Los últimos fareros que trabajan en las costas de España
En sus ratos libres Mario Sanz escribe versos y relatos y bucea en viejos cuadernos a la caza de historias. En la decisión que le llevó hace cerca de tres décadas a cambiar el bar de copas que regentaba en Vallecas por el faro de Mesa Roldán, una torre encaramada a un acantilado de 220 metros de la costa almeriense, hay sin embargo muy poco de poético. La mudanza, explica, cuajó en gran medida por una broma improvisada entre cafés y magdalenas con su mujer, Amalia.
“Fue casualidad. Yo tenía un bar en Madrid y me iba muy bien. Era la época de La Movida, en los años 80. Mi mujer quería ir a la costa y a menudo hablábamos del tema. Un día lo estábamos comentando mientras yo leía el periódico y vi el anuncio de una academia que preparaba las oposiciones para farero. De broma le dije: ‘Me voy a apuntar y como tenga suerte te vas a cansar de costa’. Y algo así, tan tonto, me hizo aprobar la oposición y verme frente al mar”, explica.




