Resulta que aún hay una “última” persona haciendo negocio con los disquetes. Esta es su historia

Resulta que aún hay una

Datos de producción, distribución, oferta y demanda al margen, hay un chascarrillo que refleja bien cuál ha sido la deriva de los disquetes —los vetustos floppy disk— a lo largo de las últimas décadas: “Una niña de tres años se acerca a su padre con uno en la mano y le dice: ‘Papi, alguien ha impreso en 3D el icono de guardar’”. El chiste lo contaba este verano el empresario Tom Persky durante una entrevista en Eye on Design y podrá resultarte más o menos gracioso, pero desde luego ilustra bien cómo un formato que brilló allá por los 70 y 80 ha quedado reducido a un simple icono.

Es más, salvo que andes por los 40 o la treintena es probable que jamás hayas usado un floppy de 3,5 pulgadas. Quizás ni sepas qué es y para qué sirve o en la vida hayas visto una disquetera.

Persky sabe de lo que habla porque incluso en ese escenario él se mantiene fiel al disquete. Y no a un nivel abstracto o nostálgico, al modo de un enamorado de la tecnología vintage. No. Lo es en un sentido eminentemente práctico que le ha llevado a autoproclamarse como “el último hombre en pie en el negocio de los disquetes”. Credenciales no le faltan. Persky es el fundador de Floppydisk, una empresa de EEUU que en pleno 2022 sigue dedicada a la venta y reciclaje de estos dispositivos.

“El último de Filipinas”, versión 3,5 pulgadas

Floppy

Pantallazo de la web de Floppydisk.com

Si hay unos “últimos de Filipinas” del formato 3,5, Persky es uno de ellos. Y probablemente lo seguirá siendo aún durante una temporada larga porque —en contra de lo que podría parecer— a su negocio parece no irle mal del todo y el propio empresario calcula que le queda carrete para tirar varios años.

Para entender qué es Floppydisk.com, cómo sigue generando ingresos o mantiene a las puertas de 2023 un stock solvente de disquetes es fundamental conocer antes al propio Persky. Sus orígenes no son desde luego los de un empresario tecnológico al uso. El directivo, de 72 años, empezó su carrera como abogado fiscal en Washington y del mundo del derecho y la tributación saltó, hace ya unas cuantas décadas, a principios de los 90 al del desarrollo de software para sus compañeros.

“No tenía experiencia en ese campo, pero sí en fiscalidad. La idea era usar mis conocimientos en impuestos para trabajar con programadores y desarrollar un software mejor para los profesionales de la fiscalidad”, comenta. El experimento funcionó y la compañía desarrolló un par de aplicaciones que se dedicó a distribuir —recuerda, estamos en los 90— a través de disquetes de 5,25 o 3,5 pulgadas. Para facilitar esa labor de distribución Persky y sus colegas acabaron optando por hacerse con su propio equipo para replicar los disquetes sin depender de terceras compañías.

Fue el primer paso hacia lo que hoy es Floppydisks.com. Persky se dio cuenta de que durante semanas enteras las máquinas de duplicado estaban apagadas, así que decidió sacarse un dinero extra ofreciendo sus servicios para otras empresas. “Antes de darme cuenta, tenía una empresa de duplicación de software que trabajaba junto con la empresa de software”, anota. Ahí estaba la semilla de su negocio actual, que con los años pasó a centrarse cada vez menos en la duplicación y más en la venta de disquetes vírgenes, que ahora representa el grueso de su facturación.

Los tiempos cambiaron, sin embargo, y el otrora popular floppy o incluso formatos más modernos, como el CD, perdieron peso. ¿Lo vio venir Persky? Sí. Solo que su estrategia consistió en resistir. Quizás el mercado se achicase, cierto, pero también era probable que lo hiciera la competencia.

“Con el tiempo, el número total de usuarios de disquetes ha disminuido. Sin embargo, el número de personas que suministraban el producto descendió aún más rápido. Si nos fijamos en ambas curvas, vemos que hay una cuota de mercado cada vez mayor para el último hombre que queda en pie en el negocio. Y ese hombre soy yo”, explica. A mayores, decidió añadir a su oferta un servicio de reciclaje de dispositivos que a día de hoy llega a generarles un flujo de unos mil disquetes diarios.

La primera gran incógnita de su negocio es: ¿Cómo se las apaña para mantener un stock de disquetes a las puertas de 2023? A través de varias vías, confiesa Persky. Viendo el panorama que se avecinaba, hace diez o doce años el empresario decidió llenar bien su almacén y comprar unos cuantos millones de unidades que le han permitido mantener un inventario que, a día de hoy, sigue incluyendo un amplio abanico de modelos: 3,5 y 8 pulgadas o incluso formatos “bastante raros”.

El stock se completa con las unidades que le llegan de particulares o empresas que un buen día descubren una caja de disquetes en su desván o almacén y quieren deshacerse de ellos. “A través de mi página se dan cuenta de que todavía los compro y contactan conmigo. Hay un flujo constante. Espero estar en este negocio por lo menos otros cuantos años”, recalca. Otro cambio importante es el reto de trabajar en un sector en el que es difícil valorar el precio de la mercancía.

“Si comprara un contenedor de un millón de disquetes probablemente podría conseguirlos por ocho céntimos, pero ¿cuánto valen hoy? En los últimos diez años han pasado de valer diez céntimos a un dólar cada uno, y ahora se pueden vender discos de doble densidad de 720 KB por dos dólares”, subraya: “Es difícil administrar un negocio cuando no sabes cuánto vale tu producto.

La otra gran pregunta es… ¿Quién compra disquetes en pleno 2022, con otras opciones de almacenamiento más cómodas y potentes? El empresario explica que su mercancía la demandan aficionados, artistas… y empresas, algunas de sectores habituadas a entornos tecnológicos, como el de la aviación o la medicina. La clave: las grandes inversiones que realizaron hace 30 años.

“Imagina que estamos en 1990 y estás construyendo una gran máquina industrial de un tipo u otro. La diseñas para que dure 50 años y quieres utilizar la mejor tecnología disponible. En aquella época se trataba de un disquete de 3,5 pulgadas. Tomemos como ejemplo la aeronáutica. Probablemente, la mitad de la flota aérea mundial actual tiene más de 20 años y aún utiliza disquetes en algunos de los sistemas de aviónica”, relata el empresario estadounidense. Otro cliente importante es el del sector del bordado, en el que todavía se emplean “miles de máquinas” que usan disquetes.

En la compañía asumen en cualquier caso que con el tiempo el escenario variará y las máquinas industriales que siguen echando manos de los floppy acabarán dejándolos atrás, lo que, sumado a su complejidad, complica que el sector vuelva a lanzarse a la fabricación de este tipo de tecnología. Hasta entonces, mientras los disquetes tengan su pequeño hueco en las empresas y haya gente interesada en comprarlos, reciclarlos o incluso recuperar el contenido de viejas unidades que un buen día rescata del fondo de un cajón, Persky y su equipo seguirán dedicándoles su trabajo.

Aún cuando para esa niña de tres años un floppy ya no sea nada más que el icono de “guardar”.

Imagen de portada: Brett Jordan (Unsplash)


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Resulta que aún hay una “última” persona haciendo negocio con los disquetes. Esta es su historia

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Xataka

por
Carlos Prego

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