Netflix está empezando a cobrar por compartir cuentas. Tiene sentido pensar que solo es el principio de algo más.

Netflix está empezando a cobrar por compartir cuentas. Tiene sentido pensar que solo es el principio de algo más.

El anuncio de Netflix de que empezará a cobrar por compartir cuentas, aunque sea a modo de prueba y solo en algunos países, es un trueno que congela la sangre para todo aquel que se ha habituado a reducir la factura de sus suscripciones gracias a compartir clave con el amigo, el vecino, la cuñada y los del pádel. Algo que puede tener los días contados si Netflix decide pulsar el botón rojo y hacer del test algo definitivo.

La empresa, eso sí, fue cristalina en su comunicación y no se escudó en hechizos ni excusas para justificar la subida: directamente dijo que este movimiento "le permitirá mejorar su capacidad de invertir en nuevas series y películas". La clave es que compartir cuentas entre familias les parece razonable, pero quieren acotar a ese ámbito aquel hábito: que cada hogar pague por su propia contraseña. Es algo que viene desde hace años en las condiciones del servicio (punto 4.2) pero que nunca ha sido perseguido en la práctica. De momento está siendo probado en tres países. Mañana, veremos si no pasa de ahí o solo era el preludio de algo global.

La triple amenaza

Esta no es una noticia aislada que haga pensar que Netflix quiere aumentar el precio promedio que le paga cada usuario. En los últimos años hemos visto múltiples subidas de sus planes de precios intermedio y alto, siendo un plan básico al que cada vez se le ven más las costuras (calidad SD en 2022) el único que ha permanecido inalterado en casi siete años. Ocho euros.

Tres son las claves que han conducido a Netflix a tomar medidas con las que lograr más dinero de sus suscriptores, torpedear sutilmente las cuentas-demasiado-compartidas y abrirse a opciones antes inéditas, como un plan más barato específico para usar en móviles y solo en ciertos países o dejar la puerta abierta a la publicidad en tarifas más económicas. A saber:

  1. Costes de producción al alza. En 2014 Netflix invertía 3.000 millones de dólares anuales en su contenido. En 2021 esa cifra subió hasta casi 15.000 millones de dólares. Un aumento porcentual por encima del de su facturación. Crear contenidos se ha vuelto cada vez más caro para las productoras, que compiten ferozmente entre ellas por captar talento para interpretación, guión, etc. Y esa inflación siempre se acaba pagando.
  2. Un crecimiento que desacelera. En sus primeros años dedicándose al streaming, Netflix elevaba su cifra de suscriptores entre un 30% y un 60% cada año. La expansión mundial fue reduciendo ese índice —cosa lógica en cualquier industria— y ahora a duras penas logra el doble dígito. Sin tantas perspectivas de crecimiento, el endeudamiento al que se ha expuesto Netflix para mantener el crecimiento empieza a tener que recortarse e imaginar un escenario donde se esté empezando a tocar techo.
  3. La ausencia de un colchón y de otras ventanas de distribución. Es algo que tienen HBO, que lleva cincuenta años en la industria y no solo en el mundo online; o Disney, que posee franquicias centenarias además de la propiedad de Marvel, Pixar y compañía; así como estrenos directos en cine que envían directa y exclusivamente a sus plataformas. Luego están competidores que no enfocan su servicio de vídeo bajo demanda como un producto único, sino como parte de un ecosistema mayor, caso de Amazon y Apple, ambos con respaldos financieros incomparables. Netflix carece de estas armas.

Una tormenta perfecta que deja a Netflix algo más expuesta a las turbulencias, y por tanto imperativamente más ágil a la hora de reaccionar con fórmulas variopintas para apuntalar sus ingresos. Desde las antes mencionadas (planes alternativos, apertura a la publicidad, subidas de tarifas bienales, controles a las cuentas compartidas...) hasta otras más exóticas como pivotar para pasar de ser una empresa de vídeo bajo demanda a una empresa de entretenimiento. Y ahí entran más cosas. Como videojuegos.

Quizás sea esa también una forma de luchar contra algo que irremediablemente va llegando a medida en que han ido subiendo los precios. El que quería aprovechar su televisor 4K con Netflix pagaba 12 euros al mes hace cinco años. Hoy ya son 18. Esa subida dispara las posibilidades de la cancelación visceral, instintiva, sin demasiada reflexión.

Netflix

Con más contenido al que engancharnos (¡como los juegos!), se complica pulsar el botón rojo. Otra forma estupenda de mantenernos cautivos, por cierto, son las cuentas compartidas. Pagar 18 euros al mes suena a gasto que podemos cancelar rápidamente si sentimos que no le vamos a dar uso. Avisar a otros tres amigos para que estén al tanto y no nos manden el bizum de abril ni nos incordien con preguntas el día 1, es otra historia. La maniobra se complica.

La medida de restringir las cuentas compartidas fuera de nuestras familias (algo que ya planteó Spotify hace mucho) está siendo probada por Netflix en tres países, pero podríamos verla como algo global más pronto que tarde. También está la opción de desecharla en favor de otro tipo de medidas similares, como limitar el número de dispositivos registrados, algo que la industria suele fijar en cinco, para engorro del administrador principal de la cuenta. O reducir el número de perfiles por cuenta, algo que puede incomodar a quienes comparten más de lo permitido, ya sea por no aclararse con el episodio por el que van cuando varios están viendo la misma serie, o por pudor a mostrar nuestro placer culpable de las madrugadas. Cada uno se duerme como quiere y hacerlo viendo Aquí no hay quien vivaes una forma tan válida como cualquier otra.

Netflix llegó a nuestras vidas como un servicio que nos ofrecía películas y series a la carta por un precio muy económico, pero en menos de diez años ha pasado a ser un actor más de entre los muchos que ofrecen algo similar, a un precio bastante superior al del resto, y con cada vez más hostilidades para compartir cuentas. Lo normal cuando llegan al ring gigantes como Amazon, Disney, Amazon o HBO.

-
La noticia Netflix está empezando a cobrar por compartir cuentas. Tiene sentido pensar que solo es el principio de algo más. fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

Exposición global, reputación y un 30% de facturación en anuncios: qué sentido tiene que Spotify patrocine al Barça

Exposición global, reputación y un 30% de facturación en anuncios: qué sentido tiene que Spotify patrocine al Barça

El Barça terminará a final de temporada su acuerdo de patrocinio con Rakuten, una relación que comenzó en 2017 y que toca a su fin. A partir de la próxima temporada será Spotify quien coja su testigo, tras semanas de rumores que culminaron con una visita de su cúpula directiva al Camp Nou en día de partido justo antes del anuncio oficial y el anuncio oficial hace unas horas.

Un anuncio que puede sorprender, sobre todo atendiendo a las cifras de la operación. Spotify pagará, según algunas filtraciones (los detalles se harán públicos el 3 de abril) 280 millones en cuatro años a cambio de patrocinar la camiseta de los equipos masculino y femenino, su ropa de entrenamiento (solo durante tres años) y el nombre del estadio, este último, decisión inédita en el Barça, en una relación "estratégica" y "a largo plazo" según el club. Es decir, que puede ir más allá del plazo de tres años. Pero hay muchas formas de verlo.

La estrategia de Spotify para esta década

Algunas finanzas rápidas. Spotify facturó casi 2.700 millones de euros durante el último trimestre de 2021. Con menos del 10,5% de lo que facturaron en ese trimestre tiene suficiente como para pagar los tres años de patrocinio. Las finanzas siempre son más complicadas, la empresa gasta casi todo su dinero en pagar royalties y ni siquiera todos los trimestres acaban en números negros, pero sí tienen unos ingresos recurrentes y un flujo de caja para poner en perspectiva la que será su mayor campaña de marketing repartida en tres años.

Un servicio global en la camiseta de un club global

Hay varios motivos por los que la operación de Spotify tiene sentido. Por un lado, el Barça, como el Real Madrid, el Manchester United u otros, es un club global, con seguidores en todos los rincones del mundo. Eso incluye mercados donde Spotify no tiene tanta presencia pero sí margen para lograrla en los próximos años.

El hecho de escoger uno de esos clubes de alcance global hace que tenga sentido pensar en clave global, no local. Un ejemplo perfecto es el del propio Manchester United, que fue escogido por Chevrolet para estampar su publicidad en su camiseta en 2014. Un año después, Chevrolet finalizó su presencia en Europa, incluyendo el Reino Unido. Sin embargo, el patrocinio del United se alargó hasta 2021. Y eso que el United, como el Barça, no está en su mejor momento. No gana la Premier League desde 2013 ni la Champions desde 2008. En los últimos años también ha frecuentado más la Europa League que la Champions League. Sin embargo, el peso de su marca a nivel mundial compensa.

Algo así ocurre con el patrocinio de Spotify en el Barça: no se limita a su impacto en España, y a menor escala, en la Unión Europea. El impacto es global y también entra una apuesta a futuro (el Barça se ha plagado de jóvenes talentos en los últimos años al mismo tiempo que ha dejado salir, por un motivo u otro, a estrellas que superan la treintena, como Messi, Suárez o Iniesta) aunque el momento actual no sea óptimo.

Hay más: Spotify cerró 2021 con 406 millones de usuarios en todo el mundo. 180 de pago, 226 del plan gratuito sostenido con anuncios. Además de que esos 406 millones todavía tienen margen de crecimiento. Otros productos gratuitos basados en publicidad tienen muchos más usuarios, como Facebook, que roza los 3.000 millones, o Instagram, que acaba de superar los 2.000 millones. Un patrocinio de impacto global es un apalancamiento más para impulsarse hacia cifras muy superiores.

Incluso si solo consigue un gran impulso en mercados donde imperan los usuarios del plan gratuito estaría logrando un negocio interesante a largo plazo. Los usuarios gratuitos de Spotify son el 55% del total, pero no logran ni el 15% de los ingresos. Spotify quiere cambiar esa tendencia y disparar el peso de los usuarios gratuitos hasta el 30% o el 40% para finales de década. Su apuesta por el podcasting, que permite inferir mucho mejor los gustos de cada usuario, tiene mucho que ver con esa estrategia.

De fondo, un panorama competitivo hostil:


Ahí entra también un término habitual en marketing, awareness, que hace referencia a la capacidad de ser reconocido por el consumidor. Normalmente es importante en fases iniciales de un producto, cuando su marca todavía no es popular, como fue el caso de Finetwork patrocinando a las selecciones de España de fútbol, masculina y femenina, así como a otros clubes como Betis y Real Sociedad. O Digi, otra teleco con su logo en las zamarras de Rayo Vallecano y Espanyol. Las camisetas de clubes como Barça o Real Madrid tienen este mismo propósito, pero a nivel global.

Esa mezcla de aumento de la reputación por el hecho de vincularse con uno de los grandes del fútbol mundial junto al margen de crecimiento en un mercado global hacen que esta operación, por grandilocuente que suene, tome cierta lógica. Solo el tiempo dirá si compensa o no.

-
La noticia Exposición global, reputación y un 30% de facturación en anuncios: qué sentido tiene que Spotify patrocine al Barça fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

Exposición global, reputación y un 30% de facturación en anuncios: qué sentido tiene que Spotify patrocine al Barça

Exposición global, reputación y un 30% de facturación en anuncios: qué sentido tiene que Spotify patrocine al Barça

El Barça terminará a final de temporada su acuerdo de patrocinio con Rakuten, una relación que comenzó en 2017 y que toca a su fin. A partir de la próxima temporada será Spotify quien coja su testigo, tras semanas de rumores que culminaron con una visita de su cúpula directiva al Camp Nou en día de partido justo antes del anuncio oficial y el anuncio oficial hace unas horas.

Un anuncio que puede sorprender, sobre todo atendiendo a las cifras de la operación. Spotify pagará, según algunas filtraciones (los detalles se harán públicos el 3 de abril) 280 millones en cuatro años a cambio de patrocinar la camiseta de los equipos masculino y femenino, su ropa de entrenamiento (solo durante tres años) y el nombre del estadio, este último, decisión inédita en el Barça, en una relación "estratégica" y "a largo plazo" según el club. Es decir, que puede ir más allá del plazo de tres años. Pero hay muchas formas de verlo.

La estrategia de Spotify para esta década

Algunas finanzas rápidas. Spotify facturó casi 2.700 millones de euros durante el último trimestre de 2021. Con menos del 10,5% de lo que facturaron en ese trimestre tiene suficiente como para pagar los tres años de patrocinio. Las finanzas siempre son más complicadas, la empresa gasta casi todo su dinero en pagar royalties y ni siquiera todos los trimestres acaban en números negros, pero sí tienen unos ingresos recurrentes y un flujo de caja para poner en perspectiva la que será su mayor campaña de marketing repartida en tres años.

Un servicio global en la camiseta de un club global

Hay varios motivos por los que la operación de Spotify tiene sentido. Por un lado, el Barça, como el Real Madrid, el Manchester United u otros, es un club global, con seguidores en todos los rincones del mundo. Eso incluye mercados donde Spotify no tiene tanta presencia pero sí margen para lograrla en los próximos años.

El hecho de escoger uno de esos clubes de alcance global hace que tenga sentido pensar en clave global, no local. Un ejemplo perfecto es el del propio Manchester United, que fue escogido por Chevrolet para estampar su publicidad en su camiseta en 2014. Un año después, Chevrolet finalizó su presencia en Europa, incluyendo el Reino Unido. Sin embargo, el patrocinio del United se alargó hasta 2021. Y eso que el United, como el Barça, no está en su mejor momento. No gana la Premier League desde 2013 ni la Champions desde 2008. En los últimos años también ha frecuentado más la Europa League que la Champions League. Sin embargo, el peso de su marca a nivel mundial compensa.

Algo así ocurre con el patrocinio de Spotify en el Barça: no se limita a su impacto en España, y a menor escala, en la Unión Europea. El impacto es global y también entra una apuesta a futuro (el Barça se ha plagado de jóvenes talentos en los últimos años al mismo tiempo que ha dejado salir, por un motivo u otro, a estrellas que superan la treintena, como Messi, Suárez o Iniesta) aunque el momento actual no sea óptimo.

Hay más: Spotify cerró 2021 con 406 millones de usuarios en todo el mundo. 180 de pago, 226 del plan gratuito sostenido con anuncios. Además de que esos 406 millones todavía tienen margen de crecimiento. Otros productos gratuitos basados en publicidad tienen muchos más usuarios, como Facebook, que roza los 3.000 millones, o Instagram, que acaba de superar los 2.000 millones. Un patrocinio de impacto global es un apalancamiento más para impulsarse hacia cifras muy superiores.

Incluso si solo consigue un gran impulso en mercados donde imperan los usuarios del plan gratuito estaría logrando un negocio interesante a largo plazo. Los usuarios gratuitos de Spotify son el 55% del total, pero no logran ni el 15% de los ingresos. Spotify quiere cambiar esa tendencia y disparar el peso de los usuarios gratuitos hasta el 30% o el 40% para finales de década. Su apuesta por el podcasting, que permite inferir mucho mejor los gustos de cada usuario, tiene mucho que ver con esa estrategia.

De fondo, un panorama competitivo hostil:


Ahí entra también un término habitual en marketing, awareness, que hace referencia a la capacidad de ser reconocido por el consumidor. Normalmente es importante en fases iniciales de un producto, cuando su marca todavía no es popular, como fue el caso de Finetwork patrocinando a las selecciones de España de fútbol, masculina y femenina, así como a otros clubes como Betis y Real Sociedad. O Digi, otra teleco con su logo en las zamarras de Rayo Vallecano y Espanyol. Las camisetas de clubes como Barça o Real Madrid tienen este mismo propósito, pero a nivel global.

Esa mezcla de aumento de la reputación por el hecho de vincularse con uno de los grandes del fútbol mundial junto al margen de crecimiento en un mercado global hacen que esta operación, por grandilocuente que suene, tome cierta lógica. Solo el tiempo dirá si compensa o no.

-
La noticia Exposición global, reputación y un 30% de facturación en anuncios: qué sentido tiene que Spotify patrocine al Barça fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

Estamos en 2022 y las gafas de realidad aumentada siguen dando miedo

Estamos en 2022 y las gafas de realidad aumentada siguen dando miedo

En poco tiempo se van a cumplir diez años desde que Google anunció oficialmente sus Glass. Muchos pensamos que serían un punto de inflexión en nuestras vidas, sobre todo cuando para 2015 a más tardar lograsen mejorar su aspecto para hacerlas menos intimidantes. Para 2020 seguramente asumíamos que tendríamos ligerísimas y versátiles gafas acompañándonos en nuestro día a día.

Qué ingenuos éramos.

Diez años después de aquel sueño de Google que tornó en pesadilla que nunca termina —nunca lograron un lanzamiento comercial ni una mejora real en su aspecto, pero hace tres meses seguían empeñados en lograrlo—, el MWC 2022 ha vuelto a poblarse, como hace unos años, de propuestas de varios fabricantes en torno a unas gafas de realidad aumentada.

Grosor e intimidación

Oppo presentó sus Air Glass: unas gafas perfectamente normales y discretas sobre las que se superpone un enorme monóculo con gigante patilla incorporada. Un conjunto que podríamos resumir como extremadamente llamativo y notable.

La tecnología y su miniaturización no están listas para el paso clave para la realidad aumentada: crear productos que no resulten intimidatorios a quien se nos cruza por delante

Otro fabricante vecino cantonés de Oppo, TCL, lanzó también su propuesta, las NXTWear Air, meritorias con el uso de microOLED, pero con las patillas muy gruesas y un sistema de espejos que ensancha la montura en todas sus partes posibles. El resultado es el de unas gafas que, como las de Oppo, lucen más como un prototipo que como un producto final.

Ni TCL ni Oppo han hecho un mal producto como tal, sino que seguramente han hecho lo que han podido con la tecnología que tienen disponible en el momento en que la han lanzado. No siempre es negativo pecar de impaciente, sobre todo si se tiene colchón financiero para sostenerlo. Durante años, Samsung ha llegado demasiado pronto a ciertas categorías de producto —relojes inteligentes, televisores curvos, móviles plegables— y eso le ha llevado a otros escenarios más adelante —relojes mucho mejor acabados con buenas cifras de ventas, dos generaciones de móviles con los bordes curvos, teléfonos plegables cada vez mejor rematados—.

Estamos en 2022 y las propuestas en torno a gafas de realidad aumentada siguen sin cumplir un principio fundamental que los relojes tardaron muy poco en solventar: percibirse como un accesorio más, no como un accesorio intrusivo muy grueso que intimide a los demás.

Las Google Glass trataron de venderse como un artilugio de ciencia ficción a nuestro alcance, y al menos en su primera etapa nunca pasaron de ser un cartel de neón sobre nuestra frente con la palabra "friki" que ahuyentaba al resto más allá de una aproximación curiosa inicial. Algo que no ayudó a que trascendiese de su propósito inicial de comercialización a desarrolladores. La insistencia de actores medianos o pequeños en ofrecer sus versiones es loable desde el punto de vista de quien espera que alguien dé en la diana, pero ganar a los dardos es una cuestión de puntería, no de insistencia, y eso suele estar reservado a los grandes.

Ni Apple ni Samsung han dado pasos en este sentido. Lo de Apple es más predecible, no suele llegar el primero a las gamas de producto, sino a esperar a que las tecnologías que las respaldan maduren y sean más viables para lograr ventas masivas. Samsung, en cambio, sí tiene ese espíritu arrancador. Por convencimiento táctico y por su condición de vendedor de componentes a otros fabricantes, no solo de productos finales. Pero tampoco ha mostrado nada. Tuvo una andadura efímera con la realidad virtual en 2014, logró la madre de todas las fotos en 2016 y nunca volvió a aparecer por ahí. Su propuesta no estaba nada mal, pero las ventas no acompañaron. En la aumentada, de momento, no ha intervenido.

Mark Zuckerberg apareciendo en la presentación de Samsung en el MWC 2016 con todos los asistentes ajenos a su llegada por usar un casco de realidad virtual.

Mark Zuckerberg apareciendo en la presentación de Samsung en el MWC 2016 con todos los asistentes ajenos a su llegada por usar un casco de realidad virtual.

Las Google Glass acabaron siendo encomendadas a Tony Fadell, padre del iPod e inversor en empresas como Nothing, contexto perfecto para cuando se requiere priorizar el diseño.

Acaba el Mobile de 2022 y seguimos en lo más habitual, ya casi tautológico en lo que a gafas de realidad aumentada se refiere: mucho viaje y pocas alforjas.

-
La noticia Estamos en 2022 y las gafas de realidad aumentada siguen dando miedo fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

Llevamos años sacrificando longevidad por cargas rápidas en nuestras baterías. Eso está empezando a cambiar

Llevamos años sacrificando longevidad por cargas rápidas en nuestras baterías. Eso está empezando a cambiar

Los años diez en la tecnología de consumo estuvieron marcados por el auge —y posterior normalización— del smartphone, esencial en nuestras vidas de la noche a la mañana. Para potenciar sus ventas y distinguirse de competidores, los fabricantes fueron utilizando distintos elementos. Desde la carrera de los megapíxeles hasta las pulgadas de pantalla pasando por los miliamperios/hora de las baterías. En los últimos años, la batalla se libra en esas mismas baterías. Pero no dentro, sino en la puerta. En la velocidad de su carga rápida.

Oppo ya lleva tiempo levantando mancuernas en este terreno y aprovechó el MWC 2022 para sacar músculo con una carga extremadamente rápida, 240 vatios como evolución de su tecnología SuperVOOC. Algo antes, Realme hizo un anuncio similar llegando a los 150 vatios. A finales de año, el Xiaomi Redmi Note 12 Pro+ en su edición Explorer alcanzó los 210W. Récord mundial y potencia similar a la de una olla Crockpot

Seguridad...

Oppo completó este lanzamiento con un tranquilizador anuncio, el de BHE (Battery Health Engine, motor de salud de la batería), el sistema que utiliza inteligencia artificial para monitorizar la alimentación del teléfono y los patrones de uso y carga de cara a poder alargar su vida útil. Hasta duplicándola, según la empresa.

La simultaneidad de estos anuncios no fue baladí. Tras la carga rápida a niveles extenuantes (el mercado se ha movido hacia cargar el máximo posible en muy pocos minutos) se esconde un peligro para la longevidad de esas baterías. Y en un mercado que también se ha movido hacia componentes soldados no intercambiables, eso es un problema para todo el dispositivo.

La carga rápida aumenta el calor y el estrés de los componentes, ambos enemigos de la electrónica (aunque hay quien está evitando al menos el aumento de temperatura). ¿De una forma dramática? Ni mucho menos. Pero es inevitable, al menos a día de hoy. Las baterías de iones de litio llevan siendo esencialmente las mismas desde hace muchos años, las mejoras que han traído mayores autonomías (o la misma autonomía haciendo muchas más cosas y alimentando hardware de mayor demanda) han pasado por la eficiencia de los procesadores y las mejoras de la gestión por software de los ciclos de carga, como la carga optimizada, que parte de la premisa de que las baterías están sometidas a un mayor estrés en los extremos de su capacidad, así que lo ideal es mantenerlas siempre que sea posible entre el 20% y el 80%.

Esa gestión por software es la que hace que este daño sea mucho menor ahora que hace unos años. Y es la que hace confiables los sistemas de carga rápida actuales, si bien es recomendable no abusar de ellos. Dicho de otro modo: no acostumbrarnos a cargar de forma ultrarrápida nuestro teléfono de forma cotidiana, sino tener ese cargador como una opción para los clásicos casos de llegar a casa con un 10% y tener el tiempo justo para una ducha antes de volver a salir. O estar de viaje y apenas tener veinte minutos de espera en un aeropuerto antes de tener que volver a partir. En esas ocasiones la carga ultrarrápida es sacramental.

...y longevidad

Las actitudes domésticas ante la tecnología de consumo tienen mucho de pendular. Hace quince años eran habituales ciertos temores ("¿debería dejar el cargador puesto durante doce horas en el móvil que acabo de estrenar? ¿Debería desenchufar el cargador de inmediato en cuanto la batería llegue al 100%?") que dieron paso a cierta despreocupación e improvisación que se consolidó con el auge de la carga inalámbrica. Ahora vuelven ciertos temores, especialmente cuando eso de cargar el 100% de la batería en quince minutos nos genera recelos.

Oppo ha integrado un chip de control que regula voltaje, corriente y temperatura, además de proteger el terminal de altas temperaturas con trece sensores repartidos por su chasis. Un principio similar siguen las baterías de Xiaomi, que prometió que incluso cargándolas a 120 vatios resistirían hasta 800 ciclos de carga manteniendo el 80% de su capacidad original. Las cifras actuales de Oppo prometen exactamente el doble de ciclos en el recién estrenado Find X5.

No está nada mal que tras la guerra del voltaje para la carga ultrarrápida llegue la guerra por la seguridad a largo plazo y por la preservación de la batería tras muchos ciclos. Y nos da motivos para poder usar esta tecnología algo más tranquilos. Aunque siempre será mejor idea limitarla a los escenarios donde realmente sea útil, porque las investigaciones recientes insisten: para una menor degradación, mejor cargas lentas.

Lo cual tiene otro matiz: si queremos una batería que soporte carga rápida, el separador entre cátodo y ánodo deberá ser más grande, dejando menos espacio físico para su capacidad. Es decir, para sus miliamperios. Carga rápida equivale a menor capacidad.

Y también está el hecho de lo que nos duran los smartphones. Independientemente de consideraciones económicas o ambientales, que tienen otra conversación, la mayoría de los terminales son reemplazados entre dos y tres años después de ser comprados, algo que aumenta el sentido de usar esta carga ultrarrápida sin muchos temores. Cuestión diferente es para quien estima en cinco o seis años la vida útil que dará a su teléfono. En ese caso, ni las mejores intenciones de Xiaomi, Oppo, OnePlus o quien sea podrán evitar la degradación de sus baterías. Aunque podemos retrasar el sufrimiento evitando directamente la carga rápida. Pero también hay que vivir.

En Xataka | Ni tasa de refresco ni resolución: esta es la tecnología más importante para proteger nuestra vista con el móvil.

Imagen destacada | Onur Binay en Unsplash.

-
La noticia Llevamos años sacrificando longevidad por cargas rápidas en nuestras baterías. Eso está empezando a cambiar fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

Ahora ya es oficial: el Samsung Galaxy Note ha muerto (pero el S Pen no)

Ahora ya es oficial: el Samsung Galaxy Note ha muerto (pero el S Pen no)

Las primeras pistas, que no podían ser más claras, llegaron en verano, cuando en el habitual mes de lanzamiento de los nuevos Galaxy Note no hubo actualización, sino silencio... y plegables. Unos meses más tarde, ya a principios de 2022, época fértil para más lanzamientos de gama alta, llegaron los Galaxy S22 y, nuevamente, ningún Note.

Se especuló con la posibilidad de que fuese algo coyuntural, motivado por la escasez de chips, o porque con la pandemia tenía menos sentido sacarlo al mercado y era mejor esperar a que todo volviese a la normalidad, o cualquier excusa de quien se aferra a no querer despedirse de algo que aprecia. La realidad es tozuda y Roh Tae-moon, persona al frente de la división de smartphones de Samsung, confirmó en el MWC 2022 que no habrá más Note, sino que llegarían más Ultra, en referencia a la gama Ultra de los S22, quien sí trae el S Pen.

Llegó entre burlas y se ganó el respeto

Ahora que el fenecimiento de la familia Note es algo que incluso reconoce la propia Samsung, podemos ver con perspectiva el ciclo vital de un producto que llegó entre burlas y muere con el respeto de toda la industria. Muchos nos reíamos de un teléfono de 5,3 pulgadas cuando se lanzó en 2011 por ser gigante.

Los Note dejan paso a los plegables como gama ultra-alta de Samsung y mantienen su espíritu en los S22 Ultra

Al margen de que las pulgadas dejaron de ser un indicador cuando las proporciones de pantalla en el frontal pasaron del 65% al 90%, lo cierto es que aquel primer Note medía 14,7 centímetros de alto. Solo un milímetro más que el nuevo S22, el más pequeño de su familia y considerado como bastante compacto en el mercado actual. Perspectivas.

Diez generaciones después, el Note muere en paz. Y lo más importante: con honra, la de una industria que se subió por completo al caballo de los teléfonos grandes (¿recuerdan cuando les llamábamos phablets?) y unos clientes que, de una marca o de otra, han aceptado en su gran mayoría que las grandes diagonales llegaron para hacernos la vida mejor.

Crecer es aprender a despedirse, y los Note dejan paso a unos plegables que son la gran apuesta de Samsung para esta década. Y además, mantienen su legado en la variante superior de la familia S, que incluye lápiz óptico para no dejar huérfanos a sus creyentes, que no serían muchos (en torno al 5% de las ventas de Samsung), pero sí muy fieles.

-
La noticia Ahora ya es oficial: el Samsung Galaxy Note ha muerto (pero el S Pen no) fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

No habrá rival para el buscador de Google porque Alphabet mató los incentivos para crearlo

No habrá rival para el buscador de Google porque Alphabet mató los incentivos para crearlo

Mozilla ha enfrentado varios problemas financieros y de personal en los últimos años, llegando incluso a tener que despedir en masa a sus empleados, pero una vez más llegó Alphabet, su mejor aliado, con un balón de oxígeno financiero: un contrato de tres años mediante el que le aseguraba 400 millones de dólares al año (más del 90% de sus ingresos) a cambio de que Google continuase siendo el buscador por defecto de Firefox. Mozilla es una empresa que cae genial entre los amantes de la privacidad, la web libre y el código abierto, pero lo cierto es que sin Google hubiese tenido un recorrido muy diferente.

Apple, por su parte, lleva años recibiendo cheques de Alphabet con el mismo fin: que Google siga siendo el buscador por defecto en iOS. Puede sonar trivial porque es un ajuste que se modifica en cinco segundos y el propio iOS ofrece alternativas, pero la cantidad no es cualquier cosa: 15.000 millones de dólares en 2021 que podrían seguir incrementándose hasta los 20.000 millones en 2022. Eso es un 15% de su beneficio anual.

Pies quietos

Ambos negocios, con Mozilla y con Apple, tienen una lectura alternativa: es la forma que tiene Alphabet de disuadir a los rivales de Chrome de lanzar su propio buscador. El único de los grandes que sí llegó a lanzarlo hace mucho fue Microsoft, quien integró Bing en [música de terror] Internet Explorer primero y Edge después. No tuvo demasiado éxito pese a los intentos de la empresa de Redmond, con más insistencia que puntería, pero seguramente Alphabet no quiso correr riesgos posteriores.

Que los rivales que mantiene a raya, talonario mediante, sean Mozilla y Apple, no es casual. Ambas empresas, con sus matices y asteriscos, tienen modelos de negocio ajenos al rastreo agresivo de los datos de los usuarios con fines comerciales. Apuestan, a sus maneras, por la monetización directa y enarbolan la bandera de la privacidad que Google y Facebook simplemente no pueden izar.

Ambas empresas podrían tener muchos alicientes para lanzar su propio buscador. Apple tiene recursos de sobra para ponerse manos a la obra y ofrecerlo por defecto en sus sistemas operativos, lo cual equivale a sacar cuatro cincos seguidos al empezar una partida de parchís. Mozilla está en una situación menos holgada, pero es algo que entronca en su ADN, y siempre queda la opción de salir de compras para acelerar el proceso.

Ninguna posibilidad de lanzamiento de un nuevo buscador o compra de uno existente tienen un incentivo tan grande como el de seguir inmóviles dando alas a Google

En este punto es donde aparece un neón con un nombre propio: DuckDuckGo. El buscador del pato ha sabido explicar su monetización para evitar suspicacias y caer simpático a los de la Cofradía de la Santa Privacidad: comprarlo no sería demasiado costoso, especialmente para las finanzas de Apple (ni siquiera es un unicornio), y factura más de 100 millones de dólares al año. Además, su coste salarial es reducido, no llega a los 200 empleados; y aunque ni puede soñar con las cifras de Google, en Estados Unidos se ha estabilizado en torno al 2,5% de cuota de mercado.

Para Apple sería sencillo hacerse con DuckDuckGo (¡bang!), fijarlo por defecto en iOS y macOS, y luego sacar pecho en una keynote anunciándolo como una apuesta magnánima por nuestra privacidad. No te merecemos, Tim. Mozilla lo tendría más complicado —su magnitud no es tan superior a la de DuckDuckGo y sus finanzas dan para mortadela, nada de ibéricos—, pero podrían estudiarse opciones intermedias en pos de ofrecer un buscador por defecto más acorde a sus valores.

Sin embargo, nada funciona tan bien a corto y medio plazo (y nada hace pensar que vaya a ser distinto a largo) como cobrar cheques de Google año sí año también a cambio de hacer un pies quietos y no sacudir el mercado de los buscadores. Si no por convencimiento táctico, sí por la salud de las finanzas. Y mientras tanto, Chrome sigue liderando el mercado de los navegadores con holgura. Solo queda deshojar la margarita Ahrefs para ver si es capaz de llevarse el gato al agua o seguimos esperando a Godot (hoy no, pero mañana seguro que sí).

Google, que entre snippets, anuncios, cambios de reglas y una página de inicio que también va camino de hacerse rococó ha cambiado la experiencia de búsqueda en pocos años, no tiene mucha inquietud por la posible migración de usuarios descontentos: cuando abre la ventana se encuentra con un panorama competitivo limpio como una patena y un liderazgo incontestable como un maestro jedi. Nadie podrá negarle el mérito a su estrategia. Y a lo bien que funciona Google en comparación con sus pocos rivales, incluso entendiendo preguntas y contextos, por qué no decirlo.

-
La noticia No habrá rival para el buscador de Google porque Alphabet mató los incentivos para crearlo fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

No habrá rival para el buscador de Google porque Alphabet mató los incentivos para crearlo

No habrá rival para el buscador de Google porque Alphabet mató los incentivos para crearlo

Mozilla ha enfrentado varios problemas financieros y de personal en los últimos años, llegando incluso a tener que despedir en masa a sus empleados, pero una vez más llegó Alphabet, su mejor aliado, con un balón de oxígeno financiero: un contrato de tres años mediante el que le aseguraba 400 millones de dólares al año (más del 90% de sus ingresos) a cambio de que Google continuase siendo el buscador por defecto de Firefox. Mozilla es una empresa que cae genial entre los amantes de la privacidad, la web libre y el código abierto, pero lo cierto es que sin Google hubiese tenido un recorrido muy diferente.

Apple, por su parte, lleva años recibiendo cheques de Alphabet con el mismo fin: que Google siga siendo el buscador por defecto en iOS. Puede sonar trivial porque es un ajuste que se modifica en cinco segundos y el propio iOS ofrece alternativas, pero la cantidad no es cualquier cosa: 15.000 millones de dólares en 2021 que podrían seguir incrementándose hasta los 20.000 millones en 2022. Eso es un 15% de su beneficio anual.

Pies quietos

Ambos negocios, con Mozilla y con Apple, tienen una lectura alternativa: es la forma que tiene Alphabet de disuadir a los rivales de Chrome de lanzar su propio buscador. El único de los grandes que sí llegó a lanzarlo hace mucho fue Microsoft, quien integró Bing en [música de terror] Internet Explorer primero y Edge después. No tuvo demasiado éxito pese a los intentos de la empresa de Redmond, con más insistencia que puntería, pero seguramente Alphabet no quiso correr riesgos posteriores.

Que los rivales que mantiene a raya, talonario mediante, sean Mozilla y Apple, no es casual. Ambas empresas, con sus matices y asteriscos, tienen modelos de negocio ajenos al rastreo agresivo de los datos de los usuarios con fines comerciales. Apuestan, a sus maneras, por la monetización directa y enarbolan la bandera de la privacidad que Google y Facebook simplemente no pueden izar.

Ambas empresas podrían tener muchos alicientes para lanzar su propio buscador. Apple tiene recursos de sobra para ponerse manos a la obra y ofrecerlo por defecto en sus sistemas operativos, lo cual equivale a sacar cuatro cincos seguidos al empezar una partida de parchís. Mozilla está en una situación menos holgada, pero es algo que entronca en su ADN, y siempre queda la opción de salir de compras para acelerar el proceso.

Ninguna posibilidad de lanzamiento de un nuevo buscador o compra de uno existente tienen un incentivo tan grande como el de seguir inmóviles dando alas a Google

En este punto es donde aparece un neón con un nombre propio: DuckDuckGo. El buscador del pato ha sabido explicar su monetización para evitar suspicacias y caer simpático a los de la Cofradía de la Santa Privacidad: comprarlo no sería demasiado costoso, especialmente para las finanzas de Apple (ni siquiera es un unicornio), y factura más de 100 millones de dólares al año. Además, su coste salarial es reducido, no llega a los 200 empleados; y aunque ni puede soñar con las cifras de Google, en Estados Unidos se ha estabilizado en torno al 2,5% de cuota de mercado.

Para Apple sería sencillo hacerse con DuckDuckGo (¡bang!), fijarlo por defecto en iOS y macOS, y luego sacar pecho en una keynote anunciándolo como una apuesta magnánima por nuestra privacidad. No te merecemos, Tim. Mozilla lo tendría más complicado —su magnitud no es tan superior a la de DuckDuckGo y sus finanzas dan para mortadela, nada de ibéricos—, pero podrían estudiarse opciones intermedias en pos de ofrecer un buscador por defecto más acorde a sus valores.

Sin embargo, nada funciona tan bien a corto y medio plazo (y nada hace pensar que vaya a ser distinto a largo) como cobrar cheques de Google año sí año también a cambio de hacer un pies quietos y no sacudir el mercado de los buscadores. Si no por convencimiento táctico, sí por la salud de las finanzas. Y mientras tanto, Chrome sigue liderando el mercado de los navegadores con holgura. Solo queda deshojar la margarita Ahrefs para ver si es capaz de llevarse el gato al agua o seguimos esperando a Godot (hoy no, pero mañana seguro que sí).

Google, que entre snippets, anuncios, cambios de reglas y una página de inicio que también va camino de hacerse rococó ha cambiado la experiencia de búsqueda en pocos años, no tiene mucha inquietud por la posible migración de usuarios descontentos: cuando abre la ventana se encuentra con un panorama competitivo limpio como una patena y un liderazgo incontestable como un maestro jedi. Nadie podrá negarle el mérito a su estrategia. Y a lo bien que funciona Google en comparación con sus pocos rivales, incluso entendiendo preguntas y contextos, por qué no decirlo.

-
La noticia No habrá rival para el buscador de Google porque Alphabet mató los incentivos para crearlo fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

Cuello de botella en la vieja Bnext: miles de clientes tienen sus ahorros colgados en un limbo burocrático por desidia

Cuello de botella en la vieja Bnext: miles de clientes tienen sus ahorros colgados en un limbo burocrático por desidia

Bnext es uno de los neobancos que han proliferado en España en los últimos años. Durante mucho tiempo operaba ofreciendo servicios financieros sin una infraestructura propia, algo que lograba gracias a la plataforma Pecunpay, de la empresa Pecunia Cards, una entidad financiera mayorista que provee de tarjetas y servicios financieros a neobancos sin licencia bancaria como 2gether o Bit2me. Bnext consiguió la licencia del Banco de España en 2020 y desde princpios de 2021 pudo llevar a sus clientes a su nueva y propia infraestructura.

El problema es que para completar esa migración no bastaba con pulsar un botón y que el sistema se encargase, sino que el proceso tenía que completarlo cada usuario. Bnext empezó a enviar un correo avisando del cambio y conminando a sus clientes a cumplir el trámite, algo que sirvió para que más de 200.000 clientes diesen el salto y se perfilasen como activos. Pero según explica Pecunpay a Xataka, el total de tarjetas emitidas para Bnext subía hasta las casi 450.000.

En el proceso, muchos clientes han hecho caso omiso de estos correos. Y a efectos legales, siguen siendo clientes de Pecunpay, no de Bnext, aunque muchos ni siquiera son conscientes de ello y tampoco tienen claro cómo solucionar la situación. En parte, por no acceder a la bandeja de entrada donde les llegan los correos o simplemente no leerlos

La consecuencia: muchos de ellos tienen un dinero congelado en una cuenta a la que no tienen acceso que no han tenido del todo claro cómo proceder. Y en el otro lado, clientes que abandonaron sus cuentas sin cancelarlas, y ahora se encuentran con que son clientes de Pecunpay y no pueden darse de baja, pese a haberlo solicitado, por el cuello de botella que se está produciendo en el proceso de migración y cancelación de los ahora clientes de Pecunpay.

Consecuencias de no leer correos

Este escenario de confusión también viene dado por el carácter de banco complementario que ha tenido Bnext desde sus inicios. No estaba pensado para convertirse en un banco principal y carecía de productos o capacidades habituales en grandes bancos, apuntaba a ser un socio alternativo para obtener beneficios en compras online o en el manejo del dinero vía app.

Algunos usuarios simplemente dejaron de usar Bnext, y también dejaron de atender las comunicaciones que le llegaban desde su app o su correo. Eso ha complicado el proceso. Es el caso de Carlos (nombre modificado a su petición). Durante años utilizó Bnext para sus gastos del día a día y beneficiarse de promociones como el cashback en Aliexpress. Tiempo después se cambió a otro neobanco y quedaron 14 céntimos olvidados en la cuenta de Bnext. A finales de 2020 empezaron a llegar los correos avisando del cambio de Bnext.

Mails

Mails de Bnext recibidos por Carlos emplazándole a completar el trámite para pasar a la nueva infraestructura.

También le llegaron notificaciones de la aplicación. Acabó borrándola. "No leí ninguno de los correos, es que no quería saber nada de ellos. Mi pensamiento fue: si no digo nada, me cancelarán la cuenta. No quiero los 14 céntimos para nada. No me planteaba cambiar ni leer nada, no tenía nada que perder", explica. No funcionaba exactamente así.

Bnext daba de plazo hasta el 27 de noviembre de 2021 para completar el trámite. Si no, los clientes de la antigua Bnext pasaban a ser clientes de Pecunpay desde el 1 de enero. No por capricho de nadie, sino por pura herencia legislativa. Los clientes de Bnext, a efectos legales, eran clientes de Pecunpay.

Carlos le respondió anunciando que no quería ser cliente de Pecunpay, sin más. No obtuvo respuesta en varios días y volvió a escribir otro correo, esta vez utilizando una plataforma de tracking para saber si había sido leído y adjuntando la documentación habitual (DNI por ambas caras y certificado de titularidad bancaria de la cuenta a la que pide enviar los fondos restantes). En ese momento obtuvo respuesta indicándole que el proceso para poder extraer su saldo (los 14 céntimos pendientes) tenía una comisión asociada.

Mail Migracion

Correo intercambiado por Carlos con Pecunpay en el que le informaban de los pasos necesarios para tramitar la cancelación de su cuenta, así como de la comisión correspondiente por ese trámite.

Hablamos con Pecunia Cards para entender esta comisión. "Esa gestión tras una cancelación es una operativa que hace una persona y tiene un coste, y lo desglosamos en nuestra lista de tarifas", nos explican desde la entidad. Esta en concreto, un coste fijo de diez euros. Aunque el saldo pendiente sea muy inferior. El problema para este tipo de clientes es que han olvidado sus cuentas en un neobanco que por modelo de negocio acostumbraba a no trasladar al cliente ciertos gastos, como el de emisión de tarjeta o el reintegro en cajeros, pero que Pecunpay, como mayorista que ha heredado a estos clientes, sí cobra. Otra fuente de conflictos: clientes descubriendo que para cancelar su cuenta tenían que dejarla a cero, y ese trámite les costaba diez euros.

Y aún quedan unos cuantos por finiquitar sus cuentas en Pecunpay. Desde esta entidad afirman que "no tenemos ningún producto para estos clientes, porque somos mayoristas, no les podemos dar servicio de ningún tipo, pero por legislación hemos de mantener su saldo de cuando eran clientes de Bnext hasta que decidan llevárselo". Un problema heredado que no hubieran deseado, pero que una mezcla entre legislación, burocracia y desinterés por parte de clientes que olvidaron su presencia en Bnext ha ocurrido.

Dos personas para tramitar las bajas... que ya son cinco

Según Pecunpay, han recibido algo más de 5.562 correos de clientes solicitando su baja desde el 1 de enero hasta el 14 de febrero.  Los cuales se dividen así:

  • 1.014 todavía no han obtenido respuesta.
  • 2.356 han podido cancelar su cuenta y se les ha devuelto el importe pendiente.
  • 1.366 han solicitado su baja pero todavía no han enviado la documentación.
  • 826 han realizado otro tipo de consultas o eran consultas duplicadas.

Y la cifra seguirá aumentando. Una oleada de peticiones de bajas que ha pillado con el pie cambiado a Pecunia Cards, poco habituada a este volumen de peticiones: tenía dos empleados dedicados a tramitar estas altas, y a causa de este proceso ha contratado a tres más. Aprovechan la entrevista con Xataka para mandar un mensaje "tranquilizador" a los clientes que deseen cancelar sus cuentas y la devolución de sus importes, "y les requerimos tranquilidad y un poquito de paciencia".

Pecunpay afronta un cuello de botella: aunque los gestores de las cancelaciones han pasado de 2 a 5, requiere "un poquito de paciencia" por el alto volumen

Así y todo, desde Bnext consideran que la migración ha sido "un éxito" ya que se ha completado en menos tiempo de lo esperado y superando los objetivos iniciales, según la empresa, y consiguiendo "resucitar" a 65.000 usuarios inactivos que pese a ello han decidido migrar su cuenta.

Carlos confiesa haber comprendido el proceso completo y la situación gracias a la entrevista mantenida con Xataka en la que le fuimos detallando el por qué de cada movimiento. "Es la primera vez que alguien me lo explica así, y ahora le veo sentido; si lo hubiese sabido antes hubiese cancelado mi cuenta a tiempo", nos cuenta.

En estas semanas han surgido casos peculiares pidiendo la cancelación de la cuenta de Pecunpay. La mayoría de clientes tenía cantidades restantes bajas, desde unos céntimos a unas pocas decenas de euros. Una señora, en cambio, tenía 1.500 euros pendientes de rescatar, según nos cuentan desde la empresa. También hubo un caso singular: el de un cliente harto de trámites que se presentó en las oficinas para tramitar su baja. "No es lo habitual, de hecho nunca trabajamos así, pero ya que estábamos, le dimos los diez euros que tenía pendientes y cancelamos su cuenta al momento".

Bnext, superado este proceso, anda con proyectos como el de B3X, su propio token, que entrará en fase pública el 1 de marzo; o los casi tres millones de euros de financiación que logró en Crowdcube. Esta ha construido su imagen de marca en torno a una frescura alejada de los bancos tradicionales, algo que quizás jugó en su contra a la hora de que sus clientes inactivos entendieran las implicaciones de abandonar la aplicación sin preocuparse por una cancelación formal. Una vez quedaron en manos de Pecunpay, muchos de ellos ni siquieran entendieron qué hacían en esa entidad y rechazaban comunicarse con ella o facilitarles la documentación que marca la legislación para tramitar su baja, limitándose a una petición por correo electrónico. Ahora solo les queda un poco de paciencia, como pedía la empresa... y enviar su DNI y el certificado de titularidad del IBAN al que quieren enviar su saldo restante.

-
La noticia Cuello de botella en la vieja Bnext: miles de clientes tienen sus ahorros colgados en un limbo burocrático por desidia fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más

Amazon factura tanto por publicidad que supera los ingresos de YouTube o Netflix

Amazon factura tanto por publicidad que supera los ingresos de YouTube o Netflix

Amazon presentó en la noche del jueves sus últimos resultados financieros correspondientes al último trimestre de 2021. Más allá de exhibir músculo en forma de buenas ventas en su negocio de comercio electrónico y de un inagotable crecimiento en su división de nube corporativa (AWS), también fue noticia que por primera vez detalló los ingresos de su negocio publicitario, el de los resultados patrocinados en sus listados de producto o los mostrados en las tablets Fire, hasta ahora siempre enmascarado en un genérico "otros".

El detalle asustó por lo alto de sus cifras: 31.200 millones de dólares es lo que consiguió con su negocio publicitario durante el año 2021, con una tendencia alcista todavía, ya que según la empresa esta división aumentó la facturación un 32% en el último trimestre del año, si bien es cierto que por varias razones, empezando por concentrar la campaña navideña y la del Black Friday, es tradicionalmente el trimestre fuerte para muchas empresas.

Por encima de YouTube y muy por encima de Microsoft

Este negocio, hasta ahora de una magnitud desconocida de puertas hacia fuera, es más que significativo. Aunque para Amazon no suponga algo excesivamente relevante (el 7% de su facturación, su rentabilidad es desconocida), ya es en torno al doble de lo que está logrando con las tiendas físicas que ha abierto hasta la fecha y una cifra superior a lo logrado con sus servicios, donde entran las suscripciones a Amazon Prime.

No hay muchas empresas similares a Amazon, y menos que compartan su magnitud, pero Microsoft, por ejemplo, comparte con ella ser una de las gigantes tecnológicas que, sin ser la publicidad su negocio principal, sí supone una parte de sus ingresos.

En el caso de la empresa de Redmond, que monetiza los anuncios mostrados en su buscados Bing y en LinkedIn entre otros espacios, 10.000 millones de dólares es lo que logró mediante la publicidad en 2021, tres veces menos que Amazon, según reportó hace unos días.

Otra gigante tecnológica como es Google sí tiene a los ingresos publicitaros como su negocio principal (y prácticamente exclusivo), pero hay un paralelismo con Amazon: si nos quedamos únicamente con los ingresos que logra con los anuncios en YouTube, tenemos solo una parte de ese negocio. YouTube facturó 28.800 millones de dólares por sus anuncios en todo 2021, 2.400 millones de dólares menos que Amazon. Sí, Amazon gana más por ingresos publicitarios que YouTube.

Si hacemos la comparación con Facebook, que también tiene casi todos sus ingresos con la publicidad como origen, vemos que aunque Amazon aún está muy lejos de sus cifras, "solo" triplican su facturación. En todo 2021, Facebook cerró con unos 118.000 millones de dólares ingresados.

Otras tecnológicas menores que también viven de la publicidad tienen ingresos habituales muy inferiores a los exhibidos por Amazon. Caso de Snap, que logró algo más de 4.000 millones de dólares en todo el año pasado, o Pinterest, un poco por encima de los 2.500.

Netflix, que no vive de la publicidad sino de la suscripción directa, también queda por debajo. No compiten ni juegan en la misma liga, pero la comparación no deja de ser curiosa. Frente a los 31.200 millones de los anuncios de Amazon, Netflix logró 29.700 millones de dólares en 2021. Un nuevo gigante publicitario ha llegado a la ciudad. Llegó hace tiempo, pero hasta ahora no podíamos dimensionarlo.

-
La noticia Amazon factura tanto por publicidad que supera los ingresos de YouTube o Netflix fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .

Leer más