Secretismo, leyendas y accidentes de coches: ser el más rápido en carretera tiene un precio
El ser humano está obsesionado por ir más lejos, más alto y más rápido. Hace mucho que se han superado lo límites que nos dio la naturaleza, pero con un coste financiero —y a veces humano— desorbitado.
Ser el más rápido del mundo es un privilegio al que muy pocos han podido optar a lo largo de la historia, pero ese impulso que nos hace querer siempre más también se expresa de formas más humildes. Y ser el más rápido con un cohete con ruedas es una cosa, pero serlo con un coche y en carretera es algo muy diferente.
El apogeo de esa búsqueda la encontramos en los años 80 y 90. Fue una época de excesos, de récords de velocidad y de fama mundial para sus protagonistas, al conseguir récords de velocidad en carreteras que no siempre estaban cerradas al tráfico. Esta es la historia de esos iconos de la cultura pop y del automovilismo, digamos, alternativo.









