Hemos encontrado la huella dactilar humana más antigua del mundo. Tiene 43.000 años y alguien la dejó en España

Hemos encontrado la huella dactilar humana más antigua del mundo. Tiene 43.000 años y alguien la dejó en España

Ahora sabemos una escena que se produjo hace miles de años. Ocurrió más o menos así: un neandertal adulto se encontró con un canto rodado de granito cuya forma irregular, rica en cuarzo y hendiduras naturales, posiblemente evocaba para sus ojos algo más que una simple piedra: parecía un rostro alargado. Lo que siguió fue un acto aparentemente mínimo, pero cargado de significación. Dejó la huella humana más antigua jamás conocida, y lo hizo en España.

El arte de los neandertales. La escena la han descrito ahora los científicos y calculan que ocurrió hace unos 43.000 años en lo que hoy es la provincia de Segovia. Según han explicado en el estudio recientemente publicado, el neandertal adulto mojó su dedo en pigmento rojo y presionó con él la piedra justo donde estaría la nariz de ese posible rostro, dejando así la huella dactilar humana más antigua jamás registrada.

El descubrimiento, realizado en 2022 en San Lázaro, se ha verificado a través de un equipo interdisciplinar de arqueólogos, geólogos y forenses, que han concluido que el punto rojizo contiene óxidos de hierro y minerales arcillosos no presentes en la cueva, lo que indica que el pigmento se llevó intencionadamente desde otro lugar.

Arte. A diferencia de una herramienta o utensilio utilitario, la piedra no presentaba señales de uso práctico: su valor era simbólico, estético, o quizás espiritual. El punto de pigmento rojo, sin el cual el objeto no tendría valor arqueológico, marca el paso decisivo entre lo meramente físico y lo cultural: entre la piedra y la idea.

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La piedra encontrada

El significado detrás del gesto. Los autores del estudio, publicado en la revista Archaeological and Anthropological Sciences, argumentan que el hallazgo refuerza la hipótesis de que los neandertales poseían una mente simbólica similar a la del Homo sapiens. Para ellos, el acto de seleccionar una piedra por su forma, transportarla, aplicar un pigmento con precisión y probablemente atribuirle un significado es prueba de la existencia de al menos tres procesos cognitivos complejos: la concepción mental de una imagen, la voluntad de comunicar algo mediante símbolos, y la capacidad de atribuir sentido.

Dicha tríada, afirman, es la base misma del arte. En ese sentido, el simple guijarro con un punto rojo puede representar una de las abstracciones de rostro humano más antiguas del registro prehistórico europeo. La singularidad del objeto lo convierte en una pieza difícil de contextualizar: no hay, por ahora, otra igual. Dicho esto, recuerdan que no se puede descartar su dimensión artística. Al contrario: su rareza refuerza su carácter como ejemplo aislado, pero revelador, de la capacidad de los neandertales para proyectar pensamientos e ideas sobre el mundo material.

Rompiendo prejuicios. Hay más, por supuesto. El hallazgo pone de relieve no solo el acto original de aquel neandertal, sino también la persistente resistencia moderna a considerar a estos homínidos como auténticos creadores de arte. Como explica el arqueólogo David Álvarez Alonso, si se tratara de una intervención humana datada hace apenas 5.000 años, nadie dudaría en clasificar el objeto como arte portátil.

Pero el hecho de que la haya producido un neandertal reaviva un debate que no es estrictamente científico, sino también cultural: el de nuestra resistencia a aceptar que los otros humanos, extintos hace unos 40.000 años, compartían con nosotros no solo herramientas, fuego y estrategias de caza, sino también imaginación, simbolismo y la necesidad de representar. Bajo ese prisma, la piedra de San Lázaro rompe ese tabú con una sola huella. No es un mural, ni un petroglifo, ni siquiera una figurilla: es un gesto único sobre un soporte ordinario, uno que, aseguran, exige una relectura profunda de lo que consideramos "arte" y de quiénes pueden producirlo.

Una ventana. Cuentan los investigadores en su trabajo que la huella de pigmento, interpretada como un acto deliberado, nos obliga a preguntarnos por el proceso mental que condujo a ese instante. Lo primero: ¿qué vio aquel neandertal en la piedra: un rostro, un espíritu o un objeto sagrado? Nunca lo sabremos, pero lo que sí sugiere la intervención es una voluntad de asignar sentido, de destacar, de dejar marca (huella).

Como señala el equipo, la ausencia total de pigmentos en el entorno de la cueva sugiere una intención firme: la piedra fue recogida, transportada y alterada con propósito. Si se quiere también, en su aparente simplicidad, el hallazgo contiene una complejidad que nos obliga a reconsiderar la concepción del ser humano.

Si los neandertales podían mirar una piedra y ver en ella un rostro, y luego intervenirla para que otros lo vieran también, entonces compartían con nosotros algo esencial: la capacidad de trascender lo inmediato y de imaginar lo invisible... mediante un simple signo.

Imagen | D. Álvarez-Alonso et al.

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Una zona de México se ha convertido en un circo fuera de control: no paran de llegar turistas para nadar con orcas salvajes

Una zona de México se ha convertido en un circo fuera de control: no paran de llegar turistas para nadar con orcas salvajes

Ese clamor en muchos enclaves que ha acabado llamándose comúnmente como “turistificación” había llegado hasta los sitios más recónditos del planeta. Ya no eran solo las playas paradisíacas, el “aventurero” iba mucho más allá adentrándose en zonas como Afganistán, Irak o Albania. De hecho, incluso la Antártida había sido objeto de las hordas ávidas de nuevas experiencias. Lo que seguramente pocos aventuraron era que nadar con orcas se iba a convertir en “must”.

Bailando con cetáceos. Lo contaba en un reportaje el Guardian esta semana. Cada madrugada en La Ventana, un tranquilo pueblo costero de Baja California Sur, docenas de turistas en trajes de neopreno suben a lanchas guiadas por pescadores locales o por operadores turísticos de grandes ciudades cercanas como Cabo San Lucas o La Paz. Su objetivo: nadar con orcas salvajes.

Una crisis ecológica: Lo que comenzó como una experiencia única e inspiradora se ha convertido, según muchos expertos y operadores veteranos, en una actividad descontrolada que amenaza tanto la seguridad de las personas como el bienestar de los animales. En ausencia de regulación formal, hasta 40 embarcaciones pueden converger sobre un mismo grupo de orcas, especialmente entre mayo y junio, los meses de mayor actividad.

La popularidad del fenómeno ha explotado desde 2019, impulsada por las redes, y ha expuesto un vacío legal en la legislación mexicana: si bien existen leyes que protegen a especies marinas amenazadas, ninguna prohíbe explícitamente nadar con cetáceos dentados como… las orcas.

Los riesgos invisibles. Aunque nunca se ha registrado un ataque de orca salvaje a humanos, los biólogos marinos advierten que el contacto excesivo y desordenado puede provocar reacciones defensivas. Plus y más preocupante aún: el efecto acumulativo del ruido de los motores y la constante presencia humana sobre las orcas residentes, muchas de las cuales son hembras con crías que cazan rayas, delfines o tiburones usando sonar, una habilidad que se ve interferida por la actividad turística.

Según explicaba al Guardian el capitán Juan Vásquez, con más de dos décadas en el mar, estos animales “recordarán haber sido acosados” y podrían dejar de visitar la zona. A pesar de ello, la presión económica es alta: el turismo de vida marina es una fuente crucial de ingresos y pocos desean limitarlo. Incluso embarcaciones sin seguro ni licencia participan en estas excursiones, compitiendo con operadores mejor establecidos que incluso garantizan encuentros con orcas para asegurar reservas.

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Un plan pionero. Ante la falta de normativa clara, un grupo de científicos y operadores responsables (incluidos la bióloga marina Georgina Saad y el documentalista Erick Higuera) han propuesto el primer plan de manejo de orcas en México basado no solo en cuotas numéricas sino en el comportamiento de los animales. El plan, que espera aprobación gubernamental este verano, limitaría la interacción a tres botes por grupo de orcas, con un máximo de nueve embarcaciones diarias, y requeriría permisos oficiales.

Además, plantea que los guías y capitanes aprendan a identificar señales de estrés en los cetáceos para saber cuándo retirarse. Cada orca puede ser reconocida por su aleta dorsal única, lo que facilitaría llevar un registro de los avistamientos e interacciones. Plus: parte de los ingresos por permisos financiaría patrullas y entrenamientos locales, estableciendo un modelo sostenible que prioriza tanto la conservación como la educación.

Tensiones locales. Con todo, la implementación del plan no está exenta de controversia. Muchos capitanes y familias locales sienten que no les han tenido en cuenta. Acusan que los permisos terminarán favoreciendo a empresas grandes de Cabo y La Paz, desplazando a quienes han vivido del turismo marino durante generaciones.

Además, critican que el plan se enfoque exclusivamente en La Ventana, cuando tanto las orcas como los turistas ya se desplazan por toda la península. Para Saad, sin embargo, concentrar la regulación en La Ventana es clave para establecer un precedente legal y operativo. “Podemos enviar el mensaje de que este es el único lugar donde se puede nadar con orcas, y así es como debe hacerse. Todo lo demás sería ilegal”.

Una línea fina. En resumen, y a pesar de las divisiones, en el reportaje concluían que una gran mayoría coincide en que la solución no es prohibir, sino educar. Evans Baudin, pionero en este tipo de experiencias y crítico con el “circo” actual, insiste en que lo esencial es hacer las cosas bien: proteger a las orcas y seguir ofreciendo encuentros respetuosos y seguros.

Por su parte, La Ventana está en una encrucijada: o se convierte en modelo de turismo responsable o en símbolo de cómo una moda viral puede dañar incluso a los gigantes más imponentes del océano. El éxito del plan dependerá no solo de las normas impuestas, sino de la voluntad colectiva de cuidar aquello que todos dicen querer: las criaturas.

Imagen | CICESE, Rennett Stowe

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Bailando con cetáceos. Lo contaba en un reportaje el Guardian esta semana. Cada madrugada en La Ventana, un tranquilo pueblo costero de Baja California Sur, docenas de turistas en trajes de neopreno suben a lanchas guiadas por pescadores locales o por operadores turísticos de grandes ciudades cercanas como Cabo San Lucas o La Paz. Su objetivo: nadar con orcas salvajes.

Una crisis ecológica: Lo que comenzó como una experiencia única e inspiradora se ha convertido, según muchos expertos y operadores veteranos, en una actividad descontrolada que amenaza tanto la seguridad de las personas como el bienestar de los animales. En ausencia de regulación formal, hasta 40 embarcaciones pueden converger sobre un mismo grupo de orcas, especialmente entre mayo y junio, los meses de mayor actividad.

La popularidad del fenómeno ha explotado desde 2019, impulsada por las redes, y ha expuesto un vacío legal en la legislación mexicana: si bien existen leyes que protegen a especies marinas amenazadas, ninguna prohíbe explícitamente nadar con cetáceos dentados como… las orcas.

Los riesgos invisibles. Aunque nunca se ha registrado un ataque de orca salvaje a humanos, los biólogos marinos advierten que el contacto excesivo y desordenado puede provocar reacciones defensivas. Plus y más preocupante aún: el efecto acumulativo del ruido de los motores y la constante presencia humana sobre las orcas residentes, muchas de las cuales son hembras con crías que cazan rayas, delfines o tiburones usando sonar, una habilidad que se ve interferida por la actividad turística.

Según explicaba al Guardian el capitán Juan Vásquez, con más de dos décadas en el mar, estos animales “recordarán haber sido acosados” y podrían dejar de visitar la zona. A pesar de ello, la presión económica es alta: el turismo de vida marina es una fuente crucial de ingresos y pocos desean limitarlo. Incluso embarcaciones sin seguro ni licencia participan en estas excursiones, compitiendo con operadores mejor establecidos que incluso garantizan encuentros con orcas para asegurar reservas.

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Un plan pionero. Ante la falta de normativa clara, un grupo de científicos y operadores responsables (incluidos la bióloga marina Georgina Saad y el documentalista Erick Higuera) han propuesto el primer plan de manejo de orcas en México basado no solo en cuotas numéricas sino en el comportamiento de los animales. El plan, que espera aprobación gubernamental este verano, limitaría la interacción a tres botes por grupo de orcas, con un máximo de nueve embarcaciones diarias, y requeriría permisos oficiales.

Además, plantea que los guías y capitanes aprendan a identificar señales de estrés en los cetáceos para saber cuándo retirarse. Cada orca puede ser reconocida por su aleta dorsal única, lo que facilitaría llevar un registro de los avistamientos e interacciones. Plus: parte de los ingresos por permisos financiaría patrullas y entrenamientos locales, estableciendo un modelo sostenible que prioriza tanto la conservación como la educación.

Tensiones locales. Con todo, la implementación del plan no está exenta de controversia. Muchos capitanes y familias locales sienten que no les han tenido en cuenta. Acusan que los permisos terminarán favoreciendo a empresas grandes de Cabo y La Paz, desplazando a quienes han vivido del turismo marino durante generaciones.

Además, critican que el plan se enfoque exclusivamente en La Ventana, cuando tanto las orcas como los turistas ya se desplazan por toda la península. Para Saad, sin embargo, concentrar la regulación en La Ventana es clave para establecer un precedente legal y operativo. “Podemos enviar el mensaje de que este es el único lugar donde se puede nadar con orcas, y así es como debe hacerse. Todo lo demás sería ilegal”.

Una línea fina. En resumen, y a pesar de las divisiones, en el reportaje concluían que una gran mayoría coincide en que la solución no es prohibir, sino educar. Evans Baudin, pionero en este tipo de experiencias y crítico con el “circo” actual, insiste en que lo esencial es hacer las cosas bien: proteger a las orcas y seguir ofreciendo encuentros respetuosos y seguros.

Por su parte, La Ventana está en una encrucijada: o se convierte en modelo de turismo responsable o en símbolo de cómo una moda viral puede dañar incluso a los gigantes más imponentes del océano. El éxito del plan dependerá no solo de las normas impuestas, sino de la voluntad colectiva de cuidar aquello que todos dicen querer: las criaturas.

Imagen | CICESE, Rennett Stowe

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Una ciudad marginal de Italia estableció un vuelo directo con Nueva York. Ahora no tienen tan claro si fue buena idea

Una ciudad marginal de Italia estableció un vuelo directo con Nueva York. Ahora no tienen tan claro si fue buena idea

Frente a ciudades masificadas como Venecia o Roma, en Italia hay otros enclaves que miran con cierta envidia cómo se activan las economías y las inversiones que produce la paradójica llegada de hordas de turistas. Uno de esos lugares era Bari, hasta hace poco una urbe portuaria marginal con altos índices de criminalidad. Entonces se decidió que era hora de dar un volantazo y abrazarse al turismo.

Lo que ocurrió después les ha dejado serias dudas con la decisión.

La nueva joya. Lo contaba esta semana el New York Times. Tras décadas de ser vista como una escala secundaria camino a destinos más famosos del sur de Italia o a las islas griegas, la ciudad portuaria de Bari ha comenzado a transformarse en una protagonista inesperada del turismo europeo. Esta metamorfosis ha sido impulsada en gran parte por el empeño de Antonio Maria Vasile, director de los aeropuertos de Puglia, quien logró establecer el primer vuelo directo entre Bari y Nueva York, un puente simbólico entre la región y los millones de italoamericanos que comparten ese origen.

Con esta conexión internacional, Bari busca reivindicar su lugar no como un sur relegado, sino como un centro vibrante de cultura, historia y gastronomía. Aunque durante años su casco antiguo fue sinónimo de criminalidad y abandono, la ciudad ha experimentado un renacimiento urbano que ha dado paso a paseos costeros, cafés, rutas culturales y, muy importante, seguridad, devolviendo a sus habitantes un sentido de orgullo hasta ahora escaso.

Primera línea turística. Contaba el medio que Puglia ha conquistado silenciosamente a celebridades, inversores y turistas, y lo ha hecho con su mezcla de mar cristalino, arquitectura barroca, hospitalidad rural y lujo discreto. Mientras resorts como Borgo Egnazia acogen cumbres del G7 y los Lamborghinis esperan en los garajes de alquiler, Bari comienza a beneficiarse del efecto halo que ha elevado a la región a nuevo epicentro del encanto italiano.

El legado de San Nicolás, cuya tumba se encuentra en la ciudad, se une a una Bari Vecchia completamente reformada, donde las iglesias medievales y la venta callejera de orecchiette compiten en atractivo con la focaccia local. Las caminatas por el centro histórico, antes dominado por clanes mafiosos, ahora están llenas de visitantes y residentes que redescubren la ciudad con nuevos ojos. Dicho de otra forma, la narrativa del sur empobrecido y olvidado empieza a ceder ante una de modernidad, patrimonio y oportunidad.

Gentrificación. Qué duda cabe, esto también conlleva otros males conocidos, porque el auge turístico no llega sin tensiones. La popularidad repentina de Bari ha disparado los precios del alquiler en el centro, expulsando a pensionistas y estudiantes, y poniendo en jaque a la población joven que representa el futuro demográfico y creativo de la ciudad. La reconversión masiva de viviendas en alquileres turísticos ha vaciado zonas residenciales tradicionales, repitiendo dinámicas vistas en otras ciudades saturadas como Venecia, Madrid o Lisboa.

Así, cada vez más personas temen que, después de haber reconstruido su identidad, Bari la pierda bajo la presión de un modelo económico estacional y frágil. Las críticas apuntan también a la falta de inversión en transporte público, una carencia básica que dificulta tanto la movilidad diaria de los residentes como la integración plena de los flujos turísticos. Como sintetizaba un profesor local al Times: “en Puglia es fácil alquilar un Ferrari, pero encontrar un autobús es otra historia”.

Entre lo auténtico y la fanfarria. Explicaban en el NYT que la revitalización de Bari ha sido tan profunda que quienes la conocieron en su etapa más decadente apenas la reconocen. Antiguos barrios vetados ahora brillan con rutas culturales, festivales de cine y una vida nocturna que, sin embargo, ha comenzado a chocar con el tejido social tradicional, como quedó demostrado hace poco cuando los vecinos arrojaron cubos de agua para dispersar a las hordas de turistas del festival de San Nicolás.

El entusiasmo convive con la misma inquietud de tantos otros enclaves: ¿puede una ciudad reinventarse sin venderse por completo, atraer sin desdibujarse? La respuesta no está clara y, mientras tanto, Vasile imagina un futuro donde Bari no dependa de veranos fugaces ni de nombres de celebridades, sino de una consolidación profunda y sostenible. Bajo ese prisma, la nueva conexión con Nueva York no debería ser sinónimo de turismo sin más, sino, según sus palabras, “el símbolo inaugural de una era diferente. Nos hemos dado cuenta de nuevas posibilidades”.

Ahora queda por ver si la ciudad sabe convertirlas en realidad… sin perder su esencia por el camino.

Imagen | Jason Chung

En Xataka | Italia ha tenido una idea para que el turismo masivo no se le atragante: tasas más altas y en más lugares para los viajeros

En Xataka | En pleno debate sobre la masificación turística, España ya tiene la primera foto de cómo va el verano. Y hay sorpresas

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Elon Musk convirtió una fábrica abandonada de EEUU en el superordenador más potente del mundo. Nadie pensó en los vecinos

Elon Musk convirtió una fábrica abandonada de EEUU en el superordenador más potente del mundo. Nadie pensó en los vecinos

Se diría que Elon Musk ha creado un círculo perfecto alrededor de lo que hasta hace poco era una fábrica abandonada a las afueras de Memphis. Allí ha instalado Colossus, el superordenador más monstruoso del planeta para impulsar a la IA a nuevos límites y que ésta defina el futuro de los coches (de Tesla). Para que el combo le salga completo al tipo más rico del mundo, todo está alimentado a su vez por las megabaterías de Tesla.

Un win win para el entramado de Musk, aunque con un problema: los vecinos.

Un coloso… tóxico. La historia la traía esta semana la CNN. En el verano de 2024 Musk transformó una vieja fábrica abandonada en el suroeste de Memphis en lo que él mismo proclamó como “la supercomputadora más poderosa del planeta”. El proyecto, impulsado por su empresa de inteligencia artificial xAI, prometía convertir la ciudad en una nueva meca tecnológica (el llamado "Delta Digital") con empleos de calidad y decenas de millones en impuestos.

Sin embargo, para los residentes de Boxtown, una comunidad mayoritariamente negra y empobrecida que desde hace décadas convive con la contaminación industrial, la llegada de xAI ha supuesto un déjà vu ambiental: una nueva fuente de polución asentada sin permisos claros, con un aparente desprecio por la salud pública.

Un ordenador que consume. Para alimentar a “Colossus”, xAI instaló 35 turbinas de gas capaces de generar hasta 420 megavatios, liberando en el camino gases tóxicos como óxidos de nitrógeno, partículas ultrafinas y formaldehído. ¿El problema? Que lo hizo sin las licencias de aire requeridas, acogida a una exención legal para maquinaria temporal, que según los expertos no le corresponde.

La zona ya alberga 17 instalaciones contaminantes, y varios estudios indican que el riesgo de cáncer en el área cuadruplica los niveles aceptables por la EPA. Memphis, además, tiene las tasas más altas de hospitalizaciones infantiles por asma en todo Tennessee.

Realidades. Mientras el alcalde de Memphis, Paul Young, celebraba el potencial transformador del proyecto y anticipaba más inversión tecnológica, líderes locales como el representante estatal Justin Pearson han denunciado haber sido excluidos del proceso. La falta de transparencia se suma a un colapso regulatorio evidente: una instalación con la potencia de una planta eléctrica funcionando sin permisos en medio de un vecindario residencial.

A ello hay que sumarle las instantáneas térmicas más recientes (imagen debajo) que indican que al menos 33 de las turbinas estaban operativas en abril. A raíz de la polémica, xAI solicitó finalmente permiso para 15 de ellas y retiró 12, pero, como contaba la CNN, el daño a la confianza está hecho.

Xai Thermal Image 1 Jpg

Promesas. Los defensores del proyecto aseguran que se alcanzarán “estándares líderes en emisiones”, pero los residentes ven repetirse el patrón: promesas de empleo bien remunerado que no se concretan (pues la realidad es que los centros de datos emplean a muy pocos), mientras la carga medioambiental recae sobre quienes menos recursos tienen para defenderse.

Plus: la historia de Boxtown no es nueva. Ya en 2021, sus habitantes lograron frenar un oleoducto que atravesaría sus tierras, y en 2023 cerraron una planta de esterilización que emitía óxido de etileno. Para ellos, por tanto, xAI es simplemente el último capítulo de una larga lucha por el derecho… a respirar.

Innovación o regresión. Es la última de las patas a tratar con la polémica surgida. La instalación de xAI refleja un dilema nacional más amplio que hemos contado antes sobre el auge de la inteligencia artificial y su coste real. En medio del entusiasmo por convertir a Estados Unidos en la “capital global de la IA” (según los nuevos lineamientos de la EPA bajo el gobierno de Donald Trump), la expansión de centros de datos devoradores de energía avanza sin una evaluación seria de sus implicaciones medioambientales, especialmente en comunidades vulnerables.

El respaldo incondicional del ejecutivo a Musk, uno de los asesores más cercanos de Trump, ha coincidido con el debilitamiento de políticas ambientales, la eliminación de programas de justicia ecológica y una retórica que prioriza la eficiencia económica sobre la salud humana.

La primera "piedra". La contradicción parece clara: se promociona la IA como el futuro, pero se la alimenta con tecnologías fósiles del pasado, generando beneficios privados mientras se socializan los riesgos y los daños. “Si la innovación te encadena a los combustibles fósiles, eso no es progreso”, recordaba KeShaun Pearson, director de Memphis Community Against Pollution. Así, los residentes temen que lo que ocurre en Memphis sea solo un ensayo general de lo que pronto podría replicarse en barrios similares por todo el país.

Una lucha incansable. Contaba un reportaje de la NBC que en Boxtown, la indignación convive con la fatiga. Muchos, como Sarah Gladney (enferma respiratoria y residente a pocos km de la instalación), sienten que viven en una batalla perpetua. La posibilidad de una segunda megainstalación de xAI, ya proyectada en la ciudad, solo acrecienta la sensación de asedio. “Parece que estamos siempre en guerra”, subrayaba.

Una paradoja, ya que mientras los funcionarios locales hablan de transformación económica, los vecinos hablan simplemente de supervivencia. De fondo, la colisión entre las promesas de la tecnología punta y la vieja realidad de la contaminación sistémica plantea una pregunta incómoda: ¿quién paga el precio de esta revolución digital? 

En el suroeste de Memphis, la respuesta parece tristemente clara.

Imagen | Southwings for the Southern Environmental Law Center

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Japón ha logrado que un aeropuerto no pierda una maleta en 30 años. Ahora tiene que lograr otro hito: que no se le hunda

Japón ha logrado que un aeropuerto no pierda una maleta en 30 años. Ahora tiene que lograr otro hito: que no se le hunda

Ahora que se acerca ese momento del año donde millones de viajeros se preparan para afrontar los vuelos que los llevaran a las ansiadas vacaciones, una habitación de los aeropuertos también está lista para la llegada de uno de esos males asumidos como parte del paquete: las maletas extraviadas o perdidas. Aunque hay una excepción. En Japón un aeropuerto se ha erigido como el más eficiente del planeta. Llevan tres décadas sin perder un equipaje.

Su problema es otro, y está bajo tierra.

30 años sin una queja. Como decíamos, en un sector donde el extravío es casi un mal asumido por los viajeros, el Aeropuerto Internacional de Kansai, en Japón, ofrece una anomalía asombrosa: en sus tres décadas de funcionamiento, no ha perdido jamás una maleta, un carrito de bebé, un par de esquís ni una sola bolsa. La hazaña, que sus empleados describen con modestia como una simple consecuencia de seguir las reglas, ha convertido a Kansai en un referente de eficiencia silenciosa.

Sirviendo a las regiones de Osaka y Kioto, y con 30 millones de pasajeros internacionales al año, su récord no puede atribuirse a un bajo volumen de tráfico. Lo que lo distingue es la atención meticulosa al detalle: desde alinear las asas de las maletas para facilitar su recogida hasta entregar personalmente objetos frágiles o voluminosos directamente en manos del pasajero.

Disciplina operativa. Contaba en Japan Times Tsuyoshi Habuta, supervisor de una de las empresas de manipulación de equipaje en Kansai, que detrás no hay un entrenamiento especial o sistemas secretos. Según él, el mérito radica en cumplir con los procesos establecidos y actuar con cuidado: cada maleta es tratada como algo valioso, no solo por su contenido, sino por lo que representa para el pasajero.

Su equipo maneja unas 3.000 piezas al día, y el procedimiento de manipulación de es un ballet sincronizado de revisiones y controles cruzados. Cada pieza es contabilizada no solo en el momento del check-in, sino también durante y después del vuelo. Los trabajadores inspeccionan que el número de bultos despachados coincida exactamente con los descargados, tanto en la bodega del avión como en las salas de control de seguridad. Si algo no cuadra, la búsqueda comienza de inmediato.

La regla del cuarto de hora. Plus: existe una regla tácita. Entregar todo el equipaje en la zona de recogida en menos de quince minutos desde el aterrizaje es prioridad. Este sistema es lo que ha convertido al aeropuerto en un referente mundial de eficiencia, siendo galardonado en ocho ocasiones con premios internacionales por su excelencia en la entrega de equipajes.

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Vista aérea del aeropuerto

Filosofía omotenashi. Detrás de este impecable historial se encuentra también el concepto japonés del omotenashi, o la hospitalidad como arte. Según testimonios de los propios trabajadores recogidos por NPR, el compromiso no es solo con la eficiencia logística, sino con la felicidad del pasajero.

Para ellos, la excelencia no es un objetivo alcanzado sino una mejora constante, alimentada por la humildad de aprender cada día y la responsabilidad de representar la calidad japonesa ante el mundo. Esta actitud colectiva genera una cultura organizacional donde el error no se permite, no por miedo al castigo, sino por orgullo profesional.

Maravilla de la ingeniería. El aeropuerto, inaugurado en 1994, está construido íntegramente sobre una isla artificial en la bahía de Osaka y sigue siendo uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos y costosos jamás realizados. Concebido para aliviar la saturación del aeropuerto de Osaka, Kansai ha evolucionado hasta convertirse en el tercer aeropuerto más transitado de Japón. Su construcción inicial costó alrededor de 14.000 millones de dólares, pero con expansiones y ajustes ha alcanzado un valor estimado de 20.000 millones en 2008, cifra que, ajustada a la inflación actual, podría duplicarse.

Dotado de características como pistas de asfalto flexible capaces de resistir terremotos y una estructura elevada sobre 900 gatos hidráulicos que permiten nivelar la terminal según se asienta el suelo, el aeropuerto ha resistido incluso el devastador terremoto de Kobe de 1995 sin comprometer su operatividad.

Lecho marino de la Bahía de Osaka

Lecho marino de la Bahía de Osaka

El problema: se hunde. Lo contamos hace un tiempo. A pesar de todos sus avances tecnológicos, Kansai se enfrenta a una amenaza persistente y cada vez más preocupante: se está hundiendo. Desde su inauguración, el aeropuerto ya ha descendido unos 11,5 metros y se prevé que podría descender otros cuatro metros adicionales antes de 2056, acercándose peligrosamente al nivel del mar.

Esta situación se debe a que fue construido sobre terreno ganado al mar, una base de arcilla aluvial altamente compresible que, bajo el peso de la isla artificial, libera agua y se contrae, provocando el hundimiento progresivo del suelo. Aunque los ingenieros han intentado acelerar la consolidación del terreno mediante “drenajes de arena” (profundos orificios rellenos de arena para evacuar humedad), el asentamiento no se completó antes de iniciar la construcción, y los efectos siguen acumulándose con el paso del tiempo.

Lucha contra el mar. En 2018, un potente tifón inundó una de las pistas, confirmando que el problema no es teórico ni lejano. Como respuesta, se elevó el dique de contención en 2,7 metros para prevenir futuras inundaciones, pero los expertos coinciden en que estas medidas son paliativas y no bastarán a largo plazo sin una intervención de gran escala.

Sí, el aeropuerto está diseñado para ajustarse estructuralmente y adaptarse a los movimientos del terreno, pero el propio entorno geológico (esa especie de “esponja húmeda” de arcilla suelta) representa una amenaza continua y silenciosa. Cada centímetro que desciende compromete más su viabilidad futura, y aunque por ahora sigue siendo un ejemplo de ingeniería avanzada, la cuenta regresiva hacia su obsolescencia física ya ha comenzado.

Monumento con fecha de caducidad. En resumen, Kansai es una paradoja fascinante: un símbolo de lo que la ingeniería humana puede lograr y un recordatorio de los límites que impone la naturaleza. Mientras continúa operando con eficacia reconocida mundialmente (con su inigualable récord de entrega de equipaje sin pérdidas), su supervivencia futura pende de una compleja ecuación entre tecnología, recursos y decisiones políticas.

Sin soluciones estructurales de gran escala, el aeropuerto que alguna vez desafió al mar podría sucumbir lentamente ante él, transformándose en una reliquia sumergida de la ambición humana. Durante 30 años no ha perdido una sola maleta, la duda es si podrá repetir esa eficiencia el mismo número de años.

Imagen | RaxPixel, Luke Lai

En Xataka | La economía de Japón depende cada vez más de un fenómeno muy japonés: fans absolutamente entregados a sus ídolos

En Xataka | Japón acudió a Corea del Sur como medida desesperada por la falta de arroz. Ni siquiera así han solucionado una emergencia nacional

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China tiene una “isla” que no para de crecer. Se llama Chengdu y su secreto está en lo que no tiene: grandes sueldos

China tiene una “isla” que no para de crecer. Se llama Chengdu y su secreto está en lo que no tiene: grandes sueldos

Se diría que hay dos “chinas” bien diferenciadas en cuanto a aspiraciones. Por un lado, tenemos esa imagen imponente de la nación cuyas urbes acumulan el mayor número de multimillonarios, el país que atrae talento con sueldazos, y que incluso está poniendo en jaque a la todopoderosa billetera de Silicon Valley. Y luego está la otra China, cuya crisis laboral está impactando en muchos jóvenes, y el estancamiento del consumo interno está haciendo mella en la economía. Para esa “segunda” China, hay un espacio que se está convirtiendo en refugio.

Se llama Chengdu, y no para de crecer.

Refugio de bienestar. Lo contaba en un extenso reportaje el New York Times. En medio de una economía china marcada por el estancamiento del consumo interno, la incertidumbre laboral y una creciente represión política, Chengdu, ciudad del suroeste del país con más de 2.300 años de historia, está emergiendo como símbolo de una nueva aspiración juvenil: vivir mejor, aunque se gane menos.

La nómina no es tan importante. Lejos del frenesí productivo y del encarecimiento de la vivienda que caracterizan a las megaciudades como Shanghái, Shenzhen o Guangzhou, Chengdu ha visto crecer su población un 30% en solo cinco años, alcanzando los 21,5 millones de habitantes, y su mercado inmobiliario se ha convertido en el más dinámico del país, con un aumento de precios del 16,8% desde 2021.

¿El secreto? Un estilo de vida relajado, su floreciente escena artística, sus pandas emblemáticos y, por encima de cualquier otra cosa, su bajo coste de vida, una receta que hace de ella un imán para jóvenes cansados del “grind” urbano y deseosos de reconectar con una existencia más llevadera, sin renunciar por completo a las oportunidades.

Desencanto con el modelo clásico. Explicaba el Times que la decisión de mudarse a Chengdu no es solo geográfica: es existencial. El repor cuenta casos de jóvenes como Emma Ma, que cambió Pekín por un apartamento asequible, un estudio de videoclips y ayuda doméstica por 400 dólares al mes, o Treasure Wu, que dejó Shanghái tras una “experiencia gris y opresiva”, casos que ejemplifican ese giro generacional.

Bajo este prisma, la idea de que largas jornadas laborales y altos salarios justifican una vida sacrificada en ciudades congestionadas empieza a perder fuerza frente a una narrativa donde el bienestar cotidiano importa más. Chengdu, antes considerada una urbe perezosa o poco ambiciosa, ahora encarna una respuesta a la otra China que, pese a su modernización tecnológica, no logra ofrecer el ascenso social garantizado que vivieron generaciones anteriores, al menos no a una parte.

Reinventarse desde lo cultural. Hay más, por supuesto. Recordaba el medio que a pesar de ofrecer menos oportunidades de ascenso profesional o salarios competitivos, Chengdu ha sabido capitalizar su calidad de vida y su legado cultural. ¿Cómo? Desde su enorme comunidad LGTBQ+ y su escena hip-hop hasta su bullicioso circuito de casas de té y restaurantes de hot pot, el enclave se percibe como un oasis de expresión y estabilidad en tiempos de incertidumbre.

A esto se suma su creciente relevancia en sectores como el entretenimiento digital, la producción audiovisual y los e-sports, con éxitos como Ne Zha 2 o estudios de videojuegos que han impulsado la economía local. Históricamente vinculada a la defensa nacional por su localización estratégica, Chengdu podría beneficiarse ahora del giro que Xi Jinping quiere imprimir al modelo económico chino: una apuesta por industrias clave como los semiconductores o la producción nacional avanzada, lejos de la dependencia exterior.

Termómetro de una transición nacional. Si se quiere también, más que una anécdota urbana, el auge de Chengdu sirve como termómetro de las tensiones internas que acucian a la segunda economía del planeta. Por un lado, refleja un país que busca equilibrio entre modernidad tecnológica y calidad de vida. Por otro, expone la disonancia entre un modelo económico centrado en la exportación, que ya no rinde como antes, y las aspiraciones individuales de millones que desean mucho más que sobrevivir: quieren vivir bien.

Como apuntaban al Times varios analistas inmobiliarios de la nación, Chengdu tiene algo tan sencillo de entender como difícil de lograr en el momento actual: ofrece precios de vivienda acordes a los salarios, un lujo impensable en otras grandes ciudades (no solo de China, por supuesto), pero que explica perfectamente por qué tantos parecen estar dispuestos a asumir empleos menos lucrativos a cambio de tiempo, espacio y comunidad.

Fin al culto del sacrificio. Quizás es la última de las patas que conviene analizar. La pandemia del COVID terminó de consolidar esa transición. Mientras Shanghái sufría confinamientos interminables, Chengdu ofrecía estabilidad. Lo que antes se juzgaba como rutina provinciana empezó a verse como virtud. En España lo vivimos también cuando se habló de éxodo y “volver al pueblo”.

Pero allí se ha mantenido. Hoy, lo que Chengdu representa va más allá de sus pandas o su patrimonio histórico: simboliza una forma de resistencia tranquila y pragmática frente al agotamiento sistémico de una nación que está redefiniendo sus propios valores. En palabras de la analista Huang Xue al Times: “en tiempos de incertidumbre, la gente quiere disfrutar la vida cuando puede.” Así, en ese deseo silencioso, la urbe apunta a convertirse, no solo en la ciudad más feliz de China, sino también en su espejo más clarividente.

Imagen | Kristoffer Trolle

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El secreto de la longevidad de la Gran Pirámide de Guiza solo se puede ver desde el aire: tiene más de cuatro lados

El secreto de la longevidad de la Gran Pirámide de Guiza solo se puede ver desde el aire: tiene más de cuatro lados

Un equipo de investigadores de Japón escaneaba debajo de la superficie de arena en un "área en blanco" del cementerio occidental de Giza junto a la Gran Pirámide de Keops. Habían dado con algo sorprendente: una antigua estructura egipcia en forma de L subterránea. Aquel hallazgo sigue envuelto en el misterio, porque quedó empequeñecido con otro estudio que había descubierto algo fascinante: la Gran Pirámide de Guiza no tiene cuatro lados, y eso explicaba su longevidad.

Una maravilla con truco. Durante milenios, la Gran Pirámide de Guiza ha sido celebrada como el epítome de la geometría perfecta: cuatro imponentes caras triangulares convergiendo en un ápice majestuoso. Sin embargo, un detalle estructural insospechado había permanecido oculto a simple vista: la pirámide no tiene cuatro lados, sino ocho.

Cronología. No estamos locos. La revelación, confirmada por observaciones aéreas e investigaciones modernas, apunta a una concavidad en el centro de cada cara, una que es invisible desde tierra, pero detectable bajo ciertas condiciones de iluminación o desde el cielo/espacio. El primero en percatarse de algo fue el piloto británico P. Groves en 1926, cuando captó una imagen aérea que revelaba una sutil pero decisiva verdad geométrica. Cada una de las cuatro caras aparentes de la pirámide presenta una hendidura central desde la base hasta la cúspide, lo que convierte su planta en una figura de ocho lados, no en una cuadrangular.

Ya en 1940, el egiptólogo Flinders Petrie, al analizar ilustraciones históricas, notó una línea hueca a lo largo de cada cara de la pirámide. Décadas después, expertos como I. E. S. Edwards y más recientemente el matemático Akio Kato respaldaron esta hipótesis en sus trabajos, señalando que los bloques de piedra fueron dispuestos con una leve inclinación hacia el centro, creando una sutil y casi imperceptible depresión longitudinal. Kato describió la Gran Pirámide no como una pirámide cuadrada, sino como una pirámide octogonal cóncava.

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Una de las primeras imágenes donde se apreció la depresión (tomada por Groves)

Una hazaña de ingeniería. Lo curioso de la historia es que, lejos de ser una anomalía estética, estas hendiduras apuntan a cumplir una función estructural vital. Según el estudio de Kato, las capas inclinadas junto a una base reforzada permiten que el núcleo de la pirámide se compacte y fortalezca con el tiempo, resistiendo así la compresión gravitacional, los sismos y las tormentas, incluso después de haber enfrentado más de 500 episodios de lluvias intensas en 4.500 años.

Dicho de otra forma: esta característica habría sido clave para asegurar la estabilidad a largo plazo de una estructura de tamaño colosal expuesta a condiciones extremas, y posiblemente no fuera un mero efecto secundario de la construcción, sino una sofisticada estrategia arquitectónica.

Entre intensión y accidente. Sin embargo, no todo en la Gran Pirámide responde al plan maestro de una civilización infalible. A lo largo de sus corredores y cámaras selladas se han hallado espacios abandonados que podrían haber resultado inestables durante la construcción, lo que deja abierta la posibilidad de que la singular concavidad haya sido, en parte, el resultado de ajustes improvisados más que de un diseño completamente premeditado.

Qué duda cabe, la ambigüedad no resta mérito a los antiguos constructores, sino que subraya su pragmatismo: modificar el curso cuando las condiciones lo exigían, e incorporar lo accidental como parte de la estructura duradera.

Lo que esconde la geometría. En definitiva, que su verdad matemática haya permanecido oculta a simple vista durante milenios resalta una lección esencial sobre la Gran Pirámide: sigue revelando secretos a pesar de su fama universal.

Lo que parecía ser una figura geométrica elemental se convierte, bajo una nueva mirada desde el aire, en una muestra de complejidad invisible, y de decisiones técnicas tan avanzadas que hoy aún nos desconciertan. La revelación de su forma octogonal cóncava no solo desafía nuestras nociones preconcebidas, sino que reafirma la fascinación que siempre acompaña a Guiza, una pirámide que, hasta donde sabemos (y no descartamos nuevas sorpresas), es una rareza geométrica única en su especie.

Imagen | Douwe C. van der Zee

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Una cueva ha revelado la macabra ceremonia maya para honrar a sus dioses: hay 100 huesos y ninguno está donde debería

Una cueva ha revelado la macabra ceremonia maya para honrar a sus dioses: hay 100 huesos y ninguno está donde debería

En arqueología, los huesos y fragmentos óseos suelen ser cápsulas del tiempo capaces de revelarnos un momento concreto de la historia hace cientos, o incluso miles de años. Sin irnos muy lejos, el verano pasado se dieron dos hallazgos que nos revelaban oscuras escenas del pasado. En uno de ellos, 64 huesos nos aclaraban que los mayas no se andaban con rodeos a la hora de sacrificar niños. Poco después, el ADN de otra zona contaba que los prisioneros de guerra mayas pasaban por una especie de violencia ritual.

Una cueva inaccesible durante gran parte del año ha arrojado otro oscuro secreto.

El altar subterráneo. En el corazón de la selva guatemalteca, bajo el antiguo sitio arqueológico de Dos Pilas, la denominada como Cueva de Sangre, redescubierta en los años noventa, ha revelado un paisaje macabro y profundamente enigmático: centenares de restos humanos fragmentados, esparcidos sin orden anatómico y marcados por signos de violencia ritual.

Esta cavidad, inaccesible durante buena parte del año por las inundaciones estacionales, solo puede explorarse en la estación seca (de marzo a mayo), lo que sugiere un uso ceremonial vinculado a las súplicas por lluvia, clave para una civilización agrícola como la maya. Los hallazgos, presentados en la Society for American Archaeology, han desconcertado a los arqueólogos no por su brutalidad, sino por su complejidad simbólica: lo que se ofrece al dios de la lluvia no son cuerpos, sino partes, cuidadosamente desmembradas y dispuestas, como si la fragmentación misma fuese la esencia del sacrificio.

Ritual y violencia en la penumbra. La bioarqueóloga Michele Bleuze, junto con la antropóloga forense Ellen Fricano, ha analizado los huesos hallados en la cueva y sugiere que lo observado no corresponde a prácticas funerarias tradicionales, sino a un ritual de carácter profundamente sacrificial. Las evidencias son múltiples y contundentes: huesos sin enterrar, traumatismos infligidos alrededor del momento de la muerte, marcas de herramientas de filo biselado (probablemente hachas), e incluso elementos simbólicos como ocre rojo y cuchillas de obsidiana.

En un rincón de la cueva se hallaron cuatro calotas craneales apiladas, una imagen que evoca un acto ritual más que una necesidad práctica. Entre los restos se identificaron tanto adultos como niños, lo que abre preguntas inquietantes sobre el papel de estas víctimas dentro de las estructuras sociales y religiosas del mundo maya.

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A la derecha un fragmento de hueso craneal extraído con un instrumento biselado, y a la izquierda, un dibujo lineal de un cráneo humano que muestra la zona de procedencia del fragmento. El hueso se encontró en la Cueva de Sangra

El tiempo del sacrificio. Plus: la estacionalidad de la Cueva de Sangre no es un detalle menor. Su acceso limitado al final de la estación seca coincide con fechas de celebraciones religiosas aún vigentes, como el Día de la Santa Cruz, el 3 de mayo, cuando comunidades mayas contemporáneas acuden a cuevas para pedir lluvia. Esta coincidencia temporal refuerza la hipótesis de que el lugar sirvió como escenario de rituales de invocación y ofrenda al dios de la lluvia.

En una cultura donde la relación con los ciclos climáticos era vital, la entrega de vidas humanas (o, en este caso, de sus fragmentos) podría haber sido concebida como una transacción sagrada, necesaria para asegurar la continuidad de las cosechas y, por ende, de la comunidad.

Misterio abierto a la ciencia. Pese a la contundencia de las evidencias materiales encontradas, los arqueólogos se enfrentan a muchos interrogantes. A saber: ¿quiénes eran estas personas?, ¿cuál era su origen?, ¿fueron elegidas, capturadas, ofrecidas por sus propias familias? En ese sentido, la investigación apenas ha comenzado. El equipo liderado por Bleuze planea realizar análisis de ADN antiguo y estudios de isótopos estables para intentar reconstruir no solo la identidad de los individuos sacrificados, sino también sus trayectorias vitales, su alimentación, sus vínculos genéticos y su lugar dentro de la sociedad.

Lo que sí ha quedado claro es que, sea quienes fueran, los individuos fueron tratados de manera radicalmente distinta al resto de la población maya, lo que implica una concepción compleja del cuerpo humano como vehículo de significado, poder o conexión con lo divino.

Testamento ritual. Más allá de su nombre evocador, esta Cueva de Sangre es una cápsula ritual atrapada en el tiempo, una suerte de altar subterráneo donde, según los hallazgos, la violencia se fundía con la devoción, y donde el acto de desmembrar se transformaba en una especie de gesto de súplica a las fuerzas naturales.

Visto así, y según los expertos, lo que para el observador moderno puede parecer una escena brutal, fue, para los antiguos mayas, un acto cargado de sentido, un diálogo con los dioses forjado en hueso y sangre. Ahora falta por saber el otro misterio a través de la ciencia: descifrar el relato de sus víctimas.

Imagen | Mike Rowe, Michele M. Bleuze

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“Por eso Bill Gates es tan rico”: cómo Microsoft logró que hospitales, trenes y ascensores quedaran atrapados en Windows

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Este año se cumplieron 50 años de un momento histórico. El 4 de abril de 1975 dos jóvenes que respondían al nombre de Bill Gates y Paul Allen daban vida al que iba a ser uno de los mayores imperios de software de la historia: Microsoft. Contábamos para una fecha tan señalada que después de cinco décadas, lo alucinante no era que siguiera existiendo, sino que siga siendo tan relevante. Bueno, aquí va una historia que resume perfectamente lo que iniciaron Gates y Allen… y por qué tienen el dinero por castigo.

La eternidad digital. La historia la recuperaba este fin de semana la BBC. Contaba el medio británico que, a pesar del avance imparable de la tecnología, todavía hoy hay una sorprendente porción del planeta moderno que sigue funcionando gracias a equipos que ejecutan sistemas operativos de Microsoft lanzados hace décadas. Desde ascensores en hospitales neoyorquinos que aún usan Windows XP hasta trenes alemanes que requieren técnicos expertos en Windows 3.11 y MS-DOS, el legado del software de Microsoft no solo sobrevive: está profundamente arraigado en las infraestructuras críticas del día a día.

Dicho de otra forma: aunque la compañía ha volcado sus inversiones en la inteligencia artificial como su nueva apuesta de futuro, el presente está lleno de ecos de su pasado, con máquinas que, literalmente, aún están arrancando después de 20 o 30 años. Un fenómeno que revela dos cosas: la durabilidad y estabilidad de ciertos sistemas antiguos… y el enorme coste y complejidad de reemplazarlos, especialmente en sectores donde lo funcional prima sobre lo moderno.

La paradoja de la eficiencia obsoleta. Pero hay mucho más, por supuesto. Para cajeros automáticos, impresoras industriales, trenes metropolitanos o sistemas hospitalarios, cambiar de sistema operativo no es tan simple como pulsar “actualizar”. Requiere reescribir software propietario, actualizar hardware especializado y cumplir normativas de seguridad y compatibilidad. El resultado es que muchas instituciones siguen dependiendo de tecnologías oficialmente abandonadas, como Windows NT o Windows 2000.

Incluso en contextos gubernamentales, como el Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos, los registros médicos se gestionan sobre una arquitectura digital que nació en 1985, con interfaces textuales que exigen comandos en mayúsculas y rutas completas de archivos. Esta persistencia no solo refleja una forma de inercia institucional, sino también una estrategia empresarial. Microsoft (Gates y Allen) tuvo un pensamiento “visionario” desde el punto de vista de los negocios: permitir que los usuarios siguieran utilizando el hardware existente, pero vendiéndoles licencias en lugar de imponer obsolescencia, a diferencia de, por ejemplo, Apple, que promovía la renovación total.

La trampa invisible. El coste humano de mantener estos sistemas también es tangible. La BBC lo explicaba con casos de profesionales como el psiquiatra Eric Zabriskie, que relata días enteros condicionados por el arranque de máquinas que tardaban 15 minutos en encenderse, o artesanos como Scott Carlson, que dependen de CNCs que solo funcionan con Windows XP (a pesar de los frecuentes fallos).

Esta situación genera una clase de dependencia sorda, una en la que los sistemas siguen vivos no por nostalgia, sino por necesidad. Para muchos, lo más preocupante es la fragilidad estructural que implica: infraestructuras críticas dependen de tecnologías para las que ya no hay soporte técnico, ni desarrolladores disponibles, ni parches de seguridad ante amenazas cibernéticas. En otros casos, como en la red ferroviaria de San Francisco, se sigue iniciando cada jornada insertando un disquete para cargar un sistema DOS.

Sí, la imagen es anacrónica, pero real.

Arqueología del presente. Eso sí, no todos ven la situación con resignación. Algunos, como la investigadora Dene Grigar, han asumido la conservación de estos sistemas como una forma de arte y archivo cultural. En su laboratorio de literatura electrónica en la Universidad Estatal de Washington, mantiene en funcionamiento 61 ordenadores antiguos, desde los años 70 hasta principios de los 2000, para preservar obras digitales pioneras que dependen del hardware y software originales para ser experimentadas tal como fueron concebidas.

A su juicio, los emuladores modernos no pueden capturar la experiencia completa de obras interactivas y participativas que definieron los comienzos de la narrativa digital. Su colección incluye desde videojuegos hasta zines de Instagram, todos mantenidos con cuidado casi museístico. Lo único que le falta, cuenta, es una máquina capaz de leer disquetes de cinco pulgadas.

Imperio de lo inmortal. El resumen es que la longevidad de los sistemas Windows no es casual. De fondo está profundamente ligada a esa filosofía comercial centrada en la flexibilidad del cliente: permitir que organizaciones grandes y pequeñas sigan utilizando sus viejos ordenadores sin forzarlos a saltos tecnológicos disruptivos. Así, Windows no solo ha sido una herramienta de productividad, sino que se ha convertido en una especie de capa invisible de la civilización moderna.

Una paradoja también, ya que mientras Microsoft mira al futuro con su apuesta por la IA, buena parte del mundo aún vive dentro del ecosistema que la empresa construyó hace décadas. Como resumía en la BBC el desarrollador M. Scott Ford, "Microsoft es simplemente algo con lo que te quedas atrapado".

La longevidad de sus sistemas del pasado es testimonio de su dominio y de su enfoque empresarial: permitir que los usuarios sigan usando equipos antiguos mientras pagan licencias, una estrategia que, décadas después, aún mantiene vivos fantasmas tecnológicos del pasado. Una especie de CTRL+ALT+SUPR eterno que, como decía Lee Vinsel, profesor de Virginia Tech, “hace de Windows la infraestructura definitiva, y por eso Bill Gates es tan rico”.

Imagen | Armartinell, Charis Tsevis

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