sensibles, delinean un patrón de informalidad peligrosa y manejo imprudente de información crítica de la nación.

El experimento DOGE. Así las cosas, la existencia misma de DOGE, una entidad nacida para “modernizar el Estado” bajo la tutela de Musk, comienza a ser cuestionada incluso entre sectores afines, ante su crecimiento opaco y la falta de rendición de cuentas. Su modelo (que combina empresarios, tecnólogos y actores ajenos a la administración pública) se vendió como una respuesta a la burocracia tradicional, pero está generando fisuras en los sistemas de seguridad y control institucional.

El caso de Farritor y Ramada, gente sin experiencia en inteligencia ni defensa, pone de manifiesto los riesgos de introducir operadores privados en esferas ultrasecretas del Estado sin las debidas salvaguardas. Mientras el Departamento de Energía evita dar explicaciones sobre por qué se crearon estas cuentas, analistas como Hans Kristensen, del Nuclear Information Project, advierten que incluso los presupuestos no clasificados requieren referencias técnicas delicadas, y que cualquier “puerta entreabierta” puede tener consecuencias imprevisibles.

Un estado paralelo. Lo cierto es que, lejos de ser un incidente aislado, la inserción de DOGE en redes nucleares revela una tendencia más amplia y peligrosa: el surgimiento de un poder administrativo no electo, con acceso a información privilegiada, pero sin mandato legal claro ni supervisión democrática suficiente.

Si se quiere también, da a entender que la lógica del acceso “tecnocrático” se superpone a la lógica institucional, y en ese escenario el Estado se vuelve terreno de ensayo para operadores con agendas propias. Las consecuencias de esta reconfiguración todavía están en desarrollo (incluso sobrevuela la salida de Musk), pero el escándalo deja una advertencia meridianamente clara: cuando la obsesión por la eficiencia elimina los controles, lo que se gana en velocidad puede costar muy caro, como mínimo, en seguridad.

Imagen | Gage Skidmore

En Xataka | Elon Musk despidió a centenares de empleados y ahora tiene que volver a contratarlos: eran expertos en armas nucleares

En Xataka | Elon Musk despidió a 6.000 empleados hace dos semanas. Ahora EEUU se enfrenta a la entrada masiva de especies invasoras

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Dos trabajadores de Elon Musk en DOGE accedieron a una red privada. EEUU guarda allí los secretos de su arsenal nuclear

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En febrero se conoció una de las historias más rocambolescas en torno a DOGE, el Departamento de Eficiencia Gubernamental que lidera Elon Musk para, en esencia, recortar dónde pueda en la administración del gobierno de Estados Unidos. Al parecer, despidieron a 350 funcionarios a los que tuvieron que readmitir rápidamente. La razón: eran los especialistas en el ensamblaje de ojivas nucleares. La historia ahora ha dado un giro más peligroso.

El acceso que nunca debieron tener. Lo contaba hace unas horas en exclusiva NPR a través del acceso de información confidencial. Al parecer, se revelaba que dos jóvenes empleados de ese Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) creado bajo las órdenes de Elon Musk, obtuvieron cuentas en redes clasificadas con información nuclear altamente sensible.

Qué duda cabe, la noticia ha desatado una tormenta política y de seguridad nacional en Estados Unidos. Luke Farritor, un ex becario de SpaceX de 23 años, y Adam Ramada, un angel investor sin experiencia previa en armamento ni inteligencia, figuraron durante al menos dos semanas en los directorios de los sistemas reservados de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) y del Departamento de Defensa, según fuentes con acceso directo a las redes.

De la negación a la confirmación. Contaba el medio que, aunque el Departamento de Energía negó primero cualquier vínculo, más tarde admitió que las cuentas sí fueron creadas, aunque insistieron en que nunca fueron activadas ni utilizadas.

Así todo, el medio NPR recuerda que la sola existencia de estas cuentas, en entornos de máxima seguridad que normalmente requieren una acreditación “Q” (el más alto nivel de autorización del DOE), ha despertado alarma entre los expertos, quienes lo interpretan como una señal de la creciente y preocupante penetración de DOGE en áreas críticas del aparato estatal.

Toda la información nuclear. Para entender la importancia de la red a la que han tenido acceso, pensemos que los sistemas a los que accedieron estos empleados no son meros repositorios de datos confidenciales: se trata de redes que almacenan y transmiten planos de diseño de armas nucleares, materiales especiales para su fabricación y comunicaciones estratégicas entre laboratorios, centros de producción y el Pentágono.

La primera de ellas, la NNSA Enterprise Secure Network, sirve para compartir datos restringidos entre actores clave del arsenal nuclear. La segunda, SIPRNet, permite el flujo de información clasificada entre el Departamento de Energía y el de Defensa, incluyendo operaciones que podrían comprometer la seguridad nacional si se divulgaran. Aunque figurar en los directorios de acceso no equivale a ver directamente documentos clasificados (por la política de “need to know”), expertos consultados por NPR subrayan que es la “cabeza” técnica que podría facilitar futuras solicitudes o ampliar el alcance de influencia dentro de esas plataformas.

Sombras sobre transparencia. Plus: el incidente se suma a una serie de episodios controvertidos protagonizados por DOGE en otras agencias federales. Como contamos en febrero, una purga en la NNSA dirigida por DOGE (revirtiéndose solo parcialmente tras presión pública) provocó el despido de decenas de empleados del área nuclear. Poco después, un informante denunció que miembros de DOGE habían accedido a sistemas internos de la Junta Nacional de Relaciones Laborales (NLRB), solicitando que no se registraran sus actividades y desactivando herramientas de monitoreo, además de borrar rastros de acceso.

No solo eso. Uno de los intentos de ingreso se realizó desde una dirección IP localizada en Rusia usando credenciales creadas por DOGE, lo que desató nuevas sospechas y encendió alertas de ciberseguridad en varios sectores del gobierno. Estos movimientos, sumados al reciente escándalo por el uso de la aplicación Signal por parte del secretario de Defensa Pete Hegseth para discutir operaciones militares sensibles, delinean un patrón de informalidad peligrosa y manejo imprudente de información crítica de la nación.

El experimento DOGE. Así las cosas, la existencia misma de DOGE, una entidad nacida para “modernizar el Estado” bajo la tutela de Musk, comienza a ser cuestionada incluso entre sectores afines, ante su crecimiento opaco y la falta de rendición de cuentas. Su modelo (que combina empresarios, tecnólogos y actores ajenos a la administración pública) se vendió como una respuesta a la burocracia tradicional, pero está generando fisuras en los sistemas de seguridad y control institucional.

El caso de Farritor y Ramada, gente sin experiencia en inteligencia ni defensa, pone de manifiesto los riesgos de introducir operadores privados en esferas ultrasecretas del Estado sin las debidas salvaguardas. Mientras el Departamento de Energía evita dar explicaciones sobre por qué se crearon estas cuentas, analistas como Hans Kristensen, del Nuclear Information Project, advierten que incluso los presupuestos no clasificados requieren referencias técnicas delicadas, y que cualquier “puerta entreabierta” puede tener consecuencias imprevisibles.

Un estado paralelo. Lo cierto es que, lejos de ser un incidente aislado, la inserción de DOGE en redes nucleares revela una tendencia más amplia y peligrosa: el surgimiento de un poder administrativo no electo, con acceso a información privilegiada, pero sin mandato legal claro ni supervisión democrática suficiente.

Si se quiere también, da a entender que la lógica del acceso “tecnocrático” se superpone a la lógica institucional, y en ese escenario el Estado se vuelve terreno de ensayo para operadores con agendas propias. Las consecuencias de esta reconfiguración todavía están en desarrollo (incluso sobrevuela la salida de Musk), pero el escándalo deja una advertencia meridianamente clara: cuando la obsesión por la eficiencia elimina los controles, lo que se gana en velocidad puede costar muy caro, como mínimo, en seguridad.

Imagen | Gage Skidmore

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Rusia ha confirmado una de las grandes incógnitas de la guerra en Ucrania: Corea del Norte les acompaña y no solo con tropas

Rusia ha confirmado una de las grandes incógnitas de la guerra en Ucrania: Corea del Norte les acompaña y no solo con tropas

Desde que se inició la invasión rusa en Ucrania, una duda se ha mantenido a pesar de las aparentes evidencias. Ni los vídeos, ni los testimonios, ni siquiera la captura de prisioneros de Corea del Norte por parte de Ucrania terminaron por confirmar a todo el planeta que, efectivamente, Pyongyang estaba combatiendo con Moscú. Ese momento de duda ha llegado a su fin. Ambas naciones han confirmado hasta dónde llegan sus lazos.

Es oficial. Después de meses de rumores, Rusia y Corea del Norte confirmaron públicamente que las tropas norcoreanas han estado combatiendo en suelo ruso junto a las fuerzas de Moscú en la guerra contra Ucrania. El anuncio, realizado casi en simultáneo por Vladimir Putin y Kim Jong-un, celebró el papel de miles de soldados norcoreanos que, según ambos líderes, contribuyeron decisivamente a la “liberación completa” de la región fronteriza rusa de Kursk, territorio que había sido brevemente ocupado por tropas ucranianas durante el verano anterior.

Así y según las cifras que se mueven, Corea del Norte ha enviado ya unos 14.000 soldados, principalmente fuerzas especiales, y reemplazado a los más de 4.000 que, según estimaciones de Corea del Sur, han muerto o resultados heridos desde 2023. Pero hay mucho más, ya que demás del envío de personal militar, Pyongyang ha suministrado millones de proyectiles de artillería y misiles balísticos que Moscú ha utilizado contra ciudades ucranianas.

Objetivo común. El reconocimiento conjunto de esta colaboración marca no solo una intensificación militar sino también diplomática, en un momento en que ambas naciones buscan reforzar su posición internacional frente a Estados Unidos. Para Rusia, la implicación directa de tropas extranjeras le permite arrebatarle a Ucrania un importante recurso de negociación (el control parcial de Kursk) justo cuando Trump presiona por una resolución rápida del conflicto.

Para Corea del Norte, haber vertido sangre en el campo de batalla ruso crea una especie de deuda simbólica y política en Putin, ampliando el margen de maniobra de Kim Jong-un en futuras negociaciones con Washington, incluyendo su estancado programa nuclear.

Simbolismo y propaganda. Contaba el New York Times que en Corea del Norte, Kim ordenó erigir un monumento en honor a los soldados caídos en Rusia, gesto que busca institucionalizar esta alianza como una hermandad sellada por el sacrificio militar. Putin, por su parte, exaltó a los combatientes coreanos como héroes dignos del mismo reconocimiento que sus pares rusos, una declaración destinada tanto a reforzar la narrativa interna del Kremlin como a consolidar una cooperación internacional que cada vez depende más de regímenes autoritarios.

La alianza se sustenta no solo en intereses tácticos sino también en beneficios concretos: Corea del Norte, sujeta a duras sanciones, estaría recibiendo a cambio ayuda económica directa y tecnologías militares avanzadas que podrían mejorar su capacidad armamentística. Según los expertos, no se descarta que Pyongyang envíe más tropas o amplíe su presencia en el conflicto con el objetivo de profundizar sus vínculos estratégicos con Moscú.

Un arsenal clandestino. Según el Guardian y centrados en la ayuda armamentística, el uso de un misil balístico norcoreano en un ataque ruso que dejó 12 muertos en Kiev ya había puesto en primer plano la profundidad de esta colaboración. Se trataba de un misil KN-23, dotado de una ojiva de hasta una tonelada, que según los servicios de inteligencia ucranianos y surcoreanos forma parte de una entrega más amplia de al menos 148 misiles KN-23 y KN-24 enviados por Pyongyang desde finales de 2023.

A ello se suma el suministro de millones de proyectiles de artillería, cohetes de lanzamiento múltiple y sistemas de artillería de largo alcance, que han llegado al frente mediante 64 envíos marítimos y ferroviarios cuidadosamente rastreados, representando hasta el 70% del armamento de artillería usado por Rusia en algunos frentes.

La guerra como campo de pruebas. Es otra de las vertientes de esta alianza. Explicaba el medio británico que más allá de lo cuantitativo, el aporte norcoreano tiene un valor estratégico que excede la simple reposición de reservas obsoletas: muchas de estas armas son modernas, y su despliegue en Ucrania ofrece al régimen de Kim Jong-un un laboratorio real para probar y perfeccionar su tecnología militar.

Misiles de la serie Hwasong-11, morteros autopropulsados y lanzadores múltiples no solo refuerzan la ofensiva rusa, sino que permiten a Corea del Norte evaluar el rendimiento en combate de sus propios sistemas de armas. A medida que la guerra se prolonga, analistas del Stimson Center y del Open Nuclear Network prevén una escalada en el suministro armamentístico, incluyendo misiles antitanque, drones de desarrollo conjunto y sistemas antiaéreos que ya están siendo estudiados para futuras entregas.

Geopolítica del trueque. Para los expertos como Hugh Griffiths, exintegrante del panel de seguimiento de sanciones de la ONU, sin la ayuda de Kim Jong-un, Putin no podría sostener su actual ofensiva. A cambio del envío de armas y soldados, Pyongyang estaría recibiendo componentes estratégicos y conocimiento técnico que podrían transformar sus propias capacidades ofensivas, tanto en la península coreana como fuera de ella.

Redibujando los equilibrios. En definitiva, esta cooperación bélica entre dos de los regímenes más aislados del mundo representa un nuevo capítulo en la guerra de Ucrania, uno que adquiere así una dimensión cada vez más internacionalizada. Mientras Ucrania disputa la narrativa sobre el control de Kursk y mantiene la esperanza de utilizar ese terreno como moneda de cambio en negociaciones de paz, la implicación norcoreana transforma ese frente en un símbolo del reacomodo global de alianzas.

Al participar de forma directa en el conflicto europeo, Pyongyang no solo se posiciona como un actor militar más ambicioso, sino que redobla su desafío al orden internacional liderado por Occidente. De fondo y entre líneas, lo que se consolida es un eje Moscú–Pyongyang con implicaciones a largo plazo para la seguridad regional en Asia, la estabilidad europea y el ya tenso pulso entre Estados Unidos, China, Rusia y sus respectivos aliados.

Imagen | The Presidential Press and Information Office

En Xataka | Miles de norcoreanos acudieron a combatir con Rusia. La pregunta ahora es dónde se han metido desde hace dos semanas

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Un nuevo movimiento ha surgido en EEUU: gente corriente con fusiles AR-15 preparándose para un colapso social

Un nuevo movimiento ha surgido en EEUU: gente corriente con fusiles AR-15 preparándose para un colapso social

Gente preparándose para "lo peor" ha existido desde hace tiempo. A los seguidores de este movimiento se les denomina preppers, y como su nombre indica, están listos para que el fin del mundo no les pille desprevenidos. El movimiento ha ido mutando ligeramente con el tiempo, incluso ya hay niveles según la billetera, ya que los millonarios también quieren seguir con sus lujos aunque sea en un bunker. Lo último: la deriva geopolítica y las catástrofes naturales tienen a su propio equipo de supervivencia: los “prepared o professional citizens”.

El ciudadano listo. Como decíamos, en una era definida por la incertidumbre global (guerras, pandemias y fenómenos climáticos extremos) ha emergido en Estados Unidos una nueva figura: el denominado como “ciudadano preparado”, una especie de evolución más estructurada y socialmente aceptada del prepper tradicional. Esta corriente, en el pasado marginal, se ha convertido en un movimiento cada vez más visible, conformado por civiles sin afiliaciones paramilitares que entrenan con la misma seriedad que unidades de élite. Lo contaba en un reportaje el New York Times a través de una escena que servía de ejemplo del movimiento.

En un bosque de Florida, diez hombres, entre ellos pilotos, un enfermero y un ejecutivo, participaron en una clase llamada Full Contender Minuteman, donde se les instruyó en técnicas militares bajo la tutela del veterano de la Fuerza Aérea Christopher Eric Roscher, quien entre oraciones cristianas y prácticas de tiro con un AR-15, los preparaba para enfrentar lo que él llama “el peor día de sus vidas”. Esta actitud de alerta constante frente a una posible crisis social, económica o militar ya no es exclusiva de los conspiranoicos o los supervivencialistas de búnker; ahora incluye a profesionales, padres de familia y ciudadanos comunes que buscan autodefensa, eficiencia táctica y comunidad.

Industria del adiestramiento civil. El auge del “ciudadano preparado” ha generado un ecosistema empresarial y cultural en crecimiento. Empresas como Barrel & Hatchet Trade Group, fundada por Roscher y su socio Tyler Burke, ofrecen desde entrenamientos en combate hasta programas sobre resiliencia mental ante desastres. Su presencia digital (a través de YouTube, Instagram, podcast e incluso tienda online) amplifica su alcance. En paralelo, creadores como Ben Spangler, exoficial del ejército y fundador de @tacticalforge, popularizan técnicas de patrullaje y emboscada en redes sociales, atrayendo a una audiencia que no busca militarizarse, sino comprender tácticas defensivas.

Su clientela, mayoritariamente civil y sin experiencia en combate, consume manuales de instrucción militar, compra brújulas y mapas topográficos, y entrena en equipo como parte de una comunidad autogestionada. Aquí no se trata de milicias encubiertas, sino de redes de conocimiento táctico, organizadas por afinidad y propósito, que reflejan una desmilitarización del saber castrense y su transferencia al ámbito doméstico.

Movimiento diverso en expansión. Aunque muchas de estas iniciativas nacen del temor a un colapso institucional o a la violencia urbana, no todas se orientan hacia la autodefensa armada en sentido estricto. A este respecto, existen organizaciones como Protect Peace, fundada por Danielle L. Campbell tras la muerte de su asistente en un tiroteo en 2017, que representan una versión más comunitaria del ciudadano preparado.

Su enfoque combina entrenamiento con armas, formación en primeros auxilios y distribución de naloxona en zonas vulnerables, además de impulsar licencias de radioaficionado para mantener comunicaciones en caso de emergencias. Su misión no es prepararse para repeler una invasión o resistir un gobierno opresor, sino tejer redes de apoyo local ante la violencia cotidiana. Sí se quiere también, lejos de la narrativa apocalíptica, su propuesta es pragmática y social: construir comunidad desde la preparación, no desde el aislamiento.

Cooperación organizada. Contaba el Times en su reportaje que lo que distingue al ciudadano preparado del dueño promedio de armas no es el arsenal, sino la mentalidad y el sentido de pertenencia. Ya no se trata solo de poseer un rifle, sino de saber usarlo con disciplina, coordinarse en grupo, identificar riesgos y planificar respuestas. El medio lo constaba con ejemplos como el de Josh Eppert, vicepresidente de una empresa de construcción en Tampa, quien se sumó a los entrenamientos de Barrel & Hatchet durante la pandemia, no por paranoia, sino por convicción práctica: si tiene armas, quiere dominarlas con responsabilidad.

Visto así, este nuevo perfil no aspira a convertirse en una especie de Rambo ni a librar guerras ideológicas, sino a afrontar desastres naturales o disturbios sociales con un mínimo de competencia y, quizás, templanza. En un país donde la posesión de armas ha sido históricamente símbolo de individualismo, esta nueva ola prioriza el aprendizaje colectivo y la estrategia compartida.

Una respuesta cultural. Para el medio, el auge del ciudadano preparado debe entenderse como una respuesta cultural al desgaste de las garantías institucionales en Estados Unidos. Frente a la percepción de un Estado incapaz de proteger a sus ciudadanos (ya sea frente a huracanes, pandemias, violencia urbana o inestabilidad geopolítica), emerge una especie de lógica de autosuficiencia organizada que convierte la incertidumbre en motivación.

El entrenamiento táctico, el conocimiento médico, las prácticas de comunicación y el cultivo de vínculos comunitarios son vistos como seguros ante un porvenir volátil, y lo que antes era marginal se ha vuelto más visible. Bajo ese prisma, el ciudadano preparado ya no parece un solitario con provisiones en el sótano, sino un miembro activo de una red creciente que se entrena, reflexiona y actúa, aunque no para desatar el caos, sino para sobrevivir a él.

Imagen | 7th Army Joint Multinational Training Command

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