Las virtudes de esta nueva miniserie de Netflix que, contra todo pronóstico, se ha colado en el top de lo más visto de la plataforma, son tan evidentes como satisfactorias en un panorama donde se producen tantas series y a tal velocidad que a menudo se descuidan los elementos formales. Entre sus elementos más notable está, cómo no, la acertada elección de Anya Taylor-Joy como protagonista, una jovencísima actriz que desde su pasmoso descubrimiento en ‘La bruja’ no ha parado de encadenar papeles de primera categoría, de ‘Purasangre‘ a ‘Glass‘, pasando por las recientes ‘Los Nuevos Mutantes‘ o ‘Emma.‘.
Luego está el extraordinario buen gusto de la historia. Nos cuenta la fulgurante carrera de una niña, Beth Harmon, que aprende a jugar al ajedrez en un orfanato con el bedel, y que pronto pasa a competiciones más y más importantes. Se codeará con jugadores cada vez más duros, invariablemente hombres, y tendrá problemas de adicciones a las drogas y al alcohol, que la mantienen concentrada y la ayudan a soportar la presión.
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