Al smartphone se le pone cara de lavadora: la madurez del mercado erosiona sus ventas
Hubo un tiempo en el que los smartphones nos tenían -aún más- fascinados. Lo suficiente como para pasar por caja cada poco tiempo para renovar el nuestro, aunque todavía funcionase bien. El margen de mejora era tan grande que cada nueva generación suponía avances muy grandes en su cámara, en la calidad de su pantalla o en la capacidad de su procesador.
El paso de los años ha supuesto cierta madurez, tanto en los dispositivos, que cada vez tienen más complicado ofrecer una gran mejoría respecto a sus generaciones anteriores, como en el propio mercado, que poco a poco se va bajando de la carrera de renovar su teléfono cada poco para, bueno, aumentar su vida útil.





