Doc deja a Einstein en una cesta de mimbre, suelta improperios, revuelve unas cajas y levanta un encerado. Tiza en mano, empieza a atravesar la pizarra con una recta, mientras dice. “Imagina que esta línea representa el tiempo”. A la derecha pinta una letra, “F” de futuro. A la izquierda, la palabra “pasado”. Y más o menos en el medio una fecha: 1985. Doc vuelve a atacar con la tiza y, mientras parlotea sin parar, traza un segmento en diagonal y luego lo continúa con una paralela a la primera línea de tiempo: “En algún punto del pasado las líneas temporales se fueron por esta tangente creando un 1985 alternativo, para ti, para mí y para todos los demás”.
Estamos en ‘Regreso al futuro II‘, para algunos la peor y más confusa de la saga, para mí desde luego la mejor. Y viajamos a ella, aunque hoy vamos a hablar de otra franquicia clave de la cultura pop, porque no se me ocurre mejor momento en la historia del cine que explique de una manera simple todo este lío de las líneas temporales o multiversos.
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