Creer que lo sano dura menos está cambiando cómo comemos (y cuánto desperdiciamos)

Creer que lo sano dura menos está cambiando cómo comemos (y cuánto desperdiciamos)

Hoy en día, saber cuánto dura realmente un alimento se ha vuelto casi un misterio. ¿Cuánto aguanta un pimiento en la nevera? ¿Por qué esa manzana lleva una semana en el frutero y nadie se la come? ¿Se ha echado a perder o simplemente lo creemos? Esta confusión podría estar provocando algo más, un aumento innecesario del desperdicio alimentario.

En corto. Muchos alimentos vienen con etiquetas como "consumir preferentemente antes de”, “fecha de caducidad”, o incluso “envasado el…”, lo que siempre se ha interpretado como fecha límite de seguridad alimentaria. Sin embargo, según la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), este tipo de etiquetado no significan que el alimento no sea seguro después de esa fecha, sino que podría perder calidad, no seguridad.

Hay un estudio detrás. Entre 2018 y 2024, más de 3.500 consumidores de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Corea del Sur participaron en un estudio académico en ocho partes, publicado en el Journal of Marketing Research. El objetivo de la investigación era entender cómo la percepción de los "alimentos saludables" afecta su manejo y consumo.

En uno de los experimentos, los científicos pidieron a los participantes que clasificaran seis productos (cereales, barritas de snack, barritas de proteína, yogur, galletas y patatas fritas) en dos categorías: los que consideraban más saludables y los que creían que caducarían más rápido. La mayoría asumió que los alimentos considerados "más saludables" fueron los que pensaron que se echarían a perder antes. Jeehye Christine Kim, profesora de la Universidad de Virginia y coautora del estudio, lo ha explicado del siguiente modo: “Esto se debe a la falta de conocimiento sobre el deterioro de los alimentos. Los consumidores aplican lo que saben sobre frutas y verduras frescas a alimentos envasados, incluso cuando no es lógico hacerlo”.

Pero hay algo más. La investigación ha mostrado que los consumidores eran más propensos a tirar los alimentos saludables al acercarse su fecha de caducidad que a desechar productos menos saludables en la misma situación.

No obstante, los investigadores le han puesto nombre: heurística de salud. Una suposición automática que lleva a pensar que, si un alimento es saludable, también debe ser más perecedero. Esa creencia nace de la experiencia real con frutas y verduras frescas —que sí se estropean rápido—, y se aplica erróneamente a productos envasados como yogures o barritas. A eso se suma otro factor: el miedo a equivocarse. Como no siempre sabemos cómo identificar si un alimento sigue siendo seguro o no, y como las etiquetas no ayudan, preferimos desecharlo “por si acaso”. Pero ese “por si acaso” tiene un coste: más comida desperdiciada, muchas veces sin necesidad.

Una búsqueda para desperdiciar menos. Los investigadores sugieren que una de las claves para resolver este problema está en el etiquetado.  Según ha explicado Brent McFerran, profesor de la Universidad Simon Fraser y coautor del estudio, al The Wall Street Journal, tanto la industria alimentaria como los gobiernos deben actuar, ya que "muchos alimentos perfectamente sanos y seguros para el consumo suelen tirarse a la basura por desconocimiento de cuánto tiempo se pueden consumir sin peligro”.

Por su parte, la EFSA promueve campañas informativas para que los consumidores aprendan la diferencia entre las etiquetas de caducidad y las de consumo preferente, e impulsa a los fabricantes a mejorar la claridad de sus envases.

Más allá de elegir sano. Comer sano no debería significar tirar más comida. Pero mientras persista la confusión sobre qué significa realmente una fecha impresa en un envase, miles de productos perfectamente comestibles seguirán acabando en la basura cada día.

Entender qué significan las etiquetas, exigir claridad y repensar nuestras percepciones puede tener un impacto real, no solo en nuestra salud, sino también en el planeta. Porque elegir saludable también debería incluir cuidar lo que no se desperdicia.

Imagen | Dean Hochman

Xataka | Una ardilla podría cruzar España saltando de supermercado en supermercado: cómo nos hemos obsesionado con la compra

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La noticia Creer que lo sano dura menos está cambiando cómo comemos (y cuánto desperdiciamos) fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

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Creer que lo sano dura menos está cambiando cómo comemos (y cuánto desperdiciamos)

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Hoy en día, saber cuánto dura realmente un alimento se ha vuelto casi un misterio. ¿Cuánto aguanta un pimiento en la nevera? ¿Por qué esa manzana lleva una semana en el frutero y nadie se la come? ¿Se ha echado a perder o simplemente lo creemos? Esta confusión podría estar provocando algo más, un aumento innecesario del desperdicio alimentario.

En corto. Muchos alimentos vienen con etiquetas como "consumir preferentemente antes de”, “fecha de caducidad”, o incluso “envasado el…”, lo que siempre se ha interpretado como fecha límite de seguridad alimentaria. Sin embargo, según la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria), este tipo de etiquetado no significan que el alimento no sea seguro después de esa fecha, sino que podría perder calidad, no seguridad.

Hay un estudio detrás. Entre 2018 y 2024, más de 3.500 consumidores de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Corea del Sur participaron en un estudio académico en ocho partes, publicado en el Journal of Marketing Research. El objetivo de la investigación era entender cómo la percepción de los "alimentos saludables" afecta su manejo y consumo.

En uno de los experimentos, los científicos pidieron a los participantes que clasificaran seis productos (cereales, barritas de snack, barritas de proteína, yogur, galletas y patatas fritas) en dos categorías: los que consideraban más saludables y los que creían que caducarían más rápido. La mayoría asumió que los alimentos considerados "más saludables" fueron los que pensaron que se echarían a perder antes. Jeehye Christine Kim, profesora de la Universidad de Virginia y coautora del estudio, lo ha explicado del siguiente modo: “Esto se debe a la falta de conocimiento sobre el deterioro de los alimentos. Los consumidores aplican lo que saben sobre frutas y verduras frescas a alimentos envasados, incluso cuando no es lógico hacerlo”.

Pero hay algo más. La investigación ha mostrado que los consumidores eran más propensos a tirar los alimentos saludables al acercarse su fecha de caducidad que a desechar productos menos saludables en la misma situación.

No obstante, los investigadores le han puesto nombre: heurística de salud. Una suposición automática que lleva a pensar que, si un alimento es saludable, también debe ser más perecedero. Esa creencia nace de la experiencia real con frutas y verduras frescas —que sí se estropean rápido—, y se aplica erróneamente a productos envasados como yogures o barritas. A eso se suma otro factor: el miedo a equivocarse. Como no siempre sabemos cómo identificar si un alimento sigue siendo seguro o no, y como las etiquetas no ayudan, preferimos desecharlo “por si acaso”. Pero ese “por si acaso” tiene un coste: más comida desperdiciada, muchas veces sin necesidad.

Una búsqueda para desperdiciar menos. Los investigadores sugieren que una de las claves para resolver este problema está en el etiquetado.  Según ha explicado Brent McFerran, profesor de la Universidad Simon Fraser y coautor del estudio, al The Wall Street Journal, tanto la industria alimentaria como los gobiernos deben actuar, ya que "muchos alimentos perfectamente sanos y seguros para el consumo suelen tirarse a la basura por desconocimiento de cuánto tiempo se pueden consumir sin peligro”.

Por su parte, la EFSA promueve campañas informativas para que los consumidores aprendan la diferencia entre las etiquetas de caducidad y las de consumo preferente, e impulsa a los fabricantes a mejorar la claridad de sus envases.

Más allá de elegir sano. Comer sano no debería significar tirar más comida. Pero mientras persista la confusión sobre qué significa realmente una fecha impresa en un envase, miles de productos perfectamente comestibles seguirán acabando en la basura cada día.

Entender qué significan las etiquetas, exigir claridad y repensar nuestras percepciones puede tener un impacto real, no solo en nuestra salud, sino también en el planeta. Porque elegir saludable también debería incluir cuidar lo que no se desperdicia.

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Tras el apagón, una propuesta gana fuerza: dividir España en tres zonas de precios para la luz

Tras el apagón, una propuesta gana fuerza: dividir España en tres zonas de precios para la luz

Ha pasado un mes desde que un apagón masivo dejó a millones sin electricidad en la península. Lo que lo causó aún no está del todo claro. Lo que sí ha vuelto a surgir es una pregunta incómoda para el sistema eléctrico: ¿debe seguir funcionando con una única zona de precios?

El modelo actual. El apagón dejó claro que el modelo actual de una única zona de precios no siempre se ajusta a cómo se genera, transporta y consume la electricidad en España. A raíz de esto, han vuelto a sonar propuestas que piden revisar el sistema de fijación de precios. Entre ellas, una gana fuerza: dividir el territorio en varias zonas con precios diferenciados, como ya hacen otros países europeos.

El caso Nord Pool. Uno de los ejemplos más citados, el mercado eléctrico de los países nórdicos y bálticos. Este sistema divide su territorio en zonas de oferta (bidding zones), que pueden tener precios distintos en función de la disponibilidad local de generación, la demanda y las limitaciones de capacidad en la red de transporte.

En otras palabras, si hay abundante generación renovable en una zona (por ejemplo, en el norte de Noruega) y demanda muy alejada (por ejemplo, en el sur de Suecia), pero la red de transporte entre ambas está congestionada, el precio de la electricidad será más bajo en la zona generadora y más alto en la consumidora. Esa diferencia empuja a poner baterías donde se consume y a mejorar la red donde se colapsa. Según el propio sitio oficial de Nord Pool, los precios se calculan cada día en función del equilibrio de oferta y demanda en cada zona, teniendo en cuenta las restricciones físicas del sistema. El resultado es un mercado más realista, donde los precios no se uniformizan artificialmente y los cuellos de botella quedan reflejados directamente en el precio.

¿Y es posible en España? La propuesta de dividir en varias zonas no ha sido planteada oficialmente ni por el Gobierno ni por Red Eléctrica (REE). Aun así, el desequilibrio es evidente: buena parte de la generación renovable se concentra en zonas rurales del sur y del interior (como Andalucía, Castilla-La Mancha o Aragón), mientras que el consumo se dispara sobre todo en el eje mediterráneo y en Madrid. Esta asimetría genera cuellos de botella, sobrecostes y, como se ha visto en el apagón, vulnerabilidades críticas.

De hecho, España podría verse presionada a cambiar su modelo si persisten estas limitaciones estructurales. Además, los datos del informe de REE sobre el sistema eléctrico muestran que solo en 2024, el coste de los servicios de ajuste —que incluyen redispatching y otras medidas para equilibrar la red— ascendió a 2.668 millones de euros. Estos costes representaron un 15 % del precio medio final de la energía, con una repercusión de 11,43 €/MWh. Es decir, son sobrecostes invisibles para el consumidor, pero que podrían reducirse si el sistema ofreciera señales de precio más realistas y diferenciadas.

Escenarios de futuro. La reciente crisis eléctrica no ha hecho más que subrayar una realidad que muchos expertos llevan tiempo advirtiendo: el sistema eléctrico español, tal y como está diseñado, no es capaz de absorber el crecimiento renovable sin ajustes estructurales. La pregunta sobre si debemos pasar de una única zona de precios a un modelo zonal no es solo técnica, sino profundamente política y territorial.

Frente a un modelo que uniformiza artificialmente los precios y oculta los desequilibrios de red, una zonificación bien diseñada podría convertirse en una herramienta útil para dirigir las inversiones, reducir los costes del sistema y aumentar su resiliencia. Pero también plantea un desafío político complejo: ¿cómo explicarle a una comunidad que su electricidad será más cara que la de otra región? ¿Cómo garantizar que la transición sea justa y que no aumente las desigualdades territoriales?

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Xataka | Cuanto más se sabe del apagón en España, menos culpable parece la falta de inercia por las energías renovables

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Tenerife busca encender sus luces con el calor del subsuelo: así es su gran apuesta por la geotermia

Tenerife busca encender sus luces con el calor del subsuelo: así es su gran apuesta por la geotermia

Durante más de una década, las Islas Canarias han estado implementado las energías renovables en su territorio. El caso más emblemático ha sido el de El Hierro, que se convirtió en un referente de autosuficiencia energética con ciertas limitaciones. Ahora, Tenerife ha propuesto un plan sin fisuras.

En corto. El Cabildo de Tenerife iniciará en otoño los primeros sondeos para  desarrollar energía geotérmica. En nota de prensa han detallado que la iniciativa está liderada por la empresa Energía Geotérmica de Canarias (EGC), una alianza público-privada formada por el propio Cabildo, el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), la empresa DISA y la islandesa Reykjavik Geothermal. El coste total de las prospecciones superará los 80 millones de euros.

Más en profundidad. Estudios realizados por la agrupación promotora han indicado la posible existencia de agua y calor superiores a 150°C a 2.500 metros de profundidad en el subsuelo del sur de la isla. En función del yacimiento, se espera poder generar entre 5MW y 20MW, una cantidad suficiente para abastecer energéticamente a una ciudad como Santa Cruz de Tenerife durante todo un año, según ha estimado el Cabildo.

Según ha destacado Santiago Rull Cullen, director de Energía del Grupo DISA: “Representa un paso decisivo hacia un futuro energético más sostenible”. Se han analizado más de 17.000 hectáreas para identificar zonas prometedoras, y la tecnología empleada, según el director científico del Involcan, Nemesio Pérez, tendrá una mínima afección al territorio, con estabilidad de producción y cero emisiones contaminantes.

No todo son certezas. La geotermia profunda que se desarrollará en Tenerife se distingue por su baja ocupación del suelo y un impacto visual mínimo en comparación con otras renovables. Además, al no depender del clima, proporciona un suministro constante, estable y seguro, ayudando a evitar apagones y reforzando la autonomía energética.

No obstante, toda intervención en el subsuelo puede tener efectos no deseados sobre ecosistemas frágiles. Así lo ha demostrado el caso de la minería submarina, que parecía apagada hasta que el descubrimiento de un fenómeno llamado “oxígeno negro” reactivó el debate medioambiental. En este contexto, algunos expertos insisten en la necesidad de combinar ambición con prudencia: no perder de vista la protección de la biodiversidad mientras se avanza en la transición energética.

Un obstáculo más específico. El experto Nemesio Pérez, consultado por el Cabildo, ha alertado de que el principal obstáculo en España es la ausencia de una tarifa específica que regule el precio de la energía geotérmica. La falta de un marco tarifario estable genera incertidumbre entre los inversores. “Sin una tarifa regulada o un esquema de incentivos claro, los inversores no pueden prever con certeza los ingresos futuros del proyecto, lo que aumenta el riesgo financiero”, ha advertido.

Canarias ya venían explorando esta  vía. Este nuevo impulso no parte de cero. Como ocurrió en La Palma tras la erupción del volcán Tajogaite, donde se estudia aprovechar el calor residual del subsuelo, Canarias ya venía explorando esta vía. Además, la Unión Europea ha identificado el archipiélago como un enclave estratégico para el desarrollo geotérmico en el continente por lo que podría obtener financiación europea.

Cara al futuro. El IDAE ha marcado enero de 2026 como fecha límite para ejecutar el proyecto, pero igualmente han solicitado una ampliación mínima en un año por si se complejizan los permisos y la logística de los equipos. Sin embargo, aquí la gran pregunta ahora es si logrará lo que El Hierro aún no ha conseguido del todo: demostrar que, con planificación, inversión y tecnología, una isla puede ser verdaderamente autosuficiente y limpia.

Imagen | Jesús Rodríguez y PxHere

Xataka | Madrid solo produce el 4,8% de la energía que consume, pero ha encontrado un lugar donde solucionarlo: el subsuelo

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Le estamos pidiendo a ChatGPT que valore cómo de guapos somos precisamente por lo que más miedo nos da: la verdad

Le estamos pidiendo a ChatGPT que valore cómo de guapos somos precisamente por lo que más miedo nos da: la verdad

“Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa del reino?”, esa famosa pregunta que iba dirigida a un espejo encantado hoy se le hace a ChatGPT. Lo más curioso de este “popular prompt” es la disposición de muchas personas a seguir los consejos que puede ofrecer.

La honestidad. Una mujer australiana de 32 años, Ania Rucinski, entrevistada por The Washington Post, afirmó que preguntó a ChatGPT cómo podía verse más “atractiva” frente su pareja, debido a la falta de sinceridad en su entorno. La respuesta fue directa y sin rodeos: flequillo cortina. No obstante, esto no es nada nuevo y está ganando popularidad en redes sociales.

Una tendencia silenciosa. Uno de los vídeos que está ganando popularidad en TikTok es el publicado por Marina (@marinagudov), que ha alcanzado más de medio millón de visitas. En él ha explicado cómo ha usado el chatbot para hacer un análisis completo de su estilo y estética, desde una selfie sin maquillaje. La IA le indicó su paleta de color ideal, evaluó su tono de cabello, le aconsejó cambios de maquillaje con marcas y tonos concretos, y hasta le diseñó un look de sombras adaptado a la forma de sus ojos. Lo mismo hizo una periodista de Indy100, que decidió seguir la tendencia tras ver múltiples videos en redes sociales, y le ocurrió lo mismo que a la influencer. Lo más sorprendente, según relata, fue que el bot también le ofreció una imagen generada visualmente con el resultado.

Detrás de la viralidad. ¿Por qué preferir la opinión de un bot antes que la de un ser humano? Según algunos  usuarios, la IA resulta más honesta sin ser cruel. Kayla Drew, también entrevistada por The Washington Post, ha afirmado que recurre a ChatGPT para todo, incluso consejos de belleza, porque su forma directa de hablar no le duele tanto como la crítica de una persona cercana. Por su parte, para el mismo medio, la crítica de belleza JessicaDeFino ha ofrecido una explicación más profunda: “Los humanos tenemos vínculos emocionales que afectan nuestras percepciones. Un bot, en cambio, no se deja influenciar por el cariño, el carisma o la personalidad. Solo analiza datos y da su veredicto. Para quienes buscan respuestas claras sobre su apariencia, eso se siente como una ventaja”.

Hay algo más. La IA puede aportar una visión a futuro más real; es como lanzarse a una piscina llena. La periodista de Indy100 ha encontrado en ChatGPT una forma de experimentar si consecuencias reales. La capacidad de probar, ajustar y visualizar antes de tomar una decisión se ha convertido en uno de los principales atractivos de esta tendencia.

¿Qué opinan los expertos? Algunos usuarios entrevistados por The Washington Post han confiado en ChatGPT porque ofrece una opinión “neutral”, pero los especialistas han advertido que solo es una ilusión. En el mismo medio, EmilyPfeiffer, analista de Forrester, ha destacado que “la IA simplemente refleja lo que ve en internet, y mucho de eso ha sido diseñado para hacer que las personas se sientan mal consigo mismas y compren más productos”. Es decir, sus respuestas pueden estar condicionadas por una lógica de mercado que favorece el consumo, no necesariamente el bienestar del usuario.

Por su parte, AlexHanna (Distributed AI Research Institute) y EmilyBender(lingüista computacional) van más allá al advertir que entrenar estos modelos con contenido como foros que califican el atractivo (como r/RateMe o Hot or Not) implica que estamos “automatizando la mirada masculina”. Así, el chatbot podría perpetuar estándares de belleza sexistas, en lugar de ofrecer una evaluación justa o empática.

En la misma línea, tal y como ha detallado para el medio argentino Redacción MarzyehGhassemi, profesora del MIT en medicina computacional, su preocupación por cómo la IA puede ofrecer consejos dañinos en temas sensibles.  En un caso documentado, una IA recomendó comportamientos peligrosos a personas con trastornos alimenticios. Esto subraya que, sin supervisión ética, estas herramientas pueden causar daño incluso cuando no lo pretenden.

El peligro de la cultura digital. La belleza siempre ha sido cambiante, cultural y profundamente subjetiva. Sin embargo, la inteligencia artificial tiende a reducirla a patrones repetidos y predecibles: piel sin imperfecciones, cuerpos delgados, rasgos eurocéntricos. Es decir, estándares dominantes que no nacen del individuo, sino del mercado. Como ha señalado la analista Emily Pfeiffer, mucho del contenido que entrena a estos modelos ha sido diseñado para hacernos sentir mal con nosotros mismos y empujarnos al consumo. La IA, así, no solo ofrece consejos: recomienda productos, sugiere procedimientos, incita al gasto. Convertimos el deseo de sentirnos mejor en una operación matemática orientada a la optimización. ¿Pero optimización para qué? ¿Para encajar en una imagen idealizada que otros —o un algoritmo— han construido?

Un estudio ha mostrado que sistemas como ChatGPT reproducen sesgos sistémicos de género y raza incluso en tareas técnicas como la selección de personal. Si eso ocurre en contextos “neutrales”, ¿qué no ocurrirá cuando la IA evalúa algo tan cargado culturalmente como el atractivo físico? Muchos de estos modelos beben de foros y comunidades en línea donde se cosifica y puntúa la apariencia, o espacios más oscuros de la manosfera y los entornos incel. Estos ecosistemas no solo normalizan la violencia simbólica contra los cuerpos que no encajan en su canon, sino que ahora alimentan las bases de datos con las que entrenamos a las inteligencias artificiales. Así, lo que parece una herramienta “objetiva” es, en realidad, un espejo deformado: devuelve no solo imágenes idealizadas, sino los prejuicios de toda una cultura digital profundamente marcada por el deseo masculino, el individualismo extremo y la lógica de competencia.

Imagen | Ecole polytechnique

Xataka | El CEO de Klarna despidió a 700 empleados para remplazarlos por IA. Ahora se ha sustituido a sí mismo... por un avatar

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Las renovables han abaratado el mercado, pero el respaldo lo ha encarecido: así se explica la subida del PVPC en mayo

Las renovables han abaratado el mercado, pero el respaldo lo ha encarecido: así se explica la subida del PVPC en mayo

Casi un mes después del apagón que asoló a España, Portugal y el sur de Francia, el suceso ha provocado una ola de reacciones en las que el debate ha estado más que servido. La principal causa de la discusión ha sido la estabilidad del sistema eléctrico español en un contexto de alta penetración de energías renovables. Aunque inicialmente se señaló la falta de inercia como posible causa, informes posteriores indican que el nivel de inercia en el sistema era adecuado y superaba las recomendaciones europeas.

Las investigaciones han apuntado a una serie de eventos anómalos, incluyendo oscilaciones en la red eléctrica y pérdidas de generación en regiones del suroeste, que desencadenaron el colapso. Sin embargo, aún quedan pesquisas por seguir para determinar con exactitud el origen del fallo. Es un proceso que llevará tiempo: que se lo digan a Estados Unidos o Italia, donde investigaciones similares tardaron años. Pero mientras tanto, la prioridad es garantizar la estabilidad a toda costa. El problema es que esa seguridad tiene un precio.

Un precio a pagar. La Red Eléctrica de España (REE) ha intensificado el respaldo energético con centrales de gas para asegurar rapidez de respuesta ante cualquier desajuste. Esta mayor “firmeza y flexibilidad” operativa implica sobrecostes que ya empiezan a notarse en el recibo de la luz de muchos de hogares.

En profundidad. La factura eléctrica de mayo será más cara para alrededor de un tercio de los consumidores domésticos: aquellos que están acogidos al mercado regulado (PVPC). Según El País, una familia media con un consumo de 249 kilovatios hora (KWh) en mayo pagará 4,08 euros másque en abril. Eso representa una subida aproximada del 8% respecto a los 50 euros del mes anterior.

El incremento no se debe al precio de la energía en sí, sino a un aumento en los denominados “servicios de ajuste”, costes asociados a mantener el equilibrio del sistema eléctrico en tiempo real. En mayo, estos servicios se han encarecido hasta los3,59 céntimos por KWh.

En los próximos meses. Pese a este repunte puntual, el contexto general del sistema eléctrico es favorable. El coste medio de mayo se sitúa por debajo de los 14€/MWh, muy cerca del mínimo histórico registrado en abril de 2024, según los datos del Operador del Mercado Ibérico de Energía (OMIE). Además, ahora el impacto solo afecta al mercado regulado, pero a medio y largo plazo tendrá consecuencias para quienes están en el mercado libre, cuando renueven contratos o cambien de compañía.

¿Y si el respaldo lo hubieran dado las nucleares? Aunque aportan generación estable, su falta de flexibilidad les impide reaccionar con rapidez ante eventos como el apagón. De hecho, durante la crisis del 28 de abril, las centrales nucleares se desconectaron automáticamente y tardaron más que otras fuentes en volver a funcionar, como nos explicaron varios expertos. Además, la alta generación renovable de estos meses las ha forzado a operar al ralentí, lo que limita aún más su papel como soporte del sistema. Por eso, el refuerzo ha recaído en las centrales de gas, más costosas, y el sobrecoste ha terminado en la factura.

Una foto de cara al verano. En los últimos balances diarios de REE, correspondientes a los últimos días de mayo, se confirma un fuerte protagonismo renovable en el sistema eléctrico español. Sin embargo, este avance no está exento de desafíos ya que para garantizar la estabilidad de la red en un entorno de alta penetración renovable, será necesario reforzar la inversión en tecnologías de almacenamiento, microrredes y sistemas de respaldo que aseguren un suministro seguro y continúo.

Imagen | Pexels

Xataka | La factura de la luz está volviendo a subir en Europa y España. Una tormenta perfecta del gas tiene la culpa

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Europa quiere paneles solares sin trabajo forzoso. El único problema es que casi todos vienen de China

Europa quiere paneles solares sin trabajo forzoso. El único problema es que casi todos vienen de China

A principios de los 2000, Europa se consagraba como el mayor fabricante de energía solar a nivel mundial. Después de más de dos décadas, esa posición dominante es un recuerdo frente al avance imparable de China, que ha logrado que más del 80% de la producción global salga de sus fábricas.

Un cambio de paradigma. China tiene una mirada muy particular de ver el mundo a largo plazo, gracias a esa filosofía ha conseguido posicionarse como líder en la energía solar. Su método ha logrado fabricar paneles solares más baratos gracias a una estrategia de subsidios, integración vertical y un control casi absoluto de las cadenas de suministro, como ha detallado BloombergNEF. Mientras, los fabricantes europeos han tenido que competir con esos precios, lo que ha desencadenado una oleada de cierres de fábricas, quiebras y reducciones de personal.

La respuesta de Europa. El viejo continente quiere volver a fabricar sus propios paneles solares, pero motivados por una presión ética y geopolítica en el sector. Según Financial Times, ha crecido el escrutinio sobre la región de Xinjiang, en China, que concentra cerca del 20 % de la producción mundial de polisilicio y donde diversos gobiernos occidentales han denunciado violaciones de derechos humanos y trabajo forzoso contra la población uigur.

Frente a esto, países como el Reino Unido han tomado una posición firme. En abril, el gobierno británico declaró que su empresa estatal de energía no podrá utilizar paneles solares vinculados al trabajo forzoso. Esta tendencia ética podría forzar a los desarrolladores solares europeos a repensar su cadena de suministro y priorizar proveedores más transparentes, incluso si son menos competitivos en precio.

Ya hay medidas en marcha. Por un lado, en un intento más ambicioso para recuperar parte de su autonomía energética, la UE aprobó el año pasado la Ley de Industria Net Zero. Esta normativa obliga a considerar no solo el precio, sino también criterios como la resiliencia de la cadena de suministro, el impacto ambiental y el origen local al realizar compras públicas de tecnologías limpias.

Por otro lado, se priorizarán los productos europeos en licitaciones para equipar hospitales, edificios públicos y otras infraestructuras estatales con energía solar. Según Solar Power Europe para Financial Times, esta normativa podría crear un mercado de hasta 9 gigavatios de capacidad solar para productos “resilientes” ya en 2026.

Pero los números no mienten. La distancia con China es abismal. Hoy, los paneles solares chinos se venden a unos 0,09 dólares por vatio, un descenso radical desde el dólar por vatio en 2012, según BloombergNEF. Las empresas europeas simplemente no pueden competir en costes frente a la escala y eficiencia del modelo chino.

Hay algo más de fondo. No solo es una cuestión de ensamblaje, sino de minerales estratégicos. En un contexto más amplio, poner en marcha una mina puede tardar hasta 17 años desde que se encuentra hasta que se activan todos los protocolos. En cambio, China lleva 20 años de ventaja asegurando sus fuentes de litio, tierras raras, cobre y silicio.

De este modo, aún con las nuevas regulaciones de la UE funcionando perfectamente, el llamado “mercado de resiliencia” cubriría menos del 14 % de la capacidad solar añadida en Europa, según Financial Times. Y no habrían garantías de que esos paneles sean producidos por fabricantes europeos: podrían provenir de India, Corea del Sur u otros países que no usen materiales de origen chino.

¿Pasará por el aro? Aquí la pregunta principal que se plantea es: ¿Está dispuesta Europa a asumir el costo económico político de reindustrializar su sector solar? ¿O aceptará la dependencia de un proveedor barato pero geopolíticamente complejo? Por ahora, las medidas parecen insuficientes para alterar significativamente la estructura del mercado. La transición energética europea avanza, pero lo hace montada sobre paneles chinos, incluso cuando sus gobiernos promueven discursos de soberanía tecnológica y ética en el comercio. Europa ha despertado tarde a una carrera que ella misma ayudó a iniciar. Recuperar el terreno perdido será difícil. El sol no espera, y China ya cerró la sombrilla.

Imagen | Climate Group

Xataka | Llenar el espacio de espejos es un negocio en auge. El objetivo: que no se haga de noche sobre los paneles solares

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Si la pregunta es si congelar un yogur es una alternativa saludable al helado, la ciencia tiene clara la respuesta

Si la pregunta es si congelar un yogur es una alternativa saludable al helado, la ciencia tiene clara la respuesta

El kit para sobrevivir al verano pasa por tener algo fresquito: desde bebidas heladas, sandía en la nevera y, por supuesto, helados. Pero en tiempos de redes sociales y estilo de vida saludable, las clásicas tarrinas o cucuruchos han sido sustituidos por opciones que parecen, a simple vista, más “saludables". Sí, estoy hablando del yogurt congelado o, en una versión más viral, el yogurt bark.

¿En qué consiste? Esta receta ha ganado popularidad por ser visualmente atractiva y sencilla de preparar. La idea es simple, se mezcla yogurt griego con fruta o frutos secos y luego se extiende sobre una bandeja, llevándolo al congelador. Al día siguiente se parte en trozos y se disfruta como si fuera una tableta dulce, pero como muchas tendencias virales, hay que ir más allá del envoltorio.

¿Una opción “saludable”? Aunque el yogur natural, especialmente el griego, aporta nutrientes importantes como proteínas, calcio y en algunos casos probióticos, el hecho de congelarlo puede alterar alguna de sus funciones. Según Mayo Clinic, muchas cepas probióticas no sobreviven al proceso de congelación y descongelación, especialmente si no se realiza un manejo adecuado de la temperatura y la formulación del producto.

Además, es fundamental considerar la composición del yogur utilizado. Muchos yogures disponibles en el mercado no son “naturales” en el sentido estricto: pueden contener altos niveles de azúcares añadidos, edulcorantes artificiales, saborizantes y espesantes. Y si a esto le sumamos toppings azucarados, el resultado puede ser una preparación más calórica que una ración moderada de helado tradicional.

¿Entonces? Aquí viene la pregunta clave del verano: si ni el helado tradicional ni el yogur congelado son ideales… ¿Entonces qué? La respuesta está en el equilibrio. Comer un helado todos los días no es necesariamente malo, siempre que el resto de tu dieta sea saludable y no tengas condiciones que lo desaconsejen. El problema no es el helado por sí solo, sino cómo se integra en tus hábitos: ¿lo tomas de postre tras una comida equilibrada? ¿o lo usas para reemplazar frutas, agua o alimentos nutritivos? En ese sentido, tanto el helado como el yoghurt bark pueden tener cabida, siempre que no sustituyan alimentos esenciales ni se tomen por sistema como “saludables sin más”.

El fenómeno fit. Cuidar la alimentación no pasa por cambiar una bola de helado por una lámina de yogur congelado y pensar que con eso ya está. Esta lógica de sustitución rápida —helado malo, yogur congelado bueno— forma parte de un enfoque superficial que se ha ido instalando gracias a la estética fit en redes sociales.

Sin embargo, todo esto no va de tendencias ni hacks. Va de entender lo que uno come, del ejercicio, del descanso... La salud no se mide en calorías ni en likes, sino en equilibrio.

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Xataka | Hay gente comiendo placenta humana. La ciencia te pide encarecidamente que, por favor, no lo hagas

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Si la pregunta es si congelar un yogur es una alternativa saludable al helado, la ciencia tiene clara la respuesta

Si la pregunta es si congelar un yogur es una alternativa saludable al helado, la ciencia tiene clara la respuesta

El kit para sobrevivir al verano pasa por tener algo fresquito: desde bebidas heladas, sandía en la nevera y, por supuesto, helados. Pero en tiempos de redes sociales y estilo de vida saludable, las clásicas tarrinas o cucuruchos han sido sustituidos por opciones que parecen, a simple vista, más “saludables". Sí, estoy hablando del yogurt congelado o, en una versión más viral, el yogurt bark.

¿En qué consiste? Esta receta ha ganado popularidad por ser visualmente atractiva y sencilla de preparar. La idea es simple, se mezcla yogurt griego con fruta o frutos secos y luego se extiende sobre una bandeja, llevándolo al congelador. Al día siguiente se parte en trozos y se disfruta como si fuera una tableta dulce, pero como muchas tendencias virales, hay que ir más allá del envoltorio.

¿Una opción “saludable”? Aunque el yogur natural, especialmente el griego, aporta nutrientes importantes como proteínas, calcio y en algunos casos probióticos, el hecho de congelarlo puede alterar alguna de sus funciones. Según Mayo Clinic, muchas cepas probióticas no sobreviven al proceso de congelación y descongelación, especialmente si no se realiza un manejo adecuado de la temperatura y la formulación del producto.

Además, es fundamental considerar la composición del yogur utilizado. Muchos yogures disponibles en el mercado no son “naturales” en el sentido estricto: pueden contener altos niveles de azúcares añadidos, edulcorantes artificiales, saborizantes y espesantes. Y si a esto le sumamos toppings azucarados, el resultado puede ser una preparación más calórica que una ración moderada de helado tradicional.

¿Entonces? Aquí viene la pregunta clave del verano: si ni el helado tradicional ni el yogur congelado son ideales… ¿Entonces qué? La respuesta está en el equilibrio. Comer un helado todos los días no es necesariamente malo, siempre que el resto de tu dieta sea saludable y no tengas condiciones que lo desaconsejen. El problema no es el helado por sí solo, sino cómo se integra en tus hábitos: ¿lo tomas de postre tras una comida equilibrada? ¿o lo usas para reemplazar frutas, agua o alimentos nutritivos? En ese sentido, tanto el helado como el yoghurt bark pueden tener cabida, siempre que no sustituyan alimentos esenciales ni se tomen por sistema como “saludables sin más”.

El fenómeno fit. Cuidar la alimentación no pasa por cambiar una bola de helado por una lámina de yogur congelado y pensar que con eso ya está. Esta lógica de sustitución rápida —helado malo, yogur congelado bueno— forma parte de un enfoque superficial que se ha ido instalando gracias a la estética fit en redes sociales.

Sin embargo, todo esto no va de tendencias ni hacks. Va de entender lo que uno come, del ejercicio, del descanso... La salud no se mide en calorías ni en likes, sino en equilibrio.

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La noticia Si la pregunta es si congelar un yogur es una alternativa saludable al helado, la ciencia tiene clara la respuesta fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .

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En plena obsesión por las tierras raras, un metal bastante común ha puesto en peligro la transición verde: falta cobre

En plena obsesión por las tierras raras, un metal bastante común ha puesto en peligro la transición verde: falta cobre

El último informe de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) sobre minerales ha confirmado lo que se veía debatiendo desde hace tiempo: hoy por hoy, el líder absoluto es China. No es ninguna novedad, pero entre todos los minerales hay uno que corre un peligro particular, y no precisamente por el control geopolítico, sino por el riesgo real de desabastecimiento.

Hay un problema con el cobre. De todos los minerales, el cobre emerge como uno de los mayores desafíos. El informe de la IEA ha advertido que para 2035 podría haber un déficit de suministro del 30 %, debido a la caída en la ley del mineral, la falta de nuevos descubrimientos y los altos costos de desarrollo.

Un conjunto de problemas. Se puede explicar de forma muy sencilla en datos:

  • Solo en 2024, la demanda de cobre creció un 3%, impulsada principalmente por las inversiones en redes eléctricas en China.
  • El crecimiento de la producción minera ha sido modesto, muy inferior al de otros minerales como el litio o el níquel.
  • Más del 70% de la capacidad global de procesamiento de cobre está en manos de China.
  • El 7% de la producción global de cobre está en regiones vulnerables a inundaciones y sequías.

¿Hay alguna solución? Según Fatih Birol, director de la IEA, el desafío es grave pero no inevitable. En declaraciones a The Guardian, se subraya la necesidad de acelerar los permisos y reducir las trabas burocráticas, además de implementar políticas públicas que proporcionen garantías de volumen e incentivos fiscales.

Otra línea de acción que han detallado es la diversificación y cooperación internacional. Algunos países cuentan con capacidades tecnológicas avanzadas y experiencia en refinación; otros poseen abundantes recursos minerales y un gran potencial geológico. De esta manera, en el informe han subrayado que establecer alianzas equilibradas entre ambas realidades podría desbloquear nuevas capacidades productivas, reducir la concentración del mercado y fortalecer la resiliencia de toda la cadena de suministro.

Hay otros métodos. Una vía complementaria que ya empieza a tomar forma es el reciclaje del cobre. A medida que la presión sobre los recursos primarios aumenta, recuperar y reutilizar el metal de infraestructuras y dispositivos en desuso se perfila como una estrategia más. Además, en ciertas aplicaciones no críticas, se estudia la sustitución parcial del cobre por otros materiales, como el aluminio o el rutenio.

No se trata solo de cobre. El caso del cobre refleja un patrón más amplio: más del 50% de los minerales críticos están ahora sujetos a restricciones de exportación. Esto incluye desde el litio hasta elementos más desconocidos como el galio o el telurio. La dominancia china en la refinación, superior al 70% en 19 de los 20 minerales clave, convierte a este país no solo en el mayor productor, sino en el árbitro del futuro energético global.

El tiempo se agota. Y el cobre también. La paradoja es clara: cuanto más queremos avanzar hacia un futuro más limpio y sostenible, más dependemos de una infraestructura que aún no hemos asegurado. El cobre se ha convertido en un cuello de botella silencioso, difícil de sustituir y aún más difícil de escalar en tiempo récord.

Imagen | Joyce Cory y Pexels

Xataka | El colapso del AVE de Sevilla ha mostrado algo más grave: lo difícil que es proteger el cobre en una red de 15.000 km

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