Hay dos maneras de fomentar la igualdad entre personas que pertenecen a una misma sociedad. La primera consiste en mejorar la condición de aquellos que están abajo. La segunda, la más fácil y atractiva, pasa por empeorar la condición de aquellos que están arriba; lo que los filósofos llaman “igualar por lo bajo”.
Lamentablemente, quienes luchan por la igualdad social no suelen ser precavidos a la hora de igualar por lo bajo.
Por ejemplo, hay personas que se oponen a la sanidad privada o a los colegios privados exclusivamente porque permiten a ciertos individuos lograr un mejor tratamiento médico o una mejor educación que otros. A no ser que se demuestre que el beneficio que obtiene el rico genera daños directos y tangibles sobre el pobre, entonces este impulso igualitario es un ejemplo de igualar por lo bajo.
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