Hace años que sigo este programa, El jefe infiltrado, una copia de un programa que emitían en Estados Unidos, no sé si sigue en antena. En 2014 aterrizó en nuestro país y los espectadores comenzamos a llorar a moco tendido al ver cómo un jefe empatizaba con sus empleados. Desde problemas con un hijo enfermo, no haber ascendido jamás, tener dos empleos, y así hasta el infinito: el pan nuestro de cada día.
La reflexión que se extrae de inmediato ante este formato televisivo es: ¿Lo hacen porque de veras quieren mejorar o para hacer publicidad de su empresa? En algunos casos, más les valdría quedarse en casa porque lo que vemos en cuanto a infraestructuras o las responsabilidades de algunos trabajadores es para morir de vergüenza.
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