El futuro de las motos es eléctrico. Pero hay tres grandes retos a resolver

El futuro de las motos es eléctrico. Pero hay tres grandes retos a resolver

El mundo de la moto es peculiar. El scooter es el práctico y claro ejemplo de vehículo económico que te lleva a de A a B al menor coste. La moto apta tan solo para carnet A2/A es ese vehículo irracional comprado por y para disfrute (aunque sigue siendo una genial herramienta para el día a día).

Los planes de electrificación en ese mercado no se están intensificando tanto como en el mundo del automóvil, pero son algo inevitable: las motos también tienen etiquetas y estarán sujetas a avances en las normativas ZBE.

Esto ha impulsado a fabricantes como Kawasaki a presentar la primera moto híbrida, a que compañías como Zero refuercen su catálogo, y a que inevitablemente tengamos que plantearnos un escenario en el que todas las motos sean eléctricas. Llevo más de 15 años montando en moto, y tengo claro que aún hay varios retos a resolver.

El precio. Lo eléctrico es caro. Al menos, a día de hoy. Curiosamente en automóviles, Tesla es la excepción. Ha rebajado algunos de sus coches 10.000 euros respecto a su precio de lanzamiento, obligando al resto de la industria a mover ficha. No es algo que suceda en el mundo de la moto.

Como detallé en la comparativa de scooter eléctrico vs scooter de gasolina, actualmente un scooter eléctrico cuesta más del doble. Es algo que cuesta amortizar incluso tras varios años, dado el precio mínimo de mantenimiento de un scooter a combustión y lo económicos que son en consumos.

Algo similar pasa si miramos a motos de cilindradas más altas. El catálogo Sport y Naked de marcas como Zero rondan los 20.000 euros. Estas cifras tan solo las vemos en motos de la más alta gama, como las GS 1300 de BMW, África Twin de Honda o Desert X de Ducati. A medio camino, hay un amplísimo catálogo sport turismo y trail por por poco más de 10.000 euros.

Kawasaki ofrece “alternativas” a la Ninja como la e-1. Una moto con 12 CV, autonomía de 72 kilómetros y velocidad máxima de 99 km/h. Todo ello por… más de 9.000 euros.

La autonomía. En el caso de las scooters eléctricas, la autonomía a día de hoy es bastante dramática. Propuestas como la SEAT MO prometen algo más de 100km, prácticamente un tercio de lo que logra hacer un scooter tradicional. Tras mi prueba con la Velca One, modelo que prometía 200km de autonomía (que se quedaron más bien en 140), pude comprobar por mi mismo cómo afecta el darle algo más de puño a la moto.

En motos de mayor potencia, hay eléctricas que prometen unos 250/280km de autonomía, quedando en unos 200 en uno habitual. Son cifras algo alejadas (en el caso de motos grandes) de algunas con depósitos de más de 15 litros y que superan los 300km de autonomía.

La ausencia de ruido. El sonido del escape es placer para muchos, tedioso para otros. De lo que no hay duda es que el sonido de una moto es un elemento de seguridad más. Las motos, por lo general, somos prácticamente invisibles al tráfico, y durante mi prueba con la moto eléctrica mi mayor problema fue precisamente ese.

Al poco volumen que ocupa una moto se le suma el silencio absoluto: mala combinación para peatones (que cruzan sin mirar porque no te oyen), coches que no te oyen llegar y se cruzan en las rotondas, salidas de aparcamientos, etc. Las aventuras que suelo tener cuando monto en mi moto de combustión, pero intensificadas.

Imagen | Kawasaki

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Ricardo Aguilar

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