Vida, pasión y muerte de Florence Lawrence, la actriz precursora de los intermitentes en los coches

Vida, pasión y muerte de Florence Lawrence, la actriz precursora de los intermitentes en los coches

Florence Lawrence, nacida Florence Annie Bridgwood, fue una actriz de cine de principios del siglo XX que vivía la pasión por los coches. Fue la primera gran estrella del cine, y a ella le debemos los primeros indicadores mecánicos de dirección, que más tarde darían paso a los intermitentes, y también los indicadores de freno de los coches.

La vida de Florence Lawrence no fue sencilla. De hecho, acabó arruinada económicamente y suicidándose. Esta es la historia de la mujer que montó en un coche las primeras señalizaciones ópticas para maniobras.

De los escenarios a la pasión por los coches

Florence Lawrence 1908

Florence Lawrence, fotografiada en 1908 por Frank C. Bangs.

Florence Lawrence nació en la localidad portuaria de Hamilton (Ontario, Canadá), en 1886 o bien en 1890, dependiendo de la fuente. Hija de un fabricante de carruajes llamado George Bridgwood, que falleció cuando Lawrence era una niña, y de una actriz de vodevil llamada Charlotte Bridgwood y apodada Lotta Lawrence, Florence Lawrence entró muy pronto en el mundo de la interpretación.

Lawrence probó suerte en Broadway y trabajó para la Vitagraph Company. Tras un año de gira teatral, decidió abandonar la carretera para ingresar en el séptimo arte dentro de los Biograph Studios, donde se hizo un nombre en la incipiente industria cinematográfica. Más tarde seguirían la Independent Moving Pictures Company y los Lubin Studios, antes de cofundar la Victor Film Company. Sus últimos papeles los representó para los Metro-Goldwyn-Mayer Studios.

Lawrence se labró una carrera artística meteórica. Su filmografía se compone de 280 películas, de las cuales la mayoría la tuvieron como protagonista. En aquella época en la que el cine comenzaba a ser una industria con grandes beneficios, Lawrence llegó a cobrar 500 dólares a la semana. Como referencia tenemos que, hacia 1910, un trabajador del campo podía ganar al mes en su Canadá natal 35 dólares si era hombre, o 21 dólares si era mujer.

De aquella fortuna que comenzó a amasar Florence Lawrence, uno de los primeros bienes que adquirió fue un coche. En aquella época, tener un automóvil era una extravagancia económica y social. Económica, porque los automóviles no estaban al alcance de cualquiera. Social, porque una mujer que se interesara por los coches era algo extraño.

Una inventora apasionada que cayó en el olvido

Florence Lawrence

De la pasión por la libertad que le proporcionaba el automóvil llegó el atractivo de poder intervenir en aquella máquina que la actriz consideraba casi como un ser humano, en tanto que respondía “a la amabilidad, a la comprensión y al cuidado, como la gente”, según sus palabras.

De aquel entusiasmo, y del uso continuado del automóvil por parte de la actriz, nació uno de los inventos más aprovechados y peor reconocidos de la Historia del Automóvil: los indicadores de dirección. Antes de contar con luces intermitentes en los vehículos, unos dispositivos mecánicos servían para indicar la dirección hacia la que el conductor quería mover su vehículo. Aquellos dispositivos, en forma de brazos que se erguían con un banderín desde el paragolpes posterior del vehículo, fueron una idea de Florence Lawrence.

Corría el año 1914 cuando Florence Lawrence diseñó los indicadores. El conductor, cuando se disponía a girar, debía pulsar un botón. Y al hacer esto, advertía al resto de conductores su propósito de maniobrar hacia la derecha o la izquierda. El siguiente paso consistió en montar un dispositivo que se activaba cuando el conductor pisaba el pedal del freno. En aquel momento, emergía de la parte trasera del coche un cartel con la palabra “STOP”.

Patente Us912831

Antes del invento de Lawrence, Percy Douglas-Hamilton había patentado, ya en 1909, una idea según la cual se podían montar unas manos a lado y lado del vehículo que se iluminaran para indicar las maniobras, pero la idea se quedó ahí.

Según explica John Heitmann, profesor de la Universidad de Dayton especializado en Historia del Automóvil, la industria sólo comenzó a tomarse en serio el tema cuando la actriz canadiense se puso manos a la obra y fabricó esos elementos.

En 1925, Edgar Walz Jr patentó una luz con dos flechas y una luz de freno. A finales de los años 30, Joseph Bell patentó el primer dispositivo destellante. Y, ya en 1939, Buick introdujo los intermitentes como estándar en sus automóviles.

Sin embargo, los intermitentes que conocemos hoy en día no proliferaron hasta principios de los años 50. Antes de eso, los vehículos montaban artilugios mecánicos similares al creado por Florence Lawrence.

Florence Lawrence Lapida

Lápida de Florence Lawrence, Cementerio de Hollywood. Foto: Taph Madison.

En toda esta evolución, la fortuna no acompañó a Lawrence. Cometió el error de no patentar su invento, que copiaron los fabricantes sin pagarle nada ni reconocer su mérito. Algo así le ocurrió a su propia madre, que en 1917 inventó el limpiaparabrisas eléctrico sin reconocimiento, sumándose de esta manera a otros dos inventores de ese elemento: Mary Anderson y Robert Kearns.

No fue este el único fracaso de la actriz inventora. En 1915 se declaró un incendio en los estudios donde se encontraba trabajando, y al intentar salvar a otro actor resultó gravemente herida. Se fracturó la espalda y sufrió graves quemaduras, lo que la apartó de los estudios y marcó el declive de su carrera artística.

Ya en 1929, la muerte de su madre, el crack de la Bolsa de Nueva York y la consiguiente crisis económica de la Gran Depresión, sumados a una vida personal marcada por tres matrimonios que incluyeron malos tratos, destrozaron a la actriz, tanto en lo económico como en lo personal.

A lo largo de los años 30, Florence Lawrence apenas consiguió trabajos de actriz de reparto y acabó sus días aquejada de osteomielofibrosis. La depresión que arrastraba desde hacía más de un decenio la llevó al suicidio, que consumó en su casa de Beverly Hills, el 28 de diciembre de 1938.

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Motorpasión

por
Josep Camós

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