No todos tenemos la suerte de disfrutar un mes completo de vacaciones, pero existe un remedio ante esa circunstancia: apreciar las pequeñas cosas y no sentirnos mal por aparcar un rato el trabajo. De hecho, si no nos obligamos a descansar aunque sea por episodios cortos, rendiremos menos y el agotamiento se apoderará de nuestra mente y cuerpo.
El otro día, un niño me decía que él no se aburría nunca y la gente de su entorno rápidamente dijo que siempre estaba activo, a mí no me resultó especialmente positivo. Aburrirse, no hacer nada, es uno de los mayores placeres de la vida. Al desconectar, no sólo descansamos sino que damos espacio a que la imaginación vuele.
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