El secreto fue… ser mediocre. Hay mucho más, evidentemente, pero lo deja a uno boquiabierto que ese gigante de la fantasía épica llamado Brandon Sanderson diga algo semejante. Ser mediocre; ni más, ni menos. Ser mediocre para llegar al autor que arrasó, por segunda vez, en el Celsius 232, la cita nacional del fantástico, en todas sus vertientes y avenidas artísticas, que se celebra, año a año, en Avilés (Asturias, España).
El mediocre Sanderson batió récords de colas. Hasta el punto de que, pasada la medianoche, mientras los autores del fantástico español refrescábamos el gaznate con mojitos en el Plazas Bar (a tiro de piedra de la Casa de la Cultura donde se celebra el festival), escuchamos, de sopetón, una tremenda ovación nocturna. Era el vítor de los fans porque su héroe había logrado firmar el último volumen después de cuatro horas maratonianas de rúbricas.
Aprovechando que la organización, de la que formo parte, siempre me ha tratado excelentemente, pude tener un raro privilegio. Una hora con Brandon Sanderson, los dos a solas, el domingo, justo después de que hubiera acudido a misa. En el NH de Avilés, sentados en esa agradable salita que hay a la derecha de recepción, nos miramos cara a cara y frikeamos de lo lindo. Que si las gemas de Marvel, los universos compartidos y los videojuegos. Que si los planes locamente ambiciosos que tiene para el Cosmere.
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