China ha creado la cometa más grande del mundo con un objetivo muy claro: abaratar a lo bestia su energía

China ha creado la cometa más grande del mundo con un objetivo muy claro: abaratar a lo bestia su energía

Al amanecer, en el desierto de Alxa, en la región china de Mongolia Interior, una enorme estructura blanca comenzó a elevarse sobre el horizonte. No era un globo ni un experimento meteorológico: era una cometa de 5.000 metros cuadrados, diseñada para generar electricidad a cientos de metros de altura.

Nada de aspas. El pasado miércoles tuvo lugar la prueba de lo que es el primer proyecto nacional chino dedicado a desarrollar energía eólica de gran altitud. La cometa, desarrollada por China Energy Engineering Corporation, fue elevada con globos de helio hasta unos 300 metros de altura antes de ser desplegada con éxito. Además del gigantesco modelo principal, se probaron dos cometas adicionales de 1.200 m².

Según Global Times, la prueba consistió en desplegar y retraer las cometas completamente, un paso esencial para validar su funcionamiento en condiciones reales. Durante el ensayo, los ingenieros midieron la tensión del sistema y el comportamiento aerodinámico del tejido para recopilar datos que servirán para ajustar el diseño final. Cao Lun, jefe del proyecto nacional de energía eólica de gran altitud, declaró a Xinhua —citado por SCMP— que la campaña de pruebas permitirá "optimizar la cometa y establecer las bases para desplegar el sistema completo y definir sus estándares".

Una nueva frontera energética. Los estudios del Carnegie Institution for Science estiman que los vientos de gran altitud contienen suficiente energía para abastecer la demanda global más de 100 veces. La razón es simple: en las capas altas de la atmósfera los vientos son más rápidos, más constantes y más energéticamente densos.

A esto se suma otro argumento decisivo. Según CCTV, los sistemas de cometas pueden reducir un 95% el uso de suelo, ahorrar un 90% del acero necesario en un parque eólico convencional y abaratar en torno a un 30% el coste final por kilovatio-hora. El potencial es tal que un único sistema de 10 megavatios podría alimentar más de 10.000 hogares al año, sin torres de cientos de toneladas ni cimentaciones extensivas.

¿Cómo funcionan estas cometas? La tecnología probada pertenece a la categoría de sistemas terrestres: la cometa no lleva un generador en el aire, sino que transmite su tracción mediante un cable que mueve un generador ubicado en tierra firme. El proceso sigue un mecanismo de "tiro y recolección":

  1. Globos de helio elevan la cometa hasta la altura operativa. 
  2. El tejido aerodinámico se despliega y capta vientos potentes. 
  3. La tracción tensa el cable y hace girar el generador. 
  4. Para retraerla, la cometa adopta una postura de mínima resistenica, reduciendo al mínimo el gasto energético.
  5. El ciclo vuelve a repetirse. 

Alguien se adelantó: Irlanda. Esta vez no fue China, como tantas otras veces, sino Irlanda. La empresa holandesa Kitepower probó cometas de 60 m² capaces de elevarse hasta 425 metros, generando electricidad mediante un patrón de vuelo en forma de ocho —similar al kitesurf— que maximiza la tracción. Cada cometa puede producir hasta 30 kW por hora.

No obstante, las diferencias son notables porque las cometas europeas son mucho más pequeñas que las chinas, los sistemas europeos destacan porque se pueden desplegar sin obra civil. Además, el objetivo europeo es llevar estas cometas a islas y comunidades remotas que hoy dependen del diésel. En cambio, el gigante asiático busca alimentar ciudades enteras desde las alturas.

¿El futuro de la energía está en el cielo? Si estas cometas gigantes consiguen despegar no solo en pruebas, sino en producción real, podríamos estar ante una nueva forma de generar energía renovable: ligera, barata, escalable y capaz de utilizar un recurso casi infinito.

Quizá, dentro de no mucho, los parques eólicos no se midan por la altura de sus torres, sino por el tamaño de las cometas que surcan el cielo. 

Imagen | Xinhua News

Xataka | El futuro inmediato de Airbus pasaba por el avión de hidrógeno verde. Ya no es tan seguro

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Este invierno encender la calefacción dará menos miedo. El motivo no es tan reconfortante

Este invierno encender la calefacción dará menos miedo. El motivo no es tan reconfortante

Seis de la tarde. Noche cerrada. Llegas con el frío pegado y enciendes la calefacción sin pensarlo. El radiador respira tibio y, al lado, aparece la factura del gas del invierno pasado, doblada entre papeles. Un vistazo basta para que regrese la pregunta que inaugura cada temporada de abrigo: ¿por cuánto saldrá la broma este invierno? La respuesta, después de tres inviernos duros, parece algo más amable. Pero sólo en parte. El presente ofrece un respiro, mientras bajo él sigue latiendo una contradicción energética que Europa no ha sabido resolver.

Un invierno más amable. Los analistas lo confirman: este invierno será más benévolo que los anteriores. En una entrevista con Xataka, Javier Revuelta, Senior Principal de AFRY, lo resume sin rodeos: "Tenemos un gas mucho más barato que el invierno pasado. Antes estábamos en 50–55 €/MWh; ahora rondamos los 30 €/MWh". Y eso importa, porque el gas determina buena parte del precio eléctrico en los meses fríos. Según Revuelta, sólo esta caída supone "unos 40 €/MWh menos" en muchas horas del invierno. Cabe recordar que este año ha sido récord en nueva potencia solar —más de 9 gigavatios instalados— y todo apunta a que este invierno habrá más radiación y menos nubosidad que el anterior. El resultado: más renovables empujando los precios hacia abajo.

Sin embargo, el sistema español sigue mostrando sombras. Como ya hemos explicado en otras ocasiones, tras el apagón del 28 de abril, Red Eléctrica se vio obligada a reforzar la operación de las centrales síncronas —es decir, los ciclos combinados de gas— para evitar nuevas sobretensiones. Entre mayo y octubre, su producción aumentó más de un 50%, generando 2,5 millones de toneladas adicionales de CO₂. Un recordatorio incómodo: incluso en el país europeo con más renovables por habitante, el gas sigue siendo la red de seguridad del sistema.

¿Cómo afectará al bolsillo? El consumidor eléctrico notará cierta relajación en sus facturas. Más horas solares, menos presión del gas y un mercado más estable dibujan un invierno más previsible. Por un lado, los hogares con calefacción de gas también verán facturas más suaves este invierno. Pero la buena noticia tiene fecha límite. A partir de 2028 empezará a aplicarse el nuevo ETS2 europeo, que obligará a las empresas distribuidoras a pagar por las emisiones del consumidor final. En la práctica: el gas será más caro de forma estructural. De hecho, Revuelta lo anticipa: "A medio plazo, operar una caldera será significativamente más caro", y la comparativa con bombas de calor se inclinará claramente hacia la electrificación del calor.

Por otro lado, se avecina otro ajuste. Como señala Cinco Días, las comercializadoras arrastran este año 3.300 millones de euros adicionales por restricciones técnicas. No lo están repercutiendo por completo, pero lo harán. Iberdrola anticipa que el 70% de sus clientes del mercado libre notará estos costes al renovar tarifas en 2025; en 2027, será el 90%. Es otras palabras, este invierno baja, pero las tarifas de 2026 y 2027 podrían no ser tan benignas.

En busca de alternativas. Mientras el gas vive altibajos y la electricidad sigue marcada por la volatilidad, la biomasa sólida —pellet, astilla, hueso de aceituna— continúa siendo la opción más económica del país. Según los Índices de Precios de la Biomasa recogidos por Calor y Frío, el coste medio es:

  • Astilla: 3,34 c€/kWh
  • Hueso: 4,68 c€/kWh
  • Pellet: 6,95 c€/kWh

Frente a:

  • Gas natural TUR2: 8,59 c€/kWh
  • Gasóleo C: 7,98 c€/kWh
  • Electricidad (bomba de calor): > 10 c€/kWh útiles

Además, los precios se mantienen estables y la producción es nacional, con más de 60 fábricas de pellet y decenas de centros de astilla y hueso de aceituna. Un mercado cercano, robusto y poco expuesto a tensiones internacionales.

Hay una alternativa más moderna. Seguro que habéis escuchado hablar de ella: la aerotermia. De entrada y sin rodeos es cara de instalar —entre 10.000 y 20.000 euros—, pero extremadamente eficiente: por cada unidad de electricidad que consume, aporta entre 3,5 y 4 unidades de calor. 

Con más renovables empujando la tarifa a la baja en horas solares y un ETS2 que encarecerá el gas, la bomba de calor se convierte en la opción más rentable a 10–15 años. Según Revuelta, la diferencia económica se ampliará año a año y la regulación empujará en la misma dirección.

Pero se habla mucho del hidrógeno verde... Cierto el hidrógeno verde abre telediarios, pero aún no calentará los hogares. Lo último que se sabe es que Enegás ha recibido 285 solicitudes para inyectar hidrógeno en la red mediante blending. No obstante, el límite técnico actual es del 2% del volumen, insuficiente para la calefacción doméstica.

Las primeras inyecciones reales llegarán en primavera de 2026, pero serán experimentales. El hidrógeno no jugará un papel real en calefacción residencial antes de bien entrada la década de 2030. 

La tensión de Europa. España llega más holgada al invierno que el norte de Europa. Pero no está aislada. Hasta donde sabemos las regasificadoras de Países Bajos operan al 90–100%, su límite técnico. Son la principal puerta de entrada de GNL para Alemania y parte de la industria europea. Su saturación es "el preludio de precios más altos". España podría ayudar, pero no puede. Las interconexiones con Francia apenas permiten enviar entre 7.000 y 8.500 millones de m³ al año.

A ello se suma otro factor estructural. Según El Economista, más del 57% del GNL que importa Europa procede ya de Estados Unidos, lo que algunos analistas consideran una nueva dependencia comparable a la que existió con Rusia. Y, además, la Unión Europea llega al invierno con reservas al 83%, por debajo del objetivo del 90%. 

Un invierno más tranquilo... Pero un futuro incierto. Este invierno los radiadores se encenderán con menos miedo. El gas está más barato, la luz se relaja y la biomasa ofrece una vía económica. Las bombas de calor se consolidan como la gran alternativa de futuro, y el hidrógeno empieza su andadura —aunque sin impacto inmediato para los hogares.

Pero la calma es relativa. España —y Europa— siguen atrapadas entre dos modelos: el que desean —descarbonizado, electrificado, flexible— y el que realmente opera —dependiente del gas, del GNL y de infraestructuras saturadas—.

Este invierno será más amable, sí. Pero la pregunta de fondo para todo español sigue abierta: ¿cuánto tiempo más podremos calentar nuestras casas como hasta ahora? ¿y a qué precio?

Imagen | FreePik

Xataka | A las puertas del otoño y del frío, alguien reserva una desagradable sorpresa para los hogares españoles: el gas


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En silencio, China está ganando la carrera de la IA gracias a algo muy simple: energía barata

En silencio, China está ganando la carrera de la IA gracias a algo muy simple: energía barata

"China va a ganar la carrera de la inteligencia artificial", advirtió Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia. Muchos pensaron que exageraba, interesado en avivar la demanda de sus chips. Pero, como ha explicado la analista June Yoon en su columna para el Financial Times, el argumento de Huang encierra una verdad incómoda: la disponibilidad de electricidad —no de chips— se está convirtiendo en el factor crítico para el desarrollo de la IA.

Un modelo como GPT-4 puede consumir más de 460.000 megavatios-hora al año, el equivalente al gasto energético de 35.000 hogares estadounidenses, según un estudio. Los centros de datos del mundo —ya colosales— podrían duplicar su consumo eléctrico antes de 2030. Y eso cambia las reglas del juego.

Cuando los chips sobran, pero faltan enchufes. La carrera por la IA comenzó con una fiebre por las GPU. Las grandes tecnológicas se lanzaron a comprar cada chip Nvidia disponible, pero pronto descubrieron algo más preocupante: no había suficientes enchufes para conectarlos. El propio Satya Nadella, CEO de Microsoft, lo dijo sin rodeos: "El mayor problema que tenemos ahora no es el exceso de chips, sino la energía". 

La demanda eléctrica se ha disparado tanto que Google, Microsoft y Amazon ya contemplan levantar reactores nucleares para mantener encendidos sus servidores. La paradoja resume bien el momento: el liderazgo digital de Occidente tropieza con un límite físico, el de la energía barata.

La energía como nueva geopolítica. La analista June Yoon lanza una pregunta que reordena el mapa tecnológico: ¿y si la carrera de la IA no tuviera que ver con los chips, sino con la electricidad? Si el siglo pasado se definió por el petróleo, este lo hará por la corriente

China ya no vive del petróleo: lo genera. Ha pasado de ser un petroestado dependiente del crudo a convertirse en el primer electroestado del planeta. Más de una cuarta parte de su electricidad procede de renovables y su red crece a una velocidad que ningún otro país puede igualar. Ahora esa soberanía energética alimenta un nuevo frente: la inteligencia artificial.

¿Cómo ha encontrado la fórmula? Desde septiembre, el Gobierno chino subvenciona hasta un 50% el coste energético de los centros de datos que utilicen chips nacionales. Las provincias del interior —Guizhou, Gansu, Mongolia Interior— se han convertido en "corazones eléctricos" de la IA china: allí la energía es abundante y barata, y los gobiernos locales ofrecen tarifas históricamente bajas, de apenas 0,4 yuanes por kilovatio-hora.

La medida tiene un doble propósito:

  • Compensar la menor eficiencia de los chips domésticos frente a los de Nvidia.
  • Impulsar la independencia tecnológica en plena guerra comercial.

Como ha detallado Bloomberg, estas regiones están conectadas por líneas de ultra-alto voltaje (UHV) que transportan energía renovable desde el interior hacia las zonas costeras donde se concentran las grandes tecnológicas, como Alibaba, Tencent y ByteDance. El objetivo es claro: garantizar energía abundante y de bajo coste para los clústeres de entrenamiento de IA. Según Rystad Energy, el consumo eléctrico de los centros de datos podría más que duplicarse antes de 2030, rozando 1.800 teravatios-hora en 2040. Pekín se prepara para absorberlo.

El resultado es un ecosistema energético planificado, centralizado y pensado para escalar la IA. Un ejemplo es el Parque Solar de Talatan, que se extiende como un mar de espejos metálicos: más de 600 kilómetros cuadrados de paneles que se combinan con parques eólicos e hidroeléctricos. Desde allí, la energía viaja por líneas de alta tensión hasta los centros de datos de la costa. Es una postal del nuevo poder chino: sol, viento y silicio.

La ventaja eléctrica de China. La estrategia está funcionando también en los mercados. Según Bloomberg, las acciones de las empresas eléctricas chinas han subido hasta un 40% en una semana, impulsadas por la demanda de los centros de datos de IA. UBS prevé que la demanda de electricidad en China crecerá un 8 % anual hasta 2028.

Mientras tanto, en Washington, la administración Trump ha lanzado un AI Action Plan para acelerar la construcción de centros de datos y eliminar trabas a proyectos energéticos. Pero, como apuntan los analistas del FT, las mejoras en los chips se estancan en un solo dígito, mientras que la energía renovable china crece a dos dígitos cada año. 

El poder está en el enchufe. En la carrera por la inteligencia artificial, los chips son el cerebro. Pero el corazón late con electricidad. Estados Unidos conserva el liderazgo tiene los mejores semiconductores (de momento); China, la red que los mantiene encendidos.

Como escribió June Yoon, todas las superpotencias tecnológicas de la historia —de la Inglaterra del carbón a la América del petróleo— se levantaron sobre una fuente de energía barata. Hoy, la inteligencia artificial necesita electricidad como antaño necesitó vapor. Y en ese nuevo tablero, China parece haber encontrado la clave: enchufar el futuro antes que nadie.

Imagen | Pixabay y Hanwha

Xataka | SoftBank abandona al rey de los chips en su mejor momento. Y lo apuesta todo a OpenAI

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Shein ha abierto su primera tienda en Europa en París. París ha reaccionado como siempre: montando una revuelta

Shein ha abierto su primera tienda en Europa en París. París ha reaccionado como siempre: montando una revuelta

El corazón de Le Marais amaneció revuelto el pasado 5 de noviembre. Frente al viejo Bazar de l’Hôtel de Ville (BHV), ese edificio art déco que mira al Ayuntamiento, Shein abría su primera tienda física en Europa. Pero el entusiasmo consumista pronto se mezcló con gritos de indignación.

Protestas a la francesa. A las puertas del BHV, la tensión fue inmediata. Un grupo de manifestantes gritaba "C’est honteux!" ("¡Esto es una vergüenza!") y portaba carteles con lemas como "Protégez les enfants, pas Shein" ("Proteged a los niños, no a Shein"). Tanto sindicatos y asociaciones ecologistas se sumaron a la protesta denunciando las condiciones laborales de la cadena y su impacto ambiental, según France24

Afuera se coreaban consignas; dentro, las colas serpenteaban entre estanterías. Policías antidisturbios custodiaban los accesos mientras el olor de un aerosol pestilente —liberado por un manifestante— impregnaba el aire. El resto del día, la tienda siguió operando con normalidad. Miles de consumidores hacían fila frente a los probadores. The Observer estimó que más de 50.000 personas visitaron el nuevo local en sus primeros días, y Le Monde calcula que unas 8.000 personas pasaron solo durante la inauguración. En palabras del diario británico, "detrás de los manifestantes que gritaban vergüenza se extendían filas de compradores saliendo con bolsas repletas de poliéster".  

¿Por qué tanto barullo?La revuelta parisina no nació de la nada, ni es solo un problema medioambiental. Días antes, la Dirección General de la Competencia, Consumo y Represión de Fraudes (DGCCRF) había revelado que Shein Francia vendía muñecas sexuales con aspecto infantil, según reveló Le Parisien. La institución afirmó que las descripciones "dejaban pocas dudas sobre la naturaleza pedopornográfica" del producto.

El hallazgo provocó la apertura de cuatro investigaciones judiciales por parte de la fiscalía de París contra Shein, AliExpress, Temu y Wish, por la difusión de contenido violento o pornográfico accesible a menores. En paralelo, el diputado conservador Antoine Vermorel-Marques denunció que en la plataforma también se vendían machetes y puños americanos, armas de categoría A, prohibidas en Francia.

Ante la presión, Shein reaccionó. Según BBC, un día antes de la apertura, la empresa anunció la prohibición global de toda venta de muñecas sexuales, el cierre de las cuentas de los vendedores implicados y la eliminación de la categoría de productos para adultos. "La lucha contra la explotación infantil es innegociable", declaró a Time su presidente ejecutivo Donald Tang.

El portavoz de Shein en Francia, Quentin Ruffat, afirmó en exclusiva para la radio francesa RMC: "Lo ocurrido es grave, inaceptable e intolerable. Fue un fallo interno en nuestros procesos. Cooperaremos al 100% con la justicia y revelaremos la identidad de los compradores". Dos días después, según Reuters, el Ministerio de Finanzas detuvo temporalmente el procedimiento de suspensión, al comprobar que Shein había retirado todos los productos ilícitos, pero subrayó que "la empresa permanecerá bajo estrecha vigilancia".

La cruzada francesa contra el fast-fashion. La ofensiva del Ejecutivo no es solo moral: es también jurídica y económica. Según Politico, el Gobierno francés ha activado dos procedimientos paralelos para suspender el sitio web de Shein. El primero, basado en el Código del Consumidor, permitiría bloquear el dominio si la empresa desobedece una orden de retirar contenido ilegal. El segundo, amparado en la Ley de Confianza en la Economía Digital de 2004, busca demostrar que existe riesgo de reincidencia. Ambos procesos podrían desembocar en la prohibición del acceso al sitio y a sus aplicaciones en Francia. Le Parisien adelantó que la audiencia judicial se celebrará el 26 de noviembre, donde un juez decidirá el futuro de la plataforma.

Mientras tanto, la ministra de Finanzas Públicas, Amélie de Montchalin, encabezó un operativo sin precedentes en el aeropuerto Charles de Gaulle: más de 200.000 paquetes de Shein procedentes de China fueron inspeccionados en un solo día. Según el ministerio, tres de cada cuatro no cumplían la normativa europea.  

Pero el pulso va más allá de las aduanas. Como recuerda The Guardian, Francia lleva años cuestionando el modelo de ultra-fast fashion: en 2023 y 2024 aprobó leyes y multas por casi 200 millones de euros contra Shein por publicidad engañosa y violaciones medioambientales. La llegada de la marca a BHV, detalla Times, "contradice la visión ecológica y de alta gama que París quiere proyectar". Incluso diseñadores emblemáticos, como Agnès B, anunciaron su retirada del BHV. "Estoy completamente en contra de esta moda rápida, hay empleos en peligro", dijo a BBC.

Pese al escándalo, Shein no ha pisado el freno. Según Le Monde, la empresa abrirá nuevas tiendas en Dijon y Reims el 18 de noviembre, y en Grenoble el 21, con planes adicionales en Angers y Limoges.

Frédéric Merlin, presidente de la Société des Grands Magasins (SGM) —propietaria del BHV—, defendió su alianza con Shein en declaraciones a Le Monde: "Los productos que vendemos aquí no explotan a trabajadores ni a niños. Estamos convencidos de su calidad". Sin embargo, la matriz Galeries Lafayette rompió vínculos con SGM por "divergencia estratégica", según Times, negándose a asociar su nombre a la marca china.

Mientras tanto, más de 100.000 franceses han firmado una petición contra la expansión de Shein, de acuerdo con The Guardian, y numerosas marcas han abandonado BHV en señal de protesta. Pese a ello, los planes siguen.

La batalla por el alma de la moda. La historia de Shein en Francia ya no es solo la de una empresa investigada, sino la de un país que se resiste a rendirse al ritmo vertiginoso del consumo global. Sin embargo, abre una paradoja: mientras las autoridades preparan leyes y bloqueos, miles de jóvenes hacen cola para comprar camisetas de 5 euros.

Francia libra una guerra simbólica —y quizá perdida— contra la moda rápida: la del país que inventó la alta costura enfrentado al fenómeno que la convierte en desecho. El 26 de noviembre, la justicia francesa hablará. Pero la moda rápida ya ha ganado una parte del juicio más difícil: el del consumo.

Imagen | Flickr y DMCGN

Xataka | Hace años comprar "marca blanca" era sinónimo de mala calidad: hoy es la prioridad número uno de los españoles

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Tres horas de luz gratis al día: la idea de Australia para sobrevivir a su propio éxito solar

Tres horas de luz gratis al día: la idea de Australia para sobrevivir a su propio éxito solar

En Australia, la energía solar ha pasado de ser la promesa del futuro a un problema del presente. Hay tanto sol, y tantos paneles, que la red eléctrica se tambalea por exceso de producción. Durante las horas centrales del día, millones de tejados devuelven electricidad al sistema y se genera más energía de la que la red puede absorber sin perder estabilidad. En ese momento, los precios mayoristas caen a cero e incluso a valores negativos.

La solución que ha encontrado el gobierno australiano es tan simple como disruptiva: regalar la electricidad durante tres horas al día.

El desafío del exceso. Australia lleva años viviendo su particular paradoja energética: la transición hacia las renovables ha avanzado tan rápido que el sistema empieza a sufrir sus consecuencias. Más de cuatro millones de viviendas —una de cada tres— tienen paneles solares en sus tejados. Esa generación distribuida ya produce más electricidad que todas las centrales de carbón aún activas. 

Según Reuters, el programa, bautizado como "Solar Sharer", permitirá a millones de hogares acceder a tres horas diarias de energía gratuita, incluso a quienes no tienen paneles solares. "Las personas que puedan trasladar su consumo eléctrico al período de coste cero se beneficiarán directamente, tengan o no paneles solares y sean propietarias o inquilinas", explicó el ministro de Energía, Chris Bowen.

Energía para todos. El plan no es optativo para las eléctricas: el Gobierno australiano les exigirá ofrecer tres horas de electricidad gratuita cada día durante el pico solar del mediodía. La medida arrancará en 2026 en Nueva Gales del Sur, el sur de Australia y el sureste de Queensland, y se irá extendiendo al resto del país si funciona como se espera.

Para hacerlo posible, el Ejecutivo modificará la Default Market Offer (DMO), la tarifa de referencia que limita lo que los minoristas pueden cobrar. A partir de ahora, esa tarifa incluirá una franja diaria de coste cero, justo cuando la red se satura de energía solar.

Los hogares que participen deberán contar con un contador inteligente y reorganizar su consumo: poner la lavadora, cargar el coche o encender el aire acondicionado cuando el sol está en lo más alto. 

Un objetivo doble. Por un lado, busca aliviar la presión sobre la red y reducir las emisiones. Según Financial Times, el plan busca utilizar el exceso de capacidad solar y reequilibrar la red eléctrica para reducir la dependencia del carbón y el gas. Tim Buckley, director del centro de estudios Climate Energy Finance, lo calificó de medida "obvia", ya que creará un "grupo de demanda" en las horas centrales del día, ayudando a estabilizar el sistema.

El Gobierno australiano lleva tiempo apostando por acelerar la transición energética. En 2022, Bowen fijó el objetivo de que el 82% de la electricidad provenga de fuentes renovables para 2030, como detalló Reuters. Iniciativas como el Solar Sharer se suman a la subvención de baterías domésticas, que permitirá almacenar parte de esa energía gratuita para su uso nocturno.

No todos están contentos. Desde Australian Energy Council (AEC), el consorcio que agrupa a las principales compañías eléctricas, criticaron al Gobierno por no haber consultado al sector antes del anuncio. Su directora ejecutiva, Louise Kinnear, advirtió que "la falta de consulta corre el riesgo de dañar la confianza del sector y generar consecuencias no deseadas".

Además, algunas empresas temen que el plan aumente los costes de red y obligue a los minoristas más pequeños a abandonar el mercado. Según FT, la patronal teme que la medida distorsione la competencia, aunque los defensores del plan aseguran que el verdadero riesgo es no actuar ante una red saturada. Pese a ello, grandes actores como AGL Energy y Ovo Energy han mostrado disposición a colaborar con el Gobierno para definir los detalles técnicos.

De Australia a España. La propuesta australiana ha despertado interés en otros países soleados, especialmente en el sur de Europa, donde la energía solar también ha crecido de forma explosiva. De ahí surge la pregunta inevitable: ¿podemos replicarlo en España? Siendo una de las mayores potencias fotovoltaicas de Europa y con episodios de precios negativos en el mercado eléctrico, es lógico plantearse esta posibilidad. 

Sin embargo, el sistema eléctrico español atraviesa una fase de inestabilidad: mientras el sur peninsular produce más energía solar de la que consume, el norte sigue dependiendo de las centrales de gas, las únicas capaces de aportar la "inercia" necesaria para estabilizar la red.

Aunque el sistema tarifario horario y los contadores inteligentes permitirían replicar técnicamente la medida australiana, el marco europeo impide ofrecer electricidad gratuita directamente. El precio se fija en el mercado mayorista, gestionado por OMIE, y el Estado no puede intervenir salvo mediante subvenciones o descuentos. 

En resumen: España tiene el sol y la tecnología, pero no la flexibilidad regulatoria. Como señaló el analista Joaquín Coronado, "tenemos la generación del futuro, pero seguimos usando las muletas del pasado".

El experimento global. Regalar electricidad para evitar un colapso de la red puede parecer contradictorio, pero encierra una lección sobre la transición energética: el problema del siglo XXI no será producir energía, sino gestionarla.

Mientras Europa debate cómo abaratar la factura, Australia ha optado por compartir su exceso. Si el plan funciona, podría convertirse en referencia para otros países con fuerte penetración solar, como España o Italia.

En palabras del ministro Chris Bowen, "cuantas más personas aprovechen la oferta y trasladen su consumo, mayores serán los beneficios para todos". Quizá el futuro de la energía no pase solo por pagar menos, sino por usar la luz cuando el sol la regala.

Imagen | Unsplash

Xataka | El 75% del universo está formado de una materia desconocida. Australia ha bajado a buscarlo a una mina

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En Australia, la energía solar ha pasado de ser la promesa del futuro a un problema del presente. Hay tanto sol, y tantos paneles, que la red eléctrica se tambalea por exceso de producción. Durante las horas centrales del día, millones de tejados devuelven electricidad al sistema y se genera más energía de la que la red puede absorber sin perder estabilidad. En ese momento, los precios mayoristas caen a cero e incluso a valores negativos.

La solución que ha encontrado el gobierno australiano es tan simple como disruptiva: regalar la electricidad durante tres horas al día.

El desafío del exceso. Australia lleva años viviendo su particular paradoja energética: la transición hacia las renovables ha avanzado tan rápido que el sistema empieza a sufrir sus consecuencias. Más de cuatro millones de viviendas —una de cada tres— tienen paneles solares en sus tejados. Esa generación distribuida ya produce más electricidad que todas las centrales de carbón aún activas. 

Según Reuters, el programa, bautizado como "Solar Sharer", permitirá a millones de hogares acceder a tres horas diarias de energía gratuita, incluso a quienes no tienen paneles solares. "Las personas que puedan trasladar su consumo eléctrico al período de coste cero se beneficiarán directamente, tengan o no paneles solares y sean propietarias o inquilinas", explicó el ministro de Energía, Chris Bowen.

Energía para todos. El plan no es optativo para las eléctricas: el Gobierno australiano les exigirá ofrecer tres horas de electricidad gratuita cada día durante el pico solar del mediodía. La medida arrancará en 2026 en Nueva Gales del Sur, el sur de Australia y el sureste de Queensland, y se irá extendiendo al resto del país si funciona como se espera.

Para hacerlo posible, el Ejecutivo modificará la Default Market Offer (DMO), la tarifa de referencia que limita lo que los minoristas pueden cobrar. A partir de ahora, esa tarifa incluirá una franja diaria de coste cero, justo cuando la red se satura de energía solar.

Los hogares que participen deberán contar con un contador inteligente y reorganizar su consumo: poner la lavadora, cargar el coche o encender el aire acondicionado cuando el sol está en lo más alto. 

Un objetivo doble. Por un lado, busca aliviar la presión sobre la red y reducir las emisiones. Según Financial Times, el plan busca utilizar el exceso de capacidad solar y reequilibrar la red eléctrica para reducir la dependencia del carbón y el gas. Tim Buckley, director del centro de estudios Climate Energy Finance, lo calificó de medida "obvia", ya que creará un "grupo de demanda" en las horas centrales del día, ayudando a estabilizar el sistema.

El Gobierno australiano lleva tiempo apostando por acelerar la transición energética. En 2022, Bowen fijó el objetivo de que el 82% de la electricidad provenga de fuentes renovables para 2030, como detalló Reuters. Iniciativas como el Solar Sharer se suman a la subvención de baterías domésticas, que permitirá almacenar parte de esa energía gratuita para su uso nocturno.

No todos están contentos. Desde Australian Energy Council (AEC), el consorcio que agrupa a las principales compañías eléctricas, criticaron al Gobierno por no haber consultado al sector antes del anuncio. Su directora ejecutiva, Louise Kinnear, advirtió que "la falta de consulta corre el riesgo de dañar la confianza del sector y generar consecuencias no deseadas".

Además, algunas empresas temen que el plan aumente los costes de red y obligue a los minoristas más pequeños a abandonar el mercado. Según FT, la patronal teme que la medida distorsione la competencia, aunque los defensores del plan aseguran que el verdadero riesgo es no actuar ante una red saturada. Pese a ello, grandes actores como AGL Energy y Ovo Energy han mostrado disposición a colaborar con el Gobierno para definir los detalles técnicos.

De Australia a España. La propuesta australiana ha despertado interés en otros países soleados, especialmente en el sur de Europa, donde la energía solar también ha crecido de forma explosiva. De ahí surge la pregunta inevitable: ¿podemos replicarlo en España? Siendo una de las mayores potencias fotovoltaicas de Europa y con episodios de precios negativos en el mercado eléctrico, es lógico plantearse esta posibilidad. 

Sin embargo, el sistema eléctrico español atraviesa una fase de inestabilidad: mientras el sur peninsular produce más energía solar de la que consume, el norte sigue dependiendo de las centrales de gas, las únicas capaces de aportar la "inercia" necesaria para estabilizar la red.

Aunque el sistema tarifario horario y los contadores inteligentes permitirían replicar técnicamente la medida australiana, el marco europeo impide ofrecer electricidad gratuita directamente. El precio se fija en el mercado mayorista, gestionado por OMIE, y el Estado no puede intervenir salvo mediante subvenciones o descuentos. 

En resumen: España tiene el sol y la tecnología, pero no la flexibilidad regulatoria. Como señaló el analista Joaquín Coronado, "tenemos la generación del futuro, pero seguimos usando las muletas del pasado".

El experimento global. Regalar electricidad para evitar un colapso de la red puede parecer contradictorio, pero encierra una lección sobre la transición energética: el problema del siglo XXI no será producir energía, sino gestionarla.

Mientras Europa debate cómo abaratar la factura, Australia ha optado por compartir su exceso. Si el plan funciona, podría convertirse en referencia para otros países con fuerte penetración solar, como España o Italia.

En palabras del ministro Chris Bowen, "cuantas más personas aprovechen la oferta y trasladen su consumo, mayores serán los beneficios para todos". Quizá el futuro de la energía no pase solo por pagar menos, sino por usar la luz cuando el sol la regala.

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La fiebre por las baterías llega al abismo: los residuos mineros están cambiando la vida en las profundidades del Pacífico

La fiebre por las baterías llega al abismo: los residuos mineros están cambiando la vida en las profundidades del Pacífico

A más de mil metros bajo el Pacífico, una nube turbia se dispersa lentamente. No es contaminación visible desde la superficie, pero podría transformar el océano desde sus cimientos. Esa nube —una mezcla de sedimentos, metales y residuos mineros— es el subproducto de una nueva fiebre global: la carrera por los minerales del fondo marino.

Un estudio reciente publicado en Nature advierte de un riesgo poco conocido. Al extraer metales del fondo del mar, la minería submarina libera una nube de residuos tan finos como el polvo. Ese material puede reemplazar el alimento que millones de pequeños organismos necesitan para sobrevivir. Son criaturas diminutas, casi invisibles, pero sin ellas no habría peces, ballenas ni vida marina tal como la conocemos.

Un profundo problema. Un equipo de la Universidad de Hawái en Mānoa analizó por primera vez los efectos de un vertido de prueba realizado durante una operación minera en el Pacífico. Los investigadores descubrieron que los residuos generados al extraer nódulos polimetálicos —rocas del tamaño de una patata repletas de metales valiosos como níquel, cobalto o manganeso— pueden ahogar el llamado "océano crepuscular", una zona que se extiende entre los 200 y 1.500 metros de profundidad.

Los resultados son contundentes: las partículas procedentes del proceso minero son entre 10 y 100 veces menos nutritivas que las naturales. "Es como reemplazar la comida con aire", explica Michael Dowd, autor principal del estudio. Su trabajo demuestra que estos residuos pueden desplazar las partículas orgánicas que alimentan al zooplancton y a otras especies que, a su vez, sostienen a peces, ballenas y atunes.

El estudio, realizado en la Zona Clarion-Clipperton —una vasta región del Pacífico de 1,5 millones de kilómetros cuadrados bajo licencia de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA)— calculó que el 65% de las especies analizadas dependen de partículas mayores de seis micras, justo las que serían sustituidas por los residuos mineros. Más de la mitad del zooplancton y el 60 % del micronekton se alimentan de ellas.

El viaje del residuo. Durante el proceso, la minería submarina genera un flujo de agua, sedimentos y metales que se bombea hasta un barco en la superficie. Allí se separan los minerales valiosos y el resto del material —mezcla de lodo y fragmentos inorgánicos— se devuelve al mar.

El problema está en dónde se devuelve. Algunas empresas, como The Metals Company (TMC), han propuesto liberar el residuo en la llamada "zona mesopelágica", un área rica en vida microscópica. Según los científicos, esto podría provocar un “efecto cascada”: los organismos que filtran partículas para alimentarse se quedarían sin nutrientes, y los depredadores que dependen de ellos —desde peces hasta cetáceos— podrían migrar o morir de hambre.

Por eso los autores recomiendan que, si las empresas insisten en minar, al menos devuelvan los sedimentos al fondo del mar, donde se extrajeron, aunque eso sea más caro y técnicamente complejo. Sin embargo, desde la compañía, que financió el estudio pero no intervino en sus conclusiones, aseguró a The Verge que planea liberar los residuos a unos 2.000 metros de profundidad, por debajo de la zona analizada por los investigadores. Según su director ambiental, Michael Clarke, las partículas se disipan rápidamente y hay menos vida planctónica a esas profundidades.

Las reglas del fondo: la batalla en la ISA. Las normas del fondo del mar aún se escriben a cámara lenta. La regulación recae en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), el organismo de la ONU encargado de administrar los recursos minerales en aguas internacionales. Desde 2014, la ISA trabaja en un Código Minero que todavía no ha sido aprobado. Por ahora, solo ha otorgado licencias de exploración, pero ninguna para explotación comercial.

Mientras tanto, algunos países presionan para avanzar sin esperar el código definitivo. De hecho, Donald Trump ha tratado de saltarse el proceso internacional firmando una orden ejecutiva que permitía otorgar permisos a empresas estadounidenses para minar el fondo del mar. La medida ha sido vista por la secretaria general de la ISA, Leticia Carvalho, como un "precedente peligroso que podría desestabilizar la gobernanza oceánica".

Un tablero geopolítico en disputa. El interés estadounidense se enmarca en la guerra tecnológica y comercial con China. El gigante asiático controla alrededor del 70% del mercado global de tierras raras y cuenta con múltiples contratos de exploración en la Zona Clarion-Clipperton. Ante esa dependencia, la Casa Blanca busca garantizar su propio suministro de metales estratégicos impulsando la minería en aguas profundas y creando reservas nacionales, pero el país no ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). En otras palabras, Estados Unidos no forma parte de la ISA.

Mientras tanto, países como Noruega, Japón, Papúa Nueva Guinea y China avanzan con sus proyectos. En la última reunión de la ISA, 32 naciones —entre ellas España— solicitaron una moratoria global para frenar la minería submarina hasta comprender mejor sus impactos. 

Entre dos aguas. El destino del fondo marino se escribe al mismo tiempo en los laboratorios y en las salas de negociación, lejos del silencio azul que aún no entendemos del todo. Lo poco que sabemos es que bajo esa oscuridad esperan los metales del futuro y quizá también el precio de extraerlos.

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Xataka | Cuando parecía que la polémica de la minería submarina estaba apaciguándose, el descubrimiento del oxígeno negro amenaza con reactivarla

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Un laboratorio chino ha logrado generar electricidad directamente de la lluvia, sin ocupar tierra ni usar metal

Un laboratorio chino ha logrado generar electricidad directamente de la lluvia, sin ocupar tierra ni usar metal

Hasta ahora, la electricidad de una tormenta venía solo de los rayos. Un equipo chino acaba de añadir otro protagonista: un dispositivo que convierte las gotas de lluvia en energía aprovechable.

El invento llega desde el Instituto de Ciencia Fronteriza de la Universidad de Aeronáutica y Astronáutica de Nankín (NUAA) y abrirá una nueva vía para las energías renovables. Su nombre técnico es Water-integrated Droplet Electricity Generator, o simplemente W-DEG. 

El hallazgo. Lo que diferencia a este generador del resto no es su potencia, sino su lógica. Según el artículo publicado en National Science Review, el dispositivo flota sobre el agua y usa ese mismo agua como parte del circuito eléctrico.

No necesita metales ni estructuras pesadas, y aun así, cada gota de lluvia puede liberar picos de hasta 250 voltios. Ligero, barato y eficiente: una pequeña revolución hidrovoltaica.

La lluvia como fuente de energía limpia. El principio físico detrás del W-DEG combina dos fenómenos conocidos: la electrificación por contacto y la inducción electrostática. Cuando una gota impacta sobre una película dieléctrica flotante, las cargas eléctricas se redistribuyen instantáneamente entre la superficie del material y el agua, generando un pulso eléctrico. El agua actúa al mismo tiempo como electrodo inferior y soporte estructural, gracias a su alta tensión superficial y su incompresibilidad: es lo bastante firme para soportar el golpe de las gotas, pero lo suficientemente fluida para estabilizar el sistema.

Para evitar que el agua acumulada bloquee nuevas descargas, los investigadores añadieron microorificios de drenaje que permiten que el líquido fluya hacia abajo, pero no hacia arriba. Este diseño mantiene limpia la superficie incluso durante lluvias intensas y evita la pérdida de eficiencia. 

Un pequeño prototipo. El equipo de Nankín construyó un prototipo de 0,3 metros cuadrados. Flotando sobre el agua, el dispositivo fue capaz de iluminar 50 diodos LED simultáneamente y cargar condensadores en cuestión de minutos. Su diseño modular permite ampliarlo con facilidad para alimentar sensores ambientales, sistemas de monitoreo de calidad del agua o pequeños equipos eléctricos en zonas lluviosas.

Además, el W-DEG es un sistema "sin suelo": no ocupa terrenos agrícolas ni urbanos y puede instalarse sobre cuerpos de agua sin infraestructuras pesadas. Esto lo convierte en un candidato ideal para regiones donde la lluvia abunda y el espacio escasea, o donde otras fuentes renovables —como la solar o la eólica— resultan menos constantes.

El auge de las energías flotantes. El nuevo generador chino llega en un momento en que las energías flotantes viven un auge global. Los paneles solares flotantes se están instalando en estanques y embalses de todo el mundo, desde la India hasta los Alpes suizos, para producir electricidad y reducir la evaporación del agua. 

Sin embargo, un estudio de la Universidad de Cornell reveló un efecto inesperado: en pequeños estanques, estas instalaciones pueden aumentar las emisiones de metano y dióxido de carbono hasta un 27%, al alterar el equilibrio de los ecosistemas acuáticos. Frente a ese desafío, el W-DEG surge como una alternativa más respetuosa con el medio ambiente. Al no cubrir toda la superficie del agua ni bloquear la luz solar, permite generar energía sin alterar la vida acuática ni el intercambio natural de gases.

¿Las tormentas generarán luz? La tecnología todavía se encuentra en fase experimental. El propio equipo de NUAA reconoce que deberá optimizar la respuesta del dispositivo ante gotas de distintos tamaños y velocidades, algo esencial para condiciones reales. Pero el potencial es innegable: un generador ligero, económico y duradero, capaz de obtener energía directamente del ciclo natural del agua, sin ocupar tierra ni generar residuos.

Los investigadores imaginan enjambres de estos dispositivos flotando en lagos o embalses, cargando sensores ambientales o alimentando microredes locales durante la lluvia. Si cada tormenta pudiera encender una luz o alimentar un sistema, los días grises dejarían de ser sinónimo de apagón. Con inventos como este, la frontera entre el agua y la energía se difumina, y la naturaleza empieza —literalmente— a generar su propia electricidad.

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Xataka | China ha estrenado su primer parque solar flotante en el mar: paneles que suben y bajan con la marea

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Unos científicos españoles han creado un material que se traga el 99,5% de la luz. Y es una gran noticia para las renovables

Unos científicos españoles han creado un material que se traga el 99,5% de la luz. Y es una gran noticia para las renovables

A simple vista parecen agujas invisibles, delgadas hasta el extremo y diminutas como una milésima parte de un cabello humano. Un grupo de investigadores españoles ha creado unas nanoagujas ultranegras que absorben hasta el 99,5% de la radiación solar que reciben, una cifra récord que no solo marca un récord óptico, sino que aumentará la eficiencia de las plantas termosolares.

Made in Euskadi. El descubrimiento procede del grupo de Propiedades Termofísicas de los Materiales de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Allí, los investigadores han diseñado una superficie compuesta por nanoagujas de cobaltato de cobre —un óxido mixto de cobre y cobalto— con propiedades ópticas excepcionales. Su tono ultranegro y su resistencia a la humedad y las altas temperaturas la hacen ideal para los receptores de las torres solares.

Según los ensayos, el material alcanza una absorción del 99,5 % de la luz solar, superando al silicio negro (95 %) y a los nanotubos de carbono (99 %). “Buscamos materiales ultranegros para torres solares más eficientes”, señalaba el investigador Íñigo González de Arrieta.

Un cambio para la energía solar. En las centrales termosolares de concentración (CSP), cientos de espejos reflejan y concentran la luz del sol hacia una torre central. Allí, el calor se utiliza para fundir sales que retienen la energía térmica y permiten generar electricidad incluso cuando el sol ya se ha puesto.
La clave está en aprovechar cada fotón: si el material del receptor refleja parte de la luz, esa energía se pierde. Y aquí es donde entran en juego las nuevas nanoagujas.

Hasta ahora, el material más utilizado era el silicio negro, con un nivel de absorción del 95%. Las nuevas nanoagujas, en cambio, podrían elevar esa cifra de manera significativa y, con ello, hacer más competitiva y rentable la energía termosolar, una de las fuentes limpias más prometedoras en países como España.

Más allá del negro más negro. Los nanotubos de carbono parecían imbatibles: oscuros como el vacío, capaces de atrapar casi toda la luz. Pero tenían un enemigo invisible: el calor y la humedad los deterioraban con rapidez.

Las nanoagujas de cobaltato de cobre, desarrolladas por el equipo vasco, aguantan lo que sus predecesores no podían. Soportan temperaturas por encima de los 700 grados sin perder eficacia y, además, son más estables. En las torres solares, esa diferencia puede traducirse en más energía y menos mantenimiento.

Un impacto real. El doctor Renkun Chen, de la Universidad de California en San Diego, colabora con el equipo vasco y con el Departamento de Energía de Estados Unidos para estudiar la viabilidad de aplicar las nanoagujas a plantas solares industriales. “Observamos que estas nanoagujas funcionaron mejor que los nanotubos de carbono utilizados hasta ahora, y que su rendimiento aumentaba al recubrirlas con óxido de zinc”, explicaba Chen.

No obstante, el propio González de Arrieta matiza que aún queda camino por recorrer: los próximos ensayos a escala piloto determinarán si el proceso es económicamente viable y si el material puede producirse de forma industrial sin perder sus propiedades ópticas.

Más oscuro, más brillante. Las nanoagujas ultranegras son un ejemplo de cómo la nanotecnología aplicada a la energía puede tener un impacto directo en la sostenibilidad global. El equipo de la UPV/EHU planea seguir desarrollando nuevos compuestos con mejor conductividad térmica y óptica, diseñados para resistir los desafíos de las futuras torres solares.

Impulsar esta energía renovable ofrece muchas ventajas: es totalmente limpia y también se puede utilizar cuando no brilla el sol”, recordaba González de Arrieta. Y si todo sale como esperan, el futuro de la energía solar podría ser, paradójicamente, más negro que nunca.

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Xataka | En plena guerra comercial, hay una batalla que China ya ha ganado: que el mundo dependa de su nueva energía

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Primero fue la industria automotriz, ahora Europa va a perder frente China otra de sus industrias estrella

Primero fue la industria automotriz, ahora Europa va a perder frente China otra de sus industrias estrella

Las luces de la planta de LyondellBasell en el puerto de Róterdam se apagaron por última vez una tarde de septiembre. La fábrica, que producía óxido de propileno —una materia prima esencial para espumas, colchones y piezas de automóviles— acababa de ser desmantelada. Un símbolo silencioso de una era que se apaga.

La planta, con apenas 22 años de vida, se convirtió en una víctima más de una tormenta que azota al corazón industrial europeo: energía cara, competencia asiática y desinversión. Europa, otrora potencia química mundial, ha perdido su pulso industrial frente a China.

La tormenta perfecta. La secuencia empezó con la guerra de Ucrania. El corte del gas ruso disparó los precios de la energía en Europa y dejó al descubierto una dependencia fatal. "Los costes del gas en los Países Bajos eran entre un 15% y un 66% más altos que en otros países europeos", explicó el economista Edse Dantuma a NRC.

No obstante, el golpe decisivo llegó desde más al Este. Desde ese mismo período, una avalancha de productos químicos chinos empezó a inundar el mercado europeo. "Durante la pandemia, China completó todas las etapas de su cadena de valor química sin que nos diéramos cuenta", explicó Manon Bloemer, directora de la asociación neerlandesa VNCI. "Después, con la demanda interna estancada, comenzaron a exportar sus excedentes", añadió. Europa pagaba la energía más cara del mundo y, al mismo tiempo, enfrentaba los precios más bajos de la historia.

En el Reino Unido, Ineos —el gigante petroquímico de Sir Jim Ratcliffe— se vio obligado a despedir personal por las importaciones "muy baratas" procedentes de China, fabricadas con carbón y con emisiones de CO₂ hasta ocho veces superiores. Los mismos síntomas se repiten en Alemania. Según ICIS, la producción química alemana (excluidos los productos farmacéuticos) caerá al menos un 2% este año. La economista Christiane Kellermann, del VCI, advirtió que "la utilización de la capacidad sigue siendo baja, incluso con plantas cerradas. Se avecinan más paradas de producción".

El fin de una era europea. Durante décadas, Europa fue el laboratorio del mundo. Los complejos petroquímicos de Róterdam, Ludwigshafen o Amberes simbolizaban la modernidad industrial del continente. Pero ahora, advierte el estudio conjunto de Cefic y Advancy, el sector europeo "se enfrenta a un punto de inflexión histórico: los costes estructuralmente más altos, la sobrecarga regulatoria y la fuga de inversiones amenazan su supervivencia". Según este informe, Europa ha perdido el 30% de su producción química en la última década y las inversiones nuevas se han reducido a mínimos históricos.

En Alemania, Strategy&PwC calcula que las inversiones químicas han caído un 90% desde hace siete años y los beneficios se han reducido un 12%. Los pedidos entrantes están en su nivel más bajo en diez años. “La desindustrialización ya no es un riesgo, es una realidad”, alerta esta investigación. “Ni Europa ni Alemania se benefician ya del crecimiento global. Las decisiones de inversión se toman en otros continentes”.

China, el nuevo epicentro. Mientras tanto, el gigante asiático invierte a una escala sin precedentes. Según Global Data, el país representará más del 60% de los nuevos proyectos petroquímicos del mundo hasta 2030, con más de 500 plantas en marcha. La analista Bhargavi Gandham explica que este auge responde a "una política deliberada de autosuficiencia, apoyada por financiación barata, planificación estatal y demanda interna".

Desde Roland Berger señalan en un reciente informe: "China no solo produce más; se ha convertido en el fijador de precios mundial en múltiples cadenas de valor". La consultora identifica niveles de sobrecapacidad sin precedentes: con semejante superávit, China podría abastecer todo el mercado occidental y aún así conservar capacidad ociosa. El dominio chino en petroquímicos refuerza su influencia estratégica sobre industrias críticas —desde las baterías hasta los fertilizantes—, una palanca de poder industrial que Europa ya no controla.

Pekín es consciente del problema. Según Bloomberg, el Ministerio de Industria planea reconvertir o cerrar plantas obsoletas de más de 20 años y fomentar la transición hacia químicos avanzados, usados en semiconductores, baterías o biomedicina. Y, como detalla Reuters, el propio Gobierno chino convocó este octubre a los principales productores de plásticos y fibras para frenar la "competencia destructiva" interna en productos como el PTA o el PET.

Pero el resultado, de momento, es que el exceso chino presiona los precios globales. Y Europa, atrapada entre sus costes energéticos y sus objetivos climáticos, no puede competir.

El viejo continente sin defensas. "El sistema es como una torre de Jenga", dijo Ronald van Klaveren a NRC. "Quita una pieza y aguanta. Quita tres y colapsa". Cada cierre en Europa pone en peligro todo un ecosistema de fábricas conectadas por tuberías de vapor, calor y materias primas. En Róterdam, Chemelot o el Ruhr, el cierre de una planta afecta a decenas de proveedores. En las regiones industriales del Rin o el Limburgo, cada apagón se traduce en cientos de empleos perdidos y comunidades enteras en declive, evocando las reconversiones de los años ochenta.

Mientras tanto, el marco político se mueve con lentitud. La Comisión Europea presentó en verano su "Chemical Industry Action Plan", que, según los industriales holandeses, "tiene buenas intenciones pero pocas medidas concretas". La industria pide tres cosas: energía asequible, reglas equivalentes para importaciones y un marco fiscal competitivo.

En Alemania, el banco Helaba advierte de un "shock chino 2.0": tras el ingreso de China en la OMC en 2001, sus exportaciones se centraban en juguetes y textiles; hoy compite en maquinaria, automoción y química de alta tecnología. "El resultado es una enorme presión sobre los precios", señaló el economista Adrian Keppler. Y en el Reino Unido, el director de Ineos Acetyls, David Brooks, fue más directo para The Guardian: "El Reino Unido y Europa avanzan sonámbulos hacia la desindustrialización. Si los gobiernos no actúan ya en materia de energía, carbono y comercio, seguiremos perdiendo fábricas, talento y empleos".

¿Qué viene ahora? Europa quiere reinventar su química, pero no tiene las condiciones para hacerlo. El informe de Cefic y Advancy avisa de que el 40% de las plantas europeas podría cerrar antes de 2040 si no se acelera la transición hacia materiales de bajo carbono y productos de alto valor. Para cumplir el Pacto Verde, harían falta más de 2 billones de euros en inversión hasta 2050, según Consultancy. El problema es que nadie quiere invertir donde la energía cuesta más, las reglas cambian cada año y los permisos se demoran meses o incluso años. 

Algunos expertos, como Alexander Baumgartner de Roland Berger, creen que la salida está en "abandonar la lógica de la escala y apostar por la innovación, la digitalización y las aplicaciones especializadas". En otras palabras: Europa ya no puede ganar por volumen, pero puede sobrevivir por valor añadido.

Un cierre que suena a advertencia. La historia se cierra donde empezó: en el puerto de Róterdam, frente a una planta vacía. Hace apenas una década, Europa lideraba el mercado global de productos químicos. Hoy, depende de las importaciones chinas incluso para materiales básicos. "Si no redefinimos nuestra estrategia industrial, esta será la década en que Europa perdió su química", advierte Hendrik de Zeeuw, director de Teijin Aramid, en declaraciones a NRC.

El continente que inventó la revolución química del siglo XX se enfrenta ahora a la competencia de una nueva superpotencia. China no solo produce: redibuja el mapa mundial de la industria. Y en los laboratorios vacíos de Europa, el eco de las máquinas apagadas suena como una advertencia: sin energía competitiva, sin política industrial y sin visión común, el próximo experimento europeo puede ser el de su propia desindustrialización.

Imagen | FreePik

Xataka | Muchos creían que el “Made in China” era sinónimo de barato y poco fiable: ahora es una etiqueta que inquieta a Occidente

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