Si tienes menos de 34 años, nunca has vivido un mes con temperaturas inferiores a la media: cuando el mundo dejó de ser “normal”
De pequeño, pasé muchas horas en el bar de mi abuelo. Eso me dio uno de mis superpoderes: una capacidad casi infinita de concentrarme en mitad del mayor de los follones. Es más, llegado un punto soy capaz de trabajar mejor en mitad del plató del ‘Chiringuito’ que en un rincón de la Abadía de Silos.
El bar me dio la capacidad de desconectarme de lo que pasaba alrededor. De los gritos, los golpes de los vasos contra la barra y los aullidos de la máquina de café; de los televisores, de las personas que entran y salen, de los que cuentan chascarrillos gesticulando visiblemente las manos. Eso es una ventaja, claro; pero también soy consciente de que un problema.
El día que declaren una alarma de incendio en mi cafetería de confianza es posible que no me entere hasta que media docena de bomberos me sacaran a rastras del establecimiento. Y eso, cada vez estoy más convencido, nos está empezando a pasar con el cambio climático.








