Una de las grandes revoluciones alimenticias del siglo XXI es una almohadilla

Una de las grandes revoluciones alimenticias del siglo XXI es una almohadilla

¿Hay algo más trivial y anodino que la almohadilla blanca que hay en las bandejas de carne del supermercado? Aparentemente no, la verdad. Pero la apariencia engañan. 

Y es que, bajo esa pinta gris y aburrida, se esconde algo mucho más grande y complejo de lo que pensamos: una batalla más de la guerra tecnológica entre el ser humano y la naturaleza. Pero vayamos por orden:

¿Qué son esas almohadillas? Se trata, básicamente, de un empapador de celulosa con una pequeña película de plástico alimentario. Como no recuerdan nuestros compañeros de DAP, no son comestibles y, en caso de que se hayan cocinado con la carne, lo recomendable es no comerlas). 

Por lo demás, no esconden ningún misterio y en las webs de los distintos supermercados se explica. No obstante, bajo esa aparencia trivial y anodina

¿Para qué sirven? Las almohadillas tienen dos funciones básicas: la primera es absorber la mayor cantidad del líquido que sale de estos productos semiprocesados. Tanto la carne como el pescado exudan líquido, lo queramos o no; no obstante, está muy estudiado el hecho de que, si los productos tienen líquido, se venden menos. La estética aquí es muy importante: da la sensación de ser menos frescos y estar en peores condiciones. La almohadilla soluciona eso.

La segunda función, muy relacionada con la primera, es que limitando la cantidad de líquido se reduce también la proliferación bacteriana y, como consecuencia, la carne (o el pescado) no solo son más seguros, sino que aguantan más tiempo en mejores condiciones. Es aquí, para sorpresa de muchos, donde está la clave de la almohadilla.

Un proceso larguísimo por vencer a la naturaleza.  Y es que, aunque parezca un detalle nimio y sin importancia, la almohadilla de celulosa fue uno de los primeros pasos hacia el sueño de toda cadena de distribución: convertir un "negocio de frescos" cuya "principal característica de la sección de frescos es que hay que descartar la mercancía que se estropea" (y, por tanto, las pérdidas son considerables) en un "negocio de secos" (cuya gestión es mucho más sencilla).

¿Negocio de secos? El mejor ejemplo de esto es Mercadona. Durante años, el gigante valenciano se obstinó en gestionar el "negocio de frescos como un negocio de secos". Y las consecuencias fueron claras: “la participación de Mercadona en productos frescos -verduras, fruta, pescado, etc.- es la mitad que la que tiene en alimentos secos. Es decir, si vende un 40% de la alimentación envasada en España, sólo vende el 20% de la alimentación fresca”.

Finalmente, se vio obligada a asumir que son dos secciones bien diferenciadas. No solo por las pautas de consumo de los ciudadanos, sino también por las características de los productos. Sin embargo, la lucha por conseguir eliminar ese problema sigue más viva que nunca.

Al final,  las cadenas de suministro trabajan sobre la reposición de "existencias según el historial de ventas de años anteriores" (en muchas, además, se tienen en cuenta modelos meteorológicos complejos para ajustar la demanda previsible): la capacidad de maniobra es muy limitada y, esto se traduce en una obsesión por agotar existencias (aunque sea a costa de ir reduciendo los precios a lo largo de la jornada). Producto que no se vende, se acaba tirando aunque la fecha de consumo preferente no sea cercana.

Lo que ocultaba la carne de mentira. De hecho, pese a que suelen ensalzarse discursos sobre el veganismo o una supuesta sostenibilidad, el principal beneficio de la 'carne de mentira' para las cadenas de distribución es el de convertir en un "negocio de secos" (ultraprocesados que se conservan mucho mejor de lo que podríamos soñar) el negocio de la carne y el pescado.

Es algo que está costando, claro. La tecnología no está a punto y, tras un primer boom en los últimos años, el consumo de este tipo de productos cayó en picado. Pero una vez que vemos la jugada completa (la culminación del proceso que empezó con la almohadilla de celulosa), haríamos mal dándola por muerta.

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Imagen | Mary Winchester

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La ciencia ha averiguado al fin cómo pierden el rabo las lagartijas. Y nos puede ser de gran ayuda

La ciencia ha averiguado al fin cómo pierden el rabo las lagartijas. Y nos puede ser de gran ayuda

Arañas que sacrifican sus patas; cangrejos que se deshacen de sus pinzas; o babosas que se “autodecapitan” para liberarse de los parásitos: la autoamputación es una práctica siniestramente popular en el mundo animal cuando la cosa se pone complicada. Sin embargo, la reina absoluta de este tipo de prácticas es la lagartija. Su habilidad para soltar la cola (aún en movimiento) y despistar a los depredadores es legendaria, pero hasta ahora no sabíamos muy bien cómo funcionaba.


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Finalmente, la DANA que esperaban los metereólogos ya está aquí. Y podemos calificarla como un bluf

Finalmente, la DANA que esperaban los metereólogos ya está aquí. Y podemos calificarla como un bluf

En los últimos días, los expertos no han parado de hablar de una posible DANA que, descolgándose por el oeste, podía dejar lluvias en el sur de la Península y el litoral mediterráneo.

Pues bien: esa posibilidad se acaba de desvanecer en el horizonte. Finalmente, solo afectará a Canarias (y es posible caigan algunas gotas en Baleares). Mientras tanto, España sigue estancada. Y mucho.

“La montaña rusa térmica”. Efectivamente, como veníamos avisando, abril ha venido de la mano de una importante bajada de temperaturas que ha ayudado a “normalizar” la situación.

Veníamos de unas semanas en las que las temperaturas (y el clima en general) estaban en valores muy parecidos a los normales para finales de mayo y principios de junio. Después del fin de semana, esa situación tan anómala ha cambiado. No sólo se ha recuperado la temperatura primaveral en muchas zonas, hay muchas zonas del país que están sufriendo heladas por la noche.

Un ‘constipado’ meteorológico. Eso es lo que parece, sí; que España ha cogido frío y ya se le está pasando. En los próximos días, las temperaturas van a subir hasta superar los 20 grados en todo el país (los 30 grados en el suroeste) empujadas por un viejo conocido: el horno ibérico.

¿Vuelve el ‘horno ibérico’? En condiciones de estabilidad atmosférica, falta de nubosidad y falta de viento, el alto número de horas de sol calienta el aire encajonado provocando que las temperaturas se disparen.

Es cierto que todo parece indicar que la península va a tener “escapes” que suavicen las temperaturas. Sobre todo, en la cornisa cantábrica y el Pirineo se espera cierta inestabilidad en los próximos días (con alguna nevada por encima de los 1.000 metros). Sin embargo, en muchas zonas del país, la situación pinta complicada.

¿Quién me ha robado el mes de abril? Y es que los modelos predictivos empiezan a dibujar una cosa clara: todo el territorio español va a tener temperaturas más cálidas de lo normal. Y, solo en Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Almería se espera que llueva ‘ligeramente’ más de lo normal.

Para que nos hagamos una idea: se espera que toda la zona del noroeste tenga menos lluvias de lo habitual y el resto de la península se enmarque dentro de la normalidad. Esto, con los embalses del sur en una situación crítica, no es una buena noticia.

Habrá que seguir esperando a que las previsiones de AEMET se cumplan, pero la esperanza se agota al mismo ritmo que el agua embalsada.

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Hay gente diciendo que el sabor a vainilla se hace a partir del culo del castor. Pues bien: es un poco más complicado

Hay gente diciendo que el sabor a vainilla se hace a partir del culo del castor. Pues bien: es un poco más complicado

"Sí: has comido vainilla hecha a partir del ano de un castor". Lo he visto centenares de veces en redes sociales y páginas webs, pero estoy casi seguro que ese artículo de RTVE es el que va más al grano. El titular lo tiene todo: Vainilla, anos, castores y, en fin, comida.

El único problema es que hay muchísimas papeletas de que sea mentira. Pero empecemos por el principio.

¿Qué tiene que ver el ano del castor con la vainilla? Con las vainas de vainilla, nada de nada. Sin embargo, si nos referimos al "sabor a vainilla"... la cosa cambia. Según explicaba en la revista Vice la historiadora del sabor Nadia Berenstein, durante los años 60 y 70 los fabricantes de alimentos norteamericanos empezaron a usar cantidades muy pequeñas de castóreo para mejorar los sabores artificiales de vainilla, fresa y frambuesa.

Esa es la conexión: el castóreo es una sustancia oleosa que segregan los castores con unas glándulas cercanas situadas entre el ano y la cola. Los castores lo usan para acicalarse el pelo, pero desde tiempos inmemoriales (por su  aroma dulce, y a veces almizclado) ha sido usado como una sustancia de perfumería, medicina y alimentación.

O sea, que es verdad. Digamos, por el momento, que no es mentira. Y, de hecho, hoy en día la FDA norteamericana sigue aceptando la sustancia como aditivo alimentario. No obstante, lo cierto es que rápidamente esos mismos fabricantes norteamericanos se dieron cuenta de que el uso del castóreo era un enorme cuello de botella.

No hay castores para tanta vainilla. Bueno, para empezar, no hay vainilla para tanta vainilla. Ya en los años 60 los productores se dieron cuenta de que la demanda de cosas con sabor a vainilla iba a comerse la producción mundial de vainas de vainilla. Por ello, se pusieron a desarrollar formas de generar artificialmente ese sabor (como con la fresa y la frambuesa).

La historia es sencilla: como ocurre con los medicamentos, a nivel industrial siempre es mejor tener un compuesto estandarizado (y de fabricación sencilla). El sabor de las plantas depende de muchísimos factores ambientales y depende de ellas suele resultar una mala idea.

Durante los 60 y 70 muchos fabricantes de sabor de vainilla recurrieron al castóreo como forma de redondear sus saborizantes, pero se encontraron con el mismo problema. No había un circuito comercial a gran escala de "anos de castor". de hecho, ya para esa época las granjas de castores que habían gozado de buena salud hasta la primera mitad del siglo estaban de capa caída. La piel sintética había mandado a estos ganaderos a la ruina.

"¿Qué hacemos?", se preguntaron los fabricantes. Sustituir la vainilla y sustituir los castores. La clave era encontrar una forma de producir vainillina (el compuesto clave en el sabor). Y lo consiguieron, vaya si lo consiguieron. Hoy por hoy, menos del 0,3 % de la vainillina utilizada para dar sabor a los alimentos en realidad proviene naturalmente de las vainas de vainilla. Y, por supuesto, prácticamente ningún sabor a vainilla viene del ano del castor.

Por lo que sabemos, la inmensa mayor parte de la vainillina actual se sintetiza a partir del guayacol, un compuesto natural que puede sacarse de los guayacos, de las langostas del desierto y del procesamiento del carbón de hulla. Es decir, en sitios muy raros, sí, pero lamentablemente no en el culo de un castor.

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Imagen | Tim Umphreys

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En busca de la “cena saludable perfecta”: lo que dice la ciencia

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España cena tarde y, normalmente, mal. Lo primero, al contrario de lo que podríamos creer, no es una cosa moderna. Ya en el siglo XIX los españoles de a pie comían tarde (poco antes de las 16:00) y cenaban justo antes de acostarse (sobre las 10 de la noche).

Eso era una pesadilla para los turistas europeos, pero también de cualquiera que quisiera mantener una dieta saludable y equilibrada. Porque, sí. Los desbarajustes alimenticios a la hora de la cena tienen mucho que ver con nuestras particularidades horarias y con algunas cuestiones más.

Por suerte, la ciencia tiene algo que decir.

"De grandes cenas, están las tumbas llenas". Eso dice el refranero popular y, aunque es una máxima de aplicación universal, los horarios españoles hacen que en nuestro país sea extremadamente certera. No es lo mismo cenar a las 18:00 que a las 21:00. Y esas tres horas tienen un impacto significativo no solo en la cantidad, sino también en la composición.

En cuanto a la cantidad, porque la digestión es un proceso complejo y costoso a nivel metabólico. No es que darse atracones sea algo recomendable a otras horas; pero comer mucho durante la cena (incluso si se trata de una comida equilibrada y nutritiva) hace que el sueño tenga más trabajo digestivo y hará queel sueño sea menos reparador.

Además, como dormir consume poca energía: las calorías excedentes no se quemarán. De hecho, tenderán a almacenarse en el organismo. En este sentido, lo recomendable es que la cena no aporte más que un 20% de las calorías del día.

¿Qué comemos para que la cena sea saludable? Este es el otro gran tema. Sobre todo, porque como en cualquier comida, lo recomendable es que la cena tenga hidratos, proteínas y grasas. Eso sí, siempre es mejor aumentar la cantidad de proteínas y reducir la de hidratos de carbono y grasas.

Pero la cosa no queda ahí. Se recomienda, por ejemplo, que las proteínas seande calidad, sí; pero magras. Es decir, cosas como la pechuga de pollo sin piel, el pescado, el queso fresco u otro tipo de lácteos y, por supuesto, la clara de huevo.

Mientras que con las grasas los consejos son sencillos (pocas y de buena calidad: aceite de oliva, frutos secos, semillas, aceitunas o aguacate), con los hidratos la cosa es algo más difícil. Se recomienda que sean hidratos conbajo índice glucémico (fundamentalmente, frutas y verduras; pero también arroz integral o legumbres).

Adaptarnos a la realidad. La regla de "hidratos de bajo índice glucémico, proteínas magras y grasas buenas en cantidades moderadas" es un criterio general. Y, en este sentido, "comer bien" tiene que ver con adaptarla a cada momento.

No es lo mismo cenar después de un entrenamiento intenso (tras el que tendremos hambre y podemos añadir cosas más saciantes como las legumbres, las patatas, el maíz o el arroz integral) que justo antes de irnos a bailar (donde la cantidad de hidratos puede subir sin mayor problema).

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Imagen | Stefan Vladimirov

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Polvo, patatas y lágrimas: el “hormigón cósmico” con el que unos científicos quieren colonizar Marte

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Seamos claros: querer construir una base permanente en la Luna o Marte sin hormigón es un sinsentido. Querer construirla con hormigón es un enorme problema tecnológico, económico y de ingeniería. Es decir, a medida que crece la inversión en la economía lunar y las misiones a Marte se van desarrollando, el asunto del hormigón se vuelve central.

Pero hablamos poco de él.

No podemos colonizar el espacio llevando el cemento con nosotros. No sólo sería algo carísimo, sino muy problemático. 40.000 millones de toneladas de materiales "en crudo" se come la construcción hoy por hoy. 40.000 millones. La idea de usar la Tierra como "mina" de todo el sistema solar (para así poder procesar fácilmente el cemento) es casi ridícula.

Así que solo queda una opción.

¿Cómo hacer hormigón en el espacio? Desde los años ochenta, varios grupos de investigación han trabajado en cómo conseguir fabricar hormigón lejos de la Tierra (y su agua). En los últimos años, se han empezado a presentar soluciones "viables" basadas en azufre o que añaden silicio a la mezcla. Pero el que quizás sea el mayor experto en el tema está en España.

No hay que olvidar que el laboratorio de la Universidad Politécnica de Catalunya coordinado por Ignasi Casanova lleva décadas trabajando en cómo hacer hormigón en la Luna y, de hecho, la Agencia Espacial Europea ha trabajado directamente con el equipo de cara a construir la primera base lunar (y para identificar y evaluar los recursos naturales disponibles en la superficie).

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Imagen | Aled D. Roberts y Nigel S. Scrutton

Polvo, patatas y lágrimas. Sin embargo, lo que me lleva hoy a hablar del "hormigón cósmico" es la curiosa fórmula que acaba de presentar la gente del Future Biomanufacturing Research Hub. Según sus primeras estimaciones, han encontrado una solución casi el doble de resistente que el tradicional (capaz de soportar 72 megapascales frente a los 32 habituales). Pero eso no es lo más curioso.

Lo curioso es la receta: una mezcla de regolito marciano (el "polvo planetario"), almidón de patata y sal. Se trata de un proceso que trata de integrar el cultivo de alimentos como la patata y la fabricación de materiales (en entornos con muy poca agua). La sal, por cierto, se extraería de las lágrimas de los colonos.

Parece una 'marcianada', pero este mismo equipo nos tiene acostumbrados a cosas mucho peores. No en vano, hace un par de años estudiaron como compactar el regolito marciano a base de sangre, excrementos y, sí, lágrimas. Su nueva idea parece, al menos, algo más razonable.

Aunque no sé si viable, la verdad. Porque pasa el tiempo y la principal cuestión sigue sin poder responderse. Desde hace unos pocos años sabemos que se puede mezclar hormigón en el espacio (se hizo en la estación Espacial Internacional), pero el resultado es muy distinto al terrestre. Su estructura es muy distinta a la terrestre.

Y es que una de las grandes tareas pendientes es saber qué pasa con el hormigón en condiciones de microgravedad. En la ISS, se hicieron burbujas y aún no tenemos claro cómo compromete eso la integridad del material. Hasta que no sepamos qué pasaría en Marte, será mejor que los colonos contengan las lágrimas y se coman las patatas fritas.

En Xataka | Construir una base permanente en la Luna está de moda, es una pena que no sepamos cómo construirla

Imagen | The Martian

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Creíamos que nadie conocía el acero en Europa hasta que lo introdujeron las tropas romanas. No contábamos con Badajoz

Creíamos que nadie conocía el acero en Europa hasta que lo introdujeron las tropas romanas. No contábamos con Badajoz

Hasta ahora, la historia era así. Cuando las tropas invadieron Europa entre el 200 a. C. y el 14 d. C, se encontraron con un continente sin acero. Muchas zonas manejaban el hierro, sí; pero era un hierro rudimentario, débil y lleno de problemas.

Hasta ahora. Porque la historia ha cambiado.

El misterio de las piedras talladas. Lo curioso es que la historia ha cambiado casi por accidente. En los últimos años, el equipo de Ralph Araque Gonzalez, de la University of Freiburg, ha trabajado para descubrir qué tipo de herramientas se utilizaban para fabricar las estelas de piedra de la Península Ibérica.

Y es que durante la Edad del Bronce Final (del 1200 al 800 a. C.) y la Edad del Hierro Temprana (del 800 al 600 a. C.), la Península Ibérica se llenó de intrincadísimas tallas de piedra con figuras antropomórficas, animales o imágenes de armas.

La arqueología experimental. El problema es que investigar sobre las herramientas que se usaron para tallar piedras es algo bastante complejo. De hecho, Araque Gonzalez es arqueólogo experimental: es decir, trata de rellenar los huecos de la historia material reconstruyendo las situaciones históricas y tecnológicas.

En este caso, analizaron petrológicamente la composición de las estelas (la mayoría de las cuales se descubrieron en la Sierra de la Moraleja, en Badajoz) para descubrir que se trataba de unas piedras extremadamente duras. Muy duras. Demasiado duras. Probaron herramientas de bronce, de cuarcita y de hierro, pero los resultados no eran buenos.

El cincel de Rocha do Vigio. Hasta que se encontraron un cincel compuesto por un 30% de ferrita y un 70% de perlita. Un cincel que, al replicarlo, sí permitió hacer unas inscripciones idénticas en una roca muy similar.

El yacimiento de Rocha do Vigio, en el Alentejo portugués, no dejaba lugar a dudas. Al contrario, el lugar mostraba "que la metalurgia del hierro, incluida la producción y el templado del acero, probablemente fueron desarrollos indígenas de pequeñas comunidades centralizadas en Iberia, y no debido a la influencia de procesos de colonización posteriores”.

Es decir, todo parece indicar que los pueblos ibéricos manejaban el acero (y su templado) 700 años antes de la llegada de las tropas romanas. Roma 0 - Badajoz 1

En Xataka | Paradójicamente, casi todo lo que ocurre en Juego de Tronos tiene explicación científica

Imagen | Museo Arqueológico de Badajoz

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Un agujero donde caben 30 planetas y vientos a 600 kilómetros por segundo: la tormenta solar que nos acaba de impactar

Un agujero donde caben 30 planetas y vientos a 600 kilómetros por segundo: la tormenta solar que nos acaba de impactar

Esta semana, un enorme agujero ha aparecido en la corona del Sol. Concretamente en el hemisferio sur. Y cuando digo enorme, es enorme. Se calcula que ronda los 300.000 o 400.000 km de ancho. Es decir, tiene espacio suficiente para meter tres decenas de Tierras como la nuestra.

Pues bien, ese agujero tiene consecuencias.

Bienvenidos al ciclo solar 25. Un ciclo caracterizado por una más que considerable actividad de manchas y erupciones solares. Pero el agujero actual se ha llevado la palma y ha provocado una tormenta solar que, por lo que dicen las últimas observaciones, ya está entre nosotros.

Pese a que los pronósticos del Centro de Predicción de Clima Espacial hablaban de una tormenta geomagnética G3 (fuerte), la NOAA explicaba que, aunque durante las últimas horas del 23 de marzo podría darse una tormenta solar de nivel G1, el viernes 24 sería de nivel G2.  Sea como sea, sus efectos comenzaron ayer y se extenderán al menos hasta el día 26.

¿Consecuencias? Sí, aunque no muy graves. Hablamos de variaciones de voltaje en la red eléctrica y dealteraciones intermitentes en el Sistema GPS. Además, habrá que monitorizar todos los satélitesen la órbita terrestre baja porque podrían cambiar ligeramente su movimiento, velocidad y trayectoria.

Auroras, muchas auroras. Si bien no está previsto que suframos mucho las consecuencias de esta tormenta, la perturbación del campo magnético del planeta ya ha dejado un reguero de espectaculares auroras boreales en países como Canadá, Alaska, Rusia, Noruega, Groenlandia o Escocia.

Más allá de las auroras y los problemas. La llegada de otra tormenta geomagnética esconde una buena noticia y una mala. La buena es que nuestros sistemas funcionan. La mala es que nos recuerda que no estamos listos para la próxima gran tormenta.

En 2008, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó un informe estudiando qué pasaría si una tormenta como la de septiembre de 1859 (el evento Carrington) ocurriera hoy en día. Las conclusiones fueron devastadoras: un evento de ese tipo produciría una interrupción sin precedentes en el metabolismo social, político y económico del mundo. Mucho mayor a la de la pandemia.

Los satélites, las redes eléctricas y los dispositivos electrónicos se quedarían fuera de juego. Y con ellos, las redes logísticas de alimentación y suministros se vendrían abajo. Los daños totales, en el mejor de los casos, se estiman entre uno y dos billones de euros. En el mejor de los casos.

Seguimos sin estar preparados. El problema es que no hemos avanzado mucho desde entonces. Lo hemos intentado, pero los resultados han sido desiguales. Tanto que, como decía la Comisión Europea, la «injustificable ausencia, todavía hoy, de planes de emergencia» ante tormentas solares no tiene ningún sentido. Valga esta tormenta para no perderlo de vista.

En Xataka | Aún no estamos preparados para la próxima gran tormenta solar y deberíamos empezar a tomárnoslo en serio

Imagen | NASA

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Los prospectos de medicamentos deben morir: Europa se ha empeñado en convertirlos en códigos QR por un buen motivo

Los prospectos de medicamentos deben morir: Europa se ha empeñado en convertirlos en códigos QR por un buen motivo

No es algo muy conocido, pero durante el otoño de 2022 (justo cuando la escasez de algunos medicamentos se hacía más patente) muchas farmacéuticas tenían bloqueados lotes eneros de pastillas, sobres e inyectables porque no tenían papel para imprimir los prospectos.

Es solo una anécdota, pero llegó en un momento clave: cuando la Unión Europea trabaja en la legislación que va a permitir convertir el prospecto impreso en un código QR.

¿Por qué matar el prospecto? Sobre el papel, las ventajas son muchas. Más allá de resolver problemas como los del otoño pasado, simplificar la cadena de suministro o ahorrar papel (y dinero), el argumento más importante es que digitalizar la información sobre los fármacos permite modificarla de manera inmediata.

Y eso, en un momento en que las alertas sanitarias están (demasiado) a la orden del día, puede ser un elemento muy interesante para mejorar la seguridad de toda la población. De hecho, siempre según os informes de la Comisión Europea, todas las partes que participan en la negociación están de acuerdo con que es un paso que hay que dar. Algo que solo puede indicar que en la negociación faltan grupos.

No todo son ventajas. Y la más evidente es que esta medida corre el riesgo de hacer menos accesible esa información para aquellos que tienen menos habilidades para manejarse en entornos digitales. Gente que, por lo general, también tiene una menor alfabetización sanitaria.

De hecho, el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos lleva tiempo pidiendo que no se avance demasiado rápidamente en esta línea y que, en todo caso, se simultanee el papel con el online. Y las organizaciones de consumidores no lo ven nada claro.

¿Y cómo lo hacemos? Poco a poco. En este sentido, la nueva regulación parece que va a permitir que los estados miembros apliquen la norma como crean conveniente, atendiendo, sobre todo, al nivel de digitalización de cada una de sus sociedades.

Esto significa, por ejemplo, que se podría retirar los prospectos de los medicamentos de uso hospitalario (donde el personal sanitario no tendría dificultades para acceder a la información) mientras se dejan los de ventas en farmacias.

En España ya se hace. Hace un año, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) puso en marcha ya un proyecto piloto para ver qué resultados daba la retirada del prospecto en hospitales. Aún no hay datos oficiales, pero las informaciones que hay apuntan a que está funcionando muy bien.

Aunque queda mucho. No obstante, queda mucha tela que cortar. Por el proceso legislativo europeo, aún quedarán años hasta que la futura directiva se traslade a los estados miembros y la industria espera que el avance de las nuevas tecnologías allane el camino.

En el fondo, estamos ante una de las grandes cuestiones del presente: cómo introducimos la digitalización en entornos fuertemente regulados sin dejar atrás a los más vulnerables. Una pregunta para la que aún no tenemos buenas respuestas.

En Xataka | Lo que el medicamento más caro del mundo nos dice sobre el futuro de la industria farmacéutica

Imagen | FDA

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“Si no llueve en los próximos dos meses, las consecuencias serán catastróficas”: España, la sequía y una primavera crítica

Llevamos casi una década inmersos en una sequía tan generalizada que ha llegado a convertirse en algo "normal". Pero no, no lo es. De hecho, los últimos cuatro años han sido muy duros y la extraña sucesión de olas de calor y falta de lluvias de 2022 ha acabado por agotar a unos ecosistemas muy tocados. Lo que empieza a preocupar a los expertos es que los próximos 60 días pueden acabar por hundirlos.

Dos meses clave. A los enormes problemas del aceite de oliva (que han provocado precios altísimos en los últimos meses), les están siguiendo una larga sucesión de crisis en casi cada ámbito agrícola.

El último ejemplo ha sido el jamón ibérico. Y es que la sequía ha provocado tal escasez de bellotas que si sumamos las cuatro denominaciones de origen de la península, comprobamos que se han reducido en un 12,6% el número de animales sacrificados. En consecuencia, se espera un alza más que considerable en el precio.

El problema del agua. Para entender el problema, el caso andaluz es muy claro. La comunidad autónoma tiene capacidad para acumular 11.971 hm3 de agua en sus pantanos. A estas alturas de año lo normal (es decir, la media de los últimos 10 años) era tener en torno al 60% de esa agua. A día de hoy, en cambio, hay solo un 29,84% (3.572 hm3). Las reservas están, de hecho, peor que el año pasado.

No estamos solos. Mientras la Unión Europea avisa de que el continente va camino de meterse en una de las sequías más grandes y persistentes de los últimos años, los datos de Copernicus señalan que el norte de África va a sufrir mucho también y las consecuencias sobre la producción de alimentos van a ser considerables.

No es un consuelo, pero sí nos recuerda algo sobre lo que llevamos hablando mucho tiempo:  el agua se va a convertir en un recurso fundamental y (en la medida en que su escasez tiene consecuencias directas a lo largo de toda la economía) es buena idea ponerse manos a la obra y crear planes de contingencia.

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¿Qué dice la Agencia Estatal de Meteorología? En principio, AEMET tenía buenas noticias: los modelos a largo plazo señalaban que había un 75% de probabilidades de que abril y mayo sean más húmedos de la media. Eso sería una excelente noticia. Pero, incluso en caso de que el pronóstico se cumpla, no significa nada.

Como ocurrió el año pasado, una ola de calor en un mal momento podría tumbar completamente la producción de aceite de oliva o de cualquier producto agrícola. Y eso, en un contexto como el actual, solo significa una cosa: subidas de precios, subidas de precios y subidas de precios. Es el momento de esperar la lluvia como agua de mayo.

En Xataka | España no va a dejar de arder: así se han quemado 200.000  hectáreas y 2022 se ha convertido en la peor campaña de incendios  forestales del siglo

Imagen | Ángela Bellido

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