Apple al fin entra en razón con el derecho a reparar: ahora solo queda que ella y otras hagan sus productos más reparables

Apple al fin entra en razón con el derecho a reparar: ahora solo queda que ella y otras hagan sus productos más reparables

El anuncio de hoy de Apple es una gran buena noticia. Por primera vez la empresa ofrecerá tanto piezas de recambio originales como instrucciones para reparar por nuestra cuenta dispositivos como el iPhone 12 y el iPhone 13.

Es toda una declaración de intenciones de una empresa que durante años se ha mostrado poco dispuesta a dejar que los usuarios toqueteen sus dispositivos. Solo en los últimos tiempos abrió esta opción a algunos servicios autorizados, pero ahora cualquier usuario podrá intentar reparar su móvil o su ordenador de Apple. El problema es que aunque eso abre algunas opciones, la empresa de Cupertino hace sus productos cada vez menos reparables o ampliables.

Tu dispositivo vuelve a ser (un poco) tuyo

No es solo Apple, ojo: otros muchos fabricantes llevan tiempo poniendo obstáculos que hacen que los productos que les compramos no sean del todo nuestros.

Tenemos un célebre caso en el fabricante norteamericano de tractores John Deere, que te vendía sus máquinas pero luego capaba cualquier opción de reparación propia de quienes los compraban. La propia firma explicaba entonces que lo que comprabas no era de hecho el tractor en sí, sino "una licencia implícita durante la vida del vehículo para poder utilizarlo". Ahí es nada.

Apple tampoco se ha cortado demasiado a la hora de poner trabas a las reparaciones propias de los usuarios, y solo comenzó a mover ficha tras la polémica que se descubrió con el throttling de algunos iPhone: cuando la batería se degradaba, el móvil se ralentizaba para mantener la autonomía.

Aquello provocó finalmente que Apple abriera las opciones un poco: ya no era obligatorio llevar el iPhone a reparar a una tienda de Apple, y uno podía elegir además alguno de los centros autorizados que Apple certificaba y que recibían instrucciones y piezas de repuesto originales para ese proceso.

Esa apertura fue en realidad una con medias tintas: poco después se reveló que Apple bloqueaba funciones de software si no se había producido un reemplazo autorizado, pero la batalla por el derecho a reparar se prolongaba tanto en Estados Unidos como en Europa, donde hace poco se celebraba una victoria de la legislación actual.

En la Unión Europea se decidió que tu tele o tu frigorífico deberían durarte al menos diez años —si es que no decidías cambiarlos antes—, y aunque eso traía consecuencias difíciles de medir, parece que el anuncio de hoy de Apple es entre otras cosas —además de un impulso favorable a su imagen de marca— una forma de evitar problemas con esa legislación.

No es la primera en tomar ese tipo de medidas: Microsoft anunciaba algo parecido hace un mes, pero que ambas hayan movido ficha justo ahora tiene desde luego ese tufillo a "más vale prevenir ahora que pagar multas después".

Las noticias en este sentido son sin duda positivas y hacen que cualquier usuario pueda por fin tener más opciones a la hora de reparar sus dispositivos. Y sin embargo...

No todo es de color de rosa

Los responsables de iFixit, cabezas visibles de ese movimiento por el derecho a reparar —uno con el que desde luego ellos sacan beneficio económico— celebraban la noticia diciendo que ahora somos todos unos genios (jugando con los 'Genius', la sección del servicio técnico en las tiendas Apple), pero también explicaban que esa noticia tenía un lado menos favorable.

Pantalla

Lo tiene, porque como explicaban, "Apple está modelando ese servicio de autorreparación siguiendo las líneas de su restrictivo programa Independent Repair Provider (IRP). Por el momento, el software de reparación de Apple no permite a un miembro del IRP que sustituya un componente roto con otro que se haya cogido de otro dispositivo Apple; es necesario escanear tanto el número de serie de la pieza de recambio comprada en Apple como del propio teléfono".

Eso es un problema porque impide por ejemplo que use "piezas del desguace", y eso parece favorecer el mercado de piezas de recambio de Apple, que previsiblemente —solo hay que echar un vistazo a algún que otro cable que venden en su tienda— no será especialmente asequible.

En iFixit de hecho destacaban cómo los miembros del programa IRP se habían quejado de que el precio de las piezas de recambio "no era competitivo con otros mercados de piezas de recambio".

En estos momentos una pantalla para el iPhone 12 le cuesta a esos miembros IRP 270 dólares (luego habría que sumar la mano de obra), que es justo lo que a un cliente le cuesta cambiar esa misma pantalla si su móvil no está en garantía. Total, que esos clientes no tienen incentivo para ir a un servicio técnico distinto, porque esa reparación les saldrá más barata en las tiendas de Apple.

Así pues, será interesante ver si esto acaba convirtiendo a Apple en dueña y señora del mercado de las piezas de repuesto. En iFixit apuntan a que eso podría pasar, y de hecho si controlan ese mercado "Apple puede decidir cuándo esos dispositivos son obsoletos". En Europa parece que lograrlo será más difícil —la nueva legislación obliga a 10 años de piezas de repuesto— pero ese requisito parece difícil de cumplir (en la práctica y financieramente) por parte de las empresas.

Ahora solo falta que tengamos productos más reparables (y expandibles)

Luego está por supuesto el otro problema: el de que tanto Apple como otras empresas hacen sus productos cada vez menos reparables y menos expandibles.

Framework

Bendito Framework Laptop.

A esos fabricanes les gusta soldar todo en placa y hacer que solo algunos elementos puedan ser susceptibles de ser reemplazados. Si hay un problema que no esté en la pantalla, la cámara o batería, lo normal es que el servicio técnico oficial que tienes que cambiar la placa base: me ocurrió personalmente con mi Dell XPS 13 en una pesadilla de la que salí vivo pero que me dejó cicatrices en este debate.

Es muy probable que aquella mala experiencia me haya hecho especialmente sensible al movimiento de derecho a reparar: creo que cuando te compras un producto este es totalmente tuyo, y tienes derecho a disfrutarlo de la manera que te apetezca —mientras no hagas daño a nadie—. Puedes usarlo, tratar de repararlo, o pegarle una patada y quemarlo: has pagado por ese derecho.

Pero los fabricantes hacen que cada vez sea más difícil hacer algo así. Ciertamente puedes pegar una patada a tu iPhone o quemarlo —o triturarlo, una idea que se acabó convirtiendo en negocio—, pero lo que no podías era repararlo.

Con los portátiles la cosa ha ido a peor, y eso se nota especialmente en los nuevos y potentísimos MacBook Pro, que ahora tienen la memoria ya no soldada en placa, sino directamente integrada en el SoC. No hay manera humana de ampliarla, así que si vas a comprarte uno será mejor que pienses no en la RAM que necesitas hoy, sino en la que necesitarás el día de mañana.

Microsoft tampoco se anda con chiquitas en este sentido, y tampoco lo hacen otros muchos fabricantes que limitan las opciones de reparabilidad y de expansión aunque en los últimos tiempos hayamos visto algunos movimientos a favor de poder ampliar el almacenamiento —como en el Surface Laptop 4—e incluso la memoria.

Aquí todos esos fabricantes tienen un espejo en el que mirarse. O dos. El primero, el Fairphone que sigue siendo la máxima expresión de la reparabilidad en un móvil. El segundo, el Framework que hace lo propio en el mundo de los portátiles.

Ojalá los Apple y Microsoft del mundo aprendieran de ellos. Ójala todos lo hiciéramos. Hasta entonces, eso sí, tenemos aquí una pequeña victoria para los defensores del derecho a reparar. Menos da una piedra. O, en este caso, Apple.

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La noticia Apple al fin entra en razón con el derecho a reparar: ahora solo queda que ella y otras hagan sus productos más reparables fue publicada originalmente en Xataka por Javier Pastor .

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Apple al fin entra en razón con el derecho a reparar: ahora solo queda que ella y otras hagan sus productos más reparables

Apple al fin entra en razón con el derecho a reparar: ahora solo queda que ella y otras hagan sus productos más reparables

El anuncio de hoy de Apple es una gran buena noticia. Por primera vez la empresa ofrecerá tanto piezas de recambio originales como instrucciones para reparar por nuestra cuenta dispositivos como el iPhone 12 y el iPhone 13.

Es toda una declaración de intenciones de una empresa que durante años se ha mostrado poco dispuesta a dejar que los usuarios toqueteen sus dispositivos. Solo en los últimos tiempos abrió esta opción a algunos servicios autorizados, pero ahora cualquier usuario podrá intentar reparar su móvil o su ordenador de Apple. El problema es que aunque eso abre algunas opciones, la empresa de Cupertino hace sus productos cada vez menos reparables o ampliables.

Tu dispositivo vuelve a ser (un poco) tuyo

No es solo Apple, ojo: otros muchos fabricantes llevan tiempo poniendo obstáculos que hacen que los productos que les compramos no sean del todo nuestros.

Tenemos un célebre caso en el fabricante norteamericano de tractores John Deere, que te vendía sus máquinas pero luego capaba cualquier opción de reparación propia de quienes los compraban. La propia firma explicaba entonces que lo que comprabas no era de hecho el tractor en sí, sino "una licencia implícita durante la vida del vehículo para poder utilizarlo". Ahí es nada.

Apple tampoco se ha cortado demasiado a la hora de poner trabas a las reparaciones propias de los usuarios, y solo comenzó a mover ficha tras la polémica que se descubrió con el throttling de algunos iPhone: cuando la batería se degradaba, el móvil se ralentizaba para mantener la autonomía.

Aquello provocó finalmente que Apple abriera las opciones un poco: ya no era obligatorio llevar el iPhone a reparar a una tienda de Apple, y uno podía elegir además alguno de los centros autorizados que Apple certificaba y que recibían instrucciones y piezas de repuesto originales para ese proceso.

Esa apertura fue en realidad una con medias tintas: poco después se reveló que Apple bloqueaba funciones de software si no se había producido un reemplazo autorizado, pero la batalla por el derecho a reparar se prolongaba tanto en Estados Unidos como en Europa, donde hace poco se celebraba una victoria de la legislación actual.

En la Unión Europea se decidió que tu tele o tu frigorífico deberían durarte al menos diez años —si es que no decidías cambiarlos antes—, y aunque eso traía consecuencias difíciles de medir, parece que el anuncio de hoy de Apple es entre otras cosas —además de un impulso favorable a su imagen de marca— una forma de evitar problemas con esa legislación.

No es la primera en tomar ese tipo de medidas: Microsoft anunciaba algo parecido hace un mes, pero que ambas hayan movido ficha justo ahora tiene desde luego ese tufillo a "más vale prevenir ahora que pagar multas después".

Las noticias en este sentido son sin duda positivas y hacen que cualquier usuario pueda por fin tener más opciones a la hora de reparar sus dispositivos. Y sin embargo...

No todo es de color de rosa

Los responsables de iFixit, cabezas visibles de ese movimiento por el derecho a reparar —uno con el que desde luego ellos sacan beneficio económico— celebraban la noticia diciendo que ahora somos todos unos genios (jugando con los 'Genius', la sección del servicio técnico en las tiendas Apple), pero también explicaban que esa noticia tenía un lado menos favorable.

Pantalla

Lo tiene, porque como explicaban, "Apple está modelando ese servicio de autorreparación siguiendo las líneas de su restrictivo programa Independent Repair Provider (IRP). Por el momento, el software de reparación de Apple no permite a un miembro del IRP que sustituya un componente roto con otro que se haya cogido de otro dispositivo Apple; es necesario escanear tanto el número de serie de la pieza de recambio comprada en Apple como del propio teléfono".

Eso es un problema porque impide por ejemplo que use "piezas del desguace", y eso parece favorecer el mercado de piezas de recambio de Apple, que previsiblemente —solo hay que echar un vistazo a algún que otro cable que venden en su tienda— no será especialmente asequible.

En iFixit de hecho destacaban cómo los miembros del programa IRP se habían quejado de que el precio de las piezas de recambio "no era competitivo con otros mercados de piezas de recambio".

En estos momentos una pantalla para el iPhone 12 le cuesta a esos miembros IRP 270 dólares (luego habría que sumar la mano de obra), que es justo lo que a un cliente le cuesta cambiar esa misma pantalla si su móvil no está en garantía. Total, que esos clientes no tienen incentivo para ir a un servicio técnico distinto, porque esa reparación les saldrá más barata en las tiendas de Apple.

Así pues, será interesante ver si esto acaba convirtiendo a Apple en dueña y señora del mercado de las piezas de repuesto. En iFixit apuntan a que eso podría pasar, y de hecho si controlan ese mercado "Apple puede decidir cuándo esos dispositivos son obsoletos". En Europa parece que lograrlo será más difícil —la nueva legislación obliga a 10 años de piezas de repuesto— pero ese requisito parece difícil de cumplir (en la práctica y financieramente) por parte de las empresas.

Ahora solo falta que tengamos productos más reparables (y expandibles)

Luego está por supuesto el otro problema: el de que tanto Apple como otras empresas hacen sus productos cada vez menos reparables y menos expandibles.

Framework

Bendito Framework Laptop.

A esos fabricanes les gusta soldar todo en placa y hacer que solo algunos elementos puedan ser susceptibles de ser reemplazados. Si hay un problema que no esté en la pantalla, la cámara o batería, lo normal es que el servicio técnico oficial que tienes que cambiar la placa base: me ocurrió personalmente con mi Dell XPS 13 en una pesadilla de la que salí vivo pero que me dejó cicatrices en este debate.

Es muy probable que aquella mala experiencia me haya hecho especialmente sensible al movimiento de derecho a reparar: creo que cuando te compras un producto este es totalmente tuyo, y tienes derecho a disfrutarlo de la manera que te apetezca —mientras no hagas daño a nadie—. Puedes usarlo, tratar de repararlo, o pegarle una patada y quemarlo: has pagado por ese derecho.

Pero los fabricantes hacen que cada vez sea más difícil hacer algo así. Ciertamente puedes pegar una patada a tu iPhone o quemarlo —o triturarlo, una idea que se acabó convirtiendo en negocio—, pero lo que no podías era repararlo.

Con los portátiles la cosa ha ido a peor, y eso se nota especialmente en los nuevos y potentísimos MacBook Pro, que ahora tienen la memoria ya no soldada en placa, sino directamente integrada en el SoC. No hay manera humana de ampliarla, así que si vas a comprarte uno será mejor que pienses no en la RAM que necesitas hoy, sino en la que necesitarás el día de mañana.

Microsoft tampoco se anda con chiquitas en este sentido, y tampoco lo hacen otros muchos fabricantes que limitan las opciones de reparabilidad y de expansión aunque en los últimos tiempos hayamos visto algunos movimientos a favor de poder ampliar el almacenamiento —como en el Surface Laptop 4—e incluso la memoria.

Aquí todos esos fabricantes tienen un espejo en el que mirarse. O dos. El primero, el Fairphone que sigue siendo la máxima expresión de la reparabilidad en un móvil. El segundo, el Framework que hace lo propio en el mundo de los portátiles.

Ojalá los Apple y Microsoft del mundo aprendieran de ellos. Ójala todos lo hiciéramos. Hasta entonces, eso sí, tenemos aquí una pequeña victoria para los defensores del derecho a reparar. Menos da una piedra. O, en este caso, Apple.

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Windows 11 SE es la demostración de que Microsoft es capaz de alargar la vida útil de chips modestos y antiguos

Windows 11 SE es la demostración de que Microsoft es capaz de alargar la vida útil de chips modestos y antiguos

El lanzamiento hace unos días de Windows 11 SE y de equipos basados en esta versión "ligera" de Windows 11 nos sorprendió por varios motivos. Hay ideas interesantes en esta plataforma, com ese foco en la nube para competir con los Chromebooks o su "lista blanca" de aplicaciones controlada por administradores para que los equipos se usen para lo que fueron pensados.

Sabemos además que Windows 11 SE "probablemente" no se venderá por separado, y solo se podrá disfrutar en equipos específicamente orientados al mercado educativo. Esos equipos son muy modestos, pero Windows 11 SE promete una experiencia fluida en ellos y eso plantea una pregunta: ¿por qué no lanzar un Windows 11 SE para equipos modestos y antiguos que puedan así alargar su vida útil con todas las garantías?

Esto no es como lo de Windows 10 S

A diferencia de lo que ocurrió con el casi olvidado Windows 10 S —que luego acabó convirtiéndose en el "Modo S" de cualquier Windows 10—, en Windows 11 SE hay más aplicaciones que las nativas de Microsoft: los estudiantes a los que está dirigido podrán instalar otros navegadores o aplicaciones como Zoom.

Son los administradores del colegio —los chavales no podrán instalar Fortnite por las buenas— los que podrán habilitar la instalación de esas aplicaciones en una especie de "lista blanca", aunque curiosamente no tendremos acceso a la Microsoft Store, la tienda de aplicaciones del sistema operativo.

Hay otras diferencias, como la capacidad de poder usar extensiones de Chrome por defecto en Microsfot Edge —esa opción está desactivada por defecto en Windows 11—, pero es en su foco en la nube en donde las cosas se ponen interesantes.

Cómo sería un hipotético 'Windows 11 Lite'

En la FAQ oficial del sistema operativo se explica cómo Windows 11 SE "es un sistema operativo orientado a la nube. Por lo tanto requiere menos memoria y usa menos recursos que los Windows Pro tradicionales, así que se puede comportar de forma más fluida".

Win11se 2

Además de plantear una interfaz de usuario simplificada "para minimizar distracciones y mantener el foco en la educación", esta versión también tiene "mejoras integradas para optimizar el rendimiento en hardware de bajo coste".

En Microsoft no especifican cuáles son esas mejoras, pero todo apunta a que se han eliminado componentes y servicios de Windows 11 que consumen recursos, aligerando así el sistema operativo y liberándolo de opciones que no son necesarias para la mayoría de usuarios.

Eso nos hace pensar que Microsoft bien podría tener una especie de "Windows 11 Lite" que estuviera pensado para viejos equipos o aquellos con un hardware más modesto que quisiésemos seguir aprovechando.

Son varios los requisitos de Windows 11 —como el de contar con soporte TPM— que teóricamente iban a limitar el número de equipos en los que Windows 11 podría instalarse, pero en muchos casos hay forma de saltárselos incluso con la bendición de Microsoft, que ha acabado ofreciendo un método para poder instalar Windows 11 en sistemas teóricamente no soportados.

Los equipos antiguos y modestos pueden seguir dando guerra mucho tiempo

Lo que ocurre es que el rendimiento en esos equipos puede no ser ideal, y aquí la aparición de ese hipotético "Windows 11 Lite" podría mejorar estos escenarios. En realidad la comunidad de usuarios ya hizo algo así con Windows 10 en el pasado: el llamado "Windows 10 Lite" es una versión personalizada y oficiosa de Windows 10 que apostaba por eliminar componentes innecesarios y que además aprovechaba para eliminar el seguimiento que algunos programas del sistema hacen de sus usuarios.

Linux Lite

Linux Lite es una distribución de Linux ligera muy popular entre usuarios de equipos más modestos y/o antiguos.

Había otras herramientas como Windows10Debloater que eliminaba aplicaciones y servicios instalados por defecto en Windows 10, pero como en el caso anterior estas herramientas procedían de fuentes desconocidas y por tanto planteaban (y plantean) riesgos para la seguridad y privacidad de los usuarios que las eligen.

La alternativa en equipos que van quedándose atrás es clara: mantener Windows 10 —esta versión seguirá teniendo soporte hasta el 14 de octubre de 2025— o incluso acudir a distribuciones Linux ligerasLubuntu y Linux Lite son dos conocidas en este ámbito— que están precisamente pensadas para poder ofrecer un entorno de trabajo fluido incluso en hardware modesto y/o antiguo.

Lo que parece claro es que si Microsoft ofrece una versión de Windows 11 SE que funciona en hardware modesto —los portátiles de 250 dólares a los que están dirigidos son una prueba de ello—, podría igualmente plantear una edición especial de Windows 11 dirigida a equipos igualmente modestos, pero no orientados al mercado educativo.

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Windows 11 SE es la demostración de que Microsoft es capaz de alargar la vida útil de chips modestos y antiguos

Windows 11 SE es la demostración de que Microsoft es capaz de alargar la vida útil de chips modestos y antiguos

El lanzamiento hace unos días de Windows 11 SE y de equipos basados en esta versión "ligera" de Windows 11 nos sorprendió por varios motivos. Hay ideas interesantes en esta plataforma, com ese foco en la nube para competir con los Chromebooks o su "lista blanca" de aplicaciones controlada por administradores para que los equipos se usen para lo que fueron pensados.

Sabemos además que Windows 11 SE "probablemente" no se venderá por separado, y solo se podrá disfrutar en equipos específicamente orientados al mercado educativo. Esos equipos son muy modestos, pero Windows 11 SE promete una experiencia fluida en ellos y eso plantea una pregunta: ¿por qué no lanzar un Windows 11 SE para equipos modestos y antiguos que puedan así alargar su vida útil con todas las garantías?

Esto no es como lo de Windows 10 S

A diferencia de lo que ocurrió con el casi olvidado Windows 10 S —que luego acabó convirtiéndose en el "Modo S" de cualquier Windows 10—, en Windows 11 SE hay más aplicaciones que las nativas de Microsoft: los estudiantes a los que está dirigido podrán instalar otros navegadores o aplicaciones como Zoom.

Son los administradores del colegio —los chavales no podrán instalar Fortnite por las buenas— los que podrán habilitar la instalación de esas aplicaciones en una especie de "lista blanca", aunque curiosamente no tendremos acceso a la Microsoft Store, la tienda de aplicaciones del sistema operativo.

Hay otras diferencias, como la capacidad de poder usar extensiones de Chrome por defecto en Microsfot Edge —esa opción está desactivada por defecto en Windows 11—, pero es en su foco en la nube en donde las cosas se ponen interesantes.

Cómo sería un hipotético 'Windows 11 Lite'

En la FAQ oficial del sistema operativo se explica cómo Windows 11 SE "es un sistema operativo orientado a la nube. Por lo tanto requiere menos memoria y usa menos recursos que los Windows Pro tradicionales, así que se puede comportar de forma más fluida".

Win11se 2

Además de plantear una interfaz de usuario simplificada "para minimizar distracciones y mantener el foco en la educación", esta versión también tiene "mejoras integradas para optimizar el rendimiento en hardware de bajo coste".

En Microsoft no especifican cuáles son esas mejoras, pero todo apunta a que se han eliminado componentes y servicios de Windows 11 que consumen recursos, aligerando así el sistema operativo y liberándolo de opciones que no son necesarias para la mayoría de usuarios.

Eso nos hace pensar que Microsoft bien podría tener una especie de "Windows 11 Lite" que estuviera pensado para viejos equipos o aquellos con un hardware más modesto que quisiésemos seguir aprovechando.

Son varios los requisitos de Windows 11 —como el de contar con soporte TPM— que teóricamente iban a limitar el número de equipos en los que Windows 11 podría instalarse, pero en muchos casos hay forma de saltárselos incluso con la bendición de Microsoft, que ha acabado ofreciendo un método para poder instalar Windows 11 en sistemas teóricamente no soportados.

Los equipos antiguos y modestos pueden seguir dando guerra mucho tiempo

Lo que ocurre es que el rendimiento en esos equipos puede no ser ideal, y aquí la aparición de ese hipotético "Windows 11 Lite" podría mejorar estos escenarios. En realidad la comunidad de usuarios ya hizo algo así con Windows 10 en el pasado: el llamado "Windows 10 Lite" es una versión personalizada y oficiosa de Windows 10 que apostaba por eliminar componentes innecesarios y que además aprovechaba para eliminar el seguimiento que algunos programas del sistema hacen de sus usuarios.

Linux Lite

Linux Lite es una distribución de Linux ligera muy popular entre usuarios de equipos más modestos y/o antiguos.

Había otras herramientas como Windows10Debloater que eliminaba aplicaciones y servicios instalados por defecto en Windows 10, pero como en el caso anterior estas herramientas procedían de fuentes desconocidas y por tanto planteaban (y plantean) riesgos para la seguridad y privacidad de los usuarios que las eligen.

La alternativa en equipos que van quedándose atrás es clara: mantener Windows 10 —esta versión seguirá teniendo soporte hasta el 14 de octubre de 2025— o incluso acudir a distribuciones Linux ligerasLubuntu y Linux Lite son dos conocidas en este ámbito— que están precisamente pensadas para poder ofrecer un entorno de trabajo fluido incluso en hardware modesto y/o antiguo.

Lo que parece claro es que si Microsoft ofrece una versión de Windows 11 SE que funciona en hardware modesto —los portátiles de 250 dólares a los que están dirigidos son una prueba de ello—, podría igualmente plantear una edición especial de Windows 11 dirigida a equipos igualmente modestos, pero no orientados al mercado educativo.

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Es 2021 y sigue dándome miedo usar espacios en los nombres de ficheros

Es 2021 y sigue dándome miedo usar espacios en los nombres de ficheros

Saco una captura de pantalla para un artículo como este y el tradicional cuadro de diálogo de la aplicación de capturas me pregunta cómo quiero llamar ese fichero. Normalmente uso una sola palabra descriptiva, pero ¿qué pasa cuando quiero usar dos o más? Ahí viene el problema: el de si usar o no espacios en ese nombre de fichero.

Por lo general, los evito. Es algo extraño teniendo en cuenta que estamos en 2021 y que parece que las antiguas limitaciones en cuanto a uso de caracteres en nombres de ficheros —¿recordáis cuando escribíamos en mayúsculas?— desaparecieron. Y aún así, trato de esquivar el uso de espacios en nombres de ficheros, y parece que no estoy solo.

Usar espacios en nombres de fichero no es un problema hasta que acaba siéndolo

Precisamente eso mismo mencionaba un usuario en Twitter cuyo mensaje se volvía viral. Muchos de los que contestaban a ese mensaje compartían esa sensación de "mejor no usar espacios", a pesar de que en la mayoría de situaciones eso no sería un problema.

I'm "still afraid to use spaces in file names" years old

— Id with an i (@TheIdOfAlan) November 9, 2021

El debate de usar o no espacios en nombres de ficheros viene de antiguo. Es de hecho común entre los programadores, que explican que en realidad uno puede usar cualquier carácter en nombres de ficheros. O casi, porque los únicos que no se pueden usar son el caracter "/" y el "NULL".

El caso es que aunque uno puede usar espacios, eñes o tildes (si por ejemplo escribimos en un teclado español), solemos evitar problemas por el miedo a que ciertos programas no acepten esos caracteres. En los navegadores web el espacio se reemplaza por %20 en las URLs que usamos en la barra de direcciones, pero esa conversión no suele ir más allá de ese escenario.

Bash

En Linux por ejemplo uno puede usar la cadena "\ " para representar un espacio, pero también puede escribir el nombre de fichero entre comillas para acceder a él desde la línea de comandos. En la consola de Windows pasa algo similar, aunque ahí es necesario acceder a esos ficheros usando las comillas.

Espacios2

Los programadores por ejemplo tratan de evitarlos al usar los sistemas de compilación basados en Makefiles, pero también parece haber problemas con ellos en proyectos realizados en el lenguaje Java y algunos programadores lo dejan claro: "ten miedo al usar espacios en nombres de fichero".

Es posible encontrar hasta recomendaciones contundentes de no hacerlo: la Universidad Michigan Tech tiene un documento entero explicando qué caracteres son "ilegales" (ahí es nada) en nombres de fichero, y además de algunos que ciertamente dan también algo de miedo como la arroba ('@') o el asterisco ('*') está, desde luego, el espacio en blanco.

Como explicaba otro usuario en el foro especializado de SuperUser, los espacios "pueden ser un verdadero dolor de cabeza en muchos contextos en la línea de comandos y en los scripts, donde hay que tener cuidado de asegurarse de que se muestren correctamente para que no parezcan separadores de los comandos que se están ejecutando".

Es cierto que para la mayoría de usuarios eso no será un problema: hace años que los sistemas operativos permiten usar espacios y otros muchos caracteres en los nombres de ficheros, y lo normal es que no surjan problemas de ningún tipo.

Y sin embargo ahí sigo. Juntando todas las palabras o, como mucho, usando guiones. Argh.

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Es 2021 y sigue dándome miedo usar espacios en los nombres de ficheros

Es 2021 y sigue dándome miedo usar espacios en los nombres de ficheros

Saco una captura de pantalla para un artículo como este y el tradicional cuadro de diálogo de la aplicación de capturas me pregunta cómo quiero llamar ese fichero. Normalmente uso una sola palabra descriptiva, pero ¿qué pasa cuando quiero usar dos o más? Ahí viene el problema: el de si usar o no espacios en ese nombre de fichero.

Por lo general, los evito. Es algo extraño teniendo en cuenta que estamos en 2021 y que parece que las antiguas limitaciones en cuanto a uso de caracteres en nombres de ficheros —¿recordáis cuando escribíamos en mayúsculas?— desaparecieron. Y aún así, trato de esquivar el uso de espacios en nombres de ficheros, y parece que no estoy solo.

Usar espacios en nombres de fichero no es un problema hasta que acaba siéndolo

Precisamente eso mismo mencionaba un usuario en Twitter cuyo mensaje se volvía viral. Muchos de los que contestaban a ese mensaje compartían esa sensación de "mejor no usar espacios", a pesar de que en la mayoría de situaciones eso no sería un problema.

I'm "still afraid to use spaces in file names" years old

— Id with an i (@TheIdOfAlan) November 9, 2021

El debate de usar o no espacios en nombres de ficheros viene de antiguo. Es de hecho común entre los programadores, que explican que en realidad uno puede usar cualquier carácter en nombres de ficheros. O casi, porque los únicos que no se pueden usar son el caracter "/" y el "NULL".

El caso es que aunque uno puede usar espacios, eñes o tildes (si por ejemplo escribimos en un teclado español), solemos evitar problemas por el miedo a que ciertos programas no acepten esos caracteres. En los navegadores web el espacio se reemplaza por %20 en las URLs que usamos en la barra de direcciones, pero esa conversión no suele ir más allá de ese escenario.

Bash

En Linux por ejemplo uno puede usar la cadena "\ " para representar un espacio, pero también puede escribir el nombre de fichero entre comillas para acceder a él desde la línea de comandos. En la consola de Windows pasa algo similar, aunque ahí es necesario acceder a esos ficheros usando las comillas.

Espacios2

Los programadores por ejemplo tratan de evitarlos al usar los sistemas de compilación basados en Makefiles, pero también parece haber problemas con ellos en proyectos realizados en el lenguaje Java y algunos programadores lo dejan claro: "ten miedo al usar espacios en nombres de fichero".

Es posible encontrar hasta recomendaciones contundentes de no hacerlo: la Universidad Michigan Tech tiene un documento entero explicando qué caracteres son "ilegales" (ahí es nada) en nombres de fichero, y además de algunos que ciertamente dan también algo de miedo como la arroba ('@') o el asterisco ('*') está, desde luego, el espacio en blanco.

Como explicaba otro usuario en el foro especializado de SuperUser, los espacios "pueden ser un verdadero dolor de cabeza en muchos contextos en la línea de comandos y en los scripts, donde hay que tener cuidado de asegurarse de que se muestren correctamente para que no parezcan separadores de los comandos que se están ejecutando".

Es cierto que para la mayoría de usuarios eso no será un problema: hace años que los sistemas operativos permiten usar espacios y otros muchos caracteres en los nombres de ficheros, y lo normal es que no surjan problemas de ningún tipo.

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La mayoría de NFTs no valen un duro (al menos, por ahora): lo dice la ciencia

La mayoría de NFTs no valen un duro (al menos, por ahora): lo dice la ciencia

El fenómeno de los NFTs parece conquistarlo todo. Conquista el mundo del cine, del fútbol, de los videojuegos o de internet. Su avance parece imparable, y todos los que apuestan por esta tecnología parecen tener claro que este es el futuro del arte y los activos y contenidos digitales.

Eso, claro, ha hecho que se tengan muchas expectativas sobre los NFTs para invertir y como forma de ganar potencialmente mucho dinero, pero lo cierto es que la mayoría de los NFTs no tienen apenas valor. No lo decimos nosotros, lo dice un reciente estudio científico.

Solo unos pocos elegidos ganan dinero (por ahora)

El célebre caso del artista digital Beeple es continuamente puesto como recordatorio de hacia dónde pueden ir los NFTs. Que vendiera su NFT por 69 millones de dólares en la casa de subastas Christie's fue un verdadero bombazo, pero esa fue más bien la excepción que confirma la regla.

Un estudio publicado por The Alan Turing Institute y realizado por investigadores de la universidad de Londres trató de estudiar si estos activos tienen realmente el valor que muchos les asignan.

Andrea Baronchelli, profesor asociado de matemáticas, y Matthieu Nadini, científico de datos, analizaron la venta de 4,7 millones de NFTs que se intercambiaron entre 500.000 compradores y vendedores y que representaban casi 1.000 millones de dólares en transacciones.

¿Su conclusión? La mayoría de NFTs no valen nada. Solo un 1% de todos los analizados se vendieron por más de 1.500 dólares, y el 75% se vendió por 15 dólares o menos. De hecho, explicaban "la mayoría de estos activos ni siquiera logran ser vendidos, así que ni siquiera llegaron a entrar en nuestros análisis".

Eso significa que la amplísima mayoría de NFTs ni siquiera entraban a formar parte de esos porcentajes, que serían mucho más bajos si se tuvieran en cuenta todos esos NFTs que están esperando a que alguien los compre.

Para Mauro Martino, responsable del Visual AI Lab en IBM, "la gente se gasta dinero en crear el NFT y ahí queda todo. Sería difícil sugerirle a un amigo artista que se metiera en este segmento para hacerse rico, porque muy poca gente puede lograr beneficios en este mercado".

Martino lleva también un año "mapeando la revolución NFT" en un proyecto que dio como resultado un vídeo y un artículo en la prestigiosa Nature. En su opinión, no es probable que los NFTs puedan hacerle a uno rico, pero al estudiar esta tecnología se dio cuenta de que los NFTs están aquí para quedarse

Vía | FastCompany

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La mayoría de NFTs no valen un duro (al menos, por ahora): lo dice la ciencia

El fenómeno de los NFTs parece conquistarlo todo. Conquista el mundo del cine, del fútbol, de los videojuegos o de internet. Su avance parece imparable, y todos los que apuestan por esta tecnología parecen tener claro que este es el futuro del arte y los activos y contenidos digitales.

Eso, claro, ha hecho que se tengan muchas expectativas sobre los NFTs para invertir y como forma de ganar potencialmente mucho dinero, pero lo cierto es que la mayoría de los NFTs no tienen apenas valor. No lo decimos nosotros, lo dice un reciente estudio científico.

Solo unos pocos elegidos ganan dinero (por ahora)

El célebre caso del artista digital Beeple es continuamente puesto como recordatorio de hacia dónde pueden ir los NFTs. Que vendiera su NFT por 69 millones de dólares en la casa de subastas Christie's fue un verdadero bombazo, pero esa fue más bien la excepción que confirma la regla.

Un estudio publicado por The Alan Turing Institute y realizado por investigadores de la universidad de Londres trató de estudiar si estos activos tienen realmente el valor que muchos les asignan.

Andrea Baronchelli, profesor asociado de matemáticas, y Matthieu Nadini, científico de datos, analizaron la venta de 4,7 millones de NFTs que se intercambiaron entre 500.000 compradores y vendedores y que representaban casi 1.000 millones de dólares en transacciones.

¿Su conclusión? La mayoría de NFTs no valen nada. Solo un 1% de todos los analizados se vendieron por más de 1.500 dólares, y el 75% se vendió por 15 dólares o menos. De hecho, explicaban "la mayoría de estos activos ni siquiera logran ser vendidos, así que ni siquiera llegaron a entrar en nuestros análisis".

Eso significa que la amplísima mayoría de NFTs ni siquiera entraban a formar parte de esos porcentajes, que serían mucho más bajos si se tuvieran en cuenta todos esos NFTs que están esperando a que alguien los compre.

Para Mauro Martino, responsable del Visual AI Lab en IBM, "la gente se gasta dinero en crear el NFT y ahí queda todo. Sería difícil sugerirle a un amigo artista que se metiera en este segmento para hacerse rico, porque muy poca gente puede lograr beneficios en este mercado".

Martino lleva también un año "mapeando la revolución NFT" en un proyecto que dio como resultado un vídeo y un artículo en la prestigiosa Nature. En su opinión, no es probable que los NFTs puedan hacerle a uno rico, pero al estudiar esta tecnología se dio cuenta de que los NFTs están aquí para quedarse

Vía | FastCompany

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“Ni se os ocurra plantar millones de árboles”: por qué el proyecto del COP26 contra la deforestación puede ser un fracaso

Boris Johnson sacaba pecho. Decidido y contundente, dijo aquello de que la humanidad pasaría de ser conquistadora de la naturaleza a su guardiana. Palabras estupendas que eran respaldadas por un proyecto aparentemente notable: el de poner fin a la deforestación en el mundo en 2030.

Las buenas intenciones, no obstante, podrían quedarse en eso, porque ahora varios expertos y estudios previos parecen dejar claro que plantar millones de árboles no es tan buena idea como podría parecer a la hora de luchar contra el cambio climático.

Plantar millones de árboles (a menudo) no funciona

En noviembre de 2019 un grupo de voluntarios plantó 11 millones de árboles en Turquía. La verduzca iniciativa, llamada 'Breath for the Future' ("Aliento para el Futuro") fue apoyada por el presidente turco Tayyip Erdoğan, que afirmó que gracias a ese esfuerzo su país estaba "trabajando para fomentar una nueva y exuberante Turquía verde".

In the last week I've started to receive inquiries from people running tree planting programs wanting my help. I am suggesting that they shut down their programs. Here I will explain why:

— Forrest Fleischman (@ForrestFleisch1) October 1, 2021

Tres meses después, el 90% de los retoños habían muerto. Se plantaron en el momento equivocado y no llovió lo suficiente para hacer que subsistiesen. La campaña fue un absoluto fracaso.

Es precisamente algo de lo que también avisaba Forrest Fleishman, un experto en plantación masiva de árboles al que le pedían consejo desde distintas agencias. Él les recomendaba a todos lo mismo: ni se os ocurra.

En un hilo en Twitter, este experto contaba cómo había publicado un estudio en Nature (PDF) con un grupo de investigadores en el que detallaban los resultados de varios proyectos de reforestación a largo plazo que se llevaron a cabo en India.

Como explicaban en Vox, en aquel estudio los autores revelaron que "no había evidencias" de que esa reforestación ofreciera ventajas sustanciales para el clima. Aquella publicación era en realidad la continuación de otro estudio previo que también analizaba los errores comunes de los programas de reforestación.

La reforestación masiva se está convirtiendo de hecho en un gran mito. La revista Science publicó un comentario conjunto en el que varios expertos refutaban las conclusiones de estudios que parecían prometer que la reforestación masiva era una estrategia adecuada para luchar contra el cambio climático.

Así lo afirmaron Jean-Francois Bastin y otros investigadores en un estudio publicado en 2019, pero según esos otros expertos, la cantidad de dióxido de carbono que se podría capturar con esos planes de reforestación había sido exagerada, y era cinco veces menor de lo que Bastin y sus colegas afirmaban.

Fleischman lo explicaba indicando que entre las promesas de algunos estudios se revelaba que al plantar más árboles se incrementaba la cantidad de oxígeno en la atmósfera, algo que no es cierto. "Aunque el oxígeno circula a través de los árboles, los árboles y los bosques no son realmente una fuente neta de oxígeno (porque su descomposición utiliza la misma cantidad de oxígeno que crean) y, de todos modos, el planeta no corre el riesgo de quedarse sin oxígeno".

Los ejemplos de los fracasos de esos planes de reforestación son numerosos. En México se invirtieron 3.400 millones de dólares en una campaña de reforestación llamada 'Sembrando Vida' en 2018, pero ese esfuerzo causó justo lo contrario: acabaron impulsando la deforestación.

Un estudio posterior mostró que se habían perdido 73.000 hectáreas de bosque, algo insólito para un esfuerzo que prometía justamente resultados contrarios. El gobierno estaba pagando a los granjeros para reforestar, pero para hacerlo acababan deforestando primero para conseguir leña, por ejemplo, o recortando el terreno que antes usaba el ganado.

Algo similar sucedió en Pakistán, donde una gran iniciativa de reforestación que se inició en 2014, llamada 'Billion Tree Tsunami', acabó erosionando la cultura y vida de un grupo nómada llamado Gujjars. Ha habido más casos similares en China o Brasil, donde según un estudio reciente se ha producido una degradación de sus inmensas praderas por estos esfuerzos.

Más que plantar, hay que hacerlos crecer

Este experto apuntaba además a cuatro grandes problemas que van contra esa idea de que la reforestación permite compensar las emisiones de carbono:

  1. El cambio de uso del suelo es ya una fuente importante de emisiones de carbono. La mejor manera de considerar que los bosques absorben nuevo carbono es pensar en ello como una compensación de las emisiones de carbono perdidas por la destrucción de los bosques en el pasado.
  2. No hay suficiente espacio en el planeta para que los ecosistemas naturales absorban más que una pequeña parte de las emisiones de los combustibles fósiles.
  3. Los árboles plantados hoy absorberán el carbono en el futuro. Sus emisiones de hoy empiezan a calentar el planeta hoy.
  4. Los proyectos de plantación de árboles suelen fracasar, por lo que si se plantan árboles en lugar de reducir las emisiones, es posible que en realidad no se esté haciendo nada.

De hecho, Fleischman indicaba que si el objetivo era absorber emisiones, un pequeño grupo de árboles de gran tamaño podía absorber más emisiones que un gran grupo de pequeños árboles. Hay otros factores a tener en cuenta, como su sostenibilidad a largo plazo y si la gente que vive cerca de esos nuevos bosques se beneficiará de ellos o tendrá que tomar decisiones en caso de que haya problemas con ellos.

Fleischman concluía diciendo que aunque "plantar árboles es maravilloso", este tipo de iniciativas no son adecuadas. "Las intervenciones clave a menudo no son siquiera biofísicas", comentaba, añadiendo que "lo que estamos haciendo ahora parece en el mejor de los casos un desperdicio de tiempo y dinero, y en el peor un lavado verde de cara".

Los expertos indican que estos planes de reforestación deben tener en cuenta que los retoños son muy vulnerables, y en estos proyectos un 25% de ellos acaba muriendo. Además, como decía Fleischman, esa absorción de CO2 tarda en producirse: hasta que no pasan 20 o 30 años no lo hacen de forma significativa.

Científicos climáticos como Lalisa Duguma indican que la clave no está en plantar árboles, sino en lograr que crezcan. Karen Holl, profesora de estudios medioambientales en la Universidad de California en Santa Cruz, supervisó el programa del World Economic Forum (WEF) llamado 'Trillion Trees Program', y también se sorprendió por la poca visión del proyecto.

De hecho se mostró "impactada" porque muchas de las propuestas solo pedían dos años o menos de monitorización. "No es el tiempo necesario que nos llevará conseguir las ventajas de esta biodiversidad que queremos".

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Datos eternos: este “disco 5D” almacena 500 TB y se estima que es capaz de resistir 13.800 millones de años sin degradarse

Datos eternos: este

No es un disco como tal, pero el singular paralelepípedo de sílice creado por la empresa Optica tiene el tamaño aproximado de un Blu-ray, pero logra almacenar 500 TB, o lo que es lo mismo, 10.000 veces más datos que esos discos ópticos.

Ya había habido avances en el llamado almacenamiento "5D", pero ahora se han logrado velocidades de escritura razonables y estamos ante una potencial alternativa para almacenar grandes cantidades a larguísimo plazo: estos "discos 5D" son capaces de resistir 1.000 °C de temperatura y de aguantar 13.800 millones de años sin degradarse si están a temperatura ambiente.

Datos a largo larguísimo plano

En esta tecnología óptica cada fichero se almacena en tres capas de pequeños puntos de un tamaño en la escala de los nanómetros. La posición, tamaño y orientación de cada punto es parte de su forma de almacenar los datos, y cada uno de ellos cambia la polarización de la luz que viaja a través del disco: la lectura de datos consiste en un microscopio y un polarizador que realizan esa tarea.

Aunque este tipo de sistema de almacenamiento lleva tiempo en desarrollo, había una limitación importante: las velocidades de escritura a la hora de almacenar esos datos eran tremendamente lentas, lo que hacía que este medio de almacenamiento fuera muy poco práctico.

Sin embargo los investigadores de Optica han utilizado un láser que opera en la escala de los femtosegundos y que en lugar de escribir directamente en el cristal del disco aprovecha un fenómeno físico que crea estructuras diminutas usando pulso de luz, y que mejora anteriores intentos de mejorar la velocidad de escritura.

Con esta técnica el equipo de Optica fue capaz de almacenar 5 GB de datos de texto en un disco de sílice que tenía el tamaño de un CD convencional, y la precisión de la operación fue casi del 100%. Según sus estimaciones, la densidad de escritura de este método permitiría almacenar unos 500 TB de datos, y la velocidad de escritura rondaría los 230 KB/s.

No es que sea una velocidad espectacular —un disco duro convencional ronda los 80-100 MB/s— pero esta tecnología tiene una ventaja fundamental: es una alternativa estupenda para almacenar datos durante no años, sino millones de años.

Vía | Engadget

Más información | Optica

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