Probamos el Mercedes-Benz GLS 400 d: un inmenso SUV de lujo, diésel y con 330 CV que lo apuesta todo al confort

Probamos el Mercedes-Benz GLS 400 d: un inmenso SUV de lujo, diésel y con 330 CV que lo apuesta todo al confort

No hay duda que el mercado de los SUV está al alza y las marcas se afanan por poblar sus gamas con este tipo de carrocerías dimensionadas para los diferentes segmentos. Por encima de todos hay un pequeño nicho para los SUV más grandes del mercado en el que ha llegado hace bien poco el mastodóntico Mercedes-Benz GLS.

Este SUV de siete plazas extragrande (más grande aún que antes) está destinado a un mercado poco poblado en nuestras fronteras donde apenas tiene competencia, pues sólo encontraríamos al BMW X7, sin contar a los SUV de ultra lujo como los Bentley Bentayga o Rolls-Royce Cullinan.

Mercedes-Benz GLS: envergadura tan desmesurada como elegante

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Puede que sea una obviedad, pero el Mercedes-Benz GLS es un coche a todas luces imponente. Desde el primer momento queda claro que no es un coche más y basta recogerlo en su plaza de garaje para darnos cuenta de ello. Es difícil encontrar un aparcamiento donde sus proporciones quepan con un mínimo de deferencia hacia los límites de cada estacionamiento.

Es un coche que se desborda sobre las líneas del aparcamiento, pues su carrocería supera los 5,2 metros de largo (5.207 mm concretamente), mientras que su anchura alcanza unos tremendos 2.157 mm de ancho contando con los retrovisores y 1.823 mm de altura. Es 56 mm más largo que un BMW X7, que ya es decir, y 18 mm más alto. El de Múnic gana en anchura, con 51 mm más entre retrovisores.

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Superado el shock de su inmensidad es hora de comenzar a fijarnos en el diseño de un coche en el que hay mucho en lo que fijarse aunqe sea por la cantidad de chapa a la que se le da forma. Visualmente no parece un coche tan grande de lo que realmente es. Al contrario que las líneas duras de un X7 que impactan más visualmente, en Stuttgart han sabido dar una forma fluida y natural a un coche que es antinatural por proporciones en nuestro mercado.

El frontal hace uso de una enorme parrilla escoltada por dos entradas de aire laterales con líneas que recuerdan a los modelos deportivos de la firma. En el interior de la parrilla se esconden unos aletines para la aerodinámica activa y a los lados los faros con tecnología LED Multibeam de serie y aspecto futurista.

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La vista lateral está presidida por una eterna línea que completa los más de 5 metros entre los grupos ópticos delanteros y traseros. No satura como puede ocurrir con las líneas rectas de los grandes SUV americanos, y juega la baza de la sutileza con una leve caída del techo, línea al alza en el marco inferior de las ventanillas, una cintura ligeramente marcada sobre los pasos de rueda y un nervio en la parte inferior de las puertas.

Llama la atención que en el paquete AMG equipado en esta unidad, además de los elementos en negro que le dan un aspecto más siniestro, se incluyen unas enormes llantas de 22 pulgadas de diámetro. ¿A que no parecen de 22 pulgadas? Sorpresa, es que el GLS hace empequeñecer unas enormes ruedas con anchuras de 285 mm delante y 325 mm detrás.

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La parte trasera es muy similar a las de los nuevos Mercedes-Benz GLC y GLE, con grupos ópticos de formas tirando a triangulares unidos por una moldura cromada horizontal, paragolpes trasero alto y embellecedores de escape incrustados con formas semi-rectangulares.

Un habitáculo de primera clase superior

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Si el exterior es amplio, al pasar al interior sólo podemos encontrarnos uno de los habitáculos más impresionantes del mercado. Es tan amplio que casi da para hacer una camperización interior, pero vamos por partes porque hay mucho de lo que hablar.

Si nos aupamos hasta colocarnos tras el volante, en las plazas delanteras el Mercedes-Benz GLS nos ofrece una disposición que no tiene nada que envidiar al Mercedes-Benz Clase S al que se equipara en el segmento de las berlinas. El puesto de conducción luce imponente gracias al volante AMG multifunción y la doble pantalla panorámica de 12,3 pulgadas.

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La configuración es muy similar a la de cualquier otro Mercedes-Benz, con los mismos menús, la misma navegación intuitiva bien a través de los mandos del volante o del touchpad de la consola central. También incluye el sistema de asistencia por voz Mercedes-Benz User Experience con reconocimiento de comandos naturales y cuyo funcionamiento nos ha dejado muy buen sabor de boca.

Por un lado está bien porque homogeniza toda la gama en torno a un mismo lenguaje pero por otro nos falta diferenciación a simple vista. Sí es cierto que si dejamos a un lado el efectismo de la luz ambiental y nos centramos en los materiales nos encontramos tapizados de muy alta calidad y materiales acolchados por doquier, contrastando con los elementos metálicos para darle un toque de modernidad y las inserciones de madera de roble natural. Unas inserciones que quedan muy bien y son elegantes, aunque su aspecto es rugoso, se limpian mal con un paño de microfibra y tienden a engancharse, mostrando algunos síntomas de desgaste prematuro.

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En las plazas traseras hay cinco plazas donde las dos laterales tienen muy muy poco que envidiar a las delanteras. Ambas cuentan con regulaciones eléctricas múltiples desde los mandos de la puerta y, por si fuera poco, también incluyen función de masaje. Para acceder a esta y otras opciones (radio, climatización, multimedia, comunicaciones…) de la parte trasera podemos utilizar una tablet Samsung que se aloja en el reposabrazos central abatible.

Estas plazas son extremadamente cómodas, tienen muchísimo espacio longitudinal en la posición más retrasada y más que suficiente en la más adelantada, mientras que en altura habrá casi un palmo de espacio entre la cabeza y el techo para una persona de 170 cm de altura. De las mejores plazas traseras del mercado, sin duda. Opcionalmente se puede pedir con seis plazas, con dos asientos individuales en la segunda fila.

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La segunda fila de asientos se puede apartar pulsando un botón en la parte superior, y nos deja acceso a las dos plazas de la tercera fila. El acceso es justo pero suficiente, con la pega de que quedan al aire los mecanismos eléctricos de regulación de los asientos de la segunda fila.

Una vez nos sentamos en la parte trasera, como era de esperar, seguimos teniendo espacio. La tercera fila nunca será tan confortable como la segunda, pero sí es cierto que es posiblemente de las mejores terceras filas del mercado actual (si no contamos a los monovolúmenes).

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El espacio para la cabeza sigue siendo de sobra incluso para alguien de 180 cm, la posición es cómoda y los asientos son mullidos. La única pega es que las piernas sí quedan flexionadas y el suelo está más alto, pues se sitúa justo sobre el eje trasero.

Acabando con este recorrido llegamos al maletero, que es otra de las estrellas de este coche. Con las tres filas de asientos desplegadas el volumen disponible es de 355 litros, pero con la tercera fila abatida esta cifra se dispara hasta 890 litros sobre un suelo que queda prácticamente plano. Con las dos filas traseras abatidas la capacidad se teletransporta hasta los 2.400 litros.

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Las filas segunda y tercera se pueden plegar o desplegar de manera remota gracias a los botones que encontramos en los laterales del maletero. Una función que resulta extremadamente cómoda si queremos cargar un objeto grande puntualmente, algo que se complementa con otro botón situado junto a estos para reducir la altura del eje trasero y poder cargar más cómodamente, pues sino la altura del plano de cargo es tirando a excesiva.

Calidad de marcha a rebufo del Clase S

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Comenzando a movernos con el Mercedes-Benz GLS la sensación es exactamente la de cuando lo vemos por primera vez en parado: la de que es un coche terriblemente enorme. Las proporciones del GLS hacen difícil saber dónde empieza y dónde acaba, porque pese a que la posición de conducción es muy elevada, no tenemos referencias visuales ni de la parte delantera ni de la trasera.

Por suerte el apartado tecnológico cuenta con todos los sensores de aparcamiento perimetrales, cámaras tanto delantera como trasera y visión cenital de 360º. Además de los sensores acústicos, los sensores de proximidad también nos informan visualmente cómo de cerca estamos de un objeto a través del Head-Up Display. Un HUD que por cierto es de los más completos del mercado con múltiples opciones de visualización posibles, desde la velocidad a las típicas indicaciones del GPS, pasando por el propio gráfico de proximidad o los indicadores de inclinación del modo todoterreno.

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La verdad es que se agradece que un coche tan grande cuente con una dirección que permite reducir dentro de lo posible el radio de giro y, además, se mueve con una buena asistencia, lo que facilita cualquier maniobra o desplazamiento en entornos estrechos y/o complicados.

El tacto de la dirección a decir verdad es extremadamente asistido, aunque necesario para mover unos zapatos tan grandes. Esto tiene una contrapartida y es que la dirección se sentirá poco informativa en todo tipo de usos, pese a que cuenta con dureza variable.

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En zonas urbanas lo primero que nos llamó la atención del Mercedes-Benz GLS es su extremadamente buen aislamiento general. Acústicamente al cerrarse las puertas quedamos apartados de una cantidad de ruido exterior por encima de la media, pero ocurre lo mismo con la suspensión neumática de este enorme SUV, con una capacidad de filtración muy por encima de la media.

Para hablar del motor tenemos que apuntar que es 100% Mercedes-Benz desde el arranque, el propulsor se muestra refinado y dulce. Bajo el capó hay sitio de sobra para meter cualquier bloque, pero en este caso la versión GLS 400 d equipa un seis cilindros en línea diésel de 3.0 litros y cuya carta de presentación es una rumorosidad realmente baja.

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Emprendiendo la marcha tenemos que entender las cifras que mueven a esta mole: 330 CV entre 3.600 y 4.200 rpm y 700 Nm de par motor entre 1.200 y 3.200 rpm. Ambas curvas están configuradas para ser extremadamente planas y contribuir a una entrega lineal y progresiva, pero destaca sobre todo la ingente cantidad de fuerza disponible desde sólo 1.200 revoluciones.

Esto en la práctica se traduce en un motor que mueve un coche muy grande con extrema solvencia sin necesidad de revolucionarse. Gira muy bajo y sintiéndose lleno en todo momento, con una reserva de potencia extragenerosa si lo demandamos a través del pedal derecho. Sí es cierto que si buscamos prestaciones deportivas en modo Sport no las vamos a encontrar; es un coche que empuja fuerte y con solvencia, pero no despunta, ni por carácter ni tampoco por la percepción de su tamaño y peso, que pasa factura.

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Aun así, para ser un SUV de más de 5,2 metros de largo se defiende bien en carreteras de curvas siempre que quepa dentro del carril, porque es tan grande que las carreteras estrechas nos obligarán a ir con más ojos de la cuenta. La transmisión automática 9G-Tronic funciona rápido y bien, con un escalado bien planteado y sin acaparar protagonismo gracias al sistema de doble embrague. También es cierto que con tanto par se le facilita mucho el trabajo.

El terreno predilecto del Mercedes-Benz GLS se encuentra en las autovías. Allí este gran coche se postula aún más grande por la calidad de su rodadura y lo placenteros que puede hacer los viajes. El aislamiento es de lo mejor que hemos probado suprimiendo ruidos aerodinámicos y de rodadura, con la suspensión haciendo muy bien su trabajo, un motor siempre dispuesto a empujar sin percibirse y un interior acogedor como pocos. Puede rodar a velocidades altas sin que realmente se perciba sensación de velocidad.

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Las suspensiones se merecen un apartado propio porque hacen un gran trabajo en un coche tan grande y tan potente, que supera las 2,5 toneladas. En carretera la suspensión E-Active Body Control mejora la Airmatic para contener muy bien los movimientos laterales de la carrocería al tomar las curvas. Ahora bien, sí que se perciben notables transferencias de peso en frenada.

Aunque al GLS le gusten mucho las autopistas, tampoco le hace ascos a carreteras secundarias con firmes irregulares, calles repletas de resaltos o esas extremadamente incómodas calles adoquinadas. La suspensión se encarga de que los baches pasen de una forma aterciopelada.

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Este sistema de amortiguación variable también se puede aprovechar para un uso fuera del asfalto. Pulsando un botón y seleccionando el modo Off-Road la suspensión se eleva automáticamente y se muestra una monitorización del estado de cada rueda para sacarle el máximo provecho al coche en terrenos no asfaltados.

Unido a la tracción integral 4MATIC el Mercedes-Benz GLS puede acometer zonas relativamente complicadas con cierta solvencia, pero sin perder de vista que por dimensiones los ángulos todoterreno de este coche no son precisamente los mejores para un 4×4 (23º de ataque, 21º de salida y 16º entre ejes) y hay que tener mucho ojo antes de que se compliquen de más las cosas. Rescatar un coche de su envergadura en una zona complicada puede ser una misión titánica.

La experiencia de un Mercedes-Benz GLS tiene un precio

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Como buen referente en la marca y en su categoría, el Mercedes-Benz GLS está o puede estar muy, muy bien equipado tecnológicamente. Aparte de los equipamientos que ya hemos mencionado, el GLS utiliza lo último en asistencias a la conducción con control de crucero adaptativo, guiado de carril, frenada automática, reconocimiento de señales, detección de peatones…

En su mayoría funcionan muy bien, aunque sí que hay que apuntar que algunas de las alertas como la de proximidad pueden ser excesivamente intrusivas. Otro problema que hemos detectado en otros modelos de la marca es la sensibilidad del reconocimiento de señales para el control de crucero dinámico, que puede frenar de forma súbita el coche al detectar una limitación inferior a la que estamos circulando en una vía aledaña.

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Con respecto al consumo podíamos esperarnos muchas sorpresas partiendo de los 8,1 litros a los 100 km que homologa el GLS. Al final de nuestra prueba y haciendo un uso de todo tipo nos ha ofrecido una cifra notablemente superior, pero tampoco escandalosa teniendo en cuenta que hemos rodado con él por zonas rotas y/o no asfaltadas: 10,8 litros.

El precio del Mercedes-Benz GLS 400 d parte de los 99.775 euros, pero teniendo en cuenta que equipamiento opcional no es precisamente barato (paquete de confort acústico, paquete Night, AMG Line, paquete Premium Plus, paquete Executive para las plazas traseras…), el precio de esta unidad se situaba holgadamente por encima de los 100.000 euros. El BMW X7 xDrive30d de 265 CV arranca en 98.950 euros.

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En líneas generales ni es un coche asequible por precio ni por los consumos que se va a manejar en ninguna circunstancia, pero sí es cierto que su propuesta bien hace valer los 100.000 euros que cuesta. Es un coche lujoso, práctico y con una habitabilidad ingente para una familia, bien cargado de tecnología y un motor apto para todo. Puede valer esos 100.000 euros mejor que otros coches del mercado por el mismo precio.

Mercedes-Benz GLS 400 d 2020 – Valoración

8.0

Diseño exterior
8
Diseño interior
8
Calidad
9
Habitabilidad
9
Maletero
8
Motor
7
Seguridad
8
Comportamiento
7
Comodidad
9
Precio
7

A favor

  • Diseño sobrio y contundente
  • Calidad interior superior
  • Habitabilidad soberbia
  • Motor equilibrado

En contra

  • Estética interior poco diferenciada
  • Acceso al habitáculo muy alto
  • Equipamiento opcional caro
  • Precio elevado

Mercedes-Benz GLS 400 d 2020 – Ficha técnica

Versión probada       GLS 400 d
Cilindrada 2.925 cm³   Tipo de tracción Total
Bloque motor Seis cilindros en línea turbo   Combustible Diésel
Potencia 330 CV a 3.600 – 4.200 rpm   Capacidad del depósito 90 litros
Par motor 700 Nm a 1.200 – 3.200 rpm   Consumo urbano N/D l/100 km
Masa en vacío 2.505 kg   Consumo extraurbano N/D l/100 km
Velocidad máxima 238 km/h   Consumo combinado 8,1 l/100 km
Aceleración 0-100 km/h 6,3 segundos   Capacidad maletero 890 litros (355 litros con tres filas de asientos)
Transmisión Automática de nueve velocidades   Precio Desde 99.775 euros

El coche para esta prueba ha sido prestado por Mercedes-Benz. Para más información consulta nuestra guía de relaciones con empresas.

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La noticia

Probamos el Mercedes-Benz GLS 400 d: un inmenso SUV de lujo, diésel y con 330 CV que lo apuesta todo al confort

fue publicada originalmente en

Motorpasión

por
Jesús Martín

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