El “gasoducto” entre Francia y España debe resolver su primer gran dilema: qué clase de hidrógeno transportará

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Apretones de manos, sonrisas, fotos de familia con el Mediterráneo de fondo y sobre todo buenas palabras. La cumbre internacional celebrada el 9 de diciembre en Almería con la participación de los dirigentes de España, Francia y Portugal —además de la presidenta de la Comisión Europea (CE)— sirvió para dos cosas: la puesta de largo del proyecto H2Med, un corredor de hidrógeno que aspira a jugar un papel crucial en el mapa energético europeo; y demostrar que la infraestructura nace con el respaldo unánime de Madrid, Lisboa y París. Esa era la intención. Y ese fue el efecto.

Mensajes de unidad aparte, el proyecto partía sin embargo con un punto de fricción entre España y Francia que se visibilizó ya en aquella cumbre: ¿Qué tipo de hidrógeno circulará por el H2Med?

Un poco de memoria para empezar. Tras el frustrado gasoducto transpirenaico MidCat, que no logró superar el veto galo, España, Portugal y Francia decidieron apostar de forma conjunta por un “corredor de energía” que interconectaría la Península Ibérica con el resto de Europa a través de un canal entre Barcelona y Marsella. El acuerdo se avanzó hace ya meses, en octubre, pero hubo que esperar hasta la cumbre de principios de diciembre, celebrada en Alicante, para conocer sus detalles fundamentales. Fue entonces cuando se concretó en qué consistiría el bautizado como H2Med.

La infraestructura consta de dos grandes tramos: un conducto terrestre de 248 kilómetros entre la localidad portuguesa de Celorico da Beira y Zamora y un enlace submarino Barcelona-Marsella que alcanzaría los 455 km de largo y 2.557 m de profundidad. Su objetivo: crear un corredor energético entre la península y el resto de Europa para canalizar hidrógeno. En concreto, el H2Med aspira a transportar el 10% del consumo de la UE en 2030, unas dos millones de toneladas al año.

Una cuestión de colores. Hasta ahí todo correcto. El debate que entonces quedó botando sobre la mesa se centra en esa última cuestión: ¿Qué transportaría exactamente el H2Med? O para ser más precisos: ¿De qué ‘color’ será el hidrógeno que canalizará? No es una cuestión menor. La primera pista sobre el tema se dio ya en octubre, cuando Sánchez, Macron y Costa anunciaron un “acuerdo `político” para impulsar un “corredor de energía” que permitiría dejar atrás el frustrado MidCat.

Lo que entonces se apuntó es que el canal que enlazaría España y Francia debía ser una infraestructura centrada en el hidrógeno, aunque “técnicamente adaptada” para transportar otros gases renovables y “una porción limitada de gas natural como fuente temporal y transitoria”. El problema es que al hablar de hidrógeno Pedro Sánchez y Emmanuel Macron tenían en mente colores diferentes: el primero se centraba en el verde y el segundo pensaba en el rosa.

¿Qué es eso de verde y rosa? Una etiqueta importante por lo que nos dice sobre el origen del hidrógeno. Para generarlo hace falta una electricidad —fundamental en el proceso de electrólisis que separa el hidrógeno (H2) del oxígeno (O)— que puede partir de fuentes muy diversas. Este último es un matiz importante porque en función de si usamos una u otra el ‘apellido’ del H2 será distinto. Si se produce con renovables, como la eólica o fotovoltaica, hablamos de hidrógeno verde. Si para la electrólisis se emplea energía que parte de centrales nucleares tenemos hidrógeno rosa.

Hace semanas quedó ya claro que España y Francia chocaban en ese punto. España, con un enorme potencial para las energías renovables, quiere que por el conducto circule hidrógeno verde. Francia, país en el que la energía nuclear tiene un peso destacado, apuesta por incorporar también el rosa. “La voluntad es que lleve hidrógeno bajo en carbono, hidrógeno limpio que puede lograrse bien con renovables, bien con nuclear”, recalcó el presidente galo. A buen entendedor…

El último movimiento. El debate quedó entonces en el aire, como una tarea pendiente que —llegaron a aclarar fuentes de Moncloa a Europa Press— se abordaría a lo largo del próximo año. Su resolución podría estar sin embargo mucho más encarrilada de lo que entonces pareció. El Periódico de España (EPE) acaba de publicar que los tres países han enviado a la Comisión la candidatura del H2Med para optar a la categoría de Proyecto de Interés Común (PCI), una etiqueta crucial para su financiación comunitaria. Y en el proyecto técnico remitido a Bruselas, asegura EPE, se contempla que el H2Med se use solo para transportar hidrógeno verde. “Se ha presentado a la Comisión como proyecto solo de hidrógeno verde”, confirman al diario fuentes oficiales al tanto de la propuesta.

El proyecto —abunda El Periódico de España— desgrana otros datos interesantes, como que el H2Med solo servirá para exportar el gas renovable de la península hacia el resto de Europa, sin un flujo de sentido inverso. La documentación enviada a Bruselas recoge que no se prevé que el canal vaya a utilizarse para que España pueda importar hidrógeno desde Francia y de hecho la instalación que plantea no incluye un compresor en Marsella que permita ese abastecimiento.

La financiación del proyecto, la gran clave. Que el proyecto consiga la etiqueta de PCI es mucho más que una formalidad; resulta vital para que cuente con el respaldo financiero de Europa. Si logra esas siglas entre el 30 y 50% de la inversión necesaria podría salir de las arcas comunitarias. Y eso, en un proyecto que requerirá 2.500 millones de euros, supone una inyección de fondos crucial.

El proyecto parte con la buena acogida de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien dejó ver en Almería su satisfacción con la iniciativa: “Acojo calurosamente este acuerdo entre Francia, España y Portugal porque vuestro proyecto H2Med va en la dirección correcta. Tiene potencial para ayudarnos a construir una verdadera red troncal europea de hidrógeno”.

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El “gasoducto” entre Francia y España debe resolver su primer gran dilema: qué clase de hidrógeno transportará

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por
Carlos Prego

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