En su obsesión por el futuro de sus niños, los padres de Corea del Sur les están empezando a comprar acciones de Tesla

En su obsesión por el futuro de sus niños, los padres de Corea del Sur les están empezando a comprar acciones de Tesla

En enero se dio una de las noticias más esperadas en tiempo en Corea del Sur. Un pequeño rayo de esperanza tras años de debacle demográfica al ver cómo la nación veía una cifra en aumento rompiendo así una racha de casi diez años. Luego supimos de ideas que buscaban potenciar aún más esa natalidad, como la oferta de carne “premium” a las nuevas mamás. Ahora sabemos también que los críos están recibiendo regalos de sus progenitores. Pero no son juguetes, son acciones.

Del peluche al portafolio. En Corea del Sur, los regalos tradicionales para niños (muñecos, consolas o juegos) están siendo reemplazados por acciones bursátiles, una tendencia cada vez más popular entre padres que buscan plantar las semillas de la educación financiera desde la infancia. Lo que antes era territorio exclusivo de adultos expertos, hoy, según los medios locales, se abre camino entre menores de edad que, con el consentimiento de sus progenitores, ya suman más de 1,2 millones de cuentas de inversión en el país.

Explicaba el Korean Times casos como el de Lee, un oficinista de 45 años que desde hace siete años regala acciones a su hijo en su cumpleaños y en el Día del Niño, encarnando así esa nueva filosofía: construir un patrimonio temprano y transmitir conocimientos económicos a través del ejemplo. Aunque el niño aún prefiere las cartas de Pokémon que le regala su madre, la intención del padre no es inmediata, sino a largo plazo: familiarizarlo con conceptos como dividendos, propiedad accionaria y crecimiento compuesto, incluso si por ahora no los comprende del todo (o nada).

Instrumentos y beneficios fiscales. Esta especie de distopía tiene mucho más, ya que los instrumentos favoritos de esta generación de inversores infantiles son los ETF de alto dividendo, los fondos que replican índices como el S&P 500, y acciones conocidas como las de Samsung Electronics, Tesla, Nvidia o Apple. Porque la estrategia no solo responde a un afán educativo, sino también a ventajas fiscales: los padres pueden transferir hasta 20 millones de won (unos 14.000 euros) libres de impuestos por hijo cada década, lo que convierte estos regalos en vehículos eficientes de transmisión patrimonial.

Según un ejemplo citado en el medio por un padre de familia, una inversión inicial de 20 millones de won con un rendimiento anual del 7% puede transformarse en 70 millones al cabo de 20 años, sin tributar un solo won. Esta previsión se alinea con una visión cada vez más arraigada de que el futuro económico comienza a edificarse no en la adultez, sino en los primeros años de vida.

Adolescencia y despertar bursátil. Al parecer, la tendencia ha comenzado a permear incluso entre los propios niños y adolescentes, particularmente en la franja de 17 a 19 años. En una encuesta reciente realizada por Samsung Securities, el 43% de los jóvenes afirmaron tener ya una cuenta de inversión a su nombre, y el 58% declaró que planeaba invertir en acciones próximamente.

Este interés juvenil contrasta con la tradicional falta de cultura financiera entre los más jóvenes en otros países, y revela una sociedad que, a través de la práctica y el acompañamiento parental, está reformulando su relación con el dinero desde las bases. Según Hwang Sei-woon, investigador del Korea Capital Market Institute, este fenómeno tiene bajo riesgo debido a las pequeñas cantidades iniciales y la guía adulta, pero puede tener alto impacto en la alfabetización financiera a largo plazo.

Seduciendo a la infancia. La última de las patas a tratar. Frente a esta eclosión de inversores precoces, las corredoras de bolsa están desplegando campañas dirigidas directamente al público infantil y adolescente. En el marco del Día del Niño, firmas como Mirae Asset Securities, Samsung Securities y Kiwoom Securities ofrecieron recompensas económicas, tarjetas regalo y comisiones reducidas para menores que abren sus primeras cuentas online.

Kiwoom, que concentra más de medio millón de estas cuentas infantiles, incluso ha lanzado un canal educativo en YouTube para enseñar finanzas básicas de forma didáctica. Todo un ecosistema que apunta a un objetivo estratégico: captar al inversor desde su etapa más temprana para consolidar una relación de largo plazo con el mercado.

Trascendiendo el dinero. Contaba el KT que, de fondo, y más allá de la acumulación de riqueza, este movimiento representa una transformación sociocultural: el dinero deja de ser un tema tabú entre padres e hijos y se convierte en parte del diálogo cotidiano. En una distopía que pocos pudieron adelantar, decirle a un niño pequeño que es accionista de Tesla o que posee una fracción del S&P 500 no solo lo introduce en el lenguaje del capital, sino que, al parecer, le ofrece una nueva forma de comprender su lugar en el mundo económico.

Si se quiere también, en una sociedad históricamente orientada al ahorro y al esfuerzo educativo, Corea del Sur parece estar encontrando nuevas maneras de traducir esos valores al siglo XXI. Lo que antes era un sobre con billetes hoy puede ser una fracción de empresa, y lo que antes era un juguete efímero, ahora se convierte en una herramienta de formación financiera.

La infancia, perdiendo por el camino parte de su carácter lúdico, se vincula así a una noción más amplia de previsión. Porque como insinúan estos padres “visionarios”, nunca es demasiado pronto para aprender a invertir en el futuro.

Imagen | Pexels

En Xataka | La última idea de Corea del Sur para levantar la natalidad: carne de primera calidad gratis a las nuevas mamás

Corea del Sur | Seúl está tan desesperada por activar su natalidad que ha tenido una idea: regalar 700 € a quienes se casen

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Hay miles de sistemas más eficientes para crear una “fumata blanca”. El Vaticano se niega por un motivo: el Espíritu Santo

Hay miles de sistemas más eficientes para crear una "fumata blanca". El Vaticano se niega por un motivo: el Espíritu Santo

El 26 de octubre de 1958 ocurrió una de las historias más rocambolescas en torno al humo que anuncia la elección de un nuevo papa. Aquella mañana, apareció humo claramente blanco saliendo de la chimenea de la Capilla Sixtina, y la multitud reunida en la Plaza de San Pedro estalló en júbilo. Sin embargo, poco después el humo se tornó en oscuro, y las caras pasaron a ser de incredulidad. Aquella confusión subrayó la necesidad de mejorar la claridad de la señal y no dejarlo todo en manos del espíritu santo.

Una elección entre lo humano y lo divino. Cuando los cardenales entren hoy en la Capilla Sixtina para iniciar el cónclave, invocarán al Espíritu Santo con el cantoVeni Creator Spiritus, una oración ancestral que resume la tensión entre razón humana y discernimiento espiritual. En la teología católica, el Espíritu Santo es una de las tres personas de la Trinidad y se considera el verdadero guía de este proceso.

Aunque la elección del papa involucra política, estrategia y relaciones humanas, se presenta también como una cooperación con lo divino. Algunos lo describen como una presencia silenciosa que orienta, no impone, como un “educador bueno”, según decía Benedicto XVI, que inspira, pero no toma decisiones por los hombres. Algo de ello permanece en la esencia del anuncio final a través del humo blanco. Una cosa parece clara: la iglesia rechaza cualquier tecnificación del momento.

El cónclave que confundió a todos. La insólita escena que comentábamos al inicio debía elegir al sucesor del papa Pío XII. Aquel día, durante una de las votaciones, apareció humo claramente blanco, Habemus Papam, o eso pensaron. La gente reunida en San Pedro gritaba de alegría, las campanas de la basílica comenzaron a repicar y algunos medios llegaron a anunciar la elección.

Sin embargo, pasaron minutos, luego horas, sin que se diera el anuncio oficial ni apareciera el nuevo pontífice. Finalmente, el Vaticano aclaró que se había tratado de un error: el humo blanco había sido producto de una combustión incompleta o una mezcla mal calculada, y en realidad no se había alcanzado aún el consenso necesario para elegir papa. La confusión dejó claro que había que mejorar algunas cosas, algo que el Vaticano corrigió en parte con el tiempo y, desde 2005, con el acompañamiento del repique de campanas para confirmar la elección.

El lenguaje del humo. Es parte del ritual: cada vez que la Iglesia católica elige un nuevo papa, millones de personas miran hacia la pequeña chimenea del techo de la Capilla Sixtina esperando la señal: humo negro si no hay acuerdo, humo blanco si ha sido elegido el sucesor. Lo que parece un gesto simbólico sencillo es, en realidad, una operación extremadamente precisa y cargada de ingeniería, química, simbolismo y tradición.

La quema de papeletas y el uso del humo como forma de comunicación se remontan al siglo XV, cuando se buscó una manera de transmitir al exterior el resultado de la elección sin romper el secreto del cónclave. La imagen del humo ascendiendo al cielo evoca antiguos ritos religiosos y bíblicos, donde el humo se entendía como un puente espiritual entre lo humano y lo divino.

Preparativos y tecnología. Tras la muerte del papa Francisco a los 88 años, el Vaticano confirmó que el cónclave comenzaría hoy 7 de mayo con una misa especial en San Pedro, seguida por las votaciones secretas en la Capilla Sixtina. Allí se han instalado dos estufas: una para quemar las papeletas y otra para generar el humo visible al exterior.

Estas estufas se conectan a través de un conducto metálico, cuidadosamente ensamblado e insertado por técnicos que trabajan sin dañar la estructura renacentista de la capilla. Cada unión del tubo se sella, se realizan pruebas previas de humo y se cuenta con bomberos en alerta por si se produjera algún fallo técnico. Todo debe funcionar sin margen de error: una fuga o una señal ambigua convertiría el acto litúrgico en una crisis global transmitida en directo.

El ejemplo de 1958 no se olvida.

La química del mensaje. Para garantizar que el mundo vea con claridad lo que sucede dentro del cónclave, el humo no es producto exclusivo de la combustión de papeletas. Contaba la BBC que se utilizan compuestos químicos empaquetados y activados electrónicamente. Para generar humo negro, se mezcla perclorato de potasio, antraceno y azufre, y para el blanco, se usa clorato de potasio, lactosa y resina de pino.

En el pasado se intentó con paja húmeda y seca, pero los resultados eran inconsistentes. Desde 2005, el Vaticano también hace sonar esas campanas de San Pedro para confirmar visual y sonoramente que un nuevo pontífice ha sido elegido, evitando confusiones como las que han ocurrido en el pasado.

Negativa a modernizar. Lo cierto es que el sistema podría ser mucho más sencillo si la Iglesia quisiera aprovechar algunas de las nuevas tecnologías. Sin embargo, a pesar de los avances y las sugerencias de implementar luces de colores, alertas digitales o sistemas electrónicos más modernos, el Vaticano insiste en mantener el ritual tal como está.

Si se quiere y desde su perspectiva, para sus excelencias no se trata solo de comunicar una noticia, sino de preservar una experiencia litúrgica con profunda carga teológica. Como explicaba la historiadora Candida Moss, el humo no solo informa: incorpora a los fieles al misterio, los hace sentir partícipes de un momento trascendental en la vida de la Iglesia. La elección papal no es (solo) un evento administrativo, sino una ceremonia cargada de siglos de fe, solemnidad y continuidad espiritual.

Y sí, con el Espíritu Santo como guía de todo el proceso.

Imagen | blues_brother, Wikimedia

En Xataka | Justo antes de encerrarse en el cónclave, los cardenales han hecho una última cosa en El Vaticano: darse un atracón

En Xataka | Francisco I ha muerto, así que da comienzo el ritual más extraño y fascinante de la Iglesia: el funeral de un Papa

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Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial solo ha habido dos países con armas nucleares en guerra. Acaban de reiniciarla

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial solo ha habido dos países con armas nucleares en guerra. Acaban de reiniciarla

Y de repente, el Ejército indio ha lanzado una ofensiva aérea como no se recuerda en mucho tiempo contra varias posiciones en Pakistán y en la Cachemira administrada por Islamabad. Como veremos a continuación, la tensa historia entre ambos territorios venía de largo, pero por encima de cualquier otra interpretación a esta hora, hay algo que cambia por completo la hostilidad entre ambas naciones. El tema “nuclear”.

Contexto de una historia de desconfianza. El conflicto entre India y Pakistán por Cachemira, una región de los Himalayas disputada desde la partición de India en 1947, ha sido una fuente constante de tensiones, guerras e insurgencia entre dos naciones que hoy poseen armas nucleares. Su origen se remonta a la decisión del maharajá hindú de unir el territorio a la India tras una incursión de milicias pakistaníes, lo que desató la primera guerra entre ambos países.

Desde entonces, se han sucedido enfrentamientos militares (1947, 1965, 1971 y 1999), acuerdos provisionales como el alto el fuego de 1949 y la creación de la “línea de control” en 1972, así como repetidos intentos de reconciliación que han fracasado, como ocurrió tras la cumbre de paz de 1999, que fue seguida meses después por un nuevo conflicto armado.

Más muertes. La situación se agravó en 1987 con el surgimiento de una insurgencia separatista en la parte india de Cachemira, alimentada por el malestar político y el apoyo de Pakistán, que llevó a una década de violencia intensa. Para que nos hagamos una idea, a lo largo de los años 2000 y 2010, Cachemira se mantuvo como una de las regiones más militarizadas del planeta, con estallidos regulares de violencia.

En 2019, tras un atentado que mató a 40 soldados indios, India respondió con ataques aéreos en Pakistán y, posteriormente, el gobierno de Narendra Modi suprimió la autonomía constitucional de Cachemira, impuso un apagón de comunicaciones y detuvo a miles de líderes locales, provocando críticas internacionales, aunque con el argumento de restaurar el orden y reducir el terrorismo. En abril de 2025, un brutal ataque en el que murieron 26 civiles, en su mayoría turistas hindúes, volvió a encender el polvorín. India acusó a terroristas con base en Pakistán, aunque este negó toda implicación.

Una represalia simbólica. El ataque de hace unas horas, una ofensiva aérea contra nueve objetivos en Pakistán y en la parte paquistaní de Cachemira, es una represalia por el ataque terrorista del 22 de abril. La operación militar, bautizada Sindoor (en referencia al polvo rojo que simboliza el matrimonio en la tradición hindú), fue presentada por Nueva Delhi como “medida, responsable y no escalatoria”, dirigida exclusivamente contra campamentos de grupos terroristas vinculados a Lashkar-e-Taiba y Jaish-e-Mohammad, ambos con base en Pakistán.

Sin embargo, el alcance de los ataques (que por primera vez han golpeado zonas fuera de la región disputada, dentro del corazón del Punyab paquistaní) representa una peligrosa escalada que nos deja en un escenario nuevo. Pakistán denunció la acción como un “acto flagrante de guerra” y prometió responder con una represalia “medida pero contundente” en el momento y lugar de su elección. La tensión inmediata se ha agravado con informes de aeronaves caídas (al menos dos en territorio indio) y víctimas civiles por fuego de artillería paquistaní en la frontera.

Nuclear Weapons States 2023 Svg

Mapa de los estados con armas nucleares en el mundo

La amenaza nuclear. Ya lo decíamos al inicio. Esta última ronda de enfrentamientos entre dos naciones no es “una más” por una razón: sus armas nucleares reavivan temores antiguos. Ambos poseen arsenales nucleares desarrollados tras ensayos atómicos en 1998 que oficializaron su condición de Estados con este tipo de armamento. 

Según estimaciones del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), India posee alrededor de 172 ojivas nucleares, mientras que Pakistán cuenta con aproximadamente 170, lo que los convierte en dos de los nueve países con armamento nuclear en el mundo. 

Diferentes doctrinas. La diferencia es que ambos mantienen doctrinas distintas. India sostiene una política de “no primer uso”, aunque su doctrina permite represalias masivas ante un ataque nuclear, mientras que Pakistán no ha adoptado una postura formal de no primer uso y mantiene una estrategia de disuasión “plausible”, apoyada por armas nucleares tácticas para contrarrestar la superioridad convencional india. 

Aunque ninguna de las dos naciones ha desplegado misiles con ojivas de forma permanente, ambas poseen sistemas de lanzamiento terrestres, aéreos y, en el caso de India, marítimos, lo que constituye una capacidad de segundo ataque en desarrollo. La rivalidad persistente, los escarceos fronterizos y el riesgo actual de escalada rápida hacen de la situación un nuevo foco de preocupación en la seguridad nuclear global.

Sin precedentes desde la 2GM. Lo cierto es que, si nos ceñimos a la definición de guerra, desde la Segunda Guerra Mundial no ha existido otro enfrentamiento tan preocupante entre dos naciones. El tema “nuclear” lo cambia todo. Lo más parecido a la disputa actual entre India y Pakistán y ese “as nuclear” se dio, a medias, en la Guerra de Corea, cuando se produjeron enfrentamientos directos entre cazas estadounidenses y soviéticos, aunque Moscú nunca los reconoció oficialmente en ese momento.

Estos combates ocurrieron principalmente en el llamado “Callejón de los MiG”, cerca del río Yalu, en la frontera entre Corea del Norte y China. Entonces, pilotos soviéticos, con aviones MiG-15 y usando insignias norcoreanas o chinas, se enfrentaron en múltiples ocasiones a cazas estadounidenses, especialmente F-86 Sabre. Aunque se mantuvo en secreto para evitar una confrontación abierta entre ambas superpotencias, los registros posteriores confirmaron que cientos de pilotos soviéticos participaron directamente en la guerra aérea. Dicho esto, no fue técnicamente una guerra entre ambas naciones, al menos no en los términos del conflicto actual.

Un equilibrio frágil. En resumen, los acontecimientos tras el ataque aéreo de India marcan una intensificación muy seria del conflicto, con consecuencias impredecibles si no se logra una rápida desescalada. La activación de defensas aéreas en India, el cierre de aeropuertos civiles en zonas sensibles y los informes de víctimas por fuego transfronterizo indican que la región se encuentra en un momento crítico.

Mientras India afirma que su operación fue precisa y quirúrgica, limitada a campamentos terroristas, el hecho de haber bombardeado zonas fuera de Cachemira ha redibujado los límites del conflicto. A falta de un mecanismo bilateral de contención eficaz y con la comunidad internacional limitada a exhortaciones retóricas, el riesgo de una escalada descontrolada entre dos potencias nucleares se mantiene muy presente. 

Cachemira, una vez más, se convierte en el escenario en que la historia, la geopolítica y la tragedia humana se entrelazan, por ahora, sin resolución pacífica a la vista.

Imagen | Wikimedia Commons

En Xataka | India a Pakistán: "ya no te voy a dar más agua de mis ríos". Una escalada sin precedentes del conflicto

En Xataka | El último enfrentamiento entre India y China ha sido con porras y puños americanos. Están obligados legalmente

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Contexto de una historia de desconfianza. El conflicto entre India y Pakistán por Cachemira, una región de los Himalayas disputada desde la partición de India en 1947, ha sido una fuente constante de tensiones, guerras e insurgencia entre dos naciones que hoy poseen armas nucleares. Su origen se remonta a la decisión del maharajá hindú de unir el territorio a la India tras una incursión de milicias pakistaníes, lo que desató la primera guerra entre ambos países.

Desde entonces, se han sucedido enfrentamientos militares (1947, 1965, 1971 y 1999), acuerdos provisionales como el alto el fuego de 1949 y la creación de la “línea de control” en 1972, así como repetidos intentos de reconciliación que han fracasado, como ocurrió tras la cumbre de paz de 1999, que fue seguida meses después por un nuevo conflicto armado.

Más muertes. La situación se agravó en 1987 con el surgimiento de una insurgencia separatista en la parte india de Cachemira, alimentada por el malestar político y el apoyo de Pakistán, que llevó a una década de violencia intensa. Para que nos hagamos una idea, a lo largo de los años 2000 y 2010, Cachemira se mantuvo como una de las regiones más militarizadas del planeta, con estallidos regulares de violencia.

En 2019, tras un atentado que mató a 40 soldados indios, India respondió con ataques aéreos en Pakistán y, posteriormente, el gobierno de Narendra Modi suprimió la autonomía constitucional de Cachemira, impuso un apagón de comunicaciones y detuvo a miles de líderes locales, provocando críticas internacionales, aunque con el argumento de restaurar el orden y reducir el terrorismo. En abril de 2025, un brutal ataque en el que murieron 26 civiles, en su mayoría turistas hindúes, volvió a encender el polvorín. India acusó a terroristas con base en Pakistán, aunque este negó toda implicación.

Una represalia simbólica. El ataque de hace unas horas, una ofensiva aérea contra nueve objetivos en Pakistán y en la parte paquistaní de Cachemira, es una represalia por el ataque terrorista del 22 de abril. La operación militar, bautizada Sindoor (en referencia al polvo rojo que simboliza el matrimonio en la tradición hindú), fue presentada por Nueva Delhi como “medida, responsable y no escalatoria”, dirigida exclusivamente contra campamentos de grupos terroristas vinculados a Lashkar-e-Taiba y Jaish-e-Mohammad, ambos con base en Pakistán.

Sin embargo, el alcance de los ataques (que por primera vez han golpeado zonas fuera de la región disputada, dentro del corazón del Punyab paquistaní) representa una peligrosa escalada que nos deja en un escenario nuevo. Pakistán denunció la acción como un “acto flagrante de guerra” y prometió responder con una represalia “medida pero contundente” en el momento y lugar de su elección. La tensión inmediata se ha agravado con informes de aeronaves caídas (al menos dos en territorio indio) y víctimas civiles por fuego de artillería paquistaní en la frontera.

Nuclear Weapons States 2023 Svg

Mapa de los estados con armas nucleares en el mundo

La amenaza nuclear. Ya lo decíamos al inicio. Esta última ronda de enfrentamientos entre dos naciones no es “una más” por una razón: sus armas nucleares reavivan temores antiguos. Ambos poseen arsenales nucleares desarrollados tras ensayos atómicos en 1998 que oficializaron su condición de Estados con este tipo de armamento. 

Según estimaciones del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), India posee alrededor de 172 ojivas nucleares, mientras que Pakistán cuenta con aproximadamente 170, lo que los convierte en dos de los nueve países con armamento nuclear en el mundo. 

Diferentes doctrinas. La diferencia es que ambos mantienen doctrinas distintas. India sostiene una política de “no primer uso”, aunque su doctrina permite represalias masivas ante un ataque nuclear, mientras que Pakistán no ha adoptado una postura formal de no primer uso y mantiene una estrategia de disuasión “plausible”, apoyada por armas nucleares tácticas para contrarrestar la superioridad convencional india. 

Aunque ninguna de las dos naciones ha desplegado misiles con ojivas de forma permanente, ambas poseen sistemas de lanzamiento terrestres, aéreos y, en el caso de India, marítimos, lo que constituye una capacidad de segundo ataque en desarrollo. La rivalidad persistente, los escarceos fronterizos y el riesgo actual de escalada rápida hacen de la situación un nuevo foco de preocupación en la seguridad nuclear global.

Sin precedentes desde la 2GM. Lo cierto es que, si nos ceñimos a la definición de guerra, desde la Segunda Guerra Mundial no ha existido otro enfrentamiento tan preocupante entre dos naciones. El tema “nuclear” lo cambia todo. Lo más parecido a la disputa actual entre India y Pakistán y ese “as nuclear” se dio, a medias, en la Guerra de Corea, cuando se produjeron enfrentamientos directos entre cazas estadounidenses y soviéticos, aunque Moscú nunca los reconoció oficialmente en ese momento.

Estos combates ocurrieron principalmente en el llamado “Callejón de los MiG”, cerca del río Yalu, en la frontera entre Corea del Norte y China. Entonces, pilotos soviéticos, con aviones MiG-15 y usando insignias norcoreanas o chinas, se enfrentaron en múltiples ocasiones a cazas estadounidenses, especialmente F-86 Sabre. Aunque se mantuvo en secreto para evitar una confrontación abierta entre ambas superpotencias, los registros posteriores confirmaron que cientos de pilotos soviéticos participaron directamente en la guerra aérea. Dicho esto, no fue técnicamente una guerra entre ambas naciones, al menos no en los términos del conflicto actual.

Un equilibrio frágil. En resumen, los acontecimientos tras el ataque aéreo de India marcan una intensificación muy seria del conflicto, con consecuencias impredecibles si no se logra una rápida desescalada. La activación de defensas aéreas en India, el cierre de aeropuertos civiles en zonas sensibles y los informes de víctimas por fuego transfronterizo indican que la región se encuentra en un momento crítico.

Mientras India afirma que su operación fue precisa y quirúrgica, limitada a campamentos terroristas, el hecho de haber bombardeado zonas fuera de Cachemira ha redibujado los límites del conflicto. A falta de un mecanismo bilateral de contención eficaz y con la comunidad internacional limitada a exhortaciones retóricas, el riesgo de una escalada descontrolada entre dos potencias nucleares se mantiene muy presente. 

Cachemira, una vez más, se convierte en el escenario en que la historia, la geopolítica y la tragedia humana se entrelazan, por ahora, sin resolución pacífica a la vista.

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Japón ha dado con la cifra de hijos por mujer para evitar la extinción demográfica. Dos tercios del planeta están muy lejos

Japón ha dado con la cifra de hijos por mujer para evitar la extinción demográfica. Dos tercios del planeta están muy lejos

Un grupo de investigadores en Japón se puso a estudiar qué cifra de niños por mujeres se podría entender como clave para “evitar la extinción”, entendiendo ésta, no como la prevención ante un apocalipsis total de nuestra civilización, sino como la prevención a la extinción estadística de los linajes o líneas familiares a lo largo del tiempo. Encontraron dos cosas: que el número que se presuponía anteriormente era muy bajo, y que gran parte de la población va con retraso.

Más allá del umbral. Durante décadas, el número mágico para mantener "estable" la población humana ha sido el 2,1: se creía que, en promedio, cada mujer debía tener poco más de dos hijos para asegurar el reemplazo generacional y evitar el declive poblacional.

Sin embargo, un nuevo estudio advierte que ese umbral está desactualizado y es insuficiente. Según los investigadores japoneses, el verdadero nivel de fertilidad necesario para garantizar la supervivencia a largo plazo de una población humana no es 2,1, sino de 2,7 hijos por mujer.

¿Las razones? Este ajuste se debe a que el cálculo tradicional no contempla la variabilidad estocástica (es decir, la aleatoriedad) en factores como la fertilidad individual, la mortalidad, las proporciones de sexo al nacer y la probabilidad de que algunas personas simplemente nunca tengan descendencia.

Al incorporar estas fluctuaciones reales en modelos matemáticos poblacionales (a través del modelo Galton-Watson), los autores concluyeron que se necesita una tasa más alta para evitar la extinción progresiva de linajes familiares en generaciones del futuro, especialmente en sociedades con baja natalidad sostenida.

Fertility Map

Mapa de cuándo las tasas de fertilidad europeas cayeron por debajo de los niveles de reemplazo

Advertencia ignorada. El hallazgo es especialmente alarmante porque actualmente dos tercios de la población mundial vive en países con tasas de fertilidad por debajo del antiguo umbral de 2,1, y muy por debajo del nuevo estimado de 2,7. Entre los más afectados, muchos altamente desarrollados, están Corea del Sur (0,87), Italia (1,29), Japón (1,30), Canadá (1,47), Alemania (1,53), Reino Unido (1,57), Francia (1,79) o Estados Unidos, con una tasa de apenas 1,66 hijos por mujer.

Estos niveles, que se han mantenido bajos durante décadas, significan que casi todas las líneas familiares en estos países están destinadas, estadísticamente, a extinguirse en algún punto del futuro. Plus: el estudio aclara que un ligero sesgo hacia nacimientos femeninos (es decir, una proporción ligeramente mayor de niñas que de niños) podría disminuir marginalmente el riesgo de extinción, al aumentar la probabilidad de reproducción en generaciones futuras. Pero incluso ese factor, por sí solo, no bastaría para compensar una tasa de fertilidad persistentemente baja.

Total Fertility Rate Map By Country Svg

Mapa de países según tasa global de fecundidad

Pronatalistas. Curiosamente, esta información refuerza las alarmas que han sonado desde ciertos sectores preocupados por el futuro demográfico. Uno de los rostros más visibles del pronatalismo contemporáneo es Elon Musk, quien ha advertido reiteradamente que las bajas tasas de natalidad “terminarán con la civilización” y cuya prolífica paternidad (con al menos 11 hijos conocidos) se presenta como un acto deliberado ante ese temor.

Para los pronatalistas, elevar la natalidad es una prioridad existencial. Sin embargo, esta postura no es compartida ampliamente por la población general.

World Population Un Svg

Proyecciones de población de las Naciones Unidas por ubicación (el eje vertical es logarítmico y representa millones de personas)

Realismo social. Contaba Fortune que una encuesta de Population Connection realizada a inicios del año mostraba que la mayoría de las personas no considera la baja natalidad como un problema urgente.

Solo el 15% la percibió como uno de los principales desafíos globales, mientras que el 45% expresó mayor preocupación por el crecimiento poblacional excesivo, ante el temor de que los niños nazcan en condiciones de pobreza o con recursos naturales agotados.

Más percepciones. Otro sondeo más reciente, realizado por Yahoo News y YouGov, reveló que apenas el 8% de los estadounidenses estaban “muy preocupados” por la caída en la tasa de natalidad del país, y solo el 32% manifestaron cualquier grado de preocupación al respecto.

De fondo, otra realidad que hemos venido contando: una mayoría de quienes no tienen hijos, o tienen pocos, no lo hacen por apatía hacia el futuro de la humanidad, sino por razones prácticas: la falta de apoyo institucional, la carestía de la vida, el alto coste de la crianza o la percepción de que el mundo no es un lugar propicio para formar familias numerosas, también son clave. Además, genera un contraste cada vez más agudo entre las predicciones demográficas de los expertos y las prioridades inmediatas de la población.

¿Entonces? La advertencia de los investigadores japoneses parece clara: sin un cambio de rumbo, la extinción demográfica será lenta pero inevitable en muchas regiones del mundo. Y aunque el término “extinción” puede sonar apocalíptico, lo que está en juego, según los científicos, no es la desaparición súbita de la especie humana, sino la erosión progresiva de la continuidad familiar y cultural, en un proceso donde las generaciones futuras serán más escasas, más aisladas y, en muchos casos, inexistentes.

Desde ese prisma, reproducirse está más condicionado que nunca a factores sociales, económicos y ambientales, y la cifra de los 2,7 hijos por mujer puede parecer más una utopía demográfica que un objetivo alcanzable. No parece que nos vayamos a extinguir a corto plazo, al menos no a través de la “fertilidad”, pero el estudio pone el foco en el (de)crecimiento poblacional al que apuntan muchas regiones.

Imagen | Pexels, JohnsonReed, Korakys

En Xataka | Creíamos que éramos 8.000 millones de personas en todo el planeta. Hasta que unos investigadores se pusieron a hacer números

En Xataka | En Japón ya no hay dudas de que viven peor que hace 30 años. Literalmente, las casas son cada vez más pequeñas

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Venecia instauró una tarifa para combatir las hordas de turismo. Japón ha copiado la estrategia: el que llega, paga

Venecia instauró una tarifa para combatir las hordas de turismo. Japón ha copiado la estrategia: el que llega, paga

Ocurrió hace poco con la llegada de la “Semana Santa”. Venecia potenciaba un poco más ese peaje pionero de años atrás. Las cifras que arrojaban la tarifa de entrada habían salido tan bien, que la ciudad doblaba su precio. Una medida por la que Italia buscaba restaurar el equilibrio entre los derechos de los residentes y la llegada masiva de visitantes. Al popular enclave le ha seguido una nación: Japón.

Turismo masivo y carga fiscal. Lo hemos ido contando: Japón no para de recibir turistas, y ante el imparable aumento, un número creciente de municipios japoneses ha comenzado a fijarse en las tarifas empleadas en otros enclaves como Venecia: implementar impuestos específicos para extranjeros, en un esfuerzo por compensar los costes crecientes que la actividad turística impone a las comunidades locales.

Según Nikkei, estas medidas incluyen principalmente impuestos de alojamiento por noche, pero también se están expandiendo hacia formas más innovadoras de tributación que buscan excluir a los residentes locales del pago, aplicando el principio de “quien causa, paga”. El objetivo es claro: preservar la viabilidad fiscal de pueblos y ciudades que enfrentan una presión demográfica inversa (poblaciones en declive frente a un turismo en auge) y sostener los servicios públicos fundamentales sin trasladar la carga a quienes viven allí permanentemente.

Impuesto de alojamiento. Desde que Tokio introdujera de forma pionera un impuesto fijo por persona y por noche en los alojamientos, otras 11 localidades se han ido sumado, la más reciente de ellas Atami, en la prefectura de Shizuoka, que comenzó a recaudar un tributo de 200 yenes por noche el 1 de abril. Este impuesto, que generará unos 600 millones de yenes anuales, servirá para financiar la nueva Oficina de Turismo de Atami y actividades locales como festivales de fuegos artificiales.

El modelo adoptado por la mayoría de las ciudades consiste en tasas fijas, escalonadas en función del precio del alojamiento, para facilitar su recaudación y minimizar la carga administrativa sobre hoteles y anfitriones. Con todo, hay un caso único con Kutchan, en Hokkaido, que desde 2019 impone un impuesto del 2% sobre el coste del alojamiento en su zona de resorts, una medida pionera que otros municipios, como Rusutsu, estudian replicar.

Miyajima y el modelo. Uno de los desarrollos más significativos ha sido el impuesto aplicado por Hatsukaichi para acceder a la isla de Miyajima, que desde octubre de 2023 grava con 100 yenes adicionales a cada pasajero del ferry. La medida, inspirada en el principio del denominado como “causer pays”, busca que los visitantes (no los residentes) absorban los costes derivados de su presencia, como la gestión de residuos, el tráfico y los servicios de agua y alcantarillado.

A diferencia de otras tasas orientadas al fomento del turismo, este es un impuesto general que puede destinarse a cualquier área del presupuesto local. Con una población de apenas 1.400 personas y 4,85 millones de visitantes en 2024, Miyajima se ha convertido en símbolo de cómo el turismo masivo puede desbordar la capacidad operativa de un enclave patrimonial sin medidas correctivas adecuadas.

Biei: impuestos combinados. Otro caso ilustrativo se da en Biei, también en Hokkaido, que propuso una doble tributación para equilibrar el impacto de los turistas: un impuesto de alojamiento de 200 yenes por noche y un cargo por estacionamiento en el parque azul Shirogane, uno de sus principales atractivos turísticos.

Con 2,39 millones de visitantes en 2023 pero solo 158.000 pernoctaciones, la mayoría de los turistas son excursionistas de un día, lo que motivó un esquema mixto para que todos contribuyan. Se espera que ambas medidas recauden en conjunto más de 239 millones de yenes anuales, recursos que se destinarán tanto a mantener servicios como a apoyar políticas agrícolas, en un intento por reforzar la economía local desde múltiples frentes.

Desafíos y riesgos. A medida que tanto prefecturas como municipios adoptan sus propias variantes de estos impuestos, surgen nuevos retos, entre ellos el riesgo de doble tributación en zonas donde coinciden tasas regionales y locales. Además, dado que el rendimiento fiscal de estas medidas depende directamente de la concentración de instalaciones de alojamiento, las regiones con mayor proporción de visitantes sin estancia prolongada pueden quedar en desventaja, acentuando desigualdades territoriales.

¿Solución? Algunos gobiernos locales (como el de Sado, en Niigata) han considerado alternativas como impuestos de entrada generalizados a la isla, los cuales simplificarían la recaudación y garantizarían una distribución más equitativa de la carga fiscal entre visitantes de corta y larga duración.

Respuesta local a un fenómeno global. En definitiva, el telón de fondo de esta proliferación de tasas turísticas no deja de ser una paradoja cada vez más común: destinos de fama internacional que enfrentan al mismo tiempo el colapso de su población residente y la sobrecarga de sus servicios por la afluencia masiva de esos turistas antaño añorados para sus economías.

Como contaba en Nikkei Muneaki Aoki, profesor de la Universidad de Kanagawa y asesor de los sistemas fiscales de Miyajima y Biei, el “causer pays” se adapta bien a lugares donde los turistas superan ampliamente en número a los habitantes permanentes. Frente al turismo como bendición y carga, estos mecanismos buscan una solución más pragmática: conservar la hospitalidad sin sacrificar la sostenibilidad fiscal (ni la calidad de vida local).

En ese sentido, Japón, con su meticuloso enfoque normativo, se convierte en una rara avis de laboratorio de políticas que podrían inspirar a otros países sometidos al mismo dilema, pasando de “copiar” a enclaves como Venecia a convertirse en pionera con sus propias iniciativas.

Imagen | Pexels

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Los cardenales se han dado un último festín antes del cónclave. El menú que comenzó en 1274 puede durar demasiado tiempo

Los cardenales se han dado un último festín antes del cónclave. El menú que comenzó en 1274 puede durar demasiado tiempo

El cónclave que va a llevar a los cardenales a la elección del nuevo papa se puede eternizar. La historia, como veremos a continuación, está llena de ejemplos que nos dan una idea de lo que puede ocurrir cuando se cierren esas puertas. Para que nos hagamos una idea, la reunión que terminó con el anuncio de Gregorio X llevó casi tres años, tanto, que incluso les quitaron el tejado para animarlos a tomar una decisión. En ese contexto, el menú en la comida se puede hacer muy pesado.

Qué comen los futuros papas. Desde hace más de 750 años, las comidas que se sirven durante los cónclaves papales han estado sujetas a reglas estrictas que buscan preservar la absoluta confidencialidad del proceso de elección. Lo que a simple vista puede parecer un detalle logístico menor (alimentar a 135 cardenales durante días, semanas o años de encierro) es, en realidad, una parte profundamente ritualizada y vigilada del evento más secreto de la Iglesia Católica.

La comida, como la palabra, puede comunicar, y es precisamente ese potencial lo que ha motivado un sistema de control casi obsesivo que impide, por ejemplo, que se sirvan pasteles cerrados, pollos enteros o bebidas en recipientes opacos. En tiempos pasados, una empanada podía ocultar un mensaje cifrado o una servilleta sucia podía llevar noticias al exterior. Hoy, las preocupaciones se centran más en dispositivos electrónicos, pero la lógica de la vigilancia permanece intacta. Lo que comen los cardenales, cómo lo comen y con quién sigue siendo parte de un complejo entramado simbólico y práctico que protege el misterio del humo blanco.

Tradición milenaria. Contaba la BBC que el origen de estas restricciones se remonta a 1274, cuando el papa Gregorio X, tras sufrir en carne propia el cónclave más largo de la historia (1268–1271), impuso normas severas para evitar estancamientos: aislamiento absoluto y racionamiento progresivo. Si después de tres días no había consenso, los cardenales recibirían solo una comida al día, y tras ocho, solo pan y agua. Aunque estas reglas se suavizaron en el siglo XIV, con Clemente VI autorizando comidas de tres tiempos, la esencia del control se mantuvo.

La comida dejó de ser un privilegio y se convirtió en parte del ritual del encierro. Durante el Renacimiento, el célebre chef Bartolomeo Scappi (considerado el primer chef mediático de la historia) describió con detalle el protocolo culinario del cónclave que eligió al papa Julio III: comidas transportadas por turnos sorteados, revisadas por catadores, entregadas a través de una ruota (una especie de torniquete mural que impedía el contacto visual entre cocineros y cardenales) y supervisadas por la guardia suiza e italiana. Nada se dejaba al azar: los alimentos eran simples pero abundantes, y las servilletas, inspeccionadas una por una.

Cappella Sistina 2005

La Capilla Sixtina, el lugar donde se celebra el cónclave

Comidas austeras. En contraste con la sofisticación renacentista descrita por Scappi (ensaladas, frutas, charcutería, vino y agua fresca, todo servido en celdas privadas decoradas con seda), la Iglesia actual ha optado por un mensaje de sobriedad, acorde con el estilo del papa Francisco. Para el cónclave que se inicia el 7 de mayo, serán las monjas de la Domus Sanctae Marthae quienes preparen platos sencillos de la cocina de Lazio y Abruzzo: minestrone, espaguetis, arrosticini y verduras hervidas.

A pesar del cambio en la preparación, la intención es la misma: que nada entre o salga sin supervisión. La cocina sigue siendo un lugar de riesgo potencial, y su vigilancia, una necesidad ritual. De hecho, algo de ello ya veíamos en la película Conclave, donde esa tensión se dramatiza mostrando la cocina como el verdadero centro de intrigas, y donde la interacción humana sigue ocurriendo incluso cuando todo lo demás guarda silencio. Obviamente, el filme no puede tomarse como reflejo exacto de la realidad, pero acierta en una clave: en estos eventos donde la palabra está limitada, los gestos cotidianos (como compartir un plato o levantar una copa) cobran un significado extraordinario.

Del lujo al deber. Por todo ello también, antes de recluirse, muchos cardenales se dan un último gusto en sus restaurantes favoritos romanos, como Al Passetto di Borgo, a escasos metros de la Basílica de San Pedro. Allí, algunos tienen pedidos ya célebres: lasaña para Donald Wuerl, calamares a la parrilla para Francesco Coccopalmerio.

Hablamos de cenas cargadas de esa posible nostalgia futura: la última comida libre antes de sumirse en la atmósfera ritual del cónclave, donde cada bocado es observado y cada cucharada medida. Ese contraste entre libertad y control, entre el bullicio del comedor romano y el silencio del refectorio papal, no solo define el paso hacia el aislamiento, sino que resalta el peso simbólico que tiene la comida como umbral entre el mundo exterior y la clausura sagrada.

Vigilancia que perdura. Aunque hoy no se teme tanto al veneno como en el Renacimiento, y la prioridad ya no es evitar un motín popular por una elección estancada, la lógica de aislamiento total continúa. La vigilancia alimentaria, incluso con recursos modernos, mantiene la filosofía original: impedir interferencias, proteger el sigilo, y preservar la santidad del proceso.

El hecho de que un cardenal salga del refectorio y entre a la Capilla Sixtina con el estómago lleno pero la mente enfocada solo en su voto, no es casual. La comida no puede distraer, ni puede convertirse en vehículo de influencias externas. Por ello, incluso si ya no se revisan los pollos rellenos en busca de mensajes secretos, en el Vaticano se sigue barriendo en busca de micrófonos y dispositivos ocultos.

Una metáfora de la iglesia. Si se quiere también, la vigilancia sobre la comida no es solo una cuestión de seguridad, sino una expresión de la identidad misma de la Iglesia. En un momento de transición, cuando el futuro líder espiritual de 1.400 millones de católicos está en juego, cada gesto se ritualiza. Desde esa perspectiva, comer deja de ser una necesidad biológica para convertirse en un acto litúrgico de contención, de disciplina y de comunidad.

La mesa del cónclave, por tanto, no es solo un lugar de sustento, sino de comunión y secreto. Por supuesto, muy posiblemente también y mientras los cardenales se preparan para elegir al sucesor, sus excelencias recordarán ese último plato de lasaña en Roma.

Imagen | Catholic Church, Gloria García, Maus-Trauden

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Que EEUU le haya enviado a Ucrania F16 que no vuelan parece una broma, pero la función de estos cazas es clave contra Rusia

Que EEUU le haya enviado a Ucrania F16 que no vuelan parece una broma, pero la función de estos cazas es clave contra Rusia

La semana pasada ocurrió lo que Estados Unidos llevaba persiguiendo desde que Trump fue reelegido presidente. Washington llegaba a un acuerdo en torno al acceso y explotación de minerales estratégicos y tierras raras de Ucrania. Bajo el mismo, Estados Unidos obtiene derechos preferenciales y capacidad de inversión sobre los recursos naturales de la nación (incluyendo titanio, zirconio, grafito, gas, petróleo y manganeso) en un marco que pretende impulsar la reconstrucción del país devastado por la guerra, sin imponer deuda alguna a Kyiv. Por su parte, Estados Unidos ha reactivado la ayuda en el conflicto.

Un nuevo pacto. El instrumento principal será el denominado como Fondo de Inversiones para la Reconstrucción Estados Unidos–Ucrania, una entidad binacional con igual representación de ambas partes que gestionará licencias nuevas sin afectar a empresas preexistentes ni a presupuestos previamente comprometidos. Para las autoridades ucranianas, el acuerdo representa una alianza basada en inversiones, tecnología y autonomía compartida, no en subordinación económica.

La lógica del acuerdo. Uno de los elementos más llamativos del pacto es la eliminación explícita de cualquier tipo de obligación de deuda de Ucrania hacia Estados Unidos. Este gesto disipa, a priori, las críticas recurrentes de Trump sobre la “falta de retribución” por la asistencia militar estadounidense, cifrada por el mandatario en 350 mil millones de dólares (cifra "algo" distinta desde otros estamentos).

La ministra de Economía ucraniana, Yulia Svyrydenko, subrayó que el acuerdo no cambia el estatus legal de empresas públicas o privadas del sector extractivo y que los ingresos del fondo se nutrirán únicamente de licencias nuevas, asegurando que los fondos públicos actuales no serán tocados.

Tecnología y disuasión. Aunque el acuerdo no detallaba compromisos explícitos en materia de ayuda militar, tanto la narrativa oficial como las declaraciones políticas ya apuntaban a una renovada voluntad de respaldo por parte de la administración Trump. Para Zelenski, el acuerdo abre la puerta a flujos sostenidos de inversión y transferencia tecnológica no solo para el desarrollo económico sino también para fines defensivos. Svyrydenko indicó que Estados Unidos ayudará a atraer tecnologías clave que respalden la lucha contra Rusia, con posibilidades abiertas a proyectos como sistemas de defensa aérea.

Desde Washington, el mensaje es inequívoco: el acuerdo es también un instrumento de presión estratégica y de alineamiento firme frente a Moscú. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró que la firma representa una señal clara al Kremlin de que Estados Unidos apuesta a largo plazo por una Ucrania libre, soberana y próspera. Trump, por su parte, defendió el pacto como un modo de proteger la inversión estadounidense y reforzar la posición ucraniana frente a una Rusia “mucho más grande y poderosa”.

El primer “paquete”, de hecho, ya está en camino.

F-16 inservibles. Sí, Estados Unidos ha comenzado a enviar a Ucrania cazas F-16 retirados y no operativos, almacenados en su célebre “boneyard” de Arizona. La idea de fondo es que estos se utilicen como fuente de repuestos cruciales para la creciente flota de F-16 donada por países europeos. El gesto, confirmado por la Fuerza Aérea estadounidense tras la aparición de imágenes que mostraban fuselajes envueltos y parcialmente desmontados siendo cargados en un An-124 ucraniano en Tucson, marca una nueva etapa en la compleja logística de mantenimiento que exige el uso de estos veteranos cazas occidentales en combate activo contra Rusia.

Los aviones enviados carecen de componentes esenciales como motores, radares o alas, lo que los hace inutilizables en vuelo, pero su valor reside en las piezas que sí conservan, muchas de las cuales escasean en Europa. El transporte, con destino a Rzeszów-Jasionka, el centro logístico clave en el sureste de Polonia para el tránsito de ayuda militar a Ucrania, refuerza la hipótesis de que estos F-16 se integrarán en el sistema de soporte y no en el inventario operativo.

Una flota internacional. Se estima que Ucrania recibirá hasta 85 F-16 en condiciones de vuelo: 24 de Países Bajos, 19 de Dinamarca, 12 de Noruega (que también donará 10 adicionales exclusivamente para repuestos) y 30 prometidos por Bélgica. Sin embargo, parte de estos aviones se destinarán al entrenamiento de pilotos en el Centro de Formación de F-16 en Rumanía, lo que reduce aún más la disponibilidad directa para el combate.

Ante la pérdida de unidades en el frente (dos cazas ya han sido derribados, con la muerte de sus pilotos en misiones defensivas) y la dificultad logística que implica mantener operativa una flota de aeronaves antiguas, el suministro de fuselajes desmantelados desde Estados Unidos representa un alivio estratégico en términos de mantenimiento, aunque no amplíe la capacidad ofensiva directa.

Configuración y capacidad táctica. Los F-16 ucranianos se han desplegado tanto en misiones aire-aire como aire-tierra, empleando misiles AIM-9X y AIM-120 AMRAAM para defensa aérea, además de bombas guiadas GBU-39/B montadas en racks BRU-61, lo que les permite una capacidad quirúrgica de ataque en profundidad.

También se han visto configuraciones con tres tanques externos de combustible, necesarios para maximizar la autonomía ante la ausencia de reabastecimiento aéreo, y sistemas de guerra electrónica como el AN/ALQ-131, que refuerzan la supervivencia en entornos hostiles. Las unidades incluyen mejoras electrónicas internas especializadas en detección de amenazas y despliegue de contramedidas.

Cementerio de cazas como fuente vital. La base Davis-Monthan, donde se encuentra el “boneyard” oficial de la Fuerza Aérea, aún conserva cientos de fuselajes F-16 en estado variable. A saber: 150 del modelo A, 27 del B, 143 del C y 22 del D, aunque gran parte de ellos tampoco son aptos para volver a volar.

Muchos de los ejemplares reutilizables han sido desviados a funciones como aviones agresores para la Marina y la Fuerza Aérea o reconvertidos en blancos aéreos QF-16 para entrenamiento. Es más, este agotamiento progresivo de existencias útiles ha hecho que incluso Estados Unidos esté extendiendo la vida útil de los F-16 en servicio activo, a la vez que resiste, por ahora, la idea de entregar unidades volables a Ucrania.

Suministros limitados. Plus: la lentitud en la entrega de F-16 por parte de aliados europeos, como ha reconocido Bélgica, se debe en gran parte a la escasez de piezas de repuesto. La demanda técnica que implica poner en servicio estos cazas (más aún en una fuerza aérea previamente estructurada en torno a plataformas soviéticas) convierte la llegada de partes en una necesidad urgente.

La flota ucraniana no solo debe absorber la nueva tecnología y formación táctica, sino también adaptarse a un esquema de mantenimiento completamente distinto, sin contar con la infraestructura ni la experiencia acumulada que poseen las naciones de la OTAN. Visto así, esta especie de fuselajes “cadáver” que llegan desde Arizona, por modestos que parezcan, se transforman en una herramienta vital para sostener la operatividad de los cazas que sí están en el aire.

Desgaste y tiempo. En resumen, aunque estas aeronaves Made In USA no despegarán jamás por sí solas, su utilidad radica en garantizar que otras lo sigan haciendo, en un conflicto donde cada misión aérea representa una línea de defensa frente a las capacidades crecientes de misiles y cazas rusos.

La llegada de estas piezas, sumada al despliegue de armamento sofisticado y sistemas de guerra electrónica, sugiere que, más allá del número de aviones, el verdadero desafío (y posiblemente el terreno decisivo) será la capacidad ucraniana de mantenerlos operativos, abastecidos y eficaces en un escenario cada vez más exigente. En ese contexto, la contribución estadounidense, aunque indirecta, cobra un valor estratégico esencial.

Imagen | US Air Defense

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El petróleo moderno no inventó nada. China ya extraía gas natural hace 2.000 años y lo transportaba por tuberías de bambú

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Posiblemente, muchos consideran que la industria petrolera y gasífera moderna, con sus plataformas, pozos profundos, sistemas de bombeo y redes de distribución, es una creación propia del siglo XIX en adelante, una asociada con la industrialización occidental. Y aunque no están del todo equivocados, lo cierto es que ya había una nación que había desarrollado técnicas de perforación, extracción y transporte de recursos energéticos con un nivel de sofisticación simplemente alucinante. Esa nación fue China, y lo hizo mil años antes de que Edwin Drake perforara el primer pozo comercial de petróleo en 1859.

Antes que el crudo. Como decíamos, aunque el imaginario colectivo sitúa el inicio de la explotación de hidrocarburos en la revolución industrial del siglo XIX, la historia demuestra que civilizaciones antiguas ya habían desarrollado técnicas sorprendentemente avanzadas de extracción energética. De hecho, en la provincia china de Sichuan, más de un milenio antes de los primeros pozos comerciales en Estados Unidos o Rusia, comunidades enteras ya perforaban la tierra para obtener salmuera y, más tarde, gas natural.

La búsqueda de sal, vital para la conservación de alimentos y la nutrición humana, llevó a los ingenieros chinos a idear sofisticados sistemas de perforación percutiva, operados con torres de bambú, poleas, plataformas de salto y herramientas metálicas especializadas que recuerdan, en muchos aspectos, a las empleadas en la industria petrolera moderna.

Desafiando a su tiempo. Los pozos, iniciados durante el Periodo de los Reinos Combatientes (480–221 a.C.), alcanzaban profundidades de hasta 250 metros ya en la dinastía Tang, y superaban el kilómetro en el siglo XIX, mucho antes de que Occidente siquiera soñara con tales logros. Para cada fase del proceso se empleaban brocas distintas (en forma de cola de pez, lingote de plata o herradura) adaptadas al tipo de roca.

También se desarrollaron soluciones para problemas como brocas rotas o pozos colapsados, utilizando tecnologías ingeniosas como tubos alargados de bambú con válvulas de aleta, cementos hidráulicos a base de aceite de Tung, y obturaciones con paja expandida. Luego, hacia el año 1050, la introducción de cables de bambú flexibles permitió alcanzar mayores profundidades y simplificar un poquito más las operaciones. Para 1835, el pozo Shenghai alcanzó oficialmente los 1.000 metros de profundidad, un hito en el mundo.

Del subproducto al tesoro energético. Todo cambió en un momento dado. Durante la perforación en busca de salmuera, los trabajadores comenzaron a toparse con bolsas de gas natural, inicialmente vistas como peligrosas o inútiles. Pero con el tiempo, ese gas (principalmente metano, a menudo mezclado con sulfuro de hidrógeno) fue reconocido como recurso energético y aprovechado para iluminación, calefacción y, sobre todo, para alimentar las calderas que evaporaban la salmuera.

Esta transición se volvió crucial cuando la deforestación impidió seguir utilizando leña. La necesidad impulsó la invención del llamado tambor Kang Pen, que permitía extraer y separar simultáneamente gas y salmuera, y de una forma temprana de carburador que mezclaba gas con aire para lograr una combustión más eficiente. A su vez, los antiguos perforadores también comprendieron rudimentos de geología, ubicando pozos de gas en zonas elevadas y de salmuera en valles, según la formación de las bolsas subterráneas.

Red industrial sin parangón. A lo largo de los siglos, la región se llenó de torres de bambú, barcos mercantes y una infraestructura que incluía cientos de kilómetros de tuberías construidas por completo de bambú. Lejos de ser rudimentarias, aquellas tuberías fueron selladas con precisión mediante cemento de aceite de Tung y cuerda trenzada, lo que las hacía sorprendentemente estancas y duraderas.

Para que nos hagamos una idea, en la década de 1950 seguían operativas más de 95 km de estas conducciones. Un complejo sistema que transformó a Zigong y otras ciudades en centros industriales, comerciales y culturales. La operación era tan extensa que requería turnos ininterrumpidos y contratos legales escritos (algunos de los primeros en la historia de China) para distribuir tareas y recursos.

Impacto histórico y legado. La escala y sofisticación del campo gasífero de Sichuan eclipsó a otras operaciones premodernas en Europa o Asia Central, como las de Nápoles o Bakú. Más allá del volumen producido, lo más notable fue la continuidad y la eficiencia del propio sistema. Aún hoy, la región produce unos 30.000 millones de metros cúbicos de gas anualmente, en muchos casos desde pozos perforados hace siglos.

Con todo, el trabajo sigue siendo peligroso: en 2003, una explosión de gas cerca de Chongqing mató a 233 personas y dejó 9.000 intoxicadas, pero la experiencia acumulada a lo largo de casi 2.000 años evitó una catástrofe mayor. Ese legado técnico y humano es, de hecho, honrado en el Museo de la Sal de Shanxi, donde se conservan herramientas originales y modelos detallados que documentan una proeza industrial adelantada a su tiempo por milenios.

Si se quiete también, la historia de Sichuan no solo reescribe los orígenes del petróleo y el gas en cierta manera: redefine lo que consideramos posible en las civilizaciones antiguas.

Imagen | Thomas Depenb, CSEG

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La guerra en Ucrania se ha convertido en un videojuego. Matar da puntos y recompensas para canjear en un Amazon militar

La guerra en Ucrania se ha convertido en un videojuego. Matar da puntos y recompensas para canjear en un Amazon militar

Es algo que ha ocurrido en todas las guerras y conflictos modernos, y en Ucrania no iba a ser distinto. Nos referimos al uso de tácticas sorprendentes para el combate. Ya habíamos hablado anteriormente del uso de una ilusión óptica naval y de un dron que “busca” que lo capturen para desplegar su verdadera amenaza. Lo último: un sistema de recompensas con puntos.

El premio: acudir a un “Amazon” bélico.

Una guerra con puntos. Lo contaba esta semana Insider y Politico. En una fusión sin precedentes entre tecnología militar y lógica de videojuego, Ucrania ha lanzado un sistema de recompensas que otorga puntos a sus soldados por matar tropas rusas o destruir sus vehículos, siempre que estos actos sean verificados mediante grabaciones de drones en vídeo.

Estos puntos, llamados "ePoints", pueden luego canjearse en Brave1 Market, una nueva plataforma digital que opera como un "Amazon militar", donde unidades de combate pueden adquirir desde drones de ataque y robots terrestres hasta dispositivos de guerra electrónica o componentes como baterías, cámaras y motores.

Sumar bajas para comprar artillería. La iniciativa, promovida por Mykhailo Fedorov, ministro de Transformación Digital de Ucrania, busca agilizar y descentralizar el acceso al equipamiento, permitiendo que los propios soldados elijan y compren la tecnología que más se adapta a sus necesidades en el frente, ya sea con fondos propios o mediante las recompensas acumuladas por su efectividad en combate.

El sistema establece un valor numérico para cada blanco enemigo: seis puntos por cada soldado ruso eliminado, cuarenta por cada tanque destruido, con equivalencias que permiten, por ejemplo, adquirir drones como el "Baba Yaga" por 43 puntos o el sofisticado "Backfire", que cuesta unos 60.000 dólares por tres unidades. La entrega se realiza directamente con financiamiento estatal, sin intermediarios. La unidad Magyar’s Birds, famosa por sus ataques con drones FPV, ha superado ya los 16.000 puntos, encabezando el ranking de marzo, seguida por brigadas especializadas en sistemas no tripulados y operaciones especiales.

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Un Amazon militar. Lejos de ser un simple sitio de compras, el Brave1 Market representa un modelo disruptivo de logística y adquisición en tiempos de conflicto. Su catálogo cuenta con más de 1.000 ítems que van desde armamento avanzado hasta soluciones técnicas de comunicación, vigilancia, navegación y protección electrónica. Los soldados pueden navegar por el portal, comparar modelos, leer especificaciones y contactar a fabricantes para cerrar pedidos.

Parte del contenido es de acceso restringido, pero el grueso del inventario está disponible públicamente para facilitar una toma de decisiones rápida y autónoma desde el frente. Uno de los objetivos principales es reducir la brecha entre el desarrollo tecnológico y su implementación real en el campo de batalla. De hecho, contaba Insider que muchas unidades no sabían que ciertos dispositivos estaban disponibles; ahora pueden solicitarlos directamente sin tener que esperar canales burocráticos ni cadenas de mando lentas.

Drones como moneda de cambio. El sistema de puntos tiene como eje a los drones que, como hemos explicado, son protagonistas absolutos del nuevo campo de batalla ucraniano. Los más utilizados son los FPV (first-person view) y los modelos de bombardeo de corto alcance, operados por unidades altamente móviles que filman cada impacto para documentarlo ante la red de inteligencia militar.

Estos videos no solo permiten verificar la eliminación de objetivos enemigos, sino que se han convertido en la "moneda dura" con la que se accede a más tecnología. Cada compra aprobada es financiada por el gobierno ucraniano y entregada directamente a la unidad solicitante, lo que refuerza un modelo descentralizado de abastecimiento basado en el mérito operativo.

Meritocracia y dilema ético. Qué duda cabe, hablamos de un sistema que convierte la eficacia bélica en beneficios inmediatos, lo que genera un conflicto ético sobre la gamificación del conflicto. Matar se convierte en un acto recompensado no solo con reconocimiento, sino con poder material para mejorar las capacidades ofensivas de la unidad. Aunque brutal, el modelo ha demostrado ser eficaz para acelerar la respuesta en el campo de batalla, fomentar la iniciativa táctica y permitir que las tropas accedan a la tecnología que realmente necesitan.

En paralelo, también representa una forma de economía de guerra digitalizada, donde cada impacto confirmado se traduce en poder adquisitivo, cada misión exitosa en acceso a recursos estratégicos. Una lógica que no es gratuita: responde a la urgencia de modernizar el aparato militar ucraniano en medio de una guerra asimétrica, y a la necesidad de competir tecnológicamente con un enemigo que dispone de mayores reservas industriales y humanas. Por supuesto también, cuestiona los límites éticos del modelo y tipo de cultura militar que puede generar a largo plazo.

Un nuevo paradigma militar. La solo existencia de una “tienda” así cambia el concepto de guerra en el siglo XXI. Hablamos de una arquitectura digital, distribuida y orientada a la eficiencia inmediata con la que Ucrania no solo trata de igualar a Rusia en capacidad ofensiva, sino de superarla en agilidad tecnológica, en innovación táctica y en velocidad de adaptación.

Si se quiere también, el campo de batalla ya no parece solo un espacio físico, sino también una especie de plataforma interactiva donde cada acción puede medirse, recompensarse y transformarse en ventaja operativa. Una nueva economía de guerra donde el valor se mide, no en términos abstractos, sino en objetivos eliminados, puntos ganados y drones entregados. Junto a los evidentes dilemas éticos que plantea, también revela hasta qué punto la guerra moderna es tan tecnológica como letal.

Imagen | NATO North, Ministry of Defense

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