En 1919, un zaragozano patentó algo que revolucionó las cocinas de todo el mundo: la historia de la olla exprés
En una de las charlas TED más emblemáticas de la historia, Hans Rosling se plantó en el escenario con una lavadora. Así, como suena. El médico sueco contó que tenía cuatro años cuando vio a su madre poner, por primera vez en toda su vida, una lavadora. Contó cómo su abuela fue al primer uso de la máquina con un entusiasmo enorme: cómo durante toda su vida, había tenido que calentar el agua en la hoguera y lavar a mano. Pero, sobre todo, contó como la lavadora había cambiado buena parte del mundo y cómo va a seguir haciéndolo.
Sé que es una tesis arriesgada, pero lo interesante de todo esto es que la lavadora es solo un ejemplo. Un ejemplo bueno, claro: la cantidad de horas que las sociedades (sobre todo, las mujeres) dedicaban a una actividad tan dura como lavar la ropa antes de las máquinas era una auténtica bestialidad. Pero ejemplos, hay muchos más. Uno poco conocido tiene como protagonista a un zaragozano y su revolución que alcanzó a las cocinas de medio mundo.










