La mayor tribu no contactada del planeta tiene un problema: apenas les quedan árboles para esconderse

La mayor tribu no contactada del planeta tiene un problema: apenas les quedan árboles para esconderse

Todavía quedan tribus sin contacto en el planeta que defienden con uñas y dientes su territorio. Posiblemente, el caso más extremo es el de la trinchera que han montado en North Sentinel, pero no son los únicos. En general, las pocas tribus de este tipo que quedan han logrado escapar del “exterior” mostrándose fieles a su modo de vida. El problema, como apuntamos hace poco, es que están recibiendo una serie de visitas muy peligrosas

Y en otros casos, directamente les están quitando su “escondite”.

La última resistencia. Lo contaban en dos extensos reportajes The Guardian y O Globo. Hace veinticinco años, la antropóloga Beatriz Huertas seguía las huellas de un pueblo invisible en el corazón de la Amazonía peruana. Los Mashco Piro, el mayor grupo indígena no contactado del planeta, aparecían a orillas de los ríos, tomaban bananas y se desvanecían en la selva. Desde entonces, su historia ha sido la de una resistencia silenciosa frente a amenazas cada vez más letales: la tala legal e ilegal, el narcotráfico, las enfermedades traídas por forasteros y el cambio climático que altera los ciclos vitales de la selva.

A pesar de que Perú protegió una porción de su territorio, las concesiones madereras otorgadas justo al lado y dentro de sus zonas de tránsito han provocado una coexistencia forzada y violenta. La expansión del área protegida, aprobada hace casi una década para evitar estos choques, nunca se implementó. El resultado es una selva donde los Mashco Piro viven en alerta constante y donde incluso los vigilantes indígenas como Romel Ponciano constatan que ya solo los hombres y adolescentes se dejan ver: el resto se oculta, temiendo nuevos encuentros fatales.

Una frontera difusa. Pese a los tratados internacionales y a una ley nacional de protección de pueblos en aislamiento, las medidas reales para salvaguardar a los Mashco Piro han sido fragmentadas, lentas e insuficientes. Mientras el Ministerio de Cultura reduce presupuestos y los puestos de vigilancia operan con apenas dos personas, concesiones madereras con certificación internacional como FSC (supuestamente sinónimo de sostenibilidad) se superponen a territorios vitales para los aislados.

Empresas como Maderera Canales Tahuamanu han estado implicadas en enfrentamientos mortales, y otras como Maderacre gestionan concesiones dentro del área cuya protección sigue estancada desde 2016. En paralelo, funcionarios del Ministerio de Agricultura y autoridades locales como el alcalde de Tahuamanu promueven estudios “verificadores” que buscan cuestionar la necesidad del territorio para los aislados, priorizando el valor comercial de la madera por encima del derecho a existir sin contacto.

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Qué dicen las autoridades. El discurso oficial oscila entre negar la existencia misma de los pueblos aislados (como hizo el expresidente Alan García) y justificar su desplazamiento en nombre del “orden” frente al narcotráfico. Todo ello bajo una retórica de desarrollo que convierte a los indígenas en obstáculos y no en titulares de derechos fundamentales.

Batallas de papel. Organizaciones indígenas han logrado victorias legales, como la anulación de 72 concesiones en Loreto, pero temen que estos triunfos se evaporen si se institucionaliza la idea de “zonas compartidas” entre taladores y pueblos aislados. De hecho, la propuesta de excluir a comunidades no contactadas de los procesos de consulta que exige la certificación FSC ha sido señalada como una omisión grave.

Impunidad. Activistas como Carla Cárdenas han presentado mociones para prohibir cualquier certificación en territorios con indicios de pueblos en aislamiento, pero el voto está en manos de las propias empresas del sector. Mientras, recordaba el Guardian que cada retraso en convocar al comité que debe decidir sobre la expansión de la reserva de Madre de Dios prolonga la impunidad de las operaciones en territorio Mashco Piro y paraliza otras reservas estratégicas como la de Yavarí-Mirim, en el norte del país.

Plus: todo ello ocurre en una región ya atravesada por la Carretera Interoceánica, que trajo oro ilegal, rutas secundarias de tala, y una fragmentación profunda del ecosistema amazónico. Incluso las zonas con empresas “más responsables” se han convertido en puntos de conflicto.

Dos países y una amenaza. Del lado brasileño, la situación no es mejor. Aunque el gobierno de Lula ha dado algunos pasos como la propuesta del territorio indígena del río Chandless, las organizaciones indígenas denuncian que los compromisos son más retóricos que reales. El camino proyectado entre Santa Rosa do Purus y Manoel Urbano preocupa a los defensores del Acre, pues podría convertirse en una nueva puerta de entrada para madereros y traficantes.

La cooperación binacional con Perú, esencial para proteger a un pueblo cuya movilidad no conoce fronteras políticas, expiró en 2016… y nunca fue renovada. En ausencia de acuerdos gubernamentales, las propias organizaciones indígenas han propuesto dos grandes corredores territoriales que sumarían 25 millones de hectáreas protegidas. Desde el terreno, voluntarios manchineru monitorean los movimientos de sus “parientes desconfiados” para evitar encuentros fatales y preservar su autonomía. Pero el dinamismo reciente de los Mashco Piro (su aparición fuera de temporada, su desplazamiento río abajo) sugiere que la presión externa los está obligando a alterar sus patrones tradicionales.

Advertencia desde la selva. Así, en el núcleo de esta tragedia silenciosa el reportaje destacaba una verdad que los Mashco Piro repiten cuando se les grita desde la otra orilla: no quieren contacto. No es ignorancia ni un capricho: es memoria. La de generaciones que han visto llegar enfermedades, armas, motosierras y carreteras como presagios de muerte.

Para los Mashco Piro, los árboles son monumentos. Al preguntarles si quieren acercarse, la respuesta es la misma: “No, porque ustedes son malos”. No distinguen entre buenos y malos, sino entre una cosmovisión que respeta la selva y otra que la destruye. Si no se actúa pronto, y si no se respeta su voluntad y se protege su territorio de manera efectiva, esa advertencia podría convertirse en epitafio.

Sin árboles y su madera no tienen donde esconderse.

Imagen | Survival International

En Xataka | En el Amazonas peruano, las últimas tribus nunca contactadas van a recibir una visita: la de compañías petroleras

En Xataka | Los que se han acercado a menos de 5 km de esta isla no han vuelto. Un americano logró entrar... y ha durado cinco minutos

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El mayor puerto de Europa está reservando espacio. Se está preparando para un escenario: si China ataca a Taiwán

El mayor puerto de Europa está reservando espacio. Se está preparando para un escenario: si China ataca a Taiwán

Una entrevista del New York Times ha abierto la posibilidad de un escenario que atañe a una gran cantidad de naciones. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, explicaba lo más parecido a un tablero de ajedrez donde el movimiento de una pieza clave producía un seísmo geopolítico de dimensiones extraordinarias, Según el dirigente, todo comenzaría si China decide finalmente atacar a Taiwán.

Lo que vendría después sería lo más parecido a una guerra mundial.

El contexto. La extensa entrevista llegó a punto clave: el temor a una escalada de la intervención militar china en la isla de Taiwán ha aumentado drásticamente desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania. El planteamiento: la guerra ha servido como posible modelo de cómo podrían responder tanto Taipéi como la comunidad internacional si Pekín decide invadir.

Por supuesto, Rutte aprovechó para difundir el mensaje que escuchamos de forma incesante: rearme, pero desde una perspectiva inquietante.

Palabra de Rutte. "Cada vez hay más consciencia, y no seamos ingenuos al respecto: si Xi Jinping atacara Taiwán, primero se aseguraría de llamar a su socio más pequeño en todo esto, Vladimir Putin, y decirle: 'Oye, voy a hacer esto y necesito que los mantengas ocupados en Europa atacando territorio de la OTAN'", declaró Rutte.

"Es muy probable que así es como esto avance. Y para disuadirlos, necesitamos hacer dos cosas. Una es que la OTAN, colectivamente, sea tan fuerte que los rusos nunca lo hagan. Y la segunda, colaborar con el Indopacífico, algo que el presidente Trump está promoviendo con vehemencia", añadió.

La pinza estratégica. Lo hemos venido contando estos meses. A medida que la presión militar de China sobre Taiwán alcanza niveles sin precedentes, esa fecha clave de 2027 se vislumbra en el horizonte y, mientras tanto, los estrategas occidentales empiezan a temer un escenario más sombrío: que Pekín, al lanzarse a una eventual invasión de la isla, active a su socio ruso para abrir un segundo frente en Europa.

De eso iban las palabras de Rutte, que esa coordinación no sería un acto improvisado, sino una jugada deliberada. Recordaban los analistas en TWZ que, aunque parezca alarmista, la advertencia encaja con el creciente alineamiento entre Moscú y Pekín, que no solo comparten intereses estratégicos, sino que se refuerzan mutuamente en sus respectivas guerras: Rusia con apoyo técnico chino en Ucrania, y China beneficiándose de la distracción que representa el conflicto europeo para los recursos militares estadounidenses.

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Tropas de la OTAN

El horizonte de 2027. Hace unos meses apuntamos que los informes de inteligencia occidentales coinciden en que tanto China como Rusia estarían trabajando con horizontes temporales similares. Xi Jinping habría ordenado a las Fuerzas Armadas del EPL estar listas para tomar Taiwán en 2027, un plazo respaldado por la CIA y por las declaraciones del entonces jefe del INDOPACOM, al hablar de la llamada “ventana Davidson”.

A su vez, el propio Rutte, así como altos mandos militares de Alemania y Ucrania, sostienen que Rusia podría reconstituir sus capacidades para atacar territorio de la OTAN hacia 2029. Es decir, que para finales de esta década, ambas potencias estarían (no quiere decir que vaya a ser así) en condiciones técnicas y logísticas de abrir un doble frente que pondría a prueba la capacidad de reacción estadounidense. En la práctica, esto significaría que cualquier ofensiva china sobre Taiwán podría coincidir con una ofensiva rusa en el flanco oriental de Europa, forzando a Estados Unidos a dividir sus recursos entre dos teatros de guerra simultáneos.

Presiones sobre Taiwán. Los datos del Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos (INDOPACOM) no dejan lugar a dudas: la presión militar china sobre Taiwán ha aumentado un 300% anual, con maniobras navales, ejercicios anfibios, simulacros de desembarco, lanzamientos de cohetes y operaciones de portaviones en torno a la isla. El almirante Samuel Paparo advertía de un “punto de ebullición” que podría cristalizar en una operación real si Pekín considera que Washington está demasiado disperso para responder con eficacia.

Aunque algunos analistas consideran improbable que Rusia esté lista ahora mismo para atacar a la OTAN, otros reconocen que incluso una amenaza creíble o acciones de guerra híbrida podrían obligar a Estados Unidos a movilizar recursos preventivamente. Y la simple expectativa de conflicto ya sería suficiente para diluir la capacidad de respuesta estadounidense en el Pacífico.

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Irán y Corea del Norte. Más allá de Rusia, los expertos concuerdan en que China cuenta con otros “actores de saturación” para desviar la atención y los medios estadounidenses. La reciente ofensiva con bombardeos de B-2 Spirit sobre instalaciones nucleares iraníes demuestra que Washington ya tiene parte de su arsenal comprometido en Oriente Medio. El mantenimiento de dos grupos de portaaviones en la región, junto con la guerra sostenida contra los hutíes en Yemen y la tensión constante con Irán, ya suponen un drenaje operativo considerable.

A ello se suma la amenaza latente de Corea del Norte, cuya dependencia estructural de China la convierte en un peón estratégico dispuesto a sembrar el caos si Pekín lo exige. Ni Pyongyang ni Moscú tendrían que lanzarse a una guerra total: bastaría con acciones de “zona gris” suficientemente creíbles como para forzar una reacción de Estados Unidos y sus aliados, dispersando fuerzas, anticipando conflictos y minando la concentración logística y táctica que requeriría una defensa efectiva de Taiwán.

Estrategia de desgaste. La clave del escenario que se perfila no está en la fuerza bruta inmediata, sino en la disuasión asimétrica. China sabe que una invasión de Taiwán no es simplemente una operación militar, sino una apuesta geoestratégica total. Para que tenga alguna posibilidad de éxito, debe garantizar que Estados Unidos no pueda concentrar sus fuerzas rápidamente en la región.

Rusia, Corea del Norte e incluso los conflictos latentes en Oriente Medio forman parte de esta arquitectura. En ese contexto, una OTAN debilitada, distraída o forzada a defender su flanco oriental mientras Washington tiene que operar en varios frentes, ofrecería la “ventana de oportunidad” que Pekín necesita. De ahí la revitalización del rearme europeo, el refuerzo de las defensas en Finlandia y Polonia, y el aumento del gasto militar en casi todos los países de la alianza, no son solo medidas reactivas frente a Rusia, sino elementos esenciales de la estrategia para disuadir también a China.

Washington y la disuasión impredecible. La administración Trump ha oscilado entre la agresividad militar y la imprevisibilidad estratégica. La decisión de bombardear Irán con MOP de 13.600 kilos podría haber tenido un efecto disuasorio inmediato en China. Analistas como Zack Cooper consideran que Pekín, al ver la disposición de Trump a utilizar la fuerza sin previo aviso, podría mostrarse más cauto en sus cálculos sobre Taiwán.

Al mismo tiempo, Trump ha reafirmado su compromiso con la defensa de la isla mediante un aumento de ventas de armas a Taipéi. Sin embargo, también ha cuestionado la utilidad de la OTAN y ha exigido mayor gasto militar a los aliados europeos, lo que ha generado incertidumbre sobre la solidez del compromiso estadounidense en el caso de un conflicto dual. Esta ambigüedad de la que hablamos la semana pasada puede funcionar como herramienta de disuasión, pero también corre el riesgo de fomentar errores de cálculo en Moscú o Pekín.

Preparados para lo que venga. La amenaza rusa sobre el viejo continente no es baladí. De hecho, contaba el Financial Times esta mañana que el puerto de Róterdam, el mayor de Europa se está preparando para ese posible conflicto reservando espacio para buques militares, coordinándose con el puerto de Amberes y adaptando sus infraestructuras para recibir cargamentos de armamento de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido.

Las medidas forman parte de una estrategia europea más amplia que incluye ese plan de rearme de hasta 800.000 millones de euros y un aumento del gasto en defensa. El puerto ya ha manejado material militar en conflictos pasados, pero por primera vez contará con muelles dedicados a ello y ejercicios militares anfibios regulares.

El peor escenario posible. En resumen, tras el escenario planteado por la OTAN, el punto central del debate estratégico apunta a si Estados Unidos podría sostener un conflicto simultáneo en Europa y Asia. Añadir un frente europeo simultáneo, o incluso una amenaza creíble de conflicto en Finlandia, los Balcanes o el mar Báltico, tensionaría hasta el límite la capacidad estadounidense. Las capacidades industriales, logísticas y políticas actuales no garantizan que Washington pueda reaccionar con la rapidez y contundencia necesarias en ambos frentes.

Por eso, más allá de maniobras, tratados o disuasión retórica, lo que está en juego es una reconfiguración del poder militar occidental, una en la que Europa busca dejar de ser un consumidor de seguridad para convertirse en proveedor activo de estabilidad, liberando recursos norteamericanos para su mayor desafío: contener a China en el Indo-Pacífico.

Imagen | NATO, Nara, Allied Joint Force Command Brunssum, Picryl

En Xataka | China tenía unos planes definidos sobre su futuro en Taiwán. Lo sucedido en Irán ha provocado que se los piense

En Xataka | Rusia lleva tres años de guerra desde que invadió Ucrania. Eso le ha dado una idea a Taiwán para frenar a China

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Estábamos acostumbrados a ver cosas raras en Ucrania, pero esto es diferente: barcos y bombarderos sin nadie al volante

Estábamos acostumbrados a ver cosas raras en Ucrania, pero esto es diferente: barcos y bombarderos sin nadie al volante

El mayor laboratorio bélico de las contiendas modernas, la guerra en Ucrania, ha convertido a los drones en la pieza fundamental de cualquier ofensiva de ambos bandos. Todo gira en torno a estos ejércitos de enjambres a los que se la ha ido añadiendo actualizaciones de todos los tipos (y épocas). De ahí que lo inusual se haya convertido en norma.

Sin embargo, los últimos desarrollos son una primicia que nadie vio venir.

Evolución sin humanos. Ucrania ha dado un salto técnico significativo en su campaña de guerra asimétrica al emplear, por primera vez, drones bombarderos lanzados desde embarcaciones no tripuladas de superficie (USVs), una especie de pequeños portaaviones para atacar instalaciones rusas clave en Crimea. Esta nueva táctica representa una sofisticación operativa notable respecto a sus primeros drones suicidas navales, convirtiendo a estas plataformas flotantes en sistemas versátiles capaces, no solo de ataque directo, sino también de lanzar múltiples ataques aéreos contra objetivos estratégicos.

El ataque más reciente, llevado a cabo la noche del 1 al 2 de julio de 2025, destruyó tres componentes fundamentales del sistema de radar de largo alcance Nebo-M, pieza esencial en la arquitectura defensiva rusa sobre la península de Crimea y el Mar Negro noroccidental. El Ministerio de Defensa ucraniano lo calificó como una operación “brillante y de alta precisión”, respaldada por un vídeo que muestra cómo los drones aéreos despegan desde la proa de los USVs y sueltan varias bombas con impacto quirúrgico.

Ventajas operativas. El empleo de drones bombarderos desde el mar confiere ventajas tácticas decisivas. A diferencia de los FPV lanzados previamente, que requieren impacto directo para destruir el objetivo, estos nuevos vehículos pueden atacar múltiples blancos por misión y portar municiones más pesadas. Además, mantienen mejor conectividad en distancias prolongadas al no verse forzados a descender al ras del terreno, lo que les permite operar con mayor flexibilidad.

Su control está mediado por enlaces satelitales (posiblemente vía Starlink) instalados en los USVs, que además actúan como nodos de retransmisión y plataformas de lanzamiento. Esta arquitectura descentralizada y móvil complica las labores de detección, seguimiento y neutralización por parte de las defensas rusas.

Reacción rusa. Las fuerzas rusas, conscientes de esta evolución, han comenzado a observar con preocupación estos ataques, como lo demuestra el canal militar ruso Two Majors. Reconocen que un solo dron naval logró acercarse y desplegar múltiples UAVs con sistemas de liberación de carga, ejecutando ataques consecutivos sobre posiciones defensivas rusas.

Aunque afirman haber destruido posteriormente el dron naval atacante con apoyo aéreo, no hay pruebas visuales que lo confirmen. La reacción rusa se ha centrado más en solicitar recursos adicionales para contrarrestar estas amenazas que en negar su efectividad. En cualquier caso, el incidente subraya la capacidad de Ucrania para introducir innovaciones que alteran el equilibrio táctico a pesar de sus limitaciones de recursos, generando presión psicológica, desgaste material y desorden logístico en el bando contrario.

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Sistema Nebo-M

Nebo-M y su valor táctico. El blanco de esta operación, el sistema Nebo-M, no fue elegido al azar. Se trata de un complejo de radares móviles de última generación introducido por Rusia en 2017, diseñado para detectar aviones furtivos, misiles balísticos y amenazas aéreas a distancias superiores a los 600 km. El sistema incluye el RLM-M (radar VHF tridimensional montado sobre camión 8x8) y el RLM-D (un radar AESA en banda L también sobre plataforma móvil), ambos valorados en decenas de millones de dólares.

Estos radares alimentan los sistemas S-300 y S-400 con datos de adquisición de objetivos, y su emplazamiento en la punta occidental de Crimea resulta vital para mantener un escudo defensivo sobre la región y el acceso al noroeste del Mar Negro. Qué duda cabe, su neutralización abre una brecha directa en ese escudo, facilitando el paso de misiles de largo alcance como los Storm Shadow y SCALP-EG, así como la incursión de drones kamikaze, debilitando sensiblemente la capacidad rusa de detectar y responder a ataques.

Emboscada y nuevo frente. Además, en los últimos días ocurrió otra escena sin precedentes: el primer ataque conocido con un dron de primera persona sumergible, marcando un hito. En imágenes publicadas por el Batallón Northern Eagle de la 151.ª Brigada Motorizada se muestran un cruce de río en la región de Járkov (anteriormente destruido y luego improvisado por las fuerzas rusas con troncos) siendo alcanzado por un artefacto explosivo sumergido.

La secuencia comienza con una toma fija bajo el agua, donde el dron FPV se encuentra oculto junto a uno de los extremos del paso. Luego, una explosión sacude la estructura, destruyendo el cruce y confirmando el uso efectivo del nuevo vehículo subacuático.

El Shrike Special Edition. Contaba Forbes que, aunque el ataque puede parecer anecdótico (tres troncos no son un objetivo estratégico) el valor real reside en el uso exitoso del Shrike Special Edition, una versión mejorada del dron FPV ucraniano Shrike, diseñada para operar en ambientes acuáticos. Presentado en febrero con la capacidad de aterrizar sobre el agua, sumergirse y volver a despegar, el Shrike fue concebido como un dron de emboscada, capaz de ocultarse en charcas, canales o lagos, esperando pacientemente a su presa.

El ataque reciente demuestra que sus posibilidades van más allá: puede destruir blancos a ras o por debajo del nivel del agua. Esto abre un nuevo campo operativo, donde la vigilancia aérea o terrestre pierde eficacia y la amenaza puede provenir del fondo de un río o una zona anegada.

Del dron suicida al cazador flotante. Plus: estos episodios forman parte de una progresión táctica ucraniana que comenzó con los drones suicidas navales diseñados para explotar al impacto, continuó con la incorporación de drones FPV embarcados y plataformas antiaéreas improvisadas, y ha desembocado ahora en un sistema combinado que une capacidades aéreas y (sub)marítimas de forma reutilizable y coordinada.

Como contamos en mayo, Ucrania ya había demostrado el potencial de sus USVs cuando una versión del Magura V7 armada con misiles aire-aire AIM-9X derribó dos cazas rusos Su-30 sobre el mar Negro, y en diciembre anterior otra versión (el Magura V5) abatió un helicóptero Mi-8 con un misil R-73. Estos antecedentes revelan que la nación ha logrado transformar lo que inicialmente era una herramienta de disuasión limitada en un conjunto polivalente de plataformas ofensivas de nueva generación.

Nueva disuasión. En resumen, si el siglo XX estuvo dominado por portaaviones y submarinos nucleares, podría decirse que el siglo XXI ya pertenece, en parte, a flotas invisibles de drones de todo los colores: (sub)marinos y aéreos, silenciosos, autónomos y lanzados desde lugares inesperados.

Crimea, como epicentro simbólico de esta transformación, está viendo desplegarse frente a sus costas una nueva generación de guerra: sigilosa, modular y conectada. La punta de lanza de una revolución táctica.

Imagen | X, Russian Defense Ministry

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Rusia está viviendo algo inédito en sus calles: cada vez más jóvenes hablan mandarín y veneran a China

Rusia está viviendo algo inédito en sus calles: cada vez más jóvenes hablan mandarín y veneran a China

A veces, dos mundos aparentemente opuestos se atraen de forma irremediable. El año pasado, las tensiones comerciales entre Pekín y la UE abrieron un nuevo escenario para los ganaderos rusos y “su” cerdo. Poco después, el hype fue in crescendo con la proliferación de tiendas de productos rusos en ciudades de toda China. Y ahora, como vasos comunicantes, los rusos se están plegando al "made in China" como lo hicieron sus padres en 1991 con Estados Unidos.

Incluso están hablando en mandarín.

China como faro. Lo contaba el New York Times. En la Rusia posterior a la invasión de Ucrania, donde las sanciones occidentales han roto décadas de vínculos económicos y culturales, China ha comenzado a ocupar el espacio simbólico y material que antes pertenecía al mundo anglosajón y europeo.

¿Cómo? Desde parques temáticos con arquitectura tradicional china, hasta aulas universitarias de Moscú donde aprender mandarín (se han vuelto tendencia), o en la decoración de la ciudad para celebrar el Año Nuevo Lunar y en los vagones de metro decorados con proverbios de Xi Jinping, la cultura china ha irrumpido en la vida cotidiana rusa con una intensidad que, hasta hace poco, habría parecido inimaginable.

Un espejo. En ese escenario contaba el medio casos de jóvenes como el de Alyona Iyevskaya, estudiante de primer año en la Universidad de Moscú, que ya no sueñan con Londres o París, sino con Shanghái y Pekín.

China no solo es admirada por su desarrollo acelerado y sus oportunidades educativas y laborales, sino también por su cercanía diplomática con el Kremlin y su papel como sostén económico de una Rusia cada vez más aislada del mundo occidental.

El giro oriental. La transformación no es superficial. Desde las escuelas públicas desbordadas por la demanda de clases de mandarín, hasta universidades técnicas que lo incorporan como segunda lengua obligatoria, el aprendizaje del chino se ha convertido en una herramienta de progreso para una generación que asocia el futuro con oriente.

De hecho, el medio subrayaba unos datos incontestables: las ofertas de empleo que requieren conocimientos de chino se han disparado, mientras que las nannies chinas son contratadas por la élite rusa para que sus hijos crezcan bilingües desde la cuna. En las librerías abundan los libros sobre Confucio y filosofía china, los teatros acogen montajes basados en novelas contemporáneas del país, y las exposiciones museísticas buscan activamente colaboraciones con instituciones culturales de Pekín.

Vladimir Putin Met With Xi Jinping In Advance Of 2022 Beijing Winter Olympics 1

Putin y Xi Jinping

Hay mucho más. Sí, porque el comercio también refleja este cambio: más de 900.000 automóviles chinos fueron vendidos en Rusia en 2024, multiplicando por ocho la cifra de 2021. Aunque marcas como Porsche y Mercedes siguen simbolizando estatus, modelos como Li Xiang o Haval empiezan a llenar las calles moscovitas. 

Por supuesto, esta adopción masiva no está libre de tensiones internas.

Una resistencia latente. Pese al entusiasmo estatal y mediático por la sinización de los gustos rusos, persisten resistencias y contradicciones. La preferencia por productos occidentales sigue viva, como lo muestran edificios residenciales de lujo que lucen nombres como Knightsbridge o Belgravia. Describía el Times más pistas de esa resistencia, como las bromas sobre coches chinos en redes, las reticencias de algunos consumidores y el fracaso en taquilla de películas sino-rusas como Red Silk, situaciones que reflejan un desfase entre el entusiasmo promovido desde arriba y los hábitos arraigados en sectores de la sociedad.

Incluso entre las nuevas generaciones, el entusiasmo por Asia no es uniforme: los adolescentes mayores aún se identifican con Occidente, mientras que los más pequeños, crecientes en un entorno saturado de productos “made in China”, apenas conocen referentes europeos o estadounidenses.

Afinidad estratégica, no cultural. Es otra de las posibilidades que se apuntan. Para algunos analistas rusos, como la sinóloga Yulia Kuznetsova, este giro hacia China no es tanto una transición estructural como una alianza transitoria. Aunque el intercambio económico y el acercamiento geopolítico entre Moscú y Pekín se han intensificado (con Xi Jinping visitando a Putin y el comercio bilateral batiendo récords), la barrera cultural permanece.

China, con su sistema político centralizado y su historia milenaria, sigue siendo vista por muchos rusos como una civilización ajena. Kuznetsova incluso sostiene que la cultura árabe, hoy visible en destinos populares como Dubái, es más cercana para el ciudadano medio ruso que la china. Para ella, Europa (a pesar de las fracturas) sigue siendo la única esfera cultural con la que Rusia comparte raíces profundas.

Pragmatismo sin entusiasmo. Así, la visión de familias como la de Aleksandr Grek, editor de revista y padre de cinco hijos, sintetiza a la perfección esta dualidad. Mientras sus hijos adolescentes aún consumen cultura occidental, los más pequeños crecen rodeados de juguetes, tecnología y contenidos visuales procedentes de China. Para él, enviar a su hija de 14 años a pasar el verano con una familia china no es un acto ideológico, sino una inversión estratégica: “China es nuestro único amigo ahora”.

Su razonamiento se basa en un diagnóstico económico: China lidera sectores clave como la inteligencia artificial o la energía solar, y Rusia necesita alinearse con ese motor si quiere mantenerse competitiva. Esa lógica se ha convertido en un argumento dominante entre padres, empresarios y funcionarios: ya no se trata de afinidad cultural, sino de supervivencia sistémica.

China presente. Lo que sí parece más o menos claro es que lo que está ocurriendo en Rusia no es únicamente un cambio de gustos o de lenguas, sino un desplazamiento profundo del eje de influencia cultural, comercial y simbólica. En ausencia de Occidente (bloqueado por sanciones, cerrado al turismo y estigmatizado por el discurso oficial), China ofrece no solo acceso a bienes de consumo y cooperación tecnológica, sino un nuevo relato de grandeza, resiliencia y desarrollo sin ataduras liberales.

Visto así, es, en muchos sentidos, una versión alternativa de lo que Rusia querría ser: poderosa, pragmática, respetada y autoritaria. Y aunque, como vemos, ese modelo no cale por igual en el imaginario colectivo, ni tampoco borre la nostalgia por el pasado occidentalizado, todo apunta a que, al menos por ahora, Rusia orbita cada vez más firmemente en la esfera de atracción china (y viceversa).

Imagen | Hippox, svklimkin, Presidential Executive Office of Russia

En Xataka | China se está llenando de productos de Rusia. El problema es que muchos de esos productos vienen de la propia China

En Xataka | Algunas ciudades chinas están ahogadas por su propia deuda pero han encontrado la solución: falsificar multas de tráfico

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Rusia está viviendo algo inédito en sus calles: cada vez más jóvenes hablan mandarín y veneran a China

Rusia está viviendo algo inédito en sus calles: cada vez más jóvenes hablan mandarín y veneran a China

A veces, dos mundos aparentemente opuestos se atraen de forma irremediable. El año pasado, las tensiones comerciales entre Pekín y la UE abrieron un nuevo escenario para los ganaderos rusos y “su” cerdo. Poco después, el hype fue in crescendo con la proliferación de tiendas de productos rusos en ciudades de toda China. Y ahora, como vasos comunicantes, los rusos se están plegando al "made in China" como lo hicieron sus padres en 1991 con Estados Unidos.

Incluso están hablando en mandarín.

China como faro. Lo contaba el New York Times. En la Rusia posterior a la invasión de Ucrania, donde las sanciones occidentales han roto décadas de vínculos económicos y culturales, China ha comenzado a ocupar el espacio simbólico y material que antes pertenecía al mundo anglosajón y europeo.

¿Cómo? Desde parques temáticos con arquitectura tradicional china, hasta aulas universitarias de Moscú donde aprender mandarín (se han vuelto tendencia), o en la decoración de la ciudad para celebrar el Año Nuevo Lunar y en los vagones de metro decorados con proverbios de Xi Jinping, la cultura china ha irrumpido en la vida cotidiana rusa con una intensidad que, hasta hace poco, habría parecido inimaginable.

Un espejo. En ese escenario contaba el medio casos de jóvenes como el de Alyona Iyevskaya, estudiante de primer año en la Universidad de Moscú, que ya no sueñan con Londres o París, sino con Shanghái y Pekín.

China no solo es admirada por su desarrollo acelerado y sus oportunidades educativas y laborales, sino también por su cercanía diplomática con el Kremlin y su papel como sostén económico de una Rusia cada vez más aislada del mundo occidental.

El giro oriental. La transformación no es superficial. Desde las escuelas públicas desbordadas por la demanda de clases de mandarín, hasta universidades técnicas que lo incorporan como segunda lengua obligatoria, el aprendizaje del chino se ha convertido en una herramienta de progreso para una generación que asocia el futuro con oriente.

De hecho, el medio subrayaba unos datos incontestables: las ofertas de empleo que requieren conocimientos de chino se han disparado, mientras que las nannies chinas son contratadas por la élite rusa para que sus hijos crezcan bilingües desde la cuna. En las librerías abundan los libros sobre Confucio y filosofía china, los teatros acogen montajes basados en novelas contemporáneas del país, y las exposiciones museísticas buscan activamente colaboraciones con instituciones culturales de Pekín.

Vladimir Putin Met With Xi Jinping In Advance Of 2022 Beijing Winter Olympics 1

Putin y Xi Jinping

Hay mucho más. Sí, porque el comercio también refleja este cambio: más de 900.000 automóviles chinos fueron vendidos en Rusia en 2024, multiplicando por ocho la cifra de 2021. Aunque marcas como Porsche y Mercedes siguen simbolizando estatus, modelos como Li Xiang o Haval empiezan a llenar las calles moscovitas. 

Por supuesto, esta adopción masiva no está libre de tensiones internas.

Una resistencia latente. Pese al entusiasmo estatal y mediático por la sinización de los gustos rusos, persisten resistencias y contradicciones. La preferencia por productos occidentales sigue viva, como lo muestran edificios residenciales de lujo que lucen nombres como Knightsbridge o Belgravia. Describía el Times más pistas de esa resistencia, como las bromas sobre coches chinos en redes, las reticencias de algunos consumidores y el fracaso en taquilla de películas sino-rusas como Red Silk, situaciones que reflejan un desfase entre el entusiasmo promovido desde arriba y los hábitos arraigados en sectores de la sociedad.

Incluso entre las nuevas generaciones, el entusiasmo por Asia no es uniforme: los adolescentes mayores aún se identifican con Occidente, mientras que los más pequeños, crecientes en un entorno saturado de productos “made in China”, apenas conocen referentes europeos o estadounidenses.

Afinidad estratégica, no cultural. Es otra de las posibilidades que se apuntan. Para algunos analistas rusos, como la sinóloga Yulia Kuznetsova, este giro hacia China no es tanto una transición estructural como una alianza transitoria. Aunque el intercambio económico y el acercamiento geopolítico entre Moscú y Pekín se han intensificado (con Xi Jinping visitando a Putin y el comercio bilateral batiendo récords), la barrera cultural permanece.

China, con su sistema político centralizado y su historia milenaria, sigue siendo vista por muchos rusos como una civilización ajena. Kuznetsova incluso sostiene que la cultura árabe, hoy visible en destinos populares como Dubái, es más cercana para el ciudadano medio ruso que la china. Para ella, Europa (a pesar de las fracturas) sigue siendo la única esfera cultural con la que Rusia comparte raíces profundas.

Pragmatismo sin entusiasmo. Así, la visión de familias como la de Aleksandr Grek, editor de revista y padre de cinco hijos, sintetiza a la perfección esta dualidad. Mientras sus hijos adolescentes aún consumen cultura occidental, los más pequeños crecen rodeados de juguetes, tecnología y contenidos visuales procedentes de China. Para él, enviar a su hija de 14 años a pasar el verano con una familia china no es un acto ideológico, sino una inversión estratégica: “China es nuestro único amigo ahora”.

Su razonamiento se basa en un diagnóstico económico: China lidera sectores clave como la inteligencia artificial o la energía solar, y Rusia necesita alinearse con ese motor si quiere mantenerse competitiva. Esa lógica se ha convertido en un argumento dominante entre padres, empresarios y funcionarios: ya no se trata de afinidad cultural, sino de supervivencia sistémica.

China presente. Lo que sí parece más o menos claro es que lo que está ocurriendo en Rusia no es únicamente un cambio de gustos o de lenguas, sino un desplazamiento profundo del eje de influencia cultural, comercial y simbólica. En ausencia de Occidente (bloqueado por sanciones, cerrado al turismo y estigmatizado por el discurso oficial), China ofrece no solo acceso a bienes de consumo y cooperación tecnológica, sino un nuevo relato de grandeza, resiliencia y desarrollo sin ataduras liberales.

Visto así, es, en muchos sentidos, una versión alternativa de lo que Rusia querría ser: poderosa, pragmática, respetada y autoritaria. Y aunque, como vemos, ese modelo no cale por igual en el imaginario colectivo, ni tampoco borre la nostalgia por el pasado occidentalizado, todo apunta a que, al menos por ahora, Rusia orbita cada vez más firmemente en la esfera de atracción china (y viceversa).

Imagen | Hippox, svklimkin, Presidential Executive Office of Russia

En Xataka | China se está llenando de productos de Rusia. El problema es que muchos de esos productos vienen de la propia China

En Xataka | Algunas ciudades chinas están ahogadas por su propia deuda pero han encontrado la solución: falsificar multas de tráfico

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La noticia Rusia está viviendo algo inédito en sus calles: cada vez más jóvenes hablan mandarín y veneran a China fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

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En la India hay ciudades que tienen 40ºC en la calle a las 10 de la mañana. Así que han empezado a vivir de noche

En la India hay ciudades que tienen 40ºC en la calle a las 10 de la mañana. Así que han empezado a vivir de noche

España es en estos momentos el mejor ejemplo de un problema mucho más profundo que llega con el calor infernal en gran parte del planeta: cómo combatir el fuegocon la jornada laboral (y la vida en general). Cinco trabajadores fallecieron durante la primera ola de calor, y por eso se prioriza adaptar la jornada (o suspenderla) cuando llegan esas horas en las que sol no nos deja avanzar.

Y, mientras tanto, en India son las 10 de la mañana y ya tienen 40 grados. ¿Cómo demonios lo hacen?

El calor como ley. Contaba el New York Times en un reportaje cómo se combate el fuego en la urbe más sofocante. En Sri Ganganagar, una región semidesértica del estado indio de Rajastán, la vida cotidiana se ha adaptado a temperaturas que, en pleno junio, alcanzan los 49 °C. Allí, donde el amanecer ya comienza a 30 °C y para las 10 de la mañana el termómetro supera los 40 °C, el calor no es un fenómeno estacional: es una condición estructural que condiciona el trabajo, la salud, el descanso y las relaciones humanas.

La población, mayoritariamente agrícola y sin acceso a comodidades como el aire acondicionado, ha desarrollado una coreografía diaria que se pliega a los ritmos abrasadores del clima y el sol.

Seguir al sol. ¿La clave? Las jornadas laborales comienzan antes del amanecer: campesinos y obreros aprovechan las pocas horas frescas para trabajar en los campos y en las construcciones, antes de refugiarse donde pueden cuando el sol se vuelve insoportable.

Las casas se vacían al mediodía, los mercados se cierran, y los pocos servicios activos, como los carritos de comida callejera, funcionan bajo temperaturas que funden el asfalto. La escena se repite cada verano con una intensidad creciente, agravada por una humedad en ascenso que multiplica el sufrimiento físico.

Sri Ganganagar 03

Atardecer en Sri Ganganagar

El abismo térmico. Pasamos de Sri Ganganagar a otra región “extrema”. Explicaban en Bloomberg que en la ciudad occidental de Ahmedabad, donde los termómetros superan habitualmente los 45 °C a comienzos de mayo, la lucha contra el calor también ha dejado de ser una cuestión estacional para convertirse en una necesidad estructural. En este entorno, la exposición al sol ya no es solo un riesgo laboral: es una amenaza directa a la salud, la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de millones de personas.

Para mujeres como Kunwar ben Chauhan, que vende carne en la calle y ha sufrido desmayos, deshidratación y pérdidas económicas por el deterioro de sus productos, el calor extremo impone dilemas imposibles: salir a trabajar y arriesgar la vida, o quedarse en casa y perder el sustento diario. Frente a esta realidad, colectivos como la Self-Employed Women’s Association (SEWA) despliegan soluciones pioneras como el seguro paramétrico, que otorga compensaciones económicas automáticas cuando la temperatura excede ciertos umbrales críticos. La medida, aunque modesta, representa un salvavidas vital en una economía informal donde muchas trabajadoras ganan apenas tres dólares diarios.

Ahmedabad

Ahmedabad

Adaptación desde abajo. En Ahmedabad, una metrópolis de más de 8,5 millones de habitantes, la resiliencia se construye desde el tejido comunitario. Además del seguro climático, iniciativas como el recubrimiento de techos con pintura reflectante y la instalación de sistemas de alerta temprana están transformando la manera en que se percibe y gestiona el calor. La ciudad, pionera en Asia del Sur, lanzó en 2013 su propio Plan de Acción contra el Calor tras la devastadora ola de 2010, en la que murieron más de 1.300 personas y hasta 400 murciélagos cayeron muertos por el aire ardiente.

Desde entonces, las acciones se han multiplicado: los hospitales ahora disponen de salas especiales para tratar golpes de calor, deshidratación y quemaduras, los centros comunitarios, templos y centros comerciales se convierten en refugios climáticos durante los días más extremos, y se han implementado campañas de concienciación a través de radio, líderes vecinales y educadores. El plan incluye un sistema de alertas codificado por colores que informa a la población, y cuya eficacia ha contribuido a reducir la mortalidad.

El calor y la salud. De vuelta a Ganganagar, subrayaba el Times otras estrategias. En la clínica de Chak Maharaj Ka, el flujo de pacientes aumenta conforme el calor se vuelve insoportable. Quienes padecen enfermedades previas como el asma o afecciones gastrointestinales ven cómo sus dolencias se intensifican, forzando al personal médico a recurrir a tratamientos rápidos y paliativos. La mayoría de los habitantes ha interiorizado estrategias básicas de supervivencia: evitar salir en las horas críticas, hidratarse con soluciones caseras, o reposar bajo los árboles cuando no queda otra opción.

Ocurre que estos métodos solo alivian parcialmente un problema que amenaza cada aspecto de la vida. En el epicentro del calor, en la ciudad misma, la actividad nunca se detiene del todo. Como en Ahmedabad, los trabajadores no pueden darse el lujo de descansar: si no trabajan, no comen.

Solidaridad bajo el sol. A pesar del entorno implacable, surgen gestos de humanidad cotidiana que se convierten en pilares de una ética compartida. A las 3 de la tarde, cuando la temperatura alcanza su punto máximo en Ganganagar, familias enteras salen a la carretera con cubos de agua para ofrecer alivio a motociclistas, camioneros y viajeros aturdidos por el calor.

El acto, aunque simple, encarna un sentido profundo de caridad en una sociedad donde hacer el bien es visto como camino hacia la salvación espiritual. Para muchos, dar agua a un extraño es el único legado duradero que puede ofrecerse en un mundo donde todo lo demás se evapora bajo el sol.

Laboratorio de innovación climática. Detrás del plan de acción pionero de la ciudad de Ahmedabad hay una comprensión creciente de que el calor no es un fenómeno anecdótico, sino un peligroso multiplicador de vulnerabilidades en un país donde las ciudades crecen desordenadamente, el cemento sustituye a la vegetación y las emisiones globales han elevado la temperatura promedio del planeta en 1,2 °C desde la era preindustrial.

Estudios recientes advierten que si el calentamiento global supera los 2 °C (una posibilidad cada vez más cercana) India experimentará un incremento seis veces mayor en la frecuencia de olas de calor. Ya hoy, más de 600 millones de indios viven bajo una amenaza térmica sin precedentes. En ese escenario, la urbe se ha convertido en un laboratorio de adaptación urbana, cuyas innovaciones (como el algoritmo de seguros que contempla variables como temperatura nocturna, nubosidad y polución) están siendo replicadas en otras ciudades. Organizaciones como Global Parametrics, en alianza con Mahila Housing Trust, están diseñando esquemas escalables para extender esta protección climática a escala nacional.

La cultura del calor. Recordaban también en Bloomberg que uno de los logros más significativos de Ahmedabad ha sido transformar la percepción del calor. En una cultura donde las altas temperaturas eran vistas como parte del paisaje natural, lograr que la ciudadanía (desde trabajadores hasta funcionarios de salud) reconozca el calor como una amenaza legítima ha sido un cambio cultural profundo.

A ese respecto, la educación popular, los entrenamientos vecinales y las estrategias en el boca a boca han sido esenciales. Las mujeres, tradicionalmente más expuestas por sus trabajos y roles domésticos, han sido las primeras en absorber y difundir conocimientos sobre ventilación, hidratación y peligros térmicos. Así, gracias a ese esfuerzo sostenido, el lenguaje del riesgo climático ya forma parte del vocabulario cotidiano de Ahmedabad.

Anochecer sin alivio. Pero incluso esa cultura se encuentra con una realidad cada vez más complicada en lugares tan extremos como Sri Ganganagar. Allí, al caer la tarde, el pueblo comienza a revivir. Los mercados reabren, los ancianos se sientan en círculo a conversar y los niños regresan al canal donde se bañaron más temprano. Ocurre que con la puesta de sol, el aire permanece caliente y pegajoso. Explicaba el Times casos de familias, como la de Gurmail Singh, que preparan sus camas en los patios al aire libre, intentando capturar alguna brisa que mitigue el bochorno.

Porque la noche no ofrece consuelo real: el sueño se vuelve esquivo y el descanso, un lujo. En la India que se calienta al doble del ritmo mundial, Sri Ganganagar o Ahmedabad no solo resisten: redefinen el significado de la adaptación humana, una adaptación que tarde o temprano nos llegará a todos según la ciencia.

Imagen | Hippox, Stalinjeet Brar, sandeepacheta, PXHere

En Xataka | Tenemos una buena noticia sobre el calor extremo de este verano. Será llevadero comparado con el de los próximos años

En Xataka | La esperanza contra las olas de calor cada vez más extremas viene de China: un material que baja la temperatura automáticamente

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España es en estos momentos el mejor ejemplo de un problema mucho más profundo que llega con el calor infernal en gran parte del planeta: cómo combatir el fuegocon la jornada laboral (y la vida en general). Cinco trabajadores fallecieron durante la primera ola de calor, y por eso se prioriza adaptar la jornada (o suspenderla) cuando llegan esas horas en las que sol no nos deja avanzar.

Y, mientras tanto, en India son las 10 de la mañana y ya tienen 40 grados. ¿Cómo demonios lo hacen?

El calor como ley. Contaba el New York Times en un reportaje cómo se combate el fuego en la urbe más sofocante. En Sri Ganganagar, una región semidesértica del estado indio de Rajastán, la vida cotidiana se ha adaptado a temperaturas que, en pleno junio, alcanzan los 49 °C. Allí, donde el amanecer ya comienza a 30 °C y para las 10 de la mañana el termómetro supera los 40 °C, el calor no es un fenómeno estacional: es una condición estructural que condiciona el trabajo, la salud, el descanso y las relaciones humanas.

La población, mayoritariamente agrícola y sin acceso a comodidades como el aire acondicionado, ha desarrollado una coreografía diaria que se pliega a los ritmos abrasadores del clima y el sol.

Seguir al sol. ¿La clave? Las jornadas laborales comienzan antes del amanecer: campesinos y obreros aprovechan las pocas horas frescas para trabajar en los campos y en las construcciones, antes de refugiarse donde pueden cuando el sol se vuelve insoportable.

Las casas se vacían al mediodía, los mercados se cierran, y los pocos servicios activos, como los carritos de comida callejera, funcionan bajo temperaturas que funden el asfalto. La escena se repite cada verano con una intensidad creciente, agravada por una humedad en ascenso que multiplica el sufrimiento físico.

Sri Ganganagar 03

Atardecer en Sri Ganganagar

El abismo térmico. Pasamos de Sri Ganganagar a otra región “extrema”. Explicaban en Bloomberg que en la ciudad occidental de Ahmedabad, donde los termómetros superan habitualmente los 45 °C a comienzos de mayo, la lucha contra el calor también ha dejado de ser una cuestión estacional para convertirse en una necesidad estructural. En este entorno, la exposición al sol ya no es solo un riesgo laboral: es una amenaza directa a la salud, la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de millones de personas.

Para mujeres como Kunwar ben Chauhan, que vende carne en la calle y ha sufrido desmayos, deshidratación y pérdidas económicas por el deterioro de sus productos, el calor extremo impone dilemas imposibles: salir a trabajar y arriesgar la vida, o quedarse en casa y perder el sustento diario. Frente a esta realidad, colectivos como la Self-Employed Women’s Association (SEWA) despliegan soluciones pioneras como el seguro paramétrico, que otorga compensaciones económicas automáticas cuando la temperatura excede ciertos umbrales críticos. La medida, aunque modesta, representa un salvavidas vital en una economía informal donde muchas trabajadoras ganan apenas tres dólares diarios.

Ahmedabad

Ahmedabad

Adaptación desde abajo. En Ahmedabad, una metrópolis de más de 8,5 millones de habitantes, la resiliencia se construye desde el tejido comunitario. Además del seguro climático, iniciativas como el recubrimiento de techos con pintura reflectante y la instalación de sistemas de alerta temprana están transformando la manera en que se percibe y gestiona el calor. La ciudad, pionera en Asia del Sur, lanzó en 2013 su propio Plan de Acción contra el Calor tras la devastadora ola de 2010, en la que murieron más de 1.300 personas y hasta 400 murciélagos cayeron muertos por el aire ardiente.

Desde entonces, las acciones se han multiplicado: los hospitales ahora disponen de salas especiales para tratar golpes de calor, deshidratación y quemaduras, los centros comunitarios, templos y centros comerciales se convierten en refugios climáticos durante los días más extremos, y se han implementado campañas de concienciación a través de radio, líderes vecinales y educadores. El plan incluye un sistema de alertas codificado por colores que informa a la población, y cuya eficacia ha contribuido a reducir la mortalidad.

El calor y la salud. De vuelta a Ganganagar, subrayaba el Times otras estrategias. En la clínica de Chak Maharaj Ka, el flujo de pacientes aumenta conforme el calor se vuelve insoportable. Quienes padecen enfermedades previas como el asma o afecciones gastrointestinales ven cómo sus dolencias se intensifican, forzando al personal médico a recurrir a tratamientos rápidos y paliativos. La mayoría de los habitantes ha interiorizado estrategias básicas de supervivencia: evitar salir en las horas críticas, hidratarse con soluciones caseras, o reposar bajo los árboles cuando no queda otra opción.

Ocurre que estos métodos solo alivian parcialmente un problema que amenaza cada aspecto de la vida. En el epicentro del calor, en la ciudad misma, la actividad nunca se detiene del todo. Como en Ahmedabad, los trabajadores no pueden darse el lujo de descansar: si no trabajan, no comen.

Solidaridad bajo el sol. A pesar del entorno implacable, surgen gestos de humanidad cotidiana que se convierten en pilares de una ética compartida. A las 3 de la tarde, cuando la temperatura alcanza su punto máximo en Ganganagar, familias enteras salen a la carretera con cubos de agua para ofrecer alivio a motociclistas, camioneros y viajeros aturdidos por el calor.

El acto, aunque simple, encarna un sentido profundo de caridad en una sociedad donde hacer el bien es visto como camino hacia la salvación espiritual. Para muchos, dar agua a un extraño es el único legado duradero que puede ofrecerse en un mundo donde todo lo demás se evapora bajo el sol.

Laboratorio de innovación climática. Detrás del plan de acción pionero de la ciudad de Ahmedabad hay una comprensión creciente de que el calor no es un fenómeno anecdótico, sino un peligroso multiplicador de vulnerabilidades en un país donde las ciudades crecen desordenadamente, el cemento sustituye a la vegetación y las emisiones globales han elevado la temperatura promedio del planeta en 1,2 °C desde la era preindustrial.

Estudios recientes advierten que si el calentamiento global supera los 2 °C (una posibilidad cada vez más cercana) India experimentará un incremento seis veces mayor en la frecuencia de olas de calor. Ya hoy, más de 600 millones de indios viven bajo una amenaza térmica sin precedentes. En ese escenario, la urbe se ha convertido en un laboratorio de adaptación urbana, cuyas innovaciones (como el algoritmo de seguros que contempla variables como temperatura nocturna, nubosidad y polución) están siendo replicadas en otras ciudades. Organizaciones como Global Parametrics, en alianza con Mahila Housing Trust, están diseñando esquemas escalables para extender esta protección climática a escala nacional.

La cultura del calor. Recordaban también en Bloomberg que uno de los logros más significativos de Ahmedabad ha sido transformar la percepción del calor. En una cultura donde las altas temperaturas eran vistas como parte del paisaje natural, lograr que la ciudadanía (desde trabajadores hasta funcionarios de salud) reconozca el calor como una amenaza legítima ha sido un cambio cultural profundo.

A ese respecto, la educación popular, los entrenamientos vecinales y las estrategias en el boca a boca han sido esenciales. Las mujeres, tradicionalmente más expuestas por sus trabajos y roles domésticos, han sido las primeras en absorber y difundir conocimientos sobre ventilación, hidratación y peligros térmicos. Así, gracias a ese esfuerzo sostenido, el lenguaje del riesgo climático ya forma parte del vocabulario cotidiano de Ahmedabad.

Anochecer sin alivio. Pero incluso esa cultura se encuentra con una realidad cada vez más complicada en lugares tan extremos como Sri Ganganagar. Allí, al caer la tarde, el pueblo comienza a revivir. Los mercados reabren, los ancianos se sientan en círculo a conversar y los niños regresan al canal donde se bañaron más temprano. Ocurre que con la puesta de sol, el aire permanece caliente y pegajoso. Explicaba el Times casos de familias, como la de Gurmail Singh, que preparan sus camas en los patios al aire libre, intentando capturar alguna brisa que mitigue el bochorno.

Porque la noche no ofrece consuelo real: el sueño se vuelve esquivo y el descanso, un lujo. En la India que se calienta al doble del ritmo mundial, Sri Ganganagar o Ahmedabad no solo resisten: redefinen el significado de la adaptación humana, una adaptación que tarde o temprano nos llegará a todos según la ciencia.

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Si Europa se rearma de verdad nos vamos a encontrar con un problema que nos afectará a todos: los coches y los trenes

Si Europa se rearma de verdad nos vamos a encontrar con un problema que nos afectará a todos: los coches y los trenes

A comienzos del mes de junio comenzaron a llegar ecos de una situación que ahora podría explotar. Los fabricantes de automóviles y sus proveedores daban la voz de alarma ante un horizonte sombrío enfrentándose a la escasez de suministros debido a las restricciones a las exportaciones chinas de tierras raras, minerales e imanes. De hecho, el problema ha obligado a algunos a suspender la producción de ciertos modelos. Ahora todo se complica un poco más, porque esos minerales no son esenciales solo para los coches.

También lo son para la guerra.

Estrategias de mitigación. Cuando en junio sonaron las primeras voces de alarma la reacción de los grandes fabricantes europeos fue dispar. BMW confirmó que parte de su red de proveedores ya se había visto afectada, mientras que Volkswagen y Mercedes-Benz aseguraban por ahora mantener un suministro estable, gracias a estrategias a largo plazo para reducir la dependencia de minerales críticos. Mercedes, por ejemplo, decía estar trabajando en nuevas composiciones de materiales que permitan prescindir de tierras raras pesadas como el disprosio en sus trenes de propulsión eléctricos.

Sin embargo, la mayoría reconocía que era una situación muy volátil. Desde Japón, Nissan confirmó estar coordinando con su gobierno y la Asociación de Fabricantes de Automóviles del país para buscar soluciones, mientras que Suzuki ya había suspendido la producción de su modelo Swift.

Rearme y cuellos de botella. Todo se ha complicado un poco más desde que Europa ha confirmado ese plan de rearme aumentando el 5% del PIB en Defensa. El vertiginoso aumento del gasto militar en Europa, que prevé un crecimiento de hasta el 80% entre 2024 y 2030, amenaza con tensionar aún más una cadena de suministro industrial ya debilitada.

El plan, impulsado tras la invasión rusa de Ucrania y consolidado por países como Alemania, Francia y Reino Unido, llevará el presupuesto militar de los actuales 417.000 millones de euros hasta una cifra estimada entre 650.000 y 750.000 millones de euros.

Efectos colaterales. Contaban en Forbes que unque solo un tercio de estos fondos se destinará a equipamiento, el crecimiento acelerado del sector aeroespacial y de defensa tendrá efectos colaterales notables sobre industrias civiles, en especial aquellas que dependen de los mismos proveedores.

¿Por ejemplo? Ya se han detectado indicios de saturación en la producción aeronáutica, como lo demuestra la reducción en la entrega de aviones comerciales, que en 2024 se quedó un 30% por debajo del pico alcanzado en 2018. Este desajuste es solo un anticipo del embudo que puede generarse cuando fabricantes prioricen contratos militares (más lucrativos y de largo plazo) en detrimento de sectores como el ferroviario, el automotriz o el energético, que dependen de insumos técnicos compartidos como sensores, hidráulicos, conectores o tarjetas electrónicas.

Lingan Generating Station

Piezas vulnerables. Un análisis de más de 600 proveedores secundarios en el mercado europeo ha revelado una peligrosa superposición entre las necesidades de defensa y las cadenas de valor de industrias civiles estratégicas. En maquinaria industrial, por ejemplo, la disponibilidad de componentes fundamentales como rodamientos, mecatrónica o sistemas neumáticos podría reducirse drásticamente a medida que los proveedores redirigen capacidad productiva hacia aplicaciones bélicas.

Trenes y coches. En el sector ferroviario, piezas clave como placas de circuito impreso, microelectrónica o unidades de control también compiten por el mismo origen. La industria automotriz, ya golpeada por la reciente escasez de semiconductores, corre especial peligro: la creciente demanda militar puede agravar la falta de arneses, cables, sensores y sistemas hidráulicos, ahondando una crisis de producción que apenas empieza a estabilizarse.

Incluso el sector energético se verá afectado por la creciente escasez de cableado técnico, conectores y elementos de transmisión que forman la columna vertebral de sus infraestructuras críticas. Esta tensión transversal podría desencadenar una nueva ola de retrasos, aumento de costes y caída de productividad en toda la economía europea.

Futuro incierto. Además, la aceleración del gasto militar llega en un contexto donde las cadenas de suministro globales no se han recuperado del todo de una década marcada por crisis encadenadas: la pandemia, la guerra en Ucrania, el colapso logístico durante el auge del comercio electrónico, y más recientemente, la amenaza de guerras comerciales y aranceles cruzados.

A pesar de ello, la mayoría de las empresas sigue gestionando sus cadenas de valor de forma reactiva, sin una estrategia proactiva clara que permita anticiparse a futuras disrupciones. Esta falta de previsión expone a sectores enteros al riesgo de colapsos productivos en un momento de competencia internacional feroz, donde la agilidad logística es tan crítica como la innovación tecnológica. De hecho, tenemos una pista a modo de espejo con el precedente más inmediato (la escasez mundial de semiconductores entre 2020 y 2023), la cual demostró que, sin visión anticipatoria, incluso las industrias más robustas pueden quedar paralizadas.

El nuevo orden industrial. Frente a este panorama, los analistas señalan varias estrategias urgentes para evitar que el auge del rearme arrastre consigo a la economía civil. Se apunta a que las empresas diversifiquen sus bases de proveedores, homologar nuevos canales de abastecimiento, mejorar la transparencia con socios logísticos y establecer células internas de monitoreo que operen en tiempo real para anticipar disrupciones, al estilo de los mecanismos creados durante la crisis de los chips.

Plus: aprovechar el futuro que ya está aquí, incorporando análisis predictivo y herramientas de IA que permitan detectar cuellos de botella emergentes y redirigir flujos de suministro con rapidez. Como explicaba el experto en Transporte Sebastian Janssen, la resiliencia ya no puede ser una cualidad reactiva, “sino un activo estructural del modelo de negocio”.

Si se quiere también, en una Europa donde el rearme acelera y la industria compite por el mismo engranaje, la capacidad de resistir el temblor logístico marcará la diferencia entre sobrevivir y desaparecer y, por el camino, de hacernos la vida un poco menos complicada.

Imagen | NATO, Get Archive, Ken Heaton

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Si Europa se rearma de verdad nos vamos a encontrar con un problema que nos afectará a todos: los coches y los trenes

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A comienzos del mes de junio comenzaron a llegar ecos de una situación que ahora podría explotar. Los fabricantes de automóviles y sus proveedores daban la voz de alarma ante un horizonte sombrío enfrentándose a la escasez de suministros debido a las restricciones a las exportaciones chinas de tierras raras, minerales e imanes. De hecho, el problema ha obligado a algunos a suspender la producción de ciertos modelos. Ahora todo se complica un poco más, porque esos minerales no son esenciales solo para los coches.

También lo son para la guerra.

Estrategias de mitigación. Cuando en junio sonaron las primeras voces de alarma la reacción de los grandes fabricantes europeos fue dispar. BMW confirmó que parte de su red de proveedores ya se había visto afectada, mientras que Volkswagen y Mercedes-Benz aseguraban por ahora mantener un suministro estable, gracias a estrategias a largo plazo para reducir la dependencia de minerales críticos. Mercedes, por ejemplo, decía estar trabajando en nuevas composiciones de materiales que permitan prescindir de tierras raras pesadas como el disprosio en sus trenes de propulsión eléctricos.

Sin embargo, la mayoría reconocía que era una situación muy volátil. Desde Japón, Nissan confirmó estar coordinando con su gobierno y la Asociación de Fabricantes de Automóviles del país para buscar soluciones, mientras que Suzuki ya había suspendido la producción de su modelo Swift.

Rearme y cuellos de botella. Todo se ha complicado un poco más desde que Europa ha confirmado ese plan de rearme aumentando el 5% del PIB en Defensa. El vertiginoso aumento del gasto militar en Europa, que prevé un crecimiento de hasta el 80% entre 2024 y 2030, amenaza con tensionar aún más una cadena de suministro industrial ya debilitada.

El plan, impulsado tras la invasión rusa de Ucrania y consolidado por países como Alemania, Francia y Reino Unido, llevará el presupuesto militar de los actuales 417.000 millones de euros hasta una cifra estimada entre 650.000 y 750.000 millones de euros.

Efectos colaterales. Contaban en Forbes que unque solo un tercio de estos fondos se destinará a equipamiento, el crecimiento acelerado del sector aeroespacial y de defensa tendrá efectos colaterales notables sobre industrias civiles, en especial aquellas que dependen de los mismos proveedores.

¿Por ejemplo? Ya se han detectado indicios de saturación en la producción aeronáutica, como lo demuestra la reducción en la entrega de aviones comerciales, que en 2024 se quedó un 30% por debajo del pico alcanzado en 2018. Este desajuste es solo un anticipo del embudo que puede generarse cuando fabricantes prioricen contratos militares (más lucrativos y de largo plazo) en detrimento de sectores como el ferroviario, el automotriz o el energético, que dependen de insumos técnicos compartidos como sensores, hidráulicos, conectores o tarjetas electrónicas.

Lingan Generating Station

Piezas vulnerables. Un análisis de más de 600 proveedores secundarios en el mercado europeo ha revelado una peligrosa superposición entre las necesidades de defensa y las cadenas de valor de industrias civiles estratégicas. En maquinaria industrial, por ejemplo, la disponibilidad de componentes fundamentales como rodamientos, mecatrónica o sistemas neumáticos podría reducirse drásticamente a medida que los proveedores redirigen capacidad productiva hacia aplicaciones bélicas.

Trenes y coches. En el sector ferroviario, piezas clave como placas de circuito impreso, microelectrónica o unidades de control también compiten por el mismo origen. La industria automotriz, ya golpeada por la reciente escasez de semiconductores, corre especial peligro: la creciente demanda militar puede agravar la falta de arneses, cables, sensores y sistemas hidráulicos, ahondando una crisis de producción que apenas empieza a estabilizarse.

Incluso el sector energético se verá afectado por la creciente escasez de cableado técnico, conectores y elementos de transmisión que forman la columna vertebral de sus infraestructuras críticas. Esta tensión transversal podría desencadenar una nueva ola de retrasos, aumento de costes y caída de productividad en toda la economía europea.

Futuro incierto. Además, la aceleración del gasto militar llega en un contexto donde las cadenas de suministro globales no se han recuperado del todo de una década marcada por crisis encadenadas: la pandemia, la guerra en Ucrania, el colapso logístico durante el auge del comercio electrónico, y más recientemente, la amenaza de guerras comerciales y aranceles cruzados.

A pesar de ello, la mayoría de las empresas sigue gestionando sus cadenas de valor de forma reactiva, sin una estrategia proactiva clara que permita anticiparse a futuras disrupciones. Esta falta de previsión expone a sectores enteros al riesgo de colapsos productivos en un momento de competencia internacional feroz, donde la agilidad logística es tan crítica como la innovación tecnológica. De hecho, tenemos una pista a modo de espejo con el precedente más inmediato (la escasez mundial de semiconductores entre 2020 y 2023), la cual demostró que, sin visión anticipatoria, incluso las industrias más robustas pueden quedar paralizadas.

El nuevo orden industrial. Frente a este panorama, los analistas señalan varias estrategias urgentes para evitar que el auge del rearme arrastre consigo a la economía civil. Se apunta a que las empresas diversifiquen sus bases de proveedores, homologar nuevos canales de abastecimiento, mejorar la transparencia con socios logísticos y establecer células internas de monitoreo que operen en tiempo real para anticipar disrupciones, al estilo de los mecanismos creados durante la crisis de los chips.

Plus: aprovechar el futuro que ya está aquí, incorporando análisis predictivo y herramientas de IA que permitan detectar cuellos de botella emergentes y redirigir flujos de suministro con rapidez. Como explicaba el experto en Transporte Sebastian Janssen, la resiliencia ya no puede ser una cualidad reactiva, “sino un activo estructural del modelo de negocio”.

Si se quiere también, en una Europa donde el rearme acelera y la industria compite por el mismo engranaje, la capacidad de resistir el temblor logístico marcará la diferencia entre sobrevivir y desaparecer y, por el camino, de hacernos la vida un poco menos complicada.

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Rusia ha lanzado el mayor ataque aéreo sobre Ucrania con una trampa mortal: un escudo como antesala de un ejército de Shaheds

Rusia ha lanzado el mayor ataque aéreo sobre Ucrania con una trampa mortal: un escudo como antesala de un ejército de Shaheds

Que los drones Shahed de origen iraní se han vuelto una bomba de terror sistemático en Ucrania está fuera de toda duda. Sin embargo, el fin de semana Rusia llevó a cabo el mayor ataque aéreo de la guerra que se libra en el este de Europa, y lo hizo con un enjambre de Shaheds y una novedad: los drones iban acompañados de un enemigo mejorado contra Kiev. Su nombre: Lancet.

Una noche de fuego. En lo que ya se ha calificado como el mayor ataque aéreo desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022, Rusia lanzó 537 armas aéreas contra Ucrania en una sola noche, marcando una intensificación dramática de su campaña militar y asestando un duro golpe a las ya menguadas esperanzas de una solución negociada. El bombardeo incluyó 477 drones explosivos y de distracción, así como 60 misiles de diverso tipo, de los cuales 211 drones y 38 misiles fueron interceptados por las defensas ucranianas.

La magnitud del ataque parece evidenciar una estrategia deliberada de Moscú para erosionar sistemáticamente la red de defensa aérea de Ucrania, desgastar su arsenal occidental y provocar un colapso logístico en su capacidad de respuesta. En Lviv, cercana a la frontera con Polonia, varias instalaciones críticas fueron impactadas, mientras que en Kiev, Jersón y Járkov se registraron muertos y daños residenciales.

Cae un F-16. Con un suministro cada vez más escaso de sistemas antiaéreos y misiles interceptores, Ucrania ha recurrido a sus aviones de combate como parte de su escudo defensivo, un recurso limitado y arriesgado. De hecho, el piloto de F-16 Maksym Ustymenko murió tras derribar siete objetivos aéreos, desviando su aeronave de áreas pobladas antes de estrellarse. La negativa de la administración Trump a vender más sistemas Patriot ha obligado a Kyiv a reiterar su disposición a adquirirlos por cuenta propia.

Zelenskyy, al reclamar más ayuda occidental, subrayó que “Moscú no se detendrá mientras tenga capacidad para lanzar ataques masivos” y exigió mayor presión internacional sobre el Kremlin. Según cifras oficiales, en tan solo una semana, Rusia ha lanzado más de 1.270 drones, 114 misiles y cerca de 1.100 bombas planeadoras, en una ofensiva aérea inédita que busca no solo agotar recursos, sino también quebrar la moral de la población.

Drones y evolución. Lo hemos venido contando estas semanas. El ministro de Defensa ucraniano, Rustem Umerov, explicó que Moscú ha intensificado el uso combinado de misiles y drones, la mayoría de ellos del tipo Shahed, de diseño iraní, que ahora vuelan más alto, más rápido y con una mayor carga explosiva, escapando al alcance de las unidades móviles antiaéreas ucranianas.

Este salto cualitativo en la capacidad de los drones ha obligado a una lucha intelectual constante para adaptar las defensas y encontrar soluciones eficaces. Ucrania ha estado trabajando durante años en contramedidas electrónicas y tácticas de neutralización, pero la evolución tecnológica de Rusia obliga a una respuesta cada vez más sofisticada.

Ciclo de adaptación. El Shahed-136, también conocido como Geran-2 cuando es empleado por Moscú, ha pasado de ser un simple dron suicida iraní de bajo coste a convertirse en una pieza clave en la guerra tecnológica de Ucrania. Su bajo precio, largo alcance y considerable carga explosiva lo han hecho especialmente útil tanto para ataques en profundidad como para operaciones tácticas.

A pesar de su uso intensivo, Ucrania había logrado inicialmente un alto índice de neutralización, empleando una combinación de interferencias electrónicas, helicópteros Mi-24, cazas MiG-29 y ametralladoras montadas en vehículos para interceptar estos drones. Sin embargo, en los últimos meses, una evolución significativa en el diseño y las tácticas ha permitido a un número creciente de Shaheds superar las defensas ucranianas. 

Eso, y algo más, han llevado al mayor ataque aéreo hasta la fecha.

El rediseño iraní. Los informes ucranianos apuntan a varias mejoras significativas en los Shahed más recientes. La más evidente: el blindaje del compartimento del motor, que ahora resiste mejor los disparos de ametralladora, mientras que los depósitos de combustible han sido reubicados desde las alas al fuselaje central, reduciendo la vulnerabilidad a impactos laterales. Así todo, la innovación más disruptiva es la incorporación de submuniciones.

Estas nuevas versiones no solo se limitan a explotar al impactar, sino que pueden dispersar pequeñas cargas explosivas durante el vuelo, incrementando su eficacia contra formaciones de tropas o posiciones fortificadas. Estos artefactos pueden ser liberados en cualquier punto del trayecto, ampliando su flexibilidad operativa. De hecho, las tropas ucranianas en las regiones de Sumy y Járkov han reportado encuentros de lo más desconcertantes con estos drones: no se oye impacto alguno, y veinte minutos después sobreviene una explosión inesperada.

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Prototipo de Lancet

Lancet. Además, e igual de importante, las oleadas de Shahed rusos ahora no van solas. Junto a las mejoras físicas, Rusia ha cambiado su forma de desplegarlos. Una de las nuevas tácticas consiste en lanzar los drones por pares: uno a baja altitud, el otro a mayor altura. El dron inferior actúa como señuelo, atrayendo los radares ucranianos, mientras que el superior pasa inadvertido hasta que el primero es destruido, ganando tiempo y aumentando sus probabilidades de alcanzar el objetivo.

La otra táctica novedosa ha sido la combinación de Shaheds con los denominados drones Lancet. Hablamos de dispositivos más pequeños, muy difíciles de detectar y letales. Los Lancet se usan para atacar específicamente a los equipos ucranianos de defensa antidrón, despejando el camino para que los Shaheds lleguen luego sin oposición. Dicho de otra forma, la evolución de los Lancet los ha convertido en una especie de escudo antes de la ofensiva de los enjambres de Shahed. Una estrategia, la de “ataque a los interceptores”, que ha complicado seriamente la eficacia de las defensas móviles terrestres ucranianas.

Avance ruso en tierra. Simultáneamente al ataque aéreo masivo, las fuerzas rusas avanzan en el frente oriental al ritmo más veloz desde noviembre, apoyadas por bombas planeadoras de alta precisión y drones no interferibles guiados por fibra óptica. El comandante en jefe ucraniano, Oleksandr Syrsky, advirtió sobre intentos de ruptura de las líneas defensivas en tres direcciones, particularmente en torno a las ciudades clave de Kostyantynivka y Pokrovsk, que podrían quedar cercadas si continúa el ritmo ofensivo.

En el norte, las tropas rusas avanzan desde la región de Kursk hacia la de Sumy, amenazando con situarse pronto a distancia de artillería de su capital regional. Fuentes del gobierno ucraniano han anticipado que la ofensiva terrestre y aérea de Rusia se intensificará a lo largo del verano.

Cambio doctrinal y minas antipersona. Plus: ante el agravamiento del conflicto, Zelenskyy firmó un decreto para retirar a Ucrania de la Convención de Ottawa, la misma que prohíbe la producción y uso de minas antipersona, una medida que, según el parlamentario Roman Kostenko, responde a la asimetría moral y táctica del conflicto.

De fondo, Rusia, que no es parte del tratado, y que ha empleado (y mucho) estas armas contra militares y civiles ucranianos. Desde esa perspectiva, la permanencia de Ucrania en el acuerdo era vista como una desventaja estratégica. Aunque aún se requiere aprobación parlamentaria, el paso marca una nueva fase en la doctrina militar de Kyiv, cada vez más definida por la necesidad de adaptarse a una guerra sin reglas impuestas por el adversario.

Guerra sin tregua. El ataque aéreo masivo ruso no solo ha elevado el nivel destructivo de la guerra, sino que también ha exacerbado el desgaste de las defensas ucranianas y la urgencia de apoyo exterior. La falta de municiones antiaéreas, combinada con la sofisticación creciente de los medios ofensivos rusos, pone a Ucrania ante una carrera contrarreloj para sostener su capacidad de resistencia.

La estrategia de Putin parece orientada a mantener una presión constante (tanto psicológica como material) que debilite las capacidades de Ucrania antes de que nuevas ayudas internacionales lleguen con fuerza suficiente. La posibilidad de un acuerdo de paz se aleja aún más, mientras la guerra se adentra en un ciclo de intensificación sostenida, con consecuencias impredecibles tanto para el equilibrio regional como, qué duda cabe, para la seguridad europea.

Imagen | Heute, State Emergency Service of Ukraine, Nickel nitride

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La noticia Rusia ha lanzado el mayor ataque aéreo sobre Ucrania con una trampa mortal: un escudo como antesala de un ejército de Shaheds fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

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