La fiebre cripto llega al fútbol: así funcionan los ‘fan tokens’ que cada vez más clubes están adoptando

La fiebre cripto llega al fútbol: así funcionan los 'fan tokens' que cada vez más clubes están adoptando

La reciente regulación sobre la publicidad de los juegos de azar ha provocado varios cambios, como que los clubes de fútbol, ya acostumbrados a lucir patrocinios de casas de apuestas, han tenido que buscar sectores alternativos para rentabilizar su camiseta. El Valencia escogió a Socios.com, cuyo nombre no debe confundir: es una plataforma internacional, no española, de venta de fan tokens, una suerte de fichas digitales basadas en Blockchain que permiten a sus propietarios tener un cierto poder de decisión sobre su club. Como las fichas de un casino o una feria, que sirven como activo financiero pero solo dentro de un entorno específico. Cada club tiene su fan token basado en la criptomoneda Chiliz.

Si los clubes han tenido históricamente accionistas cuya cantidad de acciones les podía permitir (en función de si son sociedades anónimas o limitadas) votar sobre ciertas decisiones o por candidatos a la presidencia, los fan tokens siguen una estructura muy similar, pero a pequeña escala, usando la cadena de bloques y con decisiones en un plano inferior.

Por ejemplo, un usuario que posea fan tokens de un club (se compran mediante la app de la plataforma escogida) puede votar en encuestas sobre los contenidos que el club publicará en redes sociales, el mural que adornará los vestuarios u otras cuestiones menores, así como participar en sorteos mucho más reducidos que si fuesen abiertos al público para conocer a los jugadores o acudir a visitas guiadas por el estadio solo para propietarios de tokens.

Un ejemplo práctico lo podemos ver en el Barça, uno de los pioneros en adoptar fan tokenscon la anterior junta directiva y siendo su máximo responsable Dídac Lee, a quien entrevistamos en Xataka, como directivo del área digital hasta finales de 2020. El Atlético de Madrid, también con su fan token, hizo una encuesta para que sus usuarios votasen por el diseño de mascarilla del club que se pondría a la venta en las tiendas oficiales.

Fcb Encuesta

Una encuesta reciente para los propietarios de fan tokens del Barça: qué jugador debería ser el próximo en aparecer por las stories del Instagram del club.

En el fútbol español, F.C. Barcelona, Levante U.D., Atlético de Madrid y Valencia C.F. son los clubes cuyo patrocinador es la plataforma Socios.com y cuentan con su propio fan token, siendo el de Mestalla el único que lo exhibe como patrocinador principal en su camiseta. Fuera de España, clubes como la Juventus, el PSG, la Roma, el Manchester City, el Inter de Milán o la selección portuguesa también cuentan con este tipo de patrocinios.

A la izquierda, Alexandre Dreyfus, CEO de Chiliz y Socios.com. A la derecha, Anil Murthy, presidente del Valencia. Ambos exhibiendo la camiseta del club 'che' con el nuevo patrocinio para la temporada 2021/2022. Imagen: Valencia C.F.

Skriniar

Skriniar, jugador del Inter de Milán, en una de las imágenes promocionales de la camiseta de esta temporada. En el pecho, el patrocinio de Socios.com con su 'fan token'. Imagen: Inter de Milan.

Hay plataformas que han apostado por la unión de Blockchain y fútbol más allá de patrocinios de equipos, fan tokens mediante. Por ejemplo, Shirtum, que además de lanzar el token del Galatasaray, también está orientada a que los propios jugadores vendan artículos de coleccionista en forma de NFTs. Rakitic, el 'Papu' Gómez, Ocampos o De Paul son algunos de los primeros que se han sumado a ella.

Vine por el sorteo de la camiseta y me quedé por la especulación

Los fan tokens, además de una emisión limitada (no se pueden emitir nuevos tokens indefinidamente), tienen un valor económico, un precio al que comprarlos... o venderlos. Y ese precio fluctúa en función de la oferta y la demanda, como una acción bursátil, así que también pueden comprarse con la intención de hacer negocio con ellos, independientemente de si uno es hincha del club o de si jamás se había interesado por él.

Al margen de las utilidades hacia el club, los fan tokens también pueden funcionar como productos de inversión, ya que su valor fluctúa

Como quien compra una criptomoneda, una acción o cualquier otro tipo de activo, es posible que gane o pierda dinero desde que lo compra hasta que lo vende. Vamos a ver un par de ejemplos prácticos.

Por un lado, el Barça, que tuvo una buena trayectoria durante los primeros de 2021. El valor de su fan token creció en consonancia, pasando de los 7 dólares en enero a superar los 50 en marzo. Un aumento más que considerable que también pudo estar aupado por el recorrido del propio activo como novedad.

En cualquier caso, en marzo fue eliminado de la Champions League por el PSG, y el valor empezó a caer. Tuvo un repunte al conquistar la Copa del Rey frente al Athletic, pero el mal desempeño en el final de la liga, cuando perdió las opciones de ganarla por sus propios resultados, terminó de hacer caer el valor hasta los diez dólares. Una montaña rusa.

Fcb Token

Gráfica de CoinMarketCap.

Vamos con el otro ejemplo: el Paris Saint Germain. Estrenó el fan token con la temporada terminada, así que los vaivenes de su valor tienen más que ver con el mercado de fichajes que con trofeo alguno. Como cualquiera podrá imaginar, ese mercado tiene un nombre propio: Leo Messi. El valor se disparó desde el mismo momento en el que el equipo catalán comunicó que su jugador franquicia, con el contrato finalizado y haciendo malabarismos financieros para poder renovarlo, no continuaría finalmente ligado al club.

La intuición futbolística y de los petrodólares hacía pensar que solo el PSG podría afrontar el fichaje del argentino, así que el token comenzó a escalar desde los 22 hasta superar los 50 dólares. Una vez el fichaje se hizo oficial, se tocó el máximo de casi sesenta dólares por token.

Psg Token

Gráfica de CoinMarketCap.

Especulación al margen, más allá de ofrecer una forma de interactuar con el club, tener capacidad de voto en algunas de sus decisiones (aunque sea elegir la frase motivadora que ilustrará el vestuario local) y sentir una conexión un poco más tangible con el equipo, este fenómeno se enmarca en un contexto muy específico del fútbol: la necesidad de buscar formas de ingresos alternativos y fortalecer (y monetizar) los vínculos con los seguidores de todo el mundo, aunque vivan a miles de kilómetros y no puedan comprar entradas para ver los partidos. Antes hacían stages de pretemporada en Asia o América, ahora venden tokens.

Atletico Madrid

Vitolo, Koke y Adán, jugadores del Atlético de Madrid, sosteniendo camisetas para anunciar el patrocinio de Socios.com y la criptomoneda Chiliz al inicio de la temporada 2019/2020.

Esta era una tendencia al alza desde hace unos años (la Superliga empezó a gestarse en 2018) motivada entre otras causas por la aparición de clubes-estado como el propio PSG o las inversiones vía petrodólares inalcanzables para el resto, como la del Manchester City. La pandemia, que ha vaciado los estadios y deflacionado el fútbol, solo ha acelerado este proceso.

Ya sea por marketing de captación o por convencimiento estratégico, podemos esperar más movimientos en torno a la intersección del Blockchain y el fútbol en los próximos tiempos. Messi, por ejemplo, cobrará una parte de su sueldo en tokens.

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La noticia La fiebre cripto llega al fútbol: así funcionan los 'fan tokens' que cada vez más clubes están adoptando fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

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La fiebre cripto llega al fútbol: así funcionan los ‘fan tokens’ que cada vez más clubes están adoptando

La fiebre cripto llega al fútbol: así funcionan los 'fan tokens' que cada vez más clubes están adoptando

La reciente regulación sobre la publicidad de los juegos de azar ha provocado varios cambios, como que los clubes de fútbol, ya acostumbrados a lucir patrocinios de casas de apuestas, han tenido que buscar sectores alternativos para rentabilizar su camiseta. El Valencia escogió a Socios.com, cuyo nombre no debe confundir: es una plataforma internacional, no española, de venta de fan tokens, una suerte de fichas digitales basadas en Blockchain que permiten a sus propietarios tener un cierto poder de decisión sobre su club. Como las fichas de un casino o una feria, que sirven como activo financiero pero solo dentro de un entorno específico. Cada club tiene su fan token basado en la criptomoneda Chiliz.

Si los clubes han tenido históricamente accionistas cuya cantidad de acciones les podía permitir (en función de si son sociedades anónimas o limitadas) votar sobre ciertas decisiones o por candidatos a la presidencia, los fan tokens siguen una estructura muy similar, pero a pequeña escala, usando la cadena de bloques y con decisiones en un plano inferior.

Por ejemplo, un usuario que posea fan tokens de un club (se compran mediante la app de la plataforma escogida) puede votar en encuestas sobre los contenidos que el club publicará en redes sociales, el mural que adornará los vestuarios u otras cuestiones menores, así como participar en sorteos mucho más reducidos que si fuesen abiertos al público para conocer a los jugadores o acudir a visitas guiadas por el estadio solo para propietarios de tokens.

Un ejemplo práctico lo podemos ver en el Barça, uno de los pioneros en adoptar fan tokenscon la anterior junta directiva y siendo su máximo responsable Dídac Lee, a quien entrevistamos en Xataka, como directivo del área digital hasta finales de 2020. El Atlético de Madrid, también con su fan token, hizo una encuesta para que sus usuarios votasen por el diseño de mascarilla del club que se pondría a la venta en las tiendas oficiales.

Fcb Encuesta

Una encuesta reciente para los propietarios de fan tokens del Barça: qué jugador debería ser el próximo en aparecer por las stories del Instagram del club.

En el fútbol español, F.C. Barcelona, Levante U.D., Atlético de Madrid y Valencia C.F. son los clubes cuyo patrocinador es la plataforma Socios.com y cuentan con su propio fan token, siendo el de Mestalla el único que lo exhibe como patrocinador principal en su camiseta. Fuera de España, clubes como la Juventus, el PSG, la Roma, el Manchester City, el Inter de Milán o la selección portuguesa también cuentan con este tipo de patrocinios.

A la izquierda, Alexandre Dreyfus, CEO de Chiliz y Socios.com. A la derecha, Anil Murthy, presidente del Valencia. Ambos exhibiendo la camiseta del club 'che' con el nuevo patrocinio para la temporada 2021/2022. Imagen: Valencia C.F.

Skriniar

Skriniar, jugador del Inter de Milán, en una de las imágenes promocionales de la camiseta de esta temporada. En el pecho, el patrocinio de Socios.com con su 'fan token'. Imagen: Inter de Milan.

Hay plataformas que han apostado por la unión de Blockchain y fútbol más allá de patrocinios de equipos, fan tokens mediante. Por ejemplo, Shirtum, que además de lanzar el token del Galatasaray, también está orientada a que los propios jugadores vendan artículos de coleccionista en forma de NFTs. Rakitic, el 'Papu' Gómez, Ocampos o De Paul son algunos de los primeros que se han sumado a ella.

Vine por el sorteo de la camiseta y me quedé por la especulación

Los fan tokens, además de una emisión limitada (no se pueden emitir nuevos tokens indefinidamente), tienen un valor económico, un precio al que comprarlos... o venderlos. Y ese precio fluctúa en función de la oferta y la demanda, como una acción bursátil, así que también pueden comprarse con la intención de hacer negocio con ellos, independientemente de si uno es hincha del club o de si jamás se había interesado por él.

Al margen de las utilidades hacia el club, los fan tokens también pueden funcionar como productos de inversión, ya que su valor fluctúa

Como quien compra una criptomoneda, una acción o cualquier otro tipo de activo, es posible que gane o pierda dinero desde que lo compra hasta que lo vende. Vamos a ver un par de ejemplos prácticos.

Por un lado, el Barça, que tuvo una buena trayectoria durante los primeros de 2021. El valor de su fan token creció en consonancia, pasando de los 7 dólares en enero a superar los 50 en marzo. Un aumento más que considerable que también pudo estar aupado por el recorrido del propio activo como novedad.

En cualquier caso, en marzo fue eliminado de la Champions League por el PSG, y el valor empezó a caer. Tuvo un repunte al conquistar la Copa del Rey frente al Athletic, pero el mal desempeño en el final de la liga, cuando perdió las opciones de ganarla por sus propios resultados, terminó de hacer caer el valor hasta los diez dólares. Una montaña rusa.

Fcb Token

Gráfica de CoinMarketCap.

Vamos con el otro ejemplo: el Paris Saint Germain. Estrenó el fan token con la temporada terminada, así que los vaivenes de su valor tienen más que ver con el mercado de fichajes que con trofeo alguno. Como cualquiera podrá imaginar, ese mercado tiene un nombre propio: Leo Messi. El valor se disparó desde el mismo momento en el que el equipo catalán comunicó que su jugador franquicia, con el contrato finalizado y haciendo malabarismos financieros para poder renovarlo, no continuaría finalmente ligado al club.

La intuición futbolística y de los petrodólares hacía pensar que solo el PSG podría afrontar el fichaje del argentino, así que el token comenzó a escalar desde los 22 hasta superar los 50 dólares. Una vez el fichaje se hizo oficial, se tocó el máximo de casi sesenta dólares por token.

Psg Token

Gráfica de CoinMarketCap.

Especulación al margen, más allá de ofrecer una forma de interactuar con el club, tener capacidad de voto en algunas de sus decisiones (aunque sea elegir la frase motivadora que ilustrará el vestuario local) y sentir una conexión un poco más tangible con el equipo, este fenómeno se enmarca en un contexto muy específico del fútbol: la necesidad de buscar formas de ingresos alternativos y fortalecer (y monetizar) los vínculos con los seguidores de todo el mundo, aunque vivan a miles de kilómetros y no puedan comprar entradas para ver los partidos. Antes hacían stages de pretemporada en Asia o América, ahora venden tokens.

Atletico Madrid

Vitolo, Koke y Adán, jugadores del Atlético de Madrid, sosteniendo camisetas para anunciar el patrocinio de Socios.com y la criptomoneda Chiliz al inicio de la temporada 2019/2020.

Esta era una tendencia al alza desde hace unos años (la Superliga empezó a gestarse en 2018) motivada entre otras causas por la aparición de clubes-estado como el propio PSG o las inversiones vía petrodólares inalcanzables para el resto, como la del Manchester City. La pandemia, que ha vaciado los estadios y deflacionado el fútbol, solo ha acelerado este proceso.

Ya sea por marketing de captación o por convencimiento estratégico, podemos esperar más movimientos en torno a la intersección del Blockchain y el fútbol en los próximos tiempos. Messi, por ejemplo, cobrará una parte de su sueldo en tokens.

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Así es como China está dejando obsoletas a las tarjetas de crédito

Así es como China está dejando obsoletas a las tarjetas de crédito

¿Alguna vez te has preguntado por qué algunos establecimientos no disponen de TPV para pagar con tarjeta, o por qué establecen una cantidad mínima? La respuesta en muchos casos es que no quieren tener que pagar las comisiones que imponen intermediarios (banca, proveedores de tarjetas como VISA o MasterCard…). En Estados Unidos se estima que por cada transacción de 100 dólares, solo 97,25 dólares llegan al vendedor, quedándose el resto por el camino.

En China encontraron la forma de saltarse estas comisiones en su mayor parte, eliminar costes a los comercios, y permitir vivir con pagos móviles que van mucho más allá de lo que conocemos en España.


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España supera el 70% de su población vacunada: una meta cumplida que quedó desfasada hace tiempo

España supera el 70% de su población vacunada: una meta cumplida que quedó desfasada hace tiempo

Parecía una quimera en enero, cuando el ritmo de vacunación en España avanzaba a cuentagotas y vimos los primeros parones: se dejaron de inocular primeras dosis para poder asegurar las segundas que estaban pendientes todavía. Parecía una quimera en abril, cuando el Gobierno anunció por primera vez sus objetivos concretos y hacía falta una velocidad muchísimo mayor a la que teníamos entonces.

El Gobierno se puso como objetivo alcanzar los 33 millones de vacunados, el 70% de la población española, "a finales del mes de agosto" con cuatro escalones previos entre mayo y julio. Tres de ellos fueron superados en el plazo fijado; el tercero, el de los quince millones, tuvo un retraso de unos días. Ahora, 1 de septiembre (con las cifras que hacen referencia al 31 de agosto), España ha superado la cifra objetivo, la barrera psicológica que llevábamos ocho meses esperando. 33.376.693 han sido vacunados de pauta completa. Más de 66 millones de dosis han sido administradas.

Y ahora, los matices

Vacunacion Objetivo

La del 70% de la población fue la cifra que se manejó originalmente como la adecuada para alcanzar la inmunidad de grupo. Para determinar esa cifra hace falta contar con varias variables, siendo la esencial la del número reproductivo básico (R0), que indica la transmisibilidad del virus. Al inicio de la pandemia, con la variante que salió de Wuhan, se estimaba entre 2 y 3. Con ese dato se estimó el 70% como la cifra necesaria para esa inmunidad grupal.

El problema es que durante este tiempo hemos visto llegar variantes más contagiosas, como la británica o Delta. La primera era en torno al 50% más infectiva que la original. La segunda es otro 50% más contagiosa que Alfa, la británica, llegando su Ro hasta 8 o 9. Esto obliga a repensar los cálculos para alcanzar la inmunidad de grupo.

Vacunacion Objetivo 002

Con esa tasa reproductiva de la variante Delta, una cifra mínima necesaria para esa inmunidad grupal sería del 85%. Francia la fijó en el 90%. El epidemiólogo Javier del Águila habló de ella como prácticamente imposible de lograr con una variante como Delta, o en todo caso alcanzando a un 95% de la población vacunada, para lo cual haría falta vacunar también a los niños.

Añadió que esa es una cifra "muy complicada de alcanzar" incluso en un país como España, con una muy baja reticencia a las vacunas, en contraposición a otros países que avanzaron a ritmos superiores durante los primeros meses de la campaña pero llevan todo el verano prácticamente estancados ante la negativa de una parte de la ciudadanía a recibir la vacuna.

De momento, eso sí, algo que nadie podrá arrebatarnos: entre todos (el Gobierno central, las autonomías que tienen las competencias sanitarias, una ciudadanía que ha demostrado un escepticismo frente a las vacunas exiguo en comparación con otros países), hemos llegado al 70% de nuestra población vacunada mucho antes que otros países y mucho antes de lo que parecía posible a principios de invierno.

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Las tecnológicas están orientando su producto hacia un terreno pantanoso: el crédito fácil

Las tecnológicas están orientando su producto hacia un terreno pantanoso: el crédito fácil

En occidente estamos viviendo un importante auge del ateísmo. La ruptura con el catolicismo tiene consecuencias sociológicas tan sutiles como imparables, y una de ellas es otro auge, el del hedonismo, una variante más del cortoplacismo.

La moral católica tradicional venía condicionada por la idea de que en esta vida uno ha venido a sufrir y a sacrificarse bajo la promesa de que, una vez muerto, la vida eterna en el reino de los cielos le daría todo lo que no pudo saborear en vida. Antes funcionaba, los esclavos no se rebelaban y en general nuestras abuelas encajaban el sufrimiento cronificado como forma de vida. Hoy, con menos del 10% de la población ubicando a la fe como algo indispensable en su vida, las normas han cambiado y en general abrazamos los placeres inmediatos, el disfrute de la vida sin esperar a ese hipotético cielo cristiano y en resumidas cuentas planificamos menos.


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Así ha caído la letalidad del COVID-19 gracias a las vacunas por cada grupo de edad: miles de vidas han sido salvadas

Así ha caído la letalidad del COVID-19 gracias a las vacunas por cada grupo de edad: miles de vidas han sido salvadas

Ya al principio de la campaña de vacunación hablamos de qué significaba realmente la eficacia de las vacunas: obedece a una cuestión de probabilidades (un 95% de eficacia no significa que el 5% de las personas se infecte, sino que hay un 95% menos de probabilidades de hacerlo), y además, incluso en casos positivos, también hacen caer la probabilidad de que se desarrollen síntomas, de que estos sean graves o de que acaben en un fallecimiento.

El verano de 2021 llegó con un repunte progresivo de casos positivos que hizo temblar muchas de las previsiones estivales y contemplar nuevas restricciones para las administraciones públicas. Aunque efectivamente sigue habiendo riesgos para la salud pública, sobre todo con muchos ciudadanos todavía no vacunados o sin haber recibido la pauta completa, el efecto de la campaña de vacunación se nota, sobre todo, en que el COVID-19 ha pasado a ser un virus mucho menos letal.


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Vine por la energía sostenible, me quedé por el precio (Ovejas Eléctricas, 1×06)

Vine por la energía sostenible, me quedé por el precio (Ovejas Eléctricas, 1x06)

Hasta hace cuatro días (marca temporal coloquial), la eficiencia de muchas energías renovables, especialmente algunas como la solar, era bastante reducida; y sus instalaciones e infraestructuras, bastante caras. Abrazar el uso de energías renovables tenía mucho de filosófico, pero no tanto de decisión financiera favorable. Eso ya cambió. El coste de pasarse a usar renovables es hasta un 90% más bajo que hace unos años, reduciendo así el tiempo necesario para amortizar la inversión.

Y además de un coste de instalación más bajo, la eficiencia también ha aumentado. Uno de esos indicadores sutiles de que vivimos en el futuro, aunque a veces nos cueste darnos cuenta: la transición a las renovables ya es perfectamente posible en todos los sentidos.


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El fin del Internet del “todo gratis”

El fin del Internet del

No hace tanto, todos teníamos un Hotmail. Con la friolera de 2 MB de almacenamiento. Luego llegó Google ofreciendo 1 GB de correo gratuito y tras aceptar que no era una broma, nos entregamos a su causa. Y así siguieron floreciendo servicios online, todos con la gratuidad como carta de presentación. Hoy en día todos compramos por Internet con la misma naturalidad con la que nos cepillamos los dientes, pero en los dosmiles, que una web nos pidiese la tarjeta de crédito era una cuestión mayor y no aceptable para cualquiera. Había que dar todo gratis.

La financiación salía de la publicidad online: ayer gloria, hoy supervivencia. El CPM ("coste por mil", una unidad estándar en la publicidad para determinar el coste de una campaña por cada mil impresiones de sus anuncios) se ha hundido con el paso de los años.

A finales de los noventa y primeros 2000 estaba disparado, tanto por el hecho de que todavía nos fijábamos en los banners como porque los que ponían el dinero sentían que anunciarse en Internet era un plus para su reputación, era parte de la imagen de marca que querían cincelar, y eso se pagaba tan bien que permitía ofrecer gratis cualquier cosa.

Hoy esa historia es diferente: el CPM se ha hundido respecto a hace quince o veinte años, las audiencias necesarias para mantenerse con vida son muchísimo mayores, entraron en juego las redes sociales y plataformas de entretenimiento online, y también la importancia de Google como buscador.

Capital riesgo y suscripciones

Tarjeta de crédito con el logo de Xataka

Los años posteriores al boom de lo gratuito fueron los del auge de Silicon Valley, con empresas dopadas con camiones llenos de dólares permitiéndose seguir ofreciendo productos gratuitos a costa de vivir de la inversión hasta ya veremos cuándo.

Dropbox se permitió durante años tener una masa crítica de usuarios que entraron a costa de promociones gratuitas de almacenamiento con la compra de un móvil cualquiera, o invitando a otros usuarios a la plataforma, y era suficiente. Incluso el software tradicionalmente de pago pasó a ser gratuito: así lo hicieron Apple con macOS o Microsoft con Windows u Office, cuyo modelo de negocio se acentuó en venta de hardware, entornos de suscripción y en el caso de los de Redmond, servicios corporativos.

Luego la historia empezó a cambiar. Las anteriormente startups tuvieron que preocuparse más por sus finanzas, y las grandes tecnológicas aprovecharon habernos hechos cautivos de sus plataformas, como Google Fotos o Dropbox, para acabar con el tiempo de gracia y pasar a cobrarnos sin mucha alternativa. Una variante del efecto Ikea: me compensa más pagar unos euros al mes y no tener que reconstruir mis playlists y sistema de archivos online en otro sitio que quizás me lleve al mismo punto en un par de años.

Hasta los medios de comunicación, sobre todo los generalistas, uno de los últimos reductos profesionalizados en tratar de exprimir el negocio publicitario a costa de la gratuidad para sus lectores, han acabado dando el salto a los muros de pago. Las redes sociales, otras que tal bailan, también han incorporado modelos para arañar unos euros más allá de la publicidad. Twitter con su Super Follow, Instagram con nuevos métodos para influencers no-tan-grandes. YouTube habilitó suscripciones de pago y Twitch, ingeniosa para monetizar, está arrasando.

El Internet del "todo gratis" se siente viejo y alejado, como soplar un cartucho o rebobinar una cinta con un casette

Incluso la descarga de contenidos, como películas, series y música, también ha caído en picado. La llegada de servicios cómodos y con precios razonables será la causa principal, pero sobre todo en el vídeo hay fragmentación de contenidos, y pese a ello convivimos con la idea de pagar más de un servicio de vídeo al mismo tiempo, o ir alternando con el paso de los meses. Es el mercado, amigo.

En realidad el paso del mercado basado en compras únicas a los entornos bajo suscripción ha sido la llave que ha desbloqueado lo que no hace tanto parece una quimera: (casi) todos pasamos por caja. La fatiga de la suscripción es real, pero lo mismo ha ocurrido con todo modelo en auge: llega un momento de saturación que da paso a la autorregulación. Quien abusa del modelo acaba siendo expulsado por los usuarios que le dan la espalda.

Mientras tanto, recordamos aquel Internet donde se daba por sentado que todo era gratis como quien recuerda cosas que ya no existen, como soplar el cartucho o rebobinar un casette con un lápiz. Ya es otra época.

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El fin del Internet del “todo gratis”

El fin del Internet del

No hace tanto, todos teníamos un Hotmail. Con la friolera de 2 MB de almacenamiento. Luego llegó Google ofreciendo 1 GB de correo gratuito y tras aceptar que no era una broma, nos entregamos a su causa. Y así siguieron floreciendo servicios online, todos con la gratuidad como carta de presentación. Hoy en día todos compramos por Internet con la misma naturalidad con la que nos cepillamos los dientes, pero en los dosmiles, que una web nos pidiese la tarjeta de crédito era una cuestión mayor y no aceptable para cualquiera. Había que dar todo gratis.

La financiación salía de la publicidad online: ayer gloria, hoy supervivencia. El CPM ("coste por mil", una unidad estándar en la publicidad para determinar el coste de una campaña por cada mil impresiones de sus anuncios) se ha hundido con el paso de los años.

A finales de los noventa y primeros 2000 estaba disparado, tanto por el hecho de que todavía nos fijábamos en los banners como porque los que ponían el dinero sentían que anunciarse en Internet era un plus para su reputación, era parte de la imagen de marca que querían cincelar, y eso se pagaba tan bien que permitía ofrecer gratis cualquier cosa.

Hoy esa historia es diferente: el CPM se ha hundido respecto a hace quince o veinte años, las audiencias necesarias para mantenerse con vida son muchísimo mayores, entraron en juego las redes sociales y plataformas de entretenimiento online, y también la importancia de Google como buscador.

Capital riesgo y suscripciones

Tarjeta de crédito con el logo de Xataka

Los años posteriores al boom de lo gratuito fueron los del auge de Silicon Valley, con empresas dopadas con camiones llenos de dólares permitiéndose seguir ofreciendo productos gratuitos a costa de vivir de la inversión hasta ya veremos cuándo.

Dropbox se permitió durante años tener una masa crítica de usuarios que entraron a costa de promociones gratuitas de almacenamiento con la compra de un móvil cualquiera, o invitando a otros usuarios a la plataforma, y era suficiente. Incluso el software tradicionalmente de pago pasó a ser gratuito: así lo hicieron Apple con macOS o Microsoft con Windows u Office, cuyo modelo de negocio se acentuó en venta de hardware, entornos de suscripción y en el caso de los de Redmond, servicios corporativos.

Luego la historia empezó a cambiar. Las anteriormente startups tuvieron que preocuparse más por sus finanzas, y las grandes tecnológicas aprovecharon habernos hechos cautivos de sus plataformas, como Google Fotos o Dropbox, para acabar con el tiempo de gracia y pasar a cobrarnos sin mucha alternativa. Una variante del efecto Ikea: me compensa más pagar unos euros al mes y no tener que reconstruir mis playlists y sistema de archivos online en otro sitio que quizás me lleve al mismo punto en un par de años.

Hasta los medios de comunicación, sobre todo los generalistas, uno de los últimos reductos profesionalizados en tratar de exprimir el negocio publicitario a costa de la gratuidad para sus lectores, han acabado dando el salto a los muros de pago. Las redes sociales, otras que tal bailan, también han incorporado modelos para arañar unos euros más allá de la publicidad. Twitter con su Super Follow, Instagram con nuevos métodos para influencers no-tan-grandes. YouTube habilitó suscripciones de pago y Twitch, ingeniosa para monetizar, está arrasando.

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Incluso la descarga de contenidos, como películas, series y música, también ha caído en picado. La llegada de servicios cómodos y con precios razonables será la causa principal, pero sobre todo en el vídeo hay fragmentación de contenidos, y pese a ello convivimos con la idea de pagar más de un servicio de vídeo al mismo tiempo, o ir alternando con el paso de los meses. Es el mercado, amigo.

En realidad el paso del mercado basado en compras únicas a los entornos bajo suscripción ha sido la llave que ha desbloqueado lo que no hace tanto parece una quimera: (casi) todos pasamos por caja. La fatiga de la suscripción es real, pero lo mismo ha ocurrido con todo modelo en auge: llega un momento de saturación que da paso a la autorregulación. Quien abusa del modelo acaba siendo expulsado por los usuarios que le dan la espalda.

Mientras tanto, recordamos aquel Internet donde se daba por sentado que todo era gratis como quien recuerda cosas que ya no existen, como soplar el cartucho o rebobinar un casette con un lápiz. Ya es otra época.

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Soy ciego y trabajo como programador (Ovejas Eléctricas 01×03)

Soy ciego y trabajo como programador (Ovejas Eléctricas 01x03)

Hasta no hace mucho, la accesibilidad todavía era una quimera para quien quería dedicarse a la informática, algo lleno de obstáculos, a veces insalvables, donde hacía falta muchísimo empeño al margen del ya necesario para lograr una carrera en esta profesión. De forma gradual, la accesibilidad fue aumentando hasta formar parte fundamental de casi todo lo que rodea a un ordenador o un móvil. Y esto es solo el principio.

En los últimos años, la palabra “accesibilidad” ha ido normalizándose y formando parte de todo desarrollo que se precie, y eso es lo que ha permitido en última instancia que gente como Juanjo, con ceguera total, pueda trabajar como programador con absoluta normalidad, simplemente adaptando algunas de sus herramientas. Es un botón más que demuestra que en el mundo tecnológico, el futuro ya está aquí.


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